Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 21 de enero de 2017

“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres” Tercer domingo durante el año




 Ciclo A
Lecturas del 22-01-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro de Isaías 8, 23b - 9, 3
En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Palabra de Dios.

Salmo 26, R: El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R      
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R    
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.  R                      

1º Carta de Pablo a los Corintios 1,10-14.16-17 
Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo». ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo.  Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.    Palabra de Dios.
       
Evangelio según San Mateo 4, 12-23                       
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".             
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.       
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.                     
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Palabra del Señor.

Reflexión:
Retomando lo reflexionado en el texto del domingo anterior, cuando Juan el Bautista es puesto en la cárcel, por Herodes Antipas, Jesús se va a Galilea y se instala allí para dar cumplimiento a la profecía de Isaías que está en el Capítulo 9. Las regiones de Galilea, que vivían “en la oscuridad” ahora ven una gran luz.

El Señor es mi luz y mi salvación. El tema de la luz, que brilla en medio de las tinieblas es una forma muy importante para destacar en todo el ministerio de Jesús.
Y a todos los que viven en la oscuridad, Dios otorga su luz por medio de su Hijo Jesucristo, revelación del amor del Padre, ilumina toda situación humana por dramática que ésta sea, porque él ha asumido nuestra condición humana hasta sus últimas consecuencias. Cuando Cristo ilumina nuestras almas no hay lugar en ella para el temor o el desaliento, por el contrario, en ella surge la paciencia que todo lo soporta, la fortaleza capaz de las más grandes empresas, la generosidad que no se reserva nada para sí. El alma descubre en sí capacidades hasta entonces desconocidas.

"Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor". Palabras que iluminan nuestra existencia muchas veces turbada por las angustias del mundo, por los temores del mal, por la incertidumbre del futuro, pero Cristo no deja de llamarnos: Vengan y síganme…

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Anuncia Jesús en su  «primera predicación» y va a ser la tónica dominante de su evangelización: la venida del Reino de Dios, como buena noticia que invita al cambio: “Vuélvanse a Dios”, «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado».

No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de hacer. Volverse a Dios significa un cambio radical de vida. Dejar las malas costumbres y vivir de acuerdo a como el Dios de la vida presente entre nosotros nos enseña.

Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacerlo posible, porque cambiando, ya está viniendo ese Reinado.

Discipulado: Jesucristo, desde el inicio de su vida pública, llama a otros y los asocia a su misión salvífica. En el evangelio de hoy lo vemos llamando a los primeros apóstoles para que lo sigan y para constituirlos pescadores de hombres. Ellos, entrando en su interior, experimentan el amor electivo de Jesús y manifiestan una disponibilidad y una generosidad ilimitada sostenidos por la gracia divina. Dejan a su padre, dejan su antiguo oficio y se ponen en camino siguiendo las huellas de Jesús. Estar convertido, es seguir a Jesús, cambiar de vida, dejarlo todo y emprender un nuevo camino.

Cristo quiso que el hombre participara en la misión redentora. Él será el verdadero y único mediador, pero los hombres, llamados por él, serán sus apóstoles quienes proclamarán el Evangelio. Los apóstoles, por su parte, van profundizando poco a poco en el significado de su participación en la misión de Cristo. La experiencia profunda de esta participación los hará exclamar: nosotros no podemos más que hablar de lo que hemos visto y oído (Hech 4,20). Esta experiencia es la que hará que san Pablo repita de mil modos que Cristo lo eligió para ser apóstol del evangelio sin ningún mérito propio, y que él tiene el deber y el derecho de predicar y ¡Hay de él si no lo hiciese!
En toda llamada de Dios se da esta participación en la misión real de Cristo, Así como Dios llamó en el pasado a los apóstoles, así también hoy nos sigue llamando a una vida de consagración a la extensión de su Reino.
 La iniciativa es de Jesús (“vio, les dijo, los llamó”), no son ellos los que se constituyeron a sí mismos discípulos, sino Jesús quien los llama. 
El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que les lleva a un profundo discernimiento.  Los hace capaces de romper los lazos sociales, dejar el oficio, los medios económicos (redes y barca) y la familia (padre) para irse detrás de Él.  El oficio representa la seguridad y la identidad social; el padre representa las raíces de uno mismo.

“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”

El seguimiento es un camino.  Esto se representa en dos movimientos “dejar y seguir”, que indican un desplazamiento del centro de la vida.  La llamada de Jesús nos pone sobre el camino marcado por Él, para que nosotros podamos seguir tras sus huellas y proseguir su causa para vivir como hijos y anunciar su Buena Noticia, hoy y aquí, en estas condiciones actuales.

El seguimiento es  misión.  Dos son las coordenadas del discípulo: la comunión con el Maestro (“síganme”) y una carrera hacia el mundo (“los haré pescadores de hombres”).  La segunda nace de la primera.  Jesús no coloca a sus discípulos en un espacio separado y sectario; los envía al mundo.  Ahí es donde han de ser discípulos y testigos de la Buena Noticia.

La llamada puede surgir en cualquier lugar.  La llamada de los primeros discípulos se ubica a orillas del lago, por donde Jesús paseaba y donde los hombres estaban entregados a su trabajo, no se realiza en el templo: simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas. 
 
Hoy
Algo nuevo y bueno.
¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días?
¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.            
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.       
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.          

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mí me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.  Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.  J. A. Pagola.

Ven Señor Jesús
« ¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap 22, 17)


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano. Catholic net.
Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 14 de enero de 2017

Jesús se hizo presente en mi vida y"doy testimonio de que él es el Hijo de Dios" Segundo Domingo durante el año


15 de enero 2017, -Ciclo A-

Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla.
Amén
Libro de Isaías 49,3-6.      
El Señor me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré".                 
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.   
El dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra. Palabra de Dios.      

Salmo, R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: "Aquí estoy”. R

“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón". R       

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R  

1º Carta  de San Pablo a los Corintios 1,1-3.
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sostenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.                   
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Palabra de Dios.   
Evangelio según San Juan 1,29-34.              
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.     
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".   
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.   
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo'.  Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Palabra del Señor.

Reflexión

El testimonio de Juan sobre Jesús
Este pasaje evangélico contiene el testimonio central de Juan Bautista sobre Jesús. Al no señalarse auditorio, su testimonio es perenne, dirigido a todas las personas de todos los tiempos y con eco permanente en la comunidad cristiana.

Juan anuncia quién es Jesús.  La primera parte es una declaración hecha al ver a Jesús que llegaba.  La segunda es un testimonio sobre él, que nace de su experiencia personal.  Juan ha visto con sus propios ojos al Espíritu que bajaba y se quedaba en Jesús.  Pero su testimonio no nace por condición humana –por dos veces Juan niega haber conocido antes  a Jesús-, sino que procede de un anuncio divino confirmado por su propia experiencia.

Dos títulos caracterizan a Jesús: “Cordero de Dios” e “Hijo de Dios”.  Y dos frases describen su actividad: “el que quita el pecado del mundo” y “el que bautiza con Espíritu Santo”. Jesús es el Cordero de Dios por ser Hijo de Dios, el don de Dios a la humanidad.  Y el objeto de ese don de Dios es hacer posible que el mundo escape de la muerte y obtenga la vida.  Más adelante, en el Evangelio, se nos dirá: “Así mostró Dios su amor al mundo, enviando a su Hijo único, para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en Él” (Jn 3, 16)

El titulo de Cordero de Dios hace referencia al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la muerte y cuya carne fue comida por el pueblo al comienzo de su éxodo de Egipto. (Ex. 12, 1-4).  Utilizando un símbolo de la cultura del pueblo, el cordero, Juan describe la misión del Mesías; Él será, con su muerte, el liberador y el alimento de los que le sigan en el éxodo que va a realizar. Es una nueva época pascual, pues tiene la alegría de la libertad, y representa la verdadera alianza de Dios con la humanidad.

La expresión “que quita el pecado del mundo” describe la liberación que va efectuar Dios por medio de Jesús.  Hay que  notar que el pecado del mundo ya existe antes de que Jesús comience su actividad; eliminarlo va a ser su misión.  En consecuencia, el pecado no se identifica con la no adhesión a Jesús.  El pecado del mundo es el rechazo de la palabra-vida que interpela a la humanidad ya antes de la llegada histórica en Jesús.  El pecado consiste en oponerse a la vida que Dios comunica frustrando así su proyecto creador.

Para su misión Jesús ha recibido la unción de Mesías, que es plenitud del Espíritu y comunicación personal de Dios.  Él es por eso “Hijo de Dios”, Dios entre los hombres, el enviado del Padre, el que ha bajado del cielo, la Palabra encarnada.  Participando de la plenitud que Él posee, los que se adhieren a Él nacerán del Espíritu (eso es el bautismo con Espíritu) y recibirán la fuerza de vida que los liberará de la opresión del pecado.
Juan al declararlo hace una invitación a los hombres y mujeres de toda época; les hace saber que en Jesús se encuentra la vida, que por Él pueden liberarse de la opresión y el pecado.

Muchas veces los cristianos que llevamos en el fondo de nuestro ser la caricatura de un Dios desfigurado que tiene poco que ver con el verdadero rostro del Dios que nos ha revelado en Jesús. Todavía no hemos comprendido que Dios no es un dictador celoso de nuestra felicidad, controlador implacable de nuestros pecados, sino una mano tendida con ternura, empeñada en quitar el pecado del mundo.

Los cristianos que necesitamos liberarnos de un grave malentendido; las cosas no son malas porque Dios ha querido que sean pecados.  Es exactamente al revés.  Precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad, son pecados que Dios quiere quitar del corazón del mundo y del corazón de cada hombre y mujer.
Por eso, cuando Juan nos presenta a Jesús como “el que quita el pecado del mundo”, no está pensando en una acción moralizante, una especie de saneamiento de costumbres.  Está anunciándonos que Dios está a nuestro lado frente al mal.  Que, en Jesús, Dios nos ofrece su amor, su apoyo, su alegría, para liberarnos del mal y vivir en plenitud.

Con frecuencia hemos olvidado algo que es central en el Evangelio.  El pecado no es solamente algo que puede ser perdonado, sino algo que debe “ser quitado” y arrancado de la humanidad.  Jesús se presenta como alguien que “quita el pecado del mundo”.  Alguien que no solamente ofrece el perdón, sino también la posibilidad de ir quitando el pecado, la injusticia y el mal que se apodera de los seres humanos.  La conclusión es evidente: creer en Jesús no consiste sólo en abrirse al perdón de Dios.  Seguir a Jesús es comprometerse en su lucha y su esfuerzo por quitar el pecado, que domina a los hombres y mujeres, y todas sus desastrosas consecuencias.
Debemos tomar consciencia de la profunda contradicción que se da en el interior de nuestra vida cuando la apatía y la indiferencia apagan en nosotros el fuego del Espíritu.  Parecemos hombres y mujeres que, por decirlo con palabras del Bautista, han sido “bautizados con agua” pero a los que falta todavía “ser bautizados en el Espíritu Santo y fuego”.  Es necesario gustar y saborear a Dios sumergiéndose en el Espíritu.

La única razón de ser una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo.  Dicho de otra forma; actualizar hoy en sociedad el misterio del amor liberador de Dios manifestado en Cristo.  Difícilmente seremos testigos de Dios si no manifestamos su amor salvador y liberador. 
Tal vez una de las tragedias del mundo actual, tan radicalizado en muchos aspectos, es no contar con experiencias de “fe radical” y de “testigos vivos” de Dios. 
La figura del Bautista, testigo verdadero de Jesucristo, nos obliga a hacernos la pregunta: ¿Ayuda mi vida a alguien a creer en Dios?

Hoy, en mi vida:
Saber reconocer, como Juan Bautista, dentro de un bautismo masivo-en la normalidad de la vida, en los acontecimientos de hoy, en ese que se acerca o se aleja…- al que quita el pecado del mundo, al que bautiza en el Espíritu, al que nos da la vida, identidad y esperanza, el que cura nuestras heridas.
Recordar  a todos los que han hecho y hacen posible mi fe, a todos los que han dado a conocer a Jesucristo y han hecho de mí una persona nueva.  Recordar y agradecer su testimonio –sus palabras, sus hechos, su vida, su fe. 
Creo y vivo esto gracias a otras muchas personas que han creído, gracias a esta iglesia que me parece pobre y reaccionaria, gracias a esta comunidad que no acaba de consolidarse.

Aprender a ser.  Mirando a Juan, mirando a Jesús, dejándose conducir por el Espíritu.  Se aprende a ser sabiendo, estar en el mundo, en la historia, en la vida, viviendo nuestra vocación anunciando y bautizando, dando esperanza, acercando un poco más el reino de Dios a nuestra realidad, a nuestro pueblo, a nuestra casa…

Tomar conciencia de que hay algo que nos impide vivir en plenitud.  Es una realidad social y estructural que llamamos pecado, y de la cual necesitamos ser liberados. 
Y hay alguien que nos libera, que nos ofrece espacios abiertos y caminos de libertad, que rompe nuestras cadenas y nos pone sobre las alas del Espíritu.  Alguien que nos habla y espera que acojamos su propuesta.
Y si es necesario, vivir la invernada sin perder la esperanza.  El hielo de la indiferencia social nos está cercando.  Dios aparece como algo superfluo y no necesario.  La fe se ha desligado de lo social y hasta de la vida.  El pecado, hasta como término, ha desaparecido.  Ser cristiano no se estila y hasta parece decir y aporta poco.  Quizá  haga falta mucho tiempo y paciencia para superar la invernada y fundir ese hielo que hoy congela la vida…  Orar es una forma de dar calor al corazón y mantener viva la esperanza.


“Te ofrezco, Señor”

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.     

Ven Señor Jesús
« ¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap 22, 17)

Francisco:

“Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”

"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".

“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”

"Lo importante no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos.  Pbro. Daniel Silva. (2011)

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 7 de enero de 2017


Bautismo del señor

“Este es mi Hijo muy querido”

8 de enero 2017, -Ciclo A-

Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón.
Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla.
Amén
Libro de Isaías 42,1-4.6-7.               
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas. Palabra de Dios.   

Salmo 28
R: El Señor bendice a su pueblo con la paz
¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!  ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor, adórenlo al manifestarse su santidad! R.
¡La voz del Señor sobre las aguas! El Señor está sobre las aguas torrenciales. ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa! R. 
El Dios de la gloria hace oír su trueno: En su Templo, todos dicen: "¡Gloria!". El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales, el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.        

Libro de los Hechos de los Apóstoles 10,34-38.
Pedro, tomando la palabra, dijo: "Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas,  y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él.
Él envió su Palabra a los israelitas, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder.
El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.
Palabra de Dios.               
Evangelio según San Mateo 3,13-17. 
Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.
Juan se resistía, diciéndole: "Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!".                         
Pero Jesús le respondió: "Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo". Y Juan se lo permitió.               
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Palabra del Señor.

Reflexión: Hoy la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor, manifestación de Dios Padre cuando proclama a Jesús como su Hijo amado, terminando así el tiempo litúrgico de Navidad.

El ambiente y la comunidad de Mateo: Quiere dejar asentado, en forma narrativa, todos los aspectos importantes de la vida de Jesús, desde sus orígenes judíos, el cumplimiento de la ley, sus grandes discursos hasta su muerte y resurrección, presenta a su comunidad, a Jesús en quien se cumplen todas las Escrituras. Esta comunidad, es precisamente una comunidad donde hay judíos que se han convertido al cristianismo, pero también hay griegos, de la cultura helénica, que se han incorporado a la fe cristiana. Y entre todos deben tomar una postura radical frente al mismo judaísmo. Ya, la comunidad debe saber si hay que seguir con el culto judío o separarse definitivamente de él. Mateo marca la continuidad que existe, porque Jesús ha llevado a su cumplimiento, la historia de Israel, en cuanto historia de salvación.

Poco antes de que comenzara su vida pública. Había algunos grupos religiosos judíos en la zona cercana al río Jordán, que vivían con exaltación la esperanza de la venida del Mesías. Juan el Bautista, estaba en aquella región predicando la inminente llegada del Señor, y hacía un bautismo que consistía en un lavado con agua, al que acompañaba la confesión de los pecados. Así como el pueblo se presentaba a hacer estos lavados, se presentó Jesús para sumergirse en las aguas del Jordán como todos los demás.                         
La insistencia de Jesús en hacer la voluntad de su Padre,  permite a Dios pronunciarse en público, reconociendo en un hombre, y en apariencia pecador, a su amado hijo.

Las primeras generaciones pensaban  que si no tenía pecado, no tenía por qué someterse a un bautismo aunque fuera de penitencia, que no podía salvar, pero que propiciaba el arrepentimiento, la confesión de los pecados y la reconciliación con Dios. Muchos intentaron dar una respuesta, a nosotros nos basta decir que Cristo se sometió al bautismo de Juan el Bautista no por él mismo, sino por nosotros.
Así, desnudo y en profunda oración, ocurre lo verdaderamente importante después del bautismo: Los cielos se abrieron, el Espíritu Santo se manifestó en forma sensible posándose sobre Jesús como el vuelo suave de una paloma, y desde el medio de la nube, aquella voz misteriosa y encantadora: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quién tengo puesta toda mi predilección”

¿Quizás nos cueste entenderlo? Cristo ¡Ya era el Hijo de Dios! ¡Ya tenía el Espíritu Santo desde el instante de su concepción en el seno de su madre! Pero los hombres no lo sabíamos y era necesaria entonces la intervención del Padre, para presentar a su Hijo entre los hombres, dotándolo del único poder necesario para la salvación de los hombres: La presencia del Espíritu Santo.  Y desde entonces la entrega de Cristo sobre la humanidad fue total.                

El Espíritu Santo desciende sobre Jesús, dando cumplimiento a las profecías que sobre el Mesías de Dios bajaría el Espíritu de Dios, como dice Ezequiel, Isaías y Joel. Si bien fue el mismo Espíritu Santo el que descendió sobre María para engendrar en su seno purísimo a Jesús, ahora desciende nuevamente sobre Él para dar origen a su misión y su obra.

Se escuchó la voz celestial: “Este es mi Hijo amado”. Esto nos recuerda al Salmo 2 “tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. Aquí la voz que se escucha desde el cielo es la del Padre.
Hasta ese momento la filiación divina de Jesús estaba implicada sólo en su concepción por obra del Espíritu. Ahora, la voz celestial del Padre, hace público el “evangelio” la buena noticia esperada, Jesús es no sólo el hijo de María, sino el Hijo amado del Padre, su único hijo.

Me ha consagrado con la unción: Jesús mismo dio una explicación de lo que ocurrió en Él en el bautismo en el Jordán. De regreso, en la sinagoga de Nazaret se aplicó a sí mismo las palabras de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha consagrado con la unción...». El mismo término de unción utiliza Pedro en la segunda lectura, hablando del bautismo de Jesús: «Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder».
Se trata de un concepto fundamental para la fe cristiana. Basta decir que el nombre Mesías en hebreo y Christos en griego significan exactamente eso: Ungido. Nosotros mismos, decían los antiguos Padres, nos llamamos cristianos porque hemos sido ungidos a imitación de Cristo, el Ungido por excelencia. La palabra «ungido», en nuestro lenguaje, tiene muchos significados, no todos positivos. En la antigüedad la unción era un elemento importante de la vida. Se ungían con aceite los atletas para estar sueltos y ágiles en las carreras, y se ungían con aceite perfumado hombres y mujeres para tener el rostro bello y resplandeciente…    
En Israel el rito tenía un significado religioso. Se ungía a los reyes, a los sacerdotes y a los profetas con un ungüento perfumado y éste era el signo de que estaban consagrados al servicio divino. En Cristo todas estas unciones simbólicas se hacen realidad. En el bautismo en el Jordán Él es consagrado rey, profeta y sacerdote eterno por Dios Padre. Pero no con un aceite físico, sino con el aceite espiritual que es el Espíritu del Señor, «el óleo de alegría», como lo define un salmo.
Esto explica por qué la Iglesia da tanta importancia a la unción con el santo crisma. Existe un rito de unción en el bautismo, en la confirmación y en la ordenación sacerdotal; existe una unción de los enfermos. Es porque a través de estos ritos se participa en la unción de Cristo, esto es, en su plenitud de Espíritu Santo. Se es literalmente «cristiano», esto es, ungido, consagrado, persona llamada -dice Pablo-- «a difundir en el mundo el buen olor de Cristo».

El Espíritu Santo es especialista en las enfermedades del matrimonio. El matrimonio consiste en darse el uno al otro; es el sacramento de hacerse don. Y el Espíritu Santo es el don hecho persona: la donación del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Donde llega Él renace la capacidad de hacerse don y con ella la alegría y la belleza de vivir juntos…
El texto, es claramente una manifestación de la Trinidad, allí están todas las Personas Divinas actuando simultáneamente. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El Bautismo del Cristiano: En el evangelio el bautismo de Jesús es una epifanía (manifestación divina). Eso mismo debe ser el bautismo del cristiano: una epifanía de lo que Dios es y de lo que Dios hace en el hombre. El bautizado, podríamos decir, es un hombre en quien se manifiesta el Dios trinitario, en virtud de la relación personal que mantiene con cada una de las personas divinas.

Como hijo del Padre vive una verdadera relación filial, sobretodo en la oración y adoración. Como redimido por el Hijo y sumergido en su misma vida, entabla con él una relación principalmente de seguimiento e imitación. Como templo del Espíritu Santo, vive con la conciencia de una relación sagrada, santificante, vivificadora de su existir cotidiano, modeladora de su vida familiar, profesional y social.

El bautizado es al mismo tiempo epifanía de la acción de Dios en el hombre: una acción purificadora; una acción transformante, que pone de relieve el poder de Dios; una acción unificadora de las energías y capacidades del cristiano, que subraya el misterio unitario de Dios; una acción vivificante, que revela, por medio del hombre, la extraordinaria vida de Dios uno y trino.

Hoy. Después de ser bautizado por Juan, Jesús  alentado por ese Espíritu, se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.                  
“Una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”, sólo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia.
Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”.              



Oh, amado Jesús.

Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.          
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú,  a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía;  serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.
 Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti.
Amén.  Madre Teresa de Calcuta

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios.  P. Raniero Cantalamessa, ofmcap. 

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 31 de diciembre de 2016

“María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”, Jornada Mundial de la Paz


Tiempo de Navidad

 1 de enero 2017, -Ciclo A-

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén
1ª Lectura del libro de los Números 6, 22-27
El Señor dijo a Moisés: “Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: ‘Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz’. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”. Palabra de Dios.

Salmo 66
R: El Señor tenga piedad y nos bendiga.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.
Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. El Señor tenga piedad y nos bendiga. R.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

Carta de Pablo a los cristianos de Galacia 4, 4-7 
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios. Palabra de Dios.

Evangelio según san Lucas 2, 16-21.
Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción. Palabra del Señor.
Reflexión:
“María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”
El Evangelio según san Lucas narra que los pastores de Belén, tras haber recibido del ángel el anuncio del nacimiento del Mesías, "fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre". Ante los primeros testigos oculares del nacimiento de Jesús se presentó, por tanto, la escena de una familia: madre, padre e hijo recién nacido. Por esto la Liturgia nos propone celebrar, en el primer domingo después de Navidad, la fiesta de la santa Familia [...] Nos invita a contemplar este "ícono" en el que el pequeño Jesús aparece en el centro del afecto y de la solicitud de sus padres. En la pobre gruta de Belén - escriben los Padres de la Iglesia - resplandece una luz vivísima, reflejo del misterio profundo que envuelve a ese Niño, y que María y José guardan en sus corazones y dejan transparentar en sus miradas, en los gestos, sobre todo en sus silencios. Ellos, de hecho, conservan en lo más íntimo las palabras del anuncio del ángel a María: "Aquel que nacerá será llamado Hijo de Dios"[...] ¡Qué importante es, entonces, que cada niño, al venir al mundo, sea acogido por el calor de una familia!
No importan las comodidades exteriores: Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amado. De esto necesitan los niños: del amor del padre y de la madre. Esto es lo que les da seguridad y lo que, al crecer, permite el descubrimiento del sentido de la vida. 

La identidad del recién nacido. “Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción”; así describe el evangelista la identidad del recién nacido que hasta ese momento no había sido nombrado. En la Sagrada Escritura, el nombre identifica la vocación y la misión del recién nacido o para realizar el plan de Dios en la historia de la salvación. Cuando Dios llama a una misión especial, muchas veces cambia el nombre del elegido: Abram (padre exaltado) por Abraham (padre de multitudes); Sarai (princesa) por Sara (princesa de todo el mundo). Lo mismo sucederá con Pedro, Pablo y otros apóstoles en el Nuevo Testamento. Cuando bautizamos un bebé estamos presentando a Dios a alguien a quien él llamó a la vida y le dio una misión.
María puso a su hijo el nombre de Jesús, el que le había dado el Ángel antes de su concepción y que significa Dios salva o Salvador. El nombre ya identifica la vocación y la misión del Mesías. Lucas nos relata también lo que sucede en esos ocho días, como si fuera una nueva creación o una Pascua. Así se cumple el tiempo, y llega a la plenitud. María recordaba y meditaba en su corazón todo lo que ocurría. Hoy somos nosotros los que tenemos que guardar estas cosas en nuestro corazón y meditarlas para darle al recién nacido una morada.

Hoy lleno de gracia y con gozo, vamos a pedirle a Dios, que nos acompañe en nuestro peregrinar: Para que esta Navidad no se marchite como una flor.        
Para que su mensaje no muera cuando cese el bullicio.            
Para que su paz no sea tan efímera como el arbolito que adorna nuestro hogar.                       
Acompañados por Dios hagamos que la alegría de esta Navidad, se prolongue durante todo el año, como el nacimiento hacia una vida que quiere crecer y madurar en la paz en el amor y en la justicia.
Compartamos como hermanos en Cristo Jesús, la alegría de estar unidos a Él por el amor. Jesús estará realmente entre los hombres, si los cristianos lo mostramos al mundo, porque el rostro visible de Cristo de hoy somos cada uno de nosotros.
Con nuestra actitud de vida, los cristianos damos vida a Cristo. Por eso desde lo más profundo de nuestro corazón y con la fuerza de lo alto, decimos: “Ven Señor Jesús”.

Mensaje del papa Francisco para la 50ª Jornada Mundial de la Paz (1º de enero 2017)

“La no violencia: Estilo de una política para la Paz”
El Papa Francisco lanzó un especial desafío a los católicos para que la paz reine en todo el mundo: que la violencia sea desterrada de la vida de cada uno y que eso se haga a través de la oración y la acción,  “en el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común”.

El Papa explica que este desafío puede lograrse a través de las 8 Bienaventuranzas, ya que ellas “trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia”.
“Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades”.
Francisco recuerda que “la no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado”.
“Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»”…

Francisco también alerta sobre el gran peligro de las guerras y explica que “la violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos”.
Para hacer frente a esta realidad, explica el Papa, es necesario abrirse al Señor: “quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones»”.

El Santo Padre precisa además que “muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la  Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo»”.

Otros ejemplos exitosos que recuerda el Pontífice son los de “Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia”.

La familia,  “Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia… Francisco resalta en su mensaje que “la familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón”.
El Santo Padre alienta con urgencia a detener “la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños. El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios”.
Para concluir su mensaje, el Papa comenta que firma su mensaje con fecha 8 de diciembre, cuando la Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Por ello exhorta a pedirle “que sea ella quien nos guíe”. «Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla»”          
Ven Señor Jesús
« ¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap 22, 17)


Nuestra oración

Dios nuestro, Padre de la luz, tú has enviado al mundo tu Palabra, sabiduría que sale de tu boca, Tú has querido que tu propio Hijo, Palabra eterna que procede de ti, se hiciera carne y viviera  en medio de tu pueblo.
Preparándonos a la llegada del Mesías queremos pedirte:
Que cures la ceguera de nuestra oscuridad, para que podamos ver las circunstancias de nuestra vida como Él las ve.
Que cures la sordera de nuestro ruido, para que podamos oír su Voz y seguirle sólo a Él.
Que cures nuestra mudez, para que podamos proclamar su Palabra a todo el que quiera oírla.
Que cures nuestra cojera y nuestra parálisis, para que podamos andar por el camino que nos lleva al Cielo.


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. P. Aderico Dolzani, ssp. Benedicto XVI. ACIprensa.

Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:

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