Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Domingo de la Cuarta Semana de Adviento, “María, la Virgen de la Esperanza”


Lecturas del 18-12-11– Ciclo B –

2º libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.-16
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña.»           
Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo.»
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. 
Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel.
Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. 
Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.» 
Palabra de Dios.
Salmo 88 
R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,  mi fidelidad está afianzada en el cielo.»  R.
Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: «Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones.»  R.
El me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él.  R.
San Pablo a los cristianos de Roma 16, 25-27
Hermanos: ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado!
Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe.   
¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.  Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el Ángel se alejó.                                    Palabra del Señor. 

Reflexión:   
 María, la Virgen de la Esperanza


Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” es el saludo  del ángel.  “Alégrate/Salve era el saludo normal de aquella época en griego.  Es digno de resaltar, sin embargo, que la primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría.  Es lo que escucha María: Alégrate.
 El término “favorecida, llena de gracia, agraciada” y la expresión “Dios te ha concedido su favor” son equivalentes.  La elección de Dios es siempre una gracia, un don, algo que nos plenifica.  La elección de Dios no destruye ni nuestra libertad ni nuestro auténtico ser.
“El Señor está contigo” es una fórmula, usual en el AT y en Lucas, para indicar la elección y solicitud de Dios por un determinado personaje, y asegura el destinatario la ayuda permanente para que lleve a cabo una misión humanamente imposible.
El saludo no provoca temor alguno a María, sólo turbación por la magnitud de su contenido.  La turbación de María entra en el esquema de las anunciaciones, por tanto no tiene nada que ver con otro tipo de turbaciones.  La presencia de Dios es siempre portadora de alegría y de paz; de ahí la invitación del ángel: “Tranquilízate”.
Este saludo vale también para cada uno de nosotros, puesto que somos elegidos de Dios y llevamos con nosotros a Jesús resucitado.  Todo cristiano es, decían los Padres apostólicos “cristóforos” portadores de Cristo.
Jesús es descripto con los rasgos mesiánicos del AT “Será grande, Hijo de Dios, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará para siempre en la casa de Jacob, su reino no tendrá fin, lo llamarán Consagrado”  Lucas añade el título de Hijo de Dios para describir la relación misteriosa que lo une al Padre.  Una relación que, según san Lucas, existe desde su nacimiento por obra del Espíritu Santo.
“Ser hijo” no significa solamente haber sido engendrado por su padre, sino, sobre todo, heredar la tradición que éste transmite y tener el padre por modelo de comportamiento.  Así pues, no será David el referente de Jesús; su mensaje vendrá directamente de Dios, su Padre. En Jesús, cuyo nombre significa “Salvador”, “Dios salva”. Dios cumple sus promesas, pero de una forma completamente nueva.  Dios es infinitamente mejor que lo que nos creemos.  Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en la bondad y la ternura de Dios.  Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios encarnado, que se nos ofrece como niño débil e indefenso, irradiando sólo paz y alegría.
Tras la pregunta de María, el ángel explica el misterio de la concepción.  El Espíritu Santo bajará sobre Ella. Se da así el comienzo de una humanidad nueva. Isabel, una anciana estéril, ha concebido un hijo y ya está de seis meses.  Se trata de una señal que aparece frecuentemente en el AT.  Expresa la protección de Dios hacia los débiles, más en concreto, la liberación de la vergüenza y marginación que suponía en aquella sociedad la esterilidad.
María da su consentimiento: “Aquí está la esclava  del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”.
La palabra “sierva, esclava” significa pertenencia a Dios.  Esta condición se expresa en la disponibilidad, en la aceptación de su voluntad.  La Palabra de Dios es un don, y éste debe ser acogido por la libertad humana.  María nos enseña a estar abiertos a la novedad y utopía de Dios.  Pero la pequeñez y la humildad de María no le impiden entablar un dialogo con el enviado de Dios.  Ella no se limita a escuchar y aceptar el anuncio, su fe es un acto libre, por ello inquiere, desea saber cómo sucederá lo que le es comunicado.  La fuerza del espíritu suscita en ella una participación activa, es la colaboración de alguien que se sabe en manos de Dios.  El sí a su maternidad nos comunica al Mesías. María ocupa, de este modo, su lugar en la historia de la salvación.  La encarnación es fruto de la fuerza del espíritu y de la disponibilidad de María.
Gestos, signos e imágenes para orar:
·       Un ícono.  Poner en el lugar de oración un ícono o imagen de María.
·       La casa. Dios ha encontrado una buena casa, nosotros mismos.
·       Hacer un panel de buenas noticias. Con recortes de prensa y revistas, con lo visto y      escuchado en los medios de comunicación.
·       Tiempo de encuentro, como lo fue el ángel con María, porque orar es aprender a crear espacio y tiempo para Dios.
·       Tiempo para dejarse arar. Vivir a la sombra del Espíritu, dejarse conducir, guiar, llevar, también llenar y fecundar.
·       Decir sí, “fíat”, hágase”, a Dios, a la vida, a la solidaridad, a la fraternidad, a la justicia.
·       Contemplar a Jesús y contemplar a María.  La contemplación del misterio de Jesús. Somos cristóforos,portadores de Cristo.  Llevamos dentro de nosotros el misterio de Dios.  Nuestra vida, nuestros hechos y actitudes pueden ser tan transparentes que, a través de ellos, los demás vean a Dios, o pueden ser tan opacos que no dejen traslucir rasgo ni señal de Dios.

Padre Daniel Silva.
Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Queridos hermanos y hermanas: 
Una de las fiestas de la santísima Virgen más bellas y populares: es la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que fue preservada incluso de la herencia común del género humano que es la culpa original, por la misión a la que Dios la destinó desde siempre: ser la Madre del Redentor.
Todo esto está contenido en la verdad de fe de la "Inmaculada Concepción". El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el ángel dirigió a la joven de Nazaret:  "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28).
"Llena de gracia" —en el original griego kecharitoméne— es el nombre más hermoso de María, un nombre que le dio Dios mismo para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, "el amor encarnado de Dios" (Deus caritas est, 12).
Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres Dios escogió precisamente a María de Nazaret? La respuesta está oculta en el misterio insondable de la voluntad divina. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio pone de relieve: su humildad.
Lo subraya bien Dante Alighieri en el último canto del "Paraíso":  "Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y más alta de todas las criaturas, término fijo del designio eterno" (Paraíso XXXIII, 1-3).
Lo dice la Virgen misma en el Magníficat, su cántico de alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, (...) porque ha mirado la humildad de su esclava" (Lc 1, 46. 48). Sí, Dios quedó prendado de la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (cf. Lc 1, 30). Así llegó a ser la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla a toda la familia humana.
Esta "bendición" es Jesucristo. Él es la fuente de la gracia, de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo donó al mundo. Esta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y donarlo al mundo "para que el mundo se salve por él" (Jn 3, 17).
Queridos hermanos y hermanas, la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador.
Mientras salimos al encuentro de Dios que viene, miramos a María que "brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino" (Lumen gentium, 68).
Benedicto XVI, Ángelus, 8 de diciembre de 2006
Avisos parroquiales
El domingo 25 de diciembre será la última misa a las 11:30. Los días domingos habrá misa a las 10 y 19 hs. A partir del 31 de diciembre la misa del sábado será a las 19 hs.
Lecturas de la Semana
Lunes 19:  Jc.  13, 2-7. 24- 25a;  Sal  70;  Lc. 1, 5-25.
Martes 20:  Is. 7, 10-14;  Sal.  23; Lc. 1, 26-38.
Miércoles 21:  Sof. 3, 14- 18a; Sal. 32; Lc. 1, 39-45.
Jueves 22:  1Sam.  1, 19b-20. 24-28;  Sal 1Sam 2, 1. 4-8d; Lc. 1, 46-56.
Viernes 23: Mal.  3, 1-4. 23-24;  Sal  24;  Lc. 1, 57-66.
Sábado 172Sam. 7, 1-5. 8b-12. 14ª. 16; Sal 88; Lc. 1, 67-79.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
  

jueves, 8 de diciembre de 2011

Domingo de la Tercer Semana de Adviento, “… en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen”


Lecturas del 11-12-11– Ciclo B –

  

Libro del profeta Isaías 61, 1-2a. 10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor.    
Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas. 
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.  Palabra de Dios.

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54

R. Mi alma se regocija en mi Dios.

Mi alma canta la grandeza del Señor,  y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,  porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.  En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.  R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.  R.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.  Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.  R.
  
carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 16-24
Hermanos: Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.
No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno.
Cuídense del mal en todas sus formas. 
Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará.   
Palabra de Dios.

 Santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. 
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: « ¿Quién eres tú?» El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías.»  «¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: « ¿Eres Elías?» Juan dijo: «No.» 
 « ¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió. 
 Ellos insistieron: « ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.» 
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: « ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» 
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.» 
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor.
  
Reflexión    

«Vino para dar testimonio de la luz».

El evangelio de hoy nos muestra un ambiente con un pueblo  con expectativa por el Mesías y además donde Juan aparece como una figura rodeada de un prestigio extraordinario; prueba de ello es que las autoridades judías mandan a Betania, desde Jerusalén, a sacerdotes y levitas, que eran personajes calificados, a preguntarle a Juan si él es el Mesías. Niega ser el Mesías,  se presenta como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías y  a continuación comienza a darse a conocer, hablando de Jesucristo, alabándolo entusiastamente. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres el mesías, entonces ¿por qué bautizas?  

Para encontrar la respuesta vamos a meditar la afirmación con la cual comienza el Evangelio de hoy: «Hubo un hombre, enviado por Dios: su nombre era Juan».

(1)Si consideramos de cerca esta misión hay algo insólito: «Vino para dar testimonio de la luz». ¿Qué significa? ¿Es que la luz puede ser oscura? ¿Es que necesita ser iluminada por otro? La luz, cuando se presenta, ella da testimonio de sí misma. La luz no necesita del testimonio de otro. Podría parecer entonces que Juan mismo era la luz. El Evangelio se adelanta a negarlo: «No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz». Reafirma lo dicho y nuestra perplejidad permanece.   Tiene una misión en el plan de salvación que Dios quiere poner en ejecución. Según el estilo característico del IV Evangelio, va diciendo en sucesivas oleadas cuál es esa misión: «Vino para un testimonio – para dar testimonio de la luz – para que todos creyeran por él». Lo más notable de este hombre es que ha sido enviado por Dios.
Estamos obligados a leer la frase siguiente: «Estaba viniendo al mundo la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció». El evangelista usa una metáfora que es imposible imaginar; es inútil intentarlo: la luz estaba en el mundo, pero el mundo no la conoció. Con toda intención el evangelista pasa del ámbito de lo visivo –la luz- al ámbito de lo cognoscitivo: dice «no la conoció», donde se la esperaba, «no la vio». Es que trata de expresar un misterio, el misterio de Cristo: Cristo está en toda la creación, su belleza lo llena todo; pero permanece desconocido de muchos.
Es lo que afirma San Pablo: «Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra... todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia» (Col 1,15-17). En realidad, Cristo está en el mundo, pero el mundo no lo conoce. Necesita el testimonio de Juan.

Juan dio testimonio: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno a quien no conocen, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». El testimonio de Juan se desarrolló en dos momentos. En un primer momento afirmó que Cristo ya estaba en el mundo, aunque nadie sabía indicarlo. En un segundo momento él lo señaló y dijo quién era: «El que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios» (Jn 1,3-34). Juan es el más grande de los profetas -«más que un profeta», según la definición de Jesús (Mt 11,9; Lc. 7,26)- porque indicó a Cristo presente en el mundo.

Los Padres de la Iglesia (santos doctores de los primeros siglos) afirman que es triple la venida de Cristo. La primera ocurrió cuando él nació pobre y desconocido en el pesebre de Belén y desarrolló su ministerio en esas tierras de la Palestina; la tercera ocurrirá cuando él venga en la gloria a juzgar a vivos y muertos y sea visto por todos como el relámpago que atraviesa el cielo de un extremo al otro; la venida intermedia es la que está teniendo lugar ahora, en cada momento. El tiempo del Adviento consiste en adoptar la actitud que nos permita reconocerlo presente en el mundo y acogerlo conduciendo una vida coherente con su enseñanza.
Que no ocurra lo que la humanidad nunca dejará de lamentar: «Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron» (Jn 1,11). ¿Cuál es la suerte de quienes lo acogen en sus vidas? «A todos los que lo acogieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,12).

(2)La fe cristiana ha nacido del encuentro sorprendente que ha vivido un grupo de hombres y mujeres con Jesús. Todo comienza cuando estos discípulos y discípulas se ponen en contacto con él y experimentan “la cercanía salvadora de Dios”. Esa experiencia liberadora, transformadora y humanizadora que viven con Jesús, es la que ha desencadenado todo.
Su fe se despierta en medio de dudas, incertidumbres y malentendidos mientras lo siguen por los caminos de Galilea. Queda herida por la cobardía y la negación cuando es ejecutado en la cruz. Se reafirma y vuelve contagiosa cuando lo experimentan lleno de vida después de su muerte.
Por eso, si a lo largo de los años, no se contagia y se transmite esta experiencia de unas generaciones a otras, se introduce en la historia del cristianismo una ruptura trágica. Los obispos y presbíteros siguen predicando el mensaje cristiano. Los teólogos escriben sus estudios teológicos. Los pastores administran los sacramentos. Pero, si no hay testigos capaces de contagiar algo de lo que se vivió al comienzo con Jesús, falta lo esencial, lo único que puede mantener viva la fe en él.
En nuestras comunidades estamos necesitados de estos testigos de Jesús. La figura del Bautista, abriéndole camino en medio del pueblo judío, nos anima a despertar hoy en la Iglesia esta vocación tan necesaria. En medio de la oscuridad de nuestros tiempos, necesitamos «testigos de la luz».
Necesitamos creyentes que despierten el deseo de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos que, con su experiencia personal, su espíritu y su palabra, faciliten el encuentro con él. Seguidores que lo rescaten del olvido y de la relegación para hacerlo más visible entre nosotros.
Testigos humildes que, al estilo del Bautista, no se atribuyan ninguna función que centre la atención en su persona robándole protagonismo a Jesús. Seguidores que no lo suplanten ni lo eclipsen. Cristianos sostenidos y animados por él, que dejan entrever tras sus gestos y sus palabras la presencia inconfundible de Jesús vivo en medio de nosotros.
Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos. Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad el testigo no tiene la palabra. Es solo «una voz» que anima a todos a «allanar» el camino que nos puede llevar a él. La fe de nuestras comunidades se sostiene también hoy en la experiencia de esos testigos humildes y sencillos que en medio de tanto desaliento y desconcierto ponen luz pues nos ayudan con su vida a sentir la cercanía de Jesús.


“Estemos siempre alegres”

En la liturgia de la Misa, San Pablo nos exhorta a estar siempre alegres y nos dice que esto el lo que Dios quiere de nosotros. El Apóstol en otros pasajes del Evangelio nos da la clave para entender el origen de nuestras tristezas: nuestro alejamiento de Dios. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera del que lleva a Dios, al final sólo se halla infelicidad y tristeza. La experiencia de todos lo que, de una forma u otra, volvieron la cara hacia otro lado (donde no estaba Dios), ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. Encontrar a Cristo, y volverlo a encontrar, genera una alegría profunda siempre nueva. La alegría es tener a Jesús, la tristeza es perderlo.

El cristiano es un hombre esencialmente alegre. Sin embargo, la nuestra no es una alegría cualquiera, es la alegría de Cristo, que trae la justicia y la paz, y sólo Él puede darla y conservarla, porque el mundo no posee su secreto.
El cristiano lleva su gozo en sí mismo, porque encuentra a Dios en su alma en gracia. Esta es la fuente permanente de su alegría. Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. No hay tristeza que Él no pueda curar: no temas, ten sólo fe (Lucas 8, 50), nos dice el Señor. Nos dirigimos a Él en un diálogo íntimo y profundo ante el Sagrario, y en cuanto abramos nuestra alma en la Confesión encontraremos la fuente de la alegría. Nuestro agradecimiento se manifestará en mayor fe y en una esperanza que alejen toda tristeza, y en preocupación por los demás.
Un alma triste está a merced de muchas tentaciones. La tristeza nace del egoísmo, de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia en el trabajo, de la falta de mortificación, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios. Para poder conocer a Cristo, poder servirle, y darlo a conocer a los demás, es imprescindible no andar excesivamente preocupados por nosotros mismos. Solamente así, con el corazón puesto en Cristo, podemos recuperar la alegría, si la hubiéramos perdido.
Misión del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios, para ello preparemos la Navidad junto a María y en nuestro ambiente fomentando un clima de paz cristiana, brindando muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, nuestra alegría se las dará. 


Lecturas de la Semana

Lunes 12:  Is.  7. 10-14; 8. 10;  Sal  6;  Lc. 1, 39-48.
Martes 13:  Sf. 3, 1-2. 9-13;  Sal.  33; Mt. 21, 28-32.
Miércoles 14:  Is. 45, 6b-8. 18. 21b-25; Sal. 84; Lc. 7, 19-23.
Jueves 15:  Is. 54, 1-10;  Sal 29; Lc. 7, 24-30.
Viernes 16: Is.  56, 1-3ª. 6-8;  Sal  66;  Jn. 5, 33-36.
Sábado 17: Gn. 49-1-2. 8-10; Sal 71; Mt. 1, 1-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles – Chile (2) Eclesalia: José A Pagola.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Domingo de la Segunda Semana de Adviento, “Preparen el camino del Señor…”


Lecturas del 4-12-11– Ciclo B –

Libro del profeta Isaías 40, 1-5. 9-11
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!                
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.      
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: « ¡Aquí está tu Dios!» Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.  Palabra de Dios.

Salmo 84
 R. Muéstranos, Señor, tu misericordia,  y danos tu salvación.
Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz,  la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R. 
El  Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra 
y la Justicia mirará desde el cielo.  R. 
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, 
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R. 
Segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14
Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.        
Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. 
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.              
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.            
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»          Palabra del Señor.
Reflexión:
Después de varios siglos en que se habían silenciado los profetas, de repente en el desierto una voz resuena, anunciando que ya viene aquél que es verdaderamente el Evangelio de Dios, la buena noticia del Padre y que por medio del bautismo en el Espíritu Santo ofrece el don de su perdón y la comunión con Dios a todos los que saben esperarlo y recibirlo. En Jesús se realiza este encuentro salvífico, ¡el gran acontecimiento de la historia!
¡Prepararemos la venida del Señor!
Cuando leemos el Evangelio de hoy nos percatamos que la venida del Hijo de Dios al mundo había sido preparada por la historia de la salvación y finalmente por san Juan Bautista.
¿Por qué prepararnos? El Evangelio de Marcos está todo orientado hacia la confesión de fe, uno de sus hilos conductores más importantes es la cuestión: ¿Quién es Jesús?  Ya desde de las primeras líneas se empieza a responder.  
Marcos anuncia el comienzo de una “Buena Noticia” (= Evangelio). La expresión “Buena Noticia”, es importante no sólo porque nos señala el carácter de mensaje, de anuncio que caracteriza la obra, sino también porque nos señala cuál es el ambiente dominante en el camino de Jesús.  Lo que va a suceder es realmente “bueno”, “bello”, “encantador” e inspira una atmósfera de gozo.
El contenido de la Buena Noticia es una persona, Jesús, quien es al mismo tiempo el proclamador de ella. El tema central es la acción de Dios que transforma las situaciones negativas del hombre y lo atrae hacia su proyecto salvífico. Enseguida Marcos nos presenta dos confesiones de fe, las más importantes del Evangelio: Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Sin embargo nos reserva alguna sorpresa:
Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.
Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la segunda sorpresa.
La voz de la Escritura: Jesús es el Señor de los caminos: Marcos a través de dos citas bíblicas, que ha tomado las actualiza en la persona de Juan Bautista, (Malaquías 3,1 e Isaías 40,3) evoca la voz ya extinta de los profetas y se centra en la persona de Jesús, es él quien realizará el camino del Dios en la historia, él es el Señor.
La voz de Juan Bautista, el mensajero de los nuevos tiempos: Es Dios mismo quien le da la Palabra a Juan convirtiéndose en “la voz que clama (que grita) en el desierto” y el contenido de su anuncio es:
• La efectiva preparación del “camino del Señor” mediante el bautismo de conversión.
• La presentación de la persona de Jesús, el que ya está a punto de comenzar a recorrer su camino.
El profeta de los nuevos tiempos habla aquí por única vez en todo el Evangelio y sus palabras son precisas y claras. Todas ellas apuntan a una sola pregunta:
¿Quién es Jesús de Nazaret?
Destaquemos brevemente los tres rasgos que caracterizan a Jesús según la voz del profeta:
(1) “Detrás de mí vendrá...” Jesús es el que viene recorriendo un camino que parte de Dios y que conduce a Dios; Jesús es Dios que viene al encuentro de los hombres y solicita la apertura del corazón para acoger su llegada.
Probablemente la expresión tenga un sentido todavía más profundo si la releemos desde la profecía de Daniel 7,13: “He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo del Hombre” (profecía que el mismo Jesús citará en la pasión para confesar su identidad: “veréis al Hijo del Hombre... venir...”, Mc 14,62).
La profecía presenta a Jesús como Juez escatológico, aquél con quien todo hombre tendrá que confrontarse porque es Él el modelo, el paradigma del hombre. Pero también la idea es presentarnos a un Jesús siempre en movimiento (como de hecho sucede a lo largo del Evangelio: rara vez se sienta), expresando así la cercanía de Dios al hombre.
En la introducción del Evangelio se presenta solemnemente esta venida:
• La primera vez que Jesús entra en escena se usa el verbo “venir”: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea” (1,9).
• Luego, después de las tentaciones, se insiste en que Jesús es el que “viene”: “Después que Juan fue entregado vino Jesús a Galilea” (1,14).
(2) “El que es más fuerte que yo”.  Jesús es el más fuerte. 
Inicialmente la frase podría ser entendida como que Jesús es un profeta más poderoso que Juan.  Sin embargo dentro del mismo Evangelio se nos da la pista: el fuerte es Satanás, el poder el mal que impide la realización del hombre, desdibujando su rostro y arrastrando en contravía el proyecto creador y salvífico de Dios para la humanidad. 
Si bien Satanás es el fuerte, con un poder que todos de hecho experimentamos aunque no lo personalicemos de esa manera, Jesús es el más fuerte: su poder es capaz de someter al que somete al hombre. Ante el pecado y todas las fuerzas del mal que experimentamos en la historia ha brotado una esperanza. Para esto ha venido Jesús:
• El primer milagro que Jesús realiza en el Evangelio es un exorcismo (ver 1,21-28).  Donde su primera enseñanza que es que ha venido a destruir el mal: “Un hombre poseído por un espíritu inmundo... se puso a gritar: ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?” (1,23-24). Y Jesús puede más que el mal, tiene autoridad sobre él (ver 1,25-27).    
• En la controversia en la cual Jesús es acusado de ser un endemoniado, su respuesta es tan lógica como contundente: “Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte” (3,27). Y eso es precisamente lo que Jesús realiza a través de sus numerosos signos en el Evangelio.
Ante la extraordinaria grandeza de Jesús, a Juan no le queda más que declarar su pequeñez: “yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.
(3) “Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. 
Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo. La contraposición entre Juan y Jesús ahora es más clara, con todo ello se pretende que descubramos la grandeza de la misión de Jesús.
El bautismo de Juan aparece como un bautismo cuya finalidad es sellar y validar ante Dios la actitud de conversión de los pecados de aquellos que abrieron su corazón ante el mensaje.
Ahora, el bautismo de Jesús, que no es un rito sino la experiencia del camino, completa lo que le falta al de Juan: el perdón de los pecados.  Ese es el sentido de la expresión “bautizar” (=sumergir) “con Espíritu Santo” (=en la realidad de Dios mismo), indica que en ella se ha eliminado la barrera que separaba al hombre con Dios y que ambos viven ahora una perfecta comunión. Es en esta unión que el hombre crece y madura para la vida nueva en Dios. Dios desea perdonar todos los pecados y ninguno supera su poder (El es “el más fuerte”).
El mismo Espíritu que “impulsó a Jesús al desierto”, impulsa también a cada hombre que se hace discípulo por los caminos de Dios trazados por el ministerio terreno de Jesús de Nazaret.
La Buena Noticia de Dios.(1)
Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que “el tiempo se ha cumplido”. Con él llega la Buena Noticia de Dios.
Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.
Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.
Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Aviso Parroquial:
Jueves 8 de Diciembre: Celebramos La Inmaculada Concepción de la Virgen María,
Ø  Misas 10 y 19 hs
Lecturas de la Semana
Lunes 5:  Is.  35,1-10 Sal  84;  Lc. 5, 17-26.
Martes 6:  Is. 40, 1-11;  Sal.  95; Mt. 18, 12-14.
Miércoles 7:  Is. 40, 25-31; Sal. 102; Mt. 11, 28-30.
Jueves 8:  Gn. 3, 9-15. 20;  Sal 97; Ef. 1, 3-6. 11-12; Lc. 1, 26-38.
Viernes 9: Is.  48, 17-19;  Sal  1;  Mt. 11, 16-19.
Sábado 10: Ecl. 48-1-4. 9-11; Sal 79; Mt. 17,  10-13.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM (1) Eclesalia: José A Pagola.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.