Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

34º domingo durante el año, Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo


Lecturas del 20-11-11– Ciclo A –


“Vengan benditos de mi Padre”


Profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17
Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. 
Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor- . Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. 
En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos.»   
Palabra de Dios.

Salmo 22

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas.  R.
Me conduce a las aguas tranquilas  y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R.

1º C de San Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.   Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 25, 31-46
 Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.        
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver." 
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?"
Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo."     
Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron."             
Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?"
Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo."
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»    
Palabra del Señor.

Reflexión:
El juicio definitivo

Con la fiesta de hoy, Cristo Rey, cerramos el año litúrgico y nos disponemos a comenzar el tiempo del Adviento.  Este pasaje, en una especie de visión profética, nos muestra cuál es el criterio supremo para entrar y gozar del Reino, para ver y conocer a Dios. En Él se nos dice quiénes son verdaderos discípulos y seguidores de Jesús y cuál es la verdadera Iglesia.

La escena nos presenta un juicio público, universal.  El juez es “el Hijo del hombre”, Jesús. Aparecen dos grupos de personas cuyo comportamiento histórico ha sido  bien diferente.  El juicio es de separación, definitivo.  La sentencia se pronuncia en forma de bendición o maldición.  La sanción es heredar el Reino o ser arrojados al fuego eterno.

El criterio o medida que se utiliza es sorprendente y no importa si lo sabemos o no: lo que cuenta es la actitud de amor o indiferencia hacia cualquier ser humano necesitado, lo que se hace con uno de los más pequeños, se hace con Dios. Éste es el criterio definitivo y el mansaje final que Mateo dirige a sus lectores: hay que estar alerta, de forma activa, con la mirada puesta en el rostro concreto de cada ser humano necesitado. 

Lo que hacemos a los pobres, a los más pequeños, a los hambrientos, extranjeros, enfermos, desnudos, encarcelados… es lo que cuenta, es lo que hemos hecho a Dios. 
Increíble respuesta.  La parábola no menciona la oración, ni la comunidad, ni el culto, ni la eucaristía… Ni siquiera  cita la fe en Jesucristo.  Lo cual no quiere decir que tales puntos no sean importantes, más aún necesarios. 
Significa otra cosa: que puestos a dar la clave definitiva, o puestos a expresar lo que es esencial del verdadero cristiano y de la verdadera Iglesia, todo se juega en la OPCION POR LOS POBRES, en el amor a los pobres y marginados.  Todo lo demás, sin esto, de nada sirve. Es bueno recordar este test definitivo de nuestra existencia, aunque nos sintamos una vez más molestos ante la palabra de Jesús.

Aplicada esta parábola al mundo de hoy, es evidente que se refiere no sólo a las obras de caridad, sino también al compromiso sociopolítico tendiente a construir una sociedad libre, democrática, igualitaria y fraternal. Porque puede ocurrir –y a ocurrido muchas veces- que uno haga por un lado muchas obras de caridad y por otro siga explotando, o apoye situaciones contrarias a la libertad y a la justicia, o lleve un tren de vida indignante para los pobres.

El juicio de Dios no se encierra en el ámbito individual, Dios nos ha comunicado su propia vida y no nos saca de la historia, por el contrario, nos hace asumirla plenamente, porque en lo transitorio se juega lo definitivo.

La opción por los pobres es, sin duda, la más adecuada reformulación, para nuestra sociedad e Iglesia, de lo que Mateo dice en este pasaje. Este último término, si nuestro sacrificio, abnegación y esfuerzo se han puesto al servicio de que tengan menos dureza, si nuestro propio conflicto y oscuridad para ver y reconocer a Dios han nacido de la entrega y lucha para que los pobres bajen de la cruz, indudablemente, en el día del juicio, escucharemos las palabras de Jesús:
“Vengan benditos de mi Padre”.

Ellos son el camino y el sacramento de nuestra salvación. No se puede conocer a Dios sin acoger al pobre.  Y quien acoge al pobre, y vive su vida en función de ellos, aunque camine en la oscuridad y perplejidad respecto a Dios, está viviendo en el amor del Padre.  Lo está conociendo aunque no lo sepa.  Está salvado.

La parábola del juicio final nos dice que la suerte de toda persona se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad, cárcel, destierro…  Pero vivir con entrañas de misericordia no es tener un corazón sensiblero ni tampoco practicar, de vez en cuando, alguna “obra de misericordia” que aquiete nuestra conciencia y nos permita seguir tranquilos nuestro camino egoísta de siempre. Es esta misericordia la que da categoría humana y evangélica a la persona. Es esta misericordia la que nos trae la bendición de Dios: la que se asume un compromiso al servicio a la humanidad.  Pensemos en el evangelio de hoy: nosotros desde nuestra comunidad hemos de servir a Cristo presente en ese “cualquiera” que convive con nosotros.  De esta manera, nuestra pertenencia a la Iglesia no es una barrera que nos aísla de los demás, sino todo lo contrario, la forma que tenemos de ir hacia ellos.  Esto es posible si no nos colocamos barreras y fronteras… Si las colocamos, son nuestras, y nuestra es la responsabilidad.  Las fronteras del Reino son tan amplias y generosas como amplio e infinito es el amor de Dios, tal como se ha manifestado en Jesucristo, el rey coronado de espinas y colgado de una cruz.

Celebremos la fiesta de Cristo Rey y miremos nuestra vida desde este gran espejo de nuestra Fe: Jesús que da la vida por la salvación de todos. En la mesa de la Eucaristía estamos llamados todos los pobres y necesitados. Comulgar nuestro pan con la conciencia de que debe ser repartido entre todos.

Oremos:
Señor, que venga  a todos nosotros tu Reino de justicia, de amor y de verdad.
Pbro. Daniel Silva

Cuento: Más valioso que el Circo

Cuando yo era niña estaba con mi padre haciendo fila para comprar las entradas del circo.
Delante de nosotros en la fila había un matrimonio con ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Se veía que eran muy humildes. Los niños estaban muy entusiasmados hablando de los payasos, los elefantes y otros que verían esa noche. Le escuché decir que era la primera vez que iban al circo.
La esposa miraba al marido con mucha satisfacción. Se ve que él había hecho un gran esfuerzo para poder llevarlos todos al circo.
Cuando llegaron a la ventanilla de ventas, la empleada preguntó al padre cuántas entradas quería. Él respondió con orgullo: "Por favor, deme ocho entradas para menores y dos de adultos".
La empleada le indicó el precio. El matrimonio se paralizó y quedó mudo. Era más de lo que esperaban. ¿Cómo iba a decirles a sus ocho hijos que no tenían suficiente dinero para llevarlos al circo? Viendo lo que ocurría, mi papá dejó caer de su bolsillo un billete de cien pesos (nosotros no éramos ricos en absoluto). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: "Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo."

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de cien pesos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: "Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí."              

Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. No fuimos al circo. Pero no nos fuimos sin nada...  Jamás olvidaré aquel acto de mi padre. Sé que me hubiese divertido en el circo. Pero aquella noche obtuve una enseñanza que me ha enriquecido toda mi vida.


La preeminencia del amor
1º Carta de Pablo a los Corintios 13, 1-8

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,  no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.


Lecturas de la Semana

Lunes 21:  Zac.  2,14-17; Sal  Lc. 1, 46-55; Mt. 12, 46-50.
Martes 22:  Dn. 2, 31-45;  Sal.  Dn.3, 57-61; Lc. 21, 5-9.
Miércoles 23:  Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal Dn. 3, 62-67; Lc. 21, 10-19.
Jueves 24:  Dn. 6, 12-28;  Sal Dn. 3, 68-74; Lc. 21, 20-28.
Viernes 25: Dn. 7, 2-14;  Sal  Dn. 3, 75-78. 80-81;  Lc 21, 29-33.
Sábado 26: Dn. 7,15-27; Sal Dn. 3, 82-87; Lc. 21, 34-36.



Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.


viernes, 11 de noviembre de 2011

33º domingo durante el año, « Ya que respondiste fielmente en lo poco, entra a participar del gozo de tu Señor»


Lecturas del 13-11-11– Ciclo A –


33º domingo durante el año


« Ya que respondiste fielmente
en lo poco, entra a participar del
 gozo de tu Señor»


Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31
Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.     
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos.     
Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso. Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente.           
Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.
Palabra de Dios.

Salmo 127
R. ¡Felices los que temen al Señor!
¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!  Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.  R.
Tu esposa será como una vid fecunda  en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo  alrededor de tu mesa.  R.
¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión 
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén!  R.

1º carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6
Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.              
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.   Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 25, 14-30
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
 «El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. 
En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. 
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor." 
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor." 
Llegó luego el que había recibido un solo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!" Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. 
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes."»
Palabra del Señor.
Reflexión:

Las lecturas de hoy nos hacen mirar al futuro, a la parusía. Para que desde ese futuro de gloria que esperamos, también nos animemos a prepararlo debidamente.
Jesús quiere inculcar a sus discípulos la fidelidad. La vigilancia no es sólo una actitud moral. Es todo un estilo de vida, de confianza y de fidelidad al Señor. A diferencia de los fariseos que confiaban en sus propias obras, por las cuales Dios “les tenía que premiar”.
Nuestro Dios nos regala la vida, el tiempo, las cualidades, para que realicemos buenas obras, no para que las enterremos y así no sirvan para el bien propio y ajeno.
La verdadera relación del hombre con Dios no se basa en el miedo, sino en el amor. Desde esta perspectiva, el discípulo de Jesús ha de enfocar toda su persona y actividad.

El reproche llega porque este criado no cultivó sus cualidades y talentos al servicio de los demás. No somos propietarios de nuestros talentos, sólo somos administradores. Nuestro punto de mira no está en el beneficio y la seguridad propia, porque el don que no se comparte es un don enterrado.


"Sí, lo que Cristo nos ha dado,
es para su multiplicación,
dándolo" (1)

Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de este domingo, el penúltimo del año litúrgico, es una invitación a estar vigilantes y diligentes en espera del regreso del Señor Jesús al final de de los tiempos. 
La Página del Evangelio narra la famosa parábola de los talentos referida por san Mateo (25,14-30). El "talento" era una antigua Moneda romana, de gran valor, y precisamente es una de las causas de la popularidad de esta parábola que se ha convertido en sinónimo de dote personal, que cada quien está llamado a hacer fructificar. 
En realidad, el texto nos habla de "un hombre que, al ausentarse, llamo a sus empleados y les encomendó su hacienda" (Mateo 25,14). El hombre de la parábola representa al mismo Cristo, los servidores a los discípulos y los talentos los dones que Jesús les confía. 

Estos dones, no sólo representan las cualidades naturales que tengamos, sino a las las riquezas que el Señor Jesús ha dejado en su herencia para que las hagamos fructificar: su Palabra, depositada en el santo Evangelio, el Bautismo,  que nos  renueva en el Espíritu Santo, la Oración, el Padrenuestro que elevamos a Dios como hijos unidos en el Hijo, su Perdón, que ha ordenado ofrecer a todos, el sacramento de su Cuerpo inmolado y de su Sangre derramada. En una palabra: el Reino de Dios, que es Él mismo, presente y vivo entre nosotros. Este es el Tesoro que Jesús ha confiado a sus amigos al final de su breve existencia terrena. 

La Parábola de hoy Insiste en la actitud Interior con la que hemos de acoger y valorar este don. La actitud equivocada es la del miedo: el servidor que tiene miedo de su Señor y de su regreso, es el que  esconde la moneda bajo tierra y deja de producir frutos. Esto le sucede, por ejemplo, a quien habiendo recibido el Bautismo, la Comunión, la Confirmación, después entierra los dones bajo una capa de prejuicios, bajo una falsa imagen de Dios que paraliza la fe y las obras, traicionando las expectativas del Señor. 
Pero la parábola da más Importancia a los buenos frutos de los discípulos, que felices por el don recibido, no los han escondido con temor y celos, sino que los han hecho fructificar, compartiéndolos. 
¡Sí, lo que Cristo nos ha dado es para su multiplicación, dándolo! Es un tesoro hecho para ser gastado, invertido, compartido con los demás, como nos enseña ese gran administrador de los talentos de Jesús, el apóstol Pablo.

La enseñanza evangélica que hoy nos ofrece la liturgia ha tenido un impacto a un nivel histórico-social, en las poblaciones cristianas, promoviendo una mentalidad emprendedora y activa. 

Pero el mensaje central afecta al espíritu de responsabilidad con el que hemos de acoger el Reino de Dios: responsabilidad con Dios y con la humanidad. Encarna perfectamente la actitud del corazón de la Virgen María, quien al recibir el don más precioso, al mismo Jesús, he aquí que se ofreció al mundo con inmenso amor. Pidámosle que nos ayude a ser "servidores buenos y fieles" para que podamos entrar un día "en el gozo de su Señor".

(1) Benedicto XVI, plaza de San Pedro del Vaticano, domingo, 16/11/ 2008 ( ZENIT.org ).


Nuestro Tiempo:

El contexto de la hora histórica que vivimos se predica, como grandes valores, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico, los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola.
La eficacia, la productividad, la eficiencia... no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino "cuantificaciones" que pueden ser aplicadas a otros valores. Se puede ser eficiente en muchas cosas muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también).
La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención no nos interesa. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá pues de la materia a la que apliquemos esa eficiencia así como del objetivo al que se oriente.
Cabe entonces imaginar una "eficiencia" cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice 'Señor, Señor', sino el que hace..., la parábola de los dos hermanos, Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica... y más paradigmáticamente, el mismo texto que continúa al de hoy, que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, donde el criterio del juicio escatológico será precisamente lo que hayamos "hecho" efectivamente a los pobres...
La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia "por-el-Reino", la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo trabajadores por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital "golondrina"...
La eficiencia por la eficiencia no es un valor cristiano, ni siquiera humano. Quizá sea cierto que el capitalismo, sea "el sistema económico que más riqueza crea"; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza sacrifica (idolátricamente) la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal.
Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo sería ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz.

Tomado de Servicio bíblico latinoamericano.
Meditamos con el Evangelio (Qué me dice esta Palabra)

Somos administradores, servidores, empleados, no dueños, de los dones que el Señor nos regala. Y los tenemos que administrar en bien nuestro y de los demás.

Somos colaboradores del Reino. El Señor nos ha incorporado a su tarea. Desde el principio, quiso Dios que el ser humano colaborara en la obra de la creación. Y Jesús nos ha elegido como apóstoles de su Evangelio. Esta parábola es una llamada a la responsabilidad.

Dios pone su confianza en cada persona. Sólo en esa confianza podremos ser responsables. No se trata de “ganar méritos”, sino de “responder” a los dones que el Señor nos da gratuitamente.


Lecturas de la Semana

Lunes 14: 1 Mac.  1,10-15.41-43. 54-57. 62-64; Sal  118; Lc. 18, 35-43.
Martes 15:  2 Mac. 6, 18-31;  Sal: 3; Lc. 19, 1-10.
Miércoles 16:  2 Mac. 7, 1. 20-31; Sal 16; Lc.19. 11-28.
Jueves 17: 1 Mac. 2, 15-29;  Sal 49; Lc. 19, 41-44.
Viernes 18: 1 Mac. 4, 35-37. 53-59;  Sal  1Cor. 29, 10-12;  Lc 19, 45-48.
Sábado 19: 1 Mac. 6,1-13; Sal 9; Lc. 20,27-40.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.




Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.

Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.



sábado, 5 de noviembre de 2011

32º domingo durante el año, « Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora »


Lecturas del 6-11-11– Ciclo A –
32º domingo durante el año



« Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora » 
Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16
La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes    .
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos. Palabra de Dios.
Salmo 62
R. Mi alma tiene sed de ti, Señor,
Dios mío.
Señor, tú eres mi Dios,  yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne  como tierra sedienta, reseca y sin agua.  R.
Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida,  mis labios te alabarán.  R.
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso,  y mi boca te alabará con júbilo en los labios.  R.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho  y en las horas de la noche medito en ti, veo que has sido mi ayuda  y soy feliz a la sombra de tus alas.  R.
1º  carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 4, 13-18
No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él.
 Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.
 Consuélense mutuamente con estos pensamientos.  Palabra de Dios.
  
 Evangelio según san Mateo 25, 1-13
 Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
 «El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.           
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.          
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: "Ya viene el esposo, salgan a su encuentro."
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: "¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?" Pero estas les respondieron: "No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado."
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.           
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: "Señor, señor, ábrenos. "Pero él respondió: "Les aseguro que no las conozco." 
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.»  Palabra del Señor.
  
Reflexión 
EL ESPOSO LLEGA DE NOCHE
Estamos finalizando el año litúrgico, y estos últimos domingos nos van dirigiendo al tiempo de Adviento.  El Señor llega, su Reino está cerca… y es necesario mantenerse alertas porque la ocasión es única y nadie puede recibirlo por nosotros.
La parábola de hoy se encamina a hacernos tomar conciencia de la necesidad de estar constantemente preparados y vigilantes, pues en cualquier momento puede llegar el esposo, Cristo, para invitarnos a participar de su banquete, en las bodas del Reino.
Hay en el relato una evidente preocupación por el retorno de Jesús (la Parusía). Vamos a centrarnos en la parábola para que nos diga qué es lo que nos hace falta para no faltar a la cita del Reino.  Por eso, la vigilancia, es algo esencial que no se pueda compartir y vamos a ver por qué.
La parábola alude a una escena perteneciente a la vida real.   Describe cómo se celebraban las bodas en tiempos de Jesús.  Uno de los ritos principales era el traslado de la novia a casa del novio.  La ceremonia comenzaba con la ida del novio a la casa de la novia para llevarla desde allí a la nueva casa.  Los invitados esperaban, ataviados y preparados para la ocasión, a que llegara el novio para acompañar a la comitiva hasta la nueva casa y celebrar allí la fiesta.  El retraso del novio se explica fácilmente si tenemos en cuenta que antes de recoger a la novia debe acordar con los parientes de ésta los regalos que hará a la familia…  El punto más llamativo de la parábola no es, por tanto la llegada o el retraso del novio, sino el hecho de que las jóvenes poco previsoras no puedan participar en la boda.
El reino de Dios se describe y compara aquí, nuevamente, con una de las celebraciones más alegres y festivas.  No poder participar en ella significaba perderse algo muy importante.  El relato de las diez jóvenes es, pues, una parábola de crisis, que los oyentes de Jesús  entenderían seguramente como una llamada de atención a no perder la oportunidad de participar en la gran fiesta del Reino.
Mateo nos presenta a la comunidad cristiana en las diez jóvenes que esperan al novio.  En ellas hay personas necias y personas prudentes.  El evangelista hace ver en varias ocasiones las diferencias e incluso las divisiones que se dan dentro de la Iglesia.  El retraso del novio desvelará la situación.  Al comienzo todas tuvieron la misma actitud: se durmieron.  El hecho como tal no es censurado en este pasaje.  No está ahí su acento.  Lo que cuenta es que unas se proveyeron de aceite y las otras no.  Por consiguiente se hallaron en condiciones distintas cuando el novio hizo su aparición. El novio es aquí una alegoría que nos remite al Señor.  Su llegada es un juicio que discierne y separa.
La parábola se convierte en una exhortación a estar preparados para la venida de Jesús, que puede tener lugar en el momento menos esperado (“a media noche”).  La mención del retraso del novio y la exhortación a estar en vela, porque no se sabe ni el día ni la hora, son llamadas de atención para despertar a su comunidad de la apatía.
Para Mateo, estar preparado significa escuchar y poner en práctica las palabras de Jesús, que pueden resumirse en el mandamiento del amor.  El retraso de la venida de Jesús no puede llevar al adormecimiento y al descuido, ni puede hacer que los cristianos se desentiendan de sus compromisos.  Al contrario, la certeza de su venida debe impulsarnos a un compromiso activo que consiste en poner en práctica las enseñanzas del Maestro.
Por tanto, no son actitudes evangélicas ni calcular el retraso para aprovecharse de Él, ni desilusionarse.  El peligro es doble: despreocuparse y darse al desatino porque el Señor tarda, o no tener paciencia para esperar su vuelta.  La vigilancia ha de ser continua.  Hay cosas que no pueden improvisarse a última hora.  Cada uno ha de estar preparado.  Mi espera, mi vigilancia, mi estilo de vida no puede delegarlo.  Es una opción personal: cada uno tiene que poner el aceite en su lámpara.
La lámpara encendida es el símbolo de la atenta vigilancia ante la llegada inminente del Reino.  Se trata de una cualidad interior que, por ser tal, no puede ser compartida con otro, ni prestada ni vendida.  De ahí la negativa de las otras muchachas a darles algo de su aceite a las que se había quedado sin él.  Exige, en cambio, una preparación o espera constantes, pues en cualquier momento se puede producir su llamada.
Ahora podemos comprender el final: pasado el momento del encuentro, las puertas se cierran.  El detalle es cruel y hasta parece contradecir las parábolas de la misericordia.  Sin embargo, se trata de otra manera de subrayar que la vigilancia –para que sea tal-, o es constante, o de nada sirve.  En efecto, basta un descuido para que el enemigo entre a la ciudad, o se incendie un edificio o asalte un banco.  Quién vigila no puede permitirse el lujo de contar con varias oportunidades.  Lo que ha sucedido es de por sí irreparable, se podrá ser más previsor para otra cosa, pero en lo que se falló no hay posibilidad de marcha atrás.
El tiempo de la fe es un tiempo permanente  en la vida del hombre. No se puede ser religioso por horas o por días, o dejarlo para después o para el final de la vida.  ¿Por qué? Porque la fe es la aceptación de un Dios que llega para compartir nuestra vida.  Para eso tenemos este tiempo concreto de existencia, un tiempo que es totalmente nuestro, hasta el punto de que, por más que lo queramos, no lo podemos dividir ni compartir con otro.  La responsabilidad ante la llamada de Dios es cosa de cada uno.  Puedo compartir mi experiencia de fe con los otros, pero no mi responsabilidad ni mi respuesta.
No buscamos algo que está fuera o lejos  de nosotros. 
En realidad, se trata de buscarnos a nosotros mismos, de penetrar en nuestra interioridad, de vernos tal cual somos, de sentirnos un “yo” en lo que sentimos y hacemos. 
Se trata de abrir los ojos, pues Dios está en todo esto que estamos viviendo. 
Ahí está nuestra vigilancia, ésa es la luz de nuestra lámpara: aquí y ahora, en este país, en esta época de la humanidad, a través de los acontecimientos, en esta circunstancia dolorosa o feliz que nos toca vivir… a través de este llamado de vida, Dios se nos manifiesta y Dios nos exige un estilo de conducta evangélica. El buscarlo con sinceridad ya es poseerlo… Es una búsqueda intensa y serena…
Para reflexionar…
Salir a esperar-esperar sin claudicar-aceptar el ritmo de Dios y aprender a vivir despierto, vigilante.
Pbro. Daniel Silva.
Irradiando a Cristo
Oh, amado Jesús.
Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.             
Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.
¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús! Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú,  a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía;  serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.
Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti.                      Amén.
Oración que rezan las Misioneras de la caridad (de la Madre Teresa) después de la misa de cada día.
Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque tu eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tu eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que Yo pueda escuchar tu voz y seguirte.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía.
P. Pio
Lecturas de la Semana
Lunes 7: Gal.  4,4-7; Sal  Jdt; 13; Jn. 2, 1-11.
Martes 8:  Sb. 2, 23—3, 9;  Sal: 33; Lc. 17, 7-10.
Miércoles 9:  Ez. 47, 1- 2. 8-9. 12  Sal 45; 1Cor. 3, 9c-11. 16-17; Jn. 2. 13-22.
Jueves 10: Sb. 7, -22—8, 1;  Sal 118; Lc. 17, 20-25.
Viernes 11: Sb. 13, 1-9;  Sal  18;  Lc 17, 26-37.
Sábado 5: Sb. 18,14-16; 19, 6-9;  Sal 104; Lc. 18,1-8.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
 Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16   hs. en:       
                                                                                                                                                            Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.