Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Domingo 24° Durante el año, « El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga »

Lecturas del 13/09/09 –Ciclo B–

Domingo 24° Durante el año

« El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga »


Lectura del libro del profeta Isaías 50, 5-9a

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Palabra de Dios.


SALMO 114

R. Caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.

Amo al Señor, porque él escucha el clamor de mi súplica, porque inclina su oído hacia mí, cuando yo lo invoco. R.

Los lazos de la muerte me envolvieron, me alcanzaron las redes del Abismo, caí en la angustia y la tristeza; entonces invoqué al Señor: «¡Por favor, sálvame la vida!» R.

El Señor es justo y bondadoso, nuestro Dios es compasivo; el Señor protege a los sencillos: yo estaba en la miseria y me salvó. R

El libró mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída. Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes. R.


Carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras.» A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe.»

Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.» «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
Pedro respondió:«¿Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.» Palabra del Señor.


Reflexión :

¿En qué consiste la esencia del hombre? La liturgia de hoy nos da una respuesta. En la primera lectura, tres son los rasgos del hombre según el designio de Dios: el hombre es un ser "que escucha", que sufre, que experimenta la presencia y asistencia de Dios. El evangelio presenta a Jesús como la perfecta realización del hombre: el Ungido de Dios, el varón de dolores, el siervo obediente hasta la muerte, el que pierde su vida para salvar la de los hombres. Finalmente, Santiago en la segunda lectura enseña que el hombre es aquél en quien la fe y las obras se unen en alianza indisoluble para lograr la perfecta realización humana.

Luego de la curación de un ciego en Betsaida (v. 22), Jesús sale hacia el norte con sus discípulos, hacia la zona de Cesarea de Filipo. En su camino el Señor quiere instruir a sus discípulos y parte de una pregunta: ¿qué dice la gente acerca de mí? La pregunta no es superficial. El diagnóstico revela que “la gente” no ha captado quién es realmente Jesús.

Todos los personajes que desfilan son “hombres”, grandes hombres de la historia de Israel pero sin referencia a la divinidad de Jesús.

Luego de las palabras de los discípulos Jesús les hará la misma pregunta a ellos mismos: ¿qué opinan ustedes?, ¿quién soy yo? Pedro responderá en nombre de todos: Tú eres el Mesías. La respuesta de Pedro es correcta. Que Jesús sea el Mesías significa que es aquel que todo el pueblo estaba esperando para que venga como salvador definitivo de todos los hombres, aquel que debía instaurar definitivamente el Reino de Dios. La afirmación de Pedro es toda una profesión de fe en Jesús como Mesías, Dios y Salvador. Es absolutamente correcta en su formulación.

A partir del versículo 31 cambia el “clima” del relato y Jesús comienza a narrar situaciones sobre su propia vida que nunca había dicho antes: va a sufrir mucho, será rechazado por los líderes religiosos del pueblo, lo van a matar y va a resucitar… Lo de resucitar parece que los discípulos no lo entienden todavía y los escandaliza la primera parte del relato.

El problema estaba en el concepto de Mesías que tenía el pueblo de Israel. Y los apóstoles no escapaban a esa idea. Ellos esperaban un Mesías libertador y vencedor desde el punto de vista temporal, que los libraría del dominio romano y establecería un reino, mediante el triunfo y el poder. Pareciera como si los Apóstoles y, junto con ellos, el pueblo judío no hubieran puesto mucha atención a las clarísimas profecías de Isaías sobre el Mesías. (cf.Is. 50, 5-9)

Por eso Jesús tiene que corregirlos de inmediato. Cuando Pedro, pensando en ese Mesías triunfador, llama a Jesús aparte para tratar de disuadirlo de lo que acababa de anunciarles como un hecho, la respuesta del Señor resulta impresionante.

Nos cuenta el Evangelio que enseguida que Pedro lo reconoce como el Mesías, Jesús “se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitaría al tercer día”.

La corrección que hizo el Señor de la idea equivocada del Mesías triunfador temporal, fue especialmente severa: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Por la severa respuesta de Jesús, resulta evidente que, para sus seguidores, rechazar el sufrimiento no es una opción; es -cuanto menos- una tentación que no va de acuerdo con lo que El continúa diciéndonos en este pasaje evangélico.

Dice el texto que entonces el Señor se dirigió a la multitud y también a los discípulos, para explicar un poco más el sentido del sufrimiento: el suyo y el nuestro. “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. Más claro no podía ser: el cristianismo implica renuncia y sufrimiento. Seguir a Cristo es seguirlo también en la cruz, en la cruz de cada día. Y para ahondar un poco más en el asunto, Jesús agrega una explicación adicional: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Pero... ¿qué significa querer salvar nuestra vida? Significa querer aferrarnos a todo lo que consideramos que es “vida” sin realmente serlo. Es aferrarnos a lo material, a lo perecedero, a lo temporal, a lo que nos da placer, a lo que nos da poder, a lo ilícito, etc. Si pretendemos salvar todo esto, todo lo perderemos y, como si fuera poco, perderemos la verdadera “Vida”. Pero si nos desprendemos de todas estas cosas, salvaremos nuestra Vida, la verdadera, porque obtendremos, como Cristo, el triunfo final: la resurrección y la Vida Eterna.

La paradoja cristiana. "Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará", nos dice Jesús. Es la gran paradoja cristiana, es decir, humana. En términos paradójicos, Jesucristo plantea la gran batalla de la existencia humana. Es la batalla entre el egoísmo y la entrega, entre la seducción del yo y la atracción de Dios, entre el culto a la personalidad y el culto a la verdadera humildad. Normalmente, pero de modo equivocado, se piensa que siendo egoísta se va uno a realizar, a salvar su identidad, a lograr una personalidad de gran talla. El resultado después de un cierto tiempo es la conciencia de estar buscando lo imposible, la frustración por tantas energías gastadas inútilmente, y ojalá también, al darse cuenta de haber errado el camino, aceptar el propio error y enderezar los pasos por el camino justo. Ese camino justo es el de vaciarse de sí para llenarse de Dios, el de darse a los demás desinteresadamente sin buscar compensaciones de ningún género, es el de la humildad profunda de quien sabe y acepta que todo lo que es y tiene proviene de Dios y lo debe poner al servicio de los demás.

Éste es el camino de la salvación. Éste es el camino de la auténtica realización del hombre. Éste es el camino de la paradoja cristiana. Como cristianos caminemos juntos y alegres por él. Es el camino que Cristo nos ha enseñado a sus discípulos

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

¿Qué respondo hoy si Jesús me hace ésta pregunta que le hizo a los discípulos? ¿Quién es Jesús para mí?

¿Es realmente el Mesías, el Enviado de Dios?

¿Qué dice hoy la gente de Jesús? ¿Qué opina? ¿Se lo percibe como un revolucionario? ¿Como un referente moral? ¿Como un defensor de pobres y marginados? ¿Como un profeta de calamidades? ¿Como…?

¿Puedo percibir que Jesús tiene una misión integral, en cuanto liberar al hombre de toda

y de todas las ataduras, comenzando por la más perjudicial que es el mismo pecado?

¿Me “escandaliza” qué Jesús muera en la cruz?

¿En qué situaciones de mi vida no he aceptado la realidad del sufrimiento y de la muerte? ¿Me rebelo contra Dios? ¿De qué forma?

El concilio declaró bellamente que Cristo revela el hombre al hombre.

El hombre es el ser a quien Dios lo ha capacitado para "escuchar", igual que los discípulos. Es un discípulo de Dios, que implica no sólo la escucha teórica, sino a la vez la escucha que conduce a la praxis, a la realización de lo escuchado, de la voz originaria que le precede y que norma su vida, pero cabe preguntarnos:


¿Seguimos todos los cristianos las huellas de Cristo?


Oración:

Himno de San Pablo que nos habla del misterio de la vida de Cristo:

Fil 2,5-11.

Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo: Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad. Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos.

Como hombre, se humilló a sí mismo y obedeció a Dios hasta la muerte: ¡murió clavado en una cruz! Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres, para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra; para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.


Lecturas de la semana:

LUNES 14: Núm. 21, 4b-9; Sal. 77; Flp. 2, 6-11; Jn. 3, 13-17.

MARTES 15: Heb. 5, 7-9; Sal. 30; Jn. 19, 25-27.

MIERCOL. 16: 1Tim. 3, 14-16; Sal. 110; Lc. 7, 31-35.

JUEVES 17: 1Tim. 4, 12-16.; Sal. 110; Lc. 7, 36-56.

VIERNES 18: 1Tim. 6, 2c-12; Sal 48; Lc. 8, 1-3.

SABADO 19: 1Tim. 6, 13-16; Sal 99; Lc. 8, 4-15.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

domingo, 6 de septiembre de 2009

Domingo 23° Durante el año, «E f a t á »

Lecturas del 06/09/09 –Ciclo B–

Domingo 23° Durante el año


«E f a t á »,


Libro del profeta Isaías 35, 4-7a

Digan a los que están desalentados: « ¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!» Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales.

Palabra de Dios.


SALMO 145

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

Abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos el Señor protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.


Carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas. Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete.» Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» Palabra del Señor.


Reflexión

Unos de los atributos de Dios es el de liberador. Éste es el atributo especialmente señalado en los textos litúrgicos de este domingo. Dios libera a los hombres de su triste condición de desterrados y a la naturaleza de su aridez infecunda (primera lectura). Libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Evangelio). Libera al cristiano de cualquier acepción de personas, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios.

Lo fundamental de este relato, es ver a través del milagro, la presencia salvadora de Dios. Es la "fe" del que solicita la imposición de manos a Jesús, la que hace el milagro.

El estado del sordo es de opresión, de desesperanza, pero su fe y la de sus acompañantes hacen posible que Jesús lo haga pasar de esa opresión infranqueable a la liberación y plenitud de vida.

La narración del milagro, nos muestra el camino por el cual se produce el milagro, nos invita a la fe, ya que para Dios no hay nada imposible.

Una persona que no escucha a Dios ni al prójimo porque está encerrada en su egoísmo y sólo le preocupan sus cosas, tiene una ¨sordera¨ más grave aún que la sordera de orden físico.

Cuando esa persona se encuentra con Cristo y descubre que es capaz de escuchar a los demás, se produce un ¨milagro¨ tan extraordinario como el que narra el evangelio de hoy, aún cuando no sea visible para otros.

Para escuchar al otro, se necesita:

Primero, "querer" escuchar y además requiere dejar que los demás "se expresen", porque si no se expresan no podemos escucharlos, es difícil escuchar a un mudo. Escuchar es mucho más que poner la oreja, es ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente, hacer propio su problema.

En el evangelio de hoy también Jesús devuelve la capacidad de hablar. Es común encontrar ¨mudos¨ que tienen una enorme cantidad de talentos para dar y para darse a la comunidad pero que no se animan a hablar.

También en ese terreno hay milagros, y son muchos los que después de encontrarse con Cristo deciden ponerse al servicio de los demás en alguna actividad parroquial. Son muchos los que se encuentran con Jesús y su Espíritu los mueve a salir de sí mismos para ir hacia los otros y comunicar la Buena Noticia del Evangelio.

Pero hablar no es decir cualquier cosa, cuando Jesús nos devuelve el habla, nos la devuelve para que podamos reaccionar cuando vemos algo injusto, intervenir y expresar nuestras ideas con madurez.

Cuando Jesús nos devuelve el don de hablar, es para expresar valientemente nuestra fe, nuestros puntos de vista, para denunciar las injusticias

Jesús hoy nos invita a recuperar el poder de la palabra para expresarnos con madurez y responsabilidad y el poder de escuchar, para que no solamente nos expresemos nosotros, sino que también escuchemos y respetemos la palabra de los otros. Jesús, es nuestro ejemplo. Él fue solidario para escuchar el clamor de los que sufrían y valiente para expresarse ante la autoridad y el pueblo. Nuestro compromiso es pedirle a Dios que nos libere de nuestra sordera y de nuestra mudez y podamos establecer entre los hombres un diálogo maduro para construir una sociedad solidaria.

Querer ser liberado. La liberación posee una fuerza de atracción singular. Es un claro indicio de que el hombre, consciente o inconscientemente, se ve y experimenta a sí mismo, al menos parcialmente, "esclavizado". Digamos que son no pocas las ataduras que el hombre, en las diversas épocas de la vida, va encontrando en el camino de su existencia. Por experiencia se sabe que de esas ataduras, sobre todo de las más hondas y fuertes, no se puede el hombre deshacer por sí mismo. Necesita ser liberado. Para ello se necesita querer ser liberado. Porque se da el caso de que el hombre, por razones inexplicables y muchas veces complejas, ama las "dulces" ataduras que lo "esclavizan". Ataduras que, por más dulces que sean, le van poco a poco estrangulando, hasta llegar a matar su libertad. La liberación, por tanto, es posible sólo para quien quiere ser liberado. Otro aspecto diverso es a quién acudir para ser liberados. Porque en nuestro mundo y en nuestro medio ambiente hay quizás muchos que se las dan de "liberadores", pero lo que liberan no es al hombre en su grandeza y en su dignidad, sino los potros desbocados de sus pasiones, sus egoísmos, sus ambiciones, sus pesadillas, sus instintos. Digámoslo sin tapujos: el verdadero liberador del hombre es Dios.


Dice Michel Quoist:

Los hombres necesitan hablar, pero son pocos hombres compañeros acogedores y dispuestos para sus hermanos, pues pocos se olvidan por completo de sí mismos para escuchar a los demás. Hablar con otro es ante todo escuchar, y pocos saben hacerlo, pues pocos están vacíos de sí mismos, y su "yo" hace ruido.

¿Estás inquieto, preocupado y se presenta alguien que quiere hablarte?

Despréndete con dulzura de tus preocupaciones, el mal humor, el nerviosismo y ofrécelos al Señor. Entonces quedarás libre para escuchar.

Si sabes escuchar, muchos irán a hablarte. Muéstrate atento, silencioso, recogido. Tal vez, aún antes de que pronuncies una palabra constructiva, el otro se habrá ido feliz, liberado, iluminado. Pues lo que de un modo inconsciente esperaba no era un consejo, una receta debida, sino alguien en quien apoyarse.

Si debes responder, no pienses qué decir mientras el otro habla, pues ante todo necesita atención, luego vendrán las palabras. Después, confía en el Espíritu Santo, lo que llega primero, no es el fruto de un razonamiento, sino el fruto de la gracia.

Sólo se producirá auténtico diálogo si haces en ti, un profundo silencio, un silencio religioso para acoger al otro, pues en él y por él, Dios llega a ti.

Pidamos al Señor que nos libere, para hablar y escuchar a Dios en nuestros hermanos.

Algunas actitudes que se destacan en el evangelio que nos permiten meditar:


Desde Jesús

v Tener la apertura de andar por todas las regiones y no cerrarse a nadie.

v Tener la delicadeza de “llevar a parte” al enfermo.

v Acercarse a la “humanidad” del enfermo e involucrase a tal punto que mete los dedos en los oídos y con saliva le toca la lengua.

v Tener la actitud religiosa de “mirar al cielo”.

Desde “la gente”

v Llevar al “enfermo” al encuentro con Jesús.

v Pedir que Jesús ponga su mano sobre él para sanarlo.

v Contar las maravillas hechas por Jesús.

Desde la actitud del enfermo

v Ser dócil a las personas que lo llevan al encuentro con Jesús.

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Todo lo ha hecho bien. Con estas palabras reaccionó la multitud cuando se dio cuenta de que Jesús había curado al sordomudo. Son muchos, los textos evangélicos que relatan las obras buenas de Jesús en favor del hombre. De modo que san Pedro dirá de Jesús que "pasó haciendo el bien". Juan Pablo II nos dice que "la caridad de los cristianos es la prolongación de la presencia de Cristo que se da a sí mismo". Sí, Cristo desea seguir haciendo el bien entre nosotros y en nuestros días mediante los cristianos. Cristo desea seguir liberando al hombre de las necesidades materiales, de las enfermedades, de las calamidades naturales, de los males espirituales mediante los cristianos. El verdadero liberador del hombre es Jesucristo que murió por nosotros y por nosotros resucitó.

Nos podemos preguntar:

¿He aceptado realmente y de todo corazón ser liberado por Jesucristo?

Si quieres ser liberado, no lo dudes, Él te liberará. Habiendo experimentado a fondo la liberación de Cristo, sentirás el aguijón de decir a otros quién puede otorgarles la verdadera liberación que buscan.

¿Hago yo personalmente todo el bien que puedo hacer? ¿Busco que otros, individualmente o comunitariamente, hagan el bien?

¿Estoy convencido de que a través de mí, Cristo glorioso continúa presente entre los hombres haciendo el bien?

Oración:COMUNIIÓNESSPIRITUAL


JESÚS MÍO YO CREO QUE ESTÁS

VERDADERAMENTE PRESENTE EN

EL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

YO TE AMO SOBRE TODAS LAS

COSAS, TE DESEO EN MI ALMA.

PUESTO QUE NO PUEDO RECIBIRTE

AHORA SACRAMENTALMENTE,

VEN POR LO MENOS

ESPIRITUALMENTE

A MI CORAZÓN.

COMO SI YA HUBIERAS VENIDO,

YO TE ABRAZO Y ME UNO

ENTERAMENTE A TI. NUNCA

PERMITAS QUE ME SEPARE DE TI.

AMÉN


Lecturas de la semana:

LUNES 7: Col. 1, 24—2,3; Sal. 61; Lc. 6, 6-11.

MARTES 8: Miq. 5, 1-4a; Sal. 12; Mt. 1, 18-23.

MIERCOLES 9: Col. 3, 1-11; Sal. 144; Lc. 6, 20-26.

JUEVES 10: Col. 3, 12-17.; Sal. 150; Lc. 6, 27-36.

VIERNES 11: 1Tim. 1, 1-2. 12-14; Sal 15; Lc. 6, 37-42.

SABADO 12: 1Tim. 1, 15-17; Sal 112; Lc. 6, 43-49.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

sábado, 29 de agosto de 2009

Domingo 22° Durante el año, « ¡Hipócritas!... Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.»

Lecturas del 30/08/09 –Ciclo B–

Domingo 22° Durante el año

« ¡Hipócritas!... Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.»


Libro del Deuteronomio 4,1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo: Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: « ¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!» ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Palabra de Dios.


SALMO 14

R. Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa?

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor R.

El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. R.


Carta apóstol Santiago 1, 17-18. 21b. 22. 27

Queridos hermanos: Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos. Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: « ¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?» El les respondió: « ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.» Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.

Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»

Palabra del Señor.


Reflexión

¿En qué consiste la religión auténtica? ¿Cuál es el culto verdadero? A estas preguntas responden las lecturas de este domingo. La primera lectura nos dice que la religión auténtica consiste en cumplir fielmente todos los mandamientos del Decálogo. Jesucristo, en el Evangelio, enseña que la Palabra de Dios está por encima de las tradiciones y leyes humanas. Por tanto, la verdadera religión está en el corazón del hombre, que escucha y pone en práctica la Palabra de Dios. Santiago en su carta nos dirá que la religión pura e intachable ante Dios consiste en el amor al prójimo, especialmente a los más necesitados.

Es antigua la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de ciertas formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales. También esta tentación acompañó al «pueblo de Dios», Israel -como a muchos otros pueblos, desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, como nos recuerda el Salmo, no son los muchos ornamentos ni el boato de las celebraciones lo que nos eleva a Dios, sino la justicia, la honestidad, la recta intención y el respeto. Anunciar la justicia y vivirla en el día a día constituye la exigencia fundamental de las Escrituras. Los rituales, las prescripciones, las ceremonias... nos pueden ayudar a continuar por el camino de Dios, pero no pueden sustituirlo. Por esta razón, la exhortación que Moisés dirige a su pueblo se centra en la necesidad que tiene el pueblo de Dios de hacer una clara opción por el Dios de la libertad y por la justicia que los ha sacado de Egipto. De lo contrario, el sueño de la «tierra prometida» se puede convertir en una cruel pesadilla.

En la religión judía, un punto muy importante era mantenerse puro, pues no se podía participar en el culto sin poseer ese estado de pureza. La palabra pureza no tenía para ellos el mismo sentido que le damos ahora. Hombre puro era el que no se había contaminado, ni siquiera por inadvertencia, con alguna de las cosas prohibidas por la Ley. Por ejemplo, la carne de cerdo y de conejo era considerada impura: no se debía comer. Una mujer durante su menstruación o cualquier persona que tuviese hemorragias eran tenidas por impura durante un determinado número de días, y nadie debía ni tocarlas siquiera. Un leproso era impuro hasta que sanara, etc. Todo el que se hubiera manchado con esas cosas, aunque no fuera por culpa suya, tenía que purificarse, habitualmente con agua, cuarentenas y otras veces pagando sacrificios.

Estas leyes habían sido muy útiles en un tiempo para acostumbrar al pueblo judío a vivir en forma higiénica. Servían, además, para proteger la fe de los judíos que vivían en medio de pueblos que no conocían a Dios. Pero con el tiempo, el pueblo judío se había cargado de normas.

Pero en la época de Jesús, muchas de esas normas, eran sólo signos exteriores, que perdían de vista lo verdaderamente importante.

Estas costumbres aparentemente no son realizadas por los discípulos de Jesús. Es así que algunos fariseos y maestros de la ley se acercan al Señor cuestionándolo por esta actitud de sus seguidores. El Señor va a reaccionar de manera muy firme y clara acusándolos de hipócritas. Esta palabra, hipócrita, es fundamental en la dinámica del texto.

Etimológicamente viene del griego y significa “realizar un determinado papel protagónico en la vida”. Hacer un papel protagónico en una obra de teatro o en cualquier ficción está muy bien: el actor actúa un determinado personaje con particulares características que no tienen porqué coincidir con lo que él es en realidad (una persona muy buena puede hacer el papel de malo en una película). El problema es cuando se juega un papel distinto del que realmente se es en su interior, en la vida real y concreta. El hipócrita es entonces el que tiende a fingir en la vida, es falso en las acciones de su vida. Jesús es muy duro con esta expresión y la refuerza con dos elementos más. En primer lugar cita un texto de Isaías donde Dios invalida la alabanza y obediencia del pueblo porque éstas se reducen solo a palabras, dado que en realidad el pueblo “nunca piensa” en su Dios. En segundo lugar dirá que el gran problema es que desobedecen los mandamientos más importantes para quedarse en meras enseñanzas humanas. El hipócrita se queda con la “cáscara” de las cosas perdiendo de vista lo más esencial e importante.

Los últimos versículos están destinados a todos: “Jesús llamó a la gente”. A raíz de la cuestión suscitada con las costumbres de los antepasados, el Señor aprovecha para dejar en claro que lo que hace impuro al hombre ante Dios, no es lo que entra por la boca sino las malas acciones que salen del corazón y de la boca del hombre.

Conectado con todo este tema está aquel otro de «la letra y el espíritu»: la letra es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito, la acción concreta... El espíritu es el sentido con el que ha sido concebida aquella práctica concreta, y la vivencia con la que debe ser vivida. Por eso se dice que la letra mata, mientras que el espíritu vivifica. La letra sería un medio, mientras que el espíritu es un fin.

La carta de Santiago nos pone en guardia contra una religión que no encarne los valores del Evangelio. La palabra escuchada en la Sagrada Escritura debe ser discernida según el Espíritu para vivirla dócilmente en la vida cotidiana. El cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más en las prácticas piadosas de una cultura.

El cristianismo se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. La comunidad de creyentes es el espacio ideal para que la persona realice su opción y viva, en compañía de otros hermanos y hermanas, el llamado de Jesús. PARA

SER

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

El Señor quiere y espera de nosotros que pongamos empeño en ser limpios de corazón. Los ritos de purificación, de limpieza del pueblo judío, pasaron a ser con el tiempo simples manifestaciones exteriores, y Jesús les muestra que lo que verdaderamente es importante no es tener “limpias” las manos, sino el corazón.

El Señor nos quiere libres, dispuestos a cambiar aquello que haya que cambiar, para no perder lo verdaderamente importante. Lo que debe gobernar nuestros actos es el amor al prójimo y la rectitud de intención en toda circunstancia.

A la luz de este evangelio, podemos preguntarnos:


¿Dónde está el origen de la “impureza” que hay en el corazón del los hombres?

¿De dónde viene la impureza y el pecado de mi propio corazón?

¿Cómo actuamos? ¿Cumplimos con los ritos sólo exteriormente, o verdaderamente lo que nos mueve es el amor?

¿Sucumbo a la tentación de “dirigir las culpas” de mis faltas y pecados a las cosas que vienen de afuera?

¿Soy consciente de que el mal que hago o puedo hacer no es responsabilidad primera de los “otros” sino de mi propia debilidad?


ORACIÓN: IRRADIANDO A CRISTO

Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía. ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús! Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás. La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.

Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor
que existe en mi corazón por Ti. Amén.

-Oración que rezan las Misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa) después de la misa de cada día.


Lecturas de la semana:

LUNES 31: 1Tes.4, 13-18; Sal. 95; Lc. 4, 16-30.

MARTES 1: 1Tes, 5, 1-6. 9-11; Sal. 26; Lc. 4, 31-37.

MIERCOLES 2: Col. 1, 1-8; Sal. 51; Lc. 4, 38-44.

JUEVES 3: Col. 1, 9-14 Sal. 97; Lc. 5, 1-11.

VIERNES 4: Col. 1, 15-20; Sal 99; Lc. 5, 33-39.

SABADO 5: Col. 1, 21-23; Sal 53; Lc. 6, 1-5.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico. Círculo Bíblico San José