Circulo Bíblico San José
Adoración al Santísimo Sacramento:
Recordamos que estamos en presencia de Dios:
En el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu santo, amén.
Le vamos a pedir al ES que nos asista y guié en
esta adoración al santísimo Sacramento:
1) Oración:
Ven Espíritu Santo, ven padre de los pobres,
ven fuego divino, ven.
Ven a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil, a sanar lo
que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas, ven a iluminar mis tinieblas, ven.
Ven porque te necesito, porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo, dulce huésped del alma, ven, ven Señor” Amén
Compartimos el versículo que más nos llegó.
2) Oración:
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior, para que no me
apegue a las cosas materiales, sino que busque
siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de Amor:
haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de Verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Compartimos el versículo que más nos llegó.
3) Canción:
Ven Espíritu de Dios. Inúndame de amor y ayúdame a seguir.
Ven y dame tu calor quema mi corazón enséñame a servir.
Ven Espíritu de Dios. Ven a mi ser. Ven a mi
vida. Ven Espíritu de Dios, Ven a morar. Maranathá.
Con la vida que me das te invoca mi dolor aclama a mi Señor.
Ven y cambia mi existir, transforma mi penar en glorias hacia TI.
4) Meditamos:
Señor como discípulos nos llamaste a velar con
vos, a acompañarte con nuestra oración en tu
angustia, a repasar en nuestro corazón de
amigos todas las enseñanzas y la vida entregada
del Hijo de Dios entre nosotros. Es la noche de
tus Amigos, de los que te aman, de los que
quieren compartirlo todo, lo bueno y lo malo.
Una noche profunda de reflexión y de gran unión con vos.
Señor Jesús te vimos recorriendo las aldeas de
Galilea, allí viviste los mejores momentos de tu
vida. La gente sencilla se conmovía ante tu
mensaje de un Dios bueno y misericordioso. Los
pobres se sentían defendidos. Los enfermos y
desvalidos agradecían a Dios Padre tu poder de
Sanar y aliviar su sufrimiento. Sin embargo, no
te quedaste para siempre entre aquellas
personas que te querían tanto.
Nos explicaste tu decisión: «tengo que ir a
Jerusalén», era necesario anunciar la Buena
Noticia de Dios y su proyecto de un mundo más
justo, en el centro mismo de la religión judía.
Era peligroso. Sabías que «allí ibas a padecer mucho».
Los dirigentes religiosos y las autoridades del templo te iban a ejecutar, pero
confiabas en el Padre: que te «resucitaría al tercer día».
Queremos acompañarte Señor, a lo largo de esta
noche, pero no acompañarte un tiempo de reloj,
el tiempo como tal ya no importa, sino con el
Espíritu que nos enseñaste a vivir cada
momento de nuestras vidas.
Queremos estar cerca de tu entrega,
acompañarte Señor es poco, mejor es unirnos a
vos, poner nuestro corazón junto al tuyo, no
solamente mirarte y aceptarlo, si no sentirlo en
lo más profundo de nuestro ser, quedándonos
no solamente con el dolor que sentís, si no con el
AMOR por él cual hiciste todo.
Ven Espíritu Santo. Llénanos de tu luz y de tu
amor para poder acompañar al Señor en este
momento.
5) Meditamos:
Getsemaní es la noche triste de Jesús, la hora
crítica. Una hora que duró una eternidad. Jesús
entró en agonía y su agonía traspasa los siglos.
Getsemaní es noche oscura, es soledad.
Getsemaní es ceguera e ingratitud de los
amigos.
Getsemaní es angustia, es silencio.
Getsemaní es tristeza de muerte, es súplica
desgarrada.
Getsemaní es lucha con Dios, hasta dejarse
vencer, es cercanía de algún ángel bueno.
Getsemaní es victoria del sí, del sí que nos salva.
En Getsemaní, te vimos con un sudor de sangre,
causa de la angustia en que estabas sumido. Se
diría que era el alma el que sudaba, sangre de
las venas del alma. Los aspectos dolorosos de la
pasión nos oprimen, nos conmueven, pero hay
también aspectos amorosos donde Dios nos hace
saber que su ternura y misericordia son eternas.
Tu misericordia, Señor, es lo más fuerte.
Tu misericordia, Señor, sostiene al mundo.
Tu misericordia, Señor, es infinitamente más
grande que el abismo de nuestras miserias. Tu
misericordia, Señor, no tiene límite, ni fondo.
Tu misericordia, Señor, es nuestra esperanza.
Tu misericordia, Señor, es lo que nos salva.
Pero Getsemaní no fue; Getsemaní es, sigue
existiendo y en algunos casos está a nuestro
lado, aunque no queramos verlo.
Getsemaní está: En todo aquel que sufre dolores
en su cuerpo o angustia en su alma.
En aquel que está discriminado y excluido
socialmente.
En el que está crucificado en una cama o una
silla de ruedas.
En el que fracasa una y otra vez.
En el torturado o injustamente encarcelado.
En el desocupado porque no encuentra trabajo.
En el que vive en la miseria a causa de la
injusticia y la corrupción, en los chicos
desnutridos y en los ancianos olvidados.
En el que lucha por liberarse de sus
dependencias.
En la mujer esclavizada y utilizada.
En el que ha perdido la ilusión y la esperanza.
En el niño prostituido, que ya no ríe, pero
también en el ser abortado que ya no vivirá.
Señor Jesús: sabemos que tocas nuestro
corazón en la hora difícil, para que nadie se
sienta solo en la noche triste, para que todos
encuentren la mano amiga en los momentos de
crisis, que tu debilidad nos haga fuertes y tu
oscuridad encienda nuestra fe.
6) Canción: Salmo 18
Yo te amo, Señor mi fortaleza, mi roca, mi
valuarte, mi liberador, la peña en que me
amparo, mi escudo y mi fuerza, mi salvador.
En el templo se escuchó mi voz, clamé por Ti
en mi angustia, extendiste tu mano y no caí, no
caí.
Tu poder del enemigo me libró. Las olas de la
..........
7) Palabra del Señor: Jn 1, 1-5. 9-11
“Al principio existía la Palabra, y la Palabra
estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios. Todas las
cosas fueron hechas por medio de la Palabra y
sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los
hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no
la percibieron” ...
La Palabra era la luz verdadera, que al venir a
este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho
por medio de ella y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Espíritu de Dios ayúdanos a meditar en
nuestro interior tus Palabras: Señor Vos que
viniste a rescatarnos, que diste tu vida por
nosotros, sabemos que la agonía que vemos en
tu rostro fue por el AMOR que nos tenes. En
este momento de dolor y entrega tuya Señor
brotan desde el alma, algunas cosas que
necesitamos meditar:
¿En todo este tiempo que te hiciste presente en
nuestras vidas, reconocimos tu palabra como la
luz verdadera que ilumina nuestro peregrinar?
¿Es nuestra guía en cada situación que nos toca
vivir?
¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a
nuestro yo, para que a igual que vos podamos
vivir de acuerdo con la voluntad del Padre?
Te pedimos que nos ayudes a entregar nuestros
modos de ver las cosas, para que sean los modos
de Dios y no los nuestros los que rijan nuestra
vida.
A entregar nuestros planes, para pedirle a Dios
que nos muestre sus planes para nuestra vida.
Vos más que nadie ayúdanos a entregar nuestra
voluntad a Dios, para que sea Su Voluntad y no
la nuestra la que dirija nuestra existencia en la
tierra.
8) Canción: “en m Mí Getsemaní”
Para que mi amor no sea un sentimiento tan
solo un deslumbramiento pasajero.
Para no gastar mis palabras más mías ni vaciar
de contenido mi te quiero.
Quiero hundir más hondo mi raíz en ti y
cimentar en solidez éste, mi afecto pues mi
corazón que es inquieto y es frágil sólo acierta
si se abraza a tus proyectos
Más allá de mis miedos, más allá de mi
inseguridad quiero darte mi respuesta: aquí
estoy, para hacer Tu voluntad para que mi
amor sea decirte sí hasta el final.
9) Palabra del Señor: Jn 1, 16-18.
De su plenitud, todos nosotros hemos
participado y hemos recibido gracia sobre
gracia: porque la ley fue dada por medio de
Moisés, pero la gracia y la verdad nos han
llegado por Jesucristo.
El que lo ha revelado es el hijo único, que está
en el seno del Padre.
Reflexión:
Sabemos que la vida diaria nos agobia, sabemos
que pagaste un alto precio por nosotros, por eso
queremos comprometernos hoy ante vos a vivir
nuestra vida guiados por tu Palabra y asistidos
por el Espíritu santo que nos has dado.
Sabemos que no estamos solos, sabemos que
bajo la fragilidad de la Ostia, con los ojos de la
fe, veo ante mí a mi Dios, mí Señor, mi
Redentor, al creador del cielo y de la tierra, a mí
Todo. Señor haznos semejantes a Ti.
“Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia
nos ayude, para que vivamos siempre de aquel
mismo Amor, que movió a tu Hijo a entregarse a
la muerte por la salvación del mundo”.
Vamos a pedirle a Dios, que Cristo desde la
Cruz, nos atraiga a Él, para que sin temor
muramos con Él al pecado para resucitar con Él
a la Vida Eterna.
10) Palabra del Señor: Jn 1, 14
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre
nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la
gloria que recibe del Padre como Hijo único
lleno de gracia y de verdad...
Reflexión:
“Debemos aprender a celebrar la Eucaristía,
aprender a conocer de cerca a Jesucristo, el Dios
con rostro humano. Entrar realmente en
contacto con él, aprender a escucharlo; aprender
a dejarlo entrar en nosotros. Porque la comunión
sacramental es precisamente esta unión con
Jesús. No tomo un pedazo de pan o de carne;
tomo y abro mi corazón para que entre el
Resucitado en mi ser, para que esté dentro de mí
y no sólo fuera de mí; para que así hable dentro
de mí y transforme mi ser; para que me dé el
sentido de la justicia, el celo por el Evangelio y
la fuerza de llevar la luz de Dios a este mundo.
La iniciativa salvadora de Dios reclama de
nuestra parte una respuesta personal que no
debe quedar en meros gestos individuales,
externos y aislados. Abarca toda nuestra vida.
Provoca una renovación total; un cambio
profundo, definitivo, que debe estar presente
en los criterios, los juicios, las actitudes, los
comportamientos y los compromisos. Es
mucho más que la adhesión a un “código de
convivencia y buenas costumbres” ….
Señor, queremos recordar y vivir lo que nos
dijiste:
“Permanezcan en mi amor para que den fruto”.
El fruto consiste en “que se amen unos a otros”
(Jn 13,34).
“Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie
tiene mayor amor que dar la vida por los
amigos”. (Jn.15, 13)
Queremos decirte que cuentes con nosotros, nos
sentimos tus amigos:
"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos,
ayúdame a pensar en ti;
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo,
precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras
y durante todo el tiempo que lo quieras.
11) Palabra del señor: Jn 15,9-17:
Como el Padre me amó, también yo los he
amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis
mandamientos, permanecerán en mi amor,
como yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de
ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los
otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los
amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les
mando. Ya no los llamo servidores, porque el
servidor ignora lo que hace su señor; yo los
llamo amigos, porque les he dado a conocer
todo lo que oí de mi Padre.
Que nuestro Dios que es fuente de amor, colme
nuestro interior con su Paz.
Que Jesucristo, Amor que se entrega haga de
nosotros un instrumento de reconciliación.
Que el Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de
nuestros corazones ardientes impulso de
comunión.
Que el Señor nos bendiga y nos guarde y haga
de nosotros una bendición para los demás.
12) Oh, amado Jesús
Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera
que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que
mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a
través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada
alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia
en la mía. ¡Permite que no me vean a mí, sino
solamente a Jesús!
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como
Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los
demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será
mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a
través de mí. Brillando sobre quienes me rodean,
permíteme alabarte como más te gusta.
Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras
sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza
atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que
haga, de la inefable plenitud del amor que existe en
mi corazón por Ti.
Amén. Madre Teresa de Calcuta
13) Canción: Nadie te ama como yo
Cuanto he esperado este momento. Cuanto he
esperado que estuvieras así.
Cuanto he esperado que me hablaras. Cuanto he
esperado que vinieras a mí. Yo sé bien lo que
has vivido. Yo sé bien lo que has llorado. Yo sé
bien lo que has sufrido. Pues de tu lado no me
he ido.
Pues nadie te ama como yo, pues nadie te ama
como yo. Mira la cruz, esa es mi mágrande prueba. Nadie te ama como yo.
Mira la cruz, fue por Tí, fue porque te amo.
Nadie te ama como yo.
Yo sé bien lo que me dices. Aunque a veces ni
me hablas. Yo sé bien lo que en ti sientes.
Aunque nunca lo compartas.
Yo a tu lado he caminado. Junto a ti siempre yo
he ido. Aunque a veces te he cargado. Yo he
sido tu mejor amigo.
14) Terminamos rezando la oración
que Jesús nos enseñó:
Padre Nuestro.
Dios te salve María / Dios te salve María / Dios te salve María




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