Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 7 de agosto de 2021

“Yo soy el pan de Vida”

   

Décimo noveno domingo, Lecturas 8-8-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del primer libro de los Reyes 19,1-8

El rey Ajab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había pasado a todos los profetas al filo de la espada. Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para decirle: "Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos".
El tuvo miedo, y partió en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su sirviente. L
uego Elías caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!» Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!» Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. Palabra de Dios. 
 

Salmo 33, R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!  

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor:  que lo oigan los humildes y se alegren.  R.  

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores.  R.  

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.  R.  

El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra.  ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!  ¡Felices los que en él se refugian!  R.  

Carta de Pablo a los de Éfeso 4, 30--5, 2

Hermanos: No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención. Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. 
Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo. 
Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos. 
Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios. 
Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 6, 41-51

Los judíos murmuraban de Jesús, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo.» Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: "Yo he bajado del cielo?"» 
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios.            
Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. 
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. 
Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. 
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»  Palabra del Señor.

 
Reflexión: “Seguir a Jesús, crecer en Él, es tener vida eterna desde ahora.”  

Con el evangelio de hoy continúa el discurso y la polémica sobre el pan de vida.  Después de repartir el pan, Jesús se ha revelado como “el pan de vida”.  Pero algunos reaccionan negativamente, ya lo habían hecho antes, pero esta vez no se atreven a hablar en voz alta, “murmuran”.  No aceptan a Jesús como “pan bajado del cielo”, es decir, como dador de vida, de los signos mesiánicos. Murmuran como lo habían hecho antes en el desierto sus antepasados que se quejaban de falta de alimento (Éxodo). La murmuración conlleva dentro la incredulidad.  

Los judíos no pueden reconocer en Jesús la divinidad. Para ellos, en su mentalidad, era imposible que una persona de la que conocían muy bien sus orígenes pudiera afirmar que ha bajado del cielo. Si observamos con claridad y detenidamente, la actitud de Jesús es tranquila, no se extraña de que duden de Él. En estos tiempos que corremos, también nos cuesta percibir a Dios en los hechos de nuestra vida diaria; con Jesús sucede todo lo contrario, vuelve al Padre cercano a todos, y nos invita a ser testigos de la unión filial, que nos impulsa a ser también evangelizadores de su vida como pan partido y compartido para la realización humana.  

Quienes murmuran son “los judíos” (término usado por Juan a los dirigentes del pueblo y a los adeptos a la institución).  Su mayor argumento es la humanidad de Jesús.  Conocen su origen humano –se trata solo del hijo de José-. Jesús rechaza la murmuración, pero no entra en discusiones sobre su propio origen. Lo que hace es precisar que el camino y la adhesión a Él es gracia de Dios. En el camino es necesario aceptar a ser enseñados, como está escrito en los profetas “todos serán discípulos de Dios”, demostrando así la universalidad del mensaje de Jesús.

Seguir a Jesús, creer en Él, es tener vida eterna desde ahora; y la vida eterna es la de comunión que une con el Padre con el Hijo.  De esa vida Jesús es el pan. Él la alimenta con su testimonio, con su enseñanza, con la entrega de su existencia.  La muerte no pone fin a esa vida, como ocurrió con los que se alimentaron con el maná en el desierto.  Es la carne de Jesús, su cuerpo, que sufrirá la muerte en la cruz, lo que nos da la vida.  La humanidad de Jesús se presenta como materia de fe y fuente de vida.

Esa humanidad de Jesús nos debe llevar a valorar el hambre y la sed concretas e históricas en el camino hacia la vida.  Pero la incredulidad de los dirigentes judíos sigue presente en medio de nosotros. Preferimos creer en un Dios perteneciente sólo a otro mundo, o presente únicamente en nuestra intimidad, que en alguien encarnado en nuestra humanidad y que nos interpela desde nuestros hermanos, particularmente a través de los más necesitados.  

El texto es una autopresentación de Jesús. En ella se nos manifiesta como la respuesta a las necesidades y esperanzas del ser humano. Para que sea así, la única condición que se impone al ser humano es la fe.  El creer o ir a Él es gracia concedida por el Padre y al mismo tiempo quehacer humano. El término “Yo Soy”, es la revelación de lo que Jesús es para el ser humano.  

Creer no es lo normal.  Muchos de nosotros, nacidos en familias creyentes, bautizados y educados en un ambiente cristiano, hemos respirado la fe de manera natural, podemos pensar que lo normal es ser creyente.

No nos damos cuenta de que la fe no es algo natural sino un don inmerecido.  Los no creyentes no son gente extraña, como a nosotros nos puede parecer.  Al contrario, tenemos que reconocer que los que resultamos bastantes extraños somos los creyentes.  Por eso deberíamos escuchar hoy, de manera muy particular, las palabras de Jesús: “No critiquen.  Nadie puede venir a mí sino lo atrae el Padre que me ha enviado”.  Más que llenar nuestro corazón de críticas amargas, hemos de abrirnos a la acción del Padre. Para creer es importante enfrentarse a la vida con sinceridad total, pero es decisivo dejarse guiar por la mano amorosa de ese Dios que conduce misteriosamente nuestra vida.  

Tener vida, saber vivir. Hoy se habla mucho de calidad de vida, políticos, sociólogos, filósofos, arquitectos, investigadores, educadores, etc. la han introducido en sus discursos, programas y proyectos, aunque nuestra vida puede ser bastante rutinaria y monótona, con momentos en nuestra existencia donde se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz. Por eso el versículo “Les aseguro: el que cree tiene vida eterna”, nos lleva a reflexionar que la expresión “vida eterna” no significa simplemente una vida de duración ilimitada.  Se trata, antes que nada, de una vida de profundidad y calidad nueva. La tarea más apasionante que tenemos todos nosotros es la de vivir en plenitud humana, la de crecer como personas enraizando nuestra vida en Jesucristo.  

La incredulidad es una tentación siempre presente en nuestra vida y que empieza a echar raíces en nuestro corazón desde el momento mismo en que nos vamos organizando la existencia de espaldas a Dios.  

¿Pensamos que quizás hoy Dios ya no nos habla?  Es que llenos de ruidos, avidez, posesiones y autosuficiencia, ¿podremos percibir la presencia del que habita en nosotros?  Cuando no se escucha la llamada de Dios, ni su Palabra iluminando nuestras vidas, hacemos que el interés egoísta de cada uno, las razones de la eficacia inmediata, el miedo a correr riesgos excesivos y la satisfacción de nuestros deseos se pongan por encima de todo.  

La Palabra me lleva a preguntarme: ¿Vivimos en una sociedad sin tener en cuenta a Dios? ¿Ha quedado arrinconado en algún lugar secundario de nuestra vida? ¿Los que nos decimos creyentes estamos perdiendo capacidad para escuchar a Dios?  

Ven Señor Jesús, te necesitamos. 

Oh, amado Jesús.  

Ayúdame a esparcir tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. 
 

Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!

Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.  

La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.  

Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti Amén.  Madre Teresa de Calcuta.  

“Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.”

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»   

 “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió”  

“Seguir a Jesús, crecer en Él, es tener vida eterna desde ahora.”

 

Décimo primer domingo, “El Reino de Dios es como…”

 Décimo segundo domingo, “¿Por qué tienen miedo?”

 Décimo tercer domingo, “Dios, es el Dios de la Vida”

 Décimo cuarto domingo, “Dios ” El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”

 Décimo quinto domingo,  “La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”

 Décimo sexto domingo, “Eran como ovejas sin pastor”

 Décimo séptimo domingo, “Vivir el reino de Dios, es compartir  nuestro pan”

 Décimo octavo domingo, “El Pan espiritual que sacia los anhelos más profundos del corazón”

 Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.   

Círculo Bíblico San José

 “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119

viernes, 6 de agosto de 2021

“Maestro, que bien estarnos aquí”

  

Hola, les comparto algunas reflexiones del evangelio de hoy, bendiciones:

Viernes 6 de agosto, Mc 9,2-10. “Maestro, que bien estarnos aquí”

La Transfiguración no es un cambio en Jesús, sino la Revelación de su Divinidad.*

La Transfiguración nos recuerda que las alegrías sembradas por Dios en la vida no son puntos de llegada, sino luces que Él nos da en la peregrinación terrena para que “Jesús sólo” sea nuestra Ley, y su Palabra sea el criterio, el gozo y la bienaventuranza de nuestra existencia.*

Lo que nos dice esta escena es que nosotros como Iglesia tenemos que vivir escuchando y viviendo el Evangelio cada día. Hoy con mayor fuerza, vemos con claridad cómo Jesús encuentra dificultad para llegar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Muchos han dejado la práctica religiosa, otros no han escuchado hablar de Él y tal vez nunca le conozcan, tampoco se acercan a las comunidades parroquiales, a la iglesia; en definitiva, porque sólo ven adoctrinamiento y, en la mayoría de las ocasiones antes expuestas, lo que falta es el amor, la ausencia de la caridad nos vuelve fríos e indiferentes ante la luz resplandeciente de Jesús transfigurado. +

Sin embargo, nosotros, los que nos decimos seguidores de Jesús, tenemos que seguir anunciando su Palabra, tenemos el deber de hacerla creíble con nuestro testimonio de vida, dando amor donde quiera que estemos, extendiendo nuestras manos para que sean apoyo y aliento de los más desfavorecidos. En estos tiempos de pandemia, Jesús nos invita a acercarnos a su corazón, extasiarnos con su luz e ir a los que más necesitan, para que también escuchen el corazón de Jesús en nosotros, y seamos portadores de la luz majestuosa del Resucitado.+

Debemos, como cristianos, leer las Escrituras, familiarizarnos con ellas, conocerlas, practicarlas y empezar a cambiar una práctica muchas veces vacía, por una práctica que demuestre que nuestro seguimiento es un seguimiento renovador, lleno de luz y de esperanza, porque de esta forma descubriremos y ayudaremos a revelar a los demás que la Buena Noticia tiene vigencia hoy y siempre, y su fuerza es la verdad y el amor. Jesús nos invita hoy a dejarnos transfigurar por el amor del Padre y ser felices.+

   *Engeli.net

  +Donbosco.org.ar


sábado, 31 de julio de 2021

“El Pan espiritual que sacia los anhelos más profundos del corazón”

   

Décimo octavo domingo, Lecturas 1-8-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»            
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. 
Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: "A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios."» Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto?» Porque no sabían lo que era.  Entonces Moisés les explicó: «Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento.» Palabra de Dios.   

Salmo 77, R. El Señor les dio como alimento un trigo celestial.

Lo que hemos oído y aprendido, lo que nos contaron nuestros padres, lo narraremos a la próxima generación: son las glorias del Señor y su poder.  R.

Mandó a las nubes en lo alto y abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos el maná, les dio como alimento un trigo celestial.  R.

Todos comieron un pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos. Los llevó hasta su Tierra santa, hasta la Montaña que adquirió con su mano.  R.

Carta de Pablo a los de Efesios 4, 17. 20-24

Hermanos: Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos.
Pero no es eso lo que ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús. De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad. Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Juan 6, 24-35

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. 
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?» Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.» Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado.» Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo.» Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»  Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.»  Palabra del Señor.

 Reflexión

El evangelio de Juan que leemos este domingo es un llamado de atención para no poner toda nuestra vida solamente en la meta de los bienes materiales, olvidándonos de nuestro camino espiritual, animándonos a buscar el alimento que perdura. Y nos señala que Jesús es ese “pan”, ese alimento que merece la pena.

Creer en él no es algo teórico. Implica vivir como él vivió. Y quien sigue sus pasos, camina hacia la auténtica Vida. A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítico momento.

«¿Qué debemos hacer…? En el Evangelio según San Juan continuamos leyendo el capítulo 6, tomando la primera parte del llamado discurso Pan de vida: La gente, que quedó sorprendida por la multiplicación de los panes y de los peces, busca febrilmente encontrase con Jesús y logran hallarlo del otro lado del lago. En el momento que se encuentran, las palabras del Maestro revelan con claridad la actitud superficial de los que lo buscan. El Señor les reprocha que lo busquen porque están satisfechos por lo que comieron y no porque hayan comprendido el signo de la multiplicación de los panes y los peces. Les aconseja entonces que no se preocupen tanto por la comida que se acaba sino por la que es duradera y da vida eterna, la “comida” que da Jesús. Pareciera que la gente está interesada en lo que el Señor les dice y por eso le preguntan qué es lo que deben hacer. Jesús les contestará decididamente que lo que Dios quiere es que crean en Él, el Hijo que ha enviado el Padre de los Cielos.

Pero el pueblo le pide un signo que acredite que esto es así… Una vez más queda en evidencia que no han comprendido el sentido de la multiplicación de los panes y los peces. Siguen dialogando y después de algunas idas y vueltas Jesús se terminará revelando como el pan que da vida. El que confía en Él nunca más tendrá hambre ni sed.   

Descubrir un “pan espiritual” que sacie los anhelos más profundos del corazón. La pedagogía del Señor ha llevado a la gente desde la necesidad del pan material de cada día a la capacidad de levantar los ojos y poder descubrir un “pan espiritual” que sacie los anhelos más profundos del corazón.  

Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente*. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre, no para hartarnos de comida sino "para dar vida al mundo".  

Este Pan, venido de Dios, "perdura hasta la vida eterna". Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos
pueden dar vida más allá de la muerte.
Jesús se presenta como ese Pan de vida eterna. Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero, creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza indestructible, empezar a vivir algo que no terminará con nuestra muerte.
Seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.
Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaúm le gritan desde lo hondo de su corazón: "Señor, danos siempre de ese pan". Desde nuestra fe vacilante, nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizás, sólo nos preocupa la comida de cada día. Y, a veces, sólo la nuestra. 
  

Cómo creer en Jesús*. Según el evangelista Juan, Jesús está conversando con la gente a orillas del lago de Galilea. Jesús les dice que no trabajen por cualquier cosa, que no piensen solo en un «alimento perecedero». Lo importante es trabajar teniendo como horizonte «la vida eterna».

Sin duda es así. Jesús tiene razón. Pero ¿Cuál es el trabajo que quiere Dios? Esta es la pregunta de la gente: ¿Cómo podemos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere? La respuesta de Jesús no deja de ser desconcertante. El único trabajo que Dios quiere es este: «Que crean en el que Dios les ha enviado». ¿Qué significa esto?  

«Creer en Jesús» no es una experiencia teórica, un ejercicio mental. No consiste simplemente en una adhesión religiosa. Es un «trabajo» en el que sus seguidores han de ocuparse a lo largo de su vida.  

Creer en Jesús es algo que hay que cuidar y trabajar día a día.  

«Creer en Jesús» es configurar la vida desde él, convencidos de que su vida fue verdadera: una vida que conduce a la vida eterna. Su manera de vivir a Dios como Padre, su forma de reaccionar siempre con misericordia, su empeño en despertar esperanza es lo mejor que puede hacer el ser humano.

«Creer en Jesús» es vivir y trabajar por algo último y decisivo: esforzarse por un mundo más humano y justo; hacer más real y más creíble la paternidad de Dios; no olvidar a quienes corren el riesgo de quedar olvidados por todos, incluso por las religiones. Y hacer todo esto sabiendo que nuestro pequeño compromiso, siempre pobre y limitado, es el trabajo más humano que podemos hacer.

Por eso, desentendernos de la vida de los demás, vivirlo todo con indiferencia, encerrarnos solo en nuestros intereses, ignorar el sufrimiento de la gente que encontramos en nuestro camino… son actitudes que indican que no estamos «trabajando» nuestra fe en Jesús. *J A Pagola  

“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor” ... el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones.

Hoy. En la carta a los efesios se nos pide que nos dejemos renovar por el Espíritu Santo y que revisemos nuestro estilo de vida y marchemos por un camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios del mundo”. A no ser uno más. A no ser lo que quiere la sociedad de consumo, a ser nosotros, únicos como nos creó Dios, llenos de talentos a descubrir y desarrollar. Esto significa romper con el viejo ser humano, preocupado sólo en la comida y lo que me pongo, con las cosas del mundo que nos alejan de Dios, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. A descubrir y vivir la verdadera felicidad.  

Antes que nosotros, otros ya experimentaron el poder de la fe y podemos pensar en la obra material y espiritual de Madre Teresa, en el derrumbamiento del muro de Berlín, pero hay otros mil aspectos no tan vistosos, pero sumamente eficaces, que muestran en nuestras vidas el poder de la fe.  

Reflexionemos sencilla y agradecidamente en el poder de la fe en nosotros mismos, en las personas que están a nuestro alrededor y con las que convivimos, en tantísimos cristianos esparcidos por todos los rincones de nuestro planeta. El poder de la fe es la palanca que sostiene y eleva el mundo.

Preguntémonos cada uno qué podemos hacer para que otras personas experimenten en carne propia el poder de la fe.  

“Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.”  

 

Cuerpo y Sangre de Cristo, “Tomen, esto es mi Cuerpo”

 Décimo primer domingo, “El Reino de Dios es como…”

 Décimo segundo domingo, “¿Por qué tienen miedo?”

 Décimo tercer domingo, “Dios, es el Dios de la Vida”

Décimo cuarto domingo, “Dios ” El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”

 Décimo quinto domingo,  “La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”

 Décimo sexto domingo, “Eran como ovejas sin pastor”

Décimo séptimo domingo, “Vivir el reino de Dios, es compartir  nuestro pan”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119