Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 25 de agosto de 2018

«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna...»


Vigésimo primer domingo durante el año
Lecturas del 26-08-18, Ciclo B
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para
 que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b
Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo: «Si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor.»             
El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. El nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde pasamos. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios.» Palabra de Dios.

Salmo 33
R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren.  R.
Los ojos del Señor miran al justo y sus oídos escuchan su clamor; pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra.  R.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos.  R.
El justo padece muchos males, pero el Señor lo libra de ellos.  El cuida todos sus huesos, no se quebrará ni uno solo.  R.
La maldad hará morir al malvado, y los que odian al justo serán castigados; pero el Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados.  R.
Carta Pablo a los cristianos de Éfeso 5, 21-32 
Hermanos: Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo. Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido.  
Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida.  Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 60-69
Muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»  Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»                         
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.                    
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»           
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.     
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»                        
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.»   Palabra del Señor.



Reflexión   
Señor, ¿a quién vamos a acudir?

Las palabras de Jesús dichas anteriormente provocan una fuerte resistencia entre los discípulos, que las consideran excesivas.  Han interpretado mal el anuncio de su muerte (El pan que voy a dar es mi carne para que el mundo viva), considerándolo una debilidad y un fracaso y, en consecuencia, se niegan a seguirle.  Conservan la concepción del Mesías rey que manifestaron con ocasión de reparto de panes.  Jesús les explica que su muerte es condición para la vida y que su realidad humana contiene la fuerza del Espíritu.  A pesar de su explicación, la mayor parte le abandona.

Los discípulos que ahora le abandonan, los judíos que murmuran y la gente que pretende hacerle rey y que le busca porque comió pan hasta saciarse son las mismas personas con distintos nombres.  Designan a aquellos que se entusiasmaron con Jesús en un primer momento, considerándole como un profeta, pero no se decidieron a dar el paso decisivo de la fe cristiana de su mesianismo.

El cuarto evangelio a los Doce los menciona únicamente aquí y en Jn 10, 24. ¿Por qué les da en este texto tanta importancia? 
La Comunidad joánica estaba discriminada, era perseguida, se habían producido en ella rupturas y abandonos.  En esta situación surge el interrogante inevitable: ¿no seremos nosotros los equivocados? La respuesta a este interrogante únicamente podía darla la Iglesia oficial, representada por los Doce, a cuya cabeza está Pedro.

La manifestación de Pedro, en cuanto representante de los Doce, es la versión joánica de lo que conocemos como “la confesión de Cesarea de Filipo”.  Pedro no confiesa aquí a Jesús como el Mesías, ni como Hijo del Hombre o Hijo de Dios, sino como el “Santo de Dios”.  Es la expresión de la suprema dignidad de la persona a la que es atribuida. El Mesías tal como Dios lo quiere.

El punto central se encuentra en la oposición entre “carne” y “espíritu”, es decir, entre dos concepciones de la persona y, en consecuencia, de Jesús y de su misión.  La condición indispensable para ser verdadero discípulo y poder identificarse con Él es la visión de la persona como “espíritu”, es decir, como realizada por la acción creadora del Padre, no meramente como “carne” o movida por los intereses egoístas.

A estas dos concepciones de la persona corresponden dos visiones de Jesús.  El Mesías “según la carne” es el rey que ellos han querido hacer, el que impone su gobierno, un Mesías político y triunfante. 
El Mesías “según el Espíritu” es el que se hace servidor de las personas hasta dar su vida por ellas, para comunicarles vida plena, es decir, libertad y capacidad de amar como Él.  La aceptación de tal Mesías implica la asunción de su persona y mensaje.

Vivir las dudas con sinceridad.  No pocos cristianos sienten dudas en su interior sobre el mensaje de Jesús y sobre la totalidad de la fe cristiana. 
Lo que les preocupa no son los dogmas, sino algo más fundamental y previo: ¿por qué he de orientar mi vida según las fórmulas del evangelio? ¿Por qué mi anhelo por la vida, el gozo y la libertad han de subordinarse a los mandamientos? ¿Por qué un hombre como nosotros ha de ser el Revelador de Dios, el Mesías? Y así muchas más preguntas…  
Y no nos damos cuenta de que Jesús es quien nos sigue preguntando y nos interpela: “¿También ustedes quieren marcharse?”. 
Y tarde o temprano llega el momento de tomar una decisión: o bien pongo a Cristo en el mismo plano que otras grandes figuras de la humanidad, o bien me decido a experimentar personalmente que es único en su persona y mensaje.

No hay que fiarse de las incertidumbres y seguridades del pasado ni desanimarse cuando comienzan las dudas.  La verdadera fe no está en nuestras explicaciones bien fundadas ni en nuestras dudas, sino en la necesidad del corazón que busca a Dios como Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Los discípulos encuentran duro el lenguaje de Jesús.  Les asusta el precio que es necesario pagar por tener vida, por seguirle y por seguir su causa.  Jesús, no obstante, da un paso más en sus enseñanzas, aunque esto signifique el alejamiento de algunos de sus seguidores. Opone el “espíritu” que es vida y fuerza, a la “carne” que en la biblia significa muerte y cobardía y no cuerpo como tenemos a pensar nosotros marcados por la distinción entre alma y cuerpo que viene de la filosofía griega.  Y recuerda una vez más que sus palabras son “espíritu y vida”.  Creer en ellas es aceptar la vida; rechazarlas es, de alguna manera, entregar a Jesús a la muerte. 
Así lo hará Judas, con él más tarde, todos lo que, a pesar de formar parte de los discípulos, no se sienten desafiados por la injusticia, la explotación y la marginación de los demás, en especial de los hoy excluidos.
Pero, en un ambiente social en el que el cuidado y el culto al cuerpo es práctica habitual a la que se dedica tiempo y economía;  en una sociedad que, tras proclamar la revalorización del cuerpo, muchos de los caminos emprendidos conducen a su trivialización y banalización, no son fáciles de entender las palabras de Jesús: “El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve de nada”

Por otro lado, las radios martillean nuestros oídos con noticias, discursos y comunicados de última hora. Nos hemos convertido en una especie de pequeño radar impactado constantemente por palabras e imágenes que llegan de todo el mundo.

¿A dónde iremos?  El problema no es “adónde” ir, sino a “quién”.  Hay una nube de gurús y maestros apostados en el camino “comprensivos” de nuestra debilidad, persuasivos, suministradores de palabras domesticables, que nos ofrecen tranquilidad, seguridad, felicidad, novedad, etc., pero que nos dejan con el vacío, porque sus palabras son huecas.  Pedro prefiere permanecer al lado de Jesús, aunque no entienda mucho, porque sólo en Él ha encontrado palabras de vida. Y nosotros, ¿a quién iremos?

Hoy, Jesús nos desafía a nosotros. Nuestra vida es, toda ella, un camino de libertad y opciones.  Queramos o no, tenemos que elegir.  Unas veces lo hacemos conscientemente, otras de manera inconsciente.  Todas tienen su importancia.  Pero hay algunas, muy pocas, que nos marcan y orientan definitivamente.  El evangelio nos recuerda uno de esos momentos que marcó a Pedro y a los otros discípulos.

Toma Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo lo que tengo y poseo.
Tú me lo diste; A ti Señor, lo devuelvo; Todo es tuyo: dispone según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia, Que esto me basta. Amén (San Ignacio de Loyola)



8 de septiembre
Peregrinación diocesana al
santuario de Luján

Queremos contarte que el sábado 8 de septiembre la parroquia san José se suma a esta peregrinación al santuario de Luján, en honor a nuestra Madre, para ello vamos a disponer de micros que nos lleven y nos traigan partiendo desde el templo, además como comunidad vamos a compartir un almuerzo fraterno, que va a estar incluido en el costo del pasaje. Nuestra madre nos espera para compartir juntos en el año del centenario.
Consultas y compra de pasajes en la secretaría de martes a viernes de 16:30 a 18 hs
y despues de cada misa. Bendiciones

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Padre Daniel Silva. Los sábados 16 hs.

Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

sábado, 18 de agosto de 2018

"El que coma de este pan vivirá eternamente"



Vigésimo domingo durante el año
Lecturas del 19-08-18, Ciclo B

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para
 que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6
La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: «El que sea incauto, que venga aquí.»      
Y al falto de entendimiento, le dice: «Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé. Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia.» Palabra de Dios.


Salmo 33, R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que los oigan los humildes y se alegren.  R.
Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que lo temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Vengan, hijos, escuchen: voy a enseñarles el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que ama la vida y desea gozar de días felices?  R.
 Guarda tu lengua del mal, y tus labios de palabras mentirosas. Apártate del mal y practica el bien, busca la paz y sigue tras ella. R.

Carta de Pablo a los Efesios 5, 15-20
Hermanos, cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor. No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo. Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de todo corazón.
Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Palabra de Dios.      
Santo Evangelio según san Juan 6, 51-59
Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»            
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.     
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.             
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.                 
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.» 

Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm. Palabra del Señor.


Reflexión 
Discurso Eucarístico: Dios en carne viva.

Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comén la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre verdadera bebida…
Estamos llegando casi al final del Discurso del Pan de Vida. Aquí empieza la parte más polémica. Los judíos se encierran en sí mismos y empiezan a cuestionar las afirmaciones de Jesús.

Carne y sangre: expresión de vida y de entrega total. Los judíos reaccionan "¿Cómo este hombre puede darnos su carne para comer?" Era cerca de la fiesta de Pascua. Dentro de unos pocos días, iban a comer la carne del cordero pascual en la celebración de la noche de pascua. Ellos no entendían las palabras de Jesús, porque tomaron todo al pie de la letra. Pero Jesús no disminuyó las exigencias, ni tampoco retira nada de lo que había dicho, e insiste: "«En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes…”

Comer la carne de Jesús significa aceptar a Jesús como el nuevo Cordero Pascual, cuya sangre nos libera de la esclavitud. La ley del Antiguo Testamento, respecto a la vida, prohibía comer sangre (Dt 12,16.23; He 15.29). La sangre era la señal de la vida.
Beber la sangre de Jesús significa asimilar la misma manera de vivir que marcó la vida de Jesús. Lo que trae vida no es celebrar el maná del pasado, sino comer este nuevo pan que es Jesús, su carne y su sangre.
Participando en la Cena Eucarística, asimilamos su vida, su donación y su entrega. “Si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes.” Deben aceptar a Jesús como mesías crucificado, cuya sangre será derramada.

Quien me come, vivirá por mí. Las últimas frases son de gran profundidad y tratan de resumir todo lo que se dijo. Evocan la dimensión mística que envuelve toda la participación en la eucaristía. Expresan lo que Pablo dice en la carta a los Gálatas: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gál 2,20). Es lo que dice el Apocalipsis de Juan: “Si uno me oye y me abre, entraré en su casa y comeremos juntos” (Ap 3,20). Y Juan mismo en el Evangelio: “Si alguien me ama guardará mi palabra y mi Padre le amará y los dos nos vendremos con él y en él haremos nuestra morada” (Jn 14,23). Y termina con la promesa de vida que marca la diferencia con el antiguo éxodo: “Este es el pan bajado del cielo. No es como el pan que comieron vuestros padres y después murieron. Quien come de este pan vivirá por siempre."

El Discurso del Pan de Vida nos ofrece una imagen de cómo era la catequesis en aquel final del siglo primero en las comunidades cristianas de Asia Menor. El evangelista pretende, con este discurso salir del paso de algunas discusiones que se daban en las primitivas comunidades en contra de la celebración de la Cena del Señor. Frente a ellas pone de relieve la necesidad de tomar parte en la Eucaristía para participar en la vida, y presenta la carne y la sangre del Señor como verdadera comida y bebida.

Dios toma los caminos de los sentidos. Para pensar en Dios era necesario poner juntas las ideas, para conocerlo era necesario hacer ritos.  Pero Dios ha querido que la religión fuese una cosa simple.  Se ha puesto a nuestro alcance: al alcance de las manos, al alcance de los labios.  La encarnación no es otra cosa que esto.  En Jesús de Nazaret, sobre todo en la Eucaristía, se ha puesto a nuestra disposición, al alcance de los sentidos: oigan, gusten, tomen, coman, beban…  Dios entra en nosotros a través del camino más natural, el de los sentidos.  Tenemos a un Dios a quien escuchar, comer, beber, gustar.

Jesús, cuya carne es verdadera comida y cuya sangre es verdadera bebida, produce escándalo.  Pensar en Dios está bien; ofrecerle primicias y sacrificios, también; pero tomarlo en la mano, acercarlo a los labios, vivir de Él y en Él, es demasiado.  Alcanzar a Dios con oraciones, con ritos, con razonamientos, no nos crea problema, nos parece normal; pero un Dios que nos atrae por el hambre, por la sed, y llega a nosotros por un trozo de pan o por un vaso lleno, puede parecer una blasfemia.  No entendemos a un Dios que se hace presente y que se ofrece en las realidades cotidianas que están al alcance de nuestros sentidos.  Pero es así.

El cuerpo que se entrega. Jesús mismo aparece como sujeto de la acción que se desarrolla en la cena; su mismo ser, toda la realidad implicada en la figura del Hijo del Hombre, muerto y resucitado se hace presente en la celebración de la Eucaristía.  Ésta es la prolongación de la encarnación y de sus efectos. El amor de Dios que se nos revela en Jesús llega a ella a hacerse comida y abrazo cuando la celebramos haciendo memoria de Él. 
Es un Dios que se entrega a nosotros.  Lo único que nos pide a cambio es anunciar su muerte y resurrección.  Una manera de anunciar esta muerte y resurrección es compartir.  Cuando aprendo a no considerar mío, nada de lo que tengo, a dar todo mi ser y mi poseer a los demás, estoy ofreciendo mi vida, estoy entregándome, estoy anunciando la muerte y resurrección del Señor.  Jesús nos enseña, nos insta a comer su cuerpo y a beber su sangre para llenarnos de su espíritu y vida, y poder después, partirnos y repartirnos entre el resto de las personas y enmendar así la injusticia del reparto de la mesa de la creación.

Él es el que necesitamos para vivir. Tener vida.  Dios es autor y dador de vida.  El Padre es quien posee la vida.  Estar en sintonía con Dios, es poder gozar la vida.  Dios no es Dios de muerte sino de vida.  Dios está siempre a favor de la vida.  Quien introduce muerte en nuestro mundo, o quien considera que Dios pone límites a la vida, no cree en el Padre de Jesús sino en un ídolo.  Con ídolos también se puede caminar, pero el horizonte se vuelve oscuro, angustioso, vacío, insoportable, desesperanzador, o triste… Creer en Dios y su enviado Jesucristo es creer en la vida y tener vida ya aquí.  

“Nos hemos convertido en Cristo" *Es una alegría que supera todo lo que me pueda pasar en mi vida diaria, tanto en los momentos que llamamos buenos, como en los que decimos que son malos, convertirse en Cristo, va más allá de lo que podía imaginarme o de esperar que me pasara.              
A medida que voy descubriendo a Jesús, al maestro de la vida, fuente de sabiduría, “luz para mí sendero”, activador de talentos dormidos, generador de ganas de ver hasta dónde podemos dar, veo un cambio en la forma que hago las cosas, voy aprendiendo a utilizar mi inteligencia, mi voluntad, mi libertad para elegir el camino que quiero seguir, no lo que quieren los demás que haga, sino lo que considero que me acerca más a Dios, momento de encuentro donde no hay lugar para miedos y dudas, ya no soy el de antes con ataduras que esclavizan, ahora empiezo a vivir en Cristo, momento de gozo por ejercer el libre albedrio, ya que nadie me obliga a seguirlo.              


Momento de encuentro donde mi ser siente que se encuentra con lo que estaba buscando, por eso lo acepto libremente, el cumplir por si solo queda lejos, y empiezo a renunciar aquellas cosas que parecen lindas a simple vista pero que no me dejan nada, sin culpas, sin sentimiento de pérdidas, yo las saco de mi vida.         
Momento de encuentro en que me siento bien, “Nos hemos convertido en Cristo", alegría que empuja, que mueve, que alimenta mi esperanza, descubro que debo seguir ese peregrinar, para que un día se haga eterno el gozo de estar en la presencia de Dios.
Gracias Señor por estar en la Eucaristía, en vos confío.  * Basado de escritos de San Agustín      

Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.


 8 de septiembre
Peregrinación diocesana al
santuario de Lujan

Queremos contarte que el sábado 8 de septiembre la parroquia san José se suma a esta peregrinación al santuario de Luján, en honor a nuestra Madre, para ello vamos a disponer de micros que nos lleven y nos traigan partiendo desde el templo, además como comunidad vamos a compartir un almuerzo fraterno, que va a estar incluido en el costo del pasaje. Nuestra madre nos espera para compartir juntos en el año del centenario.
Consultas y compra de pasajes en la secretaría de martes a viernes de 16:30 a 18 hs
y despues de cada misa. Bendiciones

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Padre Daniel Silva. ACI prensa. Orden de las Carmelitas Nuestra Señora del Carmelo.

Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

Décimo noveno domingo

Décimo octavo domingo

sábado, 28 de julio de 2018

"Jesús nos enseña que vivir el Reino de Dios , es el arte de compartir."





Décimo séptimo domingo durante el año
Lecturas del 29-07-18, Ciclo B
 Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Segundo libro de los Reyes 4, 42-44
Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja.  Eliseo dijo: «Dáselo a la gente para que coman.»           Pero su servidor respondió: «¿Cómo voy a servir esto a cien personas?»  «Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará.»          
El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor.
Palabra de Dios.

Salmo 144, R. Abres tu mano, Señor, y nos sacias con tus bienes.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder.  R.
Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes.  R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.  R.
  
Carta de Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-6
Hermanos: Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.         
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?»
El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?»         
Jesús le respondió: «Háganlos sentar.»
Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.»           
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña. Palabra del Señor.

Reflexión

El relato que hoy compartimos es el que se denomina habitualmente como “la multiplicación de los panes y de los peces”. Lo llamativo de este episodio es que aparece contado 6 veces en el Nuevo Testamento: dos veces en Mateo, dos veces en Marcos, una vez en Lucas y una vez en Juan (la que hoy compartimos). Es obvio que este episodio fue muy significativo para los primeros discípulos de Jesús quedando conservado en seis lugares del Nuevo Testamento.  

Jesús se va al otro lado del lago de Galilea y mucha gente lo sigue por los signos portentosos que ha realizado fundamentalmente curando y sanando a los enfermos. A veces venían de lejos, y era lógico que lo hicieran preparados para pasar unos días. Acercándose la fiesta de la Pascua Jesús se va con sus discípulos a un cerro y al percibir la cantidad de gente que hay, Jesús aprovecha el momento para seguir con sus enseñanzas, retóricamente le pregunta a Felipe dónde se puede comprar comida para tantas personas. Felipe con sentido calculador responde que es obvio que no hay dinero suficiente para alimentarlos. En ese momento entra en escena Andrés que presenta a un niño que tiene cinco panes y dos pescados, pero claramente sabe que eso es absolutamente insuficiente para poder darles de comer, (es la misma pregunta que el criado le hace a Eliseo). Jesús manda que se sienten en la hierba y tomando los panes y los pescados en sus manos ora en actitud de acción de gracias y los reparte entre toda la gente: ¡unos cinco mil hombres! Lo interesante no es únicamente que todos comieron, sino que además se nos narra que quedaron satisfechos y que sobraron doce canastos llenos.     

Jesús enseña que la forma de vivir el Reino es el arte de compartir. Quizás todo el dinero del mundo no fuese suficiente para comprar el alimento necesario para los que pasan hambre. El problema no se soluciona comprando, el problema se soluciona compartiendo.      
La dinámica de este mundo es precisamente el dinero. Creemos que sin dinero nada se puede hacer y tratamos de convertirlo todo en papel moneda, no sólo los recursos naturales sino también los recursos humanos y los valores: el amor, la amistad, el servicio, la justicia, la fraternidad, la fe, etc. Se nos ha olvidado que la vida acontece por pura gratuidad, por puro don de Dios.        
Jesús en esta multiplicación de los panes y de los peces parte de lo que la gente tiene en el momento. El milagro no es solamente la multiplicación del alimento, sino lo que ocurre en el interior de sus oyentes: se sintieron interpelados por la palabra de Jesús y, dejando a un lado el egoísmo, cada cual colocó lo poco que aún le quedaba, y se maravillaron después de ver que el alimento se multiplicó y sobró. Comprendieron entonces que, si el pueblo pasaba hambre y necesidad, además de la situación de pobreza, era por el egoísmo de los hombres y mujeres que conformados con lo que tenían, no les importaba que los demás pasaran necesidad.

El gesto de compartir marca profundamente la vida de las primeras comunidades que siguieron a Jesús. Compartir el pan se convierte en un gesto que prolonga y mantiene la vida, un gesto de pascua y de resurrección. Al partir el pan se descubre la presencia nueva del resucitado.
Si somos hijos de un mismo Padre como reconoce Pablo en la lectura que hemos hecho, no se entiende por qué tantos hombres y mujeres viven en extrema pobreza mientras unos cuantos viven en abundancia y no saben qué hacer con lo que tienen. En el mundo actual es mucho el dinero que se invierte en guerra, en viajes extraterrestres, en tratamientos para adelgazar. Con el capital se crean condiciones cada vez más injustas y se pretende hacer más dinero, explotando los recursos que quedan, aunque destruyan todo y acaben con las condiciones de vida sobre la tierra.
Ningún ser humano debiera morir de hambre, pues la tierra tiene suficiente para albergarnos a todos. Los cristianos no debemos olvidar el compartir: ésta es la clave para hacer realidad la fraternidad, para reconocernos hijos de un mismo Padre. Cuando se comparte con gusto y con alegría el alimento se multiplica y sobra.    
Aunque Jesús pregunta a los discípulos, en concreto a Felipe, cómo se podría dar de comer a la enorme multitud en el desierto, él sabe perfectamente lo que va a hacer. El Señor toma la iniciativa. Sin embargo, quiere servirse de la buena voluntad de aquel muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Y lo hace, para enseñarnos a nosotros que cuando compartimos, Él se hace presente multiplicando los panes.          
¿Cuáles son hoy mis cinco panes y dos pescados? ¿Estoy dispuesto a ofrecerles a Jesús? 

El buen pastor que alimenta a su rebaño. El relato del milagro además de ser una muestra de la misericordia divina de Jesús con los necesitados es figura de la Sagrada Eucaristía. Así lo han interpretado muchos Padres de la Iglesia. El mismo gesto del Señor –elevar los ojos al cielo– lo recuerda la Liturgia en el Canon Romano de la Santa Misa....                  
El milagro de aquella tarde junto al lago manifestó el poder y el amor de Jesús a los hombres.  

Poder y amor que harán posible también que encontremos el Cuerpo de Cristo bajo las especies sacramentales, para alimentar, a todo lo largo de la historia, a las multitudes de los fieles que acuden a Él hambrientas y necesitadas de consuelo. Como expresó Santo Tomás en la secuencia que compuso para la Misa del Corpus Christi: «Lo tome uno o lo tomen mil, lo mismo, tomen este, que aquel, no se agota por tomarlo...».       
«El milagro adquiere así todo su significado, sin perder nada de su realidad. Es grande en sí mismo, pero resulta aún mayor por lo que promete: evoca la imagen del buen pastor que alimenta a su rebaño.

Se diría que es como un ensayo de un orden nuevo. Multitudes inmensas vendrán a tomar parte del festín eucarístico, en el que serán alimentadas de manera mucho más milagrosa, con un manjar infinitamente superior» …
En la Comunión recibimos cada día a Jesús, el Hijo de María, el que realizó aquella tarde este grandioso milagro. «Nosotros poseemos, en la Hostia, al Cristo de todos los misterios de la Redención: al Cristo de la Magdalena, del hijo pródigo y de la samaritana, al Cristo resucitado de entre los muertos, sentado a la derecha del Padre. Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros revoluciona nuestra vida; está aquí con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo». Nos espera y nos extraña cuando no nos encontramos con Él.       

El hombre siempre "tiene hambre de algo más.” El milagro consiste en compartir fraternalmente unos pocos panes que, confiados al poder de Dios, no sólo bastan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos. El Señor invita a los discípulos a que sean ellos quienes distribuyan el pan a la multitud; de este modo los instruye y los prepara para la futura misión apostólica: en efecto, deberán llevar a todos el alimento de la Palabra de Vida y del Sacramento. 

Cristo está atento a la necesidad material, pero quiere dar algo más, porque el hombre siempre "tiene hambre de algo más, necesita algo más".
En el pan de Cristo está presente el amor de Dios; en el encuentro con él "nos alimentamos, por así decirlo, del Dios vivo, comemos realmente el pan del cielo". Queridos amigos, "en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo".        

            
 ¡Quédate con nosotros, Jesús, que da miedo tanta oscuridad, no es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan! ¡Quédate con nosotros, Señor, que hace falta un nuevo Emaús; la propuesta será compartir como vos y en tu nombre, ¡Jesús! II. 

HIMNO DEL CONGRESO EUCARÍSTICO
(Corrientes 2004)

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. CEBIPAL/CELAM –Colección Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal. Benedicto XVI
 Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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viernes, 20 de julio de 2018

"Jesús tuvo compasión"



Décimo sexto domingo durante el año
Lecturas del 22-07-18, Ciclo B Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro del profeta Jeremías 23, 1-6
«¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal!» -oráculo del Señor-.
Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: «ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones» -oráculo del Señor. «Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna» -oráculo del Señor-.
«Llegarán los días -oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: "El Señor es nuestra justicia."» Palabra de Dios.

Salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R. 
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.  R. 
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R. 
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R. 

Carta de Pablo a los Efesios 2, 13-18
Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.                   
Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones.
Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.  
Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu. Palabra de Dios.

Evangelio según san Marcos 6, 30-34
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.                        
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.  
Palabra del Señor.

Reflexión

Reunidos y unidos bajo un mismo Pastor: La queja de Jeremías de los guías políticos en su tiempo, se repite en la época de Jesús, los jefes políticos y religiosos dispersaban cada vez más al pueblo. El régimen político, militar y económico impuesto por Roma era una carga que pesaba sobre el pueblo y que se hacía más gravosa porque había gente que le hacía el juego a los romanos, entre ellos los saduceos, que administraban el Templo. El rey y los cobradores de impuestos eran nombrados por Roma y las fuerzas militares romanas tenían su fortaleza junto al templo de Jerusalén. Esta situación además de oprimir ofendía la dignidad del pueblo. El régimen tributario era demasiado minucioso y había que cumplir con el diezmo para el templo. La situación económica era crítica.
La sociedad se encontraba dividida y se atomizaba cada vez más tratando de buscar solución al problema del momento, unos creían en la fuerza de las armas, otros se aislaban y vivían en forma independiente. Se esperaba una irrupción de Dios que pusiera fin a esta situación y diera oportunidad al pueblo de Israel. Por otro lado, después de la reconstrucción del templo al regresar del exilio, las leyes de purificación dominaron la religión judía hasta convertirla en un simple cumplimiento de normas, actitud con la cual Jesús no está de acuerdo porque se ha desligado totalmente de la vida haciendo falta la práctica de la justicia, del amor y de la misericordia. En una situación de éstas hay más desorientación y desconcierto en el pueblo. Muchos se encuentran marginados del templo, han sido desplazados de allí por no cumplir con las normas rituales de purificación, cuando oyen hablar a Jesús se sienten  identificados con su enseñanza y con su práctica, descubren que no están tan lejos de los caminos de Dios, encuentran en él al pastor que en vez de dispersar, congrega y reúne, dice Yahvé en la primera lectura, “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas"   
Marcos reconoce que Jesús, movido por la compasión de ver a la multitud que andaba como oveja sin pastor, se pone a enseñarles. Es la causa del Reino la que le consume su tiempo y su vida. Para esto ha venido, su pasión y su locura es el Reino. “pero el buen pastor las reunirá en un solo rebaño” (Jn 10,16). Jesús, buen pastor, reúne también en un solo rebaño a los que "estaban lejos" (paganos) y a los que "estaban cerca" (judíos) por medio de su sangre derramada en la cruz.          

Hechos que den autoridad a las palabras. Luego del episodio que compartimos el domingo pasado, el envío misionero de los Doce, Marcos narra el regreso de los Apóstoles.
Dice el texto que los Apóstoles le cuentan al Señor todo lo que han “hecho y enseñado”. Estas dos palabras, estos dos verbos, hacer y enseñar, son muy importantes porque marcan la continuidad de la tarea de los Apóstoles con respecto a la de Jesús. En los primeros capítulos de Marcos se describe a un Jesús, Mesías que revela el Reino con “hechos y palabras”, “haciendo y diciendo”, “liberando del mal y proclamando el Evangelio”.
La tarea de los discípulos y la tarea de la Iglesia de Jesús por todos los siglos es la misma: hacer presente el Reino con hechos y palabras. Ni sólo hechos ni sólo palabras sino palabras que “expliquen” los hechos, hechos que den autoridad a las palabras. Esta es en definitiva la clave de la misión que nos enseña Jesús.     

La Mirada de Jesús. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera tarea evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.
El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?
Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. 
“Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma” (largo rato).
Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.
Como Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: “andan como ovejas sin pastor”. La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.
Movido por su compasión, Jesús “se pone a enseñarles con calma”. Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.

Siempre en oración.  El comienzo del pasaje del Evangelio de hoy, San Marcos relata que los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 
Debemos imitar ese trato de los discípulos con Jesús. Esa confianza que tienen para contarle sus cosas. En eso consiste la oración: en confiar al Señor los acontecimientos de nuestra vida. A veces le confiamos los hechos que nos entusiasman, como hacían los primeros discípulos de Jesús. Podemos suponer que ese relato de los apóstoles estaría seguido de las palabras de Jesús, guiándolos, dirigiéndolos, alentándolos. Pero otras veces, contando al Señor nuestras dificultades, nuestros problemas, con la seguridad de que vamos a recibir el consuelo y la paz que en cada momento necesitemos.

La oración, el trato frecuente, y sincero con el Señor es una necesidad para la vida de todo bautizado, y una condición previa e indispensable para encarar cualquier tarea de apostolado.
En la sustancia de las cosas, la humanidad se halla desde sus inicios en situación parecida, aunque cambien las circunstancias aparentes y tecnológicas, una generación sin pastores vive a la deriva, se revuelve infeliz en la ciénaga del sinsentido. Una generación con pastores que no lo son, se ve abocada a la desconfianza en la autoridad, vive el suplicio de la confusión, se encierra en el subjetivismo atroz e insolidario, desde que el hombre es hombre ha necesitado guías que le indiquen el camino y le dirijan por la senda de su auténtica humanidad hacia el horizonte de la felicidad y de Dios:              

¿Hoy por quién me dejo guiar en forma certera y segura para encontrar el camino de la verdad? ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida, el de pastor y “amigo” o simplemente es una alternativa?

El término “compasión”: en algunas regiones de habla hispana tiene una cierta carga peyorativa. Parecería que es sinónimo de “lástima” en un sentido superficial del término. Sin embargo, la etimología del término nos señala otra cosa. Compasión viene del latín que significaría literalmente algo así como “vivir la pasión con el otro”, “padecer con el otro”. "sufrir juntos", "tratar con emociones...", es una emoción humana que se manifiesta a partir del sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión describe el entendimiento del estado emocional de otro, y es con frecuencia combinada con un deseo de aliviar o reducir su sufrimiento.     
Compadecerse del hermano es querer acompañarlo en la “pasión” de su vida, en sus cruces, sufrimientos y dificultades.              

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Catholic.net, Cebipal/Celam. J A Pagola
Los sábados 16 hs. Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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