Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 18 de junio de 2011

Solemnidad de la Santísima Trinidad, “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con uste

Lecturas del 19-06-11– Ciclo A –

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos.
El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor.
El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia.» Palabra de Dios.

Salmo: Dn. 3, 52. 53. 54. 55. 56

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
R. Alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
R. Aclamado y glorificado eternamente
por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Aclamado por encima de todo
y exaltado eternamente.

Bendito seas tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
R. Alabado y exaltado eternamente
por encima de todo.

Bendito seas en el firmamento del cielo.
R. Aclamado y glorificado eternamente.

2º carta de Pablo a los Corintios 13, 11-13

Hermanos:
Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.
Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 3, 16-18

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.

Reflexión:

La Iglesia celebra hoy el misterio central de nuestra fe, el misterio de la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias; el misterio de la vida íntima de Dios. Toda la liturgia de la Misa de este domingo nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Personas, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Este misterio que no podemos comprender totalmente, sí podemos vivirlo, ya san Pablo, se despedía de las comunidades cristianas diciendo:
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con ustedes”

En el Evangelio de hoy, Jesús al despedirse de sus discípulos, los envía, les da la misión universal de hacer discípulos y bautizar "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
Cuántas veces nos hace notar la Sagrada Escritura, que Cristo pasó por el mundo bendiciéndolo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los apóstoles, los evangelistas heredaron de Cristo esta actitud. Desde ese tiempo existió en toda la cristiandad el amor a la Señal de la Cruz.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, comenzamos todas nuestras oraciones, comenzamos la Santa Misa y la celebración de todos los sacramentos y actos de la Iglesia. Al persignarnos hacemos una señal de la cruz pequeña sobre la frente, la boca y en el pecho sobre el corazón, ¿qué están indicando?
La cruz sobre la frente se refiere al Padre que está sobre todo; la cruz en la boca, indica al Hijo, la Palabra eterna del Padre, brotada desde el seno del Padre celestial desde toda eternidad; la cruz sobre el corazón simboliza al Espíritu Santo.
¿Qué encierra este triple signo?
Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra persona es como si dijéramos: "estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana..."
En realidad, el primero que hizo la señal de la Cruz, fue el mismo Cristo, que "extendió sus brazos en la Cruz" y sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de su Alianza".

La Trinidad, escuela de relación (1)

¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»? A diario aparece quien no estaría a disgusto con dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

La respuesta es que los cristianos creen que Dios es trino ¡porque creen que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Nos interrogamos: ¿a quién ama Dios, para ser definido amor?

Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar.
Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo, o como dicen los psicólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.
La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones -entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera--, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.

Debo añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones. Cada sura del Corán empieza con la invocación: «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo».
En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes. Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología, de la propia fe. ¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, deben perseguir por la paz y el bien de la humanidad.

(1) Raniero Cantalamessa, ofmcap 18/5/2008

La Trinidad -Juan Pablo II, 15 junio 2003

«Dios no es soledad, sino comunión perfecta. Del Dios comunión surge la vocación de toda la humanidad a formar una sola gran familia, en la que las diferentes razas y culturas se encuentran y se enriquecen recíprocamente».

A la luz de esta verdad fundamental de la fe se comprende la gravedad de todas las ofensas contra el ser humano.

El misterio de la Trinidad

"Padre, no he venido a confesarme sino para que se me aclaren algunas dudas que me atormentan. Me turba, sobre todo, el misterio de la Santísima Trinidad”.
El padre, con sencillas palabras, comenzó a disipar las dudas: "Hija, ¿quién puede comprender y explicar los misterios de Dios? Se llaman misterios precisamente porque no pueden ser comprendidos por nuestra pequeña inteligencia. Podemos formarnos alguna idea con ejemplos. ¿Has visto alguna vez preparar la masa para hacer el pan? ¿Qué hace el panadero? Toma la harina, la levadura y el agua. Son tres elementos distintos: la harina no es la levadura ni el agua; la levadura no es la harina ni el agua y el agua no es la harina ni la levadura. Se mezclan los tres elementos y se forma una sola sustancia. Por lo tanto, tres elementos distintos forman unidos una sola sustancia. Con esta masa se hacen tres panes que tienen la misma sustancia pero distintos en la forma el uno del otro. Eso es, tres panes distintos el uno del otro pero una única sustancia.
Así se dice de Dios: Él es uno en la naturaleza, Trino en las personas iguales y distintas la una de la otra. El Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo; el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Son tres personas iguales pero distintas. Sin embargo, son un solo Dios porque única e idéntica es la naturaleza de Dios".

Los Milagros del P. Pío, P. Luis Butera V.

Lecturas de la Semana
Lunes 20: Gn. 12, 1-9; Sal. 32; Mt.7, 1-5.
Martes 21: Gn. 13, 2. 5-18; Sal 14; Mt. 7, 12-14.
Miércoles 22: Gn. 15. 1-12. 17-18; Sal 104; Mt. 7, 15-20.
Jueves 23: Gn. 16, 6b-12. 15-16; Sal. 105; Mt. 7, 21-29.
Viernes 24: Is. 49, 1-6; Sal. 138; Hch. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66. 80.
Sábado 25: Gn. 18, 1-15; Sal. Lc. 1, 46-50. 53-55; Mt. 8, 5-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. www.corazones.org

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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PENTECOSTES, «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo»

Lecturas del 12-06-11– Ciclo A –

Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: « ¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.» Palabra de Dios.

Salmo 103

R. Señor, envía tu Espíritu
y renueva la superficie de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! la tierra está llena de tus criaturas! R.
Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra. R.
¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.

1ºcarta Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos: Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea Jesús.» Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.
Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.»
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»
Palabra del Señor.
Reflexión:

APARICION A LOS DISCIPULOS. DONACION DEL ESPIRITU

Pentecostés (cincuenta, es decir, cincuenta días después de la Pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección. De agraria se convierte, más tarde, en fiesta histórica en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí. Recibía también el nombre de “Fiesta de las semanas (7x7 días después de la Pascua. En ese día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora.

Los cristianos conmemoramos en Pentecostés la donación del Espíritu. En Hechos 2, 1-21 se nos relata cómo lo discípulos de Jesús estando reunidos, temerosos y sin saber qué hacer, el día de Pentecostés reciben el don del Espíritu que les llevará a proclamar la Buena Nueva a todos los discípulos es presentada como el nuevo pueblo de Dios lleno de Espíritu que da testimonio de Jesús, el Mesías. De ahí que Pentecostés sea también la fiesta del nacimiento de la Iglesia.

La comunidad cristiana se constituye alrededor de Jesús. En los discípulos de Jesús no existía la más mínima predisposición para la fe en la resurrección. Lo prueba claramente la reacción de María Magdalena y de Pedro ante el sepulcro vacío y, sobre todo, la actitud de Tomas. La muerte del Maestro había sido un duro golpe para ellos. El enfrentamiento con las autoridades judías y romanas los aterraba. “Por miedo a los judíos” se hallaban reunidos, con las puertas cerradas, sin saber qué hacer. La promesa de Jesús se cumple: “Volveré a ustedes” “les enviaré el Espíritu y tendrán paz”. Jesús se hace presente en medio de ellos y les desea la paz, el shalom, es decir, integridad de vida, salud, búsqueda de justicia y armonía personal y social. Les manda, además, continuar la misión, que precisamente le había llevado a la muerte ignominiosa que tanto les asusta.
Cada cristiano es un enviado de Jesús. La llamada a la fe y a la comunidad es, al mismo tiempo, llamada a la misión. Hemos sido elegidos por Jesús para realizar el proyecto de Dios con Él. “Como el Padre me envió así los envió a ustedes”. Los primeros enviados “estaban con las puertas atrancadas” por miedo a los judíos y romanos, carecían de paz y tenían pocas miras. Humanamente no estaban preparados. No daban la talla. Sin embargo, ellos son los elegidos. Ellos son los que tienen que llevar adelante el proyecto de Dios. Ellos son los que tienen que proseguir la causa de Jesús. Ellos son quienes tienen que perdonar y dar vida. Si en vos surgen reticencias, desenmascara las motivaciones. No es nuestra debilidad, o nuestra experiencia y formación, o nuestros pecados los que nos impiden asumir el reto de Jesús. Más bien es el temor a nuestros fallos, y el dolor que nos causa nuestro orgullo herido lo que nos paraliza y nos hace vivir todavía con las puertas atrancadas.

Reciban el Espíritu Santo. Lo comprendieron y renacieron a la vida. Y se fueron por todo el mundo. Y supieron perdonar. Y rompieron las barreras del miedo y las puertas de la pequeña comunidad. Y experimentaron la paz en la misión y en el compromiso. Y se sintieron llamados a la resurrección.

La misión cristiana no es una orden sino un fuego interior. El amor misionero del Padre y de Jesús, y el nuestro, es el Espíritu Santo. Quema mucho para purificarnos. Arde fuerte, para darnos vida. Nos pone en movimiento, para crear más vida. Bajo la inspiración del Espíritu Santo los discípulos encuentran el lenguaje apropiado para ese anuncio, por eso los entendían en su propio idioma. Por consiguiente, la evangelización no consiste en una uniformidad impuesta, sino en la fidelidad al lenguaje y al entendimiento en la diversidad. Eso es la Iglesia, una comunión, en ella cada miembro tiene una función. Todos cuentan y deben, por lo tanto, ser respetados en sus carismas. Coraje para decir el Evangelio y verdadero sentido de la comunión eclesial, a eso nos llama la fiesta de Pentecostés.

Vivir sin Espíritu, vivir sin haber resucitado. Nuestras comunidades están, a veces, replegadas, ocultas, sin dar testimonio. Es como si no tuvieran alegría, perdón, paz y vida que transmitir. Seguimos aferrados a lo viejo. Necesitamos que el Señor resucitado se haga presente y nos transmita el soplo creador del Espíritu que infunde aliento de vida. Persona resucitada es la que se deja guiar por el Espíritu de Dios hacia la aventura, la sorpresa, la novedad, la vida… Persona resucitada es la que pone vida donde no la hay, o la defiende donde está amenazada.

La fe en el Espíritu, fe liberadora.

Sin Espíritu Santo, Dios queda lejos,
Cristo pertenece al pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia una mera organización,
la autoridad un dominio,
la misión una propaganda,
el culto una evocación
y el obrar cristiano una moral de esclavos.

Pero con el Espíritu, el cosmos es exaltado
y gime que dé a luz el Reino,
Cristo Resucitado está presente,
el Evangelio es potencia de vida,
la Iglesia comunión trinitaria,
la autoridad servicio liberador,
la misión un nuevo Pentecostés,
el culto memoria y anticipación
y el obrar humano queda deificado.
Pbro. Daniel Silva

Invocación

Según San Juan, el Espíritu hace presente a Jesús en la comunidad cristiana, recordándonos su mensaje, haciéndonos caminar en su verdad, interiorizando en nosotros su mandato del amor. A ese Espíritu invocamos en esta fiesta de Pentecostés.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de "Padre" que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas.
Ven Espíritu Santo y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu aliento, olvidaremos una y otra vez su Proyecto del reino de Dios. Viviremos sin pasión y sin esperanza. No sabremos por qué le seguimos ni para qué. No sabremos por qué vivir y por qué sufrir…
Ven Espíritu Santo y enséñanos a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Que no echemos cargas pesadas sobre nadie. Que no dictaminemos sobre problemas que no nos duelen ni condenemos a quienes necesitan sobre todo acogida y comprensión. Que nunca quebremos la caña cascada ni apaguemos la mecha vacilante.
Ven Espíritu Santo e infunde en nosotros la experiencia religiosa de Jesús. Que no nos perdamos en trivialidades mientras descuidamos la justicia, la misericordia y la fe…
Ven Espíritu Santo y aumenta nuestra fe para experimentar la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad. Enséñanos a alimentar nuestra vida, no de tradiciones humanas ni palabras vacías, sino del conocimiento interno de su Persona. Que nos dejemos guiar siempre por su Espíritu audaz y creador, no por nuestro instinto de seguridad.
Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús. Si cada uno de nosotros no cambia, nada cambiará en su Iglesia…
Ven Espíritu Santo y defiéndenos del riesgo de olvidar a Jesús. Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar su voz ni sentir su aliento. Despierta nuestra adhesión pues, si perdemos el contacto con él, seguirá creciendo en nosotros el nerviosismo y la inseguridad.
De José Antonio Pagola
Eclesalia Informativo

Lecturas de la Semana
Lunes 13: 2Cor. 6, 1-10; Sal. 97; Mt.5, 38-42.
Martes 14: 2Cor. 8, 1-9; Sal 145; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 15: 2Cor. 9. 6-11; Sal 111; Mt. 6, 1- 6. 16-18.
Jueves 16: 2Cor. 11, 1-11; Sal. 110; Mt. 6, 7-15.
Viernes 17: 2Cor. 11, 18. 21b-30; Sal. 33; Mt. 6, 19-23.
Sábado 18: 2Cor. 12, 1-10; Sal. 33; Mt. 6, 24-34.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) SP BXVI: «El Espíritu de nuestros corazones».

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

sábado, 4 de junio de 2011

Ascensión del Señor, “yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

Lecturas del 5-06-11– Ciclo A –

Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.» Palabra de Dios.

Salmo 46

R. Dios asciende entre aclamaciones, asciende el Señor al sonido de trompetas.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R
El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado.

Carta de San Pablo a los Efesios 1,17-23.

Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios.

Evangelio según San Mateo 28,16-20.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor

Reflexión:

Ascensión del Señor

Mateo concluye su Evangelio con un relato de encuentro, envío y promesa de Jesús a sus discípulos. La presencia de Dios en el mundo, una vez que los cielos se han abierto y Jesús se ha encarnado, es definitiva, pues su nombre es “Emmanuel”, es decir, “Dios con nosotros”.

El encuentro final de Jesús con sus discípulos tiene lugar en un escenario significativo: en Galilea, donde Él comenzó su misión y en un monte, como cuando Dios congregó a su pueblo en el Sinaí. Es una iniciativa de Jesús la que hace posible el encuentro, los once van donde Él los había citado. Este encuentro es un momento decisivo: en él Jesús constituye al nuevo pueblo mesiánico que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la Iglesia. Sorprendentemente, Mateo recuerda aquí la duda: “Al verlo, se postraron ante Él los mismos que habían dudado”. En otras palabras, la actitud de los discípulos expresa la fe; sin ella no hay fundamento para el nuevo pueblo, para la iglesia, para la misión. Pero una fe que ha estado, está y estará mezclada con la duda, que es compañera inseparable de la fe itinerante. Como siempre: fe y vacilación, claridad y desconcierto.

El envío tiene su raíz y fundamento en la plena autoridad, o plena del poder que se le ha dado a Jesús resucitado. El envío que reciben los discípulos es continuación/participación de la misión de Jesús, pero la misión se extiende ahora a todos los hombres y mujeres, y no sólo a Israel. El breve discurso de Jesús está dominado por la idea de la plenitud y universalidad, pues la misión que se nos confiere y a la que se nos envía no tiene barreras.

El fin de la misión es “hacer discípulos” El cristiano es discípulo. No se trata de ofrecer un mensaje, sino de establecer una estrecha relación con el Maestro, una relación personal y de seguimiento.

Dos son las condiciones para hacer discípulos: el bautismo y la enseñanza. Jesús se define Maestro en polémica con los malos maestros –escribas y fariseos- , dice que los discípulos deben a su vez, hacer lo mismo: enseñar. Pero no son maestros, sino que permanecen como discípulos. No enseñan algo propio, sino solamente aquello que Jesús les ha mandado.

El bautismo vincula al discípulo con Jesús, con Dios. Pero ¿Con qué Dios? Dios no es un tirano, no se impone, no coacciona, no se exhibe. Dios es amor. Dios es comunicativo. Su gloria y su poder es sólo amar. El bautismo nos vincula con este Dios y no con otro.

“Estoy con ustedes cada día, hasta el fin del mundo”. Es un final sorpresa. El Señor resucitado no se ha ido, sino que permanece. La promesa que trae Jesús (Emmanuel=Dios con nosotros), con la que comienza su Evangelio Mateo, ya es una realidad permanente. Las últimas palabras de Jesús son una invitación a volver al principio del Evangelio para escuchar de nuevo sus enseñanzas y contemplar sus signos, como enseñanza y signos del resucitado. Son también un mandato de comunicar a otros la Buena Noticia desde la certeza de que el resucitado sigue presente entre nosotros.

Esta es la fe que ha animado a las comunidades cristianas desde sus comienzos. No estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas; Él está con nosotros. En momentos difíciles como los que estamos viviendo hoy, es fácil caer en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Jesús es alguien vivo que anima, vivifica y llena con su Espíritu en nuestras comunidades.

Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, allí está Él en medio de ellos. Olvidarlo es arriesgarnos a debilitar la raíz de nuestra esperanza. Cuando nos encontramos con una persona necesitada, despreciada y abandonada, nos encontramos con aquel que quiso solidarizarse con ellas de manera radical. Por eso, nuestra adhesión a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que en la ayuda y solidaridad con el necesitado: “Cuando hagan con uno de mis pequeños me lo hacen a mí”.

La ascensión es una llamada a “seguir esperando” a pesar de las decepciones, desengaños y desalientos.
A lo largo de la vida podemos sentir una doble tentación: o bien desistir de la marcha, porque el camino nos resulta demasiado fatigoso, o bien anticipar la llegada a la meta, porque el camino se nos hace demasiado largo. La ascensión es una buena ocasión para tomar conciencia de la paciencia histórica. Hemos de aprender a respetar el ritmo de la vida. Hemos de aprender a recorrer nuestro propio camino. Un camino único y original, con sus gozos y tristezas, logros y fracasos.

Nos proponemos: - Experimentar el encuentro con Él - Sentir su envío lleno de generosidad y amor - Creer en su promesa.

Pbro. Daniel Silva
Meditamos con el evangelio:

“Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron”

El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. (1)
¿Cómo es mi encuentro con Jesús, realmente vivo con la alegría que me trae la Pascua del Señor?

“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”

Vivimos en una época en la que son evidentes los signos del laicismo, parece que Dios ha desaparecido del horizonte o se ha convertido en una realidad ante la cual se permanece indiferente. (1)
¿Siento que la invitación de Jesús a sus discípulos también es una invitación para mí?

“Enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”

El hombre es religioso por naturaleza, es homo religiosus: «El deseo de Dios —afirma también el Catecismo— está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios» (n. 27). La imagen del Creador está impresa en su ser y él siente la necesidad de encontrar una luz para dar respuesta a las preguntas que atañen al sentido profundo de la realidad; respuesta que no puede encontrar en sí mismo, en el progreso, en la ciencia empírica. (1)
¿Qué cosas considero que podría enseñarles a otros, que recibí de Jesús?

“Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

¿Cómo vivo hoy la presencia de Jesús en mi vida, en la Palabra, en la Eucaristía, en la oración, en el próximo?
Cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre en cuanto tal, es necesario tener presente que es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, es un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona…. la oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable… (1)


Avisos parroquiales

Vigilia de Pentecostés:

 SABADO 11 DE JUNIO 19:30 HS.
Instituto José Manuel Estrada (2 de Mayo 2932- Lanús Oeste, 4 cuadras desde Estación Lanús frente Parroquia San Judas Tadeo). Invitados todos los jóvenes de la Diócesis, de parroquias, movimientos, quienes se preparan a la confirmación y todos los jóvenes de espíritu. AÑO JUBILAR DIOCESANO
Pastoral Juvenil Diócesis Avellaneda-Lanús


LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 6: Hch. 19, 1-8; Sal. 67; Jn.16, 29-33.
Martes 7: Hch. 20,17-27; Sal 67; Jn. 17, 1-11.
Miércoles 8: Hch. 20, 28-38; Sal 67; Jn. 17, 6ª. 11b-19.
Jueves 9: Hch. 22, 30; 23, 6-11; Sal. 15; Jn. 17, 20-26.
Viernes 10: Hch. 25,13b-21; Sal. 102; Jn. 21, 15-19.
Sábado 11: Hch. 11, 21b-26; Sal. 97; Mt. 10, 7-13.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) SP BXVI: La oración

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra. Nos reunimos para compartirla (Lectio Divina) los Sábados 16 hs. en:


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sábado, 28 de mayo de 2011

Sexto Domingo de Pascua, “El que recibe mis mandamientos y los cumple…

Lecturas del 29-05-11– Ciclo A –

“El que recibe mis mandamientos y los cumple… yo lo amaré y me manifestaré a él

Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17
En aquellos días: Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. Palabra de Dios

Salmo 65

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.
Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. Vengan a ver las obras del Señor, las cosas admirables que hizo por los hombres. R.
El convirtió el Mar en tierra firme, a pie atravesaron el Río. Por eso, alegrémonos en él, que gobierna eternamente con su fuerza. R.
Los que temen al Señor, vengan a escuchar, yo les contaré lo que hizo por mí: Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia. R.

1º carta del apóstol san Pedro 3, 15-18

Queridos hermanos: Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán de sus calumnias todos aquellos que los difaman, porque ustedes se comportan como servidores de Cristo. Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal. Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustos- para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.» Palabra del Señor.

Reflexión:

En el Evangelio de este domingo, leemos el pasaje perteneciente a la Última Cena en que Jesús promete a sus apóstoles el envío del Espíritu Santo.
Comienza este pasaje con las palabras de Jesús: “El que recibe mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama”, Jesús, antes de anunciar la venida del Espíritu Santo, nos recuerda que el verdadero amor tiene necesidad de manifestarse con obras. Y San Juan nos exhorta a que “no amemos de palabra y con la lengua, sino con obras y de verdad”, y nos enseña a que “el amor al Señor consiste en que vivamos de acuerdo a sus mandamientos” Y luego de estas enseñanzas, Jesús anuncia que el fruto de su mediación ante el Padre será la venida del Espíritu Santo, del Paráclito.
Jesús hace esta promesa de enviar el Espíritu Santo, porque sabe de antemano que sus discípulos están tristes, preocupados o desconsolados, ante la idea de su inminente partida, y este espíritu les indicará el camino correcto que ahora deben seguir.

“Él les enseñará lo que es la verdad.” Para los discípulos será un momento muy difícil la partida de Jesús, porque ya no contarán con la presencia de su maestro, no podrán ir a buscar una respuesta a sus incógnitas a sus temores o a sus dudas, no habrá quien les diga cuál es la verdad. Por esto, Jesús hace referencia a que este Espíritu será quien ahora les enseñara la verdad.
El Espíritu Santo, en efecto, vendrá sobre los discípulos tras la Ascensión del Señor (fiesta que celebramos el próximo domingo), enviado por el Padre y el Hijo. Al prometer aquí Jesús que por medio de Él, el Padre les enviará el Espíritu Santo, está revelando el misterio de la Santísima Trinidad.

Paráclito significa Consolador, Protector, o Defensor. De ahí que también a veces se lo conozca como Abogado. Jesús habla del Espíritu Santo como de otro Paráclito”, porque será enviado a los discípulos en lugar suyo, como Protector que les asista, ya que Él va a subir a los Cielos. En otro pasaje de las escrituras, el apóstol Juan llama Paráclito a Jesús, cuando dice “El Abogado que tenemos ante el Padre, es Jesucristo, el Justo”.
El Espíritu Santo cumple ahora el oficio de guiar, proteger y vivificar a la Iglesia y a cada uno de nosotros, porque, como dice el Papa Pablo VI, dos son los elementos que Cristo ha prometido y otorgado, aunque diversamente, para continuar su obra: el apostolado y el Espíritu Santo. El apostolado actúa externa y objetivamente, forma el cuerpo material de la Iglesia. Le confiere sus estructuras visibles y sociales. En cambio, el Espíritu Santo actúa internamente, dentro de cada uno de nosotros, como también sobre la comunidad entera, animando, vivificando y santificando.
El Espíritu Santo es nuestro Consolador mientras caminamos en este mundo en medio de dificultades y bajo la tentación de la tristeza. Por grandes que sean nuestras limitaciones, siempre podemos mirar con confianza al cielo, y sentirnos llenos de alegría. La presencia y acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara.

En varios momentos de la Última Cena, se trasluce la tristeza de los Apóstoles ante las palabras de despedida del Señor. Jesús les habla, llamándolos amigos, y les promete que no se quedarán solos porque les enviará el Espíritu Santo, y Él mismo volverá a estar con ellos. En efecto, le verán de nuevo después de la Resurrección, cuando se les aparezca durante cuarenta días hablando con ellos del Reino de Dios. Al subir a los cielos dejaron de verle, no obstante Jesús sigue en medio de sus discípulos, según lo había prometido.
Jesús da una clave muy importante en este texto, “los de este mundo no podrán verlo, los de este mundo no podrán recibir el Espíritu”. Vivir según las normas o mandamientos de este mundo apartarían a los discípulos del Espíritu de Dios.
Pero, ¿Porqué los discípulos pueden ver el espíritu? ¿Cómo es que está en medio de ellos?
Porque es el Espíritu de Jesús mismo el que se les dará, es Cristo mismo quien habitará en ellos, serán uno con Él y Él estará en ellos, es por eso que dice la Escritura: “Pero ustedes sí lo conocen, porque está con ustedes, y siempre estará en medio de ustedes.”

Sólo viviendo según las exigencias de Cristo podremos, como los discípulos, recibir el Espíritu Santo, y reconocer la verdad. Con esto demostraremos también nuestro amor a Dios, y entonces podremos ver las cosas según los ojos de Dios y así Jesús se dará a conocer en su plenitud.

«Sed paráclitos los unos de los otros» (1)

En el Evangelio Jesús habla del Espíritu Santo a los discípulos con el término «Paráclito», que significa consolador, o defensor, o las dos cosas a la vez. En el Antiguo Testamento, Dios es el gran consolador de su pueblo. Este «Dios de la consolación» (Rm. 15,4) se ha «encarnado» en Jesucristo, quien se define de hecho como el primer consolador o Paráclito (Jn 14,15). El Espíritu Santo, siendo aquel que continúa la obra de Cristo y que lleva a cumplimento las obras comunes de la Trinidad, no podía dejar de definirse, también Él, Consolador, «el Consolador que estará con vosotros para siempre», como le define Jesús. La Iglesia entera, después de la Pascua, tuvo una experiencia viva y fuerte del Espíritu como consolador, defensor, aliado, en las dificultades externas e internas, en las persecuciones, en los procesos, en la vida de cada día. En Hechos de los Apóstoles leemos: «La Iglesia se edificaba y progresaba en el temor del Señor y estaba llena de la consolación (¡paráclesis!) del Espíritu Santo» (9,31).

Debemos ahora sacar de ello una consecuencia práctica para la vida. ¡Tenemos que convertirnos nosotros mismos en paráclitos! Si bien es cierto el cristiano debe ser «otro Cristo», es igualmente cierto que debe ser «otro Paráclito». El Espíritu Santo no sólo nos consuela, sino que nos hace capaces de consolar a los demás. La consolación verdadera viene de Dios, que es el «Padre de toda consolación». Viene sobre quien está en la aflicción; pero no se detiene en él; su objetivo último se alcanza cuando quien ha experimentado la consolación se sirve de ella para consolar a su vez al prójimo, con la misma consolación con la que él ha sido consolado por Dios. No se conforma con repetir estériles palabras de circunstancia que dejan las cosas igual (« ¡Ánimo, no te desalientes; verás que todo sale bien!»), sino transmitiendo el auténtico «consuelo que dan las Escrituras», capaz de «mantener viva nuestra esperanza» (Rm 15,4).
Así se explican los milagros que una sencilla palabra o un gesto, en clima de oración, son capaces de obrar a la cabecera de un enfermo. ¡Es Dios quien está consolando a esa persona a través de ti!
En cierto sentido, el Espíritu Santo nos necesita para ser Paráclito. Él quiere consolar, defender, exhortar; pero no tiene boca, manos, ojos para «dar cuerpo» a su consuelo. O mejor, tiene nuestras manos, nuestros ojos, nuestra boca. La frase del Apóstol a los cristianos de Tesalónica: «Confortaos mutuamente» (1Ts 5,11), literalmente se debería traducir: «sed paráclitos los unos de los otros». Si la consolación que recibimos del Espíritu no pasa de nosotros a los demás, si queremos retenerla egoístamente para nosotros, pronto se corrompe.
De ahí el porqué de una bella oración atribuida a San Francisco de Asís, que dice:
«Que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar...».

A la luz de lo que he dicho, no es difícil descubrir que existen hoy, a nuestro alrededor, paráclitos. Son aquellos que se inclinan sobre los enfermos terminales, sobre los enfermos de Sida, quienes se preocupan de aliviar la soledad de los ancianos, los voluntarios que dedican su tiempo a las visitas en los hospitales. Los que se dedican a los niños víctimas de abuso de todo tipo, dentro y fuera de casa.

Terminamos esta reflexión con los primeros versos de la Secuencia de Pentecostés, en la que el Espíritu Santo es invocado como el «consolador perfecto»:

«Ven, Padre de los pobres;
ven, Dador de gracias,
ven, luz de los corazones.

Consolador perfecto,
dulce huésped del alma,
dulcísimo alivio.

Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto».

(1)Reflexión del P. Raniero Cantalamessa,
(27/abril/2008)
Avisos parroquiales

Martes 31/5: Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen. 19 hs. Santa Misa.

Viernes 3/6: Primer viernes del mes
18:30 Adoración al Santísimo Sacramento.
19 hs.. Santa Misa.
Comienza la Novena del Espíritu Santo.

LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 30: Hch. 16, 11-15; Sal. 149; Jn.15, 26—16,4.
Martes 31: Rm. 12, 9-16b; Sal Is. 12, 2-3. 4b-6; Lc. 1, 39-56.
Miércoles 1: Hch. 17, 15. 22—18, 1; Sal 148; Jn. 16, 12-15.
Jueves 2: Hch. 18, 1-8; Sal. 97; Jn. 16, 16-20.
Viernes 3: Hch. 1, 9-18; Sal. 46; Jn. 16, 20-23.
Sábado 4: Hch. 18, 23-28; Sal. 46; Jn. 16, 23-28.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.com. Unos momentos con Jesús y María


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sábado, 21 de mayo de 2011

Quinto Domingo de Pascua, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”

Lecturas del 22-05-11– Ciclo A –

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
Como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra.»
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe. Palabra de Dios

Salmo 32

R. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.

Aclamen, justos, al Señor: es propio de los buenos alabarlo. Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-10
Queridos hermanos: Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.
Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor.
En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz: ustedes, que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
Jesús dijo a sus discípulos: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.
Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.»
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre.
Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?
Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.»
Palabra del Señor.

Reflexión

JESUS. CAMINO HACIA EL PADRE

Este texto pertenece al llamado “discurso de despedida”. En él el tema principal es el de la partida de Jesús, aunque a la vez ponen de relieve otros temas particularmente queridos por Juan: la glorificación, el anuncio del Paráclito, la alegría. El discurso gira en torno de dos verbos: “me voy” y “vuelvo”. El “me voy” indica el “lugar” hacia el que va y el “camino” para llegar hasta él. Jesús mismo es el camino para llegar al Padre. De ahí que el futuro se haga ya presente en la fe, es decir, creer en Jesús. El “vuelvo” en la Pascua naturalmente, pone de manifiesto que la “parusía joánica” coincide con la Pascua. Esta parusía significa la presencia de Dios y de Jesús en el creyente. La Pascua, pues, supera la orfandad de los discípulos.

Jesús, que acaba de fundar su comunidad dándole por estatuto el mandamiento del amor, revela a sus discípulos la relación de ellos con el Padre y con él. Le da la seguridad de ser admitidos en el hogar del Padre, los suyos serán miembros de la familia del Padre, que los acogerá en su hogar. Jesús es el único camino hacia el Padre. La meta es conocida, porque su persona hace presente al Padre. Jesús es uno con el Padre. En el camino no les faltará su ayuda constante: los discípulos podrán proseguir su causa y harán incluso obras mayores que las suyas.

Las preguntas de los discípulos son funcionales y cargadas de intención, no expresan la ignorancia de quien las hace, sino la necesidad que todo el mundo tiene de escuchar la respuesta de Jesús que ellas provocan. La pregunta de Tomás responde presentándose como “el camino, la verdad y la vida” o sea: Él es el medio único para llegar al Padre. En la pregunta de Felipe se halla latente el deseo de todo cristiano: que Jesús manifieste inequívocamente quién es y su poder. La respuesta de Jesús cierra ese camino y no ofrece otro signo que el que está viendo: “quien me ve a mí está viendo al Padre”. O sea: Jesús es la revelación del padre, el único revelador de Dios es Jesús.

Sin camino. El problema de muchas personas no consiste en vivir extraviadas, sino algo más profundo y trágico. Sencillamente viven sin camino. Pueden moverse mucho, hablar, agitarse, trabajar, organizarse, ir siempre corriendo…, pero en realidad no van a ninguna parte. Viven girando siempre en torno a sí mismo y a sus pequeños intereses. Su vida es pura repetición. No conocen la alegría del que se renueva y crece. No saben lo que es extraviarse ni reencontrarse. No tienen tampoco la experiencia de saberse guiados, sostenidos y orientados. Su vida se reduce a andar y desandar… nos falta por descubrir que Cristo es un camino que hay que recorrer: el único camino acertado para vivir intensamente, para buscar nuestra propia verdad, para acoger la vida hasta su última plenitud.

Vivir. Todos queremos vivir. Vivir más. Vivir mejor. Hoy y siempre. A veces, en nuestra ingenuidad, podemos pensar que vivir es algo que uno ya lo sabe, y que lo único importante es que a uno le dejen vivir. Pero la cosa no es tan sencilla. No se trata de ser un “vividor” ni de “ir tirando en la vida”. Se trata de descubrir cuál es la manera más acertada, más humana y más plena de enfrentarse a una existencia que se nos presenta con frecuencia oscura y enigmática. En el fondo toda postura creyente existe la pretensión de tratar de vivir la vida con toda su profundidad y radicalidad. Las primeras comunidades entendieron la experiencia cristiana como un nuevo nacimiento y hablaban del cristiano como de un hombre nuevo. Jesús significaba para las primeras comunidades: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

¿Tanto tiempo con ustedes, y todavía? Ser cristiano es, antes que nada, creer en Jesús. Tener la suerte de habernos encontrado con Él. Por encima de toda creencia, fórmula, rito, credo, moral, interpretación…, lo verdaderamente decisivo en la experiencia cristiana es el encuentro con Cristo. Es la experiencia de Jesús que es camino, verdad y vida. Pero muchas veces, ante nuestras preguntas, anhelos y deseos, podemos encontrarnos con respuestas como la que Jesús da a Felipe: “Con tanto tiempo como llevo con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe?

Los caminos del Señor no siempre son los nuestros. Tomás piensa que tiene necesidad de indicaciones geográficas precisas (¿cómo podemos saber el camino?). Felipe cree que una visión luminosa resolvería los problemas y aclararía todo (“Señor, muéstranos al Padre y nos basta”). Jesús hace entender a ambos que lo que les falta –y a nosotros también- es una mirada iluminada por la fe, ella es lo único que permite entrever en él tanto el camino como los rasgos del rostro del Padre. Lo que falta a Felipe y a cada uno de nosotros- es el conocimiento profundo del Maestro. Lo que necesitamos no son visiones, sino una fe capaz de mostrar cosas maravillosas (“El que cree en mí también Él hará obras que yo hago, y aún mayores…”. Los caminos de Dios no siempre son los nuestros.

¡CUANTO TENEMOS QUE APRENDER DE TI!

Pbro. Daniel Silva


Meditamos con el evangelio:

“Ya conocen el camino del lugar adonde voy”:

Un tema muy importante en el Evangelio de Juan es el camino, el camino que lleva a Dios, para poder estar con Él. Si bien volverá a buscarnos, somos nosotros los que deberemos recorrer el camino. Tomás le preguntó al Señor: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?

Nosotros ¿Sabemos a dónde va el Señor, conocemos el camino, el plan de Dios?

¿Cuáles son los obstáculos que no me permiten seguir el camino de Jesús?

¿Qué cosas hago en mi vida que me indica que confió y sigo el camino de Jesús?
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre”

¿Me siento amado por Jesús? ¿Cómo comparto ese amor gratuito y desinteresado con los demás?


"AMAME TAL COMO ERES"

Conozco tu pobreza, conozco las luchas y preocupaciones de tu alma, la fragilidad y las enfermedades de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus desfallecimientos. Pero a pesar de todo te digo: DAME TU CORAZÓN, ÁMAME TAL COMO ERES.

Si esperas ser perfecto para amar, no me amarás jamás. Aún cuando caigas a menudo en las mismas faltas que quisieras no cometer nunca, aún cuando fueras cobarde en la práctica de la virtud, NO ME NIEGUES TU AMOR.

Ámame tal como eres, a cada instante y en cualquier situación en que te encuentres: en el fervor o en la aridez espiritual, en la felicidad y hasta en la misma infelicidad. Ámame, Tal como eres. QUIERO EL AMOR DE TU CORAZÓN HUMILDE.

Si para amarme esperas ser perfecto no me amarías nunca. ¿No podría Yo hacer que cada grano de arena sea un ser radiante, lleno de pureza, de nobleza y de amor? ¿No podría Yo, con el menor designo de mi voluntad, hacer surgir de la nada miles de santos, mil veces más perfectos y más encendidos en amor que los que he creado? ¿No soy Yo, el Omnipotente? ¿Y si quisiera dejar para siempre en la nada a estos seres maravillosos, y preferir, a ellos, tu amor?

Hijo Mío, DÉJAME QUE TE AME.
Quiero tu corazón, quiero formarte, pero mientras tanto, TE AMO COMO ERES. Y anhelo que tú hagas lo mismo. Deseo ver, desde el fondo de tu ser, elevarte y crecer como tu amor.

AMO EN TI HASTA TU MISMA DEBILIDAD.
Amo el amor de tus imperfectos. Quiero que desde tu pobreza, se eleve continuamente este grito: "Señor, te amo". Es el canto de tu corazón el que más me agrada. ¿Necesito, acaso, de tu ciencia, de tus talentos? Es algo más que virtudes lo que busco. Si te las concediera, tu amor propio, pronto las debilitaría. Por ello no te inquietes. Acepto de ti lo poco que tienes
porque te amo. Yo te he creado para el amor. ¡AMA! El amor te impulsará a hacer lo que tengas que hacer, aún sin que lo pienses. No pretendas otra cosa sino llenar de amor el momento presente. HOY ME TIENES A LA PUERTA DE TU CORAZÓN COMO UN MENDIGO. Llamo y espero. Apresúrate a abrirme. No te excuses de tu pobreza. Si la conocieras plenamente, morirías de dolor.

LO QUE MAS HIERE MI CORAZÓN ES VERTE DUDAR, CARECER DE MI CONFIANZA, Y RECHAZAR MI AMOR.
Quiero que pienses en Mí cada instante del día y de la noche. No hagas nada, ni la acción más insignificante, sino es por AMOR A MI. Cuando tengas que sufrir, Yo te daré mi gracia. Tú dame tu amor y conocerás un amor tan grande como jamás podrías soñar. Pero no te olvides: ÁMAME, TAL C0MO ERES. Y no esperes a ser santo para entregarte al amor. De lo contrario, no amarás jamás".
Jesús.


LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 23: Hch. 14, 5-18; Sal. 113b; Jn.14, 21-26.
Martes 24: Hch. 14, 19-28; Sal 144; Jn. 14, 27-31.
Miércoles 25: Hch. 15, 1-6; Sal 121; Jn. 15, 1-8.
Jueves 26: Hch. 15, 7-21; Sal. 95; Jn. 15, 9-11.
Viernes 27: Hch. 15, 22-31; Sal. 56; Jn. 15, 12-17.
Sábado 28: Hch. 16, 1-10; Sal. 99; Jn. 15, 18-21.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.com


Círculo Bíblico San José
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sábado, 14 de mayo de 2011

Cuarto Domingo de Pascua, “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas”

Lecturas del 15-05-11– Ciclo A –

Hechos de los Apóstoles 2,14.36-4.
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías".
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?".
Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. Palabra de Dios.

Salmo 23(22)

R. El señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R

Primera carta de San Pedro 2,20-25.
Queridos hermanos: En efecto, ¿qué gloria habría en soportar el castigo por una falta que se ha cometido? Pero si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios. A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas.
El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados.
Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.
Palabra de Dios.

Evangelio según San Juan 10,1-10.
En aquel tiempo, Jesús dijo: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.
Palabra del Señor

Reflexión:

“Les aseguro que yo soy la puerta
de las ovejas”

Nuestro Santo Padre ha escrito un libro titulado Jesús de Nazaret. En la introducción del libro el Papa nos dice qu es una expresión de su búsqueda personal “del rostro del Señor” y por eso el camino interior que lo ha llevado al libro ha sido largo.
En uno de los capítulos habla de las grandes imágenes del Evangelio: el agua, la vid y el vino, el pan y el pastor.
En su análisis de la figura del pastor nos dice que esta imagen ha marcado en forma profunda la piedad del pueblo de Israel, sobre todo en los tiempos de calamidad. El Salmo 23: “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar” transmiten consuelo y confianza. Ezequiel 34-37 desarrolla aún más la imagen de Dios pastor.
Los evangelios presentan varias parábolas sobre el tema del pastor y las ovejas. En San Juan 10 se escucha la voz directa de Jesús cuando dice: “Yo soy el Buen Pastor.” Benedicto XVI nos dice en su libro que sorprendentemente este discurso no empieza con estas palabras, sino con otra imagen: la imagen de la puerta: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10,7). Dice esto después de afirmar: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas” (10,1.)
La explicación es que para ser buen pastor hay que entrar a través de Jesús, entendido como la puerta. De esta forma, Jesús sigue siendo el pastor, y por tanto el rebaño le pertenece sólo a Él.
El ladrón viene “para robar, matar y hacer estragos” (10,11). Ve las ovejas como algo de su propiedad, que las puede poseer y aprovechar para su uso. El verdadero pastor no quita la vida, sino que la da: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (10,10). El verdadero pastor conoce sus ovejas, él las llama y estas lo siguen porque lo conocen a él. La palabra conocer y pertenecer están entrelazadas, porque en el texto griego, son básicamente lo mismo. El verdadero pastor no “posee” las ovejas como un objeto cualquiera que se usa y se consume; ellas le “pertenecen” precisamente en ese conocerse mutuamente. Este conocimiento lleva a un pertenecer interior mucho más profundo que el poseer de las cosas.
Para entender esto mejor, el Papa nos da un ejemplo tomado de nuestra vida. Los hijos no son “propiedad” de los padres; los esposos no son “propiedad” uno del otro. Pero se “pertenecen” de un modo más profundo. Cada uno es una criatura libre de Dios, no se pertenecen como una posesión, sino en la responsabilidad. Se pertenecen precisamente porque aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse. Para el ladrón, para los dictadores, las personas son cosas que poseen. Para el verdadero pastor, las personas son seres libres, y porque las conoce y las ama, quiere que vivan en la libertad de la verdad.
En Ezequiel 34, 14 se lee la promesa del pastor: “Las apacentaré en pastizales escogidos…” Frente a esta promesa, Benedicto XVI afirma y pregunta: “Ya sabemos de qué viven las ovejas, pero, ¿de qué vive el hombre?” Él nos responde que el hombre vive de la verdad y de ser amado por la Verdad. Es cierto que el hombre necesita alimentar su cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor de Dios. Aquí hace una relación entre el sermón sobre el pan de vida del capítulo 6 de San Juan y el capítulo del pastor. Nos explica que Jesús, como palabra de Dios hecha carne, no es sólo el pastor, sino también el alimento, el verdadero “pasto”; se entrega a sí mismo para darnos la vida.

Finalmente, el pastor sale en busca de la oveja perdida, la carga sobre sus hombros y la trae de vuelta a casa. Se encarna como ser humano para cargar la oveja, la humanidad, sobre sus hombros. En su encarnación y en su cruz conduce a la oveja perdida.
Benedicto XVI termina su reflexión sobre la figura del pastor diciendo:

“El Verbo hecho hombre es el verdadero portador de la oveja, el Pastor que nos sigue por las zarzas y los desiertos de nuestra vida. Llevados en sus hombros llegamos a casa. Ha dado la vida por nosotros. Él mismo es la vida.” (1)

“Yo Soy el Buen Pastor”
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap: 13/4/2008

Este es el domingo del Buen Pastor, pero por una vez no es en Él en quien vamos a concentrar la atención, sino más bien en su antagonista.
¿Quién es el personaje definido «ladrón» y «extraño»? Jesús piensa, en primer lugar, en los falsos profetas y en los pseudomesías de su tiempo que se hacían pasar por enviados de Dios y liberadores del pueblo, mientras que en realidad no hacían más que mandar a la gente a morir por ellos. Hoy estos «extraños» que no entran por la puerta, sino que se introducen en el redil a hurtadillas, que «roban» las ovejas y las «matan», son visionarios fanáticos o astutos aprovechados que especulan con la buena fe y la ingenuidad de la gente. Me refiero a fundadores o jefes de sectas religiosas que pululan por el mundo.

Cuando hablamos de sectas, sin embargo, debemos prestar atención para no poner todo en el mismo plano. Los evangélicos y los pentecostales protestantes, por ejemplo, aparte de grupos aislados, no son sectas. La Iglesia católica desde hace años mantiene con ellos un diálogo ecuménico a nivel oficial, cosa que jamás haría con las sectas.

Las verdaderas sectas se reconocen por algunas características. Ante todo, en cuanto al contenido de su credo, no comparten puntos esenciales de la fe cristiana, como la divinidad de Cristo y la Trinidad; o bien mezclan con doctrinas cristianas elementos ajenos incompatibles con ellas, como la reencarnación. En cuanto a los métodos, son literalmente «ladrones de ovejas», en el sentido de que intentan por todos los medios arrancar a fieles de su Iglesia de origen para hacer de ellos adeptos de su secta. Habitualmente son agresivos y polémicos. Más que proponer contenidos propios, pasan el tiempo acusando, polemizando contra la Iglesia, la Virgen y en general todo lo que es católico. Estamos, con ello, en las antípodas del Evangelio de Jesús que es amor, dulzura, respeto por la libertad de los demás.
El amor evangélico es el gran ausente de las sectas.
Jesús nos ha dado un criterio seguro de reconocimiento: «Guardaos de los falsos profetas --dijo--, que vienen con vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,15). Y los frutos más comunes del paso de las sectas son familias rotas, fanatismo, expectativas apocalípticas del fin del mundo, regularmente desmentido por los hechos.
Hay otro tipo de sectas religiosas, nacidas fuera del mundo cristiano, en general importadas de oriente. A diferencia de las primeras, no son agresivas; más bien se presentan «con disfraz de cordero», predicando el amor por todos, por la naturaleza, la búsqueda del yo profundo. Son formaciones a menudo sincretistas, o sea, que agrupan elementos de diversas procedencias religiosas, como es el caso del New Age.

El inmenso perjuicio espiritual para quien se deja convencer por este nuevo mesías es que pierde a Jesucristo y con Él esa «vida en abundancia» que ha venido a traer. Algunas de estas sectas son peligrosas también en el plano de la salud mental y del orden público. Los recurrentes sucesos de plagio y de suicidios colectivos nos advierten hasta dónde puede llevar el fanatismo de algún jefe sectario.

Cuando se habla de sectas, sin embargo, debemos recitar también un «mea culpa». Con frecuencia las personas acaban en alguna secta por la necesidad de sentir el calor y el apoyo humano de una comunidad que no encontraron en su parroquia.

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap


Meditamos con el evangelio:

Jesús, el Cristo, el Buen Pastor continúa guiando nuestras vidas a través de su Palabra proclamada y creída en la Iglesia.
La imagen del Buen Pastor debe evocar en nosotros a esa persona que cuida y protege las ovejas encomendadas a su cuidado.
¿Tengo yo esa sensación de paz, seguridad y confianza que debe darme el sentirme en buenas manos, en las manos de Dios Padre que "pastorea mi alma"?

Jesús resucitado es nuestro Maestro y Pastor, que nos muestra el camino que nos lleva a la Vida. Pero, a pesar de las advertencias de Jesús, luego nos hemos echado encima muchos «pastores», que muchas veces sólo son asalariados, o funcionarios, cuando no ambiciosos y engreídos, que quieren suplanta al único Pastor y que "sólo se predican a sí mismos".
¿Estoy atento escuchando la voz de Jesús, mi único Buen Pastor?
¿Qué otras voces escucho yo normalmente?
¿Por qué me sucede esto?


Avisos Parroquiales


Horario de Misas Parroquia San José:
Sábados a las 18 hs.
Domingo: 10, 11:30 (niños) y 19 hs.


LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 16: Hch. 11, 1-8q; Sal. 41; Jn.10, 11-18.
Martes 17: Hch. 11, 19-26; Sal 86; Jn. 10, 22-30.
Miércoles 18: Hch. 12, 24—13,5; Sal 66; Jn. 12, 44-50.
Jueves 19: Hch. 13, 13-25; Sal. 88; Jn. 13, 16-20.
Viernes 20: Hch. 13, 26-33; Sal. 2; Jn. 14, 1-6.
Sábado 21: Hch. 13, 44-52; Sal. 97; Jn. 14, 7-14.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.com (1) Benedicto XVI explica la imagen del Pastor Autor: http://www.autorescatolicos.org/teresaros


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domingo, 8 de mayo de 2011

Tercer Domingo de Pascua, “¿No ardía acaso nuestro corazón…?”

Lecturas del 8-05-11– Ciclo A –

Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Israelitas, escuchen:
A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.» Palabra de Dios.

Salmo 15

R. Señor, me harás conocer el camino de la vida.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.» El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R.
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.
Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.
Primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos hermanos: Ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo.
Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes. Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel día, el primero de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: « ¿Qué comentaban por el camino?»
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: « ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»
«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»
Jesús les dijo: «íHombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: « ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Reflexión:
VER A JESUS

Los relatos pascuales, más que insistir en el carácter prodigioso de las apariciones del resucitado, nos descubren diversos caminos para encontrarnos con Él. El episodio de Emaús, exclusivo de Lucas más que una crónica histórica es una catequesis que nos descubre el camino que tienen que hacer los discípulos y las comunidades de todos los tiempos para reconocer la presencia de Jesús en la historia. Presenta a dos discípulos que han perdido la fe por el escándalo de la cruz.
La situación de ambos está bien descrita desde el comienzo y refleja un estado de ánimo en el que se pueden encontrar los cristianos una y otra vez. Los dos discípulos poseen aparentemente todos los elementos necesarios para creer: conocen los escritos del antiguo Testamento, el mensaje de Jesús, su actuación y su muerte en cruz, han escuchado también el mensaje de la resurrección, y las mujeres les han comunicado su experiencia y les han confesado que “está vivo”. Todo es inútil. Los de Emaús caminan envueltos en tristeza y desaliento. Todas las esperanzas puestas en Jesús se han desvanecido. Ya no hay nada que esperar. Es gente desilusionada, derrotada, sin esperanza, encerrada tercamente en su posición de que aquello no tuvo que suceder.
Se habían hecho de Él una imagen como profeta poderoso en obras y palabras, habían presenciado los acontecimientos más importantes de su vida, se habían ilusionado con un nuevo Reino, esperaban que Él fuera el liberador de Israel, un Mesías político y triunfal… y lo sucedido expresa el fracaso de sus expectativas mesiánicas. La cruz es para ellos el fin de toda esperanza. No pueden ver otra cosa. Están cegados. Por eso, no reconocen a Jesús resucitado, en el camino de la historia de los hombres, cuando se les aparece como uno más, como otro caminante de la misma vida.
Pero cuando Jesús toma la palabra y empieza a explicarle las Escrituras (= el plan de Dios) y ellos comienzan a escucharle, a salir de sí mismos, a dejarse interpelar, “sienten arder el corazón”. Y dan señales de vida: “Quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día va ya de caída”. Entonces sucede lo imprevisto: “le ven”, le reconocen. Han acogido al hombre sin saber que era Jesús. Se han hecho prójimos del caminante ofreciéndole techo y comida. Ya no son los mismos que al comienzo. Su actitud es otra. Es ahora cuando el relato nos recuerda la ultima cena: “Y sucedió que estando recostado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo partió y se lo ofreció”. A los discípulos se les abren los ojos y le reconocen. Es en la reunión fraterna, en la fracción del pan compartido donde los discípulos descubren una nueva presencia de Jesús en medio de ellos. E inmediatamente Jesús desaparece de su vista. No es necesaria su presencia física. En la comunidad reunida en el amor, en la escucha y acogida de la Palabra de Dios, en la memoria de la última cena, en la entrega y donación, en el pan compartido, en la acogida del peregrino…, ahí está Jesús resucitado. Ahí tiene la comunidad el lugar privilegiado de la presencia de Jesús resucitado.

“Nosotros esperábamos”. Pocas expresiones reflejan tanta tristeza como ésta en boca de los discípulos de Emaús. Nadie como aquel profeta de Nazaret había movilizado tantas ilusiones, tanta esperanza, tanto entusiasmo. Ellos habían creído y esperado hasta su muerte. Incluso más allá de su muerte, habían esperado tres días más por si era verdad lo que no podían creer, desesperados, quisieron poner tierra de por medio y olvidar para siempre aquel triste hermoso episodio de su vida.

Camino de Emaús. El camino de Jerusalén a Emaús es un camino de huida, de abandono. El camino de Emaús es el camino de los que tratan de escapar, de los que creen estar ya de vuelta de todo, de los que se hicieron ilusiones y ahora se sienten desilusionados, de los que esperan hasta cierto punto, de todos los que no se entregan del todo. Es, también, nuestro camino, el de nuestras huidas de la responsabilidad, el de nuestras dudas en la fe, el de nuestra débil esperanza, el de nuestra cerrazón al plan de Dios, el de nuestra terquedad, el de nuestro orgullo herido. Pero es el camino de la vida, el que todos, de una forma u otra, tenemos que recorrer.

Jesús nos sale al encuentro. En ese camino, mientras avanzan penosamente, casi sin ganas de llegar a ninguna parte, les sale al encuentro Jesús…, pero no lo reconocen. No se lo dejan ver sus preocupaciones y prejuicios, su ideología y cerrazón.
Les resulta extraña la presencia del peregrino y más aún de su ignorancia de lo sucedido. Y así hablan y hablan, salen de sí mismos, se confían, descargan su pena y se van serenando. Por eso encuentran razonable el reproche del desconocido y escuchan con gozo sus explicaciones. Jesús trata de enseñarles a distinguir entre la esperanza y las ilusiones, entre el plan de Dios y los propios planes, entre lo que nos gustaría y lo que ha de suceder.

De vuelta a la realidad. El camino, la conversación y el tiempo fueron serenando el espíritu de los discípulos. Vieron con claridad. Ya no era necesaria la presencia física, porque ya habían recuperado la fe y la esperanza. La primera tarea del discípulo es precisamente ser testigo de lo que han visto y oído, testigo de que Jesús ha resucitado. Así vuelven a Jerusalén para dar testimonio ante los demás discípulos. El encuentro será una fiesta, pues también los otros habían visto al Señor resucitado.

Testigos de vista. Cuando llegaron al cenáculo sólo pudieron decir una cosa: “Hemos visto al Señor”. Es anunciar el Evangelio: dar testimonio de lo que hemos visto y oído, para que los demás, escuchando y viendo, crean.
Pbro. Daniel Silva.

KERIGMA: Del griego, proclamación.

"Kerigma" se refiere a la predicación y proclamación. Se diferencia de enseñar e instruir (didache). La palabra Evangelio, significa “Buena Noticia” y el Kerigma es el anuncio gozoso de esta Buena Noticia. Los elementos del Kerigma, fundamento de la fe cristiana, son:

1. Jesús es el Enviado de Dios y el Hijo de Dios;
2. Jesús padeció y con su muerte nos liberó de nuestros pecados;
3. Jesús Resucitó de la muerte y nos invita también a pasar de la muerte a la vida.
Esto implica una situación donde se anuncia, una presencia activa de Dios en la vida real de las personas, un cambio de situación porque Dios nos transforma.

Meditamos con el evangelio:

“Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran”.

¿En qué situaciones de mi vida, los hechos del mundo no me permiten vivir con fe y esperanza y ver al Jesús peregrino que camina a lado mío?

“Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron...”

¿Dejo que la alegría del Señor resucitado, me invada y transforme mi vida?

¿Me siento yo también testigo de Jesús vivo en mi vida? ¿Cómo lo anuncio?


Avisos Parroquiales


Horario de Misas Parroquia San José:
Sábados a las 18 hs.
Domingo: 10, 11:30 (niños) y 19 hs.


LECTURAS DE LA SEMANA

Lunes 9: Is. 35, 1-6ª. 10; Sal. Lc. 1, 46-55; Ef. 1, 3,14.
Martes 10: Hch. 7, 51—8, 1a.; Sal 30; Jn. 6, 30-35.
Miércoles 11: Hch. 8, 1b-8; Sal 65; Jn. 6, 35-40.
Jueves 12: Hch. 8, 26-40; Sal. 65; Jn. 6, 44-51.
Viernes 13: Hch. 9, 1-20; Sal. 116; Jn. 6, 51-59.
Sábado 14: Hch. 1, 15-17. 20-26; Sal. 112; Jn. 15, 9-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.com


Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Sábados 16 hs.

tercer domingo de cuaresma

lec

segundo domingo de cuaresma

xx

primer domingo cuaresma

x

Segundo Domingo de Pascua, “¡Señor mío y Dios mío!”

Lecturas del 1-05-11– Ciclo A –

Santas Pascuas de Resurrección

Lecturas del 24-04-11– Ciclo A –

Santas Pascuas de Resurrección

Quinto Domingo de Cuaresma (A), «Yo soy la Resurrección y la Vida…

Lecturas del 10-04-11
Quinto Domingo de Cuaresma (A)

«Yo soy la Resurrección y la Vida…
y todo el que vive y cree en mí,
no morirá jamás.”

Segundo domingo de Cuaresma

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos (A), Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

Lecturas del 17-04-11

Procesión:

Santo Evangelio según san Mateo 21, 1-12
Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver en seguida”». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga.
Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.
La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
«¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!».
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».
Después Jesús entró en el Templo y echó a todos los que vendían y compraban allí, derribando las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas. Y les decía: «Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones». En el Templo se le acercaron varios ciegos y paralíticos, y él los curó. Al ver los prodigios que acababa de hacer y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosana al Hijo de David!», los sumos sacerdotes y los escribas se indignaron y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». «Sí, respondió Jesús, ¿pero nunca han leído este pasaje:
De la boca de las criaturas y de los niños de pecho, has hecho brotar una alabanza?».
En seguida los dejó y salió de la ciudad para ir a Betania, donde pasó la noche. Palabra del Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Palabra de Dios.

Salmo 21

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto.» R.
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.
Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.» R.

San Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.»
Palabra de Dios
EVANGELIO: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27,1-2.11-54
Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.
Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: « ¿Tú eres el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices». Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: « ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?». Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.
En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: « ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?». Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».
Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: « ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?». Ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato continuó: « ¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?». Todos respondieron: « ¡Que sea crucificado!». Él insistió: « ¿Qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: « ¡Que sea crucificado!».
Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes». Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos».
Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!». De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”». También lo insultaban los bandidos crucificados con él.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías». En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo». Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: « ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!».

Reflexión:
DOMINGO DE RAMOS
Entrada triunfal en Jerusalén

La Pascua judía era y es una fiesta en la que Israel conmemoraba anualmente su liberación de Egipto. Se celebraba en primavera y congregaba en Jerusalén a miles de peregrinos israelitas venidos del resto del país y de la diáspora (=judíos dispersos en otros países). Su celebración ponía al rojo vivo las expectativas políticas del pueblo, sus ansias de liberación y su esperanza mesiánica. Era una ocasión apta para movilizaciones populares de todo tipo.

Jesús tuvo que ser muy consciente de este clima. Y aprovechó la ocasión para realizar un importante gesto profético en el mismo bastión político-religioso de sus enemigos, en Jerusalén, en su mismo corazón, que era el templo.
Tanto la entrada solemne en Jerusalén, como la entrada en el templo son gestos simbólicos altamente reveladores de su pretensión mesiánica y muy polémica. A través de ellos se presenta como Mesías y pone de manifestó la conversión que necesita de Israel
Esta pretensión de Jesús es claramente percibida por la aristocracia sacerdotal (=los jefes de los sacerdotes), que reaccionan cuestionando la autoridad de Jesús para presentarse como tal.

Estos hechos narrados son una auténtica manifestación popular, masiva y enardecida, en la que se mezclaban la más profunda fe en Dios y su Mesías liberador con sentimientos nacionalistas y políticos con los más diversos signos. No se trata, pues, de una procesión religiosa ordenada, con palmas que se agitan pacíficamente al ritmo de los cantos religiosos. Aquello fue un verdadero tumulto. Pero un tumulto con unos gestos muy significativos para comprender el mensaje y la vida de Jesús.
Jesús entra con humildad y sencillez: es una manifestación de su condición de Mesías que viene a servir. Eso es lo que significa “entrar montado en un asno” se presenta como un Mesías pacifico.
El entusiasmo del gentío se contrapone con la realidad de la ciudad de Jerusalén. Las palabras de la aclamación y los gestos realizados por la gente manifiestan que lo reconocen como Mesías, si bien no todos entienden de la misma forma a este Mesías pacifico. La palabra “Hosana” significa literalmente “¡Sálvanos, por favor!”. Con ella se pedía a Dios para la victoria.
Ante este hecho la ciudad se turba y acoge la manifestación con recelo.

El segundo gesto es el juicio. Los vendedores de animales y los cambistas eran necesarios para el desarrollo del culto. Los numerosos peregrinos que llegaban de lejos tenían que comprar los animales para ofrecer los sacrificios prescriptos, y para la ofrenda cambiar las monedas extranjeras (consideradas impuras) por monedas judías. Así Jesús con su gesto impugna el desarrollo normal y legal del culto. Más que un gesto de purificación el suyo es un gesto de ruptura, una auténtica y verdadera superación del templo y del culto. El templo era el alma y el centro del judaísmo y Jesús lo discute. Esto irrita a los responsables del culto y de la doctrina. Los jefes de los sacerdotes y los letrados no entienden que con la llegada de Jesús se inaugura el auténtico y verdadero culto y que el camino hacia Dios pasa necesariamente a través de Él.

Para reflexionar y orar…
• Reavivo la escena. Yo también participo de la manifestación. Me preparo para ella. Recuerdo los hechos liberadores y pacíficos que suceden en el mundo, y a sus autores. Aclamo a Jesús por todo ello.
• Me siento parte de una muchedumbre que experimenta la liberación. Y como muchedumbre, pueblo o comunidad participo de ella.
• Veo que gestos proféticos puedo llevar a cabo. Todos podemos hacer de nuestra vida tenga otra dimensión, asumir otro talante, otra actitud…
• Contemplo y escucho a Jesús. Veo sus gestos, dejo que resuenen sus palabras… Orar es aprender mirando, acogiendo, empapándose de todo lo que Él dice y hace.

Pbro. Daniel Silva.

LECTURAS DE LA SEMANA
Lunes 18: Is. 42, 1-7; Sal. 26; Jn. 12, 1-11.
Martes 19: Is. 49, 1-6; Sal 70; Jn. 13, 21-33. 36-38.
Miércoles 20: Is. 50, 4-9ª; Sal 68; Mt. 26, 14-25.
Jueves 21: Ex. 12, 1-8. 11-14; Sal. 115; 1Cor. 11, 23-26; Jn. 13, 1-15.
Viernes 22: Is. 52, 13—53, 12; Sal. 30; Heb. 4, 14-16; 5, 7-9; Pasión según Jn. 18, 1—19, 42.
Sábado 23: Gn. 1, 1—2, 2; Sal. 32; Gn. 22, 1-18; Sal. 15; Ex. 14, 15—15, 1ª; Sal. Ex. 15, 1-6. 17-18; Ez. 36, 17ª, 18-28; Sal. 41; Rm. 6, 3-11; Mt. 28, 1-10.


Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Sábados 17 hs.
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