Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Domingo de la Primera Semana de Adviento, “Tengan cuidado y estén prevenidos”


Lecturas del 27-11-11– Ciclo B –


Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7
¡Tú, Señor, eres nuestro padre, «nuestro Redentor» es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!             
¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!
Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos.        
Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.         
No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas.   Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos! Palabra de Dios.
Salmo 79 
R. Restáuranos, Señor del universo,
 que brille tu rostro y seremos salvados.


Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvarnos.  R.
Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid,  la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso.  R.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.  R.
 carta de san Pablo a los  Corintios 1-3-9
Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.  No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.   Palabra de Dios.
Evangelio según San Marcos. 13, 33-37
En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
 «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!»  Palabra del Señor.
Reflexión:
Frente al presente, vigilancia
Para comprender esta exhortación, debemos de situarla en su contexto.  El capítulo 13 de Marcos es una instrucción sobre el tiempo previo al Reino.  Se suele llamar discurso escatológico, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definitivos, sobre el final de la historia del mundo.  En él se nos dice que al “mundo viejo” le ha llegado a su fin, que se está destruyendo a sí mismo. Los falsos mesías, las guerras y el hambre, las persecuciones, la caducidad del templo (del centro religiosos) y la confusión absoluta son los dolores de partos previos a la llegada del Reino que Jesús viene anunciando.  Otras veces recibe el nombre de discurso sobre la parusía, ya que habla de la venida definitiva del Hijo del Hombre (“parusía” significa presencia y sirve para designar la venida y manifestación definitiva del Señor).  También, debido al lenguaje que usa, se le llama discurso apocalíptico (la apocalíptica es una corriente que surge en momentos de dificultad y opresión, y que proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera la salvación).
Tres son las partes de este discurso con una invitación fundamental en cada una:
1) Frente a la conflictividad político-religiosa de la historia: DISCERNIMIENTO  (13, 5-23)
2) Frente a la venida del Hijo del Hombre: ESPERANZA (13, 24-32)
3) Frente al presente: VIGILANCIA (13, 33-37)
La secuencia que hoy leemos es la última parte del discurso.  En ella responde a la pregunta inicial de los discípulos–“¿Cuándo sucederá todo esto?” (13,4), aunque no en la forma que ellos y nosotros hubiéramos deseado. 
La respuesta comienza recurriendo a una comparación o parábola: la de la higuera y termina con otra: la del hombre que se ausenta.  Estas constituyen el núcleo de la respuesta.  La primera habla de la inmediatez y cercanía de estas cosas, y viene a ser la conclusión lógica de la parábola de la higuera.  La tercera habla de la ignorancia sobre el momento concreto, y puede considerarse como la introducción idónea a la parábola que le sigue, la del hombre que se ausentó y no sabemos cuándo volverá.  La sentencia central es la que se nos ofrece el mensaje más relevante: la certeza del hecho, basada en la palabra de Jesús que no pasa. Esta certeza de algo sobre lo que no cabe hacer previsiones y cálculos, pero que para el cristiano debe estar siempre cercano, origina la actitud de una vigilancia constante y responsable.
Un Dios sorprendente. Tanto en la encarnación como en la última aparición, el Dios que nos ama y esperamos es un Dios sorprendente.  Sorprendente porque el Dios que rasga los cielos y desciende no es un Dios ocasional, episódico; es el Dios con nosotros que quiere estar en medio de nosotros, en el centro de nuestra existencia, no en los márgenes.  Sorprendente, porque puede llegar “al anochecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer” o sea, en cualquier momento: su presencia y venida no está ligada a momentos privilegiados y lugares especiales. 
Sorprendente, porque para acogerlo hay que vivir el hoy en plenitud; esto no significa preparar un espectáculo grandioso en su honor, sino vivir en su casa y ser responsable de ella, pues la ha dejado en nuestras manos y nos ha señalado a cada uno una tarea en ella. 
Sorprendente, porque nos invita a discernir los signos de los tiempos, a andar por caminos de justicia y familiarizarnos con el conflicto. Sorprendente, porque no viene ante todo a exigir, a pedir cuentas, sino a dar. “Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en Él…”, nos dice el profeta Isaías.  Y Pablo habla de un Jesús porque hemos sido “enriquecidos en todo” como lo dice a los corintios.
No se puede ser fiel a un Dios sorprendente, que lleve la iniciativa e interviene en nuestras vicisitudes, si no es asumiendo una postura dinámica de discernir los signos de los tiempos y de toma de conciencia y responsabilidad.  Frente al presente, frente a lo que acontece en nuestro mundo y sociedad, no podemos ni dormirnos ni desentendemos.  Hay que estar alerta, no podemos delegar en nadie el encargo de vigilar y trabajar.  “Lo que le digo a ustedes se los digo a todos: ¡Estén en vela!  Sólo asía podremos descubrir y vivir cotidianamente su presencia e intromisión en nuestra vida y mundo.  Quien trate de escuchar con fidelidad el mensaje de Jesús es fácil que lo perciba, en el fondo de su ser, como una llamada a despertar y vivir con lucidez, y como una fuerza capaz de humanizar, personalizar y dar sentido y gozo insospechado a su vida.  Y es fácil también que, al dejarnos interpelar sinceramente por su palabra, vivamos uno de esos raros momentos en que nos sentimos “despiertos” en los más hondo de nuestro ser.
Muchas personas no aman su vida concreta. Tampoco saben vivirla.  La vida se les hace dura y penosa, excesivamente aburrida y vulgar.  Vienen atrapados por las cosas.  Demasiados agitados, llenos o vacios, para poderse detener y responder a su verdadera vocación de ser personas.
Cuando a esto se le suma un clima social conflictivo y un horizonte de inseguridad y crisis, es fácil la tentación de evadirse a un “mundo feliz” que nos consuele de la vida real y nos anestesie de los sinsabores da cada día.  Cada uno busca su “vía de escape” y consume su propia droga.  Sería una equivocación creernos libres de toda “drogadicción” por no ser esclavos de ninguna sustancia tóxica.  Pocas veces habrá tenido tanta actualidad la llamada de Jesús a la vigilancia, la lucidez y la libertad de espíritu.  ¡Se puede y se debe vivir sin droga”
Respecto a la segunda venida, al encuentro definitivo con Dios, también nosotros como los apóstoles tenemos curiosidad por saber “cuándo” o al menos querríamos ser avisados con una “señal” ¡Menos mal que Jesús no nos ha indicado la hora precisa, obligándonos a tener nuestro reloj puesto en el hoy!
La manifestación de un cristianismo relajado, irrelevante, banalmente repetitivo, no es evangélico ni interesa a nadie.  Solamente la aparición de unos cristianos “sorprendentes”, comprometidos en el presente con lucidez que sirvan positivamente, trabajado por una sociedad más justa y fraternal, puede ayudar a muchas personas a levantar la cabeza y ver los nuevos signos que aparecen en el horizonte, y probar otro estilo de vida abierto a la presencia y utopía de nuestro Dios. ¡Este el momento preciso!
 La Iglesia, al elegir este texto de Marcos para dar comienzo a un año nuevo litúrgico, nos recuerda:
·       Que con el adviento iniciamos una etapa y una oportunidad nueva de salvación, aunque todo tiempo sea tiempo oportuno y propicio de salvación y misericordia.
·       Donde Cristo sigue viniendo en la historia, a través de la historia y sometido a la historia.
·       Que para descubrirlo es preciso tener el oído fino, los ojos limpios y abiertos, el corazón expectante y comprometerse en el presente con lucidez, con perspectiva de plenitud y futuro y la mirada fija en Él.
Para reflexionar:
No confundir estar en vela con no dormir.
Pbro. Daniel Silva


       "Adviento.. es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio  para percibir una presencia"                                                                                                  

S.S. Benedicto XVI
Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan solo comenzada. Esto implica que el cristianismo no mira solamente a lo que ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfara definitivamente y todo le estará sometido, el día que Cristo vuelva. Sabe que la presencia de Dios, que acaba de comenzar, será un día presencia total. Y esta certeza le hace libre, le presta un apoyo definitivo”

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.


Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin.    
  
Lecturas de la Semana
Lunes 28:  Is.  2,1-5 Sal  121;  Mt. 8, 5-11.
Martes 29:  Is. 11, 1-10;  Sal.  71; Lc. 10, 21-24.
Miércoles 30:  Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal Dn. 3, 62-67; Lc. 21, 10-19.
Jueves 1:  Is. 26, 1-6;  Sal 117; Mt. 7, 21. 24-27.
Viernes 2: Is.  29, 17-24;  Sal  26;  Mt. 9, 27-31.
Sábado 3: Is. 19-21. 23-26; Sal 146; Mt. 9, 35—10, 1.5ª.
6-8
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Siervas de los corazones traspasados de J y M..
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.


jueves, 17 de noviembre de 2011

34º domingo durante el año, Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo


Lecturas del 20-11-11– Ciclo A –


“Vengan benditos de mi Padre”


Profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17
Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. 
Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor- . Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. 
En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos.»   
Palabra de Dios.

Salmo 22

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas.  R.
Me conduce a las aguas tranquilas  y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R.

1º C de San Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.   Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 25, 31-46
 Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.        
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver." 
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?"
Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo."     
Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron."             
Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?"
Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo."
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»    
Palabra del Señor.

Reflexión:
El juicio definitivo

Con la fiesta de hoy, Cristo Rey, cerramos el año litúrgico y nos disponemos a comenzar el tiempo del Adviento.  Este pasaje, en una especie de visión profética, nos muestra cuál es el criterio supremo para entrar y gozar del Reino, para ver y conocer a Dios. En Él se nos dice quiénes son verdaderos discípulos y seguidores de Jesús y cuál es la verdadera Iglesia.

La escena nos presenta un juicio público, universal.  El juez es “el Hijo del hombre”, Jesús. Aparecen dos grupos de personas cuyo comportamiento histórico ha sido  bien diferente.  El juicio es de separación, definitivo.  La sentencia se pronuncia en forma de bendición o maldición.  La sanción es heredar el Reino o ser arrojados al fuego eterno.

El criterio o medida que se utiliza es sorprendente y no importa si lo sabemos o no: lo que cuenta es la actitud de amor o indiferencia hacia cualquier ser humano necesitado, lo que se hace con uno de los más pequeños, se hace con Dios. Éste es el criterio definitivo y el mansaje final que Mateo dirige a sus lectores: hay que estar alerta, de forma activa, con la mirada puesta en el rostro concreto de cada ser humano necesitado. 

Lo que hacemos a los pobres, a los más pequeños, a los hambrientos, extranjeros, enfermos, desnudos, encarcelados… es lo que cuenta, es lo que hemos hecho a Dios. 
Increíble respuesta.  La parábola no menciona la oración, ni la comunidad, ni el culto, ni la eucaristía… Ni siquiera  cita la fe en Jesucristo.  Lo cual no quiere decir que tales puntos no sean importantes, más aún necesarios. 
Significa otra cosa: que puestos a dar la clave definitiva, o puestos a expresar lo que es esencial del verdadero cristiano y de la verdadera Iglesia, todo se juega en la OPCION POR LOS POBRES, en el amor a los pobres y marginados.  Todo lo demás, sin esto, de nada sirve. Es bueno recordar este test definitivo de nuestra existencia, aunque nos sintamos una vez más molestos ante la palabra de Jesús.

Aplicada esta parábola al mundo de hoy, es evidente que se refiere no sólo a las obras de caridad, sino también al compromiso sociopolítico tendiente a construir una sociedad libre, democrática, igualitaria y fraternal. Porque puede ocurrir –y a ocurrido muchas veces- que uno haga por un lado muchas obras de caridad y por otro siga explotando, o apoye situaciones contrarias a la libertad y a la justicia, o lleve un tren de vida indignante para los pobres.

El juicio de Dios no se encierra en el ámbito individual, Dios nos ha comunicado su propia vida y no nos saca de la historia, por el contrario, nos hace asumirla plenamente, porque en lo transitorio se juega lo definitivo.

La opción por los pobres es, sin duda, la más adecuada reformulación, para nuestra sociedad e Iglesia, de lo que Mateo dice en este pasaje. Este último término, si nuestro sacrificio, abnegación y esfuerzo se han puesto al servicio de que tengan menos dureza, si nuestro propio conflicto y oscuridad para ver y reconocer a Dios han nacido de la entrega y lucha para que los pobres bajen de la cruz, indudablemente, en el día del juicio, escucharemos las palabras de Jesús:
“Vengan benditos de mi Padre”.

Ellos son el camino y el sacramento de nuestra salvación. No se puede conocer a Dios sin acoger al pobre.  Y quien acoge al pobre, y vive su vida en función de ellos, aunque camine en la oscuridad y perplejidad respecto a Dios, está viviendo en el amor del Padre.  Lo está conociendo aunque no lo sepa.  Está salvado.

La parábola del juicio final nos dice que la suerte de toda persona se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad, cárcel, destierro…  Pero vivir con entrañas de misericordia no es tener un corazón sensiblero ni tampoco practicar, de vez en cuando, alguna “obra de misericordia” que aquiete nuestra conciencia y nos permita seguir tranquilos nuestro camino egoísta de siempre. Es esta misericordia la que da categoría humana y evangélica a la persona. Es esta misericordia la que nos trae la bendición de Dios: la que se asume un compromiso al servicio a la humanidad.  Pensemos en el evangelio de hoy: nosotros desde nuestra comunidad hemos de servir a Cristo presente en ese “cualquiera” que convive con nosotros.  De esta manera, nuestra pertenencia a la Iglesia no es una barrera que nos aísla de los demás, sino todo lo contrario, la forma que tenemos de ir hacia ellos.  Esto es posible si no nos colocamos barreras y fronteras… Si las colocamos, son nuestras, y nuestra es la responsabilidad.  Las fronteras del Reino son tan amplias y generosas como amplio e infinito es el amor de Dios, tal como se ha manifestado en Jesucristo, el rey coronado de espinas y colgado de una cruz.

Celebremos la fiesta de Cristo Rey y miremos nuestra vida desde este gran espejo de nuestra Fe: Jesús que da la vida por la salvación de todos. En la mesa de la Eucaristía estamos llamados todos los pobres y necesitados. Comulgar nuestro pan con la conciencia de que debe ser repartido entre todos.

Oremos:
Señor, que venga  a todos nosotros tu Reino de justicia, de amor y de verdad.
Pbro. Daniel Silva

Cuento: Más valioso que el Circo

Cuando yo era niña estaba con mi padre haciendo fila para comprar las entradas del circo.
Delante de nosotros en la fila había un matrimonio con ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que eran muy humildes. Los niños estaban muy entusiasmados hablando de los payasos, los elefantes y otros que verían esa noche. Le escuché decir que era la primera vez que iban al circo.
La esposa miraba al marido con mucha satisfacción. Se ve que él había hecho un gran esfuerzo para poder llevarlos todos al circo.
Cuando llegaron a la ventanilla de ventas, la empleada preguntó al padre cuántas entradas quería. Él respondió con orgullo: "Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos".
La empleada le indicó el precio. El matrimonio se paralizó y quedó mudo. Era más de lo que esperaban. ¿Cómo iba a decirles a sus ocho hijos que no tenían suficiente dinero para llevarlos al circo? Viendo lo que ocurría, mi papá dejó caer de su bolsillo un billete de cien pesos (nosotros no éramos ricos en absoluto). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: "Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo."

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de cien pesos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: "Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí."              

Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. No fuimos al circo. Pero no nos fuimos sin nada...  Jamás olvidaré aquel acto de mi padre. Sé que me hubiese divertido en el circo. Pero aquella noche obtuve una enseñanza que me ha enriquecido toda mi vida.


La preeminencia del amor
1º Carta de Pablo a los Corintios 13, 1-8

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,  no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.


Lecturas de la Semana

Lunes 21:  Zac.  2,14-17; Sal  Lc. 1, 46-55; Mt. 12, 46-50.
Martes 22:  Dn. 2, 31-45;  Sal.  Dn.3, 57-61; Lc. 21, 5-9.
Miércoles 23:  Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal Dn. 3, 62-67; Lc. 21, 10-19.
Jueves 24:  Dn. 6, 12-28;  Sal Dn. 3, 68-74; Lc. 21, 20-28.
Viernes 25: Dn. 7, 2-14;  Sal  Dn. 3, 75-78. 80-81;  Lc 21, 29-33.
Sábado 26: Dn. 7,15-27; Sal Dn. 3, 82-87; Lc. 21, 34-36.



Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.


viernes, 11 de noviembre de 2011

33º domingo durante el año, « Ya que respondiste fielmente en lo poco, entra a participar del gozo de tu Señor»


Lecturas del 13-11-11– Ciclo A –


33º domingo durante el año


« Ya que respondiste fielmente
en lo poco, entra a participar del
 gozo de tu Señor»


Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31
Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.     
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos.     
Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso. Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente.           
Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.
Palabra de Dios.

Salmo 127
R. ¡Felices los que temen al Señor!
¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!  Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.  R.
Tu esposa será como una vid fecunda  en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo  alrededor de tu mesa.  R.
¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión 
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén!  R.

1º carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6
Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.              
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.   Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 25, 14-30
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
 «El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. 
En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. 
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor." 
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor." 
Llegó luego el que había recibido un solo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!" Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. 
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes."»
Palabra del Señor.
Reflexión:

Las lecturas de hoy nos hacen mirar al futuro, a la parusía. Para que desde ese futuro de gloria que esperamos, también nos animemos a prepararlo debidamente.
Jesús quiere inculcar a sus discípulos la fidelidad. La vigilancia no es sólo una actitud moral. Es todo un estilo de vida, de confianza y de fidelidad al Señor. A diferencia de los fariseos que confiaban en sus propias obras, por las cuales Dios “les tenía que premiar”.
Nuestro Dios nos regala la vida, el tiempo, las cualidades, para que realicemos buenas obras, no para que las enterremos y así no sirvan para el bien propio y ajeno.
La verdadera relación del hombre con Dios no se basa en el miedo, sino en el amor. Desde esta perspectiva, el discípulo de Jesús ha de enfocar toda su persona y actividad.

El reproche llega porque este criado no cultivó sus cualidades y talentos al servicio de los demás. No somos propietarios de nuestros talentos, sólo somos administradores. Nuestro punto de mira no está en el beneficio y la seguridad propia, porque el don que no se comparte es un don enterrado.


"Sí, lo que Cristo nos ha dado,
es para su multiplicación,
dándolo" (1)

Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de este domingo, el penúltimo del año litúrgico, es una invitación a estar vigilantes y diligentes en espera del regreso del Señor Jesús al final de de los tiempos. 
La Página del Evangelio narra la famosa parábola de los talentos referida por san Mateo (25,14-30). El "talento" era una antigua Moneda romana, de gran valor, y precisamente es una de las causas de la popularidad de esta parábola que se ha convertido en sinónimo de dote personal, que cada quien está llamado a hacer fructificar. 
En realidad, el texto nos habla de "un hombre que, al ausentarse, llamo a sus empleados y les encomendó su hacienda" (Mateo 25,14). El hombre de la parábola representa al mismo Cristo, los servidores a los discípulos y los talentos los dones que Jesús les confía. 

Estos dones, no sólo representan las cualidades naturales que tengamos, sino a las las riquezas que el Señor Jesús ha dejado en su herencia para que las hagamos fructificar: su Palabra, depositada en el santo Evangelio, el Bautismo,  que nos  renueva en el Espíritu Santo, la Oración, el Padrenuestro que elevamos a Dios como hijos unidos en el Hijo, su Perdón, que ha ordenado ofrecer a todos, el sacramento de su Cuerpo inmolado y de su Sangre derramada. En una palabra: el Reino de Dios, que es Él mismo, presente y vivo entre nosotros. Este es el Tesoro que Jesús ha confiado a sus amigos al final de su breve existencia terrena. 

La Parábola de hoy Insiste en la actitud Interior con la que hemos de acoger y valorar este don. La actitud equivocada es la del miedo: el servidor que tiene miedo de su Señor y de su regreso, es el que  esconde la moneda bajo tierra y deja de producir frutos. Esto le sucede, por ejemplo, a quien habiendo recibido el Bautismo, la Comunión, la Confirmación, después entierra los dones bajo una capa de prejuicios, bajo una falsa imagen de Dios que paraliza la fe y las obras, traicionando las expectativas del Señor. 
Pero la parábola da más Importancia a los buenos frutos de los discípulos, que felices por el don recibido, no los han escondido con temor y celos, sino que los han hecho fructificar, compartiéndolos. 
¡Sí, lo que Cristo nos ha dado es para su multiplicación, dándolo! Es un tesoro hecho para ser gastado, invertido, compartido con los demás, como nos enseña ese gran administrador de los talentos de Jesús, el apóstol Pablo.

La enseñanza evangélica que hoy nos ofrece la liturgia ha tenido un impacto a un nivel histórico-social, en las poblaciones cristianas, promoviendo una mentalidad emprendedora y activa. 

Pero el mensaje central afecta al espíritu de responsabilidad con el que hemos de acoger el Reino de Dios: responsabilidad con Dios y con la humanidad. Encarna perfectamente la actitud del corazón de la Virgen María, quien al recibir el don más precioso, al mismo Jesús, he aquí que se ofreció al mundo con inmenso amor. Pidámosle que nos ayude a ser "servidores buenos y fieles" para que podamos entrar un día "en el gozo de su Señor".

(1) Benedicto XVI, plaza de San Pedro del Vaticano, domingo, 16/11/ 2008 ( ZENIT.org ).


Nuestro Tiempo:

El contexto de la hora histórica que vivimos se predica, como grandes valores, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico, los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola.
La eficacia, la productividad, la eficiencia... no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino "cuantificaciones" que pueden ser aplicadas a otros valores. Se puede ser eficiente en muchas cosas muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también).
La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención no nos interesa. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá pues de la materia a la que apliquemos esa eficiencia así como del objetivo al que se oriente.
Cabe entonces imaginar una "eficiencia" cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice 'Señor, Señor', sino el que hace..., la parábola de los dos hermanos, Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica... y más paradigmáticamente, el mismo texto que continúa al de hoy, que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, donde el criterio del juicio escatológico será precisamente lo que hayamos "hecho" efectivamente a los pobres...
La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia "por-el-Reino", la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo trabajadores por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital "golondrina"...
La eficiencia por la eficiencia no es un valor cristiano, ni siquiera humano. Quizá sea cierto que el capitalismo, sea "el sistema económico que más riqueza crea"; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza sacrifica (idolátricamente) la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal.
Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo sería ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz.

Tomado de Servicio bíblico latinoamericano.
Meditamos con el Evangelio (Qué me dice esta Palabra)

Somos administradores, servidores, empleados, no dueños, de los dones que el Señor nos regala. Y los tenemos que administrar en bien nuestro y de los demás.

Somos colaboradores del Reino. El Señor nos ha incorporado a su tarea. Desde el principio, quiso Dios que el ser humano colaborara en la obra de la creación. Y Jesús nos ha elegido como apóstoles de su Evangelio. Esta parábola es una llamada a la responsabilidad.

Dios pone su confianza en cada persona. Sólo en esa confianza podremos ser responsables. No se trata de “ganar méritos”, sino de “responder” a los dones que el Señor nos da gratuitamente.


Lecturas de la Semana

Lunes 14: 1 Mac.  1,10-15.41-43. 54-57. 62-64; Sal  118; Lc. 18, 35-43.
Martes 15:  2 Mac. 6, 18-31;  Sal: 3; Lc. 19, 1-10.
Miércoles 16:  2 Mac. 7, 1. 20-31; Sal 16; Lc.19. 11-28.
Jueves 17: 1 Mac. 2, 15-29;  Sal 49; Lc. 19, 41-44.
Viernes 18: 1 Mac. 4, 35-37. 53-59;  Sal  1Cor. 29, 10-12;  Lc 19, 45-48.
Sábado 19: 1 Mac. 6,1-13; Sal 9; Lc. 20,27-40.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.




Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

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Círculo Bíblico San José
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Brandsen 4970 Villa Domínico.