Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Domingo de la Segunda Semana de Adviento, “Preparen el camino del Señor…”


Lecturas del 4-12-11– Ciclo B –

Libro del profeta Isaías 40, 1-5. 9-11
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!                
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.      
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: « ¡Aquí está tu Dios!» Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.  Palabra de Dios.

Salmo 84
 R. Muéstranos, Señor, tu misericordia,  y danos tu salvación.
Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz,  la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R. 
El  Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra 
y la Justicia mirará desde el cielo.  R. 
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, 
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R. 
Segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14
Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.        
Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. 
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.              
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.            
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»          Palabra del Señor.
Reflexión:
Después de varios siglos en que se habían silenciado los profetas, de repente en el desierto una voz resuena, anunciando que ya viene aquél que es verdaderamente el Evangelio de Dios, la buena noticia del Padre y que por medio del bautismo en el Espíritu Santo ofrece el don de su perdón y la comunión con Dios a todos los que saben esperarlo y recibirlo. En Jesús se realiza este encuentro salvífico, ¡el gran acontecimiento de la historia!
¡Prepararemos la venida del Señor!
Cuando leemos el Evangelio de hoy nos percatamos que la venida del Hijo de Dios al mundo había sido preparada por la historia de la salvación y finalmente por san Juan Bautista.
¿Por qué prepararnos? El Evangelio de Marcos está todo orientado hacia la confesión de fe, uno de sus hilos conductores más importantes es la cuestión: ¿Quién es Jesús?  Ya desde de las primeras líneas se empieza a responder.  
Marcos anuncia el comienzo de una “Buena Noticia” (= Evangelio). La expresión “Buena Noticia”, es importante no sólo porque nos señala el carácter de mensaje, de anuncio que caracteriza la obra, sino también porque nos señala cuál es el ambiente dominante en el camino de Jesús.  Lo que va a suceder es realmente “bueno”, “bello”, “encantador” e inspira una atmósfera de gozo.
El contenido de la Buena Noticia es una persona, Jesús, quien es al mismo tiempo el proclamador de ella. El tema central es la acción de Dios que transforma las situaciones negativas del hombre y lo atrae hacia su proyecto salvífico. Enseguida Marcos nos presenta dos confesiones de fe, las más importantes del Evangelio: Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Sin embargo nos reserva alguna sorpresa:
Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.
Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la segunda sorpresa.
La voz de la Escritura: Jesús es el Señor de los caminos: Marcos a través de dos citas bíblicas, que ha tomado las actualiza en la persona de Juan Bautista, (Malaquías 3,1 e Isaías 40,3) evoca la voz ya extinta de los profetas y se centra en la persona de Jesús, es él quien realizará el camino del Dios en la historia, él es el Señor.
La voz de Juan Bautista, el mensajero de los nuevos tiempos: Es Dios mismo quien le da la Palabra a Juan convirtiéndose en “la voz que clama (que grita) en el desierto” y el contenido de su anuncio es:
• La efectiva preparación del “camino del Señor” mediante el bautismo de conversión.
• La presentación de la persona de Jesús, el que ya está a punto de comenzar a recorrer su camino.
El profeta de los nuevos tiempos habla aquí por única vez en todo el Evangelio y sus palabras son precisas y claras. Todas ellas apuntan a una sola pregunta:
¿Quién es Jesús de Nazaret?
Destaquemos brevemente los tres rasgos que caracterizan a Jesús según la voz del profeta:
(1) “Detrás de mí vendrá...” Jesús es el que viene recorriendo un camino que parte de Dios y que conduce a Dios; Jesús es Dios que viene al encuentro de los hombres y solicita la apertura del corazón para acoger su llegada.
Probablemente la expresión tenga un sentido todavía más profundo si la releemos desde la profecía de Daniel 7,13: “He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo del Hombre” (profecía que el mismo Jesús citará en la pasión para confesar su identidad: “veréis al Hijo del Hombre... venir...”, Mc 14,62).
La profecía presenta a Jesús como Juez escatológico, aquél con quien todo hombre tendrá que confrontarse porque es Él el modelo, el paradigma del hombre. Pero también la idea es presentarnos a un Jesús siempre en movimiento (como de hecho sucede a lo largo del Evangelio: rara vez se sienta), expresando así la cercanía de Dios al hombre.
En la introducción del Evangelio se presenta solemnemente esta venida:
• La primera vez que Jesús entra en escena se usa el verbo “venir”: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea” (1,9).
• Luego, después de las tentaciones, se insiste en que Jesús es el que “viene”: “Después que Juan fue entregado vino Jesús a Galilea” (1,14).
(2) “El que es más fuerte que yo”.  Jesús es el más fuerte. 
Inicialmente la frase podría ser entendida como que Jesús es un profeta más poderoso que Juan.  Sin embargo dentro del mismo Evangelio se nos da la pista: el fuerte es Satanás, el poder el mal que impide la realización del hombre, desdibujando su rostro y arrastrando en contravía el proyecto creador y salvífico de Dios para la humanidad. 
Si bien Satanás es el fuerte, con un poder que todos de hecho experimentamos aunque no lo personalicemos de esa manera, Jesús es el más fuerte: su poder es capaz de someter al que somete al hombre. Ante el pecado y todas las fuerzas del mal que experimentamos en la historia ha brotado una esperanza. Para esto ha venido Jesús:
• El primer milagro que Jesús realiza en el Evangelio es un exorcismo (ver 1,21-28).  Donde su primera enseñanza que es que ha venido a destruir el mal: “Un hombre poseído por un espíritu inmundo... se puso a gritar: ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?” (1,23-24). Y Jesús puede más que el mal, tiene autoridad sobre él (ver 1,25-27).    
• En la controversia en la cual Jesús es acusado de ser un endemoniado, su respuesta es tan lógica como contundente: “Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte” (3,27). Y eso es precisamente lo que Jesús realiza a través de sus numerosos signos en el Evangelio.
Ante la extraordinaria grandeza de Jesús, a Juan no le queda más que declarar su pequeñez: “Y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.”
(3) “Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. 
Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo. La contraposición entre Juan y Jesús ahora es más clara, con todo ello se pretende que descubramos la grandeza de la misión de Jesús.
El bautismo de Juan aparece como un bautismo cuya finalidad es sellar y validar ante Dios la actitud de conversión de los pecados de aquellos que abrieron su corazón ante el mensaje.
Ahora, el bautismo de Jesús, que no es un rito sino la experiencia del camino, completa lo que le falta al de Juan: el perdón de los pecados.  Ese es el sentido de la expresión “bautizar” (=sumergir) “con Espíritu Santo” (=en la realidad de Dios mismo), indica que en ella se ha eliminado la barrera que separaba al hombre con Dios y que ambos viven ahora una perfecta comunión. Es en esta unión que el hombre crece y madura para la vida nueva en Dios. Dios desea perdonar todos los pecados y ninguno supera su poder (El es “el más fuerte”).
El mismo Espíritu que “impulsó a Jesús al desierto”, impulsa también a cada hombre que se hace discípulo por los caminos de Dios trazados por el ministerio terreno de Jesús de Nazaret.
La Buena Noticia de Dios.(1)
Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que “el tiempo se ha cumplido”. Con él llega la Buena Noticia de Dios.
Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.
Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.
Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Aviso Parroquial:
Jueves 8 de Diciembre: Celebramos La Inmaculada Concepción de la Virgen María,
Ø  Misas 10 y 19 hs
Lecturas de la Semana
Lunes 5:  Is.  35,1-10 Sal  84;  Lc. 5, 17-26.
Martes 6:  Is. 40, 1-11;  Sal.  95; Mt. 18, 12-14.
Miércoles 7:  Is. 40, 25-31; Sal. 102; Mt. 11, 28-30.
Jueves 8:  Gn. 3, 9-15. 20;  Sal 97; Ef. 1, 3-6. 11-12; Lc. 1, 26-38.
Viernes 9: Is.  48, 17-19;  Sal  1;  Mt. 11, 16-19.
Sábado 10: Ecl. 48-1-4. 9-11; Sal 79; Mt. 17,  10-13.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM (1) Eclesalia: José A Pagola.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
  

viernes, 25 de noviembre de 2011

Domingo de la Primera Semana de Adviento, “Tengan cuidado y estén prevenidos”


Lecturas del 27-11-11– Ciclo B –


Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7
¡Tú, Señor, eres nuestro padre, «nuestro Redentor» es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!             
¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!
Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos.        
Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.         
No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas.   Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos! Palabra de Dios.
Salmo 79 
R. Restáuranos, Señor del universo,
 que brille tu rostro y seremos salvados.


Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvarnos.  R.
Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid,  la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso.  R.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.  R.
1º carta de san Pablo a los  Corintios 1-3-9
Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.  No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.   Palabra de Dios.
Evangelio según San Marcos. 13, 33-37
En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
 «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!»  Palabra del Señor.
Reflexión:
Frente al presente, vigilancia
Para comprender esta exhortación, debemos de situarla en su contexto.  El capítulo 13 de Marcos es una instrucción sobre el tiempo previo al Reino.  Se suele llamar discurso escatológico, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definitivos, sobre el final de la historia del mundo.  En él se nos dice que al “mundo viejo” le ha llegado a su fin, que se está destruyendo a sí mismo. Los falsos mesías, las guerras y el hambre, las persecuciones, la caducidad del templo (del centro religiosos) y la confusión absoluta son los dolores de partos previos a la llegada del Reino que Jesús viene anunciando.  Otras veces recibe el nombre de discurso sobre la parusía, ya que habla de la venida definitiva del Hijo del Hombre (“parusía” significa presencia y sirve para designar la venida y manifestación definitiva del Señor).  También, debido al lenguaje que usa, se le llama discurso apocalíptico (la apocalíptica es una corriente que surge en momentos de dificultad y opresión, y que proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera la salvación).
Tres son las partes de este discurso con una invitación fundamental en cada una:
1) Frente a la conflictividad político-religiosa de la historia: DISCERNIMIENTO  (13, 5-23)
2) Frente a la venida del Hijo del Hombre: ESPERANZA (13, 24-32)
3) Frente al presente: VIGILANCIA (13, 33-37)
La secuencia que hoy leemos es la última parte del discurso.  En ella responde a la pregunta inicial de los discípulos–“¿Cuándo sucederá todo esto?” (13,4), aunque no en la forma que ellos y nosotros hubiéramos deseado. 
La respuesta comienza recurriendo a una comparación o parábola: la de la higuera y termina con otra: la del hombre que se ausenta.  Estas constituyen el núcleo de la respuesta.  La primera habla de la inmediatez y cercanía de estas cosas, y viene a ser la conclusión lógica de la parábola de la higuera.  La tercera habla de la ignorancia sobre el momento concreto, y puede considerarse como la introducción idónea a la parábola que le sigue, la del hombre que se ausentó y no sabemos cuándo volverá.  La sentencia central es la que se nos ofrece el mensaje más relevante: la certeza del hecho, basada en la palabra de Jesús que no pasa. Esta certeza de algo sobre lo que no cabe hacer previsiones y cálculos, pero que para el cristiano debe estar siempre cercano, origina la actitud de una vigilancia constante y responsable.
Un Dios sorprendente. Tanto en la encarnación como en la última aparición, el Dios que nos ama y esperamos es un Dios sorprendente.  Sorprendente porque el Dios que rasga los cielos y desciende no es un Dios ocasional, episódico; es el Dios con nosotros que quiere estar en medio de nosotros, en el centro de nuestra existencia, no en los márgenes.  Sorprendente, porque puede llegar “al anochecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer” o sea, en cualquier momento: su presencia y venida no está ligada a momentos privilegiados y lugares especiales. 
Sorprendente, porque para acogerlo hay que vivir el hoy en plenitud; esto no significa preparar un espectáculo grandioso en su honor, sino vivir en su casa y ser responsable de ella, pues la ha dejado en nuestras manos y nos ha señalado a cada uno una tarea en ella. 
Sorprendente, porque nos invita a discernir los signos de los tiempos, a andar por caminos de justicia y familiarizarnos con el conflicto. Sorprendente, porque no viene ante todo a exigir, a pedir cuentas, sino a dar. “Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en Él…”, nos dice el profeta Isaías.  Y Pablo habla de un Jesús porque hemos sido “enriquecidos en todo” como lo dice a los corintios.
No se puede ser fiel a un Dios sorprendente, que lleve la iniciativa e interviene en nuestras vicisitudes, si no es asumiendo una postura dinámica de discernir los signos de los tiempos y de toma de conciencia y responsabilidad.  Frente al presente, frente a lo que acontece en nuestro mundo y sociedad, no podemos ni dormirnos ni desentendemos.  Hay que estar alerta, no podemos delegar en nadie el encargo de vigilar y trabajar.  “Lo que le digo a ustedes se los digo a todos: ¡Estén en vela!  Sólo asía podremos descubrir y vivir cotidianamente su presencia e intromisión en nuestra vida y mundo.  Quien trate de escuchar con fidelidad el mensaje de Jesús es fácil que lo perciba, en el fondo de su ser, como una llamada a despertar y vivir con lucidez, y como una fuerza capaz de humanizar, personalizar y dar sentido y gozo insospechado a su vida.  Y es fácil también que, al dejarnos interpelar sinceramente por su palabra, vivamos uno de esos raros momentos en que nos sentimos “despiertos” en los más hondo de nuestro ser.
Muchas personas no aman su vida concreta. Tampoco saben vivirla.  La vida se les hace dura y penosa, excesivamente aburrida y vulgar.  Vienen atrapados por las cosas.  Demasiados agitados, llenos o vacios, para poderse detener y responder a su verdadera vocación de ser personas.
Cuando a esto se le suma un clima social conflictivo y un horizonte de inseguridad y crisis, es fácil la tentación de evadirse a un “mundo feliz” que nos consuele de la vida real y nos anestesie de los sinsabores da cada día.  Cada uno busca su “vía de escape” y consume su propia droga.  Sería una equivocación creernos libres de toda “drogadicción” por no ser esclavos de ninguna sustancia tóxica.  Pocas veces habrá tenido tanta actualidad la llamada de Jesús a la vigilancia, la lucidez y la libertad de espíritu.  ¡Se puede y se debe vivir sin droga”
Respecto a la segunda venida, al encuentro definitivo con Dios, también nosotros como los apóstoles tenemos curiosidad por saber “cuándo” o al menos querríamos ser avisados con una “señal” ¡Menos mal que Jesús no nos ha indicado la hora precisa, obligándonos a tener nuestro reloj puesto en el hoy!
La manifestación de un cristianismo relajado, irrelevante, banalmente repetitivo, no es evangélico ni interesa a nadie.  Solamente la aparición de unos cristianos “sorprendentes”, comprometidos en el presente con lucidez que sirvan positivamente, trabajado por una sociedad más justa y fraternal, puede ayudar a muchas personas a levantar la cabeza y ver los nuevos signos que aparecen en el horizonte, y probar otro estilo de vida abierto a la presencia y utopía de nuestro Dios. ¡Este el momento preciso!
 La Iglesia, al elegir este texto de Marcos para dar comienzo a un año nuevo litúrgico, nos recuerda:
·       Que con el adviento iniciamos una etapa y una oportunidad nueva de salvación, aunque todo tiempo sea tiempo oportuno y propicio de salvación y misericordia.
·       Donde Cristo sigue viniendo en la historia, a través de la historia y sometido a la historia.
·       Que para descubrirlo es preciso tener el oído fino, los ojos limpios y abiertos, el corazón expectante y comprometerse en el presente con lucidez, con perspectiva de plenitud y futuro y la mirada fija en Él.
Para reflexionar:
No confundir estar en vela con no dormir.
Pbro. Daniel Silva


       "Adviento.. es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio  para percibir una presencia"                                                                                                  

S.S. Benedicto XVI
Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan solo comenzada. Esto implica que el cristianismo no mira solamente a lo que ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfara definitivamente y todo le estará sometido, el día que Cristo vuelva. Sabe que la presencia de Dios, que acaba de comenzar, será un día presencia total. Y esta certeza le hace libre, le presta un apoyo definitivo”

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.


Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin.    
  
Lecturas de la Semana
Lunes 28:  Is.  2,1-5 Sal  121;  Mt. 8, 5-11.
Martes 29:  Is. 11, 1-10;  Sal.  71; Lc. 10, 21-24.
Miércoles 30:  Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal Dn. 3, 62-67; Lc. 21, 10-19.
Jueves 1:  Is. 26, 1-6;  Sal 117; Mt. 7, 21. 24-27.
Viernes 2: Is.  29, 17-24;  Sal  26;  Mt. 9, 27-31.
Sábado 3: Is. 19-21. 23-26; Sal 146; Mt. 9, 35—10, 1.5ª.
6-8
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Siervas de los corazones traspasados de J y M..
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.


jueves, 17 de noviembre de 2011

34º domingo durante el año, Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo


Lecturas del 20-11-11– Ciclo A –


“Vengan benditos de mi Padre”


Profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17
Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. 
Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor- . Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. 
En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos.»   
Palabra de Dios.

Salmo 22

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas.  R.
Me conduce a las aguas tranquilas  y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R.

1º C de San Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.   Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 25, 31-46
 Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.        
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver." 
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?"
Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo."     
Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron."             
Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?"
Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo."
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»    
Palabra del Señor.

Reflexión:
El juicio definitivo

Con la fiesta de hoy, Cristo Rey, cerramos el año litúrgico y nos disponemos a comenzar el tiempo del Adviento.  Este pasaje, en una especie de visión profética, nos muestra cuál es el criterio supremo para entrar y gozar del Reino, para ver y conocer a Dios. En Él se nos dice quiénes son verdaderos discípulos y seguidores de Jesús y cuál es la verdadera Iglesia.

La escena nos presenta un juicio público, universal.  El juez es “el Hijo del hombre”, Jesús. Aparecen dos grupos de personas cuyo comportamiento histórico ha sido  bien diferente.  El juicio es de separación, definitivo.  La sentencia se pronuncia en forma de bendición o maldición.  La sanción es heredar el Reino o ser arrojados al fuego eterno.

El criterio o medida que se utiliza es sorprendente y no importa si lo sabemos o no: lo que cuenta es la actitud de amor o indiferencia hacia cualquier ser humano necesitado, lo que se hace con uno de los más pequeños, se hace con Dios. Éste es el criterio definitivo y el mansaje final que Mateo dirige a sus lectores: hay que estar alerta, de forma activa, con la mirada puesta en el rostro concreto de cada ser humano necesitado. 

Lo que hacemos a los pobres, a los más pequeños, a los hambrientos, extranjeros, enfermos, desnudos, encarcelados… es lo que cuenta, es lo que hemos hecho a Dios. 
Increíble respuesta.  La parábola no menciona la oración, ni la comunidad, ni el culto, ni la eucaristía… Ni siquiera  cita la fe en Jesucristo.  Lo cual no quiere decir que tales puntos no sean importantes, más aún necesarios. 
Significa otra cosa: que puestos a dar la clave definitiva, o puestos a expresar lo que es esencial del verdadero cristiano y de la verdadera Iglesia, todo se juega en la OPCION POR LOS POBRES, en el amor a los pobres y marginados.  Todo lo demás, sin esto, de nada sirve. Es bueno recordar este test definitivo de nuestra existencia, aunque nos sintamos una vez más molestos ante la palabra de Jesús.

Aplicada esta parábola al mundo de hoy, es evidente que se refiere no sólo a las obras de caridad, sino también al compromiso sociopolítico tendiente a construir una sociedad libre, democrática, igualitaria y fraternal. Porque puede ocurrir –y a ocurrido muchas veces- que uno haga por un lado muchas obras de caridad y por otro siga explotando, o apoye situaciones contrarias a la libertad y a la justicia, o lleve un tren de vida indignante para los pobres.

El juicio de Dios no se encierra en el ámbito individual, Dios nos ha comunicado su propia vida y no nos saca de la historia, por el contrario, nos hace asumirla plenamente, porque en lo transitorio se juega lo definitivo.

La opción por los pobres es, sin duda, la más adecuada reformulación, para nuestra sociedad e Iglesia, de lo que Mateo dice en este pasaje. Este último término, si nuestro sacrificio, abnegación y esfuerzo se han puesto al servicio de que tengan menos dureza, si nuestro propio conflicto y oscuridad para ver y reconocer a Dios han nacido de la entrega y lucha para que los pobres bajen de la cruz, indudablemente, en el día del juicio, escucharemos las palabras de Jesús:
“Vengan benditos de mi Padre”.

Ellos son el camino y el sacramento de nuestra salvación. No se puede conocer a Dios sin acoger al pobre.  Y quien acoge al pobre, y vive su vida en función de ellos, aunque camine en la oscuridad y perplejidad respecto a Dios, está viviendo en el amor del Padre.  Lo está conociendo aunque no lo sepa.  Está salvado.

La parábola del juicio final nos dice que la suerte de toda persona se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad, cárcel, destierro…  Pero vivir con entrañas de misericordia no es tener un corazón sensiblero ni tampoco practicar, de vez en cuando, alguna “obra de misericordia” que aquiete nuestra conciencia y nos permita seguir tranquilos nuestro camino egoísta de siempre. Es esta misericordia la que da categoría humana y evangélica a la persona. Es esta misericordia la que nos trae la bendición de Dios: la que se asume un compromiso al servicio a la humanidad.  Pensemos en el evangelio de hoy: nosotros desde nuestra comunidad hemos de servir a Cristo presente en ese “cualquiera” que convive con nosotros.  De esta manera, nuestra pertenencia a la Iglesia no es una barrera que nos aísla de los demás, sino todo lo contrario, la forma que tenemos de ir hacia ellos.  Esto es posible si no nos colocamos barreras y fronteras… Si las colocamos, son nuestras, y nuestra es la responsabilidad.  Las fronteras del Reino son tan amplias y generosas como amplio e infinito es el amor de Dios, tal como se ha manifestado en Jesucristo, el rey coronado de espinas y colgado de una cruz.

Celebremos la fiesta de Cristo Rey y miremos nuestra vida desde este gran espejo de nuestra Fe: Jesús que da la vida por la salvación de todos. En la mesa de la Eucaristía estamos llamados todos los pobres y necesitados. Comulgar nuestro pan con la conciencia de que debe ser repartido entre todos.

Oremos:
Señor, que venga  a todos nosotros tu Reino de justicia, de amor y de verdad.
Pbro. Daniel Silva

Cuento: Más valioso que el Circo

Cuando yo era niña estaba con mi padre haciendo fila para comprar las entradas del circo.
Delante de nosotros en la fila había un matrimonio con ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que eran muy humildes. Los niños estaban muy entusiasmados hablando de los payasos, los elefantes y otros que verían esa noche. Le escuché decir que era la primera vez que iban al circo.
La esposa miraba al marido con mucha satisfacción. Se ve que él había hecho un gran esfuerzo para poder llevarlos todos al circo.
Cuando llegaron a la ventanilla de ventas, la empleada preguntó al padre cuántas entradas quería. Él respondió con orgullo: "Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos".
La empleada le indicó el precio. El matrimonio se paralizó y quedó mudo. Era más de lo que esperaban. ¿Cómo iba a decirles a sus ocho hijos que no tenían suficiente dinero para llevarlos al circo? Viendo lo que ocurría, mi papá dejó caer de su bolsillo un billete de cien pesos (nosotros no éramos ricos en absoluto). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: "Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo."

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de cien pesos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: "Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí."              

Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. No fuimos al circo. Pero no nos fuimos sin nada...  Jamás olvidaré aquel acto de mi padre. Sé que me hubiese divertido en el circo. Pero aquella noche obtuve una enseñanza que me ha enriquecido toda mi vida.


La preeminencia del amor
1º Carta de Pablo a los Corintios 13, 1-8

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,  no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.


Lecturas de la Semana

Lunes 21:  Zac.  2,14-17; Sal  Lc. 1, 46-55; Mt. 12, 46-50.
Martes 22:  Dn. 2, 31-45;  Sal.  Dn.3, 57-61; Lc. 21, 5-9.
Miércoles 23:  Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal Dn. 3, 62-67; Lc. 21, 10-19.
Jueves 24:  Dn. 6, 12-28;  Sal Dn. 3, 68-74; Lc. 21, 20-28.
Viernes 25: Dn. 7, 2-14;  Sal  Dn. 3, 75-78. 80-81;  Lc 21, 29-33.
Sábado 26: Dn. 7,15-27; Sal Dn. 3, 82-87; Lc. 21, 34-36.



Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.