Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

martes, 22 de marzo de 2022

Lecturas 20-3-22, Ciclo C. Tercer domingo de cuaresma.

 
"Dar frutos"

Libro del Éxodo 3, 1-8a. 13-15        

Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?»
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «! ¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió él. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»                         
Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel. Ahora ve, yo te envío al faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”. Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?»
Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy.» Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: "Yo soy" me envió a ustedes.» Y continuó diciendo a Moisés: «Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros.» Palabra de Dios.                  

Salmo 102 R. El Señor es bondadoso y compasivo.

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R               

El perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.      

El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel R             

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.  

1° carta Pablo a los corintios 10, 1-6. 10-12     
Hermanos: No deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! Palabra de Dios.               

Santo Evangelio según s. Lucas 13, 1-9 

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: ¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"» Palabra del Señor.     

Reflexión: 

Saber interpretar los signos de los tiempos. Entre los judíos era muy corriente creer que las desgracias personales, las catástrofes, las enfermedades, etc., eran castigos de Dios por los pecados cometidos. Era una teoría muy favorable para las clases pudientes que se daban el lujo de presentar su bienestar como bendición de Dios.  

El evangelio de hoy nos plantea el eterno problema: ¿Es el mal consecuencia del pecado? Así lo creían los judíos del tiempo de Jesús y así lo siguen creyendo muchos de los cristianos de hoy. Desde una visión mágica de Dios, se creía que todo lo que sucedía era fruto de su voluntad. Los males se consideraban castigos y los bienes premios. Incluso la lectura de Pablo que acabamos de leer se pude interpretar en esa dirección. Jesús se declara completamente en contra de esa manera de pensar. Lo expresa claramente el evangelio de hoy, pero lo encontramos en otros muchos pasajes; el más claro, el del ciego de nacimiento, en el evangelio de Jn, donde preguntan a Jesús, ¿Quién peco, éste o sus padres?  

Debemos dejar de interpretar como actuación de Dios lo que no son más que fuerzas de la naturaleza o consecuencia de atropellos humanos. Ninguna desgracia que nos pueda alcanzar, debemos atribuirla a un castigo de Dios; de la misma manera que no podemos creer que somos buenos porque las cosas nos salen bien. El evangelio de hoy no puede estar más claro, pero, a veces, estamos incapacitados para oír lo que nos dice. Solo oímos lo que nos permiten escuchar nuestros prejuicios. Debemos salir de esa idea de Dios Señor o patrón soberano que desde fuera nos vigila y exige su tributo.
Claro que estamos constantemente en manos de Dios, pero su acción no tiene nada que ver con las causas segundas. La acción de Dios es de distinta naturaleza que la acción del hombre, por eso la acción de Dios, ni se suma ni se resta ni se interfiere con la acción de las causas físicas. 
 

La escena comienza con una información dada a Jesús; se presentan algunos a contarle que Pilatos había hecho matar a unos galileos mientras ofrecían el sacrificio. Jesús les advierte severamente: “Esos galileos no eran más pecadores que los demás, todos ustedes perecerán también, si no se convierten. Acto segundo, pasa a la carga y pone en evidencia a sus informadores que han tratado de darle “buenos consejos”. Les interpela directamente: “Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no…”.
Si ustedes no se convierten, todos perecerán. La expresión no traduce adecuadamente el griego metanohte, que significa cambiar de mentalidad, ver la realidad desde otra perspectiva. Perecer no es desaparecer sino de malograr la existencia. No dice Jesús que los que murieron no eran pecadores, sino que todos somos igualmente pecadores y tenemos que cambiar de rumbo. Sin una toma de conciencia de que el camino que llevamos termina en el abismo, nunca estaremos motivados para evitar el desastre. Si soy yo el que voy caminando hacia el abismo, solo yo puedo cambiar de rumbo. Cada uno es responsable de sus actos. No somos marionetas, sino personas autónomas que debemos apechugar con nuestra responsabilidad.
 

Parábola de la higuera estéril. La higuera es en la Biblia, figura del Pueblo de Israel. Los que escuchaban a Jesús entendieron el mensaje de la parábola, iba para ellos. Pero ésta sigue teniendo plena actualidad. Es necesario que nos la apliquemos nosotros, individualmente y como comunidad que no dé fruto no tiene razón de ser, por mucha hojarasca que ostente. Todos podemos ser ese árbol baldío, lleno de hojas, aparentemente verde y, sin embargo, completamente inútil.       

El Dios de la vida piensa cortar la higuera. Pero todavía existe un resquicio de esperanza. Hay alguien, el viñador (Jesús mismo), que pide al amo una nueva oportunidad. Quizás la higuera, con cuidado especial, dé fruto.            

Jesús suplica por su pueblo y por cada comunidad cristiana. Y se compromete con ella: “Entretanto yo la cavaré y le echaré estiércol”. Siempre espera contra toda esperanza: “Si en adelante diera fruto, vivimos todavía el tiempo de la paciencia y misericordia de Dios.
La parábola pone de manifiesto que cambiar o no cambiar no es un juego de palabras. Es un problema de vida o de muerte. Ante el Reino de Dios hay que decidirse. Y se nos habla de urgencia, porque el tiempo pasa y estamos en la encrucijada.   
El tiempo para dar fruto es limitado. Dios es don incondicional, pero no puede suplir lo que tengo que hacer yo. Soy único, irrepetible. Tengo una tarea asignada; si no la llevo a cabo, esa tarea se quedará sin realizar y la culpa será solo mía.

¿Quién decide mi vida?  

La vida de no pocos viene decidida, en buena parte, desde el mercado. La sociedad de consumo se preocupa de saber no quiénes somos, sino qué vamos a consumir y de qué dinero vamos a disponer. Todo está convenientemente organizado para hacer de cada uno de nosotros un buen consumidor.  

La publicidad, por su parte, me dicta por qué cosas me tengo que interesar y hacia dónde he de dirigir mis pasos. La moda decide cómo he de vestir y qué aspecto he de presentar. La cultura me indica cómo he de pensar y qué he de sentir. Además, mi trabajo y mi rol social me hacen vivir en función de unos determinados intereses.  

Por eso, todo aquel que quiera ser él mismo ha de preguntarse alguna vez: «Quién decide mi vida? ¿A quién o a qué le estoy dando poder para programar mi existencia diaria?» En el fondo de estos interrogantes subyace otra cuestión más radical: «Qué quiero ser yo? ¿Qué busco?»  

A nadie se le escapa que son preguntas importantes en las que nos jugamos todo. Sin embargo, raras veces aparecen en la vida de las personas. De ordinario, andamos «ocupados» con preguntas, a nuestro parecer, más prácticas e interesantes, buscando en cada momento qué nos resultará más útil o más agradable.  

El riesgo de empobrecer nuestra vida es, entonces, muy grande. O nos dejamos manejar desde fuera como marionetas, o nos guiamos por algo tan postmoderno como el «me apetece» y «me gusta» ¿No es éste el modo de «funcionar» de muchos?  

Desde una perspectiva creyente, la vida es un don y una tarea. El gran regalo que hemos recibido todos y la gran tarea que tenemos por delante: ese «¿qué voy a hacer con mi vida?» Es como si Dios, Creador y Padre, nos dijera a cada uno: «Hijo mío, tú estás sostenido por mi gracia y mi bendición. Tienes todo lo necesario para vivir tu aventura personal y ser tú mismo. ¿Por qué no vives como hijo mío?».  

La parábola narrada por Jesús, del hombre que planta una higuera y viene año tras año a buscar fruto, es imagen de la «paciencia» de Dios que sigue esperando ver más fruto en nuestra vida.  

¿Qué significa dar fruto? ¿En qué consistiría la salvación para nosotros aquí y ahora? Tal vez sea esta la cuestión más importante que nos debemos plantear. No se trata de hacer o dejar de hacer esto o aquello para alcanzar la salvación. Se trata de alcanzar una liberación interior que me lleve a hacer esto o dejar de hacer lo otro porque me identifico con Dios. Descubrir y vivir esa realidad es tu verdadera salvación.  

jueves, 17 de marzo de 2022

Jueves 17, Lc 16, 19-31.

   

“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”  

Hoy necesito escuchar a Dios en esta vida, con su Palabra me ayuda revisar mi existencia, de convertirme en ella y aprovechar el tiempo que Él me concede. 

En el Evangelio me encuentro con una parábola que me descubre las realidades del hombre, el contraste entre el rico y el pobre es muy fuerte, el lujo y la indiferencia del rico; la situación de Lázaro, con los perros que le lamen las úlceras. Todo tiene un gran realismo que hace que me duela la situación. Puedo pensar, la palabra que escucho de Dios diariamente aparte de entenderla y gustar de ella, la llevo a mi vida, la pongo en práctica. Entonces me pregunto: ¿Dónde estaría yo si fuera uno de los dos protagonistas de la parábola?   

Se que tengo un Lázaro a quien atender, escuchar, comprender, ayudar. Pero tengo que saber descubrirlo en mi entorno tan lleno de cosas. Le pido al Dios de la Vida que me dé un corazón semejante al suyo para poder seguir su camino y vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

                                                                                                   Ref. Dominicos.org; Engeli.net 

martes, 15 de marzo de 2022

 
Martes 15 de marzo, Mt 23, 1-12. “No imiten su conducta, porque dicen y no hacen”

La Palabra de hoy me lleva reflexionar por qué sigo a Jesús, ¿para mostrarme a los demás? O ¿por qué siguiendo los pasos de Jesús encuentro el camino que me lleva ser un hombre pleno y de esta forma dar testimonio de que se puede vivir en un mundo mejor?

A medida que pasa el tiempo empiezo a entender que mi recompensa de aceptar vivir de acuerdo con los mandatos de Jesús es vivir en Gracia de Dios, con la Paz y la Alegría que me trae su Palabra a mi vida, con la fuerza que me da para poder llevar la cruz que me toque vivir.


lunes, 14 de marzo de 2022

Segundo domingo de Cuaresma Lecturas 13-3-22, Ciclo C

  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén

“Jesús subió a la montaña para orar y mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.”

 Lectura libro del Génesis 15, 5-12. 17-18. 

Dios dijo a Abrám: “Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. Entonces el Señor le dijo: “Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los Caldeos para darte en posesión esta tierra”. “Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?”. El Señor le respondió: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma”. Él trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó. Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: “Yo he dado esta tierra a tu descendencia”. Palabra de Dios.  

Salmo 26, R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme! Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”. R.

Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.  

Carta de Pablo a los Filipenses 3, 17—4, 1  

Hermanos: sigan mi ejemplo y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio. Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor. Palabra de Dios.  

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36  

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo. Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto. Palabra del Señor. 

Reflexión:   

En este segundo domingo de cuaresma, el evangelio de hoy nos cuenta el evento de la Transfiguración, que se coloca en el ápice del ministerio público de Jesús. Él está en camino hacia Jerusalén, donde se cumplirán las profecías del "Siervo de Dios" y se consumará su entrega redentora. Las multitudes no entienden esto, y delante a la perspectiva de un Mesías que contradice expectativas terrenas que ellos tienen, lo han abandonado.  

El momento de crisis. Varias veces Jesús había entrado en conflicto con las gentes y con las autoridades religiosas y civiles de la época. Él sabía que no le permitían hacer aquello que estaba haciendo. Antes o después, lo detendrían. Además, en aquella sociedad, el anuncio del Reino, como lo hacía Jesús, no estaba tolerado. ¡O daba marcha atrás, o le esperaba la muerte! No había otra alternativa. Pero Jesús no retrocede. Por esto en el horizonte aparece la cruz, no ya como una posibilidad, sino como una certeza. Junto a la cruz aparece la tentación de continuar el camino del Mesías Glorioso y no el de Siervo Sufriente, anunciado por el profeta Isaías. En esta hora difícil, Jesús sube a la montaña para orar, llevando consigo a Pedro, Santiago y Juan. En la oración encuentra la fuerza para no perder la dirección de su misión.  

El cambio que tiene lugar durante la oración. Apenas Jesús ora, su aspecto cambia y aparece glorioso. Su rostro cambia de aspecto y su vestido aparece blanco y refulgente. Es la gloria que los discípulos imaginaban para el Mesías. Este cambio de aspecto les demostraba que Jesús, de hecho, era el Mesías que todos esperaban. Pero lo que sigue del episodio de la Transfiguración indicará que el camino hacia la gloria es muy diverso del que ellos imaginaban. La transfiguración será una llamada a la conversión.  

Dos hombres aparecen y hablan con Jesús. Junto a Jesús, en la misma gloria aparecen Moisés y Elías, los dos mayores exponentes del Antiguo Testamento, que representaban la Ley y los Profetas. Hablan con Jesús del “éxodo” que debería llevar a cumplimiento en Jerusalén”. Así, delante de sus discípulos, la Ley y los Profetas confirman que Jesús es verdaderamente el Mesías, prometido en el Antiguo Testamento y esperado por todo el pueblo. Además, confirman que el camino hacia la Gloria pasa por la vía dolorosa del éxodo.  

El éxodo de Jesús es su Pasión, Muerte y Resurrección. Por medio de su “éxodo” Jesús rompe el dominio de la falsa idea divulgada de un Mesías glorioso nacionalista. La experiencia de la Transfiguración confirmaba que Jesús con su opción de Mesías Siervo constituía una ayuda para liberarlos de sus ideas falsas sobre el Mesías y descubrir un nuevo significado del Reino de Dios.  

La reacción de los discípulos. Los discípulos estaban profundamente dormidos. Cuando se despertaron, pudieron ver la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban con Él. Pero la reacción de Pedro indica que no se dieron cuenta del significado de la gloria con la que Jesús aparecía delante de ellos. Como nos sucede también tantas veces, sólo nos damos cuenta de lo que nos interesa. El resto escapa a nuestra atención. “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! ¡Y no queremos descender de la montaña! Cuando se habla de Cruz, tanto en el Monte de la Transfiguración, como en el Monte de los Olivos (Lc 22,45), ¡ellos duermen! ¡A ellos les gusta más la Gloria que la Cruz! No les agrada oír hablar de la cruz. Ellos desean asegurar el momento de la gloria en el Monte, y se ofrecen para construir tres carpas. Pedro no sabía lo que decía. Mientras Pedro habla, una nube desciende de lo alto y les envuelve con su sombra. Lucas dice que los discípulos tuvieron miedo cuando la nube los envolvió. La nube es un símbolo de la presencia de Dios. La nube acompañó a la muchedumbre en su camino por el desierto (Ex 40, 34-38; Num 10,11-12). Cuando Jesús subió al cielo, fue cubierto por una nube y no lo vieron más. Una señal de que Jesús había entrado para siempre en el mundo de Dios.  

La voz del Padre. Una voz sale de la nube y dice: “Este es mi Hijo, mi Elegido, escúchenlo”. Con esta misma frase el profeta Isaías había anunciado al Mesías–Siervo (Is 42,1). Después de Moisés y Elías, ahora es el mismo Dios quien presenta a Jesús como Mesías-Siervo, que llegará a la gloria mediante la cruz. Y nos deja una advertencia final: “¡escúchenlo!” En el momento en el que la voz celeste se hace sentir, Moisés y Elías desaparecen y queda Jesús solo. Esto significa, que de ahora en adelante es sólo Él, el que interpreta las Escrituras y la Voluntad de Dios. Es Él la Palabra de Dios para los discípulos: “¡escúchenlo!”  

La afirmación “Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo” era muy importante para las comunidades de finales de los años ochenta. Por medio de esta afirmación, Dios Padre confirmaba la fe de los cristianos en Jesús como Hijo de Dios. En el tiempo de Jesús, o sea, hacia los años 30, la expresión Hijo del Hombre indicaba una dignidad y una misión muy elevada.  

Jesús orante. Es el Hijo que está permanentemente unido al Padre a través de la oración personal, a veces íntima, escondida, a veces en presencia de sus discípulos, está llena de la alegría del Espíritu Santo.   

Fijémonos, pues, que Lucas es el único de los sinópticos que comienza la narración de este relato así: «Jesús (...) subió al monte a orar» y, por tanto, también es el que especifica que la transfiguración del Maestro se produjo «mientras oraba». No es éste un hecho secundario.          

La oración es presentada como el contexto idóneo, natural, para la visión de la gloria de Cristo: cuando Pedro, Juan y Santiago se despertaron, «vieron su gloria». Pero no solamente la de Él, sino también la gloria que ya Dios manifestó en la Ley y los Profetas; éstos —dice el evangelista— «aparecían en gloria». Efectivamente, también ellos encuentran el propio esplendor cuando el Hijo habla al Padre en el amor del Espíritu.

Así, en el corazón de la Trinidad, la Pascua de Jesús, «su partida, que iba a cumplir en Jerusalén» es el signo que manifiesta el designio de Dios desde siempre, llevado a término en el seno de la historia de Israel, hasta el cumplimiento definitivo, en la plenitud de los tiempos, en la muerte y la resurrección de Jesús, el Hijo encarnado.  

Nos viene bien recordar, en esta Cuaresma y siempre, que solamente si dejamos aflorar el Espíritu de piedad en nuestra vida, estableciendo con el Señor una relación familiar, inseparable, podremos gozar de la contemplación de su gloria. Es urgente dejarnos impresionar por la visión del rostro del Transfigurado. A nuestra vivencia cristiana quizá le sobran palabras y le falta estupor, aquel que hizo de Pedro y de sus compañeros testigos auténticos de Cristo viviente.  

Los seguidores de Jesús no vivimos de cualquier creencia, norma o rito. Una comunidad se va haciendo cristiana cuando va poniendo en su centro el Evangelio y solo el Evangelio. Ahí se juega nuestra identidad. No es fácil imaginar un hecho social más humanizador que un grupo de creyentes escuchando juntos el «relato de Jesús». Cada domingo podemos sentir su llamada a mirar la vida con ojos diferentes y a vivirla con más responsabilidad, construyendo un mundo más habitable.  

 

Ven Señor Jesús, te necesitamos.  

Primer domingo de cuaresma

“No sólo de pan vive el hombre”  

Segundo domingo de Cuaresma 

“Jesús … subió a la montaña para orar”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Doonbosco.org. Dominicos.org.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119 

viernes, 11 de marzo de 2022

Viernes 11 de marzo, Mt 5,20-26.

 

 “Vete primero a reconciliarte con tu hermano”  

La Palabra de Dios hoy me lleva a reflexionar como estoy con mi prójimo, con aquellos con quien vivo y comparto mi vida y me pregunto ¿Puedo estar bien con Dios y mal con mi prójimo?  

En el caminar del día a día cometemos errores, cosas de las cuales nos arrepentimos de haberlas hechas y pedimos disculpas para poder aliviar nuestra conciencia. ¿Qué cosas de mi prójimo me molestan y no acepto las disculpas y me alejo? ¿Qué necesito para ver al otro también como hijo de Dios y que puede equivocarse como yo y que necesita una nueva oportunidad para poder seguir su camino?

Le pido al Dios de la Vida que me dé un corazón semejante al suyo para poderlo seguir su camino y vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

jueves, 10 de marzo de 2022

Jueves 10 de marzo, Mt 7,7-12.

 
 “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá”

Hoy la Palabra de Dios me lleva a meditar que sentido quiero darle a mi vida, veo el accionar de Jesús y me identifico con Él, por eso lo busco en mi ser y en lo que me rodea (“Vengan y verán”). Le pido que me dé un corazón semejante al suyo para poderlo seguir su camino y vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Voy a golpear su puerta para que me abra y que me escuche lo que tenga que contarle.

Lo que deseo hoy es vivir en un mundo donde se pueda compartir todo lo que Dios nos da, vivir en Paz y con Alegría.

miércoles, 9 de marzo de 2022

“El Hijo del hombre es el signo”

 

Miércoles 9 de marzo, Lc 11,29-32.  

Hoy la palabra me lleva a preguntarme: ¿Cuál es el signo que necesito ver, de que necesito convencerme para seguir el camino que me lleva a Dios (conversión)? ¿Creo realmente que Jesus es Dios hecho hombre que vino para ayudarme a ser un hombre pleno (como Él)?

Hoy quiero decirle a Jesús, que Él es mi Camino, la Verdad y la Vida, soy débil y cometo errores por eso te pido que me acompañes con tu Espíritu para poder vivir de acuerdo con tus enseñanzas y poder experimentar en este mundo la Paz y la Alegría que me regalas con tu entrega.

martes, 8 de marzo de 2022

Martes 8 de marzo, Mt 6,7-15.

  

“Nuestro Padre del cielo sabe lo que necesitamos”  

Gracias Dios mío por hacerte presente en mi vida y darme la posibilidad de hablar con vos, conoces cuales son mis necesidades, lleno de confianza por sentirme tu hijo, te pido que me asistas con el Espíritu Santo para que me guie y asista en todo lo que tengo que hacer.

Lunes 7 de marzo, Mt 25,31-46.

 “Misericordia quiero y no sacrificios”

lunes, 7 de marzo de 2022

Primer domingo de Cuaresma Lecturas 6-3-22, Ciclo C

 

https://miencuentroconjesus1.blogspot.com/2019/03/primer-domingo-de-cuaresma.html