Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 22 de marzo de 2013

Domingo de Ramos

                                                                 Tiempo de Cuaresma
¡Hosana! Bendito el que viene en nombre del Señor.
Lecturas del 24 / 03 / 13
– Ciclo C –
Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7   
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.      
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Palabra de Dios.
     
Salmo 21             
        R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
                        has abandonado?
Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto.» R.            Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.     Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.              Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.» R.      

Carta de Pablo a los Filipenses 2, 6-11          
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios                

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,66c.23, 1b-49  
Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». Él les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso». Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy». Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías». Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena». Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí». Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».              
Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!». A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.     
Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad». Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.      
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?». Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.               
Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.         
El pueblo permanecía allí y miraba.
Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.      
Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo». Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.           
Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. 
Palabra del Señor.  
Reflexión:
Domingo de Ramos ¡HOSANA!
La procesión de ramos abre la semana santa, la semana con más celebraciones y más intensa por todo los que nos hace vivir.  No solamente revivir en el sentido de recordar; “hacer memoria” en este caso es entrar en los acontecimientos mismos tal como ocurrieron en Jerusalén para recibir las gracias de vida que contienen.  La semana santa es el tiempo por excelencia de ese misterioso contacto con los acontecimientos de nuestra salvación que llamamos “liturgia “y “sacramentos”
Estaremos en medio de la gente que acoge a Jesús montado en un asno y gritaremos: “¡Hosana!”.  Estaremos en la cena, en la pasión y en la resurrección.  Durante esta semana, viviremos momentos de fervor y de emoción, ya que la liturgia es muy hermosa, dramática.  Pero lo que es más necesario despertar en esta mañana del domingo de ramos es nuestra fe.  Solamente la fe puede captar la realidad que celebra la liturgia.
El misterio de Jesús y el misterio de toda vida cristiana se presentan como una mezcla constante de gloria y de humildad.  San Juan es el que mejor expresa la gloria y sin embargo su pasión comienza con el humilde lavatorio de los pies.  En un resumen fulgurante, San Pablo presenta de este modo la trayectoria del misterio de Jesús y todo lo que la semana santa nos va a ser vivir: “El, a pesar de su condición divina, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo.  Se abajó, obedeciendo hasta la muerte y muerte en la cruz.  Por eso Dios lo encumbró sobre todo” (Flp 2, 6-9)
La Palabra de Dios nos anuncia grandeza y humildad que hemos de meditar constantemente para conocer a Jesús y para ser cristianos.  Es la hora mesiánica y real.  “¡Bendito el que viene (el Mesías) en nombre del Señor!”.  Ahora Jesús puede aceptar que lo proclamen como Mesías, lo que va a vivir en el sufrimiento y en la gloria, en su pasión y en su resurrección, revelará (¡pero sólo  a los ojos de la fe!) qué clase de Mesías es y cuál es la salvación que trae.
“Humilde montado en un asno”.  Ningún triunfador de aquel tiempo habría soñado en esto, pero ¿cuál sería nuestro Cristo del domingo de ramos si se pusiera a cabalgar sobre un caballo de guerra?  El asno nos hace penetrar mejor en unos pensamientos difíciles: Jesucristo es divino y es humilde, es rey y servidor, nos conduce por caminos de grandeza y modestia.  El que sólo se aferra a una de esas dos cosas no entrará como es debido en la semana santa ni en la vida del discípulo.  Detrás de Cristo, nosotros no somos nada, pero el más pequeño orgullo nos echaría a perder.  Nuestro rey está allí, montado en un asno, nuestro rey es manso y humilde, se siente feliz de verse rodeado por modestos pescadores como ministros, dichoso de avanzar sobre la alfombra de los pobres y entre los gritos de aquellos niños que son sus preferidos.  No es que te rechacen a ti, el rico, pero al venir al cortejo de ramos, trae un corazón modesto.
Por primera vez, el evangelista señala la identificación más pueblerina de Jesús:   “Al entrar en Jerusalén, la ciudad entera preguntaba alborotada: ¿Quién es éste? La gente contestaba: “Este es el profeta, Jesús de Nazaret de Galilea”.  En pleno triunfo se nos habla de la humildad de la encarnación; ¡un oscuro obrero galileo en Jerusalén! Y bajaremos hasta el abismo de la humillación: un condenado en la cruz.  Para elevarnos finalmente hasta la cima de San Juan:
¡Señor mío y Dios mío!
Padre Daniel
   
San José Custodio de los Dos Corazones
Cuando hablamos de San José, hay un silencio que envuelve a su persona; silencio que vivió toda su vida. Su misión fue, después de la Santísima Virgen María, la más importante que Dios le haya encomendado a criatura alguna, y al mismo tiempo la mas escondida: salvaguardar "los tesoros de Dios" --Jesús y María--y proteger con su silencio, presencia y santidad el misterio de la Encarnación y el misterio de la Santísima Virgen María
Cuando contemplamos el corazón de San José, contemplamos un corazón puro, que dirige todos sus afectos y acciones hacia aquellos que le fueron encomendados, cuya grandeza él supo leer y entender. Todos los movimientos del corazón de San José tenían un solo objetivo: el amor de los Dos Corazones. Por ellos trabajó; por ellos obedeció; por ellos sufrió; a ellos los defendió y protegió sin interrupción. Su vida era para amar, consolar, proteger y cuidar a los Dos Corazones. Hay que recordar que San José no era Dios hecho hombre, ni tampoco fue concebido inmaculado; el nació con el pecado original igual que todos nosotros. Pero su corazón se hizo uno con el Corazón de María y a través de ella, con el Sagrado Corazón de Jesús.
BENDICIÓN APOSTÓLICA "URBI ET ORBI" 
PRIMER SALUDO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Balcón central de la Basílica Vaticana
Miércoles 13 de marzo de 2013
Hermanos y hermanas, buenas tardes.
Saben que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos. Les agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja. (Padre Nuestro. Ave María. Gloria al Padre).
Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, les pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que ustedes recen para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración ustedes por mí....
Ahora daré la Bendición a ustedes y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. (Bendición).
Hermanos y hermanas, Los dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Recen por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descansen..
   
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin. Amén
Lecturas de la Semana
Lunes 25: Is. 42, 1-7; Sal. 26; Jn. 12, 1-11.
Martes 26: Is. 49, 1-6; Sal 70; Jn. 13,21-33.36-38.
Miércoles 27: Is. 50,4-9; Sal 68; Mt.26, 14-25.
Jueves 28: Ex. 12, 1-8. 11-14; Sal. 115; 1Cor. 11, 23-26; Jn. 13, 1-15.
Viernes 29:  Is. 52, 13-53, 12;  Sal 30;  Heb. 4, 14-16; 5, 7-9; Jn. 18, 1-19, 42.
Sábado 30: Gn. 1, 26-31; Sal. 32; Gn. 22, 1-18; Sal. 15; Ex. 14, 15-5, 1ª; Sal. Ex. 15, 1-18; Is. 54, 5-14; Sal. 29; Is. 55, 1-11; Sal. Is. 12, 2-3; Ez. 36, 17-28; Sal. 41; Rm. 6, 3-11; Lc. 24, 1-12.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano.  www.doscorazones.com                   

Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
 miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
 

viernes, 15 de marzo de 2013

Quinto Domingo de Cuaresma


Tiempo de Cuaresma
“El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”
Lecturas del 17 / 03 / 13
– Ciclo C –
 
Lectura libro del profeta Isaías 43, 16-21     
Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha. 
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?                
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mí Pueblo, mi elegido, el Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.  Palabra de Dios.  
Salmo 125           
R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros             
y estamos rebosantes de alegría!   
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.                Hasta los mismos paganos decían: «¡El Señor hizo
por ellos grandes cosas!» ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R. 
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.    
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.
 
Carta de Pablo a los cristianos de Filipos 3, 8-14         
Hermanos: Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.        
Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe.      
Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos. Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.           
Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
 
Lectura s. Evangelio según san Juan 8, 1-11                
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.                
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?» Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo.    
Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.» E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.   
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»  «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.» Palabra del Señor.     

Reflexión:
Jesús misericordia del Padre     
La mujer adúltera. Para entender mejor el texto. En Israel, el adulterio era tenido por delito público y falta contra lo prescripto por Dios. La ley lo castigaba con la muerte, tal como aparece en el Levítico 20. Pero la tradición y las costumbres hicieron de esta ley, como de tantas otras, una interpretación machista. Ya así, el adulterio del hombre casado sólo era tal si tenía relaciones con una mujer casada, pro si ésta era soltera, esclava o prostituta, no se consideraba como adulterio su falta. Para la mujer casada, bastaba que tuviera relaciones con cualquier hombre. Por otra parte, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a una prueba pública a tomar aguas amargas. Si se le hinchaba el vientre era cierto el adulterio; si no sentía malestares, todo quedaba en falsa sospecha (Números 5, 11-31). Esta prueba la realizaban los sacerdotes. El hombre no podía ser sometido a semejante rito. En todo caso, comprobado el adulterio, los pecadores-él y/o ella-debían ser apedreados por la comunidad.            

El Evangelio pone de relieve muchas veces el contraste que se da entre nuestros juicios sobre los demás (severos) y sobre nosotros mismos (indulgentes). También se observa la diferencia entre el juicio del sistema imperante (implacable) y el de Dios (misericordioso). En este pasaje vemos a los letrados y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. “La mujer sorprendida en adulterio” es la imagen de un pueblo que no es inocente, pero que es habitualmente maltratado por quienes lo dominan, y maltratado en nombre de la Ley de Dios. La narración tiene de trasfondo la trampa tendida a Jesús por sus enemigos: o absolución (contra la Ley judía) o condenación (contra la ley romana, que prohibía a los judíos matar por su cuenta). El juicio de Jesús, sin embargo, es doble: a los acusadores les devuelve su pecado, y a la acusada le da el perdón, la paz y un futuro nuevo. Este modo de obrar nos manifiesta el rostro de Dios.  
                                                                                                                                                                          Pro. Daniel Silva (2010)
 
Todos necesitamos de perdón  
Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a "proclamar la liberación de los cautivos y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.
De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "La Ley
de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?”          
La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?               
Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz.       
Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.       
Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva.       
Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.         
Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad 
del perdón y de la misericordia de Dios?     
Los acusadores "se van retirando uno tras otro". Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: "Yo no he venido para juzgar al 
mundo sino para salvarlo".               

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice "Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más".                
Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que "Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva".
J. A. Pagola
 
 
Un Mundo mejor es posible.
 
“El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió” 
Madre Teresa de Calcuta
 
El saco de Plumas           
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.            
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese
 amigo, y visitó a un hombre sabio a quien le dijo: "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma una bolsa llena de plumas de ave y suéltalas por donde vayas".
El hombre al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pues sabía que eso era imposible.           
El sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Se humilde y reconoce el daño pidiendo perdón a tu amigo, y jamás vuelvas a repetirlo".
Autor anónimo.
 
   
El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido nuevo Papa y escogió el nombre de Francisco. El nuevo pontífice, jesuita de 76 años, es el 266 Papa de la Iglesia Católica y el primero de América Latina. Sucede a Benedicto XVI, quien renunció el pasado febrero.
 
La "fumata blanca" instalada en la capilla Sixtina del Vaticano anunció que la Iglesia católica tiene un nuevo papa. A partir de ese momento se puso en marcha un ritual que culminó con la bendición urbi et orbi que realizó el argentino Jorge Mario Bergoglio, el sucesor de Benedicto XVI,a las miles de personas en la Plaza San Pedro, a la ciudad de Roma y a todo el mundo.
Nota: Fecha de Nacimiento:17 de diciembre de 1936, Bs. As
 
Pergamino vertical: ORACION POR LA PAZ
Señor, 
hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, 
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
                                           Amén.
                            San Francisco de Asís
 
Francisco / Jorge Bergoglio
 
Ven Espíritu   Santo, ven padre de los pobres, ven fuego divino, ven.
 
 
Avisos Parroquiales:     
Se encuentra abierta la inscripción para:
v  Primera Comunión, (Iniciación Cristiana).
 
v  Confirmación.
Anotarse de lunes a viernes de 17:30 a 19 hs.
En secretaría parroquial.  
v  19 de Marzo: nuestras fiestas patronales.
                 
Lecturas de la Semana
Lunes 18: Dn. 13, 41-62; Sal. 22; Jn. 8, 12-20.
Martes 19: Sam. 7, 4-12.16; Sal 88; Rm. 4, 13-22; Mt. 1,16-24.
Miércoles 20: Dn. 3,14-28; Sal Dn. 3, 52-56; Jn.8, 31-42.
Jueves 21: Gn. 17, 3-9; Sal. 104; Jn. 8, 51-59.
Viernes 22:  Jer. 20 10-13;  Sal 17;  Jn. 2, 1-12.
Sábado 23: Ez.37, 21-28; Sal. Jer. 31, 10-13; Jn. 11, 45-57.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. www.corazones.org              
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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viernes, 8 de marzo de 2013

Cuarto Domingo de Cuaresma


Tiempo de Cuaresma.
"Dejaos reconciliar con Dios".
Lecturas del 10 / 03 / 13
– Ciclo C –


Libro de Josué 4,19; 5, 9a. 10-12    El pueblo salió del Jordán el día diez del primer mes, y estableció su campamento en Guilgal, en el extremo oriental de Jericó.         
El Señor dijo a Josué: «Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto.»     
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó.                
Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país -pan sin levadura y granos tostados- ese mismo día.          
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán. 
Palabra de Dios.   

Salmo 33             
R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!      
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios.  
Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.             
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos.        
Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R. 
Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.              
Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.              
Segunda carta de Pablo a los Corintios 5, 17-21        Hermanos: El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.  
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.             
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro.                
Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.        
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él. Palabra de Dios. 

Santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32        
Todos los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:              «Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde." Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.        
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.      
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.            
Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!" Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."       
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.       
El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo."     
Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado." Y comenzó la fiesta.    
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.
El le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo."        
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!"      
Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado."» Palabra del Señor     

Reflexión

Dejaos reconciliar con Dios. La parábola del “Padre misericordioso”, nos deja una enseñanza y es que nuestro Padre, siempre nos espera, la vuelta a Dios es siempre posible, por disparatados que hayan sido nuestros caminos en el pasado. Tomar conciencia que vamos por el camino incorrecto (arrepentirse), volver a transitar el camino de Dios (convertirse) y recomenzar: tres etapas necesarias y sucesivas en el itinerario de nuestra vida espiritual.

Con los brazos siempre abiertos (1)               
Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.
Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado "reprimida" en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía "la parábola del hijo pródigo", pero nunca la han escuchado en su corazón.              
El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.
A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.               
El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así. Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones.                 
No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.           
El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.        
Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.                                    
(1) J. A. Pagola
                                                                                                                                                                                                                                                         
Hoy: ¿Cómo no sentimos nosotros?  Tenemos –quizás por desgracia-, ese prodigioso y triste poder de negarle a Dios nuestro amor. Es la historia de esos dos hijos de la parábola: la historia del pecado. Nuestra propia historia. El hijo menor abandonó a su padre, no porque deseara llevar una vida disoluta, sino porque no quería seguir obedeciendo a su padre; Su pecado comenzó el día en que dejó de amar a su padre por encima de todo y más que a sí mismo. El pecado estuvo antes en su espíritu. Ahí es donde siempre hay que descubrir el pecado. 
Después del pecado del rebelde, del infiel, viene el pecado discreto, insospechado, el pecado de la mayor parte de nosotros, el pecado del hijo mayor, pues él era exteriormente el modelo de obediencia.
Ese hijo no ha desobedecido nunca, justo al revés que el hijo menor. Se le podría citar como ejemplo; Detrás de ese exterior suyo virtuoso, se muestran de repente los malos sentimientos. En un instante, ese modelo de obediencia va a revelarse               como ambicioso, envidioso, avaro, malvado, duro.   
Asimismo pasa con nosotros. Quizás nos toman por mejores que los demás. Nosotros mismos pensamos con naturalidad que, cuando se habla de pecadores, se trata de los demás.  
Es un buen momento para preguntarnos ¿Cómo no sentimos nosotros? Todos tenemos algo de egoístas, todos tenemos algo de que arrepentirnos. Habría motivos para desesperarse, si nuestro Señor no hubiera venido a llamar a los pecadores y si a los justos.          
Por eso nuestra parábola termina con alegría que se desborda y se convierte en fiesta. Aquel padre no cabe en sí y no sabe qué inventar: ordena sacar el vestido de lujo, el anillo con el sello de familia, matar el ternero cebado, y dice a todos: «Comamos y celebremos una fiesta…».             
Pidamos al Señor hoy, la gracia de una sincera conversión que nos haga capaces de volver a Dios, desde el lugar en que estemos hoy.
               
“Te llamé a vivir”
Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza, nada motiva una esperanza.
Hijo; Quiero decirte claramente que fui yo quien te llamó a la vida. Yo te concebí primero en mi inteligencia. Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar. 
Te llamé a vivir. A ti.  Exclusivamente a ti.
Te hice irrepetible. Nadie tiene tu misma voz,
Ni tus mismos ojos, Ni tus mismos rasgos interiores.
Te di virtudes... ¿Las ha descubierto?
Te di cualidades... ¿Las conoces?
Te hice hermoso con mis propias manos. Te comuniqué mi vida. Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
Te hice ver el paisaje y el color. Te di el oído para que escucharas el canto De los pájaros y la voz de los hombres. Te di la palabra para decir: “PADRE”, “MADRE”, “AMIGO”, “HERMANO”.
Te di mi amor más profundo. No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
Te conozco cuando respiras y te cuido cuando duermes. No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.
TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes. Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE, ¿puedo olvidar a mi hijo?
¡Ni lo sueñes! Desde que te hice ya no te puedo dejar solo. Camino contigo y sonrío contigo.  Vivo en ti. Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído. Y en silencio: ERES MI HIJO. TE AMO.
                                                                                                                                                                                                                                                   Dios
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San José
Lecturas de la Semana
Lunes 11: Is. 65, 17-21; Sal. 29; Jn. 4, 43-54.
Martes 12: Ez. 47, 1-9.12; Sal 45; Jn. 5,1-3.5-18.
Miércoles 13: Is. 49,8-15; Sal 144; Jn.5, 17-30.
Jueves 14: Ex. 32, 7-14; Sal. 105; Jn. 5, 31-47.
Viernes 15:  Sab. 2, 1-2.22;  Sal 33;  Jn. 7, 1-2.10.25-30.
Sábado 16: Jer. 11, 18-20; Sal. 7; Jn.7, 40-53.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano.  CEBIPAL/CELAM. P. Raniero Cantalamessa.     
    
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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sábado, 2 de marzo de 2013

Tercer Domingo de Cuaresma


Lecturas del 3 / 03 / 13
– Ciclo C –

"Tiempo de Cuaresma"


Libro del Éxodo 3, 1-8a. 13-15        
Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza.   
Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?»
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «íMoisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió él. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»             
Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. 
El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel.              
»Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?»
Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy.» Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: "Yo soy" me envió a ustedes.» Y continuó diciendo a Moisés: «Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros.» Palabra de Dios.       

Salmo 102            
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.                El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.       El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel. R.                El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.

Primera carta Pablo a los corintios 10, 1-6. 10-12     
Hermanos: No deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.                 
Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! Palabra de Dios.            

Santo Evangelio según s. Lucas 13, 1-9         
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: 
« ¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" 
Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás."»  Palabra del Señor.       

Reflexión: 
Enmienda o ruina. Parábola de la higuera estéril. Para entender este pasaje hay que tener en cuenta el clima que se respiraba en torno a Jesús, debido a sus hechos y palabras. Éste era, entusiasmo, conflicto y división. El mismo acaba de decir: “¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, división y nada más.       
La escena comienza con una información dada a Jesús; se presentan algunos a contarle que Pilatos había hecho matar a unos galileos mientras ofrecían el sacrificio. ¿Por qué esta información? ¿Qué sentido tiene? No cabe duda de que es una advertencia y amenaza soterrada. Vienen a decirle: Tú y tu gente acabarán como esos galileos, ya que son galileos y se comportan como ellos. Quienes le informan ya han emitido su veredicto: son unos pecadores. Pero Jesús les advierte severamente: “Esos galileos no eran más pecadores que los demás, todos ustedes perecerán también, si no se enmiendan. Acto segundo, pasa a la carga y pone en evidencia a sus informadores que han tratado de darle “buenos consejos”. Les interpela directamente: “Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no, y, si no se convierten, todos ustedes perecerán también”. 
Informe contra informe. A los que habían recordado, como galileo que era y conflictivo, el castigo ejemplar infligido por Pilatos a unos galileos nacionalistas agitadores. Jesús les recuerda, la muerte como accidente de unos conciudadanos suyos, accidente que ellos consideraban en su casuística como castigo de Dios. Sus informadores no son menos culpables que aquella pobre gente que ellos han inculpado sin motivo.

Saber interpretar los signos de los tiempos. Entre los judíos era muy corriente creer que las desgracias personales, las catástrofes, las enfermedades, etc., eran castigos de Dios por los pecados cometidos. Era una teoría muy favorable para las clases pudientes que se daban el lujo de presentar su bienestar como bendición de Dios. Jesús aprovecha dos desgraciados sucesos que acaban de acontecer, para que sus contemporáneos comprendan que tales desgracias son ajenas a la voluntad de Dios y no significan que uno sea pecador. Pero a la vez, les insta a saber leer la historia, hasta los acontecimientos cotidianos, desde la óptica de Dios.         
Hoy, para personas pocos dados a meterse en problemas, a acontecimientos como éstos no dicen más que casualidad o responsabilidad de las propias víctimas, u ocasión para que reflexionen otros. Jesús, sin embargo, enfoca estos hechos brutos y vulgares hacia una interpretación personal, los acontecimientos históricos no son castigos de Dios, sino una invitación a la conversión. Todos necesitamos cambiar para recibir el Reino de Dios que ya está presente.        
En las palabras de Jesús resuena, también, algo que ya ha salido en otros pasajes; hay que saber discernir los signos de los tiempos, porque Dios nos habla a través de los acontecimientos históricos, por más vulgares que sean. El Vaticano II en su constitución “Gozo y esperanza”, afirma que “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio.               
Los cristianos, por participar como creyentes en una Iglesia que vive en la sociedad, hemos de saber leer evangélicamente los acontecimientos que tienen una determinada orientación y que, en esencia más profunda, son reveladores de vida y justicia. Pero sólo si estamos presentes en el mundo los podremos percibir. Ahora bien, los acontecimientos pueden ser objeto de diversas interpretaciones, según diversas ideologías y el lugar social desde el que miremos. En sí mismos, los signos de los tiempos son ambiguos, como ambiguo es todo lo humano, ya que pueden ser signo de la acción de Dios o sombra de un ídolo soberbio. Sólo desde el Evangelio podrá la Iglesia y podremos los cristianos, descifrar en los signos de los tiempos los designios de Dios.
Parábola de la higuera estéril. La higuera es en la Biblia, figura del Pueblo de Israel. Los que escuchaban a Jesús entendieron el mensaje de la parábola, iba para ellos. Pero ésta sigue teniendo plena actualidad. Es necesario que nos la apliquemos nosotros, individualmente y como comunidad que no dé fruto no tiene razón de ser, por mucha hojarasca que ostente. Todos podemos ser ese árbol baldío, lleno de hojas, aparentemente verde y, sin embargo, completamente inútil.          

El Dios de la vida piensa cortar la higuera. Pero todavía existe un resquicio de esperanza. Hay alguien, el viñador (Jesús mismo), que pide al amo una nueva oportunidad.                
Quizás la higuera, con cuidado especial, dé fruto.             
Jesús suplica por su pueblo y por cada comunidad cristiana. Y se compromete con ella: “Entretanto yo la cavaré y le echaré estiércol”. Siempre espera contra toda esperanza: “Si en adelante diera fruto, vivimos todavía el tiempo de la paciencia y misericordia de Dios.

La parábola pone de manifiesto que cambiar o no cambiar no es un juego de palabras. Es un problema de vida o de muerte. Ante el Reino de Dios hay que decidirse. Y se nos habla de urgencia, porque el tiempo pasa y estamos en la encrucijada.    
Meditamos:

-Se habla de pecados “de la sociedad”, que resultan ser pecados de nadie o de los otros, cuando en realidad son una suma de pecados de todos. Unos desencadenan guerras frías o calientes, y otros son las víctimas. Unos taponan los oídos a los gritos molestos de la verdad para abrirlos a las fábulas, escándalos y gritos de la sociedad de consumo.

-Puede haber familias en las que el egoísmo se impone al amor dejando bloqueado el camino hacia Dios y hacia la convivencia ciudadana.

-Una sociedad que se propone como objeto de su educación instruir para ganar en lugar de desarrollar todas las potencialidades de la persona, se convierten en un campo de competencia con ventaja siempre del más fuerte en lugar de una sociedad más justa, pacífica y fraternal.

-Y si los dirigentes “pasan” del orden de los valores religiosos y morales; están preparando o dan ya por hecho todo lo que la sociedad necesita para consumar su catástrofe.

Jesús pone la conversión como prevención de esos males. “Conversión” es un cambio de mentalidad, una radical orientación del hombre a Dios y un alejamiento de todo lo que obstaculiza la acción de Dios.
Las catástrofes naturales son también signos de los tiempos a través de los cuales quiere Dios hacer oír su voz        .
 
                                                                                                                                                  P. Daniel Silva (2010) 
                                                                                                                                                                                                                                           
Obras de Misericordia
La penitencia, entendida como conversión, forma un conjunto que la tradición del Pueblo de Dios, ya en la Antigua Alianza, y después el mismo Cristo ha vinculado, en cierto modo, a la oración, las obras de misericordia y al ayuno.


Las obras Corporales:

     

Ø  Visitar a los enfermos.

Ø  Dar de comer al hambriento.

Ø  Dar de beber al sediento.


Ø  Vestir al desnudo.

Ø  Dar posada al forastero.


     

Las obras Espirituales:

Ø  Enseñar al que no sabe.

Ø  Dar buen consejo. 

Ø  Corregir al que está en error. 
Ø  Perdonar las injurias. 

Ø  Acompañar al triste.

Ø  Vivir con paciencia las molestias de nuestro prójimo. 

Ø  Rezar a Dios por los vivos y por los muertos


Avisos Parroquiales:     

Se encuentra abierta la inscripción para:

v  Primera Comunión, (Iniciación Cristiana).

v  Confirmación.

Anotarse de lunes a viernes de 17:30 a 19 hs.
En secretaría parroquial.  

v  19 de Marzo: nuestras fiestas patronales. (ver programa)

San José



Lecturas de la Semana

Lunes 4: 2Rey. 5, 1-5; Sal. 41; Lc. 4, 24-30.
Martes 5: Dn. 3,25.34-43; Sal 24; Mt. 18,21-35.
Miércoles 6: Deut. 4,1.5-9; Sal 147; Mt.5, 17-19.
Jueves 7: Jer. 7, 23-28; Sal. 94; Lc. 11, 14-23.
Viernes 8:  Os. 14, 2-10;  Sal 80;  Mc. 12, 28-34.
Sábado 9: Os. 6, 1-6; Sal. 50; Lc.18, 9-14.


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. www.corazones.org                
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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