Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 30 de junio de 2018

«Jesús, es el Dios de la vida…»



Décimo tercer domingo durante el año
Lecturas del 1-07-18, Ciclo B

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. 
Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla. Palabra de Dios.

 Salmo 29, R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo.  ¡Señor, Dios mío, ¡te daré gracias eternamente!  R.

2º 
carta de Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. 
Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 
No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.   Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez.  Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.               
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.»      
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?» 
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.                    
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.  Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!»
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. Palabra del Señor.

Reflexión 

Historias de fe. Dos gestos decisivos de Jesús frente a la muerte se entrecruzan en este relato: la curación de una mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo.  Ambos tienen numerosos puntos en común:

·       En ambos relatos el beneficiario es una mujer.
·       En ambos casos hay transgresión, liberación y superación de una religión legalista que está incapacitada para curar y dar la vida.
·       En ambos la gente representa un problema para Jesús: “lo apretujaban” “se burlan de Él”
·       En ambos se descubre una actitud de reserva de Jesús ante su propia práctica: la curación de la mujer con flujos de sangre sucede como si Él no lo hubiese querido, sin darse cuenta; y cuando trata de averiguar todo lo sucedido, remite a la mujer a su fe como causa de salud.  En el caso de la hija de Jairo parece quitar fuerza a lo que va a suceder, pues dice que no está muerta sino viva.
·       En ambos casos Jesús queda impuro según la ley por haber sido tocado por una mujer impura y por haber tocado a la niña muerta y se convierte en transmisor de impureza legal.
·       En ambos se proclama la importancia de la fe para recuperar la salud y la vida; la fe aparece como causa del paso de la muerte a la vida.
·       En ambos casos aparece Jesús como liberador y dador de vida al margen y en contra de las leyes de la Pureza.

Jesús es Señor y dador de vida. En medio del lago, Jesús aparece como liberador del caos en la naturaleza; en tierra de paganos, como liberador del caos del corazón del hombre poseído por espíritus malignos.  Ahora de nuevo en Galilea, en medio del pueblo de Israel, se muestra liberador de la enfermedad y, sobre todo, de la muerte.  Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.
La mujer que tenía pérdida de sangre continua era símbolo de la frustración vital.  Entre los judíos, el simple hecho de ser mujer era ya una marginación social y religiosa.  Pero, por su enfermedad, una menstruación continua, esta mujer cargaba con una marginación mucho más atroz: no podía tener hijos (y, esto, en una sociedad donde a la mujer se le apreciaba fundamentalmente por su fecundidad y donde el tener hijos era signo de bendición divina, era reducirla a nada); además, religiosa y legalmente, era siempre una mujer impura y contaminante, como lo era durante la menstruación toda mujer. Era de total marginación. No podía tocar ni ser tocada.  Sin medios y sin remedio, después de haber pasado por numerosos médicos y haber gastado inútilmente toda su fortuna. Para conseguirlo se desembaraza de los prejuicios religiosos que le impiden ponerse en contacto con en Él.  Se salta la ley pues su fe le lleva a creer que con sólo tocarle la ropa se curará.

El relato de la curación de la hija de Jairo nos muestra que la liberación que trae Jesús franquea el límite supremo, el de la muerte. Que la liberación y el reino de Dios llegan con Jesús, es una evidencia en los primeros capítulos de Marcos.  Por eso, Jairo recurre a Jesús. Pero para él y su familia lógicamente hay un límite, el de la muerte. Si la niña ha muerto, ya no vale la pena molestar al Maestro. Jesús, sin embargo, provoca en el padre la fe en que el reino de Dios llega con todas las consecuencias.  El “mundo de la muerte” se mofa de quien en estas circunstancias continúa anunciando que el Reino llega con todas las consecuencias.  Pero el milagro se realiza porque Dios es Dios de vida y no de muerte. Ahora bien, sólo quien crea que sí vale la pena molestar al Maestro y que nunca es demasiado tarde, experimentará y descubrirá que en Jesús está la vida.

La fuerza de la fe. Dos dichos de Jesús constituyeron los pilares principales de los relatos que Marcos ha ensamblado: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz y sigue sana de tu tormento” “No temas, ten fe y basta”.  Estas dos frases, dichas a la mujer y al padre de la niña, ponen de manifiesto la importancia de la fe para experimentar la vida y percibir la presencia liberadora del Reino.  Sin fe no hay liberación ni puede haber gestos de vida.  La fe está dentro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida.  Lo que salva no es el simple contacto físico, sino de fe.
Por la fuerza de su fe, la curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida, como si hubiera vuelto a nacer.  Por la fuerza de la fe del padre, la niña se puso de pie y comenzó a andar, o sea, recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada.
Nada importante pasó hasta que no se llegó a un encuentro personal de Jesús.  ¿Cómo es hoy nuestra fe: una fe personal o de prestado? ¿Cómo es hoy mi fe?  

A veces pasamos por alto que Jesús, más que atribuirse a sí mismo las curaciones que realiza, recuerda a los enfermos algo realmente sorprendente: “Tu fe te ha salvado”.  Quién sabe creer en el Dios de la vida y acierta a confiar en Dios posee una fuerza capaz de liberarle de todo lo que deshumaniza y destruye como persona.
Cuando el Evangelio pone de manifiesto la enorme fuerza curativa de la fe, parece estar diciéndonos que no es anacrónico establecer correlación entre fe y salud, cuando ésta no queda reducida únicamente a lo fisiológico.  Sano es, en realidad, aquel que es capaz de realizar su total proyecto de vida en libertad.  Esta salud total es la que Jesús transmite: Él no se limita a curar enfermedades físicas sino a salvar.  La fe cura integralmente, o sea, salva.

Jesús nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte.
La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros.

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos,
ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a
cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.
    Papa Clemente IX

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Padre Daniel Silva. Fray Marcos.
                          Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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sábado, 16 de junio de 2018

«El Reino de Dios es como…»





Décimo primer domingo durante el año
Lecturas del 17-06-18, Ciclo B

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24
Así habla el Señor: Yo también tomaré la copa de un gran cedro, cortaré un brote de la más alta de sus ramas, y lo plantaré en una montaña muy elevada:  Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. El echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas.  
Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar el árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. Palabra de Dios.
Salmo 91
R. Es bueno darte gracias, Señor.
Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.  R.
El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.  R.
En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.  R.

2º carta de San Pablo a los Corintios 5, 6-10
Hermanos: Nosotros nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo.
Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal. Palabra de Dios.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
Jesús decía a la multitud: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.» 
También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.» 
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.  Palabra del Señor.

 Reflexión:

En el evangelio de hoy el tema del Reino es el protagonista de las parábolas de Jesús. En realidad, sabemos que el tema del Reino fue la pasión, la obsesión de Jesús. Porque fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fue perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús, no hay nada más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él. Es por eso que nos preguntamos ¿qué es el Reino de Dios?  

Según el evangelio de Marcos la Buena Nueva del Reino anunciada por Jesús tiene como primer efecto reunir a las personas en torno a Jesús y entre sí, esto es, la formación de comunidades (Mc. 1,16-20). El segundo efecto es crear conciencia crítica en el pueblo oprimido frente a sus líderes (Mc. 1,21-22). El tercer efecto es combatir el poder del mal, expulsarlo, y así liberar al hombre (Mc. 1,23-28). El cuarto es restaurar y salvar la vida del pueblo para el servicio (Mc. 1,29-34). El quinto efecto es permanecer unido a la raíz que es el Padre, a través de la oración (Mc. 1,35). El sexto es mantener la conciencia de la misión y no encerrarse en los resultados obtenidos (Mc. 1,36-39). El séptimo resultado es liberar y reintegrar en la sociedad a los marginados (Mc. 1, 40-45).
Jesús se presenta como el que viene a realizar las esperanzas del pueblo fomentadas y alimentadas, a lo largo de los siglos, por los profetas. Él se presenta como el Mesías-Siervo anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 61,1-2). Propone la realización del Año del Jubileo, es decir, "el año de gracia del Señor".

Experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, nos cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de la gente de su pueblo, se sirve de las cosas pequeñas para actuar en el mundo y en las almas de los hombres.
Jesús busca en la vida y en los acontecimientos de la gente de su entorno, elementos e imágenes que puedan ayudarlos a percibir y experimentar la presencia del Reino. Con el motivo de descubrir las cosas de Dios en la vida diaria, ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios.

El Reino de Dios es Dios.  En las enseñanzas de Jesús está implícito - como una condición fundamentalmente propia - el anuncio del Dios viviente. La palabra clave del anuncio de Jesús es: Reino de Dios. Sin embargo, Reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El Reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe. Dios vive. Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida - en mi vida. Dios no es una lejana "causa última", Dios no es el "gran arquitecto" del deísmo que ha construido la máquina del mundo y ahora estaría fuera - por el contrario, Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.

La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate.

La siembra de la semilla. El Señor ha escogido la figura de una semilla para explicarnos la presencia oculta del reino entre nosotros. Mirando una semilla nos damos cuenta de que ya tenemos la planta o el árbol en nuestras manos, pero no inmediatamente sino después de una espera y una evolución. La semilla contiene ya en ella la planta que deberá ser, pero sólo en germen, con una potencia que puede desarrollarse hasta llegar a tener una dimensión miles de veces mayor que la que tenía en sus comienzos.

Así es el reino de Dios. Fue implantado por Jesús cuando derramó su Palabra, reunió a los primeros discípulos y entregó su vida para morir y resucitar por nosotros. En la persona de Jesús se hizo presente el reino, y Él es el comienzo de la nueva humanidad. En la pequeña comunidad de los discípulos se comienza a vivir la nueva creación y se ven signos de que el reino ya está viniendo. Entre los cristianos se hace presente el Padre otorgando su perdón y su amor. Jesús congrega en su cuerpo resucitado a todos los creyentes para que formen una nueva comunidad donde todos sean hijos de Dios y hermanos entre sí. El Espíritu de Dios suscita los carismas y hace producir frutos de santidad. Cada vez que los discípulos se reúnen es para escuchar la Palabra de Dios y para participar en el comienzo del banquete del cielo, recibiendo el pan en el que se hace presente el mismo Jesús como alimento de vida eterna. La comunidad debe llevar ya los rasgos de alegría y de libertad que caracteriza a los hijos de Dios, el amor mutuo tiene que ser el aspecto más destacado en la vida de los cristianos.

Pero si es verdad que todos esos rasgos indican de alguna manera que el reino se está haciendo presente en medio de los hombres, también es verdad que esos rasgos son muy modestos, y que además se dan con muchos contrastes y limitaciones porque junto a los ejemplos de santidad se verifican también las sombras del pecado. 

Pero las parábolas de Jesús nos enseñan que, a pesar de todas estas sombras, el reino ya está presente y –aunque nos haga esperar- llegará el momento en que se manifestará en su plenitud.

La semilla de mostaza. La segunda parábola de esta lectura trata también sobre una semilla, pero en este caso, no es una semilla de trigo sino de mostaza. Se señala a propósito que es la más pequeña de las semillas que hay en el mundo. En realidad, es una semilla muy pequeña, que mide aproximadamente un milímetro, pero que al crecer es un arbusto bastante considerable (en la zona del lago de Galilea llega a tener aproximadamente un metro y medio o dos metros), que contrasta con sus comienzos.

Como la parábola anterior, también ésta termina con una frase de un profeta. En este caso es una expresión del libro del profeta Ezequiel, tomada de la perícopa que se ha proclamado en la primera lectura de este día, en la que se describe el reino futuro como un gran cedro que será plantado en la tierra de Israel, y será tan grande que los pájaros irán a habitar a su sombra.  
En este caso se quiere mostrar el contraste entre los humildes comienzos y la grandeza del final. Con la parábola se responde a los impacientes que dudan de la venida del reino porque todavía no ven sus signos o ven que lo que se presenta como reino es todavía algo muy pequeño o muy humilde.
A los contemporáneos de Jesús se les decía que el reino ya se hacía presente. Pero solamente veían a Jesús, que aparentemente no era más que un hombre como los demás. Era necesaria la fe para comprender que en Él estaba realmente el mismo Dios.
También a los primeros discípulos de los apóstoles se les enseñaba que la comunidad que había fundado Jesús debía mostrar los primeros signos de la presencia del reino. Vivir en la Iglesia era comenzar a vivir con el espíritu del reino, ya que éste se debía manifestar en el grupo de los seguidores de Jesús. Pero esta comunidad cristiana primitiva era muy modesta, tenía muchas deficiencias y además sufría persecuciones. Muchos impacientes se sentían con derecho a preguntarse si era verdad que el reino se estaba haciendo presente en la comunidad cristiana, ya que los signos eran tan poco promisorios.

Hoy. No nos deben desanimar los obstáculos del medio que nos rodea. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestras manos, aunque nos parezca poca cosa -tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza- porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto, darán sus frutos.
El Reino de Dios, incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza interna, que lo llevará hasta su total perfección; pero ese desarrollo del Reino no es algo que deba realizarse prescindiendo de nosotros, sino que somos nosotros los que debemos poner las condiciones necesarias, para que el Reino llegue a su total desarrollo en nosotros y en los demás.
Habrá muchos fracasos, habrá luchas, pero el crecimiento del reino de Dios tiene el éxito asegurado.



¡San José, custodio de Jesús y esposo virginal de María, que pasaste la vida en el cumplimiento del deber, manteniendo con el trabajo de tus manos a la Sagrada Familia de Nazaret.
Protégenos bondadoso, ya que nos dirigimos a ti, llenos de confianza…

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Mesters, La práctica liberadora de Jesús. Cardenal Joseph Ratzinger. Luis H. Rivas: Jesús habla a su Pueblo

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
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sábado, 9 de junio de 2018

«El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»


 Décimo domingo durante el año
Lecturas del 10-06-18, Ciclo B

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro del génesis. 3, 9-15
Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”. “Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí”. Él replicó: “¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?”. el hombre respondió: “La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él”. el Señor Dios dijo a la mujer: “¿Cómo hiciste semejante cosa?”. La mujer respondió: “La serpiente me sedujo y comí”. Y el Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. ella te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”.
Palabra de Dios.

Salmo 129
R. En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.
Desde lo más profundo te invoco, Señor, ¡Señor, oye mi voz! estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. R.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido. R.
Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora. R.
Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados. R. 

Segunda carta Pablo a los Corintios. 4, 13—5, 1 
Hermanos: teniendo ese espíritu de fe, del que dice la escritura: “Creí, y por eso hablé”, también nosotros creemos, y, por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que Aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes. todo esto es por ustedes: para que, al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios. Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. Palabra de Dios.

Evangelio según san Marcos. Mc 3, 20-35
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “es un exaltado”. Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”.
Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “está poseído por un espíritu impuro”. entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: “tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: “estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor



Reflexión

Jesús ya no vive entre sus parientes en Nazaret. Su hogar ahora está en Cafarnaúm (Mc 2:1). Su familia viaja a una distancia de aproximadamente 40 km para encontrarlo allí, y atraparlo porque creen que Él está "fuera de sí". Tal vez habían escuchado que Jesús no se comportaba con normalidad. Es posible que hayan pensado que estaba poniendo en peligro la reputación de la familia. Está claro que la relación de Jesús con sus parientes se estaba viendo afectada. En el antiguo Israel, el clan (la familia extendida) era la forma de garantizar la protección mutua, canalizando la tradición y defendiendo la identidad judía. En Galilea en la época de Jesús, debido al sistema romano introducido e impuesto bajo el gobierno de Herodes el Grande (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), existía cada vez menos. El clan (comunidad) se estaba debilitando más.
Los impuestos que debían pagarse al gobierno y al Templo, el creciente endeudamiento personal, la mentalidad individualista del helenismo, las frecuentes amenazas de opresión violenta por parte de los romanos, la obligación de aceptar a los soldados romanos y de darles alojamiento, los desafíos cada vez mayores para la supervivencia: todos estos factores llevaron a las familias a aislarse de los demás y a centrarse en sus propias necesidades. La hospitalidad ya no se practicaba, ni tampoco el compartir, ni la comunión alrededor de la mesa, ni la aceptación de los excluidos. Esta concentración en la familia inmediata se vio reforzada por las prácticas religiosas de la época. La observancia de las normas de pureza fue un factor en la marginación de muchas personas: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, enfermos, lisiados, recaudadores de impuestos, parapléjicos. Estas normas, en lugar de favorecer la aceptación y el intercambio, provocaron la separación y la exclusión.

Los escribas en el Evangelio de hoy acusan a Jesús de ejercer un poder diabólico: "por el gobernante de los demonios echa fuera a los demonios". Habían hecho su juicio y no permitirían nada, ni buenas obras, ni mensajes de vida, ni alegría, para penetrar en su conciencia y modificar su opinión.
Jesús llama a esa actitud una blasfemia contra el Espíritu Santo. Es una forma de idolatría a través de la cual divinizamos nuestra propia opinión o dogma, rehusándonos a permitir que Dios o alguien avance para ampliar nuestra visión. Este pecado es imperdonable ("un pecado eterno") porque las personas que voluntariamente se aprisionan a sí mismas en una ideología se bloquean a la gracia, e inician su propio rigor mortis. La condena de Jesús de esa actitud fue la crítica más dura de la que habló en los Evangelios.
Lo dirigió a personas que se habían atrapado tanto que solo irían de mal en peor, para al final planear su crucifixión.

El otro grupo, cuyo juicio escuchamos, es su familia. Jesús se había convertido repentinamente en una figura pública y estaba enojando a las autoridades. Tal vez tuvieron algún tipo de reunión familiar, cuya decisión fue enviar un grupo de representantes para encontrar a Jesús y llevarlo. Ellos tenían su propia idea de quién Él debería ser como miembro de la familia, y él no se estaba ajustando a esto. Jesús proclama que sus lazos más cercanos no están forjados por sangre o herencia. Para Jesús, sus parientes reales son aquellos que se relacionan con Dios en el amor como Él mismo lo hace ("El que hace la voluntad de Dios ..."). Estas son las personas a las que protegería, como protegería a su madre y a sus hermanos, a las personas que trataría como coherederos con Él para todo lo que el Padre prometió. En lugar de permanecer encerrado en su pequeña familia, Jesús extiende los límites de la familia y crea comunidad. Entiende el profundo significado de la familia, el clan y la comunidad como una expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.
  
El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás.
La existencia del ser humano es imposible si le negamos la posibilidad de equivocarse. Muchas veces no podemos saber que está el anzuelo escondido hasta que no lo mordemos. El ser humano que progresa no es el que no se equivoca nunca, sino el que reconoce sus fallos. El único pecado irreparable es negarse a rectificar, es decir instalarse en una postura estática y no querer avanzar. Esta postura es mucho más frecuente de lo que nos podemos imaginar. Se debe a dos razones fundamentalmente:

Una, el miedo a equivocarse, el miedo al pecado y al castigo ha paralizado a muchísimas personas que sin ese obstáculo hubieran podido aportar logros increí­bles a la evolución.

Cuando queremos actuar desde la seguridad, vivimos volcados en el pasado y el progreso es imposible.
Otra, creer que ya hemos llegado. Creer que ya lo sabemos todo, que tenemos respuestas para todo, que no hay que esperar nada nuevo. Es la postura que más daño ha hecho al ser humano. Jesús dijo: "Tengo muchas cosas que decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora; el Espíritu Santo los irá conduciendo hacia la verdad plena”.
Este sería el pecado contra el Espíritu Santo. Estar cerrados a toda posible novedad, por miedo a la equivocación, o por creernos en la posesión de la verdad absoluta. Podríamos recordar el dicho castellano: el que no se arriesga no pasa la mar. O aquel otro oriental que: El que se empeña en cerrar la puerta a todos los errores, dejará inevitablemente fuera la verdad. Quédate conmigo, Señor.

Oración a san José

Enséñanos, José,
cómo se es “no protagonista”,
cómo se avanza sin pisotear,
cómo se colabora sin imponerse,
cómo se ama sin reclamar.
cómo se obedece sin rechistar
cómo ser eslabón entre el presente y el futuro
cómo luchar frente a tanta desesperanza
cómo sentirse eternamente joven

Dinos, José,
cómo se vive siendo “número dos”,
cómo se hacen cosas fenomenales
desde un segundo puesto.
Cómo se sirve sin mirar a quién
cómo se sueña sin más tarde dudar
cómo morir a nosotros mismos
cómo cerrar los ojos, al igual que tú,
en los brazos de la buena Madre.

Explícanos
cómo se es grande sin exhibirse,
cómo se lucha sin aplauso,
cómo se avanza sin publicidad,
cómo se persevera y se muere uno
sin esperanza de un póstumo homenaje
cómo se alcanza la gloria desde el silencio
cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo.
Dínoslo, en este tu día, buen padre José.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Orden de las Carmelitas.  Fray Marcos.
  Círculo Bíblico San José, Parroquia San José:
Brandsen 4970, V. Domínico.
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sábado, 2 de junio de 2018

«Tomen, esto es mi Cuerpo...»


El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas del 3-06-18, Ciclo B

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.» Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.»              
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.» Palabra de Dios.           

Salmo 115, R. Alzaré la copa de la salvación e  invocaré el nombre del Señor.

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. R.       
¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.   
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo R           

Carta a los hebreos 9, 11-15          
Hermanos: Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua -no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado- entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.
Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente!
Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida. Palabra de Dios.   

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26          
El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?» El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.»     
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.         
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.» Palabra del Señor.  
  
         

Reflexión: Este domingo la Liturgia de la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi, es decir la memoria particular de la presencia real de Jesús en el Pan y el Vino consagrado y compartido. Este día, nos invita a la meditación, para que descubramos la necesidad que tenemos, en nuestras vidas de alimentarnos, de recibir el Pan de Vida, en que es el propio Jesús que nos alimenta en cada Eucaristía.                 

El efecto más importante de la Sagrada Eucaristía es la íntima unión con Jesucristo. El mismo nombre de Comunión indica esta participación unitiva en la vida del Señor. Si en todos los sacramentos, por medio de la gracia que nos confieren, se consolida nuestra unión con Jesús, ésta es más intensa en la Eucaristía, puesto que no sólo nos da la gracia, sino al mismo Autor de la  gracia:     “Participando del Cuerpo del Señor en la fracción del pan eucarístico, somos elevados a una comunión con Él y entre nosotros”.      Porque, como dice S. Pablo en la carta a los corintios, “el pan es uno, nosotros somos muchos que formamos un solo cuerpo, y todos participamos de un único pan”. Precisamente, por ser la Eucaristía el sacramento que mejor significa y realiza nuestra unión con Cristo, es a la vez donde toda la Iglesia muestra y lleva a cabo su unidad.          

«En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad”) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. Después de darle de beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». «Beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él, a dar la vida, si fuese necesario, por los otros.  
«Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía.                 

Nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que Él nos dona su cuerpo una vez más, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, en el nutrirse de su Cuerpo y de su Sangre, que Él nos hace pasar del ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él. 
                                           
Entonces tendremos todos que preguntarnos ante el Señor: ¿cómo vivo la Eucaristía? ¿La vivo en forma anónima o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma mesa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas?            

Hoy, una vez más, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su cuerpo, se hace don, y también nosotros experimentamos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba jamás, una solidaridad que nunca termina, del sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo, la muerte.    
También hoy Jesús se dona a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos frenan nuestros pasos.
Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, aquel del servicio, del compartir, del donarse, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si es compartido se convierte en riqueza, porque es la potencia de Dios, que es la potencia del amor que desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.                                   
Entonces nos podemos preguntar, adorando a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor que se dona a mí, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño espacio y no tener miedo de donar, de compartir, de amarlo a Él y a los demás?                        

Seguimiento, comunión, compartir. Oremos para que la participación en la Eucaristía nos provoque siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo aquello que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amén

Quédate conmigo, esta noche, Jesús,
en la vida con todos los peligros,
yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.

Historia de un hombre llamado Víctor.

Luego de meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir. Una fría noche de invierno se encontraba en las inmediaciones de un club privado cuando observó a un hombre y a su esposa que entraban al mismo.
Víctor le pedía al hombre unas monedas para poder comprarse algo de comer. - Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio -replicó éste.
La mujer, que oyó la conversación, preguntó: ¿Qué quería ese pobre hombre?
Dinero para una comida. Dijo que tenía hambre -respondió su marido.
Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa y… ¡dejar a un hombre hambriento aquí afuera!
Hoy en día: ¡hay un mendigo en cada esquina! Seguro que quiere el dinero para beber.
¡Yo tengo un poco de cambio!  Le daré algo.
Avergonzado, quería alejarse corriendo de allí; pero en ese momento oyó la amable voz de la mujer que le decía:    - Aquí tiene unas monedas. Consígase algo de comer. Aunque la situación está difícil, no pierda las esperanzas. En alguna parte hay un empleo para usted. Espero que pronto lo encuentre.
¡Muchas gracias, señora! Me ha dado usted ocasión de comenzar de nuevo y me ha ayudado a cobrar ánimo. Jamás olvidaré su gentileza.
- Estará usted comiendo el “pan de Cristo”. Compártalo -dijo ella con una cálida sonrisa dirigida más bien a un hombre y no a un mendigo. Víctor sintió como si una descarga eléctrica le recorriera el cuerpo.
Encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día. Comería el pan de Cristo dos días. Una vez más, aquella descarga eléctrica corría por su interior. ¡El pan de Cristo!
¡Un momento! -pensó-. No puedo guardarme el pan de Cristo solamente para mí mismo.
En ese momento pasó a su lado un anciano. Quizás ese pobre anciano tenga hambre -pensó-. Tengo que compartir el “pan de Cristo”.
Víctor lo invitó a servirse algo. Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel. ¿Está guardando un poco para mañana? -le preguntó.
 -No, no. Es que hay un chico que conozco que estaba llorando porque tenía hambre. Le voy a llevar el “pan de Cristo”. Recordó de nuevo las palabras de la mujer y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado a aquella mesa.

Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a comerlo. De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado. -Aquí tienes, perrito. Te doy la mitad -dijo el niño, “el pan de Cristo”. Alcanzará también para el perrito. El niño había cambiado totalmente de semblante. Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo.
   -Hasta luego -dijo Víctor al viejo-.
Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna. Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado el nombre del dueño.
Víctor recorrió el largo camino hasta la casa del dueño del perro y llamó a la puerta. Al salir éste y ver que había encontrado a su perro, se puso contentísimo.
De golpe la expresión de su rostro cambió. Estaba por reprocharle a Víctor que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa, pero no lo hizo. Víctor ostentaba un cierto aire de dignidad que lo detuvo. En cambio, dijo: -En el periódico vespertino de ayer ofrecí una recompensa. ¡Aquí tiene! Víctor miró el billete medio aturdido.
-No puedo aceptarlo -dijo -. Sólo quería hacerle un bien al perro. -Téngalo! Para mí lo que usted hizo vale mucho más que eso.
¿Le interesará un empleo? Venga a mi oficina mañana. ¡Me hace mucha falta una persona íntegra como usted!
 Y le pasó una tarjeta con la dirección.
Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma.   Se titulaba: “Parte el Pan de Vida…             
                          
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. ACIprensa. Papa Francisco. J A Pagola.

Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José
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