¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
domingo, 14 de febrero de 2010
Sexto Domingo durante el Año, “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!”
Lectura libro del profeta Jeremías 17, 5-8
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Palabra de Dios.
Salmo 1
R. ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!
¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.
No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal. R.
Primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 15, 12. 16-20
Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Palabra de Dios.
Evangelio según San Lucas 6, 12-13, 17. 20-26
En aquel tiempo, Jesús se retiró para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ello, a los que dio el nombre de Apóstoles. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: « ¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!» Palabra del Señor.
Reflexión
Las lecturas de este domingo nos proclaman y nos llevan a reflexionar sobre como ser dichosos, ser felices, ser benditos, ser bendecidos, ser bienaventurados…
El texto de Jeremías presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entones, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.
En la primera parte del Evangelio es interesante destacar como el Señor ora intensamente antes de tomar las grandes decisiones de su ministerio. Tiene que elegir a sus colaboradores más directos, a los Apóstoles… Entonces se pasa toda la noche en oración, hablando con Dios, su Padre.
En la segunda parte percibimos que en la llanura hay muchas personas. Algunos han llegado de Judea y de Jerusalén. Otros, incluso, llegados de Tiro y Sidón que son dos ciudades paganas. Es una gran multitud que “representa” a todos.
En la tercera parte las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.
La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).
¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.
La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino.
Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz.
En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano.
El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.
La vida moral, los mandamientos, las exigencias del evangelio no son “una carga”, no son una imposición para hacernos más pesada la vida… sino que son el camino a la bienaventuranza, a la bendición, a la dicha, a la verdadera felicidad…
Lo llamativo es que esta felicidad, dicha y bendición se puede dar en las circunstancias más adversas para los hombres y las mujeres de todos los tiempos: los pobres (ver 20); los que pasan hambre y están tristes (ver 21); y los que son odiados y maltratados (vers 22).
¿Por qué es esto así? Porque la felicidad y la dicha verdadera están solo en Dios. Lamentablemente muchos buscan la felicidad al margen de Dios… y no la encuentran. Lo que encuentran es una “felicidad aparente”, o un “espejo de la felicidad”, o una “caricatura de la felicidad”. Será algarabía exterior… será diversión… Pero no auténtica alegría cristiana. Lo sorprendente de la alegría y la felicidad cristiana es que pueda coexistir, y de hecho coexista con el dolor y el sufrimiento. En medio del dolor y el sufrimiento misteriosamente puedo ser feliz porque descubro que mi vida está en manos de Dios si me abro a Él. Ni la enfermedad, ni los poderes más oscuros del mal de nuestro mundo podrán dañar nuestra interioridad si nos abrimos a Dios y a su misterio que nos llama y nos da las fuerzas para ser bendecidos, dichosos, bienaventurados, gozosos, alegres y felices en el Señor.
No resulta difícil imaginarse la impresión de desconcierto y hasta de decepción, que estas palabras de Jesús pudieron causar entre quienes le escuchaban. El Señor acaba de formular el espíritu nuevo que había venido a traer a la tierra; un espíritu que constituía un cambio completo de valoraciones humanas como las de los fariseos, que veían en la felicidad en la tierra la bendición y premio de Dios, y en la infelicidad y desgracia, el castigo. Jesús propone otro camino. Exalta y beatifica la pobreza cristiana, la misericordia, y la humildad. Hoy en día vemos que continúa existiendo un desconcierto por el contraste que surge entre las penas que llevan consigo el camino de las bienaventuranzas, y la felicidad que promete Jesús.
El pensamiento fundamental que Jesús quería inculcar en sus oyentes era este: “sólo el servir a Dios hace al hombre feliz”. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, podemos decir como San Pablo: “Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones”. Y por el contrario, un hombre puede ser totalmente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en la posesión de todos los placeres de la tierra.
La última parte del evangelio tiene que ver con la perspectiva contraria que a lo que veíamos en el punto anterior: los ricos cómodos y tranquilos que no piensan en sus hermanos y no comparten (versículo 24); los que tienen mucho que comer y no se apiadan del hambriento (versículo 25); y los que ríen en su abundancia y no son solidarios con los que están tristes (versículo 25). Por no haber sido capaces de abrirse a Dios y a los hermanos no van a vivir la felicidad auténtica sino la eterna oscuridad de una vida sin Dios.
Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. A los unos les asegura que destruirá las estructuras de la injusticia, y a los otros les advierte que las riquezas traen consigo la muerte.
El reino significa una nueva sociedad; Dios bendice a los pobres, pero no la pobreza.
En su predicación el Señor no nos enseño a que debemos evitar los medios oportunos para curar el dolor, la enfermedad, la pobreza o la injusticia.
Pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros.
Nos muestran el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad humana que corresponde a su condición de persona. En una época en que tantas cosas empujan hacia la degradación personal, las Bienaventuranzas son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida.
Pidamos a María, nuestra Madre que nos guíe por el camino de las Bienaventuranzas, para que, con ella, siempre sigamos a Jesús
Avisos parroquiales
El miércoles 17 de febrero comienza la Cuaresma se impondrán las cenizas en la misa de las 19 hs. Es día de Ayuno y Abstinencia.
Preguntas para la meditación Qué me dice?
¿A qué me lleva hoy en mi vida la actitud de oración de Jesús en este texto?
¿Qué entiendo por “pobres de espíritu” en el sentido evangélico del término?
¿Me comprometo según mis posibilidades con el pobre, el hambriento y el triste y desalentado?
¿Qué actitudes concretas de compromiso estoy cultivando en este sentido?
En medio de las tristezas de la vida: ¿busco que el Señor sea la raíz de mi alegría?
Lecturas de la semana:
Lunes 15: Sant. 1, 1-11; Sal. 118; Mc. 8, 11-13-
Martes 16: Sant. 1, 12-18; Sal. 93; Mc. 8, 14-21.
Miércoles 17: Jl. 2, 12-18; Sal. 50; 2Cor. 5, 20-6,2
Jueves 18: Dt. 30, 15-20; Sal. 1, Lc. 9, 22-25.
Viernes 19: Is. 58, 1-9ª; Sal. 50; Mt. 9, 14-15
Sábado 20: Is. 58, 9b-14; Sal. 85; Lc. 5, 27-32.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
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sábado, 6 de febrero de 2010
Quinto Domingo durante el Año, «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»
Quinto Domingo durante el Año
«No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»
Lectura libro del profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo.
Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: Y uno gritaba hacia el otro: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria.»
Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.
Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!»
Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar.
El le hizo tocar mi boca, y dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado.»
Yo oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?» Yo respondí: «¡Aquí estoy: envíame!»
Palabra de Dios.
Salmo 137
R. Te cantaré en presencia de los ángeles, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles
y me postraré ante tu santo Templo. R.
Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R.
Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.
Tu derecha me salva. El Señor lo hará todo por mí. Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos! R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 1-11
Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.
Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes.» Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador.» El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
Reflexión
En las lecturas de hoy nos encontramos con una exhortación a la disponibilidad absoluta al llamado que Dios nos hace a través de la realidad en la cual estamos sumergidos.
El profeta Isaías se ofrece como mensajero de Dios, sin saber a qué ni a dónde lo van a mandar, también en el evangelio, Jesús llama a Pedro y le confía una misión.
En la primera lectura se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión del Señor, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en el nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.
En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro, en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente.
La vida de la zona oriental de Galilea se realizaba en función del lago que lleva el mismo nombre (llamado también de Tiberíades o de Genesaret). Allí Jesús enseña a la gente.
Al congregarse mucha gente el Señor decide usar una de las barcas que estaban a la orilla. Se sienta en la misma y desde allí realiza su proclamación del Reino. Una vez que se termina la enseñanza, Jesús le dice a Pedro, dueño de la barca, que la lleve mar adentro para pescar (literalmente: “navega mar adentro [o hacia lo hondo] y echa las redes”).
Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían sacado ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar...
Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia (“hemos pasado toda la noche”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos sacado nada”), y sin embargo Pedro le dirá que va a echar las redes… Literalmente le dice: “en tu Palabra echaré las redes”.
El obedecer la Palabra de Jesús trae resultados increíbles. Eran tantos los pescados que las redes estaban a punto de romperse. Y no sólo eso, llenaron dos barcas que parecían que se hundirían por la gran cantidad.
Pedro queda conmovido y conturbado por la sobreabundancia de la pesca que Jesús ha logrado. Se postra delante del Señor y hace confesión pública de su propio pecado. El asombro no solo es de Pedro sino que también de Santiago y Juan (y tal vez de Andrés que, aunque no se lo nombra, por los plurales que se utilizan podemos suponer que estaba en la barca).
Ante esta situación el Señor le dirá a Pedro que no tenga miedo porque Él lo convertirá en “pescador de hombres”. Los trabajadores llevarán las barcas a la orilla y dejando todo lo van a seguir al Señor. Dejaron esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios.
Hoy la Palabra de Dios nos invita a subir a la barca y echar las redes en nombre de Cristo Nuestra misión es extender el evangelio del Reino, aún con todos los riesgos que eso puede traer consigo
Cuando Pedro contempla la manifestación de Dios en esta pesca tan abundante, se postra a los pies de Jesús diciéndole: Aléjate de mi Señor porque soy un pecador. Cuando en nuestras vidas Dios se manifiesta, entonces experimentamos nuestra pequeñez, nuestro pecado. Sólo entonces el Señor invita a Pedro a seguirlo, Pedro experimentó su pequeñez, su humildad y entonces puede dejarlo todo y seguir al Señor.
Todos los cristianos navegamos en la barca de Pedro y estamos llamados a ser pescadores de hombres. Pero poco o nada vamos a conseguir sin la ayuda del Señor.
Para nosotros, ir mar adentro, implica dejar de lado nuestras ¨seguridades¨, dejar de lado nuestro ¨lugar¨, abrirnos a otros rumbos, que sólo el Señor va a ir señalándonos.
Para nosotros, también, igual que para Pedro y los suyos, Ir mar adentro, es un acto de fe, por eso nosotros tenemos que decirle a Jesús como Pedro: en tu nombre, Señor, echaremos las redes.
Preguntas para la meditación
¿Qué implica para mí hoy la frase: “navega mar adentro y echa las redes”? ¿Qué hay, hoy en el mar de mi vida?
¿Dónde veo hoy reflejada en mi vida y en la vida del mundo la sobreabundancia de la pesca milagrosa?
¿Miro la realidad desde esta perspectiva o me dejo aturdir solo por lo negativo?
¿Me asombra el poder del Señor?
¿Qué me evoca hoy la frase: “No tengas miedo”?
¿Cómo puedo asumir el compromiso de ser “pescador de hombres”?
Avisos parroquiales
El miércoles 17 de febrero comienza la Cuaresma se impondrán las cenizas en la misa de las 19 hs. Es día de Ayuno y Abstinencia.
Lecturas de la semana:
Lunes 8: 1Re. 8, 1-7.9-13; Sal. 131; Mc. 6-43-56.
Martes 9: 1Re. 8, 22-23.27-30; Sal. 83; Mc. 7, 1-13
Miércoles 10: 1Re. 10, 1-10; Sal. 36; Mc.7, 14-23.
Jueves 11: 1 Re. 11, 4-13; Sal. 105; Mc. 7, 24-30.
Viernes 12: 1Re. 11, 29-32; Sal. 80; Mc. 7, 31-37.
Sábado 13: 1Re. 12, 26-32.. 13, 33-34; Sal. 105; Mc. 8, 1-10.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
sábado, 30 de enero de 2010
Cuarto Domingo durante el Año C, « ¿No es este el hijo de José?»
Libro del profeta Jeremías 1, 4-5. 17-19
En tiempos del rey Josías, la palabra del Señor llegó a mí en estos términos: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones. En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos. Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país. Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor- .» Palabra de Dios.
SALMO 70
R. Mi boca anunciará tu salvación, Señor.
Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme! Por tu justicia, líbrame y rescátame, inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.
Sé para mí una roca protectora, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.
Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector. R.
Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación, Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.
Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 31-13, 13
Hermanos:
Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según San Lucas 4, 21-30
Jesús, en la sinagoga, dijo: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.» Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?»
Pero él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, cúrate a ti mismo". Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm.» Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.» Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del Señor.
Reflexión
En la sinagoga de Nazaret
La incómoda misión de los profetas
Ningún profeta es bien recibido en su tierra. Jesús es el Profeta y corre la misma suerte que los profetas menores que le han precedido y que otros que le siguen. ¿Qué pasó realmente en la sinagoga de su pueblo?
Nazaret es hoy un monumento histórico con su ampliación nueva su casco antiguo. Ningún peregrino a Tierra Santa puede prescindir de la visita al pueblo de Jesús. En su tiempo nada llamaba la atención, era un pueblo sin notoriedad ni historia. Allá volvió Jesús y entró en la sinagoga. Después de la lectura se acercó para hacer la homilía y estuvo muy bien. No habló para halagar. Provocó entusiasmo… pero la cosa no quedó ahí. El es siempre signo de contradicción. Se dividieron opiniones y actitudes y todo terminó en violencia: empiezan por desprestigiarle por su origen sencillo y terminan queriendo arrojarlo montaña abajo.
No se prestó a deleitar con palabras ni a distraer con espectáculo. Su mensaje quería llegar a los corazones provocando reflexión y sacando consecuencias. Cuando las consecuencias son incómodas se prefiere no seguir oyendo. Oír obliga a comprometerse, y el que no está dispuesto a comprometerse prefiere no oír. Siempre sucede así.
Jesús quiere provocar una reacción citando dos ejemplos del Antiguo Testamento: Elías fue enviado a una viuda de Sarepta y Eliseo a Amán, el leproso sirio, a pesar de que había muchas viudas y leprosos en tierra de Israel. Y cambiaron de vida.
A los nazarenos les pasó los que tantos que oyen la predicación del Evangelio, admiran, reflexionan y quedan perplejos: ¡Algo debería cambiar! Pero no se deciden y acallan la voz de la conciencia desprestigiando al mensajero: cuando faltan argumentos se acude al insulto. Al que obliga a someter a revisión nuestras costumbres se le puede objetar con desprecio: ¿no es éste el hijo del carpintero?
No pasó más. Jesús se abrió paso entre los que querían despeñarle y se alejó de ellos, en busca de mentes mejor dispuestas, cumpliendo Él mismo el consejo que dará más tarde: "sacudan el polvo de las sandalias y marcharse a otra parte” (Mt. 10, 14).
Cuando Pablo y Bernabé predicaban en Antioquía, eran muchos los que abandonaban los errores y se hacían bautizar. Pero unos judíos se oponían a la evangelización. Pablo y Bernabé dijeron: “A Uds. les debíamos anunciar primero la Palabra de Dios, pero como la rechazan y juzgan indignos de la vida eterna, nos volveremos a los paganos… Y sacudiendo el polvo de sus pies contra ellos, se dirigieron a Iconio, donde los paganos recibieron el mensaje de Dios” (Hch. 13, 46-47).
¿Qué mensaje se nos anuncia?
El que se decide a anunciar la Palabra de Dios debe persuadirse de que ha de pasar alternativamente por momentos de euforia y de aislamiento, quizás de calumnia y persecución.
Decir la verdad simple y pura no significa cambiar automáticamente los corazones porque no todos están dispuestos a abrir oídos y corazones a la voz de la verdad. Equivale a nadar contra la corriente, a decir verdades ásperas que molestan y el que se siente molestado reacciona atacando. Decir la verdad es enfrentarse con el error y con la comodidad, porque incluso los que quieren oír la Palabra de Dios no siempre están dispuestos a aceptar esa palabra y sus consecuencias. Y el que habla de Dios debe empezar enfrentándose consigo mismo contrastando la verdad de la palabra con el posible error de sus obras.
Tal es la suerte de los profetas que anuncian algo con sus palabras y sus obras. De algunos sacerdotes se dice: como persona, hasta el fin de mundo, con sus ideas, nada. También puede darse lo contrario: el rechazo de la persona puede nacer de su carácter “sagrado”.
Misión profética
Supone siempre desarraigo. Jeremías recibe el encargo de ir a predicar a las gentes que no conoce. Elías y Eliseo sólo triunfaron en el extranjero. Así es la Palabra de Dios: empuja a salir del propio yo, ir lejos, desarraigarse de sus costumbres, superarse a sí mismo… Se es profeta no para sí sino para otros. El profetismo es un carisma, don del Espíritu, a favor principalmente de los demás con preferencia al mismo profeta. Este puede encontrarse en situación incómoda: rechazo por parte de los profetizados y desprestigio por parte de los suyos.
Jesús es signo de contradicción incluso entre los miembros de una misma familia, donde habrá divisiones por causa de Él. Por eso, quizás, no son tantos los que optan por hablar de Dios, prefieren discutir sobre las cosas de Dios o, simplemente, callar.
La libertad de expresión en una sociedad democrática saca a luz todos los temas, el religioso también. En esa temática abundan, demasiado, las publicaciones críticas de la acción de la Iglesia, sus obispos y sacerdotes… y menos de los comportamientos cristianos que se derivan de una religión viva en cuanto a tal. Se oyen disertaciones críticas o planificaciones que vivencias personales que hacen creíble la palabra. Hay excesivo pudor en hablar de vivencias religiosas o, quizá, lo que hay es un gran vacío. Y es motivo de reflexión.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios.
Para reflexionar:
¡Vemos a Dios en los márgenes de nuestra sociedad?¿Dónde Dios se nos revela?
¿Vemos como Dios, más allá de las apariencias?
En Nazaret se encontraron frente a frente dos maneras de entender a Dios y su acción en la historia, de entender la fe y la religión.
¿El Espíritu logra cambiarnos a cada uno y cambiar las estructuras?
P. Daniel Silva
Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz."
Lecturas de la semana:
Lunes 1: 2Sam. 15, 13-14-30.16, 5-13; Sal. 3; Mc. 5-1-20.
Martes 2: Mal- 3, 1-4; Sal. 23; Heb. 2, 14-18; Lc. 2, 22-40
Miércoles 3: 2 Sam.24, 2.9-17; Sal. 31; Mt.6, 1-6.
Jueves 4: 1 Re. 2, 1-4, 10-12; Sal. 1Cr. 29, 10-12; Mc. 6, 7-13.
Viernes 5: Ecl. 47, 2-13; Sal. 17; Mc. 6, 14-29.
Sábado 6: 1Re. 3, 4-15; Sal. 118; Mc. 6, 30-34.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
domingo, 24 de enero de 2010
Tercer Domingo durante el Año, «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»
Lectura libro de Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10
El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes. Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.
Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.
Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»
Palabra de Dios.
Salmo 18
R. Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.
La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.
La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.
¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca, y lleguen hasta ti mis pensamientos, Señor, mi Roca y mi redentor! R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 12-14. 27
Hermanos: Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. Palabra de Dios.
Santo Evangelio san Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»
Palabra del Señor.
Reflexión:
COMIENZA EL MINISTERIO.
VISITA A NAZARET
El texto que hoy leemos recoge primero, el contenido del Evangelio según san Lucas, describe en general la actuación de Jesús en Galilea; y por último, narra de lo que le pasó a Jesús en una de las visitas a su pueblo natal, Nazaret.
Lucas quiere ayudar a los cristianos a descubrir y comprobar la firmeza de las enseñanzas en las que son instruidos. Para ello ofrece datos históricos y una buena reflexión creyente sobre la persona y obra de Jesús.
Nexo entre las lecturas
Tanto la Primera Lectura como el Evangelio hablan del libro de la Escritura. Esdras, lee el libro de la ley ante todo el pueblo. En la sinagoga, Jesús lee al profeta Isaías. Para dar vida a la Escritura y hacerla real, Dios puso en la Iglesia a los apóstoles, los profetas, los maestros, el don de lenguas, el don de interpretación, de modo que la Palabra de Dios sea viva, vivifique y permanezca para siempre.
La Escritura, libro de judaísmo. Tanto en el judaísmo como en el cristianismo y el islamismo son en cierta manera la religión del Libro. Los judíos tienen la Torah (Revelación de Dios en el AT), los cristianos el Evangelio (A y N Testamento), los musulmanes el Corán. Para un pío judío contemporáneo a Jesús dos eran los puntos de referencia religiosa; el Templo y la Torah; en ambos está el Señor con su amor misericordioso. En ambos dialoga Dios con el hombre como un amigo, ambos son caminos de salvación no sólo para los judíos sino para todas las naciones.
Jesús, el Libro y el cristiano
Jesús como buen judío escuchó y leyó la Torah escrita y oral. Está familiarizado con ella porque había sido educado y en ella se sentía reflejado, en virtud de la conciencia que tenía de sí mismo.
La sinagoga era el lugar de culto de los judíos, que no tenían Iglesias, sólo el Templo de Jerusalén. El culto en las sinagogas tenía estas partes: canto, proclamación de la fe, alabanza a Dios, lectura sagrada y comentada.
Este relato es fundamental para Lucas. Lo pone al comienzo de la actividad pública de Jesús para dejar bien en claro cuál es el proyecto que Jesús intenta llevar adelante: proyecto de liberación y fraternidad real.
En las palabras del libro del profeta Isaías, que lee, Jesús se ve fiel mente retratado, porque sobre Él está el Espíritu de Dios y porque se siente enviado a proclamar la buena noticia a los pobres y el año de amnistía de Dios.
Lucas ha elegido este hecho y lo ha puesto en primer momento, una síntesis de lo que va a ser el mensaje y vida de Jesús. Es una escena programática. En ella se nos dice que Jesús es el Ungido, el Mesías.
Se nos revela qué tipo de Mesías es: no Mesías político, sino Mesías para los pobres y de los pobres, que trae la liberación, la justicia, la amnistía y la salud a todos los necesitados y oprimidos, y con ellos, a toda la humanidad.
Con su aparición se cumplen las esperanzas de Israel. “Hoy se ha cumplido este pasaje”. Pero Nazaret-que representa aquí todo Israel- rechaza su predicación; ellos esperaban otro tipo de Mesías y buscan ventajas y prodigios, como los que dice que ha hecho en otras partes.
De nada vale la explicación del evangelista que pone en boca de Jesús que también en el AT muchos profetas fueron enviados a los paganos.
De nada valen, porque el sentimiento nacionalista les impide ver la universalidad del plan de Dios. Más bien lo consideran una provocación y, llenos de ira, intentan despeñarle –lo cual es un anuncio, desde el inicio, de su muerte. Pero la libertad de Jesús vence a sus enemigos, se abre paso para ellos y se aleja. Este versículo es una referencia clara de su resurrección y al triunfo de la evangelización que se abrió camino entre los paganos.
Jesús trae una salvación plena, integral.
Trae la gran promesa de Dios a su pueblo humillado y oprimido. Con esta manera de hablar en la sinagoga, Jesús nos revela el plan de Dios y su misión e identidad como Mesías. He aquí alguno de sus rasgos más significativos:
- La salvación de Dios va dirigida a la parte de la humanidad más desvalida y necesitada: los pobres, los oprimidos, los prisioneros, los ciegos.
- Es una liberación que alcanza la totalidad del ser humano y no sólo a su dimensión espiritual. Abarca tanto su aspecto material como espiritual, el social como el personal.
- Es una buena noticia, y no un castigo o venganza. Jesús anuncia un “año de gracia”. El Evangelio no es algo sobrenatural y privado, ajeno a los problemas sociales, políticos, económicos, culturales. La salvación de Jesús es para toda la dimensión del hombre.
- Es una buena noticia para todos, no sólo para el pueblo elegido, sino que tiene un carácter universalista. Cuando los de cerca, los de casa, rechazan a Jesús, lo admiten los de lejos. Dicho de otro modo, Jesús no tiene patria. Nosotros, en cambio, pretendemos secuestrarlo, como si fuera nuestro; o rechazarlo, porque no coincide con nuestras expectativas o nos provoca. Entonces Jesús se abre paso entre nosotros y se nos escapa. El “pueblo de Dios” no es aquel en el que nosotros nos situamos, sino donde El está.
Por eso es Buena Noticia, para hoy. Las diferentes situaciones humanas enunciadas-pobreza, cautividad, ceguera, opresión aparecen como expresión de muerte. Anunciar a los pobres la Buena Noticia es la historia nueva que Jesús anuncia que como ellos, tiene que ser nuestro eje de nuestra vida para liberarnos tanto material como espiritual, ayer y hoy y poder proclamar el año de gracia del Señor en toda nuestra vida.
Llevar adelante un proyecto liberador como el de Jesús sólo es posible con la fuerza del Espíritu; no sólo porque somos débiles sino porque las fuerzas del enemigo quiere vencernos y sólo se lo combate con la fuerza del Espíritu.
P. Daniel Silva
Reflexionamos
La Palabra de Dios:
¿Es el centro de mi vida?
¿La medito asiduamente?
¿La pongo en práctica como buen discípulo de Jesús?
¿La predico como anuncio la Buena Noticia de Jesús
Lecturas de la semana:
Lunes 25: Hch. 22, 3-16; Sal. 116; Mc. 16, 15-18.
Martes 26: Tit. 1, 1-5; Sal. 95; Mc. 4, 1-20
Miércoles 27: 2 Sam.7, 4-17; Sal. 88; Mc.4, 1-20.
Jueves 28: 2 Sam. 7, 18-19, 24-29; Sal. 131; Mc. 4, 21-25.
Viernes 29: 2 Sam. 11, 1-4a. 5-10ª. 13-17. 27c; Sal. 50; Mc. 4, 26-34.
Sábado 30: 2 Sam. 12, 1-7a. 10-17; Sal. 50; Mc. 4, 35-41.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas: El libro del Pueblo de Dios.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
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lunes, 18 de enero de 2010
Segundo Domingo durante el Año, “Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él”
Lecturas del
Lectura del libro del profeta Isaías 62, 1-5
Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una antorcha encendida. Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor.
Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más «¡Abandonada!», ni dirán más a tu tierra «¡Devastada!» sino que te llamarán «Mi deleite», y a tu tierra «Desposada.»
Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios. Palabra de Dios.
Salmo 95
R. Anuncien las maravillas del Señor
entre los pueblos.
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre. R.
Día tras día, proclamen su victoria. Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.
Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor; aclamen la gloria del nombre del Señor. R.
Entren en sus atrios trayendo una ofrenda, adoren al Señor al manifestarse su santidad: ¡que toda la tierra tiemble ante él! R.
Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.» R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 4-11
Hermanos: Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas.
Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Juan 2, 1-11
Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»
Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
Palabra del Señor.
Reflexión
La vida de Jesús se desarrolló dentro del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.
Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de
Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de toda
El evangelista Juan no dice que Jesús hizo "milagros" o "prodigios". Él los llama "signos" porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.
Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa "transformación del agua en vino" se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.
Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas cuando éstas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.
El relato sugiere algo más, el milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente ausencia de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil.
Las tinajas son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús,. el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios.
Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.
San Juan, testigo del milagro, escribe que había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una, no eran vasijas para vino sino para agua, para las purificaciones.
El evangelio tiene interés en señalar el número y la capacidad de las vasijas para poner de manifiesto la generosidad del Señor, como hará también cuando narre el milagro de la multiplicación de los panes, pues una de las señales de la llegada del Mesías era la abundancia de bienes.
Estas vasijas habían quedado en gran parte vacías, pues las abluciones que tenían lugar al comienzo de los banquetes. Jesús mandó que las llenaran. Y San Juan nos dice que los sirvientes las llenaron hasta arriba. Jesús se dirigió a ellos y les dijo: “Saquen ahora, y lleven al encargado del banquete”.
Aquellos primeros discípulos, entre los que se encuentra San Juan, quedaron asombrados. El milagro sirvió para que dieran un paso adelante en su fe, que recién comenzaba. Jesús los confirmó en su entrega, como hace siempre con los que le siguen.
“Hagan todo lo que Él les diga”. Estas son las últimas palabras de Nuestra Señora en el evangelio. No podían haber sido mejores. Después de contemplar este primer milagro de Jesús, pidamos a María que seamos siempre fieles en el cumplimiento del mensaje que ella nos deja: “Hagan todo lo que Él les diga”.
Preguntas para la meditación:
Para tener presente: en sentido estricto, en el Evangelio según San Juan, los milagros de Jesús no son llamados “milagros” como en los otros evangelios sino “señales” o signos” milagrosos que, justamente, “señalan” o “significan” que Jesús es realmente el Mesías que debía venir al mundo.
El evangelio de Juan presenta la vida de Jesús como una progresiva sucesión de «señales» que él va entregando.
Su vida es donación de sí mismo como "señal":
¿Es así mi vida? ¿Soy señal para los demás, en medio de las realidades sencillas y diarias?
¿Qué implica para mí hoy que María me diga y nos diga: “Hagan todo lo que Jesús les diga”?
Oración
Oh Dios de todos los pueblos, que de muchas maneras te has comunicado desde siempre con
Para nosotros, ha sido Jesús la gran "señal" que nos ha permitido acceder a ti.
Te pedimos que abras nuestros ojos, ilumines nuestra mente, e inflames nuestro corazón, para que también nosotros seamos para los demás señal de amor y de alegría, de esperanza y de agradecimiento.
Hasta que un día nos reunamos todos los Pueblos en tu presencia, nuestro hogar definitivo, contigo, Tú que vives y haces vivir por los siglos de los siglos. Amén
Lecturas de la semana:
Lunes 18: 1 Sam. 15, 16-23; Sal. 49; Mc. 2, 18-22
Martes 19: 1 Sam. 16, 1-13; Sal. 88; Mc. 2, 23-28
Miércoles 20: 1 Sam.17, 1a.2a.4a.32.33-37.40-51; Sal. 143; Mc. 3, 1-6.
Jueves 21: 1 Sam. 18, 6-9; Sal. 55; Mc. 3, 7-12.
Viernes 22: 1 Sam. 24, 3-21; Sal. 56; Mc. 3, 13-19.
Sábado 23: 2 Sam. 1, 1-4. 11-12.17, 19.23-27; Sal. 79; Mc. 3, 20-21.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM. Eclesalia.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
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sábado, 9 de enero de 2010
“Tú eres mi Hijo muy querido…”
Lecturas del
Bautismo del Señor
Libro del profeta Isaías 40, 1-5. 9-11
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está su Dios!”.
Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.
Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz. Palabra de Dios.
Salmo 103
R. Bendice al Señor, alma mía,
qué grande eres!
¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz. Tú extendiste el cielo como un toldo. R
Construiste tu mansión sobre las aguas. Las nubes te sirven de carruaje y avanzas en alas del viento. Usas como mensajeros a los vientos, y a los relámpagos, como ministros. R
¡Que variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduria, la tierra está llena de tus criaturas! Allí está el mar, grande y dilatado, donde se agitan, en número incontable, animales grandes y pequeños. R
Todos esperan de ti que les des la comida a su tiempo: se la das, y ellos la recogen; abres tu mano, y quedan saciados. R
Si escondes tu rostro, se espantan; si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R
Carta del ap. S. Pablo a Tito 2, 11-14; 3, 4-7
Porque la gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y
Él se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres, no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo. Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de
S. Evangelio según san Lucas 3, 15-16.
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos:
«Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor. El tiempo litúrgico de Navidad termina con esta fiesta, que ocupa el primer domingo después de la Epifanía de Reyes.
En la primera lectura Isaías anuncia la llegada del Mesías como Siervo de Dios, lleno del Espíritu y trayendo la justicia y la liberación. El profeta habla de un Siervo, una personificación del pueblo israelita, oprimido y maltratado por los babilonios.
El Señor lo ha llenado del espíritu-fortaleza, para que implante el derecho y la justicia de Dios, convocando a los hermanos dispersos para la liberación de toda esclavitud. Estos conceptos son aplicados por la comunidad cristiana a Jesús, siervo obediente de Dios, que redime por los dolores de su pasión.
En la Liturgia de esta celebración contemplamos a Jesús que es bautizado en el Jordán. De entrada puede resultarnos un poco llamativo que el Señor sea bautizado con un bautismo de purificación como el que realizaba Juan. Es llamativo, pero es totalmente real.
Poco antes de que comenzara la actividad de Jesús, había algunos grupos religiosos judíos en la zona cercana al río Jordán, vivían con exaltación la esperanza de la venida del Mesías.
Juan el Bautista, estaba en aquella región predicando la inminente llegada del Señor, y hacía un bautismo que consistía en un lavado con agua, al que acompañaba la confesión de los pecados. Así como el pueblo se presentaba a hacer estos lavados, se presentó Jesús para sumergirse en las aguas del Jordán como todos los demás.
El Bautismo en Jesús, no fue un acto social, o de fanatismo religioso. Esta acción, por el cual el Espíritu revela la verdadera identidad de Jesús, marca cuál es su misión en la historia y por lo tanto su destino. Jesús, que supo comprometerse en la obra de Dios Padre, camina hacia la muerte, no en una actitud sádica, sino en total libertad. Él sabe por quién hace opción y conoce muy bien la consecuencia de estar de parte de Dios y de los favoritos de él: los pobres.
Este es en definitiva, el sentido del bautismo de Jesús, encabezar el Proyecto de Dios Padre, que es la vida en abundancia de todos los hombres y mujeres de la historia.
Una vez más, este domingo también se percibe la solidaridad de Dios con el hombre, con la humanidad pecadora a tal punto que Jesús, que es Dios y no tiene pecado, se pone en el lugar de los pecadores, en la “fila de los pecadores” para señalarnos una vez más cuan cerca nuestro está y qué compromiso asume con nosotros y nuestra historia…
¿A qué género literario pertenece este relato?
Se trata de una teofanía (teo = Dios; fanía = manifestar): hay una clara manifestación de Jesús como Dios, como el Hijo querido y predilecto del Padre. Los cielos que se abren, la paloma, la voz que viene del cielo… todos signos de que el relato es una teofanía, una manifestación del poder y la centralidad de Dios. Así hay que verlos y abordarlo…
Jesús no necesita una purificación bautismal porque es verdaderamente Dios y no tiene pecado. Sin embargo, como una consecuencia más del misterio de la Encarnación, se somete también a este bautismo donde lo que sucede, como dicen y recuerdan muchos autores de espiritualidad, no son “las aguas” las que santifican a Jesús sino al revés, es Jesús quien santifica “las aguas” que derraman sobre Él.
Así queda de manifiesto la diferencia entre el mero bautismo de purificación (ritual) y el Bautismo Cristiano (verdadero sacramento). En el sacramento recibimos la misma vida trinitaria en nuestro corazón a la vez que se borra en nosotros el pecado original (si es un bebé o un niño pequeño) y también todo pecado actual si es un niño más grande, un joven o un adulto.
Es importante recordar que la palabra bautismo viene de una raíz griega que significa “inmersión” o “sumergirse”. El Bautismo cristiano es una inmersión, un sumergirse en Cristo y en su gracia como espacio de salvación.
Los cristianos somos llamados por Dios, somos elegidos por Dios, para nuestra vocación cristiana. El cristiano es alguien que, tras ser elegido por Dios para ser su hijo y mensajero, acepta esa elección y se entrega o consagra a Dios de por vida.
Esta elección y esta consagración se realizan en el Bautismo, un acto que en la antigüedad sólo se hacía con adultos y después de una larga preparación. En un mundo pagano por mayoría, ser cristiano era una elección que tenía sus riesgos. Quien elegía la fe, sabía a ciencia cierta a qué se comprometía y qué misión tenía y a qué riesgos, incluso de muerte se sometía. El bautismo transforma al ser humano en otro Cristo.
Estar bautizados, implica vincularse al proyecto de Jesús, que es el mismo proyecto de Dios.
El bautismo es nuestro nacimiento a la realidad de la fe, de nuestra vocación divina, de nuestra misión de mensajeros del Reino de Dios.
Como fuimos bautizados de pequeños, por la fe de nuestros padres, hoy tenemos la oportunidad de reafirmar esa elección de Dios y esa respuesta libre que le damos.
Hoy podemos asumir nuestro bautismo con todos sus riesgos y con su misión, como lo hizo Jesús cuando fue bautizado, para poder ser hijos preferidos de Dios.
Como cristianos no nos diferenciamos culturalmente de las demás personas; tenemos que trabajar, estudiar, ganar dinero, sostener una familia, actuar profesionalmente, divertirnos.
Los cristianos no somos un núcleo cerrado, el círculo de los perfectos o de los únicos que se salvan. Y eso lo sabemos. Los cristianos somos como la semilla que lentamente testimonia la presencia del reinado de Dios.
La diferencia entre los cristianos y los no cristianos, es que los cristianos, hemos tomado conciencia del llamado y hemos asumido libre y responsablemente la tarea de construir un mundo armónico desde la perspectiva de Cristo, con sus criterios y su propuesta.
Hoy Dios nos asocia a su proyecto, nos da su Espíritu de fortaleza, nos une a Cristo, nos reconoce como sus hijos y nos invita a una espléndida tarea: trabajar por su reinado de amor, de justicia y de paz.
Párrafo de la homilía del Papa Benedicto XVI el 13 de enero de 2008:
“Este es, queridos hermanos, el misterio del bautismo: Dios ha querido salvarnos yendo él mismo hasta el fondo del abismo de la muerte, con el fin de que todo hombre, incluso el que ha caído tan bajo que ya no ve el cielo, pueda encontrar la mano de Dios a la cual asirse a fin de subir desde las tinieblas y volver a ver la luz para la que ha sido creado. Todos sentimos, todos percibimos interiormente que nuestra existencia es un deseo de vida que invoca una plenitud, una salvación. Esta plenitud de vida se nos da en el bautismo.
Lecturas de la semana:
Lunes 11: 1 Sam. 1, 1-8; Sal. 115; Mc. 1, 14-20
Martes 12: 1 Sam. 1, 9-20; Sal. 1 Sam. 2, 1. 4-5. 6-7; Mc. 1, 21-28.
Miércoles 13: 1 Sam. 3, 1-10. 19-20; Sal. 39; Mc. 1, 29-39.
Jueves 14: 1 Sam. 4, 1b-11; Sal. 43; Mc. 1, 40-45.
Viernes 15: 1 Sam. 8, 4-7. 10-22a; Sal. 88; Mc. 2, 1-12.
Sábado 16: 1 Sam. 9, 1-4. 17-19: 10, 1; Sal. 20; Mc. 2, 13-17.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
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