Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 19 de junio de 2021

“Confiar y entregarse totalmente”

  

Hola, les comparto la reflexión de las lecturas del decimo segundo domingo durante el año, 20 de junio 2021, ciclo B, del padre Juan José Milano.

viernes, 18 de junio de 2021

“¿Por qué tienen miedo?”

Décimo segundo domingo

Lecturas 20-6-21, Ciclo B

 ” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro de Job 38, 1. 8-11

El Señor habló a Job desde la tempestad, diciendo: ¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salía a borbotones del vientre materno, cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones? Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, y le dije: «Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas.» Palabra de Dios.

Salmo 106, R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!


Los que viajaron en barco por el mar, para traficar, por las aguas inmensas, contemplaron las obras del Señor, sus maravillas en el océano profundo. R.

Con su palabra desató un vendaval, que encrespaba las olas del océano: ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo, se sentían desfallecer por el mareo. R.

Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: cambió el huracán en una brisa suave y se aplacaron las olas del mar. R.

Entonces se alegraron de aquella calma, y el Señor los condujo al puerto deseado. Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres. R.  

2° carta de Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 4, 35 - 41

Un día al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla.» Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!» El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?» Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» Palabra del Señor.

 
Reflexión 

 Hoy, en estos tiempos de «fuertes tempestades», nos vemos interpelados por el Evangelio, la humanidad ha vivido dramas que, como olas violentas, han irrumpido sobre hombres y pueblos enteros, y, a veces, nos sale del alma preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); ¿por qué ocurren estos hechos?

El relato de la tempestad en el lago de Galilea, quiere ser una catequesis sobre la fe del discípulo y la identidad de Jesús. Quiere suscitar, antes que nada, una Fe suficientemente madura como para saber encontrar paz y serenidad, hasta en los momentos difíciles en que Dios parece estar ausente.

En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades crecen en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar, en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia, las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.  

“La tempestad calmada”. Jesús invita a sus discípulos a navegar por el lago para cruzar al otro lado. El lago al que se refiere es el de Genesaret, llamado también Mar de Galilea, Mar de Tiberíades o Lago de Kinneret. Es, en sentido estricto un lago de agua dulce que está al norte de Palestina al este de la Galilea. En sus orillas se encontraban muchas aldeas de las cuales se destaca Cafarnaúm. Es un lago más bien tranquilo pero que tiene la particularidad que en algunas circunstancias, por determinados elementos climatológicos, se generan vientos muy fuertes de manera repentina. Los vientos levantan el oleaje dificultando y haciendo peligrar la navegación. Esto es lo que ocurre en nuestro relato. Es importante agregar además que para los antiguos el mar simbolizaba el poder de lo desconocido e incluso los poderes negativos, contrarios al bien. Un mar embravecido era signo entonces de la presencia del mal y de las dificultades en la vida de un hombre o una comunidad. 

Los discípulos de Jesús comienzan a sentir inquietud cuando perciben que las mismas olas se meten en la barca y ésta se va llenando de agua. En ese momento se deciden a “despertar” al Maestro gritando dado que la dificultad es grande y Jesús está recostado y durmiendo. El Señor se despierta, se levanta y ordena con poder soberano al viento y al mar que se calmen. En ese mismo momento se produce la calma y todo queda totalmente tranquilo. Jesús entonces se dirige a sus discípulos con una doble pregunta donde conecta el miedo que ellos experimentan con la falta de confianza en Él. Ellos se asombran del poder de Jesús que manda con soberanía hasta el viento y el mar. Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con Él todo es posible.

No fue suficiente la habilidad de los apóstoles para superar la situación, fue necesaria la intervención del Señor para calmar el viento y las olas.
Muchas veces nos sentimos amenazados de distintas formas, la injusticia, la violencia y la corrupción, por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar adentro, hacia aguas profundas”. 
 

Si depositamos nuestra confianza en el Señor podremos encarar los problemas con serenidad. La virtud de la serenidad es una rara virtud que nos enseña ver las cosas desde el ángulo de la fe y darles su verdadero valor. Nos falta la serenidad cuando deformamos la realidad y hacemos de un grano de arena una montaña. Cuantas veces, los problemas que hoy nos parecen insalvables, al cabo de un tiempo nos damos cuenta de su insignificancia. La confianza en el Señor nos va a dar la serenidad de la mente, para no ser esclavos de nuestros nervios, o víctimas de nuestra imaginación.
La confianza en el Señor nos va a dar la serenidad del corazón, para no vernos consumidos por la ansiedad ni por la angustia. La confianza en el Señor nos va a dar también la serenidad en nuestra acción, para evitar el derroche inútil de nuestras fuerzas.
Sea en la tormenta, sea en la calma, Dios está presente. Y Él desea que nos demos cuenta de que está allí, en la vida de cada uno de nosotros, esperando que sepamos de su presencia silenciosa. El Señor está derramando sus gracias para guiarnos por esta vida que es la travesía que nos lleva a la otra: la Vida Eterna.

En la carta a los Corintios se expone la nueva humanidad que a través de la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del Señor.

 Hoy. Con frecuencia también se levanta la tempestad a nuestro alrededor o dentro de nosotros. Parece que nuestra pobre barca no aguanta más y que corre el riesgo de hundirse. Y puede darnos la impresión de que Dios guarda silencio; y las olas se nos vienen encima. Las dificultades de nuestra vida nos superan. Puede tratarse de enfermedades, dificultades económicas, la falta de trabajo, problemas con los hijos o en el matrimonio:  ¿Cuáles son hoy, las “olas” que inundan la barca de mi vida? ¿Cómo reacciono ante todo esto? ¿Podemos sentirnos abandonados, solos, indefensos, cuando sabemos que Jesús es más fuerte que todo lo que pueda dañarnos? ¿Confío o no confío en el Señor?

 

Oración. Pidamos a María, ella que frente a las muchas dificultades y dolores que debió pasar durante su vida, mantuvo siempre la confianza en el Señor y la serenidad del corazón y de la mente, que nos ayude a luchar con firmeza y perseverancia para adquirir la virtud de la serenidad, con la seguridad de que siempre vamos a contar con el auxilio del Señor para calmar la tempestad que nos amenaza.

Las pasiones son una realidad en nosotros. La imaginación puede turbar nuestras mentes. Los nervios existen en todos nosotros. Necesitamos depositar, como Santa Teresa nuestra confianza en el Señor. Ella decía:  

Nada te turbe, nada te espante. 

Todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia todo lo alcanza, Quien a Dios tiene, nada le falta Solo Dios basta.

Cuando nos hundimos por nuestros miedos:

 Ven con tu poder Señor…
Cuando nos hundimos por nuestras desesperanzas: Ven con tu poder Señor…
Cuando nos hundimos por el pecado en nuestra vida: Ven con tu poder Señor…

 

Cuarto domingo de Pascua, “Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 Quinto domingo de Pascua, “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”

 Sexto domingo de Pascua, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”

 Ascensión, “Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”

 Pentecostés, “Reciban el Espíritu Santo”  

Santísima Trinidad, “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

 Cuerpo y Sangre de Cristo, “Tomen, esto es mi Cuerpo”

 Décimo primer domingo, “El Reino de Dios es como…”

 Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119  

sábado, 12 de junio de 2021

"Jesús, el Reino y la Universalidad"


 Hola, les comparto el audio de la reflexión del decimo primer domingo durante el año 
del padre Juan José milano. 13 de junio 2021.

“El Reino de Dios es como…”

Décimo primer domingo, Lecturas 13-6-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así habla el Señor: Yo también tomaré la copa de un gran cedro, cortaré un brote de la más alta de sus ramas, y lo plantaré en una montaña muy elevada:  Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. El echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas.  
Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar el árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. Palabra de Dios. 
 

Salmo 91, R. Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.  R.

El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.  R.

En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.  R.  

2º carta de San Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos: Nosotros nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo.
Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

Jesús decía a la multitud: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.» También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.» Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.  Palabra del Señor. 

 

Reflexión:  

En el evangelio de hoy reflexionamos el tema del Reino de Dios y sabemos que el tema del Reino fue la pasión, la obsesión de Jesús, la causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fue perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús, no hay nada más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él. Es por eso por lo que nos preguntamos ¿Qué es el Reino de Dios?   

Experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, nos cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de la gente de su pueblo, Jesús busca en la vida y en los acontecimientos de la gente de su entorno, elementos e imágenes que puedan ayudarlos a percibir y experimentar la presencia del Reino. Con el motivo de descubrir las cosas de Dios en la vida diaria, ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios. 

El Reino de Dios es Dios.  En las enseñanzas de Jesús está implícito - como una condición fundamentalmente propia - el anuncio del Dios viviente. La palabra clave del anuncio de Jesús es: Reino de Dios. Sin embargo, Reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El Reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe. Dios vive. Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida - en mi vida. Dios no es una lejana "causa última", Dios no es el "gran arquitecto" del deísmo que ha construido la máquina del mundo y ahora estaría fuera - por el contrario, Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.  

La primera parábola que compartimos hoy habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate.  

La siembra de la semilla. El Señor ha escogido la figura de una semilla para explicarnos la presencia oculta del reino entre nosotros. Mirando una semilla nos damos cuenta de que ya tenemos la planta o el árbol en nuestras manos, pero no inmediatamente sino después de una espera y una evolución. La semilla contiene ya en ella la planta que deberá ser, pero sólo en germen, con una potencia que puede desarrollarse hasta llegar a tener una dimensión miles de veces mayor que la que tenía en sus comienzos. Así es el reino de Dios. Fue implantado por Jesús cuando derramó su Palabra, reunió a los primeros discípulos y entregó su vida para morir y resucitar por nosotros. En la persona de Jesús se hizo presente el reino, y Él es el comienzo de la nueva humanidad.

En la pequeña comunidad de los discípulos se comienza a vivir la nueva creación y se ven signos de que el reino ya está viniendo. Entre los cristianos se hace presente el Padre otorgando su perdón y su amor. Jesús congrega en su cuerpo resucitado a todos los creyentes para que formen una nueva comunidad donde todos sean hijos de Dios y hermanos entre sí. El Espíritu de Dios suscita los carismas y hace producir frutos de santidad. Cada vez que los discípulos se reúnen es para escuchar la Palabra de Dios y para participar en el comienzo del banquete del cielo, recibiendo el pan en el que se hace presente el mismo Jesús como alimento de vida eterna. La comunidad debe llevar ya los rasgos de alegría y de libertad que caracteriza a los hijos de Dios, el amor mutuo tiene que ser el aspecto más destacado en la vida de los cristianos.  

Pero si es verdad que todos esos rasgos indican de alguna manera que el reino se está haciendo presente en medio de los hombres, también es verdad que esos rasgos son muy modestos, y que además se dan con muchos contrastes y limitaciones porque junto a los ejemplos de santidad se verifican también las sombras del pecado. Pero las parábolas de Jesús nos enseñan que, a pesar de todas estas sombras, el reino ya está presente y –aunque nos haga esperar- llegará el momento en que se manifestará en su plenitud.  

La semilla de mostaza. La segunda parábola de esta lectura trata también sobre una semilla, pero en este caso, no es una semilla de trigo sino de mostaza. Se señala a propósito que es la más pequeña de las semillas que hay en el mundo. En realidad, es una semilla muy pequeña, que mide aproximadamente un milímetro, pero que al crecer es un arbusto bastante considerable (en la zona del lago de Galilea llega a tener aproximadamente un metro y medio o dos metros), que contrasta con sus comienzos.  

Como la parábola anterior, también ésta termina con una frase de un profeta. En este caso es una expresión del libro del profeta Ezequiel, tomada de la perícopa que se ha proclamado en la primera lectura de este día, en la que se describe el reino futuro como un gran cedro que será plantado en la tierra de Israel, y será tan grande que los pájaros irán a habitar a su sombra.  

En este caso se quiere mostrar el contraste entre los humildes comienzos y la grandeza del final. Con la parábola se responde a los impacientes que dudan de la venida del reino porque todavía no ven sus signos o ven que lo que se presenta como reino es todavía algo muy pequeño o muy humilde. A los contemporáneos de Jesús se les decía que el reino ya se hacía presente. Pero solamente veían a Jesús, que aparentemente no era más que un hombre como los demás. Era necesaria la fe para comprender que en Él estaba realmente el mismo Dios.

También a los primeros discípulos de los apóstoles se les enseñaba que la comunidad que había fundado Jesús debía mostrar los primeros signos de la presencia del reino. Vivir en la Iglesia era comenzar a vivir con el espíritu del reino, ya que éste se debía manifestar en el grupo de los seguidores de Jesús. Pero esta comunidad cristiana primitiva era muy modesta, tenía muchas deficiencias y además sufría persecuciones. Muchos impacientes se sentían con derecho a preguntarse si era verdad que el reino se estaba haciendo presente en la comunidad cristiana, ya que los signos eran tan poco promisorios.  

Hoy. No nos deben desanimar los obstáculos del medio que nos rodea. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestras manos, aunque nos parezca poca cosa -tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza- porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto, darán sus frutos.  

El Reino de Dios, incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza interna, que lo llevará hasta su total perfección; pero ese desarrollo del Reino no es algo que deba realizarse prescindiendo de nosotros, sino que somos nosotros los que debemos poner las condiciones necesarias, para que el Reino llegue a su total desarrollo en nosotros y en los demás.

Habrá muchos fracasos, habrá luchas, pero el crecimiento del reino de Dios tiene el éxito asegurado.  

Reino de Dios entre nosotros tiene sus efectos. Según el evangelio de Marcos la Buena Nueva del Reino anunciada por Jesús tiene como primer efecto reunir a las personas en torno a Jesús y entre sí, esto es, la formación de comunidades (Mc. 1,16-20).  

El segundo efecto es crear conciencia crítica en el pueblo oprimido frente a sus líderes (Mc. 1,21-22).  

El tercer efecto es combatir el poder del mal, expulsarlo, y así liberar al hombre (Mc. 1,23-28).  

El cuarto es restaurar y salvar la vida del pueblo para el servicio (Mc. 1,29-34).  

El quinto efecto es permanecer unido a la raíz que es el Padre, a través de la oración (Mc. 1,35).  

El sexto es mantener la conciencia de la misión y no encerrarse en los resultados obtenidos (Mc. 1,36-39).  

El séptimo resultado es liberar y reintegrar en la sociedad a los marginados (Mc. 1, 40-45).  

Jesús se presenta como el que viene a realizar las esperanzas del pueblo fomentadas y alimentadas, a lo largo de los siglos, por los profetas. Él se presenta como el Mesías-Siervo anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 61,1-2). Propone la realización del Año del Jubileo, es decir, "el año de gracia del Señor".   


 Tercer domingo de Pascua, “Ustedes son testigos de todo esto”

 

Cuarto domingo de Pascua, “Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 

Quinto domingo de Pascua, “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”

 

Sexto domingo de Pascua, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”

 

Ascensión, “Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”

 

Pentecostés, “Reciban el Espíritu Santo”

 

Santísima Trinidad,  “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

 

Cuerpo y Sangre de Cristo, “Tomen, esto es mi Cuerpo”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.  

Círculo Bíblico San José

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119

 

sábado, 5 de junio de 2021

Eucaristía: Cristo mismo, sella la alianza de Dios con el hombre. Padre Juan José milano.

  

Hola, les comparto el audio de la reflexión del padre Juan José Milano del domingo Cuerpo y Sangre de Cristo del 6 de junio 2021, bendiciones






Cuerpo y Sangre de Cristo

 
 “Tomen, esto es mi Cuerpo”

Lecturas 6-6-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.» Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.»              
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.»  
Palabra de Dios.          

Salmo 115, R. Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. R.       

¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.   

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo R         

Carta a los hebreos 9, 11-15          

Hermanos: Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua -no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado- entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.
Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente!
Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida. Palabra de Dios.    
 

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26  

El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?» El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.»     
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. 
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.» Palabra del Señor.  

 Reflexión: 

Este domingo la Liturgia de la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi, es decir la memoria particular de la presencia real de Jesús en el Pan y el Vino consagrado y compartido. Este día, nos invita a la meditación, para que pensemos la necesidad que tenemos, en nuestras vidas de alimentarnos, de recibir el Pan de Vida, en que es el propio Jesús que nos alimenta en cada Eucaristía.                 


El efecto más importante de la Sagrada Eucaristía es la íntima unión con Jesucristo. El mismo nombre de Comunión indica esta participación unitiva en la vida del Señor. Si en todos los sacramentos, por medio de la gracia que nos confieren, se consolida nuestra unión con Jesús, ésta es más intensa en la Eucaristía, puesto que no sólo nos da la gracia, sino al mismo Autor de la gracia: “Participando del Cuerpo del Señor en la fracción del pan eucarístico, somos elevados a una comunión con Él y entre nosotros”.      Porque, como dice S. Pablo en la carta a los corintios, “el pan es uno, nosotros somos muchos que formamos un solo cuerpo, y todos participamos de un único pan”. Precisamente, por ser la Eucaristía el sacramento que mejor significa y realiza nuestra unión con Cristo, es a la vez donde toda la Iglesia muestra y lleva a cabo su unidad.       

«En la cena, Jesús ofrece el pan («toman”) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacerse pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. Después de darle de beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». «Beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él, a dar la vida, si fuese necesario, por los otros.  

«Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. 

La presencia divina en nosotros. La eucaristía fue para las primeras comunidades el acto más espectacular imaginado. Los cristianos que la celebraban se sentían comprometidos a vivir lo que el sacramento significaba, conscientes de que recordaban lo que Jesús había sido y comprometiéndose a vivir como él vivió. 

Nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que Él nos dona su cuerpo una vez más, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, en el nutrirse de su Cuerpo y de su Sangre, que Él nos hace pasar del ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él.  

Para celebrar la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas, no basta tampoco cantar, santiguarnos o darnos la paz en el momento adecuado. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; oír las lecturas correspondientes y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie.

Entonces tendremos todos que preguntarnos ante el Señor: ¿cómo vivo la Eucaristía? ¿Cómo vivir la misa del domingo como una experiencia que renueve y fortalezca nuestra fe? ¿La vivo en forma anónima o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma mesa? 

Hoy, una vez más, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su cuerpo, se hace don, y también nosotros experimentamos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba jamás, una solidaridad que nunca termina, del sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo, la muerte.    

También hoy Jesús se dona a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos frenan nuestros pasos.

Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, aquel del servicio, del compartir, del donarse, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si es compartido se convierte en riqueza, porque es la potencia de Dios, que es la potencia del amor que desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.  

Entonces nos podemos preguntar, adorando a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor que se dona a mí, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño espacio y no tener miedo de donar, de compartir, de amarlo a Él y a los demás?                       

Seguimiento, comunión, compartir, recemos para que la participación en la Eucaristía nos mueva siempre a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo aquello que somos. Amén  

Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón. Amén

 

 Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.

En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.  

Con ocasión de la Solemnidad del Corpus Christi, el Papa Francisco animó a que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sea “un apoyo en medio de las dificultades”.

“Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean para cada uno de ustedes una presencia y un apoyo en medio de las dificultades, un consuelo sublime en el sufrimiento de cada día y una prenda de resurrección eterna”, alentó el Papa.

Además, el Santo Padre invitó a encontrar “en la Eucaristía, misterio de amor y de gloria, esa fuente de gracia y de luz que ilumina los caminos de la vida”.

Para ello, el Pontífice rezó para que la celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo “profundice nuestra conciencia de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.  

El Papa recordó que este mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús por lo que aconsejó pedir al Señor “que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y de audacia filial, así́ como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”.

 

Domingo de Pascua, “Cristo Vive”

 Segundo domingo de Pascua, “Señor mío y Dios mío”

Tercer domingo de Pascua, “Ustedes son testigos de todo esto”  

Cuarto domingo de Pascua, “Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 Quinto domingo de Pascua, “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”  

Sexto domingo de Pascua, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”  

Ascensión, “Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”  

Pentecostés, “Reciban el Espíritu Santo”  

Santísima Trinidad, “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.   

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies 
y una luz en mi camino”
Sal 119