Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

lunes, 21 de junio de 2010

12º Domingo durante el año, "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?"

Lecturas del 20-6-10

Libro de Zacarías 12,10-11.13,1
Así habla el Señor: Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito.
Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido.
Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza. Palabra de Dios.

Salmo 63

R: Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R
Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R
Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R

Carta de San Pablo a los gálatas 3,26-29.
Hermanos: Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.
Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa. Palabra de Dios.

Evangelio según San Lucas 9,18-24.
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios".
Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. Palabra del Señor

Reflexión:

En su camino de anuncio del Reino, el Señor quiere, de manera particular, instruir a sus discípulos, para ello podemos dividir el Evangelio en tres partes:

1) La confesión mesiánica de Pedro (vv. 18-21); Para ello parte de una pregunta: ¿qué dice la gente acerca de mí? La pregunta no es superficial. El diagnóstico revela que “la gente” no ha captado quién es realmente Jesús. Todos los personajes que desfilan son “hombres”, grandes hombres de la historia de Israel pero sin referencia a la divinidad de Jesús.
Luego de las palabras de los discípulos Jesús les hará la misma pregunta a ellos mismos: ¿qué opinan ustedes?, ¿quién soy yo? Pedro responderá en nombre de todos: Tú eres el Mesías. La respuesta de Pedro es correcta. Que Jesús sea el Mesías significa que es aquel que todo el pueblo estaba esperando para que venga como salvador definitivo de todos los hombres, aquel que debía instaurar definitivamente el Reino de Dios. La afirmación de Pedro es toda una profesión de fe en Jesús como Mesías, Dios y Salvador. Es absolutamente correcta en su formulación.

2) El primer anuncio de la Pasión; A partir del versículo 22 cambia el “clima” del relato y Jesús comienza a narrar situaciones sobre su propia vida que nunca había dicho antes: va a sufrir mucho, será rechazado por los líderes religiosos del pueblo, lo van a matar y va a resucitar. Aparentemente los discípulos del Señor no entienden en profundidad la enseñanza de Jesús.
Lucas ha omitido la reprimenda que Jesús dirige a Pedro, cuando éste, ante el anuncio de la Pasión, se opone a ello. Como la figura del Mesías en la mente de los apóstoles estaba teñida de triunfalismos terrenos, Jesús les educa en ese gran misterio del Reino: su propia Pasión y Muerte (v. 22).

3) Las condiciones para el seguimiento de Cristo (vv. 23-24) El Señor realizará una primera “catequesis” sobre el tema de la cruz y el sufrimiento en la vida del discípulo que quiera realmente seguir a Jesús. La “suerte” del Maestro, de alguna forma, la va a experimentar en su propia vida; pasaje que nos recuerda el discurso apostólico de Mateo 10: condiciones que Jesús pide a sus seguidores: abnegación, disponibilidad absoluta y sufrimiento efectivo.
Si queremos ir con Jesús tenemos que aceptar sus condiciones y entenderlas como él las entiende. Negarse a sí mismo equivale a “no tener nada que ver” con la persona de la que se reniega. Negarse a sí mismo es descentrarse, no ser ya el centro de su propio proyecto. Es poner la vida entera al servicio del otro, en este caso el proyecto de Jesús. A esto Jesús le llama perder la vida por él. Y quien lo haga así “ganará”, salvará su vida. La condición que pone Jesús para seguirle no pretende quitarnos valor sino orientar nuestras energías y valores a la construcción del Reino que él inició negándose, también Él, a sí mismo, para cumplir en todo la voluntad del Padre.
¿En qué consiste cargar con la cruz? ¿Es acaso soportarlo todo sin chistar como si toda contrariedad nos la mandara Dios mismo? ¿Es someterse al dolor por el dolor, como si el dolor fuera un valor en sí mismo? Algo o demasiado de esto lo hemos entendido así y no tiene nada que ver con la condición que pone Jesús para que sigamos sus pasos. Jesucristo quiere decir que todos los discípulos tienen que estar dispuestos a vivir de la misma manera que él vivió, aun sabiendo que este estilo de vida les va a acarrear la persecución y quizá la muerte. Esa es la cruz de Jesús y también debe ser la nuestra. No nos inventemos cruces a la medida, no las busquemos ni nos preocupemos demasiado por ellas. Sigamos los pasos de Jesús y otros nos las pondrán encima antes de lo que pensamos.
Negarse a sí mismo y cargar con la cruz equivale, a que cada uno de nosotros, haga suyo el camino de Jesús. El se negó a tomar el poder y la fuerza y la fama como medios para servir y salvar a los hombres. Jesús escogió el único camino que conduce al corazón del hombre: la solidaridad con todos los necesitados de la tierra. Este fue el camino de Jesús y éste tiene que ser nuestro camino si queremos estar con él, si queremos seguirle.
Intentar seguir a Jesús desde la falta de compromiso, el pacto con los poderosos, aunque pueda parecer muy razonable, es un camino falso. Es “pensar como los hombres y no como Dios” .

“¿Quién dicen que soy?” *
Llaman al teléfono a una casa de familia y contesta una vocecita de unos cinco años... – Por favor, ¿está tu mamá? – No, señor, no está. – ¿Y tu papá? – Tampoco. – ¿Estás sola? – No, señor, estoy con mi hermano. El interlocutor, con la esperanza de poder hablar con algún mayor le pide que le pase a su hermano. La niña, después de unos minutos de silencio, vuelve a tomar el teléfono... – ¿Por qué no me pasas a tu hermano? Pregunta el hombre, ya un poco impacientado. – Es que no pude sacarlo de la cuna. Lo siento, dice la niña...

Al nacer, los seres humanos somos las criaturas más indefensas de la naturaleza. No podemos nada, no sabemos nada, no somos capaces de valernos por nosotros mismos para sobrevivir ni un solo día. Nuestra dependencia es total. Necesitamos del cuidado de nuestros padres o de otras personas que suplen las limitaciones y carencias que nos acompañan al nacer. Otros escogen lo que debemos vestir, cómo debemos alimentarnos, a dónde podemos ir... Alguien escoge por nosotros la fe en la que iremos creciendo, el colegio en el que aprenderemos las primeras letras, el barrio en el que viviremos... Todo nos llega, en cierto modo, hecho o decidido y el campo de nuestra elección está casi totalmente cerrado. Solamente, poco a poco, y muy lentamente, vamos ganando en autonomía y libertad.

Tienen que pasar muchos años para que seamos capaces de elegir cómo queremos transitar nuestro camino. Este proceso, que comenzó en la indefensión más absoluta, tiene su término, que a su vez vuelve a ser un nuevo nacimiento, cuando declaramos nuestra independencia frente a nuestros progenitores. Muchas veces este proceso es más demorado o incluso no llega nunca a darse plenamente. Podemos seguir la vida entera queriendo, haciendo, diciendo, actuando y creyendo lo que otros determinan. Este camino hacia la libertad es lo más típicamente humano, tanto en el ámbito personal, como social.
Pero no podemos quedarnos allí. No podemos detener nuestro camino en la afirmación de lo que otros dicen. Es indispensable llegar a afrontar, más tarde o más temprano, la pregunta que hace el Señor a los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Aquí ya no valen las respuestas prestadas por nuestros padres, amigos, maestros, compañeros... Cada uno, desde su libertad y autonomía, tiene que responder, directamente, esta pregunta.

Pedro tiene la lucidez de decir: “Tu eres el Mesías, e Hijo de Dios viviente”. Pero cada uno deberá responder, desde su propia experiencia y sin repetir fórmulas vacías, lo que sabe de Jesús. Ya no es un conocimiento adquirido “por medios humanos”, sino la revelación que el Padre que está en el cielo nos regala por su bondad.

La pregunta que debe quedar flotando en nuestro interior este domingo es si todavía seguimos repitiendo lo que ‘otros’ dicen de Jesús o, efectivamente, podemos responder a la pregunta del Señor desde nuestra propia experiencia de encuentro con aquél que es la Palabra y el sentido último de nuestra vida. Mejor dicho, la pregunta es si somos capaces de pasar al teléfono cuando él nos llama o si todavía dependemos de alguien para responder a su llamada...
La fe no escapa a esta realidad. Jesús era consciente de ello cuando pregunta primero a sus discípulos “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Es, como hemos visto, una etapa necesaria e inevitable de nuestra evolución como personas creyentes. Por allí comienza nuestra primera profesión de fe: “Algunos dicen que Juan el Bautista; otros dicen que Elías, y otros dicen...”
Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios(CIRE)

Preguntas para la Meditación:

¿Qué significa para nosotros hoy día el concepto de Mesías?

Cuál es mi respuesta a la pregunta de Jesús, “¿quién dicen que soy yo?"

¿Qué significa para mí de manera concreta hoy que cada uno de nosotros cargue “con su cruz de cada día y me siga”?

Mi profesión de fe:

• Cuando el miedo llegue a la puerta de mi vida quiero decir con todas mis fuerzas:
Tú eres el Mesías.
• Cuando me vea tentado de tomar otros caminos distintos a los tuyos, voy a decir:
Tú eres el Mesías.
• Cuando me sienta solo y desamparado, gritaré con todas mis fuerzas:
Tú eres el Mesías.

Aviso;
Queridos amigos, les mando el blog de la Fundación Di Pasquo: www.fundaciondipasquo.blogspot.com

Será un lugar de comunicación, noticias, trabajos, fotos, meditaciones evangélicas, el santoral del día, etc. También los invitamos a que uds. aporten reflexiones, vivencias, testimonios, sugerencias. Unidos en el Señor Jesús y en María Ssma.
P.Daniel Silva
Lecturas de la semana:

LUNES 21: 2Reyes 17, 5-8; Salmo 59; Mateo 7, 1-5.
MARTES 22: 2Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35ª. 36; Salmo 47; Mateo 7, 6. 12-14.
MIERCOLES 23: 2Reyes 22. 8. 10-13; 23. 1-3; Salmo 118; Mateo 7, 15-20.
JUEVES 24: Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Lucas1, 57-66. 80.
VIERNES 25: 2Reyes 25, 1-12; Salmo 136; Mateo 8, 1-14.
SABADO 26: Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19; Salmo 73; Mateo 8, 5-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación del presente: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria. Lectionautas.com. Servicio Bíblico Latinoamericano.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

3 comentarios:

Eclesalia dijo...

ISSN: 1579-6345
ecleSALia 16 de junio de 2010

12 Tiempo ordinario (C) Lucas, 9, 18-24
¿CREEMOS EN JESÚS?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 16/06/10.- Las primeras generaciones cristianas conservaron el recuerdo de este episodio evangélico como un relato de importancia vital para los seguidores de Jesús. Su intuición era certera. Sabían que la Iglesia de Jesús debería escuchar una y otra vez la pregunta que un día hizo Jesús a sus discípulos en las cercanías de Cesarea de Filipo: «Vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Si en las comunidades cristianas dejamos apagar nuestra fe en Jesús, perderemos nuestra iden-tidad. No acertaremos a vivir con audacia creadora la misión que Jesús nos confió; no nos atreve-remos a enfrentarnos al momento actual, abiertos a la novedad de su Espíritu; nos asfixiaremos en nuestra mediocridad.
No son tiempos fáciles los nuestros. Si no volvemos a Jesús con más verdad y fidelidad, la des-orientación nos irá paralizando; nuestras grandes palabras seguirán perdiendo credibilidad. Jesús es la clave, el fundamento y la fuente de todo lo que somos, decimos y hacemos. ¿Quién es hoy Jesús para los cristianos?
Nosotros confesamos, como Pedro, que Jesús es el "Mesías de Dios", el Enviado del Padre. Es cierto: Dios ha amado tanto al mundo que nos ha regalado a Jesús. ¿Sabemos los cristianos aco-ger, cuidar, disfrutar y celebrar este gran regalo de Dios? ¿Es Jesús el centro de nuestras celebra-ciones, encuentros y reuniones?
Lo confesamos también "Hijo de Dios". Él nos puede enseñar a conocer mejor a Dios, a confiar más en su bondad de Padre, a escuchar con más fe su llamada a construir un mundo más fraterno y justo para todos. ¿Estamos descubriendo en nuestras comunidades el verdadero rostro de Dios encarnado en Jesús? ¿Sabemos anunciarlo y comunicarlo como una gran noticia para todos?
Llamamos a Jesús "Salvador" porque tiene fuerza para humanizar nuestras vidas, liberar nues-tras personas y encaminar la historia humana hacia su verdadera y definitiva salvación. ¿Es ésta la esperanza que se respira entre nosotros? ¿Es ésta la paz que se contagia desde nuestras comuni-dades?
Confesamos a Jesús como nuestro único "Señor". No queremos tener otros señores ni someter-nos a ídolos falsos. Pero, ¿ocupa Jesús realmente el centro de nuestras vidas? ¿le damos primacía absoluta en nuestras comunidades? ¿lo ponemos por encima de todo y de todos? ¿Somos de Je-sús? ¿Es él quien nos anima y hace vivir?
La gran tarea de los cristianos es hoy aunar fuerzas y abrir caminos para reafirmar mucho más la centralidad de Jesús en su Iglesia. Todo lo demás viene después.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Monseñor Carmelo Juan Giaquinta, dijo...

¿QUIÉN ES JESÚS?

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el domin-go 12º durante el año (20 junio 2010) - Lc 9,18-24

I. “QUIÉN DICE LA GENTE QUE SOY YO?”
1. En la lectura del evangelio de hoy constatamos que la gente se pregunta sobre quién es Je-sús y se da muchas respuestas: “Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado” (Lc 9,19).
La pregunta sobre Jesús se plantea a lo largo de todo el Evangelio de San Lucas. Y no a modo de adivinanza, o como la pregunta del millón. Sino como una pregunta que exige una respuesta vi-tal. Jesús, por su simple existencia, inquieta y cuestiona.
2. A veces la pregunta se explicita. “¿No es este el hijo de José?”(Lc 4,22), se preguntaban sus compaisanos, entre contentos de tener a un vecino famoso, y descreídos porque uno como ellos hablase tan bien y realizase las obras maravillosas de las que les llegaba la fama.
Hay preguntas y respuestas de todos los colores. Las hay de buena fe. Juan Bautista envía a dos de sus discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Lc 7,19). Jesús se contenta respondiéndoles que observen cómo se cumplen en él lo anun-ciado por los profetas. Herodes también se inquieta por su mala conciencia: “A Juan lo hice deca-pitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?” (9,9).
3. Otros se preguntan de mala fe, y, sin detenerse a considerar la cuestión, se responden de antemano: “¿Quién es éste que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino solamente Dios?” (Lc 5,21). Respuestas prefabricadas sobre Jesús hay a montones: “Es un glotón y un borra-cho, amigo de publicanos y pecadores” (7,34). Es un endemoniado: “Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios” (11,15). La pregunta más prejuiciosa es la del senado judío: “Dinos si tú eres el Mesías”. A la respuesta indirecta de Jesús, contraatacan: “¿Entonces eres el Hijos de Dios?”. Y como Jesús les responde abiertamente, ya dictan sentencia: “¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca” (22,67-71).

II. “USTEDES ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?”
4. Llama la atención que las preguntas y respuestas más prejuiciosas sobre Jesús provengan de hombres cercanos y religiosos: los compaisanos, los escribas, los fariseos y los ancianos del pue-blo. Ellos no pueden dar ninguna repuesta adecuada, porque el prejuicio les clausura la mente y el corazón.
¿No encierra esto un mensaje para nosotros hoy? Estoy convencido de que hemos de aprender a leer estos pasajes de manera nueva. No sólo como anécdotas dolorosas del pasado que le acon-tecieron a Jesús, sino como “evangelio” o “profecía” para el presente. A saber: lo que sucedió en-tonces entre aquellos hombres y Jesús, nos puede suceder a los hombres religiosos de hoy: cris-tianos practicantes, agentes pastorales, ministros ordenados.

Mons. Carmelo Juan Giaquinta dijo...

5. Por ello conviene que nos dejemos interpelar por Jesús: “Ustedes ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9,20). A esta pregunta no podemos responder de memoria, como quien sabe la lección. Si así lo hiciésemos, la gente no nos creería. Hemos de responder no sólo con la mente, sino desde el corazón. Para ello es preciso purificarlo de todos nuestros prejuicios que intentan fabricar un Cristo a su propia medida.
6. Le sucedió a Pedro. A la pregunta de Jesús, “Pedro, tomando la palabra, respondió: ‘Tú eres el Mesías de Dios” (v. 20). Si bien en el evangelio de Mateo, Jesús felicita a Pedro por su confesión de fe, los tres evangelios sinópticos traen enseguida un reproche de Jesús: “Y él les ordenó termi-nantemente que no lo digan a nadie” (Lc 9,21; cf Mt 16,22-23; Mc 8,30-33). Ello se debe a que, si bien Pedro decía algo cierto, que Jesús es el Mesías, pensaba en un Mesías entendido a su medi-da: un Mesías que no pasase por la ignominia de la cruz. Por ello, la orden terminante de Jesús de no decirlo a nadie. Todavía el día de la ascensión, los apóstoles piensan a Jesús como un Mesías terreno. “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” (Hch 1,6).
7. Por ello, Jesús completa su enseñanza sobre el Mesías: “El hijo del hombre, les dijo, debe su-frir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” (Lc 9,22). Y, a continuación, Jesús completa la enseñanza sobre su discípulo: “Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (v. 23).
8. A la luz de la lectura de hoy, vale la pena que nos preguntemos si nuestra fe en Cristo es conforme al Evangelio, o si predicamos un Cristo fabricado a nuestra medida. Porque el Cristo del Evangelio puede ser rechazado, pero también puede ser creído. Y vale la pena fatigarse por él. En cambio si predicásemos a un Cristo según nuestras fantasías, correríamos en vano (cf Ga 2,2).

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, obispo emérito de Resistencia