Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 20 de enero de 2012


Lecturas del 22-01-12
Tercer  domingo del tiempo ordinario
– Ciclo B –
 
 
 «Síganme, y yo los haré
pescadores de hombres.»
 

Lectura de la profecía de Jonás  3, 1-5. 10
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.»     
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.  Palabra de Dios.
 
Salmo 24
 
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.  
R.
 
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor,  acuérdate de mí según tu fidelidad.  R.
 
El  Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.  R.
 
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7, 29-31 
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran;  los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.  Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.Palabra del Señor.
 
Reflexión   

Marcos después de narrarnos los comienzos del evangelio con la presentación de Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, nos relata, la actividad pública de Jesús; es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el contenido entero de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado -es que se ha cumplido el plazo de su espera- y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.
El reinado de Dios ha comenzado. ¿De qué rey hablaba Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho, y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era de antes del pecado.
Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace más de 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra.
Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.      
A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades; a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.      
Dios quiere la conversión. (1) Después de que Juan fue arrestado, Jesús se acercó a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Debemos eliminar inmediatamente los prejuicios. Primero: la conversión no se refiere sólo a los no creyentes, o a aquellos que se declaran «laicos»; todos indistintamente tenemos necesidad de convertirnos; segundo: la conversión, entendida en sentido genuinamente evangélico, no es sinónimo de renuncia, esfuerzo y tristeza, sino de libertad y de alegría; no es un estado regresivo, sino progresivo.         
Antes de Jesús, convertirse significaba siempre un «volver atrás» (el término hebreo, shub, significa invertir el rumbo, regresar sobre los propios pasos). Indicaba el acto de quien, en cierto punto de la vida, se percata de estar «fuera del camino»; entonces se detiene, hace un replanteamiento; decide cambiar de actitud y regresar a la observancia de la ley y volver a entrar en la alianza con Dios. Hace un verdadero cambio de sentido, un «giro en U». La conversión, en este caso, tiene un significado moral; consiste en cambiar las costumbres, en reformar la propia vida.
En labios de Jesús este significado cambia. Convertirse ya no quiere decir volver atrás, a la antigua alianza y a la observancia de la ley, sino que significa más bien dar un salto adelante y entrar en el Reino, aferrarse a la salvación que ha venido a los hombres gratuitamente, por libre y soberana iniciativa de Dios.  

Conversión y salvación se han intercambiado de lugar. Ya no está, como lo primero, la conversión por parte del hombre y por lo tanto la salvación como recompensa de parte de Dios; sino que está primero la salvación, como ofrecimiento generoso y gratuito de Dios, y después la conversión como respuesta del hombre. En esto consiste el «alegre anuncio», el carácter gozoso de la conversión evangélica. Dios no espera que el hombre dé el primer paso, que cambie de vida, que haga obras buenas, casi que la salvación sea la recompensa debida a sus esfuerzos. No; antes está la gracia, la iniciativa de Dios. En esto, el cristianismo se distingue de cualquier otra religión: no empieza predicando el deber, sino el don; no comienza con la ley, sino con la gracia. (1) Cantalamessa
 
Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
 
La conversión es a la vez una llamada y una respuesta. Dios nos llama a convertirnos y el hombre responde con la conversión, gracias al don de la fe. En base a la fe en Dios, el hombre se convierte y vive la experiencia nueva de vivir orientado hacia Él. La fe que previene la conversión, también la acompaña y la sigue para dar frutos de conversión en la conducta y vida diarias. Una conversión sin el acompañamiento de la fe no sería otra cosa que un puro y momentáneo sentimiento, un "fervorín" suscitado por una experiencia fuerte. Es decir, se reduciría a algo superficial y desprovisto de futuro.
Sin embargo, cuando la conversión se funda en la fe y es acompañada por ésta, entonces lo más natural es que culmine con el seguimiento: ir pisando las mismas huellas de Cristo en el camino de la vida. En tiempo de Jesús, eran los discípulos los que escogían al rabino o maestro; Jesús hace lo contrario; es él quien elige y dice a sus elegidos: “sigue mis pasos, camina tras mis huellas”. Así serás mi verdadero discípulo.

Nuestra respuesta al llamado del Señor. En el pasaje del Evangelio encontramos la llamada que Jesús hace a Pedro, Andrés, a Santiago y a Juan.
Los cuatro apóstoles que llama el Señor en este pasaje eran pescadores, y Jesús los encuentra trabajando, pescando o arreglando las redes. Para estos apóstoles, las redes lo eran todo, pues eran los instrumentos de trabajo y de su sustento diario. Al recibir el llamado, estos hombres, al instante, dejaron todo para seguir al Señor, responden sin demora al llamado, libres de ataduras para seguir a Cristo. (A igual que Jonás, en la primera lectura).
Para seguir a Cristo es necesario que no exista en nosotros un apegamiento por los bienes materiales y por los valores del mundo.
El Señor nos pide a todos los cristianos, en el estado en que nos ha llamado, un desprendimiento efectivo de nosotros mismos, de lo que tenemos y de lo que usamos.
El Concilio Vaticano II nos advierte al respecto, diciéndonos: “Vigilen todos para ordenar rectamente sus afectos, no sea que en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que los aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad”.  El desprendimiento que nos pide Cristo no es un desprecio absoluto a los bienes materiales, que son buenos si se adquieren y utilizan conforme a la voluntad de Dios y siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. Pero esta enseñanza no es compatible con un corazón dividido, que busca compartir el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, porque muy pronto termina desalojando a Dios del corazón y cayendo prisionero de los bienes de la tierra, que ahí sí se convierten en males.              

A la tendencia natural que todos tenemos por aferrarnos, se une la carrera desenfrenada por la posesión cada vez mayor de bienes, una clara ambición, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero, a un comportamiento individualista, como si éstas fueran las metas más importantes en nuestras vidas.
Este es el modo de vida que parece extenderse cada vez más en nuestras sociedades. Y ésta es una gran presión a la que con mucha frecuencia contribuyen los medios de comunicación y económicos, en la que no debemos caer si queremos de verdad mantenernos libres de ataduras para seguir a Cristo.    

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

¿En qué situaciones de mi pasado y de mi presente siento que Jesús sale a mi encuentro en el camino de mi vida?                
¿Cómo he respondido esas llamadas?

¿Qué situaciones hoy hacen que no me encuentre libre de ataduras para seguir a Cristo?

Oración:
Vamos a pedirle hoy al Señor que, a ejemplo de los apóstoles, no permitamos nunca que los bienes de la tierra constituyan un impedimento para acudir sin demoras a su llamado. 

“Te ofrezco, Señor”

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
 
                               Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
 
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
 
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
 
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.     
   
Papa Clemente IX
 
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente. P. Pio
 
 
Lecturas de la Semana
Lunes 23:  2 Sam. 5, 1-7. 10;  Sal  88;  Mc. 3, 22-30.
Martes 24:  2 Sam. 6, 11a. 12-15. 17-19;  Sal. 23; Mc. 3, 31-35.
Miércoles 25:  Hech. 22, 3-16; Sal. 116; Mc. 16, 15-18.
Jueves 26:  2 Tim. 1,1-8;  Sal 95; Lc. 10, 1-9.
Viernes 27: 2 Sam. 11, 1-4. 5-10. 13-17. 27; Sal 50; Mc. 4, 26-34.
Sábado 28: 2 Sam. 12, 1-7a.10-15; Sal 50; Mc. 4, 35-41.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Catholic net, Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – Hno. Ricardo Grzona, frp.
  
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
 Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
             

sábado, 14 de enero de 2012

Segundo domingo del tiempo ordinario, «Hemos encontrado al Mesías» «Vengan y lo verán»,


Lecturas del 15-01-12

– Ciclo B –




Primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19
Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte.» Y él se fue a acostar.    
El Señor llamó a Samuel una vez más. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte.» Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha.» Y Samuel fue a acostarse en su sitio.
Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «Habla, porque tu servidor escucha.»
Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.
Palabra de Dios.

Salmo 39
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor:  él se inclinó hacia mí  y escuchó mi clamor.             
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.  R.

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios,
 entonces dije: «Aquí estoy.»  R.

«En el libro de la Ley está escrito
 lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad,  y tu ley está en mi corazón.»  R.

Proclamé gozosamente tu justicia  en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios,  tú lo sabes, Señor.  R.

Primera carta de Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20
Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.              
¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.
Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.
¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?     
Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio!
Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos. 
Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»         
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: « ¿Qué quieren?»     
Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»              
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.        
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.
Palabra del Señor.

Reflexión:
Los primeros discípulos: Reconocer a Jesús

El Evangelio de hoy nos recuerda la elección de los primeros discípulos. Es un bello relato, que sobriamente evoca el proceso y las distintas circunstancias de aquellas vocaciones. Juan nos ofrece, a diferencia de los otros evangelios, la concentración de tiempo y espacio, lo que supuso para aquellas personas el encuentro y el descubrimiento de Jesús.

Así, este relato de vocación-testimonio es un pasaje teológico escrito a la luz de la Pascua.  Pero en él se mezclan, con afirmaciones teológicas elaboradas, importantes recuerdos históricos, detalles muy concretos que quedaron grabados para siempre en quien escribe.

En el origen de las primeras vocaciones cristianas está, como base y punto de partida, el testimonio de Juan Bautista sobre Jesús. Aunque lo identifica y proclama con un extraño título –Cordero de Dios- que tenía en todo judío resonancias de inmolación y liberación, tuvo que ser un testimonio vivo, cercano, impactante que hizo mella en sus discípulos.

El papel fundamental de las mediaciones humanas en la vocación de los primeros discípulos.  Primero es el propio Juan Bautista quien, además de dar a conocer y proclamar la personalidad de Jesús a sus seguidores se lo presenta y les invita a que vayan detrás de Él.  Después serán Andrés y Felipe los que hagan de mediadores.

La experiencia personal de cada uno. Otro elemento que subraya el texto evangélico en el proceso de la vocación es la experiencia personal de cada uno. Los discípulos descubren, son tocados, se convencen, creen, no tanto por razones y discurso cuanto por experiencia: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”.  La mirada penetrante de Jesús, el compartir con Él, el poder verle y observarle, el convivir esto deja huella, peso y vida.

El proceso vocacional culmina con la respuesta personal y libre de seguir a Jesús.  El discípulo es un seguidor,  la palabra “seguimiento” es el término elegido en los evangelios para expresar la adhesión de los discípulos de Jesús, más tarde expresará, en síntesis, la vocación de todo cristiano.

¿Quién es Jesús?, el que pasa y llama  Todo lo que los discípulos fueron descubriendo gradualmente sobre Jesús después de la resurrección aparece, concentrado y anticipado, en esta página, al comienzo del Evangelio.

·         Jesús es el Cordero de Dios… a través de Él Dios pasa y libera a la humanidad de la muerte, de la esclavitud y del pecado.
·         Jesús es, Señor, Maestro, Rabbí.  Es decir, Él es quien da la verdadera enseñanza de la vida.
·         Jesús es el Mesías, el Ungido, el Cristo… es esperado por el pueblo para liberarlo.
·         Jesús es aquel de quien escribió Moisés en la Ley y también los Profetas.  El implantará una sociedad basada en el derecho y la justicia, en la paz y verdad, en defensa de los débiles y en la abundancia para todos.
·         Jesús es el Rey de Israel. Soberanía sobre todo, ejercicio del servicio a los pobres y excluidos.
·         Jesús es el Hijo de Dios. Con la que la comunidad confesó su fe en Jesús como Dios después de la Pascua.
·         Jesús es la escalera, Mediador entre Dios y los hombres.

La importancia de la experiencia personal.  Los dos primeros discípulos que siguen a Jesús son de la escuela de Bautista.  Están, por consiguiente, advertidos de las dificultades y riesgos de esa opción.
 Aquel que inspira este relato, el evangelista Juan, nunca olvidó la hora de su encuentro con Jesús: “Serían las cuatro de la tarde” (la hora décima). Como todo hecho que marca nuestra vida, el recuerdo de ese encuentro permanente con detalles que lo rodearon y deja huellas indelebles en nuestra memoria. Todos tenemos en nuestra vida algún “cuatro de la tarde”, algún momento fuerte de  encuentro con Él que nos llena de sentido y nos sostiene en los momentos difíciles.

La importancia del testimonio. Unidos y encadenados se narran los encuentros de Jesús con cinco discípulos.  Son relatos de vocación o llamada.  Pero a la vez aparecen como relatos de testimonio.  Andrés y el otro discípulo lo descubren por el testimonio de Felipe, y Felipe era del pueblo de Andrés y Pedro.  He aquí toda una composición literaria para transmitirnos la importancia del testimonio en el descubrimiento de Jesús.

Para reflexionar:

“¿Qué buscan?” nos dejan desconcertados porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida.  Es una pregunta fundamental en la historia de cualquier vocación, de cualquier ser humano. ¿Cuál sería nuestra respuesta hoy?
Jesús no juega a dificultar el encuentro ni se esconde de quien lo busca honradamente.  Se vuelve; invita: “vengan y lo verán”; pregunta: ¿Qué buscan?; llama: “Sígueme”; dialoga, explica, facilita el encuentro…

La experiencia personal y el testimonio son dos caminos que conducen a la fe, que nos descubren quién es Jesús de Nazaret.  El encuentro y el descubrimiento tienen lugar habitualmente en la realidad histórica y cotidiana.  En el camino: “Jesús pasaba”.  En un diálogo,  es una presentación.  En una decisión: “Ven y lo verás”.  En una amistad, en el hijo de José.  El encuentro con Dios, que transforma una existencia, normalmente se percibe por un latido del corazón.

“¿De Nazaret puede salir algo bueno?”.  También hoy Jesús de Nazaret sigue desconcertando y rompiendo esquemas, porque su voz resuena donde no esperamos, y se hace presente donde no nos gusta estar, en esos lugares que hemos abandonado por estar abandonados de todos.

Pbro. Daniel Silva. 
“Te llamé a vivir”
Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza, nada motiva una esperanza.
Hijo, quiero decirte claramente que fui yo quien te llamó a la vida.
Yo te concebí primero en mi inteligencia.
Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar.

Te llamé a vivir a ti.  Exclusivamente a ti.
Te hice irrepetible.  Nadie tiene tu misma voz, ni tus mismos ojos, ni tus mismos rasgos interiores.

Te di virtudes... ¿Las ha descubierto?
Te di cualidades... ¿Las conoces?
Te hice hermoso con mis propias manos.
Te comuniqué mi vida.
Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
Te hice ver el paisaje y el color.
Te di el oído, para que escucharas el canto de los pájaros y la voz de los hombres.
Te di la palabra, para decir: “PADRE”, “MADRE”,
“AMIGO”, “HERMANO”.
Te di mi amor más profundo.

 No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
Te conozco cuando respiras y te cuido cuando duermes.
No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.

TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes.
Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE,
¿puedo olvidar a mi hijo?
¡Ni lo sueñes!
Desde que te hice ya no te puedo dejar solo.
Camino contigo y sonrío contigo.   Vivo en ti.
Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído.
y en silencio:
                                                       ERES MI HIJO. TE AMO                                                                                   Dios

Lecturas de la Semana
Lunes 16:  1 Sam. 15, 16-23;  Sal  49;  Mc. 2, 18-22.
Martes 17:  1 Sam. 16, 1-13;  Sal. 88; Mc. 2, 23-28.
Miércoles 18:  1 Sam. 17. 1a.2ª.4ª.8.32.33.37.40-51; Sal. 143; Mc. 3, 1-6.
Jueves 19:  1 Sam. 18,6-9; 19, 1-7;  Sal 55; Mc. 3, 7-12.
Viernes 20: 1 Sam. 24, 3-21; Sal 56; Mc. 3, 13-19.
Sábado 21: 2 Sam. 1, 1-4.11-12.17.19. 23-27; Sal 79; Mc. 3, 20-21.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.



Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.