Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 20 de agosto de 2011

21º domingo durante el año, «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Lecturas del 21-08-11– Ciclo A –

Libro del profeta Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio: Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre. Palabra de Dios.

Salmo 137

R. Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos!

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo. R.

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos.
Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! R.

San Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?
Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.» «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.
Palabra del Señor.

Reflexión:

La confesión de Pedro

Este pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea nos sitúa en un momento clave de la vida de Jesús. Parece que en su ministerio tuvo unos comienzos brillantes y que fueron muchos los que lo siguieron. Pero después del triunfo inicial tuvo que afrontar el rechazo de los jefes, la incomprensión del pueblo y el fracaso aparente de su misión. Es entonces cuando se dirige a sus discípulos interrogando sobre su identidad. La doble pregunta que les hace: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?... Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” es una cuestión vital las preguntas. Necesita saber qué es lo que la gente piensa y qué es lo que piensan sus discípulos, qué es lo que piensan los de afuera y los de dentro, para ver si su práctica trae el Reino y responde a lo que Dios quiere. Duda si el camino seguido hasta ahora es el adecuado. En este contexto, el pasaje evangélico tiene una doble función: reafirmar a Jesús en su misión y confirmar a los discípulos en el seguimiento.

La doble pregunta de Jesús hace que aparezca con claridad la diferencia entre la opinión de la gente y la de los discípulos. Pedro, en nombre de estos últimos, reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Estos dos títulos, resumen la fe de la Iglesia de Mateo. No es suficiente decir que Jesús es el Mesías esperado por Israel; hay que añadir que es Hijo de Dios. Así es como Mateo presenta a Jesús en la primera parte de su Evangelio.

A esta confesión de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia. Declara dichoso a Pedro, no por sus meritos sino porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías e Hijo de Dios; y le confía la misión de ser la roca, sobre la que asentará su Iglesia reunida en torno a los discípulos.
El cambio de nombre produce un juego de palabras (Cefas = roca) que describe plásticamente la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades. Para ello le entrega las “llaves del Reino” y le confiere el poder de “atar y desatar”.

La entrega de las llaves equivale al nombramiento de mayordomo supremo. Por su parte la expresión de “atar y desatar” designaba entre los judíos de la época la potestad para interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así pues, Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia, con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús, y adaptarla a nuevas necesidades y situaciones.

Este texto ha suscitado numerosas discusiones entre católicos y protestantes sobre la cuestión del papado. La tradición católica sostiene que las palabras de Jesús se aplican a Pedro y también a todos lo que le suceden en la tarea de presidir a los hermanos en la fe y el amor. La tradición protestante, sin embargo, ve en ellas una alabanza y una promesa no a su persona, sino a su actitud de fe.

¿Quién dicen que soy yo? Hace más de dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos. Y la historia no ha terminado aún de responderla. La pregunta decisiva de Jesús sigue pidiendo todavía una respuesta entre los creyentes de nuestro tiempo.

No todos tenemos la misma imagen de Jesús. Y esto, no sólo por el carácter inagotable de su personalidad sino, sobre todo, porque cada uno de nosotros vamos elaborándonos una imagen de Él a partir de nuestros propios intereses y preocupaciones, condicionados por nuestra psicología personal, el medio social al que pertenecemos, y marcados por la formación religiosa que hemos recibido. Y sin embargo, la imagen de Jesús que podamos tener cada uno tiene importancia decisiva, pues condiciona la imagen de Dios, nuestra fe y nuestra vida toda. Una imagen empobrecida, unilateral, parcial o falsa de Jesús nos conducirá a una vivencia empobrecida, unilateral, parcial o falsa de la fe y de la vida.

Son bastantes los cristianos que entienden y viven su religión de tal manera que, probablemente, nunca podrán tener una experiencia viva de lo que es encontrarse personalmente con Jesús. Desgraciadamente no sospechan lo que Jesús podría ser para su vida… Esos cristianos ignoran quién es Jesús y parecen condenados, por su misma religión, a no descubrirlo jamás en este mundo.

Todos tenemos tendencia a preguntar a Dios. Creemos que está ahí para eso, como si su oficio consistiese en responder a las cuestiones que nosotros planteamos.
Todos nos sentimos con derecho a someterle a examen, para que nos dé explicaciones convincentes o para que justifique sus ausencias, sus retrasos e incumplimientos. En una palabra tendemos a invertir posiciones, pues el Evangelio de hoy nos recuerda oportunamente que es Él quien nos plantea las preguntas y quien nos somete a examen.
Por eso, para creer en la fe, lo importante es saber escuchar, como Pedro, lo que nos ha revelado interiormente no alguien de carne y hueso sino el Padre que está en el cielo y en el fondo de nosotros mismos.

Escuchar a Dios es siempre un don, algo que se nos da gratuitamente, pero al mismo tiempo es algo que ha de ser preparado y recibido por nosotros.

Dar testimonio de fe hoy y aquí. Es el reto que tenemos delante. Es la tarea que no podemos soslayar. Es el mismo Jesús quien nos pregunta siempre:
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”.
No se trata de cumplir un trámite. Hay que implicarse, y en ello nos jugamos mucho. Es el mismo Jesús quien pone a prueba nuestra adultez y madurez. No cualquier palabra ni cualquier confesión sirven. La pregunta es pública y la respuesta ha de ser pública. Es hora de asumir el reto…

Que la Santísima Virgen María nos de la valentía, el coraje de confesar ante todos la fe en su Hijo Jesús. Así sea.
Pbro. Daniel Silva

“¿Quién dicen que soy?” *

Al nacer, los seres humanos somos las criaturas más indefensas de la naturaleza. No podemos nada, no sabemos nada, no somos capaces de valernos por nosotros mismos para sobrevivir ni un solo día. Nuestra dependencia es total. Necesitamos del cuidado de nuestros padres o de otras personas que suplen las limitaciones y carencias que nos acompañan al nacer. Otros escogen lo que debemos vestir, cómo debemos alimentarnos, a dónde podemos ir... Alguien escoge por nosotros la fe en la que iremos creciendo, el colegio en el que aprenderemos las primeras letras, el barrio en el que viviremos... Todo nos llega, en cierto modo, hecho o decidido y el campo de nuestra elección está casi totalmente cerrado. Solamente, poco a poco, y muy lentamente, vamos ganando en autonomía y libertad.

Tienen que pasar muchos años para que seamos capaces de elegir cómo queremos transitar nuestro camino. Este proceso, que comenzó en la indefensión más absoluta, tiene su término, que a su vez vuelve a ser un nuevo nacimiento, cuando declaramos nuestra independencia frente a nuestros progenitores. Muchas veces este proceso es más demorado o incluso no llega nunca a darse plenamente. Podemos seguir la vida entera queriendo, haciendo, diciendo, actuando y creyendo lo que otros determinan. Este camino hacia la libertad es lo más típicamente humano, tanto en el ámbito personal, como social.
Pero no podemos quedarnos allí. No podemos detener nuestro camino en la afirmación de lo que otros dicen.

Es indispensable llegar a afrontar, más tarde o más temprano, la pregunta que hace el Señor a los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Aquí ya no valen las respuestas prestadas por nuestros padres, amigos, maestros, compañeros... Cada uno, desde su libertad y autonomía, tiene que responder, directamente, esta pregunta.
Pedro tiene la lucidez de decir: “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente”. Pero cada uno deberá responder, desde su propia experiencia y sin repetir fórmulas vacías, lo que sabe de Jesús. Ya no es un conocimiento adquirido “por medios humanos”, sino la revelación que el Padre que está en el cielo nos regala por su bondad.

La pregunta que debe quedar flotando en nuestro interior este domingo es si todavía seguimos repitiendo lo que ‘otros’ dicen de Jesús o, efectivamente, podemos responder a la pregunta del Señor desde nuestra propia experiencia de encuentro con aquél que es la Palabra y el sentido último de nuestra vida.
*Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE)

Mi profesión de fe:

• Cuando el miedo llegue a la puerta de mi vida quiero decir con todas mis fuerzas:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
• Cuando me vea tentado de tomar otros caminos distintos a los tuyos, voy a decir:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
• Cuando me sienta solo y desamparado, gritaré con todas mis fuerzas:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Lecturas de la Semana

Lunes 22: Is. 9, 1-6; Sal 112; Lc.1, 26-38.
Martes 23: 1Tes. 2, 1-8; Sal: 138; Mt. 23, 23-36.
Miércoles 24: Ap. 21, 9b-14; Sal 144; Jn 1, 45-51.
Jueves 25: 1Tes. 3,7-13; Sal 89; Mt. 24, 42-51.
Viernes 26: 1Tes. 4, 1-8; Sal 96; Mt 25, 1-13.
Sábado 27: 1Tes. 4, 9-11; Sal 97; Mt. 25, 14-30.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

http://miencuentroconjesus1.blogspot.com/
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar









jueves, 11 de agosto de 2011

20º domingo durante el año, « ¡Señor, socórreme! »

Lecturas del 14-08-11– Ciclo A –

Libro del profeta Isaías 56, 1. 6-7

Así habla el Señor: Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos. Palabra de Dios.

Salmo 66

R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para
que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones,porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32

Hermanos: A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida? Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios.
Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 15, 21-28

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada.
Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.» Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.» Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: « ¡Señor, socórreme! »
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.» Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó curada. Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de este domingo empieza nombrando los lugares donde se encontraba Jesús, Tiro y Sidón, estas regiones eran habitadas por los gentiles. Tiro era la Metrópoli de los cananeos y Sidón el límite de la región por el lado norte.
Es importante saber que los cananeos habían sido expulsados por los judíos, quienes decían que estos pervertían al pueblo judío, y por eso los judíos les llamaban “perros”. También es importante recordar que en tiempos de Jesús la mujer era marginada de la vida pública y por eso, es doblemente importante esta presentación de Mateo: el evangelista resalta el lugar de procedencia de la mujer cuando dice: Entonces una mujer cananea… Además, es una mujer abandonada (porque no tiene un marido que interceda por su hija y debe hacerlo sola) y es gentil, o sea no pertenece al Pueblo de Israel.

Una mujer cananea se puso a gritar (1)

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí. Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: "Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija. Aquella mujer se convirtió en una "creyente", una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora... La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida? Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse. De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó, por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.
Dios, por tanto, escucha incluso cuando... no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande. De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento…

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor. En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: "Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá", y termina diciendo: "Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió". Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá. (1) P. Raniero Cantalamessa


Fe. Paciencia. Humildad.
Debemos destacar tres aspectos importantes de esta mujer cananea:
En primer lugar: reconocer a Jesús como Dios, y por su fe en Dios, ella creía que Jesús podía sanar a su hija y por eso acude a Él y se arrodilla delante de Él para adorarle.
En Segundo lugar la paciencia: porque a pesar de ser despreciadas sus súplicas ella continúa implorando la misericordia de Dios.
Y en tercer lugar la humildad: para conformarse con las migas de pan que caen al suelo de la mesa del Señor, esas migas son suficientes para alimentar y llenar las necesidades de esta mujer.
Después de ver estas actitudes de la mujer cananea Jesús le dice: ¡Mujer, tú sí que tienes confianza en Dios! Lo que me has pedido se hará.
Jesús hace énfasis en la confianza de la mujer en Dios, esto para que los que están viendo aprenden como la fe y la confianza en Dios pueden romper cualquier barrera.

Se cuenta en la vida de San Antonio Abad que Dios le hizo ver el mundo sembrado de los lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres. El santo, después de esta visión, quedó lleno de espanto, y preguntó: “Señor, ¿Quién podrá escapar de tantos lazos?”. Y oyó una voz que le contestaba: “Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria, mientras los soberbios van cayendo en todas las trampas que el demonio les tiende; mas a las personas humildes el demonio no se atreve a atacarlas.”

Nosotros, sí queremos servir al Señor, hemos de desear y pedirle con insistencia la virtud de la humildad. Nos ayudará a desearla de verdad el tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra que el Espíritu Santo trata incesantemente de edificar.

Con todo, la virtud de la humildad no consiste sólo en rechazar los movimientos de la soberbia, del egoísmo y del orgullo. De hecho, ni Jesús ni su Santísima Madre experimentaron movimiento alguno de soberbia y, sin embargo, tuvieron la virtud de la humildad en grado sumo. La palabra humildad tiene su origen en la latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas. En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra pequeñez ante Dios. Los santos sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios y en reconocer que sólo Él es grande, y que en comparación con la suya, todas las grandezas humanas están lejos de ese ideal.

La humildad se fundamenta en la verdad, sobre todo en esta gran verdad: es infinita la distancia entre la criatura y el Creador. Por eso, frecuentemente hemos de detenernos para tratar de persuadirnos de que todo lo bueno que hay en nosotros es de Dios, todo el bien que hacemos ha sido sugerido e impulsado por Él, y nos ha dado la gracia para llevarlo a cabo.

L a gracia de Dios.
“A la pregunta ‘¿cómo he de llegar a la humildad?” Corresponde la contestación inmediata: “Por la gracia de Dios”. Solamente la gracia de Dios puede darnos la visión clara de nuestra propia condición y la conciencia de su grandeza que origina la humildad”. Por eso hemos de desearla y pedirla incesantemente, convencidos de que con esta virtud amaremos a Dios y seremos capaces de grandes empresas a pesar de nuestras flaquezas...

Quien es humilde no necesita demasiadas alabanzas y elogios en su tarea, porque su esperanza está puesta en el Señor; y Él es, de modo real y verdadero, la fuente de todos sus bienes y su felicidad: es Él quien da sentido a todo lo que hace. “Una de las razones por las que los hombres son tan propensos a alabarse, a sobreestimar su propio valor y sus propios poderes, a resentirse de cualquier cosa que tienda a rebajarlos en su propia estima o en la de otros, es porque no ven más esperanza para su felicidad que ellos mismo. Por esto son a menudo tan susceptibles, tan resentidos cuando son criticados, tan molestos para quien les contradice, tan insistentes en salirse con la suya, tan ávidos de ser conocidos, tan ansiosos de alabanza, tan determinados a gobernar su medio ambiente. Se afianzan en sí mismos como el náufrago que se sujeta a una paja. Y la vida prosigue, y cada vez están más lejos de la felicidad...”.
Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas; y si llega procura enderezarlos a la gloria de Dios, autor de todo bien. La humildad se manifiesta no tanto en el desprecio como en el olvido de sí mismo, reconociendo con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a sentiremos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano fuerte de su Padre.

La mujer cananea por su humildad, su audacia y su perseverancia tuvo una gracia tan grande. Nada tiene que ver la humildad con la timidez, la pusilanimidad o con una vida mediocre y sin aspiraciones. La humildad descubre que todo lo bueno que existe en nosotros, tanto en el orden de la naturaleza como en el orden de la gracia, pertenece a Dios, porque de su plenitud hemos recibido todos; y tanto don nos mueve al agradecimiento.

San Cayetano:
Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios el homenaje de la adoración y "en el hospital lo encontramos personalmente".

Ruega por nosotros, para que imitemos tu amor por Cristo, por la Iglesia y por los pobres.

Lecturas de la Semana
Lunes 15: Ap. 11, 19ª;-1, 1-6ª. 10; Sal 44; 1Cor. 15, 20-27; Lc.1, 35-56.
Martes 16: Jc. 6, 11-24; Sal: 84; Mt. 19, 23-30.
Miércoles 17: Jc. 9, 6-15; Sal 20; Jn 20, 1-16.
Jueves 18: Jc. 11, 29-39; Sal 39; Mt. 22, 1-14.
Viernes 19: Rt. 1, 1. 3-6. 14-16. 22; Sal 145; Mt 22, 34-40.
Sábado 20: Rt. 2, 1-11; 4, 13-17; Sal 127; Mt. 23, 1-12.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
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sábado, 6 de agosto de 2011

19º Domingo durante el año, “Sálvame, Señor”

Lecturas del 7-08-11– Ciclo A –

Primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

Habiendo llegado Elías a la montaña de Dios, el Horeb, entró en la gruta y pasó la noche. Allí le fue dirigida la palabra del Señor. El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor.»
Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Palabra de Dios.

Salmo 84

R. Manifiéstanos, Señor, tu misericordia,
y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.
El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

San Pablo a los cristianos de Roma 9, 1-5 Hermanos:

Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza.
Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma,» dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.» Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua.» «Ven,» le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame.» En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.» Palabra del Señor.

Reflexión:

Jesús camina sobre las aguas

Este relato evangélico posee un tinte claramente eclesial y evidencia la particular preocupación eclesiológica de Mateo después de la resurrección de Jesús: Él está lejos, mientras ellos se encuentran en la noche merced del mar y de los vientos. Las olas y el mar representan en el Antiguo Testamento las fuerzas del mal que Dios vence con su poder. Aquí es Jesús quien vence a esta fuerza maligna. Su manifestación a los discípulos tiene los rasgos de los relatos de las apariciones del resucitado: la escena tiene lugar de noche, lo mismo que la resurrección del Señor; Jesús viene a los suyos; los discípulos creen ver un fantasma; Jesús afirma su identidad y da el saludo y paz: “Soy yo, no tengan miedo”.

Es curioso que Mateo sólo habla de la oración de Jesús en dos ocasiones: aquí y en Getsemaní; y en ambos casos su oraciones precede a un momento de prueba: la prueba que soportan sus discípulos aquí, y la del mismo Jesús en su pasión.

El episodio y diálogo entre Jesús y Pedro, que sólo se encuentra en Mateo, revela la importancia que tiene este apóstol en el primer Evangelio. En Mateo, Pedro aparece como portavoz del grupo de los doce, recibe una instrucción en privado y el encargo de una tarea singular en la Iglesia. Ésta es la primera vez que Pedro aparece en el Evangelio como protagonista de un relato. Y Mateo quiere resaltar la fragilidad de su fe. Pedro, que aparece como modelo de todos los creyentes, se debate entre la confianza en Jesús y el temor que provocan las adversidades.

En la última escena, el desconcierto inicial de los discípulos se convierte en una confesión de fe: “Realmente eres Hijo de Dios”. Estas palabras van acompañadas por unos gestos más fáciles de imaginar en una celebración litúrgica de la comunidad de Mateo que en una pequeña barca en medio del lago. Las palabras pronunciadas por los discípulos son las mismas que las pronunciará Pedro en nombre de los doce y el centurión romano al pie de la cruz. Esta confesión de fe refleja la convicción de la comunidad de Mateo, que reconozca a Jesús como Hijo de Dios frente a los judíos que dudaban de su divinidad.
El relato de la tempestad calmada contiene, pues, una enseñanza dirigida a la comunidad cristiana de todos los tiempos, para que afronte con valentía, como Pedro, el riesgo del encuentro con Jesús, y para que, sintiendo siempre su presencia, no vacile ni tenga miedo ante las dificultades que la acosan.

¿Por qué has dudado? No es fácil responder con sinceridad a esa pregunta que Jesús hace a Pedro en el momento mismo en que lo salva de las aguas: “¿Por qué has dudado?”. Pero, si somos sinceros, hemos de confesar que hay una distancia enorme entre el creyente que profesamos ser y el creyente que somos en realidad. ¿Qué hacer al constatar en nosotros una fe a veces tan frágil y vacilante?

Lo primero es no desesperar ni asustarse al descubrir en nosotros dudas y vacilaciones. Las búsquedas de Dios se vive casi siempre en la inseguridad, la oscuridad y el riesgo. A Dios se le busca a tiendas. Y no hemos de olvidar que muchas veces la fe genuina sólo puede aparecer como duda superada.

Por eso, lo importante es saber gritar como Pedro: “Sálvame, Señor”. Saber levantar hacia Dios nuestras manos, no sólo como gesto de suplica sino también como entrega confiada de quien se siente necesitado. No olvidemos que la fe es un caminar sobre las aguas, pero con la posibilidad de encontrar siempre esa mano que nos salva del hundimiento total.

En contra de lo que a veces pensamos, no es malo el miedo que se despierta en nosotros cuando detectamos una situación de peligro o inseguridad. En realidad es señal de alarma que nos pone en guardia ante aquello que puede, de alguna manera, destruirnos.

Ciertamente, cuando un creyente, acosado por el miedo, grita como Pedro: “Sálvame, Señor”, ese grito no hace desaparecer sus miedos y sus angustias. Todo puede seguir igual. Su fe no le dispensa de buscar soluciones a cada problema. Sin embargo, todo cambia si en el fondo de su corazón se despierta la confianza en Dios. Lo más importante, lo más decisivo de nuestro ser está a salvo. Dios es una mano tendida que nadie puede quitar.
La fidelidad y la misericordia de Dios están por encima de todo. Por encima, incluso, de toda fatalidad y de toda culpa.

La verdadera fe. Son muchos los creyentes que se han sentido y se sienten a la intemperie y cuya fe se ha visto y se ve desamparada en medio de una crisis y confusión general. Con mayor o menor sinceridad, se preguntan: ¿Qué debemos creer? ¿A quién debemos escuchar? ¿Qué dogmas hay que aceptar? ¿Qué moral hay que seguir?

Sería una equivocación confundir la firmeza de nuestro creer con la mayor o menor seguridad de unas formulas dogmaticas, o con un saber que sabe explicar y argumentar lo que dice, o con una seguridad psicológica que nace de nosotros mismos o de nuestra autoestima o formación.

Mateo nos ha descrito la verdadera fe al presentar a Pedro caminando sobre las aguas acercándose a Jesús. Así es siempre la verdadera fe. Caminar sobre agua y no sobre tierra firme. Apoyar nuestra existencia en Dios y no en nuestras propias razones, argumentos o seguridades.

Ser cristiano es cuestión de comprometerse en cuerpo y alma en la barca de los seres humanos, y descubrir que uno no está sólo nunca.
P. Daniel Silva


San Cayetano: patrono del pan y
del trabajo.

Nació Cayetano, de padres nobles, hacia el año 1480, en la ciudad de Vicenza, del señorío de Venecia. Sin embargo, algunos autores afirman que vio la luz en Gaeta. Efectivamente, el nombre Cayetano proviene del término latino caietanus, que significa "oriundo de Caieta", como se llamaba esa ciudad en la época de los romanos.
Antes de nacer, ya la madre lo había ofrecido a Jesús. De pequeño, por este motivo, se lo llamaba Cayetano de Santa María.
Frecuentó desde muy joven los templos y fue ordenado sacerdote en 1516, entró en la cofradía del divino amor.
Al regresar a Vicenza, encontró un conjunto de gente humilde, devota y ejemplar, que él llamó sociedad santa. Deseó ser admitido como hermano y lo recibieron como padre y maestro.
Los aleccionó para que fueran útiles en el hospital de incurables y ejerció personalmente la caridad con los enfermos. Su ejemplo cundió por toda la ciudad. Caballeros, nobles, militares y vecinos de gran fortuna acudían como voluntarios al hospital. La gente hablaba de él: "Cayetano, varón de gran fe, noble e ilustre, ocupado en tan humildes ejercicios". Su confesor, religioso de la orden de predicadores, Ie sugirió que se trasladara a Venecia. Allí gastó gran parte de su fortuna en realizar obras de misericordia. Reparó el hospital, llamado Hospital Nuevo. El bien que realizó no fue sólo material, sino también espiritual, pues indicaba, a la vez que la terapéutica para los achaques del cuerpo, el remedio para las enfermedades del alma. Todavía se ve sobre la puerta principal del hospital la imagen del santo y la inscripción en que se lo llama "amado fundador". Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios el homenaje de la adoración y "en el hospital lo encontramos personalmente".
Por segunda vez, por mandato de su confesor, se hizo presente en Roma, donde fundó otra congregación, para combatir a los herejes. Cayetano fue un reformador. Un fin guiaba al nuevo instituto: proveer santos prelados, quienes no podían poseer rentas ni pedir limosna, debiendo contentarse para su sustento con lo que espontáneamente se les ofreciera; es decir, debían entregarse sin reserva en manos de la providencia. La orden nunca ha tenido un número elevado de miembros, pero ha ejercido gran influjo en cuanto a la renovación de la vida cristiana en el seno de la Iglesia y en la transformación de las costumbres.
Abrumado por los achaques murió el 7 de agosto de 1547.
Su sepulcro se halla en la ciudad de Nápoles, en la iglesia de San Pablo. A él ruegan los sin empleo, para conseguir ocupación, y los negociantes para el buen éxito de sus empresas. Se lo llama patrono del pan y del trabajo. Cayetano fue canonizado en 1671.

San Cayetano, ruega por nosotros, para que imitemos tu amor por Cristo, por la Iglesia y por los pobres.

Lecturas de la Semana

Lunes 8: Deut. 10, 12-22; Sal 147; Mt.17, 22-27.
Martes 9: Deut. 31, 1-8; Sal: Deut 32; Mt. 18, 1-14.
Miércoles 10: 2 cor. 9, 6-10; Sal 111; Jn 12, 24-26.
Jueves 11: Jos. 3, 7-17; Sal 113; Mt. 18, 21-19,1.
Viernes 12: Jos. 24, 1-13; Sal 135; Mt 19, 3-12.
Sábado 13: Jos. 24, 14-29; Sal 15; Mt. 19, 13-15.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
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jueves, 28 de julio de 2011

18º Domingo durante el año, “Todos comieron hasta saciarse…”

Lecturas del 31-07-11– Ciclo A –

Lectura libro del profeta Isaías 55, 1-3

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Palabra de Dios.

Salmo 144

R. Abres tu mano, Señor, y nos sacias de tus bienes.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes. R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad. R.

Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

Hermanos: ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 14, 13-21

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos.»
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos.»
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.» «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Palabra del Señor.

Reflexión

Primera multiplicación de los
panes y peces

Así como el arresto de Juan Bautista provocó la marcha de Jesús a Galilea para comenzar el anuncio del Reino; la noticia de su muerte parece impulsarle a hacer un alto en el camino, tomar distancias respecto del pueblo, y centrarse más sobre el grupo de los discípulos. Su intención es estar a solas, pero enseguida la gente lo sigue de todos los poblados. Al ver a tal multitud y su estado, Jesús siente una profunda conmoción interior que revela la misericordia del corazón de Dios. Mateo utiliza aquí el mismo término que en la introducción del discurso de la misión: “sintió compasión de ellos”.

Esta primera experiencia vivida por el grupo de los que le acompañaban, fue recordada en el seno de las comunidades cristianas, las cuales fueron descubriendo en este hecho un profundo mensaje sobre Jesús, sobre su propia vida y sobre la Eucaristía..

En primer lugar, el relato recuerda la multiplicación de los panes realizada por Eliseo y el episodio en el que Dios alimentó a su pueblo con el maná en el desierto.

En segundo lugar, la referencia a la Iglesia, a la propia vida de la comunidad, aparece con claridad en el papel que desempeñan los discípulos. Ellos son invitados a dar de comer a la gente, enseñándoles que la solución está en el compartir.

Finalmente, el relato posee un tono litúrgico que recuerda, en numerosos detalles, la institución de la Eucaristía: “al atardecer, tomó los panes, pronunció la bendición, los partió y se los dio a los discípulos”.

Mateo trae dos relatos de la multiplicación de los panes (14, 13-21 y 15, 32-38). Ésta se refiere a la invitación al banquete del Reino hecho en Israel, se realiza a orillas del lago de Galilea, dentro de las fronteras del pueblo elegido y se recogen 12 canastas, uno para cada tribu de Israel, mientras que el segundo representa la oferta hecha a los paganos; está colocado después de la curación de la hija de la cananea e insiste en el número siete (relacionado con los diáconos helenistas).

El Evangelio de hoy es una buena síntesis de algunos rasgos fundamentales de la biografía y la personalidad de Jesús. Un dato histórico incuestionable es que la muchedumbre le acompañó constantemente, al descubrir en su persona y su mensaje algo que no encontraban en otros maestros y dirigentes. Otro dato de su personalidad es la de compadecerse de la gente. Aparece lleno de bondad y solidaridad por quienes sufren alguna enfermedad o cansancio, agobiados y marginados. A la vez, el Evangelio nos lo presenta en relación e intimidad con el Padre. Busca retirarse a sitios tranquilos y apartados… Y cuando no puede, porque las necesidades de la muchedumbre, del pueblo, de los hijos de Dios le conmueven las entrañas, es desde ahí donde se dirige al Padre, eleva sus ojos y bendice, comparte y se comparte dando testimonio del Reino y del querer de Dios.

Compartir los bienes, signo distintivo de la llegada del Reino.

El Reino es don de Dios y el compartir humano. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse. Pero esa voluntad se hace efectiva únicamente a través de nuestro compartir. Por eso, celebrar la Eucaristía en comunidad cristiana es autentica cuando compartimos lo que tenemos.

Este relato evangélico de los panes es aleccionador. Los discípulos estimando que no hay suficiente para todos, piensan que el problema del hambre se solucionará haciendo que la muchedumbre “compre” comida.
A ese “comprar” regido por las leyes económicas, Jesús contrapone el “dar” generoso y gratuito: “Denles ustedes de comer”.
Luego, toma todas las provisiones que hay en el grupo y pronuncia las palabras de acción de gracias. De esta manera, el pan se desvincula de sus poseedores para considerarlo don de Dios y repartirlo generosamente entre todos los que tienen hambre. Ésta es la enseñanza profunda del relato. Cuando se libera la creación del egoísmo humano sobra para cubrir la necesidad de todos.

El otro hambre.

En esta sociedad aparentemente satisfecha, y bien alimentada no es fácil descubrir mil clases de hambre profunda. Desde la soledad al estrés, desde la falta de identidad al no saber desenvolverse. Tenemos miedo al silencio, a la apertura a Dios, a la plegaria. No nos atrevemos amar con generosidad a los otros. Buscamos falsas soluciones, hundiéndonos en la anestesia de mil caprichos superficiales. O argumentando que no nos satisfacen. O excusándonos de lo que no tiene excusa. O alegando lo que no es defendible. O relativizando lo que nos interroga y descoloca… Pero seguimos teniendo hambre de algo más profundo.

Para orar…

Estar dentro, meterme en el corazón del mundo.

Tener hambre. Deseo de otro pan diferente.

Compartir. Proyectarse en las estrategias de inclusión.

Bendecir. Por todo lo recibido, por lo que soy, por lo que Dios quiere. Bendecir aprender a bajar a Dios al mundo, a la vida de las personas, a mi vida… o elevar mi vida a Dios.

P. Daniel Silva

Preguntas para la meditación

La multiplicación y los peces nos evocan la gran tentación de considerar que únicamente la satisfacción de las necesidades básicas nos conduce al Reino. Jesús se preocupó de que sus discípulos fueran mediadores efectivos frente a las necesidades del pueblo, pero no recurriendo a la mentalidad mercantilista que reduce todo a la presencia o ausencia de dinero (Mt 14, 15). Es muy fácil, a falta de un benefactor, despedir a la multitud hambrienta para que cada cual consiga lo necesario. Pero Jesús no quiere eso; él pide a sus seguidores que sean ellos mismos quienes se ofrezcan a ser agentes de la solidaridad entre el pueblo, ofreciendo lo que son y todo (lo poco) que tienen. Entonces la ración de tres personas, cinco panes y dos peces, se convierte en el incentivo para que todos aporten desde su pobreza y pueda ser alimentado todo el pueblo de Dios, que es lo que simbolizan las doce canastas. En la intención del evangelista, Jesús demuestra de este modo que el problema no es la carencia de recursos sino la falta de solidaridad.

¿Cómo respondemos a este llamado, hoy, cuales son mis acciones, mis entregas? ¿Soy capaz de desprenderme de mis panes y mis peces, para compartirlos con los demás?

¿Qué le decimos?

Cada vez que nos encontramos cara a cara con las sagradas escrituras, nuestra vida tendrá un encuentro verdadero con Jesús, que ilumina y guía nuestras vidas:

Aquí tienes Señor mis panes y mis pescados.

Aquí tienes Señor mis tristezas y mis alegrías.

Aquí tienes Señor, lo que tengo y lo que soy.

Multiplica mis esperanzas Señor.

Multiplica mi fe y mi fortaleza.

Multiplica nuestra confianza hacia ti Señor…



Te presento mis panes y mis peces Señor, para que me ayudes a multiplicarlos, quiero compartirlos con los demás


O como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, Yo te necesito.
Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.
Quédate conmigo, Señor, porque a la hora de mi muerte, Yo quiero permanecer unido contigo, sino por la Comunión, por lo menos por la gracia y el amor.
Quédate conmigo, Señor, porque solamente eres tú a quien Yo busco, tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque Yo te amo y te pido no otra recompensa que amarte más y más. Con un amor firme, Yo te amaré con todo mi corazón mientras aquí en la tierra y continuaré amándote perfectamente durante toda la eternidad.
P. Pio


Lecturas de la Semana

Lunes 1: Num. 11, 4b-15; Sal 80; Mt.14, 22-36.
Martes 2: Num. 12, 1-13; Sal 50; Mt. 15, 1-2. 10-14.
Miércoles 3: Num . 13, 1-2.25—14.1.26-29.34-35; Sal 105; Mt. 15, 21-28.
Jueves 4: Num. 2, 1-13; Sal 94; Mt. 16, 13-23.
Viernes 5: Deut. 4, 32-40; Sal 76; Mt 16, 24-28.
Sábado 6: Dn. 7, 9-10; Sal 96; Mt. 17, 1-9.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.com. Servicio Bíblico Latinoamericano.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

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sábado, 23 de julio de 2011

17º Domingo durante el año, “¿Comprendieron todo esto? ¿Cuál es el tesoro más valioso en sus vidas?”

Lecturas del 24-07-11– Ciclo A –

Primer libro de los Reyes 3, 5-6a. 7-12

En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: «Pídeme lo que quieras.»
Salomón respondió: Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?
Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: «Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti.» Palabra de Dios.

Salmo 118

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

El Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras. Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. R.
Que tu misericordia me consuele, de acuerdo con la promesa que me hiciste. Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré, porque tu ley es toda mi alegría. R.
Por eso amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino. Por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. R.
Tus prescripciones son admirables: por eso las observo. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. R.

Pablo a los cristianos de Roma 8, 28-30

Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 44-52

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?
«Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.» Palabra del Señor.

Reflexión

Las lecturas de hoy son un llamado al cambio de actitudes de nuestras prácticas, lo nuevo es el símbolo de la buena nueva, la palabra que se da gratuitamente al mundo, y lo viejo es el signo de las costumbres erradas y que van por un camino diferente a de la enseñanza de Jesús.

La primera lectura nos muestra a Salomón pidiéndole a Dios la sabiduría,... un corazón comprensivo para discernir entre el bien y el mal. La palabra de Dios nos muestra el rumbo que tienen que tomar nuestras preocupaciones y nuestros desvelos.
Y el Evangelio nos presenta tres parábolas del reino de los Cielos: el tesoro escondido, la perla de gran valor y la red que echan en el mar y que recoge toda clase de peces, unos buenos y otros malos.
Evidente es el llamado que hace el Señor a la conversión. El que se encuentra con el tesoro está llamado a convertirse, pero esta conversión lo debe llevar a dejar las cosas viejas para hacerse de cosa nuevas.

El tesoro escondido y La joya fina

La parábola del tesoro escondido y de la joya fina, en ambas Jesús compara estas cosas valiosas con el Reino de Dios.
La razón de ser de este evangelio esta en el discernimiento y la elección a la que están llamados los discípulos, elegir entre los valores verdaderos o los valores falsos.
Debemos entender que el tesoro es un regalo gratuito de Dios, por eso el texto dice, un tesoro encontrado en el campo, pero que para poder acceder a él nos debemos desprender de todo lo que nos impide hoy vivirlo con plenitud. Pero que para comprenderla y hacerla propia, se debe tener una actitud de desprendimiento de las riquezas que muchas veces hay en el corazón de los hombres.
Jesús necesita que sus discípulos comprendan que lo más valioso en sus vidas es el regalo de la palabra que se les ha dado; como ya sabemos a ellos se les ha concedido el conocimiento de los misterios del Reino de los cielos.

La dinámica de esta parábola se basa en tres verbos: Va, Vende y Compra.
Va, es decir, salir de donde estamos, implica cambiar de actitud, dejar todas las cosas superficiales que no nos llevan a una felicidad eterna, buscar un rumbo nuevo.
El vender todo lo que se posee o vender todas las joyas que guardamos, es la clave para poder acceder al tesoro del Reino de Dios, esto significa renunciar a las cosas del mundo que nos atan y esclavizan, que no nos hacen libres, ese es el desafío para aquellos que desean gozar de las maravillas del Reino de Dios.
Compra, es decir ya despojado de lo anterior, se adquiere la nueva condición, el verdadero tesoro. Pero para adquirirlo hay que pasar por los otros dos verbos anteriores.

La red de pescar

Jesús compara el Reino de Dios con una Red de pescar, los símbolos: los peces son los hombres de toda clase, raza y cultura.
El ser una sola red donde se recogerán toda clase de peces, indica como en la hora del juicio final se juzgará a todos a un mismo tiempo, pero de manera individual, separando a los buenos de los malos. Claro mensaje de Jesús para anunciar que pasará con las personas que rechazaron dejarlo todo por el tesoro, dice así en el texto: A las malas las echarán en el infierno, y allí tendrán tanto horror que llorarán y rechinarán los dientes.»
Esta elección será la clave para formar parte del reino de los cielos. Descubrir el mensaje que se revela por Jesús y su reinado, abre los horizontes hacia una nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.

El proyecto del «Reino de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó de una gran riqueza nuestra existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre necesario venderlo todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de su absoluta posesión, como su mayor riqueza.
En cada una de las dos parábolas hay, en realidad, dos actores: uno manifiesto, que va, vende, compra, y otro escondido, sobreentendido. El actor sobreentendido es el antiguo propietario que no se percata de que en su campo hay un tesoro y lo liquida al primero que se lo pide; es el hombre o la mujer que poseía la perla preciosa, y no se da cuenta de su valor y la cede al primer comerciante que pasa, tal vez para una colección de perlas falsas. ¿Cómo no ver en ello una advertencia dirigida a nosotros en acto de vender nuestra fe y herencia cristiana?
Para el seguidor de Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda, ateniéndose muchas veces a su herencia legalista, que no les permite salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la existencia de los demás, se enfrentan en estas parábolas a las personas que han encontrado un sentido que creían perdido para sus vidas y se arriesgan al cambio y a la novedad, poniéndose en marcha en la construcción de proyectos alternativos que construyan hermandad solidaria entre los seres humanos y se comprometen en afianzar, desde la práctica concreta, los valores de vida y justicia que han encontrado.

¿Qué quería decir Jesús con las dos parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa? Más o menos esto. Ha sonado la hora decisiva de la historia. ¡Ha aparecido en la tierra el Reino de Dios! Concretamente, se trata de él, de su venida a la tierra. El tesoro escondido, la perla preciosa, no es otra cosa sino Jesús. Es como si Jesús con esas parábolas quisiera decir: la salvación ha llegado a vos gratuitamente, por iniciativa de Dios, tomen la decisión, no la dejen escapar. Este es tiempo de decisión. Vivimos en una sociedad que vive de seguridades. Se asegura contra todo, entre todos, el más importante y frecuente es el seguro de vida.
Pero reflexionemos un momento: ¿a quién le es útil un seguro tal y contra qué nos asegura? ¿Contra la muerte? ¡Ciertamente no! Asegura que, en caso de muerte, alguien reciba una indemnización. El reino de los cielos es también un seguro de vida y contra la muerte, pero un seguro real, que sirve no sólo a quien se queda, sino también a quien se va, a quien muere. «Quien cree en mí, aunque muera, vivirá», dice Jesús. Se entiende entonces también la exigencia radical que un «asunto» como éste plantea: vender todo, desprenderse de todo. En otras palabras, estar dispuestos, si es necesario, a cualquier sacrificio. No para pagar el precio del tesoro y de la perla, que por definición son «sin precio», sino para ser dignos de ellos.


Preguntas para la meditación

¿He descubierto verdaderamente el Reino de Dios en mi vida? ¿Siento mi vida llena de gozo y alegría por ese hallazgo? ¿Soy capaz de venderlo todo por ese tesoro, por esa perla? ¿He dejado mis cosas viejas atrás para recibir las cosas nuevas que me vienen de Dios?

Se me ha regalado el tesoro de la palabra de Dios, ¿comparto la alegría de este regalo con los demás?

Te doy las gracias Jesús, porque me has regalado el tesoro de tu palabra.
Te doy gracias porque me enseñas cuales son las riquezas verdaderas.
Quiero dejar atrás todas las cosas viejas, quiero olvidarme Señor de las cosas que yo creía que eran mis tesoros, para poder dejar en mi corazón el único verdadero tesoro, que es tu palabra.
Hazme parte de tu Reino eterno Señor, para poder contemplar tu rostro llegado el fin de los tiempos, dame un corazón compresivo para que apegado a tus mandatos, de frutos buenos y pueda compartir con los demás el tesoro que ha recibido gratuitamente de ti. Amén.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que Yo pueda escuchar tu voz y seguirte.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa. La muerte, el juicio y la eternidad se acercan. Es necesario renovar mi fortaleza, para que Yo no pare en el camino y por eso Yo te necesito. Se está haciendo tarde y la muerte se aproxima, tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. O como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, Yo te necesito.
P. Pio

Lecturas de la Semana

Lunes 25: 2Cor. 4, 7-15; Sal 125; Mt.20, 20-28.
Martes 26: Ecl. 44,1. 9-15; Sal 131; Mt. 13, 16-17.
Miércoles 27: Ex . 34, 29-35; Sal 98; Mt. 13, 44-46.
Jueves 28: Ex 25, 8-9, 40. 16-21. 34-38; Sal 83; Mt. 13, 47-53.
Viernes 29: 1 Jn. 4, 7-16; Sal 33; Jn 11, 19-27.
Sábado 30: Lv. 25, 1. 8-17; Sal 66; Mt. 14, 1-12.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com. Padre Raniero Cantalamessa:


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:
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viernes, 15 de julio de 2011

16º Domingo durante el año, “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre”

Lecturas del 17-07-11– Ciclo A –

Libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos. Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder, y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios.

Salmo 85

R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti, y glorificarán tu Nombre, Señor, porque tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas. R.
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí. Fortalece a tu servidor, salva al hijo de tu servidora. R.

Carta de Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 24-43

Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?
El les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo. Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?
"No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero."»
También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»
Después les dijo esta otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.» El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!» Palabra del Señor.

Reflexión:

Parábolas de la cizaña, del grano de mostaza y de la levadura.

Esta parábola sólo se encuentra en Mateo, Marcos y Lucas no la traen. Cuenta una escena de la vida cotidiana en palestina: el dueño del campo siembra buena semilla; el enemigo que trata de perjudicarle sembrando cizaña en medio del trigo; la relación entre el amo y sus siervos… Todo parece normal, excepto la sorprendente reacción del dueño del campo: “Dejen que ambas semillas crezcan juntas”. Esto es lo que más debió chocar a los oyentes de Jesús. Seguramente les hizo pensar si la extraña decisión del dueño del campo era acertada. Y aquí su mensaje central.

¿Por qué esta parábola? Jesús no reunió una comunidad de puros sino que dirigía su mensaje a los pecadores. Esta actitud provocó entre sus adversarios una dura oposición. Con esta parábola, Jesús justifica su actuación: mientras llega el memento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia. La parábola muestra que el reino de Dios se hace presente en la ambigüedad de la historia y que el comienzo de éste no supone la erradicación del mal. Hay que esperar hasta el final para distinguir el grano bueno de las plantas inútiles. Mientras tanto, el juicio sobre cada grupo o persona está en suspenso. Todos pueden transformarse y mejorar. La división del mundo, de las personas, de las realidades de los grupos en buenos y malos, queda descalificada. Frente a la impaciencia de los que no pueden ver juntos el bien y el mal, está la paciencia histórica. Éste y todos los tiempos de paciencia histórica, de espera paciente y lúcida, de aguante activo. No precipitemos los juicios, no nos hagamos jueces definitivos. El fácil recurso a dividir a las personas en buenas y malas no sólo es simple e inexacto, sino que vulnera también los criterios del Reino.

La cuestión no es ya si el trigo y la cizaña pueden crecer juntos o no sino el discernimiento que tendrá lugar en el día del juicio. El juicio final, descrito con la simbología de aquella época, sirve para asegurar que la destrucción del mal llegará realmente un día.

El problema del mal es uno de los que más ha preocupado siempre a la humanidad. ¿Qué sentido tiene? ¿Cuál es su origen? ¿Quién es su responsable? ¿Por qué nos viene? ¿Cómo puede Dios permitir tanta desgracia entre personas inocentes?

Esta parábola parece afirmar que la presencia del mal no es como una ciega e inevitable fatalidad. ¡Un enemigo sembró la cizaña mientras el dueño y la gente dormían! Hay causas, decisiones, opciones… muchas veces intrahistóricas, humanas… Otra observación a tener en cuenta: Demasiadas veces buscamos demonios o chivos expiatorios para echarles la culpa y dar así una explicación cómoda a los males propios o ajenos. Es lo más fácil. No asumimos la parte de responsabilidad que nos corresponde y, en consecuencia, no ponemos los remedios precisos. Tendemos a juzgar y condenar al vecino sin cuestionar nuestra propia conducta. En este marco cobra sentido la sorprendente reacción del amo de la finca, que deja crecer juntas la buena y la mala semilla. Con ello, Jesús vino a decirnos que es preciso ser cautos y pacientes; que no hemos de convertirnos principalmente en jueces, y que el juicio corresponde en última instancia, a Dios.
El grano de mostaza y la levadura

Estas dos parábolas casi son gemelas en contenido y forma. El aspecto más llamativo en ambas es el contraste que existe entre la situación inicial y el resultado final.

A través de estas comparaciones, Jesús habla del Reino que ha comenzado con su vida y su praxis. Su presencia es por ahora germinal, su apariencia, como la del grano de mostaza y la levadura, es insignificante, pero lleva dentro una fuerza transformadora que ha prendido ya en la historia, y su crecimiento es irreversible. He aquí la fuerza y la debilidad del Reino iniciado por Jesús. Esta es la paradoja del Evangelio, que aparece fuertemente acentuada por el contraste entre el grano de mostaza que se siembra y el árbol que se hace, y entre la pequeña cantidad de levadura y la enorme cantidad de harina (medio quintal=unos 39 kg) que acabó de fermentar. Para Mateo, que conocía ya el éxito de la misión cristiana entre los paganos, estas parábolas representan una confirmación del camino emprendido y un estímulo para seguir haciendo presente en medio del mundo la fuerza transformadora del Reino.

Las dos parábolas destacan también la acción histórica de los seres humanos: “el reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que sembró un hombre”; “el reino de los cielos se parece a un poco de levadura que metió una mujer”. O sea, que reino de Dios necesita su realización, el trabajo y la acción de los hombres y mujeres. Nuestra vida, nuestro compromiso histórico, nuestra acción política no es ajena a la presencia del Reino.

La levadura introducida en la masa es, ante todo, el mismo Jesús: no tuvo una actuación espectacular, sino que se metió en el seno de los problemas del pueblo y actuó con sencillez, desde a dentro de ellos. Se hizo cargo de la realidad, cargó con ella y se encargó de ella. Su fuerza parecía pequeña, y fácilmente lo eliminaron, pero en su debilidad se escondía la fuerza transformadora de Dios. Dios obra desde dentro de la masa, en el corazón de la historia, no al margen de las realidades humanas y sociales... Por eso el Reino surge cuando la levadura se introduce en la masa. Si la levadura no se mezcla e introduce en las realidades sociales, en el corazón del mundo, esta sociedad no fermentará y seguirá sin ser Reino.

¡Ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo! Para trabajar de esta forma es preciso llenarse de Jesús, seguir a Jesús.

Para que oremos…

¿Me meto en las entrañas de Jesús cuando explicaba estas parábolas?
Me meto dentro de mí mismo para sorprenderme y ver las semillas y frutos del Reino. Luego callo y escucho:

· Soy semilla del Reino.
· El Reino está presente ya en la historia.
· No llega súbitamente, pero hay signos.
· Actúa y se revela en los pequeños y desde lo pequeño.
· Hay que dejarse fermentar para fermentar a los demás.
· Tiene sentido la historia humana. Es historia de salvación.

Pbro. Daniel Silva

ORACIÓN

Señor, gracias por darme tu palabra, gracias porque esta es la brújula que conduce mi vida, y sin ella estoy extraviado.
Tú eres Señor, el sembrador y dueño de la tierra,
En ti Señor encuentro la semilla que debe germinar en mi corazón, para poder ser fuerte con un árbol donde puedan anidar los pájaros.
Arranca de mi corazón la cizaña que en el descuido he dejado crecer en mi espíritu.
Dame fuerza Señor, para infundir tu palabra en todos los lugares donde me envíes.
Señor gracias por explicarnos las escrituras, gracias por revelarnos los secretos para poder llegar a ti y no ser quemados como la cizaña.
Danos un espíritu fuerte como el tuyo Señor para poder estar alertas a las invitaciones del maligno. Amén.

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida y sin ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad…
P. Pio

Lecturas de la Semana

Lunes 18: Ex 14, 5-18; Sal Ex 15, 1-6; Mt.12, 38-42.
Martes 19 Ex 14, 21-15,1; Sal Ex 15,8-9; Mt. 12, 46-50.
Miércoles 20: Ex 16,1-15; Sal 77; Mt. 13, 1-9.
Jueves 21: Ex 19,1-20; Sal Dn Gr 3, 52-56; Mt. 13, 10-17.
Viernes 22: C Cantares 3, 1-4; Sal 62; Jn 20, 1-18.
Sábado 23: Ex.24,3-8; Sal 49; Mt. 13, 24-30.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:
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viernes, 8 de julio de 2011

15º Domingo durante el año, La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.

Lecturas del 10-07-11– Ciclo A –
Lecturas del 10-07-11– Ciclo A –

Libro del profeta Isaías 55, 10-11

Así habla el Señor: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra de Dios.

Salmo 64

R. La semilla cayó en tierra fértil y produjo fruto.

Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales. R.

Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros bendices sus brotes. R.

Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosa la abundancia; rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo: todos ellos aclaman y cantan. R.

Pablo a los cristianos de Roma 8, 18-23

Hermanos:
Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.
Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!»
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.»
Palabra del Señor.

Reflexión

El texto del profeta Isaías que hoy leemos nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para emprender de nuevo su cometido. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.
Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica, no gira en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que ellos reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo la comparación resalta dos elementos muy importantes: la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa y la palabra retorna a su fuente de origen.

El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservarla sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor decisivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero no siempre el terreno responde de la misma manera.

La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, hacen parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.
Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano que respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. Sin embargo, en el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basados en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reino de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible al amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.

La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas.

Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2, 4-25), aguarda con impaciencia la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad. La propuesta de Jesús nos abre a la esperanza de un futuro en el que la Humanidad se reconoce en la justicia y en el amor solidario y no en la muerte y la guerra.

Preguntas para la meditación:

La parábola es para los que vienen a escuchar a Jesús, para personas que están dispuestas a estar "de pie" "mucho rato" para escucharle.

• ¿Cuál es mi actitud ante la Palabra del Señor?

• ¿Quiero escucharla? ¿Tengo un tiempo para mi amigo, que quiere hablar con migo?

La semilla es la palabra de Dios, que se nos ha anunciado a nosotros, ante esto debo preguntarme:

• ¿Puedo ver, escuchar y entender que es Dios quien me habla por medio de su palabra?

• ¿Es la palabra de Dios lo que habita en mi corazón, y esta me permite ver y entender los misterios del reino?

• ¿Soy capaz de hacer germinar la palabra de Dios en mi vida, reflejándola con mis acciones?

• ¿He dejado que las cosas del mundo se lleve la palabra que Dios me ha dado y que la misma no continúe actuando ante las pruebas de cada día?

Oración:

Señor, tú te has tomado el trabajo de salir al mundo a sembrar la semilla de tu palabra, Tú Señor, has tomado la iniciativa de sembrar en los corazones de cada ser humano tus enseñanzas.

Quiero Señor que mi corazón sea un Jardín con tierra buena, donde me encuentre a solas con tu palabra y esta pueda dar frutos en mí.

Gracias Señor por ser mi maestro y confiarme a mí tus enseñanzas, ayúdame Jesús, para que pueda dar muchos frutos, ayúdame a comprender tus caminos, ayúdame a dejar que la semilla que has plantado en mí, se convierta en un árbol frondoso que de mucho fruto y que así pueda ser un discípulo verdadero que se dedique a trabajar por tu Reino. Amén

Pidamos al Señor, con las palabras del salmo 85 de las Escrituras:

“Yo te invoco en el momento de la angustia,
porque tú me respondes”

Dame, Dios mío, un corazón manso y humilde como el tuyo:

“Pues tu eres, Señor Bueno, indulgente, rico en amor, para todos aquellos que te invocan”
Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes,
y tú me libraste del fondo del Abismo.

Lecturas de la Semana

Lunes 11: Ex 1, 14-22ª; Sal. 123; Mt.10, 34-11.
Martes 12: Ex 2, 1-15; Sal 68; Mt. 11, 20-24.
Miércoles 13: Ex 3,1-12; Sal 102; Mt. 11, 25-27.
Jueves 14: Ex 13-20; Sal. 104; Mt. 11, 28-30.
Viernes 15: Ex 11, 10-14; Sal. 115; Mt. 12, 1-8.
Sábado 16: Zac.2,14-17; Sal. Lc. 1, 46-55; Mt. 12, 46-50.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas.com. Servicio Bíblico Latinoamericano.

Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

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sábado, 2 de julio de 2011

Domingo de la Semana 14, “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”

Lecturas del 3-07-11– Ciclo A –

Profecía de Zacarías 9, 9-10

Así habla el Señor: ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna.
El suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Palabra de Dios.

Salmo 144

R. Bendeciré tu nombre eternamente, Dios mío, el único Rey.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente; día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.
El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. R.

San Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos: Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 11, 25-30

Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. Palabra del Señor.

Reflexión

El Reino revelado a los pequeños

Mateo recoge aquí tres dichos de Jesús que probablemente tuvieron un origen independiente. Su intención al reunir estas tres sentencias se explica cuando las leemos en el contexto de la pregunta acerca de Jesús y de las reacciones de sus contemporáneos. En ese contexto de rechazo o incredulidad, sólo los pequeños son capaces de acoger la revelación del Padre manifestada en las acciones y palabras de Jesús.

El primer dicho es una oración de alabanza de Jesús, porque el Padre es como es, y revela la buena Noticia a los pequeños y sencillos y se la oculta a sabios y entendidos. La alabanza surge desde su propia vida y experiencias. Él lo ha visto en su misión. Para Él, en cierto modo, también ha habido una revelación. El hecho de que Jesús llamara a Dios Padre (Abba) refleja la confianza y cercanía que tenía con El. Los primeros cristianos conservaron esta palabra que se encuentra detrás de casi todas las oraciones de Jesús. Los sabios y prudentes son, en el contexto de este Evangelio los maestros de la ley, los fariseos y sumos sacerdotes, es decir, la minoría, que detenta el poder social y religioso, gente importante y religiosa, segura de sí misma, que desprecia al pueblo marginado. Los pequeños han sabido recibir la revelación de Jesús y le han acogido.

El segundo dicho de Jesús trata de aproximarnos a su singular relación con el Padre. El Padre conoce al Hijo en profundidad y lo manifiesta en dos momentos culminantes de su vida, en los que a través de una voz del cielo revela su condición de Hijo único y amado –el bautismo y la transfiguración-. Dios ha manifestado a los pequeños gratuitamente estas cosas.

El tercer dicho de Jesús muestra su especial afecto a todos los que por alguna razón se sienten oprimidos y agobiados. Es la invitación de hacerse discípulos: “Vengan a mí…, tomen mi yugo y encontrarán descanso”. Jesús invita a los pequeños y fatigados a que se hagan discípulos suyos, cambiando el pesado fardo de la ley por el suave y ligero yugo de la Buena Noticia.

A Jesús se le ha revelado el Padre como Dios de los pequeños. Pequeños aquí no se opone a adultos y, por tanto, no designa a los niños, sino que se opone a sabios y prudentes. Se trata de gente sencilla pero no en el sentido de personas humildes moral o espiritualmente. Los Pequeños son los pobres, hambrientos, afligidos, pecadores, enfermos, los que andan como ovejas sin pastor, los “no invitados” que tantas veces salen en el Evangelio. A ellos se les da a conocer la revelación. La fe, la Buena Noticia, no se consigue a base de esfuerzo, no se la arrancamos a Dios por ser honestos, sino que es un don gratuito

Entre las oraciones de Jesús recogidas por la tradición, una de las más bellas es, sin duda, este grito espontáneo de gozo, de admiración y agradecimiento que sale de sus labios: “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se los ha dado a conocer a los pequeños”.

Somos algo mucho más importantes que nuestro trabajo, oficio, cargo, profesión. Somos seres hechos para vivir, amar, reír, descansar, ser, servir… Descansar es reconciliarse con la vida, disfrutar del regalo de la existencia, reencontrarse con lo mejor de nosotros mismos. Para encontrar descanso no hay que recorrer largas distancia. Basta recorrer la que nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón. Si ahí no la encontramos, inútil buscarla en otra parte del mundo.

Necesitamos salir al aire libre. Salir de nuestros egoísmos y mezquindades, y abrirnos a la vida y a las personas. Los creyentes sabemos que un Dios acogido en nuestra vida, no como un vago e impersonal, sino como amigo querido y cercano, es camino de pacificación, de liberación y de descanso. Acertar a abrirnos a Dios es encontrar el descanso verdadero.

Para orar

Mira y contempla a Jesús y escúchalo – Saborea cada frase- Contempla los variados sentimientos de Jesús – Y anhela y pide ser como Él… Dar gracias como éll…Vivir y sentir como Él… Orar como él.
Pbro. Daniel Silva.

Preguntas para la meditación:

Cada vez que una pena o un dolor me invade, cuando me encuentro oprimido por algún pesar, cuando sufro cualquier dolor y miseria, cuando me he sentido cansado y agobiado:
¿Dónde y cómo busco alivio a mi cansancio? ¿He dejado que Jesús sea el descanso que tenga mi alma? O ¿He sido como los sabios quienes ponen su sabiduría en sí mismos?

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”

Jesús nos libera de los pesos que nos agobian. San Agustín nos dice que el yugo que Jesús nos ofrece, no es un peso para quien lo lleva, sino alas para quien va a volar. La cruz que nos toca a cada uno, nos va a permitir remontarnos hasta Dios Junto a Cristo, las dificultades y los obstáculos normales que se encuentran en la vida adquieren un sentido diferente. Cuando estamos junto a Cristo, nuestra cruz, se convierte en la cruz de Cristo.

Pidamos al Señor, con las palabras del salmo 85 de las Escrituras:

“Yo te invoco en el momento de la angustia,
porque tú me respondes”

Dame, Dios mío, un corazón manso y humilde como el tuyo:

“Pues tu eres, Señor Bueno, indulgente, rico en amor, para todos aquellos que te invocan”
Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes,
y tú me libraste del fondo del Abismo.

En el Amor de Dios, una vida distinta es posible…

Jesús descansa en su centro más profundo: el de sentirse Hijo amado, y hermanado en aquellos mismos pequeños que recibieron de sus manos ese amor del Padre. Ese amor alivia, suaviza, apacienta y en él la vida deja de ser una carga. La solidaridad fraternal que crea quita el agobio y ese peso desmedido con el que nuestra propia presunción y obstinación ahogan el alma. Dios nos hermana en Jesucristo, para que su amor cuidadoso, paciente, estimulante, nos libere de la ceguera y coraza del propio orgullo y vanidad, revelándonos que, en ese Amor, una vida distinta es posible…

…La sabiduría de nuestro pueblo, silencioso y trabajador, sin otra condición social más que la de ser humildes.
La sabiduría de los que cargan la cruz del sufrimiento, de la injusticia, de las condiciones de vida con que se enfrentan al levantarse todas las mañanas para sacrificarse por los propios.
La sabiduría de los que cargan la cruz de su enfermedad, de sus dolencias y pérdidas poniendo el hombro como Cristo.
La sabiduría de “miles de mujeres y de hombres que hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa… Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de ésta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a compartir y a contar anécdotas”.

Pasarán las crisis y los manipuleos; el desprecio de los poderosos los arrinconarán con miseria, les ofrecerán el suicidio de la droga, el descontrol y la violencia; los tentarán con el odio del resentimiento vengativo. Pero ellos, los humildes, cualquiera sea su posición y condición social, apelarán a la sabiduría del que se siente hijo de un Dios que no es distante, que los acompaña con la Cruz y los anima con la Resurrección en esos milagros, los logros cotidianos, que los animan a disfrutar de las alegrías del compartir y celebrar.

Los que saborean esta mística, los sabios de lo pequeño, ellos son los que recurren a Aquél que los alivia, al abrazo tierno de Dios en el perdón o en la entrega solidaria de muchos que, en distintas actividades, dan de la riqueza de sí.

Porque la Palabra llena de amor, aunque sea en un gesto, libera. Libera del yugo que nos imponemos cuando nos proponemos lo imposible, nos castigamos con lo irrealizable, nos atosigamos hasta deprimirnos con nuestras ambiciones y necesidad de ser reconocidos, de resaltar, o con nuestra mendicidad de afecto: no es otra cosa el acumular poder y riqueza. La sabiduría del humilde no las necesita, sabe que él vale por sí mismo, se siente amado por su Padre y Creador, aun ante el desprecio, el abandono, la humillación.
Así nos lo enseñó el Maestro de la humildad, el que llevó ligero su Cruz a la Pasión…
Card. J.M. Bergoglio s.j. Tedeum del 25 de mayo 2011

Lecturas de la Semana

Lunes 4: Gn. 28, 10-22ª; Sal. 90; Mt.9, 18-26.
Martes 5: Gn. 32, 23-33; Sal 16; Mt. 9, 32-38.
Miércoles 6: Gn. 41, 53-57; 42. 5-7ª. 17-24a; Sal 32; Mt. 10, 1-7.
Jueves 7: Gn. . 44, 18-21. 23b; 45, 1-5; Sal. 104; Mt. 10, 7-15.
Viernes 8: Gn. 46, 1-7. 28-30; Sal. 36; Mt. 1, 16-23.
Sábado 9: Is. 7,10-14; Sal. Lc. 1, 46-55; Lc. 1, 39-47.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.


Gracias Señor por hacerte presente entre nosotros y guiar nuestro peregrinar en este mundo, con la luz de tu Palabra.

Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla los Sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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