Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 23 de diciembre de 2017

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”


Lecturas del 24-12-17, Ciclo B
Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén

Segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.-16
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña.»           
Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo.»
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. 
Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel.
Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.» Palabra de Dios.

Salmo 88 
R. Cantaré eternamente el amor del Señor.
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo.»  R.
Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: «Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones.»  R.
El me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él.  R.

San Pablo a los cristianos de Roma 16, 25-27
Hermanos: ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.  Palabra de Dios.
  A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza

Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»                       
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»   
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»                       
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»                  
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has
dicho.» Y el Ángel se alejó. Palabra del Señor. 

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Reflexión: “Alégrate” 

Alégrate... el Señor está contigo. El relato evangélico de la anunciación a María, que se lee este último domingo de Adviento, es una invitación a despertar en nosotros las actitudes básicas con las que vivir no sólo las fiestas de Navidad ya próximas, sino la vida entera. Basta recorrer el mensaje que se pone en boca del Ángel.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” es el saludo del ángel.  “Alégrate/Salve era el saludo normal de aquella época en griego.  Es digno de resaltar, sin embargo, que la primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acerca al mundo, sea una invitación a la alegría. 
Alégrate, es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también nosotros. «Alégrate»: ésa es la primera palabra de Dios a toda criatura. En medio de estos tiempos que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que sorprendentemente se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría la vida se hace más difícil y dura.

El Señor está contigo. La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior y la confianza que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos acompaña, nos defiende y quiere siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos porque no es verdad. Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser está Dios nuestro Salvador.

No temas. Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad, luz.

Has hallado gracia ante Dios. No sólo María, también nosotros podemos escuchar estas palabras porque todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La vida sigue ahí con sus dificultades y preocupaciones. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando uno vive buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarse a ellos.
El término “favorecida, llena de gracia, agraciada” y la expresión “Dios te ha concedido su favor” son equivalentes.  La elección de Dios es siempre una gracia, un don, algo que nos plenifica.  La elección de Dios no destruye ni nuestra libertad ni nuestro auténtico ser.

Hoy, este saludo vale también para cada uno de nosotros, puesto que somos elegidos de Dios y llevamos con nosotros a Jesús resucitado.  Todo cristiano es, decían los Padres apostólicos “cristóforos” portadores de Cristo.

Tras la pregunta de María, el ángel explica el misterio de la concepción.  El Espíritu Santo bajará sobre Ella. Se da así el comienzo de una humanidad nueva.
María da su consentimiento: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”.
La palabra “sierva, esclava” significa pertenencia a Dios.  Esta condición se expresa en la disponibilidad, en la aceptación de su voluntad.  La Palabra de Dios es un don, y éste debe ser acogido por la libertad humana.  María nos enseña a estar abiertos a la novedad y utopía de Dios.  Pero la pequeñez y la humildad de María no le impiden entablar un dialogo con el enviado de Dios.  Ella no se limita a escuchar y aceptar el anuncio, su fe es un acto libre, por ello pregunta, desea saber cómo sucederá lo que le es comunicado. 
La fuerza del espíritu suscita en ella una participación activa, es la colaboración de alguien que se sabe en manos de Dios.  El sí a su maternidad nos comunica al Mesías. María ocupa, de este modo, su lugar en la historia de la salvación.  La encarnación es fruto de la fuerza del espíritu y de la disponibilidad de María.

Contemplar a Jesús y contemplar a María. Somos cristóforos, portadores de Cristo.  Llevamos dentro de nosotros el misterio de Dios.  Nuestra vida, nuestros hechos y actitudes pueden ser tan transparentes que, a través de ellos, los demás vean a Dios, o pueden ser tan opacos que no dejen traslucir rasgo ni señal de Dios.

Jesús es descripto con los rasgos mesiánicos del AT “Será grande, Hijo de Dios, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará para siempre en la casa de Jacob, su reino no tendrá fin, lo llamarán Consagrado” Lucas añade el título de Hijo de Dios para describir la relación misteriosa que lo une al Padre.  Una relación que, según san Lucas, existe desde su nacimiento por obra del Espíritu Santo.
“Ser hijo” no significa solamente haber sido engendrado por su padre, sino, sobre todo, heredar la tradición que éste transmite y tener el padre por modelo de comportamiento.  Así pues, no será David el referente de Jesús; su mensaje vendrá directamente de Dios, su Padre. En Jesús, cuyo nombre significa “Salvador”, “Dios salva”. Dios cumple sus promesas, pero de una forma completamente nueva.  Dios es infinitamente mejor que lo que nos creemos.  Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en la bondad y la ternura de Dios.  Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios encarnado, que se nos ofrece como niño débil e indefenso, irradiando sólo paz y alegría.

Llega la Navidad. No será una fiesta igual para todos. Cada uno vivirá en su interior su propia navidad. ¿Por qué no despertar estos días en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabemos acogidos por Él? ¿Por qué no liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?


Escucha, decisión, acción.

María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.                
María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.                 
María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén
”.
Ven Señor Jesús   

Francisco: María, escucha, decisión, acción.   

Tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión, acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida.    

1.-Escucha. María sabe escuchar a Dios. Atención: no es un simple "oír" superficial, sino es “la escucha”, acto de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios… María está atenta a Dios, escucha a Dios.    
Esto también vale en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida.                   

2. Decisión. María no vive "de prisa", con preocupación, sino, como subraya san Lucas, " María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón" (cfr. Lc. 2,19.51). Y también en el momento decisivo de la anunciación del ángel, Ella pregunta: “¿Cómo sucederá esto?”. Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión; da un paso adelante: decide. No vive de prisa, sino sólo cuando es necesario "va sin demora". María no se deja llevar por los acontecimientos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede sea en la elección fundamental que cambiará su vida: María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”, sea en las decisiones más cotidianas, pero llenas de sentido.   
En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a posponerlas, a dejar que otros decidan en nuestro lugar, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los acontecimientos, seguir la moda del momento; a veces sabemos lo que tenemos que hacer, pero no tenemos el coraje o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente. María en la anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná, va contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y busca comprender la realidad, y decide confiarse totalmente en Dios, decide visitar, aun estando embarazada, a la anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia, para salvar la alegría de la boda.      

3. Acción. María salió de viaje y “fue sin demora” (cfr. Lc. 1,39 a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada…. cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora".

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar.  
Ven Señor Jesús
Adviento

Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.
Primer domingo de adviento:
“Tengan cuidado y estén prevenidos”

“Preparen el camino del Señor…”

tercer domingo de Adviento
 “Testigos de la Luz”

Cuarto domingo de Adviento
 “María, la Virgen de la Esperanza”

Ven Señor Jesús.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Fidel Oñoro, Centro Bíblico del CELAM P. Daniel Silva. J. A. Pagola. Radio Vaticano

viernes, 15 de diciembre de 2017

“Testigos de la Luz”


Tercer domingo de adviento
Lecturas del 17-12-17, Ciclo B
Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén

Libro del profeta Isaías 61, 1-2a. 10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.       
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones. Palabra de Dios.
Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54

R. Mi alma se regocija en mi Dios.

Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.  R.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.  R.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.  R.

1° carta de Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24
Hermanos: Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas.        
Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará. Palabra de Dios.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.

 A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza

Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz.           
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?» El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías.»             
«¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?» Juan dijo: «No.»      
«¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»      
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.»
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor 

Reflexión  
 
El Evangelio de hoy nos muestra un ambiente de una inmensa expectativa por el Mesías, donde Juan aparece como una figura rodeada de un prestigio extraordinario; prueba de ello es que las autoridades judías mandan a Betania, desde Jerusalén, a sacerdotes y levitas, que eran personajes cualificados, a preguntarle a Juan si él es el Mesías.           

Juan no se envanece por su misión. Niega ser lo que en realidad no es, pero a continuación comienza a dar a conocer lo que es, hablando de Jesucristo, alabándolo entusiastamente, y juzgándose a sí mismo indigno aún de desatar la correa de las sandalias de Jesús.           

Toda la fama de que disfrutaba Juan, la pone al servicio de su misión de Precursor del Mesías y, con olvido total de sí mismo, afirma que “es necesario que Juan disminuya para que Jesús crezca”

Debemos darnos cuenta y aprender de la conducta de Juan. En vez de defenderse, aprovecha la ocasión que se le presenta para dar testimonio de Jesús. Juan siente su responsabilidad de Precursor. Él no tiene otra razón de ser, que dar testimonio del Mesías. No le interesa la opinión que puedan formarse de él los fariseos. No le interesa otra cosa que dar testimonio de Cristo.       

Cuánto tiempo perdemos muchas veces los apóstoles, queriendo defender nuestra posición o nuestro criterio, o queriéndonos defender contra las apreciaciones injustas de los demás. Lo interesante para nosotros no es que los demás tengan un concepto elevado de nuestra misión, o que reconozcan nuestra autoridad: lo importante es dar testimonio de Cristo: ejercer el apostolado.

Testigo de la Luz (1): La fe cristiana ha nacido del encuentro sorprendente que ha vivido un grupo de hombres y mujeres con Jesús. Todo comienza cuando estos discípulos y discípulas se ponen en contacto con él y experimentan "la cercanía salvadora de Dios". Esa experiencia liberadora, transformadora y humanizadora que viven con Jesús es la que ha desencadenado todo.
 Su fe se despierta en medio de dudas, incertidumbres y malentendidos mientras lo siguen por los caminos de Galilea. Queda herida por la cobardía y la negación cuando es ejecutado en la cruz. Se reafirma y vuelve contagiosa cuando lo experimentan lleno de vida después de su muerte.

Por eso, si a lo largo de los años, no se contagia y se transmite esta experiencia de unas generaciones a otras, se introduce en la historia del cristianismo una ruptura trágica. Los obispos y presbíteros siguen predicando el mensaje cristiano. Los teólogos escriben sus estudios teológicos. Los pastores administran los sacramentos. Pero, si no hay testigos capaces de contagiar algo de lo que se vivió al comienzo con Jesús, falta lo esencial, lo único que puede mantener viva la fe en él.

En nuestras comunidades estamos necesitados de estos testigos de Jesús. La figura del Bautista, abriéndole camino en medio del pueblo judío, nos anima a despertar hoy en la Iglesia esta vocación tan necesaria. En medio de la oscuridad de nuestros tiempos necesitamos «testigos de la luz».
Creyentes que despierten el deseo de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos que, con su experiencia personal, su espíritu y su palabra, faciliten el encuentro con él. Seguidores que lo rescaten del olvido y de la relegación para hacerlo más visible entre nosotros.

Testigos humildes que, al estilo del Bautista, no se atribuyan ninguna función que centre la atención en su persona robándole protagonismo a Jesús. Seguidores que no lo suplanten ni lo eclipsen. Cristianos sostenidos y animados por él, que dejan entrever tras sus gestos y sus palabras la presencia inconfundible de Jesús vivo en medio de nosotros.  Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos.
Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad, el testigo no tiene la palabra. Es sólo «una voz» que anima a todos a «allanar» el camino que nos puede llevar a él. La fe de nuestras comunidades se sostiene también hoy en la experiencia de esos testigos humildes y sencillos que en medio de tanto desaliento y desconcierto ponen luz pues nos ayudan con su vida a sentir la cercanía de Jesús. (1) José A Pagola
  
Tiempo de Adviento: La alegría

Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca.

En la liturgia de la Misa, San Pablo nos exhorta a estar siempre alegres y nos dice que esto es lo que Dios quiere de nosotros. El Apóstol en otros pasajes del Evangelio nos da la clave para entender el origen de nuestras tristezas: nuestro alejamiento de Dios, por nuestros pecados o por la tibieza. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera del que lleva a Dios, al final sólo se halla infelicidad y tristeza.

La experiencia de todos lo que, de una forma u otra, volvieron la cara hacia otro lado (donde no estaba Dios), ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. Encontrar a Cristo, y volverlo a encontrar, supone una alegría profunda siempre nueva. La alegría es tener a Jesús, la tristeza es perderle.

El cristiano debe ser un hombre esencialmente alegre. Sin embargo, la nuestra no es una alegría cualquiera, es la alegría de Cristo, que trae la justicia y la paz, y sólo Él puede darla y conservarla, porque el mundo no posee su secreto. El cristiano lleva su gozo en sí mismo, porque encuentra a Dios en su alma en gracia. Esta es la fuente permanente de su alegría. Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado.


Un alma triste está a merced de muchas tentaciones. La tristeza nace del egoísmo, de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia en el trabajo, de la falta de mortificación, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios. Para poder conocer a Cristo, poder servirle, y darlo a conocer a los demás, es imprescindible no andar excesivamente preocupados por nosotros mismos. Solamente así, con el corazón puesto en Cristo, podemos recuperar la alegría, si la hubiéramos perdido.

Esta es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios. Preparemos la Navidad junto a María y en nuestro ambiente fomentando un clima de paz cristiana, brindaremos muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean.
Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, nuestra alegría se las dará.

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta

Ven Señor Jesús

 Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.

Adviento

Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.

Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén…

Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo…

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria"…

Primer domingo de adviento:

“Tengan cuidado y estén prevenidos”

Segundo domingo de Adviento

“Preparen el camino del Señor…”

Tercer domingo de Adviento

“Testigos de la Luz”

Ven Señor Jesús.



Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Fidel Oñoro, y José A Pagola.
Círculo Bíblico San José, Te invita al encuentro con la Palabra de Dios  los sábados 17 hs. en: Parroquia San José: Brandsen 4970
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose


domingo, 10 de diciembre de 2017

“Preparen el camino del Señor…”



Lecturas del 10-12-17, Ciclo B

Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén

Libro del profeta Isaías 40, 1-5. 9-11
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; ¡que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!                 
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.         
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: « ¡Aquí está tu Dios!» Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz. Palabra de Dios
.

Salmo 84

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia,
 y danos tu salvación.
Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R
El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo.  R. 
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R

Segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14
Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.  Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia.                
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche. Palabra de Dios.

 A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío,
yo pongo en ti mi confianza


Santo Evangelio según san Marcos 1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.                          
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.» Palabra del Señor.


Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Reflexión:

Buena Noticia de Dios. Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que “el tiempo se ha cumplido”. Con él llega la Buena Noticia de Dios.
Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y va penetrando en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.
Lo que encuentran en Jesús es una “Buena Noticia”, algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación deliberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.
Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

¡Prepararemos la venida del Señor! Después de varios siglos en que se habían silenciado los profetas, de repente en el desierto una voz resuena, anunciando que ya viene aquél que es verdaderamente el Evangelio de Dios, la buena noticia del Padre y que por medio del bautismo en el Espíritu Santo ofrece el don de la comunión con Dios a todos los que saben esperarlo y recibirlo. En Jesús se realiza este encuentro salvífico, ¡el gran acontecimiento de la historia!

Cuando leemos el Evangelio de hoy nos percatamos que la venida del Hijo de Dios al mundo había sido preparada por la historia de la salvación y finalmente por san Juan Bautista.  
El profeta de los nuevos tiempos habla aquí por única vez en todo el Evangelio y sus palabras son precisas y claras. Todas ellas apuntan a una sola pregunta: 

¿Quién es Jesús de Nazaret?
Destaquemos brevemente los tres rasgos que caracterizan a Jesús según la voz del profeta:

“Detrás de mí vendrá...” Jesús es el que viene recorriendo un camino que parte de Dios y que conduce a Dios; Jesús es Dios que viene al encuentro de los hombres y solicita la apertura del corazón para acoger su llegada.

Probablemente la expresión tenga un sentido todavía más profundo si la releemos desde la profecía de Daniel 7,13: “He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo del Hombre” (profecía que el mismo Jesús citará en la pasión para confesar su identidad: “veréis al Hijo del Hombre... venir...”, Mc 14,62).
La profecía presenta a Jesús como Juez escatológico, aquél con quien todo hombre tendrá que confrontarse porque es Él el modelo, el paradigma del hombre. Pero también la idea es presentarnos a un Jesús siempre en, expresando así la cercanía de Dios al hombre.
En la introducción del Evangelio se presenta solemnemente esta venida:
• La primera vez que Jesús entra en escena se usa el verbo “venir”: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea” (Mc 1,9).
• Luego, después de las tentaciones, se insiste en que Jesús es el que “viene”: “Después que Juan fue entregado vino Jesús a Galilea” (Mc 1,14).

“El que es más fuerte que yo”.  Ante el poder del mal que impide la realización del hombre, desdibujando su rostro y arrastrando en contravía el proyecto creador y salvífico de Dios para la humanidad, Jesús es el más fuerte: su poder es capaz de someter al que somete al hombre. Ante todas las fuerzas del mal que experimentamos en la historia ha brotado una esperanza. Para esto ha venido Jesús:

• El primer milagro que Jesús realiza en el Evangelio es un exorcismo (ver Mc 1,21-28).  Donde su primera enseñanza que es que ha venido a destruir el mal: “Un hombre poseído por un espíritu impuro... se puso a gritar: ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?”. Y Jesús puede más que el mal, tiene autoridad sobre él.  
    
• En la controversia en la cual Jesús es acusado de ser un endemoniado, su respuesta es tan lógica como contundente: “Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte” (3,27). Y eso es precisamente lo que Jesús realiza a través de sus numerosos signos en el Evangelio.
Ante la extraordinaria grandeza de Jesús, a Juan no le queda más que declarar su pequeñez:
Y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.”

“Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo. El bautismo de Juan aparece como un bautismo cuya finalidad es sellar y validar ante Dios la actitud de conversión de los pecados de aquellos que abrieron su corazón ante el mensaje.
Ahora, el bautismo de Jesús, que no es un rito sino la experiencia del camino, completa lo que le falta al de Juan: el perdón de los pecados.  Ese es el sentido de la expresión “bautizar” (=sumergir) “con Espíritu Santo” (=en la realidad de Dios mismo), indica que en ella se ha eliminado la barrera que separaba al hombre con Dios y que ambos viven ahora una perfecta comunión. Es en esta unión que el hombre crece y madura para la vida nueva en Dios. Dios desea perdonar todos los pecados y ninguno supera su poder (Él es “el más fuerte”).

El mismo Espíritu que “impulsó a Jesús al desierto”, impulsa también a cada hombre que se hace discípulo por los caminos de Dios trazados por el ministerio terreno de Jesús de Nazaret. 

Hoy: «En el desierto prepárenle un camino al Señor». Es preciso en este Adviento reconocer nuestro desierto, nuestra sequía, nuestra pobreza radical. Y ahí preparar el camino al Señor. No disimular nuestra miseria. No consolarnos haciéndonos creer a nosotros mismos que todo está bien. Es preciso entrar en este nuevo año litúrgico sintiendo necesidad de Dios, con hambre y sed de justicia. Sólo el que así desea al Salvador verá la gloria de Dios, la salvación del Señor. Por eso dijo Jesús: «Los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios» (Mt 21,31).

«…Alza con fuerza la voz, álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está vuestro Dios». La mejor señal de que recibimos al Salvador es el deseo de gritar a todos que «¡hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41). Si de veras acogemos a Cristo y experimentamos la salvación que Él trae, no podemos permanecer callados. Nos convertimos en heraldos, en mensajeros, en profetas, en apóstoles. Y no por una obligación exterior, sino por necesidad interior: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (He 4,20).
Ven Señor Jesús

Adviento

Es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia.
Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.

Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.    

Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.          

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; han vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

Primer domingo de adviento:

“Tengan cuidado y estén prevenidos”

Segundo domingo de Adviento

“Preparen el camino del Señor…”

Ven Señor Jesús.


Tiempo de Adviento

Símbolos y Figuras de la Biblia: El Corazón

En la época actual el corazón es el símbolo que representa el amor, los sentimientos… Pero en la antigüedad las cosas se entendían de otra manera. El hombre antiguo entendió que el corazón era el órgano donde se originaban los pensamientos, las ideas, la voluntad y las decisiones, la conciencia, los valores y desvalores. En este centro que es el corazón se hacían los planes, se pensaba y se juzgaba.

De ahí, que en los textos bíblicos el corazón aparezca como el símbolo que representa esa interioridad del ser humano donde se elaboran los pensamientos y las decisiones.

Amar a Dios “con todo el corazón” (Dt. 6, 5) Significa que todos los pensamientos y decisiones, sin excepción, deben tener como punto de referencia a Dios.

Jesús declaró: “dichosos los que tienen el corazón puro” (Mt. 5, 8) y desarrolló esta enseñanza ante sus discípulos diciendo que las impurezas no vienen desde el exterior del ser humano, sino del interior de su corazón (Mt. 15, 10-20)
                              Mons. Luis Rivas, ediciones AMICO.

Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Fidel Oñoro, y José A Pagola. https://antoniodiufain.com.
Círculo Bíblico San José, Te invita al encuentro con la Palabra de Dios los sábados 17 hs. en:

Parroquia San José: Brandsen 4970
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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viernes, 1 de diciembre de 2017

“Tengan cuidado y estén prevenidos”


Primer domingo de Adviento
Lecturas del 3-12-17, Ciclo B

Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén

Profeta Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7
¡Tú, ¡Señor, eres nuestro padre, «nuestro Redentor» es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, ¿Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!             
¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!
Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos. Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento. No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas. Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos! Palabra de Dios.

Salmo 79 
R. Restáuranos, Señor del universo, 
que brille tu rostro y seremos salvados.
Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R
Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R             
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R

1º carta de san Pablo a los Corintios 1, 3-9
Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.  No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Palabra de Dios.


A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío,
yo pongo en ti mi confianza

Evangelio según San Marcos. 13, 33-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.                       
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!»  Palabra del Señor.

Reflexión:
Frente al presente, vigilancia

Hoy nos situamos en el capítulo 13 de Marcos que nos habla sobre el tiempo previo a la instauración definitiva del Reino de Dios.  Se suele llamar discurso escatológico, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definitivos, sobre el final de la historia del mundo.               En él se nos dice que al “mundo viejo” le ha llegado su fin, que se está destruyendo a sí mismo. Los falsos mesías, las guerras y el hambre, las persecuciones, la caducidad del templo y la confusión absoluta son los dolores de parto previos a la llegada del Reino que Jesús viene anunciando. 

Otras veces recibe el nombre de discurso sobre la parusía, habla de la venida definitiva del Hijo del Hombre (“parusía” significa presencia y sirve para designar la venida y manifestación definitiva del Señor). 

También, debido al lenguaje que usa, se le llama discurso apocalíptico (la apocalíptica es una corriente que surge en momentos de dificultad y opresión, y que proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera la salvación).

Tres son las partes de este capítulo (discurso) con una invitación fundamental en cada una:

1) Frente a la conflictividad político-religiosa de la historia: Discernimiento (13, 5-23)

2) Frente a la venida del Hijo del Hombre: Esperanza (13, 24-32)

3) Frente al presente: Vigilancia (13, 33-37)

La secuencia que hoy leemos es la última parte del discurso.  En ella responde a la pregunta inicial de los discípulos –“¿Cuándo sucederá todo esto?”, aunque no en la forma que ellos y nosotros hubiéramos deseado. 
La respuesta nos habla de la ignorancia sobre el momento concreto, y puede considerarse como la introducción idónea a la parábola que le sigue, la del hombre que se ausentó y no sabemos cuándo volverá.  La sentencia central es la que se nos ofrece el mensaje más relevante: la certeza del hecho, basada en la palabra de Jesús que no pasa. Esta certeza de algo sobre lo que no cabe hacer previsiones y cálculos, pero que para el cristiano debe estar siempre cercano, origina la actitud de una vigilancia constante y responsable.
Un Dios sorprendente. Tanto en la encarnación como en la última aparición, el Dios que nos ama y esperamos es un Dios sorprendente.  Sorprendente porque el Dios que rasga los cielos y desciende no es un Dios ocasional, episódico; es el Dios con nosotros que quiere estar en medio de nosotros, en el centro de nuestra existencia, no en los márgenes. 
Sorprendente, porque puede llegar “al anochecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer” o sea, en cualquier momento: su presencia y venida no está ligada a momentos privilegiados y lugares especiales. 
Sorprendente, porque para acogerlo hay que vivir el hoy en plenitud; esto no significa preparar un espectáculo grandioso en su honor, sino vivir en su casa y ser responsable de ella, pues la ha dejado en nuestras manos y nos ha señalado a cada uno una tarea en ella. 
Sorprendente, porque nos invita a discernir los signos de los tiempos, a andar por caminos de justicia y familiarizarnos con el conflicto. Sorprendente, porque no viene ante todo a exigir, a pedir cuentas, sino a dar. “Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en Él…”, nos dice el profeta Isaías.  Y Pablo habla de un Jesús porque hemos sido “enriquecidos en todo” como lo dice a los corintios.

Frente al presente, frente a lo que acontece en nuestro mundo y sociedad, no podemos ni dormirnos ni desentendemos.  
Hay que estar alerta, no podemos delegar en nadie el encargo de vigilar y trabajar.  “Lo que le digo a ustedes se los digo a todos: ¡Estén en vela!  Sólo así podremos descubrir y vivir cotidianamente su presencia e intromisión en nuestra vida y mundo. 
Quien trate de escuchar con fidelidad el mensaje de Jesús es fácil que lo perciba, en el fondo de su ser, como una llamada a despertar y vivir con lucidez, y como una fuerza capaz de humanizar, personalizar y dar sentido y gozo insospechado a su vida.  Y es fácil también que, al dejarnos interpelar sinceramente por su palabra, vivamos uno de esos raros momentos en que nos sentimos “despiertos en los más hondo de nuestro ser.

Muchas personas no aman su vida concreta. Tampoco saben vivirla.  La vida se les hace dura y penosa, excesivamente aburrida y vulgar.  Vienen atrapados por las cosas.  Demasiados agitados, llenos o vacíos, para poderse detener y responder a su verdadera vocación de ser personas.
Cuando a esto se le suma un clima social conflictivo y un horizonte de inseguridad y crisis, es fácil la tentación de evadirse a un “mundo feliz” que nos consuele de la vida real y nos anestesie de los sinsabores da cada día.  Cada uno busca su “vía de escape”.  Pocas veces habrá tenido tanta actualidad la llamada de Jesús a la vigilancia, la lucidez y la libertad de espíritu. 

Respecto a la segunda venida, al encuentro definitivo con Dios, también nosotros como los apóstoles tenemos curiosidad por saber “cuándo” o al menos querríamos ser avisados con una “señal” ¡Menos mal que Jesús no nos ha indicado la hora precisa, obligándonos a tener nuestro reloj puesto en el hoy!

La manifestación de un cristianismo relajado, irrelevante, banalmente repetitivo no es evangélico, ni interesa a nadie. 
Solamente la aparición de unos cristianos “sorprendentes”, comprometidos en el presente con lucidez que sirvan positivamente, trabajado por una sociedad más justa y fraternal, puede ayudar a muchas personas a levantar la cabeza y ver los nuevos signos que aparecen en el horizonte, y probar otro estilo de vida abierto a la presencia y utopía de nuestro Dios. ¡Este el momento preciso!

Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde
y el día se está terminando, y la vida pasa.
Es necesario que renueve mi fortaleza, para que yo no pare en el camino y por eso yo te necesito. 
                                                                   Amén

Tiempo de Adviento

Es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia.
Adviento es un tiempo cuyo nombre (adventus) significa “venida”. Al revivir la espera gozosa del Mesías en su Encarnación, preparamos el Regreso del Señor al fin de los tiempos: Vino, Viene, Volverá.

“El tiempo de Adviento es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida de Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos. Tiempo de piadosa alegre esperanza”

Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.

Los hombres desean la paz, aspiran a la justicia y la libertad, sueñan felicidad. Desde siempre. De generación en generación, de año en año, a través de los siglos, se prolongan estos anhelos frecuentemente decepcionados.
En estos llamados y búsquedas de los hombres se expresan las promesas de Dios. La historia de Israel, el pueblo de Dios es el signo de estas promesas y revelan su realización, conduce a Cristo Jesús y nos lo da.
Con los deseos y los anhelos de los hombres, la Iglesia, hoy, hace su oración. Nos asegura que Dios cumple sus promesas. En pos del profeta Isaías, con las palabras vigorosas de Juan Bautista, no dice, como la Virgen María que hay que acoger a Cristo.

Adviento: reencontrar, en el fondo de sí mismo, todo lo que puede ser salvado; volverse hacia Cristo, que vendrá un día en su gloria, pero que ya está y nos espera. Volverse hacia Cristo es lo que llamamos “Convertirse”. Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera.


Adviento

Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.    

Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.          

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
Ven Señor Jesús.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Pbro. Daniel Silva.  Orden de las Carmelitas.
Círculo Bíblico San José Te invita al encuentro con la Palabra de Dios  los sábados 17 hs. en:

Parroquia San José: Brandsen 4970
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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