Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 28 de agosto de 2021

"La intención del corazón"

 

Audio de la reflexión de las lecturas del vigésimo segundo domingo durante el año, 29 de agosto 2021, por el padre Juan José Milano.     

                                                              

“Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.”

 

Vigésimo segundo domingo, Lecturas 29-8-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo: Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: «¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!» ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, ¿está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Palabra de Dios. 

Salmo 14,    R. Señor, ¿quién se habitará en tu Casa?

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua.  R.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor.  R.

El que no retracta lo que juró, aunque salga perjudicado. El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. R  

Carta de Santiago 1, 17-18. 21b. 22. 27

Queridos hermanos: Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos. Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo. Palabra de Dios.  

Evangelio según san Marcos 7, 1-8.14-15. 21-23

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce y de las camas.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?» El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.»            
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»  Palabra del Señor.

 Reflexión  

Lo que nos eleva a Dios. Es antigua la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de ciertas formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales. También esta tentación acompañó al «pueblo de Dios», Israel -como a muchos otros pueblos, desde tiempos inmemoriales.

Sin embargo, como nos recuerda el Salmo, no son los muchos ornamentos ni el boato de las celebraciones lo que nos eleva a Dios, sino la justicia, la honestidad, la recta intención y el respeto. Anunciar la justicia y vivirla en el día a día constituye la exigencia fundamental de las Escrituras. Los rituales, las prescripciones, las ceremonias nos pueden ayudar a continuar por el camino de Dios, pero no pueden sustituirlo. Por esta razón, la exhortación que Moisés dirige a su pueblo se centra en la necesidad que tiene el pueblo de Dios de hacer una clara opción por el Dios de la libertad y por la justicia que los ha sacado de Egipto. De lo contrario, el sueño de la «tierra prometida» se puede convertir en una cruel pesadilla.  

Después de la multiplicación de los panes, Jesús se encuentra en los alrededores del lago de Genesaret, en la parte más alejada de Jerusalén, donde eran mucho menos estrictos a la hora de vigilar el cumplimiento de las normas de purificación.  

Preceptos humanos. *Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Los acompañan algunos escribas venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.

Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación. Según el profeta, esta es la queja de Dios:  "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí".

Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón "está lejos de Él". Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.  

Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido, cuando falta una escucha sincera de la Palabra de Dios, cuando falta el amor al hermano, la religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero en la que faltan los frutos de una vida fiel a Dios.  

La doctrina que enseñan son preceptos humanos. En toda religión hay tradiciones que son "humanas". Normas, costumbres, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de lo que Dios espera de nosotros. Nunca han de tener la primacía.  

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy fuertes: "Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana, lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas, por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial. *José Antonio Pagola  

Más allá de toda ley. En el evangelio de hoy se contrapone la práctica de los discípulos con la enseñanza de los letrados y fariseos. Jesús nos advierte de que nada que entra de afuera puede hacer al hombre impuro, está dejando muy claro que la voluntad de Dios no viene de afuera; solo se puede descubrir en el interior y está más allá de toda Ley.  

Lo que critica Jesús, no es la Ley como tal, sino la interpretación que hacían de ella. En nombre de esa Ley, oprimían a la gente y le imponían verdaderas torturas con la promesa o la amenaza de que solo así, Dios estaría de su parte. Daban a la Ley valor absoluto. Todas las normas tenían la misma importancia, porque su único valor era que estaban dadas por Dios. Esto es lo que Jesús no puede aceptar. La voluntad de Dios, o la encontramos dentro de nosotros, o no la encontraremos nunca. Lo que Dios quiere de nosotros, está grabado en nuestro mismo ser, y en él tenemos que descubrirlo.  

Es importante recordar que todo lo que nos enseñó Jesús, es la manifestación de su ser más profundo. “Todo lo que he oído a mi Padre, se los he dado a conocer”.  

El obrar sigue al ser, decían los escolásticos. Lo que haya dentro de ti, es lo que se manifestará en tus obras. Es lo que sale de dentro lo que determina la calidad de una persona, lo que comas te puede sentar bien o hacerte daño, pero no afecta a tu espíritu, el engaño está en confiar más en la práctica externa que en la actitud interna.  

¿Qué es ser puro de corazón? Los últimos versículos están destinados a todos: “Jesús llamó a la gente”, a raíz de la cuestión suscitada con las costumbres de los antepasados, el Señor aprovecha para dejar en claro que lo que hace impuro al hombre ante Dios, no es lo que entra por la boca sino las malas acciones que salen del corazón y de la boca del hombre. Jesús les muestra que lo que verdaderamente es importante no es solamente tener “limpias” las manos, sino el corazón:' Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios' (Mt 5, 8). De este modo, Cristo dirige al corazón humano una llamada: lo invita, no lo acusa.

Cristo ve en el corazón, en lo íntimo del hombre, la fuente de la pureza, pero también de la impureza moral. El Señor nos quiere libres, dispuestos a cambiar aquello que haya que cambiar, para no perder lo verdaderamente importante. Lo que debe gobernar nuestros actos es el amor, el que recibimos gratuitamente de Dios y que lo vivamos en cada cosa que hagamos.  

Hoy. La Palabra del evangelio de este domingo nos propone hacer un alto en nuestro camino y meditar como estamos en nuestro interior con las cosas que proceden de nuestro corazón:  

«Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.» Mc 7, 21-23.  

La Palabra escuchada debe ser discernida según el Espíritu para vivirla dócilmente en la vida cotidiana. El cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más en las prácticas piadosas de una cultura, pero si se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. Jesús nos invita a redescubrir la esencia del cristianismo en nuestra opción por construir la Utopía de Dios -lo que él llamaba «Malkuta Yavé», Reino de Dios- y por vivir de acuerdo con los principios del evangelio.  

Ven Señor Jesús, te necesitamos.  

 

Décimo cuarto domingo, “Dios ” El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”

 

Décimo quinto domingo,  “La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”

 

Décimo sexto domingo,“Eran como ovejas sin pastor”

 

Décimo séptimo domingo, “Vivir el reino de Dios, es compartir  nuestro pan”

 

Décimo octavo domingo, “El Pan espiritual que sacia los anhelos más profundos del corazón”

 

Décimo noveno domingo, “Yo soy el pan de Vida”

 

Vigésimo domingo, María, lugar de encuentro con Dios

 

Vigésimo primer domingo, “Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna” 

 

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa. 

 

Círculo Bíblico San José,  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119 

sábado, 21 de agosto de 2021

“Fidelidad y amor para aquel que nos liberó”


Hola, les comparto la reflexión de las lecturas del vigésimo primer domingo durante el año, 22 de agosto del 2021, por el padre Juan José Milano. Bendiciones.


“Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”

 

Vigésimo primer domingo, Lecturas 22-8-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b

Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo: «Si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor.»  El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. El nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde pasamos. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios.» Palabra de Dios.  

Salmo 33, R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!  

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren.  R.

Los ojos del Señor miran al justo y sus oídos escuchan su clamor; pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra.  R.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos.  R.

El justo padece muchos males, pero el Señor lo libra de ellos.  El cuida todos sus huesos, no se quebrará ni uno solo.  R.

La maldad hará morir al malvado, y los que odian al justo serán castigados; pero el Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados.  R.  

Carta Pablo a los cristianos de Éfeso 5, 21-32 

Hermanos: Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo. Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido.  
Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida.  Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su propia mujer como así mismo, y la esposa debe respetar a su marido. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

Muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»  Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.                    
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»           
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.     
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»  Simón Pedro respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.»   Palabra del Señor.

 Reflexión   

Señor ¿A quién iremos?  

El evangelio de hoy trae la parte final del Discurso del Pan de Vida. Se trata de la discusión de los discípulos entre sí y con Jesús y de la conversación de Jesús con Simón Pedro. Nos muestra las exigencias de la fe y la necesidad de un compromiso firme con Jesús y con su propuesta. “Este lenguaje es duro. ¿Quién puede escucharlo?” con esta expresión se refleja cómo diversos discípulos se volvieron atrás y ya no estaban dispuestos a recorrer el camino de Jesús. Hoy a nosotros nos puede pasar lo mismo. Estamos en un tiempo en que la vida cristiana debe ser vivida a la intemperie, a contracorriente, proclamando unos valores que el mundo entiende como contravalores y podemos ceder a la tentación de cobijar en nuestro corazón este pensamiento: esto es muy duro, ¿Quién puede cargar con esto? La decisión de quedarse o marcharse dependerá de que hayamos experimentado fuertemente su “pan de vida” y sus “palabras de vida eterna”. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida, o permanecer enredados en la pura materialidad. ¿En qué camino nos encontramos? ¿Cuál es nuestra decisión?  

Las palabras de Jesús dichas anteriormente (Discurso del Pan de Vida) provocan una fuerte resistencia entre los discípulos, que las consideran excesivas.  Han interpretado mal el anuncio de su muerte (El pan que voy a dar es mi carne para que el mundo viva), considerándolo una debilidad y un fracaso y, en consecuencia, se niegan a seguirle.  Conservan la concepción del Mesías rey que manifestaron con ocasión de reparto de panes.  Jesús les explica que su muerte es condición para la vida y que su realidad humana contiene la fuerza del Espíritu.  A pesar de su explicación, la mayor parte le abandona.

Los discípulos que ahora le abandonan, los judíos que murmuran y la gente que pretende hacerle rey y que le busca porque comió pan hasta saciarse, son las mismas personas con distintos nombres.  Representan a aquellos que se entusiasmaron con Jesús en un primer momento, considerándole como un profeta, pero no se decidieron a dar el paso decisivo de la fe cristiana, la entrega.  

“¿Esto los escandaliza?” Venimos de domingos acompañados por el signo del pan, donde Jesús clarifica su identidad y su misión: nos ubica. Vino porque el Padre lo envía y busca hacer su voluntad. 

Por si no se entiende, nos vuelve a clarificar: el Espíritu y la palabra son vida y dan vida. ¿Esto nos escandaliza? Si la Palabra no se transforma en vida, de nada sirve saberla, aprenderla. El Espíritu es vida y nos impulsa desde dentro, nos orienta hacia la vida verdadera, plena… es como el olfato: percibe desde dentro, atraído por el afuera… vida que busca Vida.  

Los discípulos encuentran duro el lenguaje de Jesús.  Les asusta el precio que es necesario pagar por tener vida, por seguirle y por seguir su causa.  Jesús, no obstante, da un paso más en sus enseñanzas, aunque esto signifique el alejamiento de algunos de sus seguidores. Opone el “espíritu” que es vida y fuerza, a la carne, a lo puramente material, es decir, entre dos concepciones de la persona y, en consecuencia, de Jesús y de su misión.  La condición indispensable para ser verdadero discípulo y poder identificarse con Él es la visión de la persona como “espíritu”, es decir, como realizada por la acción creadora del Padre, no meramente como “carne” o movida por los intereses egoístas.

A estas dos concepciones de la persona corresponden dos visiones de Jesús.  El Mesías “según la carne” es el rey que ellos han querido hacer, el que impone su gobierno, un Mesías político y triunfante. 

El Mesías “según el Espíritu” es el que se hace servidor de las personas hasta dar su vida por ellas, para comunicarles vida plena, es decir, libertad y capacidad de amar como Él.  La aceptación de tal Mesías implica la asunción de su persona y mensaje.  

En una sociedad que, tras proclamar la revalorización del cuerpo, muchos de los caminos emprendidos conducen a su trivialización y banalización, no son fáciles de entender las palabras de Jesús: “El Espíritu es quien da la vida; la carne no…”

Por otro lado, los diferentes medios martillean nuestros oídos con noticias, discursos y comunicados de última hora. Nos hemos convertido en una especie de pequeño radar impactado constantemente por palabras e imágenes que llegan de todo el mundo.  

¿A dónde iremos?  El problema no es “adónde” ir, sino a “quién”.  Hay una nube de gurús y maestros apostados en el camino “comprensivos” de nuestras debilidades, persuasivos, suministradores de palabras amigables, que nos ofrecen tranquilidad, seguridad, felicidad, novedad, etc., pero que nos dejan con el vacío, porque sus palabras son huecas.  Pedro prefiere permanecer al lado de Jesús, aunque no entienda mucho, porque sólo en Él ha encontrado palabras de vida. 

Hoy, Jesús nos desafía, nuestra vida es, toda ella, un camino de libertad y opciones, queramos o no, tenemos que elegir.  Unas veces lo hacemos conscientemente, otras de manera inconsciente, todas tienen su importancia.  Pero hay algunas, muy pocas, que nos marcan y orientan definitivamente.  El evangelio nos recuerda uno de esos momentos que marcó a Pedro y a los otros discípulos. Y nosotros, ¿a quién iremos? 

Toma Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo lo que tengo y poseo.

Tú me lo diste; A ti Señor, lo devuelvo; Todo es tuyo: dispone según tu voluntad.

Dame tu amor y tu gracia, Que esto me basta. Amén (San Ignacio de Loyola)

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna” (Jn 6,54)

 Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que esperar el más allá para recibir la vida eterna: la posee ya en la tierra como primicia de la plenitud futura, que abarcará al hombre en su totalidad. En efecto, en la Eucaristía recibimos también la garantía de la resurrección corporal al final del mundo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día » (Jn 6, 54). Esta garantía de la resurrección futura proviene de que la carne del Hijo del hombre, entregada como comida, es su cuerpo en el estado glorioso del resucitado. Con la Eucaristía se asimila, por decirlo así, el « secreto » de la resurrección. Por eso san Ignacio de Antioquía definía con acierto el Pan eucarístico «fármaco de inmortalidad, antídoto contra la muerte ». 

La tensión escatológica suscitada por la Eucaristía expresa y consolida la comunión con la Iglesia celestial. No es casualidad que en las anáforas orientales y en las plegarias eucarísticas latinas se recuerde siempre con veneración a la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, a los ángeles, a los santos apóstoles, a los gloriosos mártires y a todos los santos. Es un aspecto de la Eucaristía que merece ser resaltado: mientras nosotros celebramos el sacrificio del Cordero, nos unimos a la liturgia celestial, asociándonos con la multitud inmensa que grita: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero » (Ap 7, 10). La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino.

San Juan Pablo II (1920-2005), Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, 18-19.

Décimo tercer domingo, “Dios, es el Dios de la Vida”

 Décimo cuarto domingo, “Dios ”El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”

 Décimo quinto domingo,  “La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”

 Décimo sexto domingo, “Eran como ovejas sin pastor”

 Décimo séptimo domingo, “Vivir el reino de Dios, es compartir  nuestro pan”

 Décimo octavo domingo, “El Pan espiritual que sacia los anhelos más profundos del corazón”

 Décimo noveno domingo, “Yo soy el pan de Vida”

Vigésimo domingo, María, lugar de encuentro con Dios

 

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119