Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 28 de julio de 2018

"Jesús nos enseña que vivir el Reino de Dios , es el arte de compartir."





Décimo séptimo domingo durante el año
Lecturas del 29-07-18, Ciclo B
 Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Segundo libro de los Reyes 4, 42-44
Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja.  Eliseo dijo: «Dáselo a la gente para que coman.»           Pero su servidor respondió: «¿Cómo voy a servir esto a cien personas?»  «Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará.»          
El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor.
Palabra de Dios.

Salmo 144, R. Abres tu mano, Señor, y nos sacias con tus bienes.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder.  R.
Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes.  R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.  R.
  
Carta de Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-6
Hermanos: Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.         
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?»
El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?»         
Jesús le respondió: «Háganlos sentar.»
Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.»           
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña. Palabra del Señor.

Reflexión

El relato que hoy compartimos es el que se denomina habitualmente como “la multiplicación de los panes y de los peces”. Lo llamativo de este episodio es que aparece contado 6 veces en el Nuevo Testamento: dos veces en Mateo, dos veces en Marcos, una vez en Lucas y una vez en Juan (la que hoy compartimos). Es obvio que este episodio fue muy significativo para los primeros discípulos de Jesús quedando conservado en seis lugares del Nuevo Testamento.  

Jesús se va al otro lado del lago de Galilea y mucha gente lo sigue por los signos portentosos que ha realizado fundamentalmente curando y sanando a los enfermos. A veces venían de lejos, y era lógico que lo hicieran preparados para pasar unos días. Acercándose la fiesta de la Pascua Jesús se va con sus discípulos a un cerro y al percibir la cantidad de gente que hay, Jesús aprovecha el momento para seguir con sus enseñanzas, retóricamente le pregunta a Felipe dónde se puede comprar comida para tantas personas. Felipe con sentido calculador responde que es obvio que no hay dinero suficiente para alimentarlos. En ese momento entra en escena Andrés que presenta a un niño que tiene cinco panes y dos pescados, pero claramente sabe que eso es absolutamente insuficiente para poder darles de comer, (es la misma pregunta que el criado le hace a Eliseo). Jesús manda que se sienten en la hierba y tomando los panes y los pescados en sus manos ora en actitud de acción de gracias y los reparte entre toda la gente: ¡unos cinco mil hombres! Lo interesante no es únicamente que todos comieron, sino que además se nos narra que quedaron satisfechos y que sobraron doce canastos llenos.     

Jesús enseña que la forma de vivir el Reino es el arte de compartir. Quizás todo el dinero del mundo no fuese suficiente para comprar el alimento necesario para los que pasan hambre. El problema no se soluciona comprando, el problema se soluciona compartiendo.      
La dinámica de este mundo es precisamente el dinero. Creemos que sin dinero nada se puede hacer y tratamos de convertirlo todo en papel moneda, no sólo los recursos naturales sino también los recursos humanos y los valores: el amor, la amistad, el servicio, la justicia, la fraternidad, la fe, etc. Se nos ha olvidado que la vida acontece por pura gratuidad, por puro don de Dios.        
Jesús en esta multiplicación de los panes y de los peces parte de lo que la gente tiene en el momento. El milagro no es solamente la multiplicación del alimento, sino lo que ocurre en el interior de sus oyentes: se sintieron interpelados por la palabra de Jesús y, dejando a un lado el egoísmo, cada cual colocó lo poco que aún le quedaba, y se maravillaron después de ver que el alimento se multiplicó y sobró. Comprendieron entonces que, si el pueblo pasaba hambre y necesidad, además de la situación de pobreza, era por el egoísmo de los hombres y mujeres que conformados con lo que tenían, no les importaba que los demás pasaran necesidad.

El gesto de compartir marca profundamente la vida de las primeras comunidades que siguieron a Jesús. Compartir el pan se convierte en un gesto que prolonga y mantiene la vida, un gesto de pascua y de resurrección. Al partir el pan se descubre la presencia nueva del resucitado.
Si somos hijos de un mismo Padre como reconoce Pablo en la lectura que hemos hecho, no se entiende por qué tantos hombres y mujeres viven en extrema pobreza mientras unos cuantos viven en abundancia y no saben qué hacer con lo que tienen. En el mundo actual es mucho el dinero que se invierte en guerra, en viajes extraterrestres, en tratamientos para adelgazar. Con el capital se crean condiciones cada vez más injustas y se pretende hacer más dinero, explotando los recursos que quedan, aunque destruyan todo y acaben con las condiciones de vida sobre la tierra.
Ningún ser humano debiera morir de hambre, pues la tierra tiene suficiente para albergarnos a todos. Los cristianos no debemos olvidar el compartir: ésta es la clave para hacer realidad la fraternidad, para reconocernos hijos de un mismo Padre. Cuando se comparte con gusto y con alegría el alimento se multiplica y sobra.    
Aunque Jesús pregunta a los discípulos, en concreto a Felipe, cómo se podría dar de comer a la enorme multitud en el desierto, él sabe perfectamente lo que va a hacer. El Señor toma la iniciativa. Sin embargo, quiere servirse de la buena voluntad de aquel muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Y lo hace, para enseñarnos a nosotros que cuando compartimos, Él se hace presente multiplicando los panes.          
¿Cuáles son hoy mis cinco panes y dos pescados? ¿Estoy dispuesto a ofrecerles a Jesús? 

El buen pastor que alimenta a su rebaño. El relato del milagro además de ser una muestra de la misericordia divina de Jesús con los necesitados es figura de la Sagrada Eucaristía. Así lo han interpretado muchos Padres de la Iglesia. El mismo gesto del Señor –elevar los ojos al cielo– lo recuerda la Liturgia en el Canon Romano de la Santa Misa....                  
El milagro de aquella tarde junto al lago manifestó el poder y el amor de Jesús a los hombres.  

Poder y amor que harán posible también que encontremos el Cuerpo de Cristo bajo las especies sacramentales, para alimentar, a todo lo largo de la historia, a las multitudes de los fieles que acuden a Él hambrientas y necesitadas de consuelo. Como expresó Santo Tomás en la secuencia que compuso para la Misa del Corpus Christi: «Lo tome uno o lo tomen mil, lo mismo, tomen este, que aquel, no se agota por tomarlo...».       
«El milagro adquiere así todo su significado, sin perder nada de su realidad. Es grande en sí mismo, pero resulta aún mayor por lo que promete: evoca la imagen del buen pastor que alimenta a su rebaño.

Se diría que es como un ensayo de un orden nuevo. Multitudes inmensas vendrán a tomar parte del festín eucarístico, en el que serán alimentadas de manera mucho más milagrosa, con un manjar infinitamente superior» …
En la Comunión recibimos cada día a Jesús, el Hijo de María, el que realizó aquella tarde este grandioso milagro. «Nosotros poseemos, en la Hostia, al Cristo de todos los misterios de la Redención: al Cristo de la Magdalena, del hijo pródigo y de la samaritana, al Cristo resucitado de entre los muertos, sentado a la derecha del Padre. Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros revoluciona nuestra vida; está aquí con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo». Nos espera y nos extraña cuando no nos encontramos con Él.       

El hombre siempre "tiene hambre de algo más.” El milagro consiste en compartir fraternalmente unos pocos panes que, confiados al poder de Dios, no sólo bastan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos. El Señor invita a los discípulos a que sean ellos quienes distribuyan el pan a la multitud; de este modo los instruye y los prepara para la futura misión apostólica: en efecto, deberán llevar a todos el alimento de la Palabra de Vida y del Sacramento. 

Cristo está atento a la necesidad material, pero quiere dar algo más, porque el hombre siempre "tiene hambre de algo más, necesita algo más".
En el pan de Cristo está presente el amor de Dios; en el encuentro con él "nos alimentamos, por así decirlo, del Dios vivo, comemos realmente el pan del cielo". Queridos amigos, "en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo".        

            
 ¡Quédate con nosotros, Jesús, que da miedo tanta oscuridad, no es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan! ¡Quédate con nosotros, Señor, que hace falta un nuevo Emaús; la propuesta será compartir como vos y en tu nombre, ¡Jesús! II. 

HIMNO DEL CONGRESO EUCARÍSTICO
(Corrientes 2004)

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. CEBIPAL/CELAM –Colección Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal. Benedicto XVI
 Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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viernes, 20 de julio de 2018

"Jesús tuvo compasión"



Décimo sexto domingo durante el año
Lecturas del 22-07-18, Ciclo B Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro del profeta Jeremías 23, 1-6
«¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal!» -oráculo del Señor-.
Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: «ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones» -oráculo del Señor. «Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna» -oráculo del Señor-.
«Llegarán los días -oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: "El Señor es nuestra justicia."» Palabra de Dios.

Salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R. 
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.  R. 
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R. 
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R. 

Carta de Pablo a los Efesios 2, 13-18
Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.                   
Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones.
Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.  
Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu. Palabra de Dios.

Evangelio según san Marcos 6, 30-34
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.                        
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.  
Palabra del Señor.

Reflexión

Reunidos y unidos bajo un mismo Pastor: La queja de Jeremías de los guías políticos en su tiempo, se repite en la época de Jesús, los jefes políticos y religiosos dispersaban cada vez más al pueblo. El régimen político, militar y económico impuesto por Roma era una carga que pesaba sobre el pueblo y que se hacía más gravosa porque había gente que le hacía el juego a los romanos, entre ellos los saduceos, que administraban el Templo. El rey y los cobradores de impuestos eran nombrados por Roma y las fuerzas militares romanas tenían su fortaleza junto al templo de Jerusalén. Esta situación además de oprimir ofendía la dignidad del pueblo. El régimen tributario era demasiado minucioso y había que cumplir con el diezmo para el templo. La situación económica era crítica.
La sociedad se encontraba dividida y se atomizaba cada vez más tratando de buscar solución al problema del momento, unos creían en la fuerza de las armas, otros se aislaban y vivían en forma independiente. Se esperaba una irrupción de Dios que pusiera fin a esta situación y diera oportunidad al pueblo de Israel. Por otro lado, después de la reconstrucción del templo al regresar del exilio, las leyes de purificación dominaron la religión judía hasta convertirla en un simple cumplimiento de normas, actitud con la cual Jesús no está de acuerdo porque se ha desligado totalmente de la vida haciendo falta la práctica de la justicia, del amor y de la misericordia. En una situación de éstas hay más desorientación y desconcierto en el pueblo. Muchos se encuentran marginados del templo, han sido desplazados de allí por no cumplir con las normas rituales de purificación, cuando oyen hablar a Jesús se sienten  identificados con su enseñanza y con su práctica, descubren que no están tan lejos de los caminos de Dios, encuentran en él al pastor que en vez de dispersar, congrega y reúne, dice Yahvé en la primera lectura, “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas"   
Marcos reconoce que Jesús, movido por la compasión de ver a la multitud que andaba como oveja sin pastor, se pone a enseñarles. Es la causa del Reino la que le consume su tiempo y su vida. Para esto ha venido, su pasión y su locura es el Reino. “pero el buen pastor las reunirá en un solo rebaño” (Jn 10,16). Jesús, buen pastor, reúne también en un solo rebaño a los que "estaban lejos" (paganos) y a los que "estaban cerca" (judíos) por medio de su sangre derramada en la cruz.          

Hechos que den autoridad a las palabras. Luego del episodio que compartimos el domingo pasado, el envío misionero de los Doce, Marcos narra el regreso de los Apóstoles.
Dice el texto que los Apóstoles le cuentan al Señor todo lo que han “hecho y enseñado”. Estas dos palabras, estos dos verbos, hacer y enseñar, son muy importantes porque marcan la continuidad de la tarea de los Apóstoles con respecto a la de Jesús. En los primeros capítulos de Marcos se describe a un Jesús, Mesías que revela el Reino con “hechos y palabras”, “haciendo y diciendo”, “liberando del mal y proclamando el Evangelio”.
La tarea de los discípulos y la tarea de la Iglesia de Jesús por todos los siglos es la misma: hacer presente el Reino con hechos y palabras. Ni sólo hechos ni sólo palabras sino palabras que “expliquen” los hechos, hechos que den autoridad a las palabras. Esta es en definitiva la clave de la misión que nos enseña Jesús.     

La Mirada de Jesús. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera tarea evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.
El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?
Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. 
“Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma” (largo rato).
Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.
Como Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: “andan como ovejas sin pastor”. La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.
Movido por su compasión, Jesús “se pone a enseñarles con calma”. Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.

Siempre en oración.  El comienzo del pasaje del Evangelio de hoy, San Marcos relata que los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 
Debemos imitar ese trato de los discípulos con Jesús. Esa confianza que tienen para contarle sus cosas. En eso consiste la oración: en confiar al Señor los acontecimientos de nuestra vida. A veces le confiamos los hechos que nos entusiasman, como hacían los primeros discípulos de Jesús. Podemos suponer que ese relato de los apóstoles estaría seguido de las palabras de Jesús, guiándolos, dirigiéndolos, alentándolos. Pero otras veces, contando al Señor nuestras dificultades, nuestros problemas, con la seguridad de que vamos a recibir el consuelo y la paz que en cada momento necesitemos.

La oración, el trato frecuente, y sincero con el Señor es una necesidad para la vida de todo bautizado, y una condición previa e indispensable para encarar cualquier tarea de apostolado.
En la sustancia de las cosas, la humanidad se halla desde sus inicios en situación parecida, aunque cambien las circunstancias aparentes y tecnológicas, una generación sin pastores vive a la deriva, se revuelve infeliz en la ciénaga del sinsentido. Una generación con pastores que no lo son, se ve abocada a la desconfianza en la autoridad, vive el suplicio de la confusión, se encierra en el subjetivismo atroz e insolidario, desde que el hombre es hombre ha necesitado guías que le indiquen el camino y le dirijan por la senda de su auténtica humanidad hacia el horizonte de la felicidad y de Dios:              

¿Hoy por quién me dejo guiar en forma certera y segura para encontrar el camino de la verdad? ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida, el de pastor y “amigo” o simplemente es una alternativa?

El término “compasión”: en algunas regiones de habla hispana tiene una cierta carga peyorativa. Parecería que es sinónimo de “lástima” en un sentido superficial del término. Sin embargo, la etimología del término nos señala otra cosa. Compasión viene del latín que significaría literalmente algo así como “vivir la pasión con el otro”, “padecer con el otro”. "sufrir juntos", "tratar con emociones...", es una emoción humana que se manifiesta a partir del sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión describe el entendimiento del estado emocional de otro, y es con frecuencia combinada con un deseo de aliviar o reducir su sufrimiento.     
Compadecerse del hermano es querer acompañarlo en la “pasión” de su vida, en sus cruces, sufrimientos y dificultades.              

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Catholic.net, Cebipal/Celam. J A Pagola
Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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sábado, 14 de julio de 2018

"La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios"



Décimo quinto domingo durante el año, Lecturas del 15-07-18, Ciclo B

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15
Amasias dijo a Amós: «Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino.»
Amós respondió a Amasias: «Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicomoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel."»  Palabra de Dios.

Salmo 84, R. ¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación!
Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R.
El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo.  R.
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R.

Carta de Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-14
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.    
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.            
En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad- a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.     
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 6, 7-13
Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.                  
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.»         
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. Palabra del Señor.


Reflexión

Con este relato de la misión de los Doce, el evangelio de hoy quiere confrontarnos con una de las notas distintivas de nuestra identidad cristiana; el discípulo de Jesús ha sido enviado al mundo a predicar el Reino de Dios.
Se es Discípulo por la elección de Cristo y la identificación con él. 
Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la etapa de la misión. Ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han visto y oído. Comunicar y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, ¡de alegría y de esperanza!”.

Nadie es discípulo de sí mismo. Siempre es Jesús el que lo forma y lo envía. En respuesta a este don, el discípulo ha de iniciar un proceso de identificación con Cristo.  En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio.
A la par del proceso de identificación con Cristo, los discípulos, impulsados por Jesús, hicieron un proceso de fraternización entre ellos. A Jesús no le interesaba contar con doce individualidades, cada una de las cuales se luciese en una especie de campeonato apostólico, sino con Doce hermanos que, cual Doce nuevos patriarcas, fuesen el fundamento visible de la nueva Iglesia.

Jesús sabe lo que les espera a los Doce. Jesús es consciente de que tendrán que enfrentar el mal en todas sus dimensiones por eso les da poder para hacerlo y les da algunas recomendaciones, les indica que es necesario un cierto estilo de pobreza, tener capacidad para acomodarse a las circunstancias y saber que van a ser aceptados o rechazados. La proclamación de la Buena Nueva debe hacerse en libertad, a nadie se puede obligar a aceptarla. Jesús les está hablando desde su propia vida, les está aportando desde su práctica pastoral. Todos los comienzos tienen sus dificultades, Jesús les advierte a los discípulos cómo son las cosas, para que nada los tome por sorpresa. Sin embargo, la experiencia para cada evangelizador será siempre diferente, es Dios quien hace que surja el fruto, pero también uno debe disponerse para que el mensaje que transmita motive, inquiete y sea más creíble.

Los envía de dos en dos. La compañía es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a las dificultades.
El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió. Además, Jesús cuenta con la buena voluntad de muchos hombres y mujeres que son solidarios, que abren la puerta de su casa para compartir, de ahí que se atreva a decirles que se queden en la casa donde entren hasta que vayan a otro lugar. Pero también les dice que donde no los reciban ni los escuchen, al marcharse sacudan el polvo de los pies. El gesto de sacudir los pies se hacía públicamente y expresaba condena y separación. Este gesto lo podemos leer también como señal de intolerancia de parte del evangelizador que no soporta que lo rechacen y que no lo reciban. No se puede obligar al otro a que reciba la Buena Nueva, también los demás tienen derecho a disentir, a manifestar que no están de acuerdo y el evangelizador debe tener una actitud más tolerante y comprensiva, debe esperar una nueva oportunidad.                     

La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios. La caridad que movió al Padre a enviar a su Hijo al mundo, y al Hijo a entregarse por nosotros hasta la muerte de cruz, esa misma caridad ha sido derramada por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Cada bautizado, como sarmiento unido a la vida, puede cooperar en la misión de Jesús, que se resume así: llevar a toda persona la buena noticia: «Dios es amor» y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.         
La misión surge del corazón: cuando uno se detiene a rezar ante el Crucifijo, con la mirada puesta en ese costado traspasado, no se puede dejar de experimentar dentro de uno mismo la alegría de sentirse amado y el deseo de amar y de hacerse instrumento de la misericordia y la reconciliación.
Es lo que le sucedió, hace precisamente ochocientos años, al joven Francisco de Asís, en la pequeña iglesia de San Damián, que entonces estaba derruida. Desde lo alto del Crucifijo, custodiado ahora en la Basílica de Santa Clara, Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Vete, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas». Aquella «casa» era ante todo su misma vida, que había que «reparar» mediante una auténtica conversión; era la Iglesia, no la que está hecha de ladrillos, sino de personas vivas, que siempre necesita purificación; era también toda la humanidad, en la que Dios quiere hacer su morada. La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios.         

La misión es, por tanto, una cantera en la que hay lugar para todos: para quien se compromete a realizar en su propia familia el Reino de Dios; para quien vive con espíritu cristiano el trabajo profesional; para quien se consagra totalmente al Señor; para quien sigue a Jesús Buen Pastor en el ministerio ordenado al Pueblo de Dios; para quien se va específicamente a anunciar a Cristo a quienes todavía no le conocen.

Contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. Estos actuarán con su autoridad. o harán nada en nombre propio. Son "enviados" de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.    
La única manera de impulsar una "nueva evangelización" es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús.
No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús.  Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.           
Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su "autoridad", que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para "expulsar espíritus inmundos", liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad.              
Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. "Curar" y "liberar" son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.
Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán "bastón, sandalias y una túnica". No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.                
Sin recuperar este estilo evangélico, no hay nueva evangelización. Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.
La Iglesia ha perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús.

Los cristianos hoy: Con nuestra actitud, de silenciar a Dios, lo estamos escondiendo y cuando Dios está ausente del mundo, el mundo se hace cada vez más inhumano.
Por eso quienes, habiendo recibido el evangelio, referimos el silencio a su proclamación; estamos negando al mundo el que Dios le hable, porque lo estamos abandonando sus representantes.
Jesús no dejó el mundo abandonado a su suerte, nos envió a sus discípulos para ser en él sus lugartenientes, representarlo con su evangelio y con su poder de resistir al mal.
Por eso cuando nos refugiamos en nuestras casas, para defender mejor nuestra fe, perdemos la fe y el mundo perderá a nuestro Dios.
Cuando consideremos nuestra sociedad, nuestro trabajo, nuestro hogar..., como lugares de misión, entonces nuestro Dios tendrá un puesto en ellos y nosotros seremos allí sus testigos.
Dejémonos hoy cuestionar por la Palabra de Dios, que quiere despertar en nosotros la conciencia de nuestra identidad de apóstoles: el mundo de hoy necesita de nuestra fe y de nuestro testimonio.

Quienes hemos experimentado la cercanía de Dios, no podemos silenciar nuestra experiencia; Jesús nos la concedió para poder concedérsela a otros muchos a través nuestro; si los discípulos de Jesús, que nos sabemos queridos por él y por él enviados, callamos, ¿quién va a convencer al mundo de que Dios lo ama? Esa es nuestra tarea y nuestra responsabilidad.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Mons. Carmelo Giaquinta. Benedicto XVI. J A Pagola
Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose 

viernes, 6 de julio de 2018

«...el Mesías, el Hijo de Dios, es el Carpintero, uno de nosotros»





Décimo cuarto domingo durante el año
Lecturas del 8-07-18, Ciclo B
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5
Un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. El me dijo:
Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: «Así habla el Señor.» Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo -porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en medio de ellos.   Palabra de Dios. 

Salmo 122
R. Nuestros ojos miran al Señor, hasta
que se apiade de nosotros.

Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor.  R.
los ojos de la servidora en las manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.  R.
¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros, ¡porque estamos hartos de desprecios! Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes, del desprecio de los orgullosos.  R.

Segunda carta de Pablo a los Corintios 12, 7-10
Hermanos: Para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad.»               
Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6a
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.  
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Palabra del Señor.



Reflexión

Rechazo y fracaso en Nazaret. Para Marcos, la primera etapa de la vida pública de Jesús, enseñando en parábolas y actuando prodigiosamente, se desarrolla en torno al lago de Galilea y se cierra con la vuelta de su pueblo.  Los habitantes de Nazaret, los abuelos del pueblo y de sus compañeros de juegos infantiles conocían bien a Jesús y a su familia.  Le habían visto crecer, ir a la escuela, hacerse hombre y trabajar para mantener la casa en la que vivió con sus padres.
Nazaret era una pequeña aldea, nunca citada en la Biblia.  Como todos los pueblos, tenía su pequeña sinagoga en donde los sábados se reunían todos para leer y comentar la Sagradas Escrituras y orar juntos.  Jesús haciendo uso del derecho de todo israelita adulto, cuando llega el sábado, va a la sinagoga y se levanta para leer la Escritura.  Sus vecinos, al oírle, se asombran. Es un asombro que resume incomprensión, escándalo y rechazo más, que entusiasmo y adhesión.

Cuestionan su enseñanza y sus milagros porque con ellos rebasa los límites de su situación social y familiar a que debe ajustarse. 
No le reconocen otras posibilidades que las de su pasado y su limitada situación familiar. 
Es absurdo pensar que éste, que es uno de nosotros –“el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón”- sea el Mesías y en Él se pueda manifestar la liberación de Dios tantos siglos esperados.

¿Quién es realmente Jesús? Ni su extraordinaria sabiduría, ni sus poderosas acciones se corresponden con la imagen y la idea que tenían de Él.

Bajo la figura del carpintero y del hijo de María, sus vecinos de Nazaret no supieron descubrir el profeta esperado.  Tras la normalidad de aquel carpintero no supieron descubrir la presencia del misterio de Dios. Necesidad de pasar por el escándalo para creer. 

Nazaret prefigura, la repulsa y ceguera de todo el pueblo.  Es como si el evangelista retara al lector a mirar hondo para que no le ocurra lo mismo.  No sólo a los jefes y letrados, también a los familiares, y ahora al pueblo llano y sencillo, se le ha escapado la profundidad del hecho Jesús: que el libertador (el Mesías) lo es de otra manera.  Las curaciones han mantenido la búsqueda, han sido una solución inmediata a sus problemas, más o menos grandes, pero no han hecho nacer la fe, no les han resultado signos de que el reino de Dios es posible.
Marcos nos invita a sufrir el escándalo de los paisanos de Jesús: el Mesías, el Hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros, un don nadie, de una aldea de última categoría. Quien no se haya escandalizado probablemente todavía no crea en la humanidad ni en la divinidad de Jesús.

En un momento u otro de nuestra vida es necesario pasar por el escándalo. No sólo se nos rompen todas nuestras imágenes distorsionadas de Dios, sino que, a la vez, se nos presenta y revela encarnado en lo débil y desconcertante, allí donde jamás hubiéramos imaginado y deseado.

La encarnación de Dios en Jesús, alguien de nuestra propia condición, nos descubre que Dios no es exhibicionista que se ofrece en un espectáculo, ni el ser todopoderoso que se impone y ante el que es conveniente adoptar una postura de legítima defensa.  El Dios encarnado de Jesús es el Dios cercano que no humilla, el Dios que se ha hecho pobre con el pobre y marginado con el marginado para darles vida, riqueza y libertad. Dios desconcierta. Necesitamos librarnos de la superficialidad, de las mil distracciones que nos dispersan y hacen vivir mirando siempre a los triunfadores de nuestro mundo.

Sus paisanos no sólo desconfían de Jesús, sino que se mofan de Él denominándole, en tono despectivo, “el hijo de María”.  Lo toman por un ser insignificante sin pasado ni futuro. Se muestran faltos de fe.

El episodio de Nazaret termina con una observación del propio evangelista: “No pudo hacer allí ningún milagro”.  Jesús no pudo hacer milagros donde tropieza con una incredulidad obstinada, ni donde las personas le buscan para sustraerse al riesgo de la fe. Por ello, Jesús no hace milagros en Nazaret.  “Sólo curó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos”.  Más que despertar la fe en el Reino y convertirse en inspirador de sus vidas, deja una estela de escándalo y desencanto.
La vida del cristiano comienza a cambiar de manera insospechada el día que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir, el día en que empieza a admirarle y se deja interpelar por su mensaje y práctica.

La crisis de Jesús.  “Y se extrañó de aquella falta de fe”.  Y eso que para Jesús no es novedad el que un profeta sea rechazado por su pueblo. Por ello, empieza a cuestionarse la estrategia que ha seguido.  Jesús está perplejo. ¿Se ha equivocado de mediación para hacer creíble el Reino? ¿Debe dejar esa práctica o ha de intensificarla más?  Aquí comienza la llamada crisis de Galilea, que culminará en el capítulo 8, cuando Jesús deje de hacer milagros y de dirigirse a la gente para centrarse en la preparación de sus discípulos.

Toda vida abierta a Dios, aun la de Jesús, se orienta, crece y realiza a través de crisis y discernimiento.  En el ejercicio de la libertad y responsabilidad está la fidelidad a Dios, la propia realización y el mensaje de liberación.

Oremos para ver nuestra vida, sus fracasos y nuestra experiencia de Dios. Sufrir el escándalo y también el asombro de lo cotidiano…

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niño. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.
Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.
Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él.  
Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.
¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús?
¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos?
¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un profeta?
¿Intuimos tal vez que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente nuestras comunidades y nuestra vida?

YO SOY EL CAMINO
Yo soy la luz del mundo no hay tinieblas junto a mí. Tendrán la luz de la vida por la palabra que les di.
Yo soy el camino firme yo soy la vida y la verdad. Por mi llegarán al Padre y al Santo Espíritu tendrán.
Yo soy el pan de vida y con ustedes me quede. Me entrego como alimento soy el misterio de la fe.
Yo soy el camino firme yo soy la vida y la verdad. Por mi llegarán al Padre y al Santo Espíritu tendrán.
Yo soy el buen pastor y por amor mi vida doy. Yo quiero un solo rebaño soy para todos salvador.
Yo soy el camino firme yo soy la vida y la verdad. Por mi llegarán al Padre y al Santo Espíritu tendrán.
Yo soy la vid verdadera mi padre Dios el viñador. Produzcan fruto abundante permaneciendo en mi amor.
Yo soy el camino firme yo soy la vida y la verdad. Por mi llegarán al Padre y al Santo Espíritu tendrán.
Yo soy señor y maestro y un mandamiento nuevo doy: que se amen unos a otros como los he amado yo.
Yo soy el camino firme yo soy la vida y la verdad. Por mi llegarán al Padre y al Santo Espíritu tendrán.


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Padre Daniel Silva. J A Pagola

Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José Parroquia San José:
Brandsen 4970, V. Domínico.
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