Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 10 de mayo de 2013

La Ascensión del Señor



"Jesús es nuestro abogado y está vivo entre nosotros "
  Lecturas del 12/05/13
– Ciclo C –
Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.              
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.  
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»  
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»  Palabra de Dios.
Salmo 46
R. Dios asciende entre aclamaciones,
 asciende el Señor al sonido de trompetas.
Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible,  es el soberano de toda la tierra.  R.
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas.  Canten, canten a nuestro Dios,  canten, canten a nuestro Rey.  R.
El Señor es el Rey de toda la tierra,  cántenle  un hermoso himno.  El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado.  R.
Carta a los efesios 1, 17-23
Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53
Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»
Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.  Palabra del Señor.
Reflexión:
"Jesús es nuestro abogado y está vivo entre     nosotros en el señorío de Dios"
Queridos hermanos y hermanas, Buenos días, en el Credo, encontramos la afirmación de que Jesús "subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre". La vida terrenal de Jesús culmina con el evento de la Ascensión, que es cuando Él pasa de este mundo al Padre, y es alzado a su derecha. ¿Cuál es el significado de este evento? ¿Cuáles son las consecuencias para nuestra vida? ¿Qué significa contemplar a Jesús sentado a la diestra del Padre? Sobre esto, dejémonos guiar por el evangelista Lucas.
Partimos del momento en que Jesús decide emprender su última peregrinación a Jerusalén. San Lucas anota: "Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc. 9,51). Mientras "asciende" a la Ciudad santa, donde se llevará a cabo su "éxodo" de esta vida, Jesús ve ya la meta, el Cielo, pero sabe bien que el camino que lo lleva de nuevo a la gloria del Padre pasa a través de la Cruz, a través de la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que "la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación de la ascensión al cielo" (n 661). También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, incluso cuando esto requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros planes. La Ascensión de Jesús ocurre concretamente en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado en oración antes de la pasión, para permanecer en profunda unión con el Padre: una vez más, vemos que la oración nos da la gracia de vivir fieles al proyecto de Dios. 
Al final de su evangelio, san Lucas narra el acontecimiento de la Ascensión de una manera muy sintética. Jesús llevó a los discípulos "cerca a Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (24,50-53); esto lo dice san Lucas.
Quisiera destacar dos elementos de la narración. En primer lugar, durante la Ascensión Jesús cumple el gesto sacerdotal de la bendición y los discípulos seguramente expresan su fe con la postración, se arrodillan inclinando la cabeza. Este es un primer elemento importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote, que con su pasión traspasó la muerte y el sepulcro, resucitó y ascendió a los cielos; está ante Dios Padre, donde intercede por siempre a favor nuestro (Cf. Hb. 9,24). Como afirma san Juan en su Primera Carta, Él es nuestro abogado.
¡Qué bello es escuchar esto! Cuando uno ha sido convocado por el juez o tiene un juicio, lo primero que hace es buscar a un abogado para que lo defienda. Nosotros tenemos uno que nos defiende siempre, nos defiende de las insidias del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados. 
Queridos hermanos y hermanas, tenemos este abogado: ¡no tengamos miedo de acudir a él a pedir perdón, a pedir la bendición, a pedir misericordia! Él nos perdona siempre, es nuestro abogado: nos defiende siempre ¡No olviden esto!
La Ascensión de Jesús al Cielo nos permite conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada ante Dios; Él nos ha abierto el camino; Él es como un guía cuando se sube a una montaña, que llegado a la cima, nos tira hacia él llevándonos a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él estamos seguros de estar en buenas manos, en las manos de nuestro Salvador, de nuestro abogado.
Un segundo elemento: san Lucas menciona que los Apóstoles, después de ver a Jesús ascender al cielo, regresaron a Jerusalén "con gran alegría." Esto parece un poco extraño. Normalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, de una manera definitiva, y sobre todo debido a la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no vamos a ver nunca más su rostro, no vamos a escuchar su voz, no podremos disfrutar más de su afecto, de su presencia. En cambio, el evangelista destaca la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Por qué? Porque, con la mirada de la fe, entienden que, aunque nos está ante sus ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.
San Lucas narra el hecho de la Ascensión también al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, para enfatizar que este evento es como el anillo que engancha y conecta la vida terrenal de Jesús con la de la Iglesia. Aquí san Lucas también menciona la nube que oculta a Jesús de la vista de los discípulos, los cuales permanecieron contemplando el Cristo que subía hacia Dios (cf. Hch. 1,9-10). Entonces aparecieron dos hombres vestidos de blanco, instándoles a no quedarse inmóviles. “Este Jesús que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como lo han visto marchar” (Cf. Hechos 1,10-11). Es precisamente una invitación a la contemplación del Señorío de Jesús, para tener de Él la fuerza para llevar y dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana: contemplar y actuar, ora et labora, nos enseña san Benito, ambas son necesarias en nuestra vida de cristianos.
 Queridos hermanos y hermanas, la Ascensión no significa la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él está vivo entre nosotros de una manera nueva; ya no está en un preciso lugar del mundo tal como era antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, junto a cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende, No estamos nunca más solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que en el silencio y la oscuridad, en la vida familiar y laboral, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto con nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, subido al Cielo, nuestro abogado. Gracias.
Cuarta Audiencia General de S.S Francisco
17 de abril de 2013
El Abogado
Después  de  haber  vivido “decentemente”  en la  tierra,  mi  vida llegó  a su fin...   
Sentado  sobre  una  banca de acusados,  en la sala de  espera de lo  que imagino era  una sala de jurados. Miré  a  mi  alrededor, vi  al fiscal  quien  tenía  apariencia de villano y me miraba  fijamente,  era  la persona más demoníaca que  había visto en mi vida. Miré a la  izquierda  y estaba mi abogado, un  caballero con  una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. Después la  puerta de la esquina se abrió y entró el juez, su  presencia demandaba admiración  y  respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él;  se sentó y dijo comencemos.
El  fiscal dijo: Mi nombre es  Satanás   y demostraré porque este individuo debe ir al infierno. Comenzó  a hablar de las mentiras que había dicho, de las cosas que había  robado en el pasado, cuando engañaba a otras personas. Satanás  habló  de otras horribles  cosas  y  perversiones cometidas por mí,  y entre más hablaba  más me hundía en mi silla de acusados.
Me sentía tan avergonzado,  que no podía mirar  a nadie, ni siquiera a mi abogado,  a medida que el fiscal mencionaba  pecados  que hasta había olvidado.   Estaba tan molesto con el por todas las cosas que estaba diciendo de mi, también estaba molesto con mi abogado,  quien estaba sentado en silencio. Yo  sabía  que era culpable,  pero también había hecho cosas buenas en mi vida, ¿No podrían esas cosas buenas por lo menos  equilibrar lo malo?
El fiscal terminó con furia su acusación y dijo: Debe ir al infierno,  es culpable de todos los pecados y actos acusados, y nadie puede probar lo contrario, por fin se hará justicia este día....
Mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara  pese a las fuertes protestas de satanás. Cuando se levantó y empezó a caminar, lo pude ver, todo su Esplendor y Majestad. Entonces me di cuenta porque me pareció tan familiar,  era Jesús quien me representaba,  Mi Señor y Salvador.
Se paró frente al juez, suavemente le dijo: Padre,  y se volteó para dirigirse al jurado,   y dijo: satanás está en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar las acusaciones.   Reconozco que merece ser castigado.
Respiró  Jesús  fuertemente,  se  volteó hacia su Padre y con los brazos extendidos proclamó: Sin embargo yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna  y me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío.
Continuó diciendo: Su nombre está escrito en el libro de la vida  y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia.
Cuando Jesús se iba a sentar,  hizo una pausa, miró a su Padre  y suavemente dijo: “No hace falta hacer mas nada, ya yo lo he hecho todo”.
El juez levantó su poderosa mano, y golpeando la mesa fuertemente, dijo: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad,  caso concluido”.
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio. Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté:  ¿Ha perdido algún caso?
Jesús sonrió amorosamente y dijo:
“Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo...  Pagado en su totalidad”.
Señor te pido que bendigas a mis familiares y seres queridos, a mis amigos que están leyendo este mensaje,  dales fortaleza para seguir adelante. Ten misericordia para que nos podamos arrepentir de nuestros pecados y te recibamos en nuestros corazones como Señor y Salvador, para que también podamos tener la salvación y la vida eterna.
Lecturas de la semana
Lunes 13: Hech.19,  1-8;  Sal 67;  Jn. 16, 29-33.
Martes 14: Hech. 1, 15-17.20-26;  Sal 112; Jn. 15, 9-17.
Miércoles 15: Hech. 20, 28-38; Sal 67; Jn. 17, 11b-19.
Jueves 16: Hech 22, 30; 23, 6-11;  Sal 15; Jn. 17, 20-26.
Viernes 17:  Hech. 25, 13b-21; Sal 102; Jn. 21, 15-19.
Sábado 18: Hech. 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Jn. 21, 19-25.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.  http://www.corazones.org
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
 miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
  

viernes, 3 de mayo de 2013

Sexto Domingo de Pascua




"Me despido pero no los abandono: ¡No los dejo huérfanos!"
 
Lecturas del 5/05/13
– Ciclo C –
 
Los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: «Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje.  El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós.»  Palabra de Dios.
 
Salmo 66
R. ¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,
 que todos los pueblos te den gracias!
 
El Señor tenga piedad y nos bendiga,  haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio,  y su victoria entre las naciones.  R.
Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia  y guías a las naciones de la tierra.  R.
¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,  que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra.  R.
  
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
El ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino.         
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.         
No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero. Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Juan 14, 23-29
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.                
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.        
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.» Palabra del Señor.
 
Reflexión 
Me despido pero no los abandono:
¡No los dejo huérfanos!
 
Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo más acompañando a sus discípulos; Cuando Jesús dice que se va de nuevo al Padre, los discípulos entran en pánico, sienten que se les mueve el piso. La despedida sabe a lágrimas. Por eso, les dice repetidamente: “No se turbe vuestro corazón” (Jn 14,1), “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. Aquel día, en el cenáculo, el nudo en la garganta de los discípulos era grande. 
Y no es para menos, es que los discípulos se sienten inseguros a propósito de la partida de Jesús.  El Maestro constituye el punto de referencia de sus vidas, sin su presencia no hay seguimiento ni tampoco futuro.  De ahí que teman el verse desprotegidos y sin orientación, en otras palabras, huérfanos del amor que los sostuvo.
Pero la actitud de Jesús ante la inminente partida es diferente: “Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre”.
 
Jesús  sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad. 
Los discípulos deben comprender, a partir de claves muy precisas, cuál es su nueva situación y cuáles son las razones para no sentirse abandonados.
Con las promesas que va desgranando, el Maestro Jesús lleva gradualmente a su comunidad del ambiente de tristeza al de una gran alegría: la alegría que proviene del comprender que el camino de la Pascua conduce a una nueva, más profunda y más intensa forma de presencia suya en el hoy de la historia de todo discípulo.

El evangelio de este domingo nos propone buscar la respuesta a la pregunta sobre cómo continúa Jesús guiando a sus discípulos y a nosotros -animando el seguimiento- en los nuevos tiempos.
 
La ruta firme del discipulado: el Amor a Jesús y la obediencia a su Palabra.
El discípulo ama a Jesús, donde la forma concreta de su amor es: acoger con fe la persona de Jesús, con todo lo que Él ha revelado acerca de sí mismo y  tomar en serio sus enseñanzas, poniéndolas en práctica. 
El amor se vuelve compromiso: “Si ustedes me amán, cumplirán mis mandamientos”El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama”;“Si alguno me ama guardará mis palabras”  o al revés “El que no me ama no guarda mis palabras”.  Es así como un discípulo sigue a Jesús a lo largo de toda su vida mediante la escucha y el arraigo del Evangelio.  Su amor, en esta sintonía con el camino del Evangelio, redundará en una desbordante alegría.
 
El discipulado es esta dinámica de amor. Si observan los mandatos de Jesús, demostrándoles así su amor, ellos siguen su ejemplo.  Sólo así son verdaderos imitadores de Jesús porque así es que Él se comporta con el Padre “Si cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”, 15,10.

Esta dinámica del amor despeja el panorama de la nueva realidad que acontece al interior de la vida del discípulo de Jesús: su amor se encuentra con otro amor que lo supera, ¡y con creces!  El discípulo no sólo entra en la circularidad de amor con Jesús sino también con Dios Padre: “Y el que me ame será amado por mi Padre”“Si alguno me ama… mi Padre le amará”.
A partir de aquí comienzan a caer en cascada, de los labios de Jesús, una serie de revelaciones:
 
La primera viene conectada enseguida con el tema del amor obediente del discípulo, completando así el círculo: Jesús anuncia un amor permanente e inclusivo del Padre y del Hijo en el corazón del seguidor de Jesús:
“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”
 
La inhabitación de la comunión del Padre y del Hijo, una soledad “llena”. La presencia de Jesús en el caminar del discípulo, en el tiempo pascual, atrae también la de Dios Padre.  Jesús no viene solo.
De hecho, si miramos otros pasajes del evangelio constatamos que Jesús le hace caer en cuenta a sus discípulos que en Él no hay soledad: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16,32);
A todo discípulo le sucede lo mismo que a Jesús: su soledad es en la compañía de Dios.  Quien ama a Jesús no está solo, no está perdido ni abandonado a su propia suerte.  Aún cuando no sean visibles para sus ojos físicos, todo seguidor debe saber que Jesús y el Padre están a su lado. Por eso hay que tomar conciencia en todo instante e incluso a la hora de la muerte -tiempo de profunda soledad y radical separación-, que Jesús y el Padre están a nuestro lado, que no nos dejan abandonados ni desprotegidos.  El discipulado es un gustar cotidianamente esta amorosa compañía.
Nuestra vocación como criaturas de Dios es alcanzar la comunión plena con Dios en la eternidad. Ahora Jesús hace caer en cuenta que esta comunión con Él y con el Padre no será solamente una realidad futura, cuando entremos a vivir en la morada que el Resucitado nos ha preparado en el cielo, sino que es una realidad presente, aquí y ahora, que crece todos los días hasta la visión definitiva de la gloria. Esto vale no solamente para los primeros discípulos, sino para todo el que cree en Jesús.

Segunda: “Yo les digo estas cosas mientras permanezco  con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho”.
Jesús recuerda una vez más que vendrá el Espíritu Santo. Ya lo había dicho poco antes: “Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis porque mora con vosotros” (Jn 14,17).
El Padre enviará el Espíritu como respuesta a su petición: “Y yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes” (Jn 14,16).
 
Con el don del Espíritu comprendemos que no estamos solos, que contamos con una ayuda eficaz. No nos esforzamos por comprender la Palabra de Jesús solamente con nuestras fuerzas, sino que el Espíritu nos asiste, nos ayuda.
“Les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho”. El Espíritu les entrega a los discípulos la totalidad del Evangelio, la Palabra de Jesús en la cual hay una profunda unidad.  Así les inculca sus enseñanzas y les revela su rostro. Estos dos elementos continuarán siendo el camino de acceso a la persona de Jesús. Su tarea es enseñarnos a “aprehender” a Cristo, él no trae nuevas enseñanzas, porque toda la revelación ya se manifestó en la persona de Jesús. Su acción es referida a lo que Jesús ya dijo, recordándolo, profundizándolo e insertándolo en la propia vida, es decir, ayudando a encarnar el Verbo Jesús en nuestra historia.
 
Tercera: Primera consecuencia de la comunión con Dios: Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo”.
Jesús les deja a sus discípulos “su” paz, esto es, la seguridad y la protección que solamente pueden provenir de Él. Esta paz no es solamente una palabra sino que se basa en los dos anuncios que acaba de hacer Jesús: la comunión con el Padre y con el Hijo, que nos habita, y  la presencia del Espíritu Santo, quien nos guía.  La paz brota en la vida de quien se sumerge en Dios y endereza su existencia por el camino del Evangelio.
Esta comunión es espacio vital de seguridad y protección.  Si Dios está con nosotros, ¿qué podrá constituir verdaderamente un peligro para nuestras vidas?  La comunión con Dios arranca de raíz las preocupaciones, los miedos, las inseguridades, tanto cuanto sea vivida y experimentada en la fe.  Cuando Dios está en la vida de uno, todo es distinto.
Quien acoge la presencia de Dios Padre e Hijo en su vida, caminando todos los días bajo la guía del Espíritu Santo, enfrenta la vida de una manera distinta: con paz.  Las vicisitudes propias de la vida cotidiana, que muchas veces causan desasosiego y perturbación, no nos encuentran desvalidos, como si no tuviéramos ayuda y sólido piso que nos sostiene.  En otras palabras, las realidades de la vida nos sumen en angustia y temor, con razón dice: “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.                                                                                
Cuarta: “Me voy y volveré a usteds.  Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo”.
Con la “alegría” sucede como con la paz: la mayor alegría que hay es la del amor, cuyo fundamento último es la unión perfecta del Padre y el Hijo. Como se vio antes, el amor por Jesús impulsa a los discípulos a observar su Palabra (14,23).  Pues bien, este hecho debería impulsarlos también a alegrarse porque el Maestro se va.
Con su muerte Jesús vuelve a la casa del Padre (“habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre”, 13,1). Así Jesús llega a la plenitud del gozo: para Él no hay mayor alegría que la perfecta comunión con el Padre.
Los discípulos deberían estar contentos porque Jesús llega a la plenitud de su bienaventuranza.  Pero Jesús invita a sus discípulos a todavía más, a que se alegren incluso por sí mismos: el hecho que haya alcanzado su meta es para todos los seguidores una garantía de que también la alcanzarán. Los logros de Jesús son los logros de sus discípulos, ellos son los primeros beneficiados.  Jesús los acogerá en su misma plenitud: “Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros” (14,3).
 
Quinta: “Les dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes  crean”.
Jesús le acaba de hablar a sus discípulos abiertamente, con toda transparencia, con un gran amor. Ahora se toma una pausa para que los discípulos reflexionen.
¿Qué hay que captar en lo que Jesús acaba de decir? El hecho de que el Maestro le exponga a sus discípulos tantos detalles no debe ser motivo de inquietud, sino más bien una fuente de fortalecimiento de la fe en Él.
En fin, los discípulos están tristes en el cenáculo porque es la hora de la despedida. Jesús les muestra que no hay motivos para estar tristes porque su partida no es abandono sino plenitud de su hora y punto de partida de una nueva forma de presencia.
La partida es dolorosa, sí. Pero todo depende del punto de vista desde donde se miren las cosas.  Si la miramos desde fuera, la muerte de Jesús parece una catástrofe.  Pero si la miramos desde donde la ve el mismo Jesús, es distinto: quien pone en práctica las enseñanzas del Maestro, no pierde la seguridad cuando llega la hora de la muerte de Jesús, sino que es confirmado en la fe en Él, en la paz y en la alegría por su victoria.
 
Mi Señor...
Ayúdame a decir la verdad delante de los más fuertes y a  no a decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxitos, no me quites la humildad.
Si me das humildad no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás, por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo.
No me dejes caer en orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme  y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
 
¡SEÑOR, SI YO ME OLVIDO DE TÍ, NUNA TE OLVIDES DE MÍ!
                                                                                                                       Mahatma Gandhi
 
Lecturas de la semana
Lunes 6: Hech. 16, 11-15; Sal. 149; Jn. 15, 26--16.4ª.
Martes 7: Hech. 16, 22-34; Sal. 137; Jn. 16, 5-11.
Miércoles 8: Is. 35, 1-7, Sal.  Lc. 1, 46-55; Ef.  1, 3-6.11-12; Jn. 19, 25-27.
Jueves 9Hech18, 1-8; Sal. 97; Jn. 16, 16-20.
Viernes 10: Hech. 18, 9-18; Sal. 46; Jn. 16, 23-28.
Sábado 11: Hech. 18, 23-28; Sal. 46; Jn. 16, 23-28
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.  Servicio Bíblico latinoamericano. P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM
 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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sábado, 27 de abril de 2013

Quinto Domingo de Pascua


Así como yo los he amado, ámensen también ustedes los unos a los otros
Lecturas del 28 / 04 / 13
– Ciclo C –
Lectura de los Hechos Apóstoles 14, 21b-27                
Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.       
En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.     
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.           
A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.Palabra de Dios.   

 Salmo: 144          
        R. Bendeciré tu Nombre eternamente, Dios mío, el único Rey          

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.           
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.           
Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino: tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R.     
          Lectura libro del Apocalipsis 21, 1-5ª            
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.»    
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas». Palabra de Dios.    


Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35               
Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.       
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.» 
Palabra del Señor. 

Reflexión
El testimonio del amor
El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la última Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.
Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el discutir las diferencias,  es necesario porque a partir de ello se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor.
Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

Amistad dentro de la Iglesia           
“La señal por la que os conocerán todos que son mis discípulos será que se amen unos a otros".
Este es el testamento de Jesús. Jesús habla de un "mandamiento nuevo". ¿Dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica. También filósofos diversos hablan de filantropía y de amor a todo ser humano. La novedad está en la forma de amar propia de Jesús: "amensen  como yo los he amado". Así se irá difundiendo a través de sus seguidores su estilo de amar.        
Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos: "No los llamo siervos... a ustedes los he llamado amigos". En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos.           
Por eso, Jesús corta de raíz las ambiciones de sus discípulos cuando les ve discutiendo por ser los primeros. La búsqueda de protagonismos interesados rompe la amistad y la comunión. Jesús les recuerda su estilo: "no he venido a ser servido sino a servir". Entre amigos nadie se ha de imponer. Todos han de estar dispuestos a servir y colaborar.            
Esta amistad vivida por los seguidores de Jesús no genera una comunidad cerrada. Al contrario, el clima cordial y amable que se vive entre ellos los dispone a acoger a quienes necesitan acogida y amistad. Jesús les ha enseñado a comer con pecadores y gentes excluidas y despreciadas. Les ha reñido por apartar a los niños. En la comunidad de Jesús no estorban los pequeños sino los grandes.   
Un día, el mismo Jesús que señaló a Pedro como "Roca" para construir su Iglesia, llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí".           
En la Iglesia querida por Jesús, los más pequeños, frágiles y vulnerables han de estar en el centro de la atención y los cuidados de todo. (2)

¿Cuál es la medida del amor?
Amor: Dios es amor. Dios es la fuente infinita del amor. Dios creó al hombre por amor. Lo creó a Su imagen, es decir, capaz de amar y ser amado. Todo amor verdadero es compartir el amor de Dios según sus designios.
Amar es dar: Dios nos lo ha dado todo con la CREACIÓN.
Amar es comunicarse: Dios se nos ha comunicado con la REVELACIÓN.        
Amar es hacerse semejante al amado: Dios se ha hecho uno de nosotros en la ENCARNACIÓN. 
Amar es sacrificarse por el amado: Dios nos ha dado su vida en la REDENCIÓN.          
Amar es obsequiar al amado: Dios nos da el supremo bien de la SALVACIÓN.                

Amor y la CruzDios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad. Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8, 34)» 

Jesús revela la plenitud del amor. El es amor encarnado.
El nos da la gracia para recibir su amor y ser amorosos. Amar es asemejarse a Dios.  Entonces compartimos su amor con todos. 
          
Para el Cristiano amar es el principal Mandamiento que encierra a todos los demás. Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»  Marcos 12,28-31
La medida del amor: No es suficiente amar según nuestra idea de lo que es amor, Jesús nos manda a amar como Él amó:
Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.
Jesús crucificado es la revelación más perfecta del amor. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Juan 15,13
Como cristianos estamos llamados a imitar a Jesús que dio su vida por todos.
En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. I Juan 3,16
En Cristo somos capaces de un amor sobrenatural, la plenitud de la vida para la que fuimos creados: 
Para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. -Colosenses 2,2
Nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Romanos 8:35
El amor no es algo abstracto. Se demuestra en la práctica. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.  I Juan 3,17-18
Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos.
«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. -Mateo 5,43-48. Cf. Lc 6, 28. (3)
¿Cómo amar?
San Pablo, I Corintios 13,1-12               Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. 
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. 
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.  
Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara.         
Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
Un Mundo Mejor es posible:
Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”. (1)
Para pensar: 
Ama hoy, mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?... ¡Eso hace tiempo!...             
¿Mañana?...No nos es permitido saber...          
Mañana puede ser muy tarde para decir que amas, para decir que perdonas, para decir me disculpas, para decir que quieres intentarlo nuevamente...              
Mañana puede ser muy tarde para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío...!    
Tu amor, mañana, puede ser inútil.   
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso. Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado. Tu carta, mañana, puede no ser leída. Tu cariño, mañana, puede no ser más necesario. Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...    

Porque mañana puede ser muy, muy tarde! no dejes para mañana para decir: ¡Te amo! ¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!   
No dejes para mañana Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda...          
No dejes para mañana para preguntar:             
¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estás triste? ¿Qué te pasa? ¡Oye!...ven aquí, vamos a conversar. ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no empezamos nuevamente? Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo? ¿Dónde están tus sueños?

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde! ¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más! ¡Solamente el "hoy" es definitivo! ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
Busca a Cristo hoy. ¡Mañana pueda ser muy tarde!            

                                                                                                                                                        Cuento de autor Desconocido
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que yo pueda escuchar Tú voz y seguirte
Lecturas de la semana
Lunes 29: Hech. 14, 5-18; Sal. 113; Jn. 14, 21-26.
Martes 30: Hech. 14, 19-28; Sal. 144; Jn. 14, 27-31a.
Miércoles 1: Ecle. 51, 12-20, Sal.  18; Mc. 11, 27-33.
Jueves 2Gn. 14, 18-20; Sal. 109; 1Cor. 11, 23-26; Lc. 9, 11-17.
Viernes 3: Tob. 1, 3; 2.1-8; Sal. 111; Mc. 12, 1-12.
Sábado 4: Tob. 2, 9-14; Sal. 111; Mc. 12, 13-17
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Servicio Bíblico latinoamericano. (2) J. A. Pagola. (3) Padre Jordi Rivero.
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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viernes, 19 de abril de 2013


“Yo soy tu Pastor y te conduciré hacia los manantiales de agua viva”
 
Lecturas del 21 / 04 / 13
  – Ciclo C –
 
Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52          
Pablo y Bernabé continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Estos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios              .
Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: «A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: “Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.»                
Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio.
Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio.
Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.  Palabra de Dios.      
 
Salmo 99              
      R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.            

Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos R.              
Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.       
¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.    

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17              
Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas.
Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano.       
Y uno de los ancianos me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.
Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo.       
El que está sentado en el trono habitará con ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor.
Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva.
Y Dios secará toda lágrima de sus ojos.»  Palabra de Dios.       
 
Santo Evangelio según san Juan 10, 27-30   
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.         
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.   
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.»
Palabra del Señor.             

Reflexión:
                            El Buen Pastor
               
Jesús, rechazado por los dirigentes. 
La escena del Evangelio se desarrolla en el templo y en los días de la fiesta de la dedicación o consagración del mismo. Los judíos celebraban tal fiesta como aniversario/recuerdo de la resistencia heroica de los macabeos contra la profanación del templo por Antioco Epífanes en el siglo II a. C. En el contexto de esta fiesta se enfrenta Jesús, una vez más, con los dirigentes judíos. De fondo está la controversia sobre su identidad y mesianismo. A la capciosa pregunta sobre si es el Mesías, Jesús no contesta directamente. Lo hace de forma indirecta, remitiendo al testimonio de sus obras, muchas y buenas, iguales a las del Padre. Ellos no le pueden creerle porque no son de los suyos. En su respuesta les ofrece la premisa necesaria para que saquen la conclusión. El conflicto está servido.       

El que Juan coloque esta escena en la fiesta de la consagración del templo y sitúe a Jesús en el pórtico de Salomón, el rey que construyó el templo planeado por su padre David, es algo intencionado. El evangelista quiere decirnos que Jesús es el nuevo templo consagrado, porque realiza las obras del Padre. Como nuevo Santuario, en el que brilla la gloria de Dios, sustituye al templo antiguo. Esta pretensión de Jesús pone en cuestión la legitimidad de la institución judía y derriba las posiciones de poder de sus dirigentes. Por eso, es rechazado e intentan apedrearlo y darle muerte.             

El Mesías, buen pastor. Los primeros forjadores del pueblo de Dios fueron nómades. De ahí que la imagen del pastor con su rebaño pasase a expresar las relaciones de Dios con su pueblo. Frente a los dirigentes que no sirven ni pastorean a su pueblo, Jesús se muestra Mesías bajo la figura del buen pastor. Así lo demuestran sus obras. El conoce a sus ovejas, las conduce a los pastos, las defiende de los peligros, se entrega totalmente y da su vida por ellas. Su autoridad proviene de la dedicación que les presta. Las grandes figuras de Israel, Moisés y David, fueron pastores.
 
Ahora, Jesús se presenta como pastor. Así es el Mesías. Sus credenciales no son jurídicas, sino que nacen de su actividad, igual a las del Padre, a favor de los oprimidos y desvalidos. Esto pone a los dirigentes judíos en una situación difícil, pues ellos no toleran estas obras, que sus intereses personales les impiden admitirlas. De ahí que le acusen de blasfemia e intenten apedrearlo.

Un Mesías muy humano.  Tú, siendo un hombre como los demás, te hacen Dios. Esta es la gran blasfemia que recibe Jesús de los dirigentes judíos. Esta es la gran blasfemia para ellos: uno de su raza, uno como ellos pretende ser Hijo de Dios. Hoy día, a muchos, la divinidad de Jesús no les causa problemas. Tienen dificultades en admitir su humanidad. Pero difícilmente pueden “saber” qué es y qué supone su divinidad si no son capaces de asumir plenamente su humanidad.
 
La nueva comunidad de Jesús: sus ovejas. Los discípulos de Jesús (sus ovejas) se distinguen porque: creen en Él -escuchan (reconocen su voz)-le siguen -no se perderán/ni perecerán jamás. En la relación a esta cuádruple distinción, Jesús afirma: que lo que le entregó el Padre, sus discípulos, es lo que más le importa -Él los conoce- los defiende y les da la vida para siempre. Ellos son el nuevo pueblo y nadie podrá arrebatárselo.
 
Una voz inconfundible. Saber escuchar. Hoy somos víctimas de una lluvia abrumadora de palabras, voces, imágenes y mensajes, que corremos el riesgo de perder nuestra capacidad para escuchar la voz que necesitamos oír para tener vida. Recibimos y absorbemos imágenes, palabras, anuncios, y todo cuanto nos quieran ofrecer, para alimentar nuestra trivialidad, nuestra evasión, nuestra frustración, o nuestra posición de privilegio. Hoy, más que en otros momentos de la historia, el ser humano necesita urgentemente recuperar de nuevo la capacidad de escucha, si no quiere ver su vida y su fe ahogarse progresivamente en la trivialidad. Nuestra sociedad está enferma en su voluntad de vivir. La civilización de la abundancia le ha ofrecido medios de vida, pero no motivos para vivir.           

Todos necesitamos estar más atentos a la llamada de Dios, escuchar la voz de la verdad, sintonizar con lo mejor que hay en nosotros, desarrollar esta sensibilidad interior que percibe, más allá de lo visible y de lo audible, la presencia de Aquel que puede dar vida a nuestra vida.      

“Mis ovejas escuchan mi voz”. El primer reto es reconocer la suya entre tantas voces que nos llevan al tropel, al asalto. Nos bombardean a diario: ofreciéndonos, informándonos, pidiéndonos… hasta habrá que cribar mucho. Habrá que eliminar. Habrá que discernir cuidadosamente.

Yo las conozco. La suya es una voz amiga. Tiene el acento familiar, directo, de quien no es la primera vez que nos visita. Sabe llegar a lo más hondo de nuestro ser, a ese fondo cuya llave guardamos celosamente. No se deja engañar por nuestra fachada, porque conoce las razones íntimas de nuestras actitudes. Sabe discernir nuestro lado positivo. Y, sabe, siempre, despertar lo mejor que hay en nosotros. Su voz tiene un tono inconfundible: el de la vida. Nos da vida y nos abre a la vida.  

Ellas me siguen. Una voz así no puede caer en vacío. Trae aires nuevos de esperanza. Pide, sí, mucho. Pero porque antes Él ha sido capaz de darnos todo, de darse entero. Seguirle es acoger y cuidar gozosamente todo lo que da la vida, y proseguir su causa. Sólo haciendo el éxodo hacia el mundo, y escuchando “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”, podemos seguirle. La nueva comunidad de Jesús ha de asumir esta triple opción: Hacerse cargo de la realidad: lo que supone estar en la realidad del mundo para conocerla. 
Cargar con la realidad: o sea, asumir con responsabilidad de lo que el mundo es y de lo que en él acontece.            
Encargarse de la realidad: es decir, tomar la opción de transformarlo, de esperanzarlo, de hacerlo más habitable, más humano y más reino de vida.

En este domingo del Buen Pastor elevamos oraciones por las vocaciones sacerdotales y religiosas, pastores con la misión de guiar a las ovejas en nombre de Cristo. La vocación es una llamada de Jesús, cuya voz es distinguida entre otras voces inauténticas que llaman:
 
Se presentan muchos caminos y es necesario entrar por el que lleva a la vida.     

Hay necesidades de socorrer y compromisos que cumplir: se trata de saber cuál es la necesidad más urgente y el compromiso más ineludible.                
Hay muchas causas nobles y la elección acertada consiste en distinguir cuál es la causa tan noble que merece la entrega de la propia vida.                
Qué hermosa ocasión para que miremos nuestra vida y reflexionar.    
                                                                                                                                                                                                   Pbro. Daniel Silva (2010).
 
  Un mundo mejor es posible, tenemos que decidirnos:
 
"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna".
Jesús no fuerza a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna. Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.
Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de
 manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana.
Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.        
Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.    
Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos
 cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús.
                                                                                                                                                                                                                                                                José A. Pagola
 
El precio de un milagro      

Ésta es una historia verdadera. Mariela era una niña precoz de ocho años. Un día escuchó a su mamá y a su papá hablar acerca de su hermanito Javier. Ella sólo sabía que él estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero. Planeaban mudarse a un complejo de departamentos el mes siguiente, porque su padre no tenía lo suficiente para pagar las facturas médicas y la hipoteca. Sólo una operación costosísima podría salvar a Javier. Escuchó que su padre estaba gestionando un préstamo, pero no lo conseguía. Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenía los ojos llenos de lágrimas: "Sólo un milagro puede salvarlo." Mariela fue a su cuarto y sacó un frasco de dulce, que mantenía escondido en el placard, donde guardaba algunos centavos. Vació todo su contenido en el suelo y lo contó cuidadosamente. Lo contó una segunda vez y ¡una tercera! La cantidad tenía que ser perfecta. No había margen para errores. Luego colocó las monedas en el frasco nuevamente, lo tapó y salió por la puerta de atrás. Caminó seis cuadras hasta la farmacia y esperó pacientemente su turno. El farmacéutico parecía muy ocupado y no le prestaba atención. Mariela movió su pie, hizo ruido. Nada. Se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo producir. Nada. Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador. -"¿Qué deseas?" -le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable. Y agregó sin esperar respuesta: "Estoy hablando con mi hermano, que acaba de llegar de Chicago, y no lo he visto en años". -"Bueno, yo quiero hablarle acerca de mi hermano" -le contestó Mariela en el mismo tono y explicó: -"Está muy enfermo y quiero comprar un milagro". -"¿Qué decís?", preguntó el farmacéutico. -"Mire -siguió Mariela- su nombre es Javier, tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi papá dice que sólo un milagro puede salvarlo. Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?" -"Aquí no vendemos milagros, querida. Lo siento, pero no puedo ayudarte", le contestó el farmacéutico; ahora en un tono más dulce. -"Mire, yo tengo dinero para pagarlo. Si no es suficiente, conseguiré el resto. Sólo dígame cuánto cuesta", precisó la nena. El hermano del farmacéutico se inclinó y le preguntó a la niña: -"¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?" -"No sé -contestó Mariela- Sólo sé que está muy enfermo. Mami dice que necesita una operación. Pero papá no puede pagarla, así que yo quiero usar mi dinero". -"¿Cuánto dinero tenés?", le preguntó el hombre de Chicago. -"Tres pesos con 25 centavos", contestó Mariela en una voz que casi no se entendió. "-Es todo el dinero que tengo, pero puedo conseguir más si no alcanza". -"Pero ¡qué coincidencia...! -dijo el hombre, sonriendo- Tres pesos con 25 centavos, es justo el precio de un milagro para hermanos menores". Tomó el dinero en una mano, con la otra a la niña del brazo, y le dijo: -"Llévame a tu casa. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. Veamos si yo tengo el milagro que vos necesitas". Ese hombre (hermano del Farmacéutico) era el Dr. Carlton Armstrong, especialista en neurocirugía. La operación se efectuó sin cargo y en poco tiempo Javier estaba de regreso a casa y con buena salud. Los padres de Mariela hablaban felices de las circunstancias que llevaron a este prestigioso doctor hasta la puerta de su casa. -"Esa cirugía -dijo su madre- fue un verdadero milagro. Me pregunto ¡¿cuánto hubiera costado?!". Mariela sonrió. Ella sabía exactamente cuánto costaba un milagro; tres pesos con 25 centavos, más la FE de una niña.
 
Y supo para toda la vida que un milagro no es suspender la ley natural, sino obrar con un poder superior, como la FE.       
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para poder seguirte.
 
Buen Pastor, Dios de la vida, Dios entre nosotros, gracias por acompañarnos en nuestro peregrinar.
 
Lecturas de la semana
Lunes 22: Hech. 11, 1-18; Sal. 41; Jn. 10, 1-10.
Martes 23: Hech. 11, 19-26; Sal. 86; Jn. 10, 22-30.
Miércoles 24: Hech. 12, 24—13.5, Sal.  66; Jn. 12, 44-50.
Jueves 251Ped. 5, 5-14; Sal. 88; Mc. 16, 15-20.
Viernes 26: Hech. 13, 26-33; Sal. 2; Jn. 14, 1-6.
Sábado 27: 2Tim. 1, 13-14;2, 1-3; Sal. 95; Mt. 9, 35-38
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María:
 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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