Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 19 de octubre de 2012

Vigésimo noveno domingo durante el año


Lecturas del 21-10-12 – Ciclo B –

“Jesús nos enseña que servir a Dios en el amor es una donación gratuita de uno mismo”
Lectura del libro del profeta Isaías 53, 10-11
El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.
A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.   Palabra de Dios.

Salmo 32
 R. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

La palabra del Señor es recta  y él obra siempre con lealtad;  él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.  R.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,  sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.  R.
Nuestra alma espera en el Señor: él es nuestra ayuda y nuestro escudo.       
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.  R.   
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16
Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.  Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 10, 35-45
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.»
El les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?»
Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.»    
Jesús le dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?»        
«Podemos», le respondieron. 
Entonces Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados.»       
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»  Palabra del Señor.
Reflexión
Cómo nos salvamos. El cáliz del servicio
El episodio  sucede inmediatamente después de que Jesús anunciara por tercera vez a los apóstoles sus sufrimientos y su muerte humillante en Jerusalén.  Marcos contrasta las palabras y la actitud de Jesús con la ambición y el egoísmo de los apóstoles.  Parece que cuanto más se aproxima la hora de la pasión de Jesús, más es la resistencia de sus discípulos a aceptarla.
Nosotros estamos tan acostumbrados a ver a Jesús crucificado  porque desde niños tenemos esta imagen; pero en tiempos de Jesús la idea de un mesías sufriente y muerto en la cruz  en manos de los odiados opresores del pueblo, era totalmente ajena a la mentalidad judía y considerada como blasfemia. Es comprensible entonces que los discípulos se resistieran. Quedaron defraudados totalmente ante la muerte de Jesús y que les costó mucho descubrir su significado.  Sólo a partir de la resurrección repasarán los hechos vividos junto a Jesús y se preguntarán cómo les fue posible pasar tanto tiempo con Él sin avizorar la novedad del mensaje, como así también las discusiones tenidas acerca de los primeros puestos y otras similares, pasarán a ser signos de toda una actitud que puede en cada momento infiltrarse en el creyente.
Marcos no descarta la posibilidad de que cada hombre sienta cierta repugnancia por el camino que traza Jesucristo.  Incluso la misma Iglesia, a pesar de su profesión de fe cristiana, parece seguir apegada más de la cuenta a un enfoque demasiado mundano del mesianismo de Jesucristo.  Les pasó a los discípulos resistiendo a esta forma de concebir hasta que creyeron.  Ellos no anuncian una fe fácil y cómoda, a tal punto a quienes más difícil y dura les resultó fue a ellos mismos.
Decíamos anteriormente que nosotros estamos acostumbrados a ver la imagen de Jesús crucificado.  Pero nos podemos preguntar una  vez más si hemos aceptado hasta sus últimas consecuencias la actitud de Jesús y la llamada que nos hace a seguirlo.
Tres eran los apóstoles líderes del grupo: Pedro, Santiago y Juan. Estos dos últimos hermanos entre sí, llamados por su impetuosidad “los hijos del Trueno” protagonizan el evangelio de hoy.  Suponiendo que debía estar lejos el día de la inauguración del reino de Cristo, se adelantaron al resto de sus compañeros y le dijeron a Jesús: “Maestro, queremos que hagas lo que vamos a pedir”.
La forma es atrevida.  Saben que Jesús ahora tiene pocos seguidores y aprovechan su situación de “fieles” para exigir algo por esa fidelidad.  Están buscando una recompensa a su fe.
Se trata de una actitud muy común entre nosotros, suponemos que Dios se encuentra muy necesitado de nosotros y que de alguna manera está obligado a recompensar nuestros buenos servicios.  Mas como Dios no suele darse por aludido surge nuestra oración, al modo de los hijos del trueno: impetuosa y atrevida.
No faltan los que hasta esconden una velada amenaza: “Si no me concedes tal cosa,  no iré más a misa o abandonaré la Iglesia”.  Esta manera de proceder descubre cuán lejos se está de una fe concebida como servicio.
Servir a Dios en el amor es una donación gratuita de uno mismo; quien ama por la recompensa que puede darle el amado, en realidad se ama a sí mismo.
Los apóstoles tenían una fe muy inmadura; buscaban la recompensa y seguían a Jesús por esa recompensa.  De aquí vieron que Jesús era aprisionado, todos lo abandonaron.  ¿Para qué sirve un Dios que ya no nos puede ofrecer nada?
Lo mismo nos sucede con las devociones a los santos y a la Virgen María.  Veneramos al santo más famoso en conceder favores, y hasta llegamos a discutir qué virgen es la que más oye a sus devotos.
¿Qué tiene que ver todo esto con una fe auténtica?  Esto es lo que debemos plantearnos hoy.  La religión cristiana no es una lotería de beneficencia ni una compañía de seguros; tampoco Dios o los santos son gerentes de las mismas.
La fe cristiana es el seguimiento de Jesús.  Es a nosotros mismo a quienes debemos exigir esto o lo otro.  De lo contrario, no solamente no superamos la etapa del Antiguo Testamento, sino que podemos con mucha facilidad convertir el cristianismo en una religión pagana con su panteón de dioses sujetos al capricho de los hombres.
Y ante la proposición de los dos hermanos, Jesús asiente… Ellos entonces, le piden dos principales carteras del nuevo gobierno.  Jesús les deja llevar las cosas hasta el preciso momento en que pueda hacerles descubrir esto “nuevo” que es la fe.  Llegado el momento les dice: “No saben lo que piden” O sea no tienen ni idea de lo absurdo del pedido, no han comprendido nada de lo que significa ser el Cristo y de lo que implica seguirlo.
Seguir a Cristo es compartir su cruz.  Por eso, a su vez, le pregunta: “¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber…?”  Lo más insólito es la respuesta de los dos: “Podemos”
No podemos dudar de la sinceridad de ambos, aunque cuando  pronunciaron enfáticamente “podemos” no imaginaban todo su alcance.
Jesús confirma que ambos lo seguirán por el camino del sufrimiento, pero les aclara, para que no queden dudas, que eso no les da derecho a  alguna  recompensa.
Por qué el seguir a Cristo con la cruz de cada día no nos da derecho a recompensas especiales, lo explicará enseguida Jesús  a todo el grupo apostólico. Hay una sola forma de seguir a Jesús, y bebiendo su misma copa, bautizándose  en la muerte de uno mismo. Cada día  hay que morir al propio ego, a la vanidad, al orgullo, al egoísmo, etc. Y cada vez que comulgamos, nos unimos a Cristo que derrama su vida por amor a los hombres.  Comulgar es comprometerse a compartir el mismo gesto de Jesús.  En cada misa, Jesús vuelve a preguntarnos: ¿Puedes beber esta copa que yo bebo?
En un grupo donde las ambiciones tratan de escalar, pronto surge la indignación y el resentimiento de los demás. Así sucedió con los otros diez.  Jesús, con toda paciencia, vuelve a catequizarlos sobre el tema del servicio a la comunidad.  Jesús no niega que los apóstoles han de ocupar en su Iglesia cierto puesto de relevancia y jerarquía. Pero la pregunta es otra: ¿Qué significa tener autoridad dentro de la Iglesia? Jesús distingue dos formas de ejercer la autoridad.  Una es la común a los gobernantes y los poderosos pues, hacen sentir que son dueños de la comunidad y lo hacen pesar. “Así no debe ser entre ustedes”
En la Iglesia, la autoridad debe ser algo diametralmente distinto, incluso opuesto.  “El que quiera ser grande que se haga servidor de todo”  La comunidad cristiana es la comunidad siempre lista, con ese sí alegre y generoso.  Una comunidad cristiana –con sus pastores a la cabeza- no puede esperar que le traigan problemas: debe buscarlos allí donde están para aportar una solución.  Ella debe ser la presencia viva de Cristo.  Una Iglesia servidora podrá olvidarse del sufrimiento propio, pero deberá ser la primera en levantar el grito cuando alguien,  cualquier persona, sufra las injusticias propias del tiempo. 
El problema está en saber quiénes están dispuestos a asumir ese dolor y a derramar esa sangre.  Quienes lo hagan, tienen derecho a llamarse cristianos.  Los demás seguiremos en el catecumenado…
                                                                                                                           P. Daniel Silva
                                                                                                                                                                                          Oración: ¿qué le digo?
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiere, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.
                                                                                                                                                      Himno de la Liturgia de las Horas
Año de la Fe: El Papa Benedicto XVI nos convoca a celebrar el año de la fe que dio Comienzo el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, para ello seguimos reflexionando el contenido de la
Carta  Apostólica Pota Fidei
 «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida.         
 Lecturas de la Semana
Lunes  22Ef. 2, 1-10; Sal 99 Lc. 12, 13-21.
Martes 23: Ef. 2, 12-22.;  Sal 84; Lc. 12, 35-38.
Miércoles 24:  Ef. 3.2-12; Sal Is. 12, 2-6; Lc. 12, 39-48.
Jueves 25: Ef. 3, 14-21;  Sal 32; Lc. 12, 49-53.
Viernes 26: Ef.  4, 1-6; Sal 23;  Lc. 12, 54-59.
Sábado 27: Ef. 4, 7-16; Sal 121; Lc. 13, 1-9.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

viernes, 12 de octubre de 2012

Vigésimo octavo domingo durante el año


Lecturas del 14-10-12
– Ciclo B –
“Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos”
 
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11
Oré, y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La referí a los cetros y a los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena; y la plata, a su lado, será considerada como barro. 
La amé más que a la salud y a la hermosura, y la quise más que a la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso.             
Junto con ella me vinieron todos los bienes, y ella tenía en sus manos una riqueza incalculable. Palabra de Dios

Salmo 89 
R: Señor, sácianos con tu amor,  y cantaremos felices.
 
Enséñanos a calcular nuestros años,  para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? Ten compasión de tus servidores.  R. 
Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Alégranos por los días en que nos afligiste,  por los años en que soportamos la desgracia.  R. 
Que tu obra se manifieste a tus servidores, y que tu esplendor esté sobre tus hijos.  Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.  R. 
 
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13
La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 
Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.  Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30
Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» 
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»         
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»             
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» 
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. 
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”           
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.» 
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»              
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»          
Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»           
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.» Palabra del Señor.
   
Reflexión 
 
La Palabra siempre es eficaz y nos ayuda a mirar hacia dentro de nosotros mismos, por eso comienza ayudándonos a discernir qué es lo más importante en nuestra oración.
La Sabiduría en la Escritura no consiste en conocimientos adquiridos en la Universidad, es algo que VIENE DE DIOS y a ÉL HAQUE PEDIRLA.
 
El Señor, a través del Evangelista de Marcos nos ejemplifica la enseñanza. Vemos a un hombre de recta conciencia, un judío cumplidor de los Mandamientos que el Padre entregó a Moisés, pero NO ERA SUFICIENTE, intuía que le faltaba algo, no era feliz y recurre al que todos llamaban rabí, maestro.
Jesús "lo mira con amor", ve en su corazón y sabe que el hombre es sincero. ¿Qué le faltaba a este hombre? ¿Solamente desprenderse de sus bienes materiales? ¿Es que Jesús condena a los ricos? Creer esto sería interpretar superficialmente la respuesta del Señor, por supuesto que el rico tiene que preocuparse por el pobre, pero Jesús va más allá, va directo al corazón. Esos bienes a los que nos aferramos somos NOSOTROS MISMOS, con nuestras limitaciones, nuestros deseos de sobresalir sobre los demás.
 
Jesús nos llama a vivir "con los pies en la tierra pero el corazón en el cielo". Nos llama a entregamos a nosotros mismos, claro que SOLOS NO PODEMOS, únicamente abrazados a Él, con la mirada fija en su entrega hasta dar la vida y aferrados a su Palabra hecha Oración podremos alcanzar la Felicidad Eterna, el Reino de los Cielos.
Al Reino de los Cielos entraremos "con las manos vacías y el corazón lleno de nombres", los nombres de esos hermanos que más nos necesitan.
 
Que María Santísima., Nuestra Señora de la Asunción, Modelo de entrega y docilidad nos ayude en nuestro peregrinar y Sta. Teresa de Jesús, Maestra de Oración nos enseñe a discernir cómo y qué tenemos que pedir.
Martha Pereyra  o.c.s.
 
 
Año de la Fe
 
El Papa Benedicto XVI nos convoca a celebrar el año de la fe que dio Comienzo el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
 Seguimos publicando: Carta  Apostólica Pota Fidei del Sumo Pontífice Benedicto XVI
Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).
Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.
Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar.
Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19). Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.
También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.
 
14. El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13). Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2, 14-18).
 
La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo.
Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P3, 13; cf. Ap 21, 1).

15. Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.
 
«Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.
Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.
 
 
 Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin. 
  
Lecturas de la Semana
 
Lunes  15Gál.4, 22-24.26-27.31—5,1; Sal 112; Lc. 11, 29-32.
Martes 16: Gál. 5, 1-6.;  Sal 118; Lc. 11, 37-41.
Miércoles 17: Gál. 5.18-25; Sal 1; Lc. 11, 42-46.
Jueves 18: 2Tim. 4, 10-17b;  Sal 144; Lc. 10, 1-9.
Viernes 19: Ef.  1, 11-14; Sal 32;  Lc. 12, 1-7.
Sábado 20: Ef. 1, 15-23; Sal 8; Lc. 12, 8-12.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
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viernes, 5 de octubre de 2012

Vigésimo séptimo domingo durante el año


Lecturas del 7-10-12

– Ciclo B –

 “Jesús nos enseña que el matrimonio se convierte en un modo de unirse a Cristo a través del amor al otro"

“Espíritu Santo, dulce huésped del alma,
 ven, ven Señor"
 
Lectura del libro del Génesis 2, 18-24
Dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»
Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.
El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.          
Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre.»
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. 
Palabra de Dios.

Salmo 127
 
R. Que el Señor nos bendiga
 todos los días de nuestra vida.
 
¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,  serás feliz y todo te irá bien.  R.
 Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo 
alrededor de tu mesa.  R.
¡Así será bendecido  el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión 
 todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén  R.
Y veas a los hijos de tus hijos!  ¡Paz a Israel!  R.
 
Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11
Hermanos: A aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?» El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?»
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella.»
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»              
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.              
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.»  
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»       
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.
    
Reflexión 
 
Jesús describe y sintetiza el plan de Dios para la vida del hombre, para la mujer y el varón…
  
Los textos de este domingo nos permiten reflexionar sobre el auténtico sentido del matrimonio de acuerdo al proyecto de Dios.
 
En el evangelio de entrada se percibe el objetivo de los fariseos que se acercan a Jesús: No les interesa conocer la verdad. No les importa las enseñanzas del Maestro sino poder sorprenderlo en alguna afirmación en contra del Antiguo Testamento para poder acusarlo de blasfemo o de negar las tradiciones de los antepasados. Además la pregunta no es amplia. Es más bien restrictiva: “¿El hombre puede divorciarse de su esposa?”. La ley permitía la decisión de divorciarse o no, solamente al varón. La mujer no era libre, no podía “elegir” dejar a su esposo. La mujer era discriminada a tal punto que era considerada por algunos casi como un “objeto” o una “propiedad” del varón que, podía tenerla o “descartarla” si había un motivo mínimo para ello. De hecho esta es la gran discusión que está detrás de la pregunta que le hacen a Jesús. En el fondo, además de tenderle una trampa, quieren averiguar que piensa el Señor con respecto a los “motivos” de divorcio para que el varón pueda despedir a la mujer. Los “maestros” de la época de Jesús discutían distintas posturas con respecto a estos temas. Jesús no va a entrar en la “trampa legalista” y los va a ir llevando al centro del problema para hacer una enseñanza más amplia y universal. Primero va a la misma Escritura y les pregunta qué es lo mandado por Moisés.
Jesús va a situar esta “prescripción” de Moisés en su justo lugar. Esto fue dado en el pasado porque “ustedes” son “muy duros de corazón”, poco abiertos a la verdad de Dios. A partir de aquí Jesús describe y sintetiza el plan de Dios para la vida del hombre, para la mujer y el varón.
Dios crea al varón y a la mujer para que estén juntos. La unidad y la comunión en la pareja, en el matrimonio, es el designio originario de Dios. Por eso la enseñanza del libro del Génesis dirá que el varón deje su casa paterna para ir a formar una nueva familia con su mujer. El hombre “sólo” no es completo. Llega a la “plenitud” en la pareja, formando los dos una sola carne.
 
Está unidad entre el varón y la mujer es tan fuerte que los dos vivirán como si fueran una sola persona, serán “una sola carne”. Los que se casan ya no pueden vivir como dos personas separadas. La unión de los que se casan en Dios es tan fuerte que nadie los puede separar. Es claro que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido.
La enseñanza de Jesús fue más que clara. Sin embargo, en la intimidad, cuando está con sus discípulos más cercanos estos le vuelven a preguntar sobre el tema.
Jesús continuará su enseñanza y dirá con claridad que el divorcio y la nueva unión no están de acuerdo con el designio original de Dios. Si los que están casados se separan de su cónyuge y se une a otra persona comete pecado dado que contradice la unidad que Dios ha dado a los esposos. Lo importante de la reflexión de Jesús es que equipara en igualdad la situación del varón con la mujer. Hasta ese momento el varón podía hacer lo que quisiera. Las palabras de Jesús son “revolucionarias” con respecto al papel de igualdad y de no discriminación que le da a la mujer.
 
 “Es posible hacer que la crisis no gaste el matrimonio, sino que lo mejore” (1)

… en nuestros días el mal del matrimonio es la separación y el divorcio, mientras que en tiempos de Jesús lo era el repudio.             
… Sin embargo Jesús no se limita a reafirmar la ley; le añade la gracia. Esto quiere decir que los esposos cristianos no tienen sólo el deber de mantenerse fieles hasta la muerte; tienen también la ayuda necesaria para hacerlo. De la muerte redentora de Cristo viene una fuerza –el Espíritu Santo- que permea todo aspecto de la vida del creyente, incluido el matrimonio. Éste incluso es elevado a la dignidad de sacramento y de imagen viva de su unión esponsalicia con la Iglesia en la cruz (Ef. 5, 31-32).
 
Decir que el matrimonio es un sacramento no significa sólo que en él está permitida, es lícita y buena, la unión de los sexos, que fuera de aquél sería desorden y pecado; significa –más todavía- decir que el matrimonio se convierte en un modo de unirse a Cristo a través del amor al otro, un verdadero camino de santificación….
No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad.
Este ideal de fidelidad conyugal nunca ha sido fácil (¡adulterio es una palabra que resuena siniestramente hasta en la Biblia!); pero hoy la cultura permisiva en la que vivimos lo ha hecho inmensamente más difícil.
 
La alarmante crisis que atraviesa la institución del matrimonio en nuestra sociedad está a la vista de todos. Legislaciones civiles, que permiten iniciar los trámites de divorcio apenas pocos meses después de vida en común. Palabras como: «estoy harto de esta vida», «me marcho», «si es así, ¡cada uno por su lado!», ya se pronuncian entre cónyuges a la primera dificultad. El matrimonio sufre en ello la mentalidad común del «usar y tirar».
 
¿Qué se puede hacer para contener esta tendencia, que causa tanto mal para la sociedad y tanta tristeza a los hijos?
 
San Pablo daba óptimos consejos al respecto: «Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando ocasión al demonio», «sopórtense los unos a los otros y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro», «Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo» (Ef. 4, 26-27; Col 3, 13; Ga 6, 2).      

Lo importante que hay que entender es que en este proceso de crisis y superaciones, el matrimonio no se gasta, sino que se afina y mejora. Si con buena voluntad y la ayuda de alguien se logran superar estas crisis, se percibe hasta qué punto el impulso y el entusiasmo de los primeros días era poca cosa, respecto al amor estable y la comunión madurados en los años. Si primero el esposo y la esposa se amaban por la satisfacción que ello les procuraba, hoy tal vez se aman un poco más con un amor de ternura, libre de egoísmo y capaz de compasión; se aman por las cosas que han pasado y sufrido juntos. (1)(Extracto del P. Raniero Cantalamessa )Año de la Fe: Carta  Apostólica Pota Fidei
del Sumo Pontífice Benedicto XVI
 
El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
  
12. Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.
 
En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.
 
13. A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.
 
Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.
Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).
Continúa ….
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes  8Gál.1, 6-12;  Sal 110; Lc. 10, 25-37.
Martes 9Gál. 1, 13-24;  Sal 138; Lc. 10, 38-42.
Miércoles 10Gál. 2.1-3.6-14; Sal 116; Lc. 11, 1-4.
Jueves 11: Gál. 3, 1-5;  Sal Lc. 1, 69-75; Lc. 11, 5-13.
Viernes 12Gál.  3, 7-14; Sal 110;  Lc. 11, 15-26.
Sábado 13: Gál. 3, 22-29; Sal 104; Lc. 11, 27-28.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. CEBIPAL/CELAM
 
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
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