Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 18 de febrero de 2012

Séptimo domingo del tiempo ordinario, «El Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados.»


Lecturas del 19-02-12
 
– Ciclo B –

  

Libro profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla el Señor: No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.            
Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados.  Palabra de Dios.
 
Salmo 40
 
R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.
 
Feliz el que se ocupa del débil y del pobre: el Señor lo librará en el momento del peligro. El Señor lo protegerá y le dará larga vida, lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará a la avidez de sus enemigos.  R.
El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor y le devolverá la salud. Yo dije: «Ten piedad de mí, sáname, porque pequé contra ti.»  R.
 
Tú me sostuviste a causa de mi integridad, y me mantienes para siempre en tu presencia.  ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre!  R.
 
2º carta de Pablo a los Corintios 1, 18-22
Hermanos: Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy «sí», y mañana «no.»
Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no», sino solamente «sí.»            
En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya.  
Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu.  
Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. 
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» 
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»         
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» 
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»  Palabra del Señor.
 
Reflexión:   
 
En el evangelio de hoy, Jesucristo se nos revela como el Dios que tiene el “poder” para liberar al hombre del pecado y hacer que pueda caminar nuevamente, renovado en cuerpo y alma.
El texto de Marcos nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaún y se corre la voz de que está en casa, es interesante notar la “popularidad” que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en el interior ni en el frente de la casa. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse en las entradas.
 
Buscar la sanación. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la Buena Nueva. Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso subieron y abrieron un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos: El primero está impedido, su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud.
Recuperando la vida. La sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible de cumplir. Podemos destacar algunos momentos que van a marcar el núcleo de todo el relato:      
“Al ver la fe de esos hombres” · En primer lugar Jesús percibe la “gran confianza” (literalmente “la fe”) de “aquellos hombres” (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro “camilleros” y al hombre enfermo también).
Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad y le dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”,  la liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud. El Señor perdona, cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama “amigo” (“hijo”; tengamos presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
“¿Qué está diciendo este hombre?” aparece la reacción de los maestros de la ley que “piensan” (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que sólo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto…
Jesús en un gesto soberano y divino (sólo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10).  
Esta afirmación es lo central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina “Hijo del
Hombre”
, es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.            
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

Curador de Vida (1). Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos
de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.            
Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios
creaban las condiciones que hacían posible la curación. Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca sólo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura sólo enfermedades. Sana la vida enferma.            
Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?". No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.             
Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.
Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús,
atado a su camilla. 
 
¿Qué necesita este ser humano para ponerse de pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador? Contagia tu fe en el perdón de Dios.   (1)     J.A. Pagola
 
Sanación integral. En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y  destruye el corazón del hombre.
La “gran” buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en “el cielo” sino aquí en la tierra.             
“Vivir con autoridad”. Hoy Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de decir y hacer. Como solemos decir, «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, «El Reino» no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado), sino construido (hecho, implantado, promovido). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde podamos, en la sociedad.             

 
 Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico, al escuchar la palabra de Jesús dicha directamente a mi corazón: “Amigo/Hijo te perdono tus pecados”, me propongo examinar serenamente mi vida, preguntándome ¿qué cosas hoy me “paralizan” impidiéndome vivir libremente?                
Jesucristo perdona los pecados, pero no detiene su acción liberadora sólo ahí, sino que luego cura al paralítico, liberándole también de su enfermedad. Esta liberación integral e integradora, es obra de Dios, pero nosotros, cristianos, hemos sido llamados para facilitar esta obra divina, ¿Cómo vivo hoy en mis ambientes la actitud “misionera” de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?              
 
Adora y Confía: Cuando te sientas apesadumbrado, triste.
Padre Teilhard de Chardin
No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere. Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo, acepta los designios de su providencia. Poco importa que te consideres un frustrado si Dios te considera plenamente realizado; a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que te quiere para sí. Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas. Piensa que estás en sus manos, tanto más fuertemente, cuanto más decaído y triste te encuentres. Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz. Que nada te altere. Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios.
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 20: San. 3, 13-18;  Sal 18;  Mc. 9, 14-29.
Martes 21: San. 4, 1-10;  Sal 54; Mc. 9, 30-37.
Miércoles 22: Joel. 2, 12-18; Sal 50; Mc. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 23: Dn. 30,15-20;  Sal 1; Lc. 9, 22-25.
Viernes 24: Is. 58, 1- 9; Sal 50; Mt. 9, 14-15.
Sábado 25: Is. 58, 9-14; Sal 85; Lc.5, 27-32.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 

sábado, 11 de febrero de 2012

Sexto domingo del tiempo ordinario, «Si quieres, puedes purificarme.»


Lecturas del 12-02-12

– Ciclo B –
«Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.»
Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 45-46
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes.  La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: «¡Impuro, impuro!».     
Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento.                              Palabra de Dios.
Salmo 31 
R.  Señor, tú eres mi refugio,
  y me colmas con la alegría de la salvación.
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez!  R.      
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al  Señor.»  ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!  R.
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!
¡Canten jubilosos los rectos de corazón!  R.
1ª carta de  S Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1
Hermanos: En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.  
No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. 
Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse.  Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo. Palabra de Dios.
Evangelio según San Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo: Se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.                
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.  Palabra del Señor.
  
Reflexión:   
  
El evangelio de hoy nos trae un primer y claro mensaje:”también los considerados impuros" por la sociedad y el culto antiguo, pueden acercarse a Jesús y por medio de él a Dios. Lo que Dios mira es la pureza interior. Para Dios, todo hombre está llamado a la fe y a la santidad por el solo hecho de ser hombres.
La exclusión. En el tiempo de Jesús todos le tenían miedo al contagio, cuando veían a un leproso, la lepra fue una enfermedad espantosa, en aquel entonces no había remedios que la curasen, conducía, muchas veces a una muerte horrible. Cuando aparecían estas manchas eran los sacerdotes los que tenían la función de examinarlas y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada impura, de acuerdo a La ley (como lo indica la primer lectura), con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos « ¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. Por eso los leprosos fueron obligados a vivir separados de los demás. Habitaban en el desierto o en cementerios hasta morir, en completa soledad.
Nadie podía acercarse a ellos, quien tuviera trato con algún leproso, o solamente tocara un objeto utilizado por el enfermo, habría quedado también en condición de impuro. Por eso más que la enfermedad física, el mayor dolor debe haber sido moral ya que por estar enfermo era expulsado de su familia y de su comunidad, y no podían participar en las celebraciones del culto.
Además,  se pensaba que la lepra era  el "castigo de Dios"  por algún pecado grave. Por eso, el leproso, era rechazado por los hombres y se sentía rechazado también por Dios. Fue una imagen viviente de un muerto en vida.
El pobre “leproso” cargaba, por el hecho de serlo, con tres grandes dificultades que lo convertían en un marginado y excluido por excelencia:         
• En primer lugar la enfermedad en sí: molesta, desagradable, crónica, dolorosa y, en algunos casos, mortal.         
• En segundo lugar la expulsión de la familia y de la comunidad por motivos de contagio. Se obligaba a, los enfermos de lepra a vivir fuera de las aldeas con algún cencerro o elemento sonante que indicara de lejos su presencia para que nadie “sano” se acercara.            
• En tercer lugar la impureza ritual y religiosa que no le permitía rendir culto a Dios. La declaración de impureza ritual ubicaba al leproso como fruto del pecado. Por algún trasfondo religioso muy primitivo asociado a la superstición, se identificaba automática y fácilmente enfermedad-pecado como contrapuesto a salud-santidad. En definitiva el “leproso” se sentía rechazado por Dios, por su familia y por la comunidad.
Buscar la sanación. Jesús, en medio de su misión se encuentra con un leproso, un hombre arriesgado, que se atreve a romper la norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad.
Este hombre, cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, reconoce humildemente su impureza, y al mismo tiempo confiesa el poder de Dios, cayendo de rodillas delante de Jesús y  poniendo en él toda su confianza le dice: «Si quieres, puedes limpiarme».
El Señor transmite su pureza. Jesús, se compadece y lo toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús salta la ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario, pone en el centro la vida de las personas.
Jesús deja que un impuro llegue hasta Él. El Señor “toca” al “intocable” y lejos de quedar contaminado o enfermo comunica su propia pureza sanándolo (literalmente purificándolo o limpiándolo). Se manifiesta así el poder de Dios.
A la luz de todo el relato podemos ver con claridad que más que el milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa, y el evangelista marca con claridad, es el cambio de situación religiosa de aquel que era considerado impuro.
El leproso representa en definitiva a la humanidad alejada de Dios y en situación de impureza.
Su experiencia de liberación. Puede llamar la atención la insistencia de Jesús, en este y en otros relatos de milagro relatados en Marcos, con respecto a la orden que da, de no contar a nadie lo que ha sucedido. Esta “cuestión” ha sido llamada como “secreto mesiánico”. Tiene por objeto dejar en claro qué tipo de mesianismo Jesús encarna: no se trata de un mesías político-social de tipo terreno que viene a liberar al pueblo del poder romano sino del mesías escatológico que viene a liberar al pueblo de todos los males.
El mesianismo de Jesús no será de tipo glorioso, ni vendrá a restaurar la dinastía davídica nuevamente en la tierra; el mesianismo de Jesús es un mesianismo “sufriente” que pasa necesariamente por la cruz y el anonadamiento.
Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación, toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia y se convierte en un nuevo discípulo de Jesús.
Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.   
Recuperando la vida. Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura. Palabras y hechos. Anuncio y construcción. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, está por encima de toda ley. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo. Después del encuentro con Jesús, una vez que el leproso ha perdido su condición de impuro, es reintegrado en la comunidad. El que era considerado ya muerto, recupera la vida.
Dándole sentido a la Ley. Es interesante que Jesús envíe a los sacerdotes para ratificar la sanación. Con la misma autoridad que lo curó ahora lo envía para presentarse ante las autoridades religiosas como ordena la Ley. De esta forma el Señor manifiesta dos cosas: en primer lugar que tiene el poder de curar a los enfermos; en segundo lugar que perciban como no elimina la ley sino que la hace cumplir en su sentido originario.
Nuestro tiempo: En el relato el leproso no lleva nombre, ni se indica lugar ni tiempo de su curación.
No hace falta que pensemos mucho para darnos cuenta de que también en nuestra comunidad están deambulando muchas personas que llevan sobre sí el estigma del leproso y que -también esto es posible - para muchos de ellos las puertas de nuestra comunidad están definitivamente cerradas y tal vez, incluso por iniciativa nuestra.
El evangelio de hoy trae una exigencia clara. El Señor nos pide que seamos capaces de acercarnos a quienes hasta hoy hemos excluido de nuestra comunidad. Dios "no excluye a nadie". Es interesante preguntarnos ahora quién es ese leproso que nuestra comunidad aísla de su mesa o convivencia.
Ese "leproso", también nos representa a nosotros, porque también nosotros estamos manchados por alguna “lepra”. El Señor hoy también quiere purificarnos a cada uno si se lo pedimos con humildad como el leproso. Dios quiere que todos los  hombres sean "puros", es decir que estén en comunión con Dios y en comunión con todos los hermanos.
11 de febrero
Nuestra Señora de Lourdes 


  "Yo soy la Inmaculada Concepción".
El obispo de Tarbes realizó el proceso de verificación de los hechos de Lourdes durante dos años, hasta que el 18 de enero de 1862, en carta pastoral firmada por él afirmaba: "Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se apareció realmente a Bernardetta Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, en número de 18 veces, en la gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes; que tal aparición contiene todas las características de la verdad y que los fieles pueden creerla por cierto... Para conformarnos con la voluntad de la Santísima Virgen, repetidas veces manifestada en su aparición, nos proponemos levantar un santuario en los terrenos de la gruta". El 18 de mayo de 1866 pudo consagrarse la cripta, cimiento de la futura capilla. Comenzaron las peregrinaciones masivas y organizadas, se consagra la basílica, luego la iglesia del Rosario, que se levanta para suplir las deficiencias de espacio de la primitiva basílica, que pronto fueron palpables por la afluencia de peregrinos. Más tarde la basílica subterránea dedicada a san Pío X.       
Lourdes es un sitio privilegiado para la devoción cristiana. Oración, silencio para el recogimiento. Abundantes actos de culto que facilitan la piedad. Muchos rosarios en las manos de los fieles por los espacios descubiertos e iglesias. Gente enfervorizada de rodillas. Culto público y multitudinario en tantas ocasiones para atender las necesidades espirituales de los peregrinos que acuden en masa.            Con la procesión del Santísimo a primera hora de la tarde, los peregrinos y la multitud de enfermos adorantes reciben su bendición entre súplicas, lágrimas y actos de fe ¡de esperanza!
El 11 de febrero también se celebra:
“Jornada Mundial por los enfermos”

Saludamos a nuestros hermanos en Cristo de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes
(La Gruta), Lanús, y a su párroco Daniel Silva en su fiesta patronales
“La Iglesia contempla a Jesús
con los ojos de María”
Lecturas de la Semana
Lunes 13: San. 1, 1-11;  Sal 118;  Mc. 8, 11-13.
Martes 14: San. 1, 12-18;  Sal 93; Mc. 8, 14-21.
Miércoles 15: San. 1, 19-27; Sal 14; Mc. 8, 22-26.
Jueves 16: San. 2,1-9;  Sal 33; Mc. 8, 27-33.
Viernes 17: San. 2, 14- 24. 26; Sal 111; Mc. 8, 34—9, 1.
Sábado 18: San. 3, 1-10; Sal 11; Mc.9, 2-13.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

viernes, 3 de febrero de 2012

Quinto domingo del tiempo ordinario, «Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males»


Lecturas del 5-02-12
– Ciclo B –


“Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; 
allí estuvo orando.”

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7
Job habló diciendo: ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de un asalariado? Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor.             
Al acostarme, pienso: «¿Cuándo me levantaré?» Pero la noche se hace muy larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora.          
Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.  Palabra de Dios.
Salmo 146 
R. Alaben al Señor, que sana a los
que están  afligidos.
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,  qué agradable y merecida es su alabanza! El Señor reconstruye a Jerusalén  y congrega a los dispersos de Israel.  R.
Sana a los que están afligidos  y les venda las heridas. El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre.  R.
Nuestro Señor es grande y poderoso,  su inteligencia no tiene medida. El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo.  R.
Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23
Hermanos: Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
 Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.
¿Cuál es entonces mi recompensa?
Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles.
Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.  Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes. Palabra de Dios.                                         

Santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.     
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.               Palabra del Señor.
Reflexión:
Las lecturas de este quinto domingo nos llevan a reflexionar sobre el sufrimiento del hombre, ¿Si siento la necesidad de salir de mi situación actual y pasar a una mejor? ¿Qué es lo que me impide hacerlo? ¿Dónde busco mi sanación? y ¿Como es mi diálogo con Dios, mi oración?                
Un corazón afligido por el dolor. Job en la primera lectura nos habla de su vida en términos dramáticos y pesimistas. Considera su vida como  una esclavitud, como un trabajo que se le ha impuesto y busca solo un poco de sombra, de paz, de serenidad. Su herencia la ve como una nueva carga, por eso, el futuro se le presenta incierto y amenazador: “mis días corren más que una lanzadera y se consumen sin esperanza”. Parecería que Job exagera su desgracia o que ha perdido su fe. En realidad, se trata de la expresión de un corazón afligido por el dolor, penetrado por el sufrimiento y que clama a Dios desde su propia miseria.          El grito de Job es seguramente cercano y presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad.      

¿Dónde busco mi sanación? El salmo nos muestra cómo se puede pasar de esta lamentación desesperada a una confianza profunda en Dios; el Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas. A la oración del hombre atribulado, Dios responde de manera excepcional con su enviado, Jesucristo. Él es el liberador en el sentido más profundo de la palabra. Él es el redentor que tiene que anunciar la buena nueva por todas las aldeas. Así Jesús recorre la Galilea predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios, porque para eso ha venido.
Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Santiago, Juan y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo donde se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es, el acercarse, y tomarla de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. 

Al atardecer muchos vinieron a buscarlo, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor. La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis de liberación del ser humano, es la práctica habitual de Jesús.    

El sufrimiento humano sólo encuentra una respuesta en el amor de Dios que ha mostrado su omnipotencia de la manera más misteriosa, es decir, a través del anonadamiento voluntario y en la resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Hay que tener la plena certeza, aun en medio de grandes y prolongadas tribulaciones, que Dios Padre, en Cristo, vence el mal y la muerte y que las apariencias de este mundo pasan para dar lugar a la patria celestial. 

Sanación Integral. Jesús no vino a curar enfermedades sino enfermos, personas completas. No sólo a suprimir los síntomas de un mal, sino a la raíz que origina esa enfermedad. No únicamente quiere curar úlceras sino sanar la causa que está originándola, exceso de preocupaciones, desorden o falta de cuidado en la alimentación, etc. No se limita a darnos un calmante, a remendar partes de nuestro cuerpo, sino darnos vida en abundancia: corazones nuevos, mentes renovadas, renacer como verdaderos hijos de Dios, ser hermanos de los demás y verdaderos templos del Espíritu Santo. En otras palabras Dios quiere hacernos personas íntegramente sanas. Por eso nuestra actitud no tiene que ser buscar un alivio momentáneo y de esa forma perder la oportunidad de experimentar todo el poder  sanador de nuestro señor.
La oración de Jesús. Jesús, muy de mañana se retira a orar a un lugar desierto. Para el evangelista parece que el apostolado de Jesús quedaría incompleto si no se ofrece el momento de la oración. Marcos no da una información precisa de la oración de Jesús, nos indica que Jesús ora con frecuencia y que lo hace a solas en lugar desierto. Jesús se preparaba para el combate apostólico de la predicación y, más tarde de la pasión, en la oración, en el encuentro con el Padre. El corazón del hombre está hecho para buscar y amar a Dios, y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona. Ha habido, hay y habrán muchos hombres y mujeres en el mundo, pero ni a uno solo de ellos lo deja de llamar el Señor. Nosotros, como Jesús nos lo enseña en el Evangelio, vayamos a su encuentro en la oración, que es nuestro diálogo personal con Él. Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad.   
El pasaje del Evangelio nos revela que después de la oración al Padre, Jesús va a predicar a las sinagogas de toda la Galilea.
 Todo aquel que, como Jesús, se dedique al apostolado, debe acudir a la oración para obtener allí, la fuerza para luchar, la fuerza para resistir, la fuerza para perseverar en el camino
La oración como elevación de nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios ilumina y fortalece todo nuestro caminar.           
 
¿Cómo es mi diálogo con Dios, mi oración? Al ver a Jesús orar nos viene a la mente la necesidad que tenemos también nosotros de retirarnos a orar. Nos podemos preguntar: ¿cómo es mi oración? ¿Reservo todos los días algún momento para conversar con Dios? ¿Para pedirle que me ilumine en la toma de mis decisiones? ¿Por todos aquellos que entrarán en contacto conmigo? ¿Por todos aquellos que sufren? ¿Acudo a la oración para pedirle valor y así cumplir mi vocación como padre o madre de familia, como persona consagrada a Cristo? 
Hoy Continúan siendo actuales las palabras que San Agustín escribió al comienzo de sus Confesiones: “Nos has creado, Señor, para Tí y nuestro corazón no encuentra sosiego hasta que descansa en Ti”, por eso es importante reflexionar lo que dicen los apóstoles a Jesús: “Todos te andan buscando”. ¿Cómo vivo hoy la búsqueda de Jesús? ¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad?
Catecismo, 2599: Jesús ora. El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Él aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba todas las "maravillas " del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf. Lc. 1, 49; 2, 19; 2, 51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc. 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.
“Mis brazos son ustedes”. Se cuenta que un pequeño pueblo alemán, que quedó prácticamente destruido durante la segunda guerra mundial, tenía en una iglesia un crucifijo muy antiguo, del que los fieles del lugar eran muy devotos. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer; unos eran partidarios de poner el mismo crucifijo, restaurado con brazos nuevos. A otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas dudas, decidieron colocar la talla que siempre había estado en el altar, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: “Mis brazos son ustedes”. Así se la encuentra todavía hoy en esa iglesia.   
Afirmados en la oración frente al Señor, nos convertimos en los brazos de Dios en el mundo. Él ha querido tener necesidad de los hombres.
 
Ven Espíritu de Dios.
Ven a mi ser, ven a mi vida.
Ven Espíritu de Dios.
Ven a morar Maranathá.
  
Lecturas de la Semana
Lunes 6: 1 Rey. 8, 1-7. 9-13;  Sal 131;  Mc. 6, 53-56.
Martes 7: 1 Rey. 8, 22-23. 27-30;  Sal. 83; Mc. 7, 1-13.
Miércoles 8: 1 Rey. 10, 1-10; Sal. 36; Mc. 7, 14-23.
Jueves 9: 1 Rey. 11,4-13;  Sal 105; Mc. 7, 24-30.
Viernes 10: 1 Rey. 11, 29- 32; Sal 80; Mc. 7, 31-37.
Sábado 111 Rey. 12, 26-32; 13, 34; Sal 105; Mc. 8, 1-10.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.