Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 23 de julio de 2011

17º Domingo durante el año, “¿Comprendieron todo esto? ¿Cuál es el tesoro más valioso en sus vidas?”

Lecturas del 24-07-11– Ciclo A –

Primer libro de los Reyes 3, 5-6a. 7-12

En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: «Pídeme lo que quieras.»
Salomón respondió: Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?
Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: «Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti.» Palabra de Dios.

Salmo 118

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

El Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras. Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. R.
Que tu misericordia me consuele, de acuerdo con la promesa que me hiciste. Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré, porque tu ley es toda mi alegría. R.
Por eso amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino. Por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. R.
Tus prescripciones son admirables: por eso las observo. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. R.

Pablo a los cristianos de Roma 8, 28-30

Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 44-52

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?
«Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.» Palabra del Señor.

Reflexión

Las lecturas de hoy son un llamado al cambio de actitudes de nuestras prácticas, lo nuevo es el símbolo de la buena nueva, la palabra que se da gratuitamente al mundo, y lo viejo es el signo de las costumbres erradas y que van por un camino diferente a de la enseñanza de Jesús.

La primera lectura nos muestra a Salomón pidiéndole a Dios la sabiduría,... un corazón comprensivo para discernir entre el bien y el mal. La palabra de Dios nos muestra el rumbo que tienen que tomar nuestras preocupaciones y nuestros desvelos.
Y el Evangelio nos presenta tres parábolas del reino de los Cielos: el tesoro escondido, la perla de gran valor y la red que echan en el mar y que recoge toda clase de peces, unos buenos y otros malos.
Evidente es el llamado que hace el Señor a la conversión. El que se encuentra con el tesoro está llamado a convertirse, pero esta conversión lo debe llevar a dejar las cosas viejas para hacerse de cosa nuevas.

El tesoro escondido y La joya fina

La parábola del tesoro escondido y de la joya fina, en ambas Jesús compara estas cosas valiosas con el Reino de Dios.
La razón de ser de este evangelio esta en el discernimiento y la elección a la que están llamados los discípulos, elegir entre los valores verdaderos o los valores falsos.
Debemos entender que el tesoro es un regalo gratuito de Dios, por eso el texto dice, un tesoro encontrado en el campo, pero que para poder acceder a él nos debemos desprender de todo lo que nos impide hoy vivirlo con plenitud. Pero que para comprenderla y hacerla propia, se debe tener una actitud de desprendimiento de las riquezas que muchas veces hay en el corazón de los hombres.
Jesús necesita que sus discípulos comprendan que lo más valioso en sus vidas es el regalo de la palabra que se les ha dado; como ya sabemos a ellos se les ha concedido el conocimiento de los misterios del Reino de los cielos.

La dinámica de esta parábola se basa en tres verbos: Va, Vende y Compra.
Va, es decir, salir de donde estamos, implica cambiar de actitud, dejar todas las cosas superficiales que no nos llevan a una felicidad eterna, buscar un rumbo nuevo.
El vender todo lo que se posee o vender todas las joyas que guardamos, es la clave para poder acceder al tesoro del Reino de Dios, esto significa renunciar a las cosas del mundo que nos atan y esclavizan, que no nos hacen libres, ese es el desafío para aquellos que desean gozar de las maravillas del Reino de Dios.
Compra, es decir ya despojado de lo anterior, se adquiere la nueva condición, el verdadero tesoro. Pero para adquirirlo hay que pasar por los otros dos verbos anteriores.

La red de pescar

Jesús compara el Reino de Dios con una Red de pescar, los símbolos: los peces son los hombres de toda clase, raza y cultura.
El ser una sola red donde se recogerán toda clase de peces, indica como en la hora del juicio final se juzgará a todos a un mismo tiempo, pero de manera individual, separando a los buenos de los malos. Claro mensaje de Jesús para anunciar que pasará con las personas que rechazaron dejarlo todo por el tesoro, dice así en el texto: A las malas las echarán en el infierno, y allí tendrán tanto horror que llorarán y rechinarán los dientes.»
Esta elección será la clave para formar parte del reino de los cielos. Descubrir el mensaje que se revela por Jesús y su reinado, abre los horizontes hacia una nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.

El proyecto del «Reino de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó de una gran riqueza nuestra existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre necesario venderlo todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de su absoluta posesión, como su mayor riqueza.
En cada una de las dos parábolas hay, en realidad, dos actores: uno manifiesto, que va, vende, compra, y otro escondido, sobreentendido. El actor sobreentendido es el antiguo propietario que no se percata de que en su campo hay un tesoro y lo liquida al primero que se lo pide; es el hombre o la mujer que poseía la perla preciosa, y no se da cuenta de su valor y la cede al primer comerciante que pasa, tal vez para una colección de perlas falsas. ¿Cómo no ver en ello una advertencia dirigida a nosotros en acto de vender nuestra fe y herencia cristiana?
Para el seguidor de Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda, ateniéndose muchas veces a su herencia legalista, que no les permite salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la existencia de los demás, se enfrentan en estas parábolas a las personas que han encontrado un sentido que creían perdido para sus vidas y se arriesgan al cambio y a la novedad, poniéndose en marcha en la construcción de proyectos alternativos que construyan hermandad solidaria entre los seres humanos y se comprometen en afianzar, desde la práctica concreta, los valores de vida y justicia que han encontrado.

¿Qué quería decir Jesús con las dos parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa? Más o menos esto. Ha sonado la hora decisiva de la historia. ¡Ha aparecido en la tierra el Reino de Dios! Concretamente, se trata de él, de su venida a la tierra. El tesoro escondido, la perla preciosa, no es otra cosa sino Jesús. Es como si Jesús con esas parábolas quisiera decir: la salvación ha llegado a vos gratuitamente, por iniciativa de Dios, tomen la decisión, no la dejen escapar. Este es tiempo de decisión. Vivimos en una sociedad que vive de seguridades. Se asegura contra todo, entre todos, el más importante y frecuente es el seguro de vida.
Pero reflexionemos un momento: ¿a quién le es útil un seguro tal y contra qué nos asegura? ¿Contra la muerte? ¡Ciertamente no! Asegura que, en caso de muerte, alguien reciba una indemnización. El reino de los cielos es también un seguro de vida y contra la muerte, pero un seguro real, que sirve no sólo a quien se queda, sino también a quien se va, a quien muere. «Quien cree en mí, aunque muera, vivirá», dice Jesús. Se entiende entonces también la exigencia radical que un «asunto» como éste plantea: vender todo, desprenderse de todo. En otras palabras, estar dispuestos, si es necesario, a cualquier sacrificio. No para pagar el precio del tesoro y de la perla, que por definición son «sin precio», sino para ser dignos de ellos.


Preguntas para la meditación

¿He descubierto verdaderamente el Reino de Dios en mi vida? ¿Siento mi vida llena de gozo y alegría por ese hallazgo? ¿Soy capaz de venderlo todo por ese tesoro, por esa perla? ¿He dejado mis cosas viejas atrás para recibir las cosas nuevas que me vienen de Dios?

Se me ha regalado el tesoro de la palabra de Dios, ¿comparto la alegría de este regalo con los demás?

Te doy las gracias Jesús, porque me has regalado el tesoro de tu palabra.
Te doy gracias porque me enseñas cuales son las riquezas verdaderas.
Quiero dejar atrás todas las cosas viejas, quiero olvidarme Señor de las cosas que yo creía que eran mis tesoros, para poder dejar en mi corazón el único verdadero tesoro, que es tu palabra.
Hazme parte de tu Reino eterno Señor, para poder contemplar tu rostro llegado el fin de los tiempos, dame un corazón compresivo para que apegado a tus mandatos, de frutos buenos y pueda compartir con los demás el tesoro que ha recibido gratuitamente de ti. Amén.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que Yo pueda escuchar tu voz y seguirte.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa. La muerte, el juicio y la eternidad se acercan. Es necesario renovar mi fortaleza, para que Yo no pare en el camino y por eso Yo te necesito. Se está haciendo tarde y la muerte se aproxima, tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. O como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, Yo te necesito.
P. Pio

Lecturas de la Semana

Lunes 25: 2Cor. 4, 7-15; Sal 125; Mt.20, 20-28.
Martes 26: Ecl. 44,1. 9-15; Sal 131; Mt. 13, 16-17.
Miércoles 27: Ex . 34, 29-35; Sal 98; Mt. 13, 44-46.
Jueves 28: Ex 25, 8-9, 40. 16-21. 34-38; Sal 83; Mt. 13, 47-53.
Viernes 29: 1 Jn. 4, 7-16; Sal 33; Jn 11, 19-27.
Sábado 30: Lv. 25, 1. 8-17; Sal 66; Mt. 14, 1-12.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com. Padre Raniero Cantalamessa:


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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viernes, 15 de julio de 2011

16º Domingo durante el año, “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre”

Lecturas del 17-07-11– Ciclo A –

Libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos. Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder, y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios.

Salmo 85

R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti, y glorificarán tu Nombre, Señor, porque tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas. R.
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí. Fortalece a tu servidor, salva al hijo de tu servidora. R.

Carta de Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 24-43

Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?
El les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo. Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?
"No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero."»
También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»
Después les dijo esta otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.» El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!» Palabra del Señor.

Reflexión:

Parábolas de la cizaña, del grano de mostaza y de la levadura.

Esta parábola sólo se encuentra en Mateo, Marcos y Lucas no la traen. Cuenta una escena de la vida cotidiana en palestina: el dueño del campo siembra buena semilla; el enemigo que trata de perjudicarle sembrando cizaña en medio del trigo; la relación entre el amo y sus siervos… Todo parece normal, excepto la sorprendente reacción del dueño del campo: “Dejen que ambas semillas crezcan juntas”. Esto es lo que más debió chocar a los oyentes de Jesús. Seguramente les hizo pensar si la extraña decisión del dueño del campo era acertada. Y aquí su mensaje central.

¿Por qué esta parábola? Jesús no reunió una comunidad de puros sino que dirigía su mensaje a los pecadores. Esta actitud provocó entre sus adversarios una dura oposición. Con esta parábola, Jesús justifica su actuación: mientras llega el memento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia. La parábola muestra que el reino de Dios se hace presente en la ambigüedad de la historia y que el comienzo de éste no supone la erradicación del mal. Hay que esperar hasta el final para distinguir el grano bueno de las plantas inútiles. Mientras tanto, el juicio sobre cada grupo o persona está en suspenso. Todos pueden transformarse y mejorar. La división del mundo, de las personas, de las realidades de los grupos en buenos y malos, queda descalificada. Frente a la impaciencia de los que no pueden ver juntos el bien y el mal, está la paciencia histórica. Éste y todos los tiempos de paciencia histórica, de espera paciente y lúcida, de aguante activo. No precipitemos los juicios, no nos hagamos jueces definitivos. El fácil recurso a dividir a las personas en buenas y malas no sólo es simple e inexacto, sino que vulnera también los criterios del Reino.

La cuestión no es ya si el trigo y la cizaña pueden crecer juntos o no sino el discernimiento que tendrá lugar en el día del juicio. El juicio final, descrito con la simbología de aquella época, sirve para asegurar que la destrucción del mal llegará realmente un día.

El problema del mal es uno de los que más ha preocupado siempre a la humanidad. ¿Qué sentido tiene? ¿Cuál es su origen? ¿Quién es su responsable? ¿Por qué nos viene? ¿Cómo puede Dios permitir tanta desgracia entre personas inocentes?

Esta parábola parece afirmar que la presencia del mal no es como una ciega e inevitable fatalidad. ¡Un enemigo sembró la cizaña mientras el dueño y la gente dormían! Hay causas, decisiones, opciones… muchas veces intrahistóricas, humanas… Otra observación a tener en cuenta: Demasiadas veces buscamos demonios o chivos expiatorios para echarles la culpa y dar así una explicación cómoda a los males propios o ajenos. Es lo más fácil. No asumimos la parte de responsabilidad que nos corresponde y, en consecuencia, no ponemos los remedios precisos. Tendemos a juzgar y condenar al vecino sin cuestionar nuestra propia conducta. En este marco cobra sentido la sorprendente reacción del amo de la finca, que deja crecer juntas la buena y la mala semilla. Con ello, Jesús vino a decirnos que es preciso ser cautos y pacientes; que no hemos de convertirnos principalmente en jueces, y que el juicio corresponde en última instancia, a Dios.
El grano de mostaza y la levadura

Estas dos parábolas casi son gemelas en contenido y forma. El aspecto más llamativo en ambas es el contraste que existe entre la situación inicial y el resultado final.

A través de estas comparaciones, Jesús habla del Reino que ha comenzado con su vida y su praxis. Su presencia es por ahora germinal, su apariencia, como la del grano de mostaza y la levadura, es insignificante, pero lleva dentro una fuerza transformadora que ha prendido ya en la historia, y su crecimiento es irreversible. He aquí la fuerza y la debilidad del Reino iniciado por Jesús. Esta es la paradoja del Evangelio, que aparece fuertemente acentuada por el contraste entre el grano de mostaza que se siembra y el árbol que se hace, y entre la pequeña cantidad de levadura y la enorme cantidad de harina (medio quintal=unos 39 kg) que acabó de fermentar. Para Mateo, que conocía ya el éxito de la misión cristiana entre los paganos, estas parábolas representan una confirmación del camino emprendido y un estímulo para seguir haciendo presente en medio del mundo la fuerza transformadora del Reino.

Las dos parábolas destacan también la acción histórica de los seres humanos: “el reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que sembró un hombre”; “el reino de los cielos se parece a un poco de levadura que metió una mujer”. O sea, que reino de Dios necesita su realización, el trabajo y la acción de los hombres y mujeres. Nuestra vida, nuestro compromiso histórico, nuestra acción política no es ajena a la presencia del Reino.

La levadura introducida en la masa es, ante todo, el mismo Jesús: no tuvo una actuación espectacular, sino que se metió en el seno de los problemas del pueblo y actuó con sencillez, desde a dentro de ellos. Se hizo cargo de la realidad, cargó con ella y se encargó de ella. Su fuerza parecía pequeña, y fácilmente lo eliminaron, pero en su debilidad se escondía la fuerza transformadora de Dios. Dios obra desde dentro de la masa, en el corazón de la historia, no al margen de las realidades humanas y sociales... Por eso el Reino surge cuando la levadura se introduce en la masa. Si la levadura no se mezcla e introduce en las realidades sociales, en el corazón del mundo, esta sociedad no fermentará y seguirá sin ser Reino.

¡Ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo! Para trabajar de esta forma es preciso llenarse de Jesús, seguir a Jesús.

Para que oremos…

¿Me meto en las entrañas de Jesús cuando explicaba estas parábolas?
Me meto dentro de mí mismo para sorprenderme y ver las semillas y frutos del Reino. Luego callo y escucho:

· Soy semilla del Reino.
· El Reino está presente ya en la historia.
· No llega súbitamente, pero hay signos.
· Actúa y se revela en los pequeños y desde lo pequeño.
· Hay que dejarse fermentar para fermentar a los demás.
· Tiene sentido la historia humana. Es historia de salvación.

Pbro. Daniel Silva

ORACIÓN

Señor, gracias por darme tu palabra, gracias porque esta es la brújula que conduce mi vida, y sin ella estoy extraviado.
Tú eres Señor, el sembrador y dueño de la tierra,
En ti Señor encuentro la semilla que debe germinar en mi corazón, para poder ser fuerte con un árbol donde puedan anidar los pájaros.
Arranca de mi corazón la cizaña que en el descuido he dejado crecer en mi espíritu.
Dame fuerza Señor, para infundir tu palabra en todos los lugares donde me envíes.
Señor gracias por explicarnos las escrituras, gracias por revelarnos los secretos para poder llegar a ti y no ser quemados como la cizaña.
Danos un espíritu fuerte como el tuyo Señor para poder estar alertas a las invitaciones del maligno. Amén.

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida y sin ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad…
P. Pio

Lecturas de la Semana

Lunes 18: Ex 14, 5-18; Sal Ex 15, 1-6; Mt.12, 38-42.
Martes 19 Ex 14, 21-15,1; Sal Ex 15,8-9; Mt. 12, 46-50.
Miércoles 20: Ex 16,1-15; Sal 77; Mt. 13, 1-9.
Jueves 21: Ex 19,1-20; Sal Dn Gr 3, 52-56; Mt. 13, 10-17.
Viernes 22: C Cantares 3, 1-4; Sal 62; Jn 20, 1-18.
Sábado 23: Ex.24,3-8; Sal 49; Mt. 13, 24-30.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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viernes, 8 de julio de 2011

15º Domingo durante el año, La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.

Lecturas del 10-07-11– Ciclo A –
Lecturas del 10-07-11– Ciclo A –

Libro del profeta Isaías 55, 10-11

Así habla el Señor: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra de Dios.

Salmo 64

R. La semilla cayó en tierra fértil y produjo fruto.

Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales. R.

Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros bendices sus brotes. R.

Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosa la abundancia; rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo: todos ellos aclaman y cantan. R.

Pablo a los cristianos de Roma 8, 18-23

Hermanos:
Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.
Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!»
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.»
Palabra del Señor.

Reflexión

El texto del profeta Isaías que hoy leemos nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para emprender de nuevo su cometido. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.
Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica, no gira en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que ellos reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo la comparación resalta dos elementos muy importantes: la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa y la palabra retorna a su fuente de origen.

El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservarla sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor decisivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero no siempre el terreno responde de la misma manera.

La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, hacen parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.
Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano que respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. Sin embargo, en el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basados en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reino de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible al amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.

La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas.

Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2, 4-25), aguarda con impaciencia la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad. La propuesta de Jesús nos abre a la esperanza de un futuro en el que la Humanidad se reconoce en la justicia y en el amor solidario y no en la muerte y la guerra.

Preguntas para la meditación:

La parábola es para los que vienen a escuchar a Jesús, para personas que están dispuestas a estar "de pie" "mucho rato" para escucharle.

• ¿Cuál es mi actitud ante la Palabra del Señor?

• ¿Quiero escucharla? ¿Tengo un tiempo para mi amigo, que quiere hablar con migo?

La semilla es la palabra de Dios, que se nos ha anunciado a nosotros, ante esto debo preguntarme:

• ¿Puedo ver, escuchar y entender que es Dios quien me habla por medio de su palabra?

• ¿Es la palabra de Dios lo que habita en mi corazón, y esta me permite ver y entender los misterios del reino?

• ¿Soy capaz de hacer germinar la palabra de Dios en mi vida, reflejándola con mis acciones?

• ¿He dejado que las cosas del mundo se lleve la palabra que Dios me ha dado y que la misma no continúe actuando ante las pruebas de cada día?

Oración:

Señor, tú te has tomado el trabajo de salir al mundo a sembrar la semilla de tu palabra, Tú Señor, has tomado la iniciativa de sembrar en los corazones de cada ser humano tus enseñanzas.

Quiero Señor que mi corazón sea un Jardín con tierra buena, donde me encuentre a solas con tu palabra y esta pueda dar frutos en mí.

Gracias Señor por ser mi maestro y confiarme a mí tus enseñanzas, ayúdame Jesús, para que pueda dar muchos frutos, ayúdame a comprender tus caminos, ayúdame a dejar que la semilla que has plantado en mí, se convierta en un árbol frondoso que de mucho fruto y que así pueda ser un discípulo verdadero que se dedique a trabajar por tu Reino. Amén

Pidamos al Señor, con las palabras del salmo 85 de las Escrituras:

“Yo te invoco en el momento de la angustia,
porque tú me respondes”

Dame, Dios mío, un corazón manso y humilde como el tuyo:

“Pues tu eres, Señor Bueno, indulgente, rico en amor, para todos aquellos que te invocan”
Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes,
y tú me libraste del fondo del Abismo.

Lecturas de la Semana

Lunes 11: Ex 1, 14-22ª; Sal. 123; Mt.10, 34-11.
Martes 12: Ex 2, 1-15; Sal 68; Mt. 11, 20-24.
Miércoles 13: Ex 3,1-12; Sal 102; Mt. 11, 25-27.
Jueves 14: Ex 13-20; Sal. 104; Mt. 11, 28-30.
Viernes 15: Ex 11, 10-14; Sal. 115; Mt. 12, 1-8.
Sábado 16: Zac.2,14-17; Sal. Lc. 1, 46-55; Mt. 12, 46-50.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com. Servicio Bíblico Latinoamericano.

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

http://miencuentroconjesus1.blogspot.com/
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sábado, 2 de julio de 2011

Domingo de la Semana 14, “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”

Lecturas del 3-07-11– Ciclo A –

Profecía de Zacarías 9, 9-10

Así habla el Señor: ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna.
El suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Palabra de Dios.

Salmo 144

R. Bendeciré tu nombre eternamente, Dios mío, el único Rey.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente; día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.
El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. R.

San Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos: Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 11, 25-30

Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. Palabra del Señor.

Reflexión

El Reino revelado a los pequeños

Mateo recoge aquí tres dichos de Jesús que probablemente tuvieron un origen independiente. Su intención al reunir estas tres sentencias se explica cuando las leemos en el contexto de la pregunta acerca de Jesús y de las reacciones de sus contemporáneos. En ese contexto de rechazo o incredulidad, sólo los pequeños son capaces de acoger la revelación del Padre manifestada en las acciones y palabras de Jesús.

El primer dicho es una oración de alabanza de Jesús, porque el Padre es como es, y revela la buena Noticia a los pequeños y sencillos y se la oculta a sabios y entendidos. La alabanza surge desde su propia vida y experiencias. Él lo ha visto en su misión. Para Él, en cierto modo, también ha habido una revelación. El hecho de que Jesús llamara a Dios Padre (Abba) refleja la confianza y cercanía que tenía con El. Los primeros cristianos conservaron esta palabra que se encuentra detrás de casi todas las oraciones de Jesús. Los sabios y prudentes son, en el contexto de este Evangelio los maestros de la ley, los fariseos y sumos sacerdotes, es decir, la minoría, que detenta el poder social y religioso, gente importante y religiosa, segura de sí misma, que desprecia al pueblo marginado. Los pequeños han sabido recibir la revelación de Jesús y le han acogido.

El segundo dicho de Jesús trata de aproximarnos a su singular relación con el Padre. El Padre conoce al Hijo en profundidad y lo manifiesta en dos momentos culminantes de su vida, en los que a través de una voz del cielo revela su condición de Hijo único y amado –el bautismo y la transfiguración-. Dios ha manifestado a los pequeños gratuitamente estas cosas.

El tercer dicho de Jesús muestra su especial afecto a todos los que por alguna razón se sienten oprimidos y agobiados. Es la invitación de hacerse discípulos: “Vengan a mí…, tomen mi yugo y encontrarán descanso”. Jesús invita a los pequeños y fatigados a que se hagan discípulos suyos, cambiando el pesado fardo de la ley por el suave y ligero yugo de la Buena Noticia.

A Jesús se le ha revelado el Padre como Dios de los pequeños. Pequeños aquí no se opone a adultos y, por tanto, no designa a los niños, sino que se opone a sabios y prudentes. Se trata de gente sencilla pero no en el sentido de personas humildes moral o espiritualmente. Los Pequeños son los pobres, hambrientos, afligidos, pecadores, enfermos, los que andan como ovejas sin pastor, los “no invitados” que tantas veces salen en el Evangelio. A ellos se les da a conocer la revelación. La fe, la Buena Noticia, no se consigue a base de esfuerzo, no se la arrancamos a Dios por ser honestos, sino que es un don gratuito

Entre las oraciones de Jesús recogidas por la tradición, una de las más bellas es, sin duda, este grito espontáneo de gozo, de admiración y agradecimiento que sale de sus labios: “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se los ha dado a conocer a los pequeños”.

Somos algo mucho más importantes que nuestro trabajo, oficio, cargo, profesión. Somos seres hechos para vivir, amar, reír, descansar, ser, servir… Descansar es reconciliarse con la vida, disfrutar del regalo de la existencia, reencontrarse con lo mejor de nosotros mismos. Para encontrar descanso no hay que recorrer largas distancia. Basta recorrer la que nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón. Si ahí no la encontramos, inútil buscarla en otra parte del mundo.

Necesitamos salir al aire libre. Salir de nuestros egoísmos y mezquindades, y abrirnos a la vida y a las personas. Los creyentes sabemos que un Dios acogido en nuestra vida, no como un vago e impersonal, sino como amigo querido y cercano, es camino de pacificación, de liberación y de descanso. Acertar a abrirnos a Dios es encontrar el descanso verdadero.

Para orar

Mira y contempla a Jesús y escúchalo – Saborea cada frase- Contempla los variados sentimientos de Jesús – Y anhela y pide ser como Él… Dar gracias como éll…Vivir y sentir como Él… Orar como él.
Pbro. Daniel Silva.

Preguntas para la meditación:

Cada vez que una pena o un dolor me invade, cuando me encuentro oprimido por algún pesar, cuando sufro cualquier dolor y miseria, cuando me he sentido cansado y agobiado:
¿Dónde y cómo busco alivio a mi cansancio? ¿He dejado que Jesús sea el descanso que tenga mi alma? O ¿He sido como los sabios quienes ponen su sabiduría en sí mismos?

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”

Jesús nos libera de los pesos que nos agobian. San Agustín nos dice que el yugo que Jesús nos ofrece, no es un peso para quien lo lleva, sino alas para quien va a volar. La cruz que nos toca a cada uno, nos va a permitir remontarnos hasta Dios Junto a Cristo, las dificultades y los obstáculos normales que se encuentran en la vida adquieren un sentido diferente. Cuando estamos junto a Cristo, nuestra cruz, se convierte en la cruz de Cristo.

Pidamos al Señor, con las palabras del salmo 85 de las Escrituras:

“Yo te invoco en el momento de la angustia,
porque tú me respondes”

Dame, Dios mío, un corazón manso y humilde como el tuyo:

“Pues tu eres, Señor Bueno, indulgente, rico en amor, para todos aquellos que te invocan”
Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes,
y tú me libraste del fondo del Abismo.

En el Amor de Dios, una vida distinta es posible…

Jesús descansa en su centro más profundo: el de sentirse Hijo amado, y hermanado en aquellos mismos pequeños que recibieron de sus manos ese amor del Padre. Ese amor alivia, suaviza, apacienta y en él la vida deja de ser una carga. La solidaridad fraternal que crea quita el agobio y ese peso desmedido con el que nuestra propia presunción y obstinación ahogan el alma. Dios nos hermana en Jesucristo, para que su amor cuidadoso, paciente, estimulante, nos libere de la ceguera y coraza del propio orgullo y vanidad, revelándonos que, en ese Amor, una vida distinta es posible…

…La sabiduría de nuestro pueblo, silencioso y trabajador, sin otra condición social más que la de ser humildes.
La sabiduría de los que cargan la cruz del sufrimiento, de la injusticia, de las condiciones de vida con que se enfrentan al levantarse todas las mañanas para sacrificarse por los propios.
La sabiduría de los que cargan la cruz de su enfermedad, de sus dolencias y pérdidas poniendo el hombro como Cristo.
La sabiduría de “miles de mujeres y de hombres que hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa… Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de ésta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a compartir y a contar anécdotas”.

Pasarán las crisis y los manipuleos; el desprecio de los poderosos los arrinconarán con miseria, les ofrecerán el suicidio de la droga, el descontrol y la violencia; los tentarán con el odio del resentimiento vengativo. Pero ellos, los humildes, cualquiera sea su posición y condición social, apelarán a la sabiduría del que se siente hijo de un Dios que no es distante, que los acompaña con la Cruz y los anima con la Resurrección en esos milagros, los logros cotidianos, que los animan a disfrutar de las alegrías del compartir y celebrar.

Los que saborean esta mística, los sabios de lo pequeño, ellos son los que recurren a Aquél que los alivia, al abrazo tierno de Dios en el perdón o en la entrega solidaria de muchos que, en distintas actividades, dan de la riqueza de sí.

Porque la Palabra llena de amor, aunque sea en un gesto, libera. Libera del yugo que nos imponemos cuando nos proponemos lo imposible, nos castigamos con lo irrealizable, nos atosigamos hasta deprimirnos con nuestras ambiciones y necesidad de ser reconocidos, de resaltar, o con nuestra mendicidad de afecto: no es otra cosa el acumular poder y riqueza. La sabiduría del humilde no las necesita, sabe que él vale por sí mismo, se siente amado por su Padre y Creador, aun ante el desprecio, el abandono, la humillación.
Así nos lo enseñó el Maestro de la humildad, el que llevó ligero su Cruz a la Pasión…
Card. J.M. Bergoglio s.j. Tedeum del 25 de mayo 2011

Lecturas de la Semana

Lunes 4: Gn. 28, 10-22ª; Sal. 90; Mt.9, 18-26.
Martes 5: Gn. 32, 23-33; Sal 16; Mt. 9, 32-38.
Miércoles 6: Gn. 41, 53-57; 42. 5-7ª. 17-24a; Sal 32; Mt. 10, 1-7.
Jueves 7: Gn. . 44, 18-21. 23b; 45, 1-5; Sal. 104; Mt. 10, 7-15.
Viernes 8: Gn. 46, 1-7. 28-30; Sal. 36; Mt. 1, 16-23.
Sábado 9: Is. 7,10-14; Sal. Lc. 1, 46-55; Lc. 1, 39-47.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.


Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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sábado, 25 de junio de 2011

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, " Así como yo, vivo por el Padre, de la misma manera aquellos que me coman, vivirán por Mi»

Lecturas del 26-06-11– Ciclo A –

Libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo diciendo: «Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años.
Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.» Palabra de Dios.

Salmo 147


R. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! El reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

1º carta Pablo a los Corintios 10, 16-18

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo?
Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?
Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 6, 51-58

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.» Los judíos discutían entre sí, diciendo: « ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.» Palabra del Señor.

Reflexión:

Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre, pero también permanece en la hostia consagrada, en todos los sagrarios del mundo, y allí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento de nuestra vida espiritual. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

La Eucaristía es el Regalo más grande que Jesús nos ha dejado, pues es el Regalo de su Presencia viva entre los hombres. Al estar presente en la Eucaristía, Jesucristo ha realizado el milagro de irse y de quedarse. Cierto que se ha quedado -dijéramos- como escondido en la Hostia Consagrada, pero su Presencia no deja de ser real por el hecho de no poderlo ver. En efecto, es tan real la presencia de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero en la Eucaristía, que cuando recibimos la hostia consagrada no recibimos un mero símbolo, o un simple trozo de pan bendito, o nada más la hostia consagrada -como podría parecer- sino que es Jesucristo mismo penetrando todo nuestro ser: Su Humanidad y Su Divinidad entran a nuestra humanidad -cuerpo, alma y espíritu- para dar a nuestra vida, Su Vida, para dar a nuestra oscuridad, Su Luz.
Y nuestra alma necesita de ese alimento espiritual que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así como necesitamos del alimento material para nutrir nuestra vida corporal, así nuestra vida espiritual requiere de la Sagrada Comunión para renovar, conservar y hacer crecer la Gracia que recibimos en el Bautismo, gracia que es la semilla de nuestra vida espiritual.

“Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn.6, 56.)
Es así como, recibiendo a Jesucristo en la Eucaristía, dice el Señor a Santa Catalina de Siena, “... el alma está en Mí y Yo en ella. Como el pez que está en el mar y el mar en el pez, así estoy Yo en el alma y ella en Mí, Mar de Paz ...”(cf. “El Diálogo”).


Reavivar la memoria de Jesús

La última Cena es el gesto privilegiado en el que Jesús, ante la proximidad de su muerte, recapitula lo que ha sido su vida y lo que va a ser su crucifixión. En esa Cena se concentra y revela de manera excepcional el contenido salvador de toda su existencia: su amor al Padre y su compasión hacia los humanos, llevado hasta el extremo. Por eso es tan importante una celebración viva de la eucaristía. En ella actualizamos la presencia de Jesús en medio de nosotros. Reproducir lo que él vivió al término de su vida, plena e intensamente fiel al proyecto de su Padre, es la experiencia privilegiada que necesitamos para alimentar nuestro seguimiento a Jesús y nuestro trabajo para abrir caminos al Reino. Hemos de escuchar con mas hondura el mandato de Jesús: "Haced esto en memoria mía". En medio de dificultades, obstáculos y resistencias, hemos de luchar contra el olvido. Necesitamos hacer memoria de Jesús con más verdad y autenticidad. (1)
El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de Amor, pues la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada es muestra del infinito Amor de Dios por nosotros, sus criaturas, pues en la Eucaristía se hace presente nuevamente el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, su entrega de Amor por nosotros los hombres.


“Comunión Eucarística”

En la segunda lectura san Pablo nos presenta la Eucaristía como misterio de comunión: "El cáliz que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?". Comunión significa intercambio, compartir. La regla fundamental de compartir es ésta: lo que es mío es tuyo, y lo que es tuyo es mío. Probemos a aplicar esta regla a la comunión eucarística y nos daremos cuenta de la "enormidad" del tema.
¿"Qué tengo yo específicamente 'mío' "? La miseria, el pecado: esto es exclusivamente mío. ¿Y qué tiene "suyo" Jesús que no sea santidad, perfección de todas las virtudes? Entonces la comunión consiste en el hecho de que yo doy a Jesús mi pecado y mi pobreza, y Él me da su santidad. Se realiza el "maravilloso intercambio", como lo define la liturgia.

Leamos cómo prosigue el texto inicial de san Pablo: "Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan". Está claro que en este segundo caso la palabra "cuerpo" no indica ya el cuerpo de Cristo nacido de María, sino que nos indica a "todos nosotros", indica aquel cuerpo de Cristo más amplio, que es la Iglesia. Esto significa que la comunión eucarística es siempre también comunión entre nosotros. Comiendo todos del único alimento, formamos un solo cuerpo.
Si estamos divididos entre nosotros, nos odiamos, no estamos dispuestos a reconciliarnos, no vamos a poder tener verdadera comunión con Cristo…
Al darnos la sagrada forma, el sacerdote dice: "El cuerpo de Cristo", y respondemos: "¡Amén!". Ahora sabemos a quién decimos "Amen", o sea, sí, te acojo: no sólo a Jesús, el Hijo de Dios, sino también al prójimo.

En la fiesta del "Corpus Domini" no puedo ocultar un pesar. Hay formas de enfermedad mental que impiden reconocer a las personas cercanas. Es cuando hay quien grita durante horas: "¿dónde está mi hijo? ¿dónde está mi esposa? ¿qué fue de ellos?", y tal vez el hijo o la esposa están ahí, le toman de la mano y le repiten: "Estoy aquí, ¿no me ves? ¡Estoy contigo!".
Así le ocurre también a Dios. Los hombres, nuestros contemporáneos, buscan a Dios en el cosmos o en el átomo; discuten si hubo o no un creador en el inicio del mundo. Seguimos preguntando: "¿Dónde está Dios?", y no nos percatamos de que está con nosotros y se ha hecho comida y bebida para estar aún más íntimamente unido a nosotros. Juan el Bautista debería repetir tristemente: "En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis". La solemnidad del "Corpus Domini" nació precisamente para ayudar a los cristianos a tomar conciencia de esta presencia de Cristo entre nosotros. (2)

Cristo nos alimenta uniéndonos a él

"De la misma manera que el Padre, que vive, me ha enviado y que yo vivo por Él, de la misma manera aquellos que me coman, vivirán por Mi»

El Señor Jesús, que por nosotros se ha hecho alimento de verdad y de amor, hablando del don de su vida nos asegura que «quien coma de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,51). Pero esta «vida eterna» se inicia en nosotros ya en este tiempo por el cambio que el don eucarístico realiza en nosotros: «El que me come vivirá por mí» (Jn 6,57). Estas palabras de Jesús nos permiten comprender cómo el misterio «creído» y «celebrado» contiene en sí un dinamismo que lo convierte en principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana.

En efecto, comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se nos hace partícipes de la vida divina de un modo cada vez más adulto y consciente. Análogamente a lo que san Agustín dice en las Confesiones sobre el Logos eterno, alimento del alma, poniendo de relieve su carácter paradójico, el santo Doctor imagina que se le dice: «Soy el manjar de los grandes: crece, y me comerás, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú te transformarás en mí». En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; «nos atrae hacia sí».

La Celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial, ya que expresa, al mismo tiempo, tanto el inicio como el cumplimiento del nuevo y definitivo culto, la logiké latreía.
A este respecto, las palabras de san Pablo a los Romanos son la formulación más sintética de cómo la Eucaristía transforma toda nuestra vida en culto espiritual agradable a Dios: «Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable» (Rm 12,1).
Exhortación Apostólica «Sacramentum Caritatis» §70. Papa Benedicto XVI

Avisos parroquiales

1 de julio: Fiesta del “Sagrado Corazón de Jesús”
Exposición del Santísimo Sacramento en el Templo desde las 10 hs. Hasta las 18:30 hs.
19hs. Santa Misa

Sábado 2 de julio 16 hs. Confirmación de los alumnos de 5ª grado del Colegio Vicente Sauras.

Domingo 3 de julio 16 hs. Confirmación de los niños de tercer año de iniciación cristiana de parroquia

Lecturas de la Semana

Lunes 27: Gn. 18, 1-2ª. 16-33; Sal. 102; Mt.8, 18-22.
Martes 28: Gn. 19, 15-29; Sal 25; Mt. 8, 23-27.
Miércoles 29: Hch. 12. 1-11; Sal 33; 2 Tm. 4, 6-8. 17-18; Mt. 16, 13-19.
Jueves 30: Gn. 22, 1-19; Sal. 114; Mt. 9, 1-8.
Viernes 1: Dn. 7, 6-11; Sal. 102; 1Jn. 4, 7-16; Mt. 11, 25-30.
Sábado 2: Is. 61, 9-11; Sal. 1Sam. 2, 1. 4-8d; Lc. 2, 41-51.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Homilia.com. www.corazones.org (1) J A Pagola. (2) Raniero Cantalamessa, ofmcap.


Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
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sábado, 18 de junio de 2011

Solemnidad de la Santísima Trinidad, “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con uste

Lecturas del 19-06-11– Ciclo A –

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos.
El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor.
El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia.» Palabra de Dios.

Salmo: Dn. 3, 52. 53. 54. 55. 56

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
R. Alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
R. Aclamado y glorificado eternamente
por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Aclamado por encima de todo
y exaltado eternamente.

Bendito seas tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
R. Alabado y exaltado eternamente
por encima de todo.

Bendito seas en el firmamento del cielo.
R. Aclamado y glorificado eternamente.

2º carta de Pablo a los Corintios 13, 11-13

Hermanos:
Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.
Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 3, 16-18

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.

Reflexión:

La Iglesia celebra hoy el misterio central de nuestra fe, el misterio de la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias; el misterio de la vida íntima de Dios. Toda la liturgia de la Misa de este domingo nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Personas, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Este misterio que no podemos comprender totalmente, sí podemos vivirlo, ya san Pablo, se despedía de las comunidades cristianas diciendo:
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con ustedes”

En el Evangelio de hoy, Jesús al despedirse de sus discípulos, los envía, les da la misión universal de hacer discípulos y bautizar "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
Cuántas veces nos hace notar la Sagrada Escritura, que Cristo pasó por el mundo bendiciéndolo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los apóstoles, los evangelistas heredaron de Cristo esta actitud. Desde ese tiempo existió en toda la cristiandad el amor a la Señal de la Cruz.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, comenzamos todas nuestras oraciones, comenzamos la Santa Misa y la celebración de todos los sacramentos y actos de la Iglesia. Al persignarnos hacemos una señal de la cruz pequeña sobre la frente, la boca y en el pecho sobre el corazón, ¿qué están indicando?
La cruz sobre la frente se refiere al Padre que está sobre todo; la cruz en la boca, indica al Hijo, la Palabra eterna del Padre, brotada desde el seno del Padre celestial desde toda eternidad; la cruz sobre el corazón simboliza al Espíritu Santo.
¿Qué encierra este triple signo?
Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra persona es como si dijéramos: "estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana..."
En realidad, el primero que hizo la señal de la Cruz, fue el mismo Cristo, que "extendió sus brazos en la Cruz" y sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de su Alianza".

La Trinidad, escuela de relación (1)

¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»? A diario aparece quien no estaría a disgusto con dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

La respuesta es que los cristianos creen que Dios es trino ¡porque creen que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Nos interrogamos: ¿a quién ama Dios, para ser definido amor?

Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar.
Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo, o como dicen los psicólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.
La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones -entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera--, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.

Debo añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones. Cada sura del Corán empieza con la invocación: «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo».
En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes. Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología, de la propia fe. ¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, deben perseguir por la paz y el bien de la humanidad.

(1) Raniero Cantalamessa, ofmcap 18/5/2008

La Trinidad -Juan Pablo II, 15 junio 2003

«Dios no es soledad, sino comunión perfecta. Del Dios comunión surge la vocación de toda la humanidad a formar una sola gran familia, en la que las diferentes razas y culturas se encuentran y se enriquecen recíprocamente».

A la luz de esta verdad fundamental de la fe se comprende la gravedad de todas las ofensas contra el ser humano.

El misterio de la Trinidad

"Padre, no he venido a confesarme sino para que se me aclaren algunas dudas que me atormentan. Me turba, sobre todo, el misterio de la Santísima Trinidad”.
El padre, con sencillas palabras, comenzó a disipar las dudas: "Hija, ¿quién puede comprender y explicar los misterios de Dios? Se llaman misterios precisamente porque no pueden ser comprendidos por nuestra pequeña inteligencia. Podemos formarnos alguna idea con ejemplos. ¿Has visto alguna vez preparar la masa para hacer el pan? ¿Qué hace el panadero? Toma la harina, la levadura y el agua. Son tres elementos distintos: la harina no es la levadura ni el agua; la levadura no es la harina ni el agua y el agua no es la harina ni la levadura. Se mezclan los tres elementos y se forma una sola sustancia. Por lo tanto, tres elementos distintos forman unidos una sola sustancia. Con esta masa se hacen tres panes que tienen la misma sustancia pero distintos en la forma el uno del otro. Eso es, tres panes distintos el uno del otro pero una única sustancia.
Así se dice de Dios: Él es uno en la naturaleza, Trino en las personas iguales y distintas la una de la otra. El Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo; el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Son tres personas iguales pero distintas. Sin embargo, son un solo Dios porque única e idéntica es la naturaleza de Dios".

Los Milagros del P. Pío, P. Luis Butera V.

Lecturas de la Semana
Lunes 20: Gn. 12, 1-9; Sal. 32; Mt.7, 1-5.
Martes 21: Gn. 13, 2. 5-18; Sal 14; Mt. 7, 12-14.
Miércoles 22: Gn. 15. 1-12. 17-18; Sal 104; Mt. 7, 15-20.
Jueves 23: Gn. 16, 6b-12. 15-16; Sal. 105; Mt. 7, 21-29.
Viernes 24: Is. 49, 1-6; Sal. 138; Hch. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66. 80.
Sábado 25: Gn. 18, 1-15; Sal. Lc. 1, 46-50. 53-55; Mt. 8, 5-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. www.corazones.org

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


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PENTECOSTES, «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo»

Lecturas del 12-06-11– Ciclo A –

Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: « ¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.» Palabra de Dios.

Salmo 103

R. Señor, envía tu Espíritu
y renueva la superficie de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! la tierra está llena de tus criaturas! R.
Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra. R.
¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.

1ºcarta Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos: Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea Jesús.» Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.
Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.»
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»
Palabra del Señor.
Reflexión:

APARICION A LOS DISCIPULOS. DONACION DEL ESPIRITU

Pentecostés (cincuenta, es decir, cincuenta días después de la Pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección. De agraria se convierte, más tarde, en fiesta histórica en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí. Recibía también el nombre de “Fiesta de las semanas (7x7 días después de la Pascua. En ese día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora.

Los cristianos conmemoramos en Pentecostés la donación del Espíritu. En Hechos 2, 1-21 se nos relata cómo lo discípulos de Jesús estando reunidos, temerosos y sin saber qué hacer, el día de Pentecostés reciben el don del Espíritu que les llevará a proclamar la Buena Nueva a todos los discípulos es presentada como el nuevo pueblo de Dios lleno de Espíritu que da testimonio de Jesús, el Mesías. De ahí que Pentecostés sea también la fiesta del nacimiento de la Iglesia.

La comunidad cristiana se constituye alrededor de Jesús. En los discípulos de Jesús no existía la más mínima predisposición para la fe en la resurrección. Lo prueba claramente la reacción de María Magdalena y de Pedro ante el sepulcro vacío y, sobre todo, la actitud de Tomas. La muerte del Maestro había sido un duro golpe para ellos. El enfrentamiento con las autoridades judías y romanas los aterraba. “Por miedo a los judíos” se hallaban reunidos, con las puertas cerradas, sin saber qué hacer. La promesa de Jesús se cumple: “Volveré a ustedes” “les enviaré el Espíritu y tendrán paz”. Jesús se hace presente en medio de ellos y les desea la paz, el shalom, es decir, integridad de vida, salud, búsqueda de justicia y armonía personal y social. Les manda, además, continuar la misión, que precisamente le había llevado a la muerte ignominiosa que tanto les asusta.
Cada cristiano es un enviado de Jesús. La llamada a la fe y a la comunidad es, al mismo tiempo, llamada a la misión. Hemos sido elegidos por Jesús para realizar el proyecto de Dios con Él. “Como el Padre me envió así los envió a ustedes”. Los primeros enviados “estaban con las puertas atrancadas” por miedo a los judíos y romanos, carecían de paz y tenían pocas miras. Humanamente no estaban preparados. No daban la talla. Sin embargo, ellos son los elegidos. Ellos son los que tienen que llevar adelante el proyecto de Dios. Ellos son los que tienen que proseguir la causa de Jesús. Ellos son quienes tienen que perdonar y dar vida. Si en vos surgen reticencias, desenmascara las motivaciones. No es nuestra debilidad, o nuestra experiencia y formación, o nuestros pecados los que nos impiden asumir el reto de Jesús. Más bien es el temor a nuestros fallos, y el dolor que nos causa nuestro orgullo herido lo que nos paraliza y nos hace vivir todavía con las puertas atrancadas.

Reciban el Espíritu Santo. Lo comprendieron y renacieron a la vida. Y se fueron por todo el mundo. Y supieron perdonar. Y rompieron las barreras del miedo y las puertas de la pequeña comunidad. Y experimentaron la paz en la misión y en el compromiso. Y se sintieron llamados a la resurrección.

La misión cristiana no es una orden sino un fuego interior. El amor misionero del Padre y de Jesús, y el nuestro, es el Espíritu Santo. Quema mucho para purificarnos. Arde fuerte, para darnos vida. Nos pone en movimiento, para crear más vida. Bajo la inspiración del Espíritu Santo los discípulos encuentran el lenguaje apropiado para ese anuncio, por eso los entendían en su propio idioma. Por consiguiente, la evangelización no consiste en una uniformidad impuesta, sino en la fidelidad al lenguaje y al entendimiento en la diversidad. Eso es la Iglesia, una comunión, en ella cada miembro tiene una función. Todos cuentan y deben, por lo tanto, ser respetados en sus carismas. Coraje para decir el Evangelio y verdadero sentido de la comunión eclesial, a eso nos llama la fiesta de Pentecostés.

Vivir sin Espíritu, vivir sin haber resucitado. Nuestras comunidades están, a veces, replegadas, ocultas, sin dar testimonio. Es como si no tuvieran alegría, perdón, paz y vida que transmitir. Seguimos aferrados a lo viejo. Necesitamos que el Señor resucitado se haga presente y nos transmita el soplo creador del Espíritu que infunde aliento de vida. Persona resucitada es la que se deja guiar por el Espíritu de Dios hacia la aventura, la sorpresa, la novedad, la vida… Persona resucitada es la que pone vida donde no la hay, o la defiende donde está amenazada.

La fe en el Espíritu, fe liberadora.

Sin Espíritu Santo, Dios queda lejos,
Cristo pertenece al pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia una mera organización,
la autoridad un dominio,
la misión una propaganda,
el culto una evocación
y el obrar cristiano una moral de esclavos.

Pero con el Espíritu, el cosmos es exaltado
y gime que dé a luz el Reino,
Cristo Resucitado está presente,
el Evangelio es potencia de vida,
la Iglesia comunión trinitaria,
la autoridad servicio liberador,
la misión un nuevo Pentecostés,
el culto memoria y anticipación
y el obrar humano queda deificado.
Pbro. Daniel Silva

Invocación

Según San Juan, el Espíritu hace presente a Jesús en la comunidad cristiana, recordándonos su mensaje, haciéndonos caminar en su verdad, interiorizando en nosotros su mandato del amor. A ese Espíritu invocamos en esta fiesta de Pentecostés.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de "Padre" que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas.
Ven Espíritu Santo y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu aliento, olvidaremos una y otra vez su Proyecto del reino de Dios. Viviremos sin pasión y sin esperanza. No sabremos por qué le seguimos ni para qué. No sabremos por qué vivir y por qué sufrir…
Ven Espíritu Santo y enséñanos a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Que no echemos cargas pesadas sobre nadie. Que no dictaminemos sobre problemas que no nos duelen ni condenemos a quienes necesitan sobre todo acogida y comprensión. Que nunca quebremos la caña cascada ni apaguemos la mecha vacilante.
Ven Espíritu Santo e infunde en nosotros la experiencia religiosa de Jesús. Que no nos perdamos en trivialidades mientras descuidamos la justicia, la misericordia y la fe…
Ven Espíritu Santo y aumenta nuestra fe para experimentar la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad. Enséñanos a alimentar nuestra vida, no de tradiciones humanas ni palabras vacías, sino del conocimiento interno de su Persona. Que nos dejemos guiar siempre por su Espíritu audaz y creador, no por nuestro instinto de seguridad.
Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús. Si cada uno de nosotros no cambia, nada cambiará en su Iglesia…
Ven Espíritu Santo y defiéndenos del riesgo de olvidar a Jesús. Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar su voz ni sentir su aliento. Despierta nuestra adhesión pues, si perdemos el contacto con él, seguirá creciendo en nosotros el nerviosismo y la inseguridad.
De José Antonio Pagola
Eclesalia Informativo

Lecturas de la Semana
Lunes 13: 2Cor. 6, 1-10; Sal. 97; Mt.5, 38-42.
Martes 14: 2Cor. 8, 1-9; Sal 145; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 15: 2Cor. 9. 6-11; Sal 111; Mt. 6, 1- 6. 16-18.
Jueves 16: 2Cor. 11, 1-11; Sal. 110; Mt. 6, 7-15.
Viernes 17: 2Cor. 11, 18. 21b-30; Sal. 33; Mt. 6, 19-23.
Sábado 18: 2Cor. 12, 1-10; Sal. 33; Mt. 6, 24-34.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) SP BXVI: «El Espíritu de nuestros corazones».

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


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sábado, 4 de junio de 2011

Ascensión del Señor, “yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

Lecturas del 5-06-11– Ciclo A –

Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.» Palabra de Dios.

Salmo 46

R. Dios asciende entre aclamaciones, asciende el Señor al sonido de trompetas.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R
El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado.

Carta de San Pablo a los Efesios 1,17-23.

Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios.

Evangelio según San Mateo 28,16-20.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor

Reflexión:

Ascensión del Señor

Mateo concluye su Evangelio con un relato de encuentro, envío y promesa de Jesús a sus discípulos. La presencia de Dios en el mundo, una vez que los cielos se han abierto y Jesús se ha encarnado, es definitiva, pues su nombre es “Emmanuel”, es decir, “Dios con nosotros”.

El encuentro final de Jesús con sus discípulos tiene lugar en un escenario significativo: en Galilea, donde Él comenzó su misión y en un monte, como cuando Dios congregó a su pueblo en el Sinaí. Es una iniciativa de Jesús la que hace posible el encuentro, los once van donde Él los había citado. Este encuentro es un momento decisivo: en él Jesús constituye al nuevo pueblo mesiánico que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la Iglesia. Sorprendentemente, Mateo recuerda aquí la duda: “Al verlo, se postraron ante Él los mismos que habían dudado”. En otras palabras, la actitud de los discípulos expresa la fe; sin ella no hay fundamento para el nuevo pueblo, para la iglesia, para la misión. Pero una fe que ha estado, está y estará mezclada con la duda, que es compañera inseparable de la fe itinerante. Como siempre: fe y vacilación, claridad y desconcierto.

El envío tiene su raíz y fundamento en la plena autoridad, o plena del poder que se le ha dado a Jesús resucitado. El envío que reciben los discípulos es continuación/participación de la misión de Jesús, pero la misión se extiende ahora a todos los hombres y mujeres, y no sólo a Israel. El breve discurso de Jesús está dominado por la idea de la plenitud y universalidad, pues la misión que se nos confiere y a la que se nos envía no tiene barreras.

El fin de la misión es “hacer discípulos” El cristiano es discípulo. No se trata de ofrecer un mensaje, sino de establecer una estrecha relación con el Maestro, una relación personal y de seguimiento.

Dos son las condiciones para hacer discípulos: el bautismo y la enseñanza. Jesús se define Maestro en polémica con los malos maestros –escribas y fariseos- , dice que los discípulos deben a su vez, hacer lo mismo: enseñar. Pero no son maestros, sino que permanecen como discípulos. No enseñan algo propio, sino solamente aquello que Jesús les ha mandado.

El bautismo vincula al discípulo con Jesús, con Dios. Pero ¿Con qué Dios? Dios no es un tirano, no se impone, no coacciona, no se exhibe. Dios es amor. Dios es comunicativo. Su gloria y su poder es sólo amar. El bautismo nos vincula con este Dios y no con otro.

“Estoy con ustedes cada día, hasta el fin del mundo”. Es un final sorpresa. El Señor resucitado no se ha ido, sino que permanece. La promesa que trae Jesús (Emmanuel=Dios con nosotros), con la que comienza su Evangelio Mateo, ya es una realidad permanente. Las últimas palabras de Jesús son una invitación a volver al principio del Evangelio para escuchar de nuevo sus enseñanzas y contemplar sus signos, como enseñanza y signos del resucitado. Son también un mandato de comunicar a otros la Buena Noticia desde la certeza de que el resucitado sigue presente entre nosotros.

Esta es la fe que ha animado a las comunidades cristianas desde sus comienzos. No estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas; Él está con nosotros. En momentos difíciles como los que estamos viviendo hoy, es fácil caer en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Jesús es alguien vivo que anima, vivifica y llena con su Espíritu en nuestras comunidades.

Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, allí está Él en medio de ellos. Olvidarlo es arriesgarnos a debilitar la raíz de nuestra esperanza. Cuando nos encontramos con una persona necesitada, despreciada y abandonada, nos encontramos con aquel que quiso solidarizarse con ellas de manera radical. Por eso, nuestra adhesión a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que en la ayuda y solidaridad con el necesitado: “Cuando hagan con uno de mis pequeños me lo hacen a mí”.

La ascensión es una llamada a “seguir esperando” a pesar de las decepciones, desengaños y desalientos.
A lo largo de la vida podemos sentir una doble tentación: o bien desistir de la marcha, porque el camino nos resulta demasiado fatigoso, o bien anticipar la llegada a la meta, porque el camino se nos hace demasiado largo. La ascensión es una buena ocasión para tomar conciencia de la paciencia histórica. Hemos de aprender a respetar el ritmo de la vida. Hemos de aprender a recorrer nuestro propio camino. Un camino único y original, con sus gozos y tristezas, logros y fracasos.

Nos proponemos: - Experimentar el encuentro con Él - Sentir su envío lleno de generosidad y amor - Creer en su promesa.

Pbro. Daniel Silva
Meditamos con el evangelio:

“Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron”

El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. (1)
¿Cómo es mi encuentro con Jesús, realmente vivo con la alegría que me trae la Pascua del Señor?

“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”

Vivimos en una época en la que son evidentes los signos del laicismo, parece que Dios ha desaparecido del horizonte o se ha convertido en una realidad ante la cual se permanece indiferente. (1)
¿Siento que la invitación de Jesús a sus discípulos también es una invitación para mí?

“Enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”

El hombre es religioso por naturaleza, es homo religiosus: «El deseo de Dios —afirma también el Catecismo— está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios» (n. 27). La imagen del Creador está impresa en su ser y él siente la necesidad de encontrar una luz para dar respuesta a las preguntas que atañen al sentido profundo de la realidad; respuesta que no puede encontrar en sí mismo, en el progreso, en la ciencia empírica. (1)
¿Qué cosas considero que podría enseñarles a otros, que recibí de Jesús?

“Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

¿Cómo vivo hoy la presencia de Jesús en mi vida, en la Palabra, en la Eucaristía, en la oración, en el próximo?
Cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre en cuanto tal, es necesario tener presente que es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, es un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona…. la oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable… (1)


Avisos parroquiales

Vigilia de Pentecostés:

 SABADO 11 DE JUNIO 19:30 HS.
Instituto José Manuel Estrada (2 de Mayo 2932- Lanús Oeste, 4 cuadras desde Estación Lanús frente Parroquia San Judas Tadeo). Invitados todos los jóvenes de la Diócesis, de parroquias, movimientos, quienes se preparan a la confirmación y todos los jóvenes de espíritu. AÑO JUBILAR DIOCESANO
Pastoral Juvenil Diócesis Avellaneda-Lanús


LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 6: Hch. 19, 1-8; Sal. 67; Jn.16, 29-33.
Martes 7: Hch. 20,17-27; Sal 67; Jn. 17, 1-11.
Miércoles 8: Hch. 20, 28-38; Sal 67; Jn. 17, 6ª. 11b-19.
Jueves 9: Hch. 22, 30; 23, 6-11; Sal. 15; Jn. 17, 20-26.
Viernes 10: Hch. 25,13b-21; Sal. 102; Jn. 21, 15-19.
Sábado 11: Hch. 11, 21b-26; Sal. 97; Mt. 10, 7-13.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) SP BXVI: La oración

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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miencuentroconjesus@yahoo.com.ar