¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
sábado, 29 de agosto de 2020
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?
Vigésimo segundo domingo
Lecturas 30-8-20, Ciclo A
Ven Espíritu Santo, ayúdame a abrir mis ojos y mis oídos a tu Palabra y a meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y pueda saborearla y comprenderla. Habla Señor, que yo te escucho, porque tus palabras son para mi vida, alegría y paz. Amén
Libro del profeta Jeremías 20, 7-9
¡Tú me has seducido, ¡Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí. Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: «¡Violencia, devastación!» Porque la palabra del Señor es para mí oprobio y afrenta todo el día. Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía. Palabra de Dios.
Salmo 62, R. Mi alma tiene sed de ti, Señor,
Dios mío.
Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.
Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R.
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R.
Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus
alas. Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R.
Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse
ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el
culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por
el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que
puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le
agrada, lo perfecto. Palabra de Dios.
Evangelio según san Mateo 16, 21-27
Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y
sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los
escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer
día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita,
Señor, eso no sucederá.» Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro:
«¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus
pensamientos no son los de Dios, sino los de los
hombres.»
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que
renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera
salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la
encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si
pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de
sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.» Palabra del Señor.
Reflexión: Jesús y Pedro, frente a frente.
Esto no quiere decir que Jesús busca arbitrariamente el sufrimiento, ni para Él ni para los demás, como si éste encerrara algo especialmente grato a Dios. Es una equivocación creer que uno sigue más de cerca de Jesús si busca sufrir sin necesitad alguna. Cada uno se tiene que hacerse cargo de la Vida que Dios nos regaló y vivirla en su plenitud significa también enfrentar momentos adversos y difíciles, y cada uno ellos lo podemos abordar solos o acompañados por el Espíritu de Dios que habita en nosotros. Por eso lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud con que una persona asume las cruces que nacen del seguimiento de Jesús.
El sentido de nuestra existencia. Muchas veces, absortos por tantas preocupaciones e inquietudes, nos olvidamos de las cosas verdaderamente esenciales de la vida y perdemos a menudo la brújula y el sentido de nuestra existencia. Hacemos muchas cosas y nos afanamos en una y mil actividades sin reparar en por qué o para qué de todo aquello.
En el Evangelio de hoy, el Señor nos dirige una pregunta sumamente importante y trascendental, más aún, de la respuesta que demos a ese interrogante depende el sentido y el futuro de nuestra misma existencia: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?
Es ésta una de las preguntas que atraviesan de polo a polo la historia de la humanidad y ante la cual nadie puede quedar indiferente.
Hoy la Palabra nos propone meditar dos posibilidades contrapuestas: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”. Estas dos posibilidades contrapuestas iluminan el sentido del seguir a Jesús con la cruz partiendo de la idea de la vida. La meta del discipulado es encontrarla, lo cual corresponde al deseo más profundo de todo ser humano. El discipulado, bajo la perspectiva de la cruz, no es un camino de infelicidad, todo lo contrario: si no de encontrar ¡El sentido último del seguimiento, la vida!
¿Cuál es el verdadero valor de la vida? Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida. El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja.
El segundo camino consiste en saber “perder”, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás.
Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el
conseguir lo mejor exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del
gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo,
entonces mi verdadero ser queda sometido al falso yo.
Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud
despegándonos de todo apego. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será
fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi
necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y humano me
sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es
lo que me hace crecer en mi verdadero ser.
¿Cuál camino consideramos conduce al ser humano a la perdición o a su salvación?
Arriesgarlo todo. No es fácil asomarse al mundo interior de Jesús, pero en su corazón podemos intuir una doble experiencia: su identificación con los últimos y su confianza total en el Padre. Por una parte, sufría con la miseria, injusticia, desgracias y enfermedades que hacen sufrir tanto. Por otra, confiaba totalmente en ese Dios Padre que nada quiere más que arrancar de la vida lo que es malo y hace sufrir a sus hijos.
Jesús estaba dispuesto a todo por hacer realidad el deseo de Dios y por ver cuanto antes un mundo diferente: el mundo que quería el Padre. Y, como es natural, quería ver entre sus seguidores la misma actitud. Si seguían sus pasos, debían compartir su pasión por Dios y su disponibilidad total al servicio de su reino. Quería encender en ellos el fuego que llevaba dentro.
Ven Señor Jesús, te necesito
Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Fray Marcos.
Círculo Bíblico San José,