Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 27 de marzo de 2021

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos

Evangelio según San Marcos 14,1-72.15,1-47.

Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Acimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte.
Porque decían: "No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo".
Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.
Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: "¿Para qué este derroche de perfume?
Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres". Y la criticaban.
Pero Jesús dijo: "Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo.
A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo".
Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?".
El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,
y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: '¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?'.
El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario".
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Al atardecer, Jesús llegó con los Doce.
Y mientras estaban comiendo, dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo".
Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro: "¿Seré yo?".
El les respondió: "Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo".
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.
Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.
Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".
Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Y Jesús les dijo: "Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea".
Pedro le dijo: "Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré".
Jesús le respondió: "Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces".
Pero él insistía: "Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré". Y todos decían lo mismo.
Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: "Quédense aquí, mientras yo voy a orar".
Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse.
Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando".
Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora.
Y decía: "Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: "Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle.
Volvió por tercera vez y les dijo: "Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".
Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: "Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado".
Apenas llegó, se le acercó y le dijo: "Maestro", y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron.
Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
Jesús les dijo: "Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos.
Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras".
Entonces todos lo abandonaron y huyeron.
Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.
Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.
Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban.
Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban.
Algunos declaraban falsamente contra Jesús:
"Nosotros lo hemos oído decir: 'Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre'".
Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones.
El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús: "¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?".
El permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: "¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?".
Jesús respondió: "Sí, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo".
Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?". Y todos sentenciaron que merecía la muerte.
Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían: "¡Profetiza!". Y también los servidores le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote
y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Nazareno".
El lo negó, diciendo: "No sé nada; no entiendo de qué estás hablando". Luego salió al vestíbulo.
La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: "Este es uno de ellos".
Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro: "Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo".
Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando.
En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: "Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces". Y se puso a llorar.
En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Este lo interrogó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". Jesús le respondió: "Tú lo dices".
Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él.
Pilato lo interrogó nuevamente: "¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!".
Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato.
En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo.
Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición.
La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado.
Pilato les dijo: "¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?".
El sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás.
Pilato continuó diciendo: "¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?".
Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!".
Pilato les dijo: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Crucifícalo!".
Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia.
Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron.
Y comenzaron a saludarlo: "¡Salud, rey de los judíos!".
Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.
Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús.
Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: "lugar del Cráneo".
Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno.
Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron.
La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: "El rey de los judíos".
Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 
Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: "¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!".
De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo!
Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!". También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.
Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: "Eloi, Eloi, lamá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías".
Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: "Vamos a ver si Elías viene a bajarlo".
Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: "¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!".
Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.
Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer,
José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.
Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto. Palabra del Señor.

domingo, 21 de marzo de 2021

"Queremos ver a Jesús"

 Hola, compartimos el video de la reflexión del quinto domingo de cuaresma del Padre Juan José Milano.


Quinto domingo de Cuaresma, Lecturas 21-3-21, Ciclo B

Nos reencontramos en el quinto domingo de Cuaresma, próximos a la Pascua, es el último domingo de cuaresma y este reencuentro nos trae después, que habíamos estado asistiendo a las lecturas durante todo este tiempo cuaresmal de un camino, un itinerario hacia el interior, hacia el corazón como Jesús nos va llevando, más allá de una religión externa, ritual, legal. Permanentemente todas las lecturas que se vienen reiterando en este tiempo son de este talante. Y hoy, previo al Evangelio de Juan, nos encontramos con, nada menos que con un fragmento del gran profeta Jeremías, que es el anticipo más claro de esta internalización, diríamos, de la verdad y el bien y la ley de Dios frente a una Antigua Alianza frustrada y externa quizás, como Pablo lo dice en más de una oportunidad.

Jeremías va a insistir en esto, profetizando, “pondré mi ley en vuestros corazones a diferencia de la primera que estaba escrita en piedra”, también en palabras de Pablo. Es decir, desde afuera, ahora estará desde adentro, entonces ya no tendrán que decir conozcan al Señor porque, porque todos conocerán desde el más pequeño al más grande, dice Jeremías, es decir como a través de una iluminación del Espíritu Santo ahí está, seremos templo del espíritu a partir de esta, de esta venida de Jesucristo al mundo y su ascenso y la venida del Espíritu Santo. Adelantando Jeremías esta maravilla inesperada del Mesías nos va introduciendo en lo que significa este doble camino de misericordia y del Espíritu Santo en nuestros corazones.

El evangelio dice así, de Juan 12, 20: “Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos, que se acercaron a Felipe de Betsaida de Galilea y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él le respondió: Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.” Palabra del Señor.

Adelantando ya fuertemente, lo que va a ser la pasión, la entrega de la vida para ganarla, también los exhorta, este evangelio, justamente a hacer lo propio. Los seguidores de Cristo sabemos que si no entregamos no ganamos, esa es la paradoja del amor cristiano. Dándose se gana y no como el mundo que el mensaje es, consérvate, resérvate egoístamente, no entregues nada y así te vas a conservar íntegro. Mentira, no es así. Sabemos muy bien por experiencia, que cuanto más nos entregamos, en todo, en nuestra vocación, en nuestra vida a través del amor, las pasiones y motivaciones de lo que hacemos, vamos creciendo. No solo no perdemos, sino que nos llenamos, crecemos. Es simplemente interesante, también y lo digo para abreviar, que es a Felipe al que le dice, que curioso recuerden, porque estos griegos le dicen: Muéstranos a Jesús, quieren conocer a Jesús. Y Felipe, en algún momento le dice a Jesús. El mismo Felipe, en otra oportunidad, muéstranos al Padre y nos bastará, como dudando de Jesús, y Jesús le dice a Felipe y a todos, Felipe, tanto tiempo han estado conmigo y todavía no me conocen. Es interesante esto, los griegos a Felipe, ellos que buscaban pruebas, razones, lógica, le piden a Felipe encontrarse con Jesús y Felipe todavía en el fondo, no lo conocía a Jesús. Es curioso, por tanto, por eso hasta la venida de Pentecostés, ignoraban realmente encontrarse con Jesús. Ese Jesús que viene a nuestro encuentro en la Pascua de Muerte y Resurrección, todavía Felipe lo ignoraba. Cómo le iba a mostrar, en el fondo, a Jesús. Obviamente, simbólicamente hablando, más profunda o místicamente hablando, no les podía presentar a Jesús. Solamente se lo podía acercar, pero ni él todavía no lo había conocido en el fondo.

Es muy interesante, nosotros también nos tendríamos que plantear como tarea para el hogar, ¿Hemos visto a Jesús? ¿Lo vemos en nuestra vida en nuestro itinerario? Hacia la Pascua, en definitiva, en nuestro camino por este mundo tiene que ser realmente un encuentro permanente con Jesús para poder manifestarlo a los demás. Y así poder decir sino muero, no vivo y dando vida, también muero a lo mío malo y nace en mí todo lo bueno que solamente desde Cristo y por su gracia puede venir.  

Hasta la próxima.

sábado, 20 de marzo de 2021

  

 “Y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” 

Quinto domingo de Cuaresma, Lecturas 21-3-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Libro del profeta Jeremías 31, 31-34

Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá.

No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño -oráculo del Señor-. Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor- : pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: «Conozcan al Señor.» Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado. Palabra de Dios.  

Salmo 50,  R. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, ¡borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!  R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.  R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga:  yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.  R.  

Lectura de la carta a los hebreos 5, 7-9 

Hermanos: Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.  Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Juan 12, 20-33

Había unos griegos que habían subido a Jerusalén para adorar a Dios durante la fiesta de Pascua. Estos se acercaron a Felipe de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió: «Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que, si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.             
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 
Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré? ¿"¿Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!» 
Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar.» La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» 
Jesús respondió: «Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.» 
Palabra del Señor. 

Ven señor Jesús, te necesitamos.  

Reflexión  

A un paso ya de la Semana Santa, la liturgia nos brinda una gran imagen para enfocar la paradoja de la Cruz: “si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo, pero si muere, da mucho fruto”. Se nos está hablando de esa vida espiritual, que se puede quedar sin desarrollar si nos apegamos a nuestro ego y damos valor absoluto a lo que nos muestran los sentidos. Descubrir esa Vida interior y plenificarla es nuestro camino.  

En el Evangelio de hoy, Jesús ya en Jerusalén y próximo a su Pasión, prepara a sus discípulos y a algunos seguidores, para lo que estaba a punto de suceder días después: su Pasión, Muerte y posterior Resurrección. 

El sufrimiento y la glorificación de Jesús llevan al cumplimiento de la profecía de Jeremías, que la liturgia nos presenta en la primera lectura. La alianza nueva entre Dios y la humanidad estará sellada con la sangre de Cristo. Las estipulaciones de esa nueva alianza no estarán escritas sobre piedra ni será Moisés quien las comunique a los hombres; Dios mismo las escribirá en el interior del corazón y el Espíritu Santo “leerá” con claridad, de modo inteligible y personal, a todo el que le quiera escuchar, el contenido de la nueva ley. Por eso nos dice san Juan que todos serán instruidos por Dios, todos: desde el más pequeño hasta el mayor. La pasión-muerte-resurrección de Jesucristo otorga a la humanidad entera la gracia de hacer un pacto de amistad y de comunión con Dios Nuestro Señor, y así llegar a ser hombre nuevo, auténtico.  

“Queremos ver a Jesús” En la primera parte del evangelio unos griegos querían ver a Jesús y se lo dicen a Felipe. Este episodio da ocasión a Jesús para anunciar su glorificación por su propia muerte, lo importante es tener presente que en Juan “querer ver” es signo de “querer creer”.


Vida Nueva. Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto».

La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere» se queda encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida.

Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: es necesario «morir», para dar paso a la verdadera vida.  

No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús.  

Atraeré a todos hacia mí. El Señor anticipa la agonía del huerto cuando dice: “Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré:” ¿Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!”          
Se trata en Jesús de una turbación, en su naturaleza humana tiene la tentación de apartarse del camino de obediencia al Padre, pero no sucumbe. Acepta su voluntad y le pide al Padre que muestre al mundo su poder a través de Él. Se escucha entonces sorpresivamente la voz confirmatoria del Padre como se había escuchado en el Bautismo (cfr. Mc 1,11) y en la Transfiguración (cfr. Mc 9,7). La voz está en función de los que quieren creer en Jesús.

 

“Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. ¿Qué es lo que se esconde en el crucificado para que tenga ese poder de atracción? Sólo una cosa: su amor increíble a todos.

El amor es invisible. Sólo lo podemos ver en los gestos, los signos y la entrega de quien nos quiere bien. Por eso, en Jesús crucificado, en su vida entregada hasta la muerte, podemos percibir el amor insondable de Dios. En realidad, sólo empezamos a ser cristianos cuando nos sentimos atraídos por Jesús. Sólo empezamos a entender algo de la fe cuando nos sentimos amados por Dios.

¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a nuestro yo? Significa entregar nuestros modos de ver las cosas, para que sean los modos de Dios y no los nuestros los que dirijan nuestra vida. Significa pedirle a Dios que nos muestre Sus planes para nuestra vida, y realizar esos planes y no los nuestros. Significa entregar nuestra voluntad a Dios, para que sea Su Voluntad y no la nuestra la que dirija nuestra existencia en la tierra.     
De no vivir día a día esa continúa renuncia a nosotros mismos, esa continúa muerte a nuestro yo, no podremos dar fruto. Seremos “infecundos”. “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo”, no dará fruto. Y para comprender el significado de esto debemos pasar a las siguientes palabras del Señor: “El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna”.                  

Quien se arriesga a vivir en actitud abierta y generosa, difunde vida, irradia alegría, ayuda a vivir. No hay una manera más apasionante de vivir que hacer la vida de los demás más humana y llevadera. ¿Cómo podremos seguir a Jesús si no nos sentimos atraídos por su estilo de vida?  

Terminando el tiempo de cuaresma, recordamos que es un tiempo para revisar cómo estamos con respeto a las cosas de Dios, dónde la oración, la reflexión de la Palabra, la Eucaristía, nos tiene que llevar a practicar la caridad con el necesitado más cercano nuestro, y también darnos la posibilidad de abrir nuestro corazón para que nuestro Señor pueda limpiar todas aquellas cosas que nos pesan y de esa forma guiados por Él vivir con alegría y plenitud.  

Que el Espíritu Santo levante el velo de nuestros ojos (2 Cor 3,12-16), nos conduzca a la Verdad Completa (Jn 16,13), y nos dé inteligencia y perseverancia. Amén  

Solemnidad de nuestro Patrono y Protector San José

Oración

¡San José, custodio de Jesús y esposo virginal de María, que pasaste la vida en el cumplimiento del deber, manteniendo con el trabajo de tus manos a la Sagrada Familia de Nazaret. Protégenos bondadoso, ya que nos dirigimos a ti, llenos de confianza.

Tú conoces nuestras aspiraciones, nuestras angustias y nuestras esperanzas. Recurrimos a ti porque sabemos que en ti encontramos un protector.

Tú también experimentaste la prueba, la fatiga, el cansancio, pero tu espíritu, inundado de paz más profunda, exulto de alegría al vivir íntimamente unido al hijo de Dios confiados a tu cuidado y a María su bondadosa madre.

Ayúdanos a comprender que no estamos solos en nuestro trabajo, a saber, descubrir a Jesús a nuestro lado, acrecentarlo con la gracia y a custodiarlo fielmente, como tú lo hiciste. Y concédenos que, en nuestra familia, todo sea santificado, en la caridad, en la paciencia, en la justicia y en la búsqueda del bien. Amén.  

Segundo domingo después de Navidad

“Y la Palabra se hizo carne y habitó

entre nosotros.”

 

Bautismo del Señor

“Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él”

 

Segundo domingo durante el año

“Hemos encontrado al Mesías,

vengan y lo verán”

 

Tercer domingo durante el año

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»

 

Cuarto domingo durante el año

«Les enseñaba como quien tiene autoridad»

 

Quinto domingo durante el año

“Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males”

 

Sexto domingo durante el año

“Si quieres, puedes purificarme”

 

Primer domingo de Cuaresma

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”

 

Segundo domingo de Cuaresma

“Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”

 

Tercer domingo de Cuaresma

“Destruyan el templo y en tres días lo volveré a levantar”

 

Cuarto domingo de Cuaresma

“Para que todos los que creen en él, tengan Vida eterna”

 

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios y las reflexiones de, Centro Bíblico del CELAM. Dominicos.org. Donbosco.org.ar. J. A. Pagola.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119  

domingo, 14 de marzo de 2021

Creer es aceptar en el corazón a Jesucristo

 Reflexión del P. Juan José Milano, audio y reseña: 

Creer es aceptar en el corazón a Jesucristo  

Cuarto domingo de Cuaresma, Lecturas 14-3-21, Ciclo B 

En este cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos, ya próximos a la Pascua con afirmaciones de las más fuertes que pueden encontrarse en el Evangelio, unidas en dos “grandes”, nada menos que Juan y Pablo, quizá los más profundos intérpretes de la misión de Jesucristo, sin lugar a duda. Y están unidas encima en el centro o en el corazón del mensaje evangélico, porque en el Evangelio, Juan nos está diciendo y extraigo textualmente “Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna “ahí está el centro de nuestra fe Pascual y, por otro lado, con más fuerza afirma, “el que cree en él no es condenado el que no cree ya está condenado”. Creer, creer aceptar no significa creer formular, una idea, un credo, diríamos conceptual, sino en el corazón aceptar a Jesucristo. Esto es creer, es creer hacia, en Juan está siempre esta tensión diríamos, de la intención del corazón. Aquello que tiene en lo profundo el hombre como deseo de Dios y es tensionado por la gracia y el amor de Dios.  Creer es eso, aceptar en el corazón no es formular ideas y Pablo también con esa misma fuerza porque así nos dice en efesios, porque “estáis salvados por su gracia y mediante la fe”, ven la fe, ese don de Dios y el toque de la gracia que hace que uno si lo acepta sea transformado y no se debe a vosotros, agrega Pablo sino que es un don de Dios y tampoco se debe a las obras para que nadie pueda presumir o  gloriarse dice en otras traducciones es decir, Pablo tiene muy claro como había sido fariseo cumplidor que pensaba como aquella parábola de Jesús del publicano y el fariseo donde sus obras las presentaban ante el altar y con ellos ya se creía justificado es decir se ponía en juez y parte cuando en realidad es un don y una gracia de Cristo la del aceptarlo a él, a Dios necesitarlo y no pensar que con mi propia fuerza podría lograrlo porque allí quedaría marginado Dios mismo, no necesitaríamos de Dios si pudiéramos hacer las obras por nosotros mismos por nuestras propias fuerzas y por tanto Cristo habría venido en vano muerto y resucitado en vano diría Pablo. Es decir el mensaje esencial del Evangelio está resumido en esta dos lecturas en este Evangelio de Juan y en esta lectura de efesios de Pablo, repasémoslo y revisemos en nuestro haber en nuestra vida si nuestra fe y gracia  ha sido aceptada por nuestro corazón totalmente como para que Cristo cambie lo más profundo de nosotros mismos y no creamos que nuestras obras son suficientes porque las obras nuestras si vienen de nosotros no necesitan de Dios y si no necesitan de Dios no estaríamos salvados. Las expresiones de Juan y Pablo son muy fuertes, en creer en Él está la salvación, más que en cualquier obra humana, por buena que sea. En ello está la vida y la salvación, en aceptar la fe y el toque de la gracia en nuestros corazones para que como dice Pablo en la definición “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por la gracia del Espíritu Santo” en aquellos que la aceptan y creen.

Revisemos pues hacia la Pascua próxima, cómo está nuestra fe, nuestra entrega confiada, nuestra aceptación, que ahí es donde se mide la fe y la gracia.  Nuestra fe se mide así, hasta dónde me entrego y diríamos, confiadamente a la providencia divina y es hasta dónde en cambio, podemos confiar en nuestras propias obras.

Hasta la próxima.


sábado, 13 de marzo de 2021

“Para que todos los que creen en él, tengan Vida eterna”

Cuarto domingo de Cuaresma,  Lecturas 14-3-21, Ciclo B 

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Segundo libro de las Crónicas 36, 14-23 

Todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio.

Los caldeos quemaron la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por

Jeremías: «La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años.»     

En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, ¡lo acompañe y que suba...!»   Palabra de Dios. 

Salmo136

R. Que la lengua se me pegue al paladar
 si no me acordara de ti.

Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión. En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras.  R.

Allí nuestros carceleros nos pedían cantos,  y nuestros opresores, alegría: «¡Canten para nosotros un canto de Sión!»  R.

¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera? Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha.  R.

Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén
 por encima de todas mis alegrías.  R.

 San Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 4-10

Hermanos: Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo - ¡ustedes han sido salvados gratuitamente! - y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo.
Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús.      
Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.
Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.  Palabra de Dios. 
 

Santo Evangelio según san Juan 3, 14-21

Jesús dijo a Nicodemo: «De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.     

En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.»  Palabra del Señor.

Reflexión    

Las lecturas de este cuarto domingo de Cuaresma son un canto de alegría al mostrarnos que el amor de Dios por nosotros no sólo lo manifestó en palabras, sino en su entrega, “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.”   

“Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto”. La reflexión en torno a “levantar en alto” trae a colación un episodio muy llamativo del Antiguo Testamento en el Libro de los Números 21,4-9, donde ante la realidad del pecado y de las murmuraciones del pueblo, Dios “manda” unas serpientes abrasadoras (se alude, posiblemente, al ardor que causan cuando pican), que mordían y provocaban la muerte de muchos. Cuando los miembros del pueblo reconocen su pecado y piden perdón, Dios les da como “remedio” que miren una serpiente de bronce colocada en el extremo de un mástil sostenido por Moisés.
Todo el que era mordido al mirar este signo quedaba curado. Así como el “remedio” de la Antigua Alianza fue mirar a la serpiente levantada en alto, en la Nueva Alianza el “remedio” será el Hijo del hombre levantado en alto que trae vida eterna a todo el que cree en Él. Juan recrea y profundiza de manera simbólica el episodio del Antiguo Testamento para referirlo a la crucifixión y glorificación de Cristo. Jesús muerto y resucitado será la “nueva medicina” para sanar la enfermedad del pecado y la muerte espiritual en el corazón de los hombres. Así como la serpiente era un signo de salvación que curaba a los que la miraban, la Cruz será signo de salvación para los que la contemplen. 
 

Mirar al crucificado. El evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.
Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz. Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna».                          

¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz? Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles. Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.

En esos brazos extendidos que no pueden ya abrazar a los niños, y en esas manos clavadas que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos. Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su "amor loco" a la Humanidad.

«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Pero «la Luz ya ha venido al mundo». ¿Por qué tantas veces rechazamos la luz que nos viene del Crucificado?     

Dios nos propone un camino de salvación y santificación y el ser humano tiene dos posibles respuestas ante el designio y la propuesta de Dios: creer o no creer; la luz o la oscuridad; la verdad o la mentira; los mandamientos y las obras buenas o el pecado… Dios hace al hombre libre y el hombre elige de qué lado está, por qué se está jugando la vida. De la determinación del hombre depende la salvación o la perdición.  

Acercarse a la Luz*. Me quedan resonando algunas palabras: tener Vida eterna, morir, salvarse. Juzgar y condenar. Hijo único del Padre. Luz y tinieblas. Mundo. Manifestarse las obras. Y la palabra decisiva: creer. Toda gira alrededor del Hijo Único del Padre. Juan nos centra en su persona. El Padre, como ama al mundo, envía al Hijo Único; y lo entrega para que quien crea en Él no muera y tenga Vida eterna.  

Es frente a Él que se manifiesta entonces el juicio: La Luz vino al mundo. El que obra en Dios, conforme a la verdad, se acerca a la Luz, para que sus obras se manifiesten. Prefiere en cambio las tinieblas quien obra mal, porque odia a la Luz (recuerdo aquí, que en el Evangelio de Juan, la obra que Dios quiere de nosotros es Creer. Y creer no es, en Juan, “profesar una serie de verdades expresadas en un credo”, sino reconocer vitalmente a la Persona de Jesús como Verbo de Dios, y permanecer en Él por el amor).

Quedamos pues situados ante la urgencia de una decisión existencial absoluta: Creer en Jesús como Hijo de Dios; o rechazarlo. Todo, todo pende de esta decisión. El morir y el vivir dependen de esta opción totalizadora. (*Donbosco.org.ar)

Celebraciones en honor a San José

Novena del 10 al 19 de marzo  

Oración a San José

 ¡San José, custodio de Jesús y esposo virginal de María, que pasaste la vida en el cumplimiento del deber, manteniendo con el trabajo de tus manos a la Sagrada Familia de Nazaret. Protégenos bondadoso, ya que nos dirigimos a ti, llenos de confianza. 

Tú conoces nuestras aspiraciones, nuestras angustias y nuestras esperanzas. Recurrimos a ti porque sabemos que en ti encontramos un protector. 

Tú también experimentaste la prueba, la fatiga, el cansancio, pero tu espíritu, inundado de paz más profunda, exulto de alegría al vivir íntimamente unido al hijo de Dios confiados a tu cuidado y a María su bondadosa madre. 

Ayúdanos a comprender que no estamos solos en nuestro trabajo, a saber, descubrir a Jesús a nuestro lado, acrecentarlo con la gracia y a custodiarlo fielmente, como tú lo hiciste. Y concédenos que, en nuestra familia, todo sea santificado, en la caridad, en la paciencia, en la justicia y en la búsqueda del bien. Amén.

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios y las reflexiones de, Centro Bíblico del CELAM. Dominicos.org. Donbosco.org.ar. J. A. Pagola.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119  

 

Reflexionando los Evangelios de los últimos domingos

 

Segundo domingo después de Navidad

 

“Y la Palabra se hizo carne y habitó

entre nosotros.”

 

Bautismo del Señor

“Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él”

 

Segundo domingo durante el año

“Hemos encontrado al Mesías,

vengan y lo verán”

 

Tercer domingo durante el año

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»

 

Cuarto domingo durante el año

«Les enseñaba como quien tiene autoridad»

 

Quinto domingo durante el año

“Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males”

 

Sexto domingo durante el año

“Si quieres, puedes purificarme”

 

Primer domingo de Cuaresma

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”

 

Segundo domingo de Cuaresma

“Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”

 

Tercer domingo de Cuaresma

“Destruyan el templo y en tres días lo volveré a levantar”