Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 5 de febrero de 2017

“Ustedes son la luz del mundo”, Quinto domingo durante el año Ciclo A


Lecturas del 5-02-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro de Isaías 58,7-10.       
Así habla el Señor: Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!".
Si eliminas de ti todos los yugos el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. Palabra de Dios.    

Salmo 111
R: Para los buenos brilla una luz en las tinieblas
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R        
El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor. R
Su ánimo está seguro, y no temerá. El da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R           

1° Carta de Pablo a los Corintios 2,1-5.                  
Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. 
Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.            
Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Palabra de Dios.  

Evangelio según San Mateo 5,13-16.                    
Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.       
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.           
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo”. Palabra del Señor.


Reflexión:
Sal y Luz del mundo

Mateo recoge unas sentencias de Jesús en las que las imágenes de la sal y de la luz sirven para dirigir una palabra de ánimo a los discípulos perseguidos.  Las dos comparaciones empleadas son cristalinas y han de tomarse en su sentido obvio.  Jesús dice, con gran fuerza y simplicidad, que los que viven según el estilo de las bienaventuranzas son la sal de la tierra y la luz del mundo, es decir, el fermento de una nueva humanidad que alcanza a todos.  La novedad y la liberación que trae el Reino no pueden perder fuerza ni permanecer ocultas por medio de la persecución, o por dejadez de los discípulos, sino que deben hacerse presentes en su testimonio de vida, para que todos los hombres y mujeres reconozcan y den gloria al Padre.
Ser discípulo: ser misionero. “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo…” Muestren que el reino de Dios está presente. Es uno de los pasajes de la dimensión misionera de la fe.  Creer es saberse enviado.  La misión es signo y condición de la fe.  Algo consustancial con ella, lo mismo que el salar y conservar la consubstancialidad con la sal, y el alumbrar con la luz.  La misión pertenece a la identidad del discípulo y de la comunidad cristiana.  La comunidad cristiana o es misionera o no es nada, lo mismo el discípulo.

Hay que observar asimismo la dimensión universal de la misión: la “tierra” y el “mundo” son la humanidad entera sin distinción.  La comunidad de los discípulos, toda la comunidad cristiana, cada uno de nosotros, so pena de una completa inutilidad (¿de qué serviría una sal insípida o una luz oculta?), hemos de manifestar lo que somos, dar lo que tenemos, hacernos “profecía”; y no de palabras sino con las obras.

Dar sabor a la vida.  La sal da sabor y conserva los alimentos.  Probablemente la gente sencilla que escuchaban a Jesús captaban en toda su frescura el simbolismo de la sal y entendían que el Evangelio puede poner en la vida de los hombres un sabor y una gracia” desconocidas.  Pero, hoy, muchas personas que se consideran creyentes no saben cómo experimentar y vivir la vida en cada momento de una manera más intensa, rica, generosa y fecunda.  Padecen anemia: la fe se les ha vuelto sosa y no encuentran creyentes capaces de contagiarles entusiasmo.

Quizás una de las tareas más necesarias y urgentes que tenemos como cristianos sea la de volver a salar nuestra fe al calor del Evangelio, la oración y el clima de la comunidad fraterna.  Necesitamos redescubrir que la fe es sal que puede saborear y nos puede hacer vivir de una manera nueva todo, la vida y la muerte, la convivencia, la soledad, la alegría y la tristeza, el trabajo y la fiesta.
Salar la tierra.  Entre los cristianos, unos hemos confundido demasiado ligeramente la evangelización con el hecho de querer que se acepte socialmente nuestro cristianismo, otros nunca hemos dado importancia a la misión, a la extensión, y hemos de vivir nuestra fe en privado.  Por eso las palabras de Jesús, que nos urge a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, nos obligan a hacernos algunas preguntas: ¿Somos los creyentes de la Buena Noticia para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es signo y presencia del Reino para la gente de hoy? ¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane, libere a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, de nuestro pueblo? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las personas en estos tiempos de incertidumbre, y ofrecer esperanza y un horizonte nuevo a quien busca salvación?

Orar: un asunto muy simple. (monje benedictino irlandés)

Te basta estar conmigo. Es todo cuanto te pido. No pretendo subidos pensamientos, ni desbordes emocionales, ni que armes frases bonitas. Sólo te pido que permanezcas conmigo.            
Necesito tu compañía ahora mismo, tanto como necesité la compañía de Pedro, Santiago y Juan en Getsemaní. Ellos se durmieron, es cierto, pero Yo los sabía allí, y su sola presencia era consuelo para mi agonizante Corazón. 
Temes las distracciones, la divagación, y los pensamientos zonzos; estos no me ofenden, pues no son más que moscas zumbando en el fondo. 
Yo estoy atraído por tu presencia ante Mí. ¿Te perturba que diga semejante cosa?                          
Es que estoy absorto por ti: mis ojos reposan sobre ti; mi corazón es todo tuyo; te estoy escuchando atentísimo; y todo mi foco está concentrado en ti, cuando vienes a buscarme. Créeme que Yo estoy completamente fascinado por ti, y pronto estarás tú completamente fascinado por Mí.                        

Te hablo aquí usando palabras humanas, empleando el idioma de la amistad, del afecto, del amor. Estoy presente aquí con toda la sensibilidad y ternura de mi condición humana. Estoy aquí ofreciéndote mi amistad, dispuesto a pasar tanto tiempo contigo cuanto tú estés dispuesto a pasar conmigo.
Te quiero cerca: tan cerca como Juan lo estaba cuando, en mi última Cena, apoyó su cabeza sobre mi pecho.          
Una plegaria como ésta no puede ser calculada o medida en términos de minutos y horas. Es lo que es y es así en tanto permanezcas en mi presencia.              

Aun cuando el tiempo de tu adoración haya terminado, Yo permaneceré contigo. Estoy en ti, todo atento a ti, todo amante, listo en cada instante para entrar en conversación contigo, para fortalecerte ante la tentación, para confortarte en tus penas, para ser una luz en tus tinieblas.    
Requiere tan sólo un poco de fe darse cuenta que uno nunca está solo, y percibir mi presencia, mi disponibilidad a comunicarte a Mí mismo sin palabras, por una infusión de mi gracia.                       

Aprovecha lo que te estoy diciendo ahora para confortar a otros que luchan en su plegaria, a los que consideran difícil y ardua la oración, y cosa excepcional en la vida de la gente común. Puesto que para el hombre que busca mi Rostro y desea descansar sobre mi pecho, Yo hago de la oración algo muy simple: silente, apacible, purificante, y divinamente provechoso.
                                                                          
“Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu Palabra” (Salmo 119, 114).

Ven Señor Jesús
«¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap. 22, 17)

Señor Jesús, Orante y Maestro, henos aquí: somos tu Pueblo, tu rebaño, los herederos de tu plegaria.
Nuestros ojos, nuestro pensamiento, nuestro corazón están vueltos enteramente hacia Ti: queremos verte orar, para imitar, con amorosa atención, tus gestos, tus modos, tus lugares y tus tiempos; tus palabras, tus silencios: ¡tú Oración, Señor!
Sabemos que sólo en Ti está la Fuente viva de la Plegaria.
¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de Oración viva.
¡Enséñanos a orar! A hacer de la oración experiencia de Amor.

Tus brazos en alto son el Camino de nuestra súplica.

Tú Corazón, el Árbol frondoso donde anidan nuestros rezos; Tú eres la Vid donde injertamos el tembloroso Abba que gime el Espíritu.

Tus ojos fijos en el Padre que nada te niega y tus manos abiertas en confiada súplica de Niño, son, Jesús, la Escuela de nuestra oración de hijos.
Entre el atrio de nuestras inquietudes más externas, y el altar de nuestro herido corazón: llora Tú, Sacerdote Eterno, dentro de nosotros presente, por los que vivimos lejos del Amor del Padre.

Señor, enséñanos a orar; pero más aún: enséñanos a dejarte orar a Ti en nosotros.
Que tu plegaria fluya por nuestro cauce interior y transforme el estéril arenal de nuestra seca oración en el regado paraíso del trato de amistad.

Tú, Amigo y Señor, Hermano y Dios, Maestro y Modelo, siempre vivo para interceder, que vives y reinas y oras, por los siglos de los siglos.    Amén                                             
Fraternidad Monástica del Cristo orante, Tupungato, Mendoza.

 Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón.

"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica la capacidad del amor, agranda el corazón".

“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”

"Lo importante no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".

“Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero”

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano.  Pbro. Daniel Silva.

Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 28 de enero de 2017

Felices lo que tienen alma de pobres” Cuarto domingo durante el año




Ciclo A
Lecturas del 29-01-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13 Busquen al Señor, ustedes, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos en el día de la ira del Señor. Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá injusticias, ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán, sin que nadie los perturbe. Palabra de Dios.

Salmo 145, 7-10

R. Felices los que tienen alma de pobres.
El Señor mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.
El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos. El Señor protege a los extranjeros. R.
Sustenta al huérfano y a la viuda, y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sion, a lo largo de las generaciones. R.

Primera carta de Pablo a los Corintos 1, 26-31.
Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable, y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que, por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”. Palabra de Dios. 

Evangelio según san Mateo 4, 25—5, 12
Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tiene hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”. Palabra del Señor.

Reflexión:  
Las Bienaventuranzas

La propuesta de Jesús. Todos queremos ser felices: es el deseo más profundo del ser humano. Si Dios puso este vehemente deseo en nuestro corazón, es señal de que, realmente, podemos –¡y debemos! – ser felices.

Nadie sabe dar una respuesta totalmente convincente y clara cuando se nos pregunta sobre la felicidad: ¿Qué es? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?  No se logra la felicidad de cualquier manera, la felicidad no se compra.  Por eso hay personas tristes a pesar de que cada día hay más ofertas y caminos para ser feliz.

Pero hay “formas y formas” de imaginar la felicidad. ¿Dan resultados las fórmulas que nos venden la sociedad de consumo, los medios? Pasan los años, se suceden las propuestas, “arañamos” algunas “migajas” de felicidad y nos damos cuenta de que nuestro corazón no cesa de estar inquieto y siempre en búsqueda. La felicidad verdadera va más allá de la misma muerte; convive con los problemas de la vida, es más fuerte que los fracasos personales; se apoya en Dios.
Entonces, en qué creer: ¿en las Bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de nuestra sociedad?  
Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que somos más felices cuando amamos.  Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir renunciando y sacrificándose más que los demás. Ser cristiano, es buscar la felicidad, una felicidad que comienza aquí, y que alcanzará su plenitud final con Dios.




Las bienaventuranzas son la síntesis de la vida cristiana.  Las palabras de Jesús tienen un marco solemne.  Habla desde el monte, lugar tradicional de la manifestación de Dios, y sentado cerca de sus discípulos, rodeado de la multitud que le siguen, y en actitud de enseñar. Los destinatarios son todos. Somos todos.

Mateo va señalando pistas que conducen a la verdadera felicidad.  Los que viven según el estilo del Reino y encarnan estas actitudes (es decir, los que practican la justicia), aunque sean perseguidos, serán dichosos y tendrán su recompensa en Dios.

Los gritos de alegría de Jesús por la llegada del Reino de Dios y la liberación que viene de Jesús, fueron interpretadas en las comunidades de Mateo como orientaciones para la conversión y el cambio de vida que exige dicho acontecimiento.
En cada bienaventuranza existe una tensión entre la situación presente y la que está a punto de brotar.  Los pobres, los que sufren, los que tienen hambre, los misericordiosos van a ver cambiada su suerte.  La actual situación no es querida por Dios.

Las bienaventuranzas declaran dichosas a las personas consideradas «pobres» y desgraciadas.  La primera de ellas resume de algún modo las demás: llama dichosos a los pobres de espíritu a los que han puesto la confianza sólo en Dios, y al mismo tiempo invita a adoptar esa actitud a todos los que quieran tener parte en el Reino.  Jesús no proclama a los pobres “dichosos” por el hecho de ser pobres, ni menos aún señala la pobreza como un ideal de vida.  La dicha de los pobres radica en el mismo hecho de que ya ha llegado para ellos el Reino de Dios y en que Dios los ama.

Las bienaventuranzas son una proclamación mesiánica, un anuncio de que el Reino de Dios ha llegado.  Los profetas habían descripto el tiempo mesiánico como el tiempo de los pobres, los hambrientos, perseguidos y los inútiles iban a sentirse ricos, saciados, respetados, útiles.
Jesús proclama que ese tiempo ha llegado, de ahí la alegría y el gozo sean algo fundamental en las bienaventuranzas.  No son una ley, ni un código, ni una norma moral: son Evangelio, anuncio gozoso de la realización del Reino.
Jesús proclama que ha llegado el tiempo mesiánico y es para todos.  Ante el amor de Dios no hay próximos y lejanos, no hay marginados.  No van dirigidos a individuos aislados o a una elite de consagrados, sino a los creyentes, a todos los discípulos de Jesús.

Jesús las proclamó y las vivió.  Por eso, la proclamación de las bienaventuranzas va precedida de un sumario de su actividad: le rodeaban enfermos de toda clase, de diversos males, endemoniados, epilépticos, paralíticos y él los curaba.
Quienes viven con el Maestro, quienes viven las actitudes del Reino, quienes viven las bienaventuranzas, serán injuriados y perseguidos.  La persecución es señal que tarde o temprano acompañan a los que entran en la dinámica del Reino y trabajan por él.

Nuestro tiempo: la apatía. Vivimos un mundo cada vez más apático, en el que está creciendo la incapacidad para percibir el sufrimiento ajeno, la incapacidad de sufrir.  La organización de la vida moderna parece ayudar a encubrir la miseria y la soledad de la gente y ocultar el sufrimiento hondo de las personas.  En medio de esta sociedad se hace todavía más significativo el mensaje de las bienaventuranzas y la fe cristiana en un Dios crucificado que ha querido sufrir junto a los abandonados de este mundo.

Dios no es apático.  Dios sufre donde sufre el amor.  Por eso, el futuro proyectado por Dios pertenece a esos hombres y mujeres que sufren porque apenas hay lugar para ellos en el corazón de los hermanos y en esta sociedad.

Todos sabemos por experiencia, que la vida está sembrada de problemas y conflictos.  Pero a pesar de todo podemos decir que la “felicidad interior” es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir.  Se puede afirmar incluso que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando es vivida con acierto y plenitud.

Nuestro problema consiste en que muchas veces la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados, que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.

Por eso hoy es importante que las bienaventuranzas nos inviten a preguntarnos si tenemos la vida bien plantada o no.  ¿Qué sucedería en mi vida si yo viviera con un corazón más sencillo, sin tanto afán de seguridad, con más limpieza interior, más acento a los que sufren, con la confianza en un Dios que me ama de manera incondicional? 


Reflexionamos y oramos

Escuchar. Prestar oído al mensaje de Jesús.
Creer. Dejar que las bienaventuranzas arraiguen en nosotros. Dar crédito a la palabra de Jesús.
Gozar. Alegrarse por el mensaje tan nuevo y radical.
Vivir en positividad. Apreciar la vida, las opciones tomadas, el camino que voy recorriendo.  Saberme llamado, invitado, amado, enviado.
Anunciar. Recordar con frecuencia que soy dichoso, que estoy llamado a ser feliz. Testimoniar lo que estoy viviendo.
                                                                                  

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.

Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.

Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad.

Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.

Quédate conmigo, Señor, para que yo pueda escuchar Tú voz y seguirte.

Quédate conmigo, Señor, porque yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía. Quédate conmigo, Señor, si Tú deseas que yo sea fiel a ti.

Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa.
Es necesario que renueve mi fortaleza, para que yo no pare en el camino y por eso yo te necesito.
Se está haciendo tarde y tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. Oh como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.

Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón. Amén.       P. Pío 

Ven Señor Jesús
«¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap. 22, 17)

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano.  Pbro. Daniel Silva.
Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 21 de enero de 2017

“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres” Tercer domingo durante el año




 Ciclo A
Lecturas del 22-01-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro de Isaías 8, 23b - 9, 3
En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Palabra de Dios.

Salmo 26, R: El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R      
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R    
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.  R                      

1º Carta de Pablo a los Corintios 1,10-14.16-17 
Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo». ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo.  Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.    Palabra de Dios.
       
Evangelio según San Mateo 4, 12-23                       
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".             
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.       
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.                     
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Palabra del Señor.

Reflexión:
Retomando lo reflexionado en el texto del domingo anterior, cuando Juan el Bautista es puesto en la cárcel, por Herodes Antipas, Jesús se va a Galilea y se instala allí para dar cumplimiento a la profecía de Isaías que está en el Capítulo 9. Las regiones de Galilea, que vivían “en la oscuridad” ahora ven una gran luz.

El Señor es mi luz y mi salvación. El tema de la luz, que brilla en medio de las tinieblas es una forma muy importante para destacar en todo el ministerio de Jesús.
Y a todos los que viven en la oscuridad, Dios otorga su luz por medio de su Hijo Jesucristo, revelación del amor del Padre, ilumina toda situación humana por dramática que ésta sea, porque él ha asumido nuestra condición humana hasta sus últimas consecuencias. Cuando Cristo ilumina nuestras almas no hay lugar en ella para el temor o el desaliento, por el contrario, en ella surge la paciencia que todo lo soporta, la fortaleza capaz de las más grandes empresas, la generosidad que no se reserva nada para sí. El alma descubre en sí capacidades hasta entonces desconocidas.

"Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor". Palabras que iluminan nuestra existencia muchas veces turbada por las angustias del mundo, por los temores del mal, por la incertidumbre del futuro, pero Cristo no deja de llamarnos: Vengan y síganme…

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Anuncia Jesús en su  «primera predicación» y va a ser la tónica dominante de su evangelización: la venida del Reino de Dios, como buena noticia que invita al cambio: “Vuélvanse a Dios”, «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado».

No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de hacer. Volverse a Dios significa un cambio radical de vida. Dejar las malas costumbres y vivir de acuerdo a como el Dios de la vida presente entre nosotros nos enseña.

Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacerlo posible, porque cambiando, ya está viniendo ese Reinado.

Discipulado: Jesucristo, desde el inicio de su vida pública, llama a otros y los asocia a su misión salvífica. En el evangelio de hoy lo vemos llamando a los primeros apóstoles para que lo sigan y para constituirlos pescadores de hombres. Ellos, entrando en su interior, experimentan el amor electivo de Jesús y manifiestan una disponibilidad y una generosidad ilimitada sostenidos por la gracia divina. Dejan a su padre, dejan su antiguo oficio y se ponen en camino siguiendo las huellas de Jesús. Estar convertido, es seguir a Jesús, cambiar de vida, dejarlo todo y emprender un nuevo camino.

Cristo quiso que el hombre participara en la misión redentora. Él será el verdadero y único mediador, pero los hombres, llamados por él, serán sus apóstoles quienes proclamarán el Evangelio. Los apóstoles, por su parte, van profundizando poco a poco en el significado de su participación en la misión de Cristo. La experiencia profunda de esta participación los hará exclamar: nosotros no podemos más que hablar de lo que hemos visto y oído (Hech 4,20). Esta experiencia es la que hará que san Pablo repita de mil modos que Cristo lo eligió para ser apóstol del evangelio sin ningún mérito propio, y que él tiene el deber y el derecho de predicar y ¡Hay de él si no lo hiciese!
En toda llamada de Dios se da esta participación en la misión real de Cristo, Así como Dios llamó en el pasado a los apóstoles, así también hoy nos sigue llamando a una vida de consagración a la extensión de su Reino.
 La iniciativa es de Jesús (“vio, les dijo, los llamó”), no son ellos los que se constituyeron a sí mismos discípulos, sino Jesús quien los llama. 
El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que les lleva a un profundo discernimiento.  Los hace capaces de romper los lazos sociales, dejar el oficio, los medios económicos (redes y barca) y la familia (padre) para irse detrás de Él.  El oficio representa la seguridad y la identidad social; el padre representa las raíces de uno mismo.

“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”

El seguimiento es un camino.  Esto se representa en dos movimientos “dejar y seguir”, que indican un desplazamiento del centro de la vida.  La llamada de Jesús nos pone sobre el camino marcado por Él, para que nosotros podamos seguir tras sus huellas y proseguir su causa para vivir como hijos y anunciar su Buena Noticia, hoy y aquí, en estas condiciones actuales.

El seguimiento es  misión.  Dos son las coordenadas del discípulo: la comunión con el Maestro (“síganme”) y una carrera hacia el mundo (“los haré pescadores de hombres”).  La segunda nace de la primera.  Jesús no coloca a sus discípulos en un espacio separado y sectario; los envía al mundo.  Ahí es donde han de ser discípulos y testigos de la Buena Noticia.

La llamada puede surgir en cualquier lugar.  La llamada de los primeros discípulos se ubica a orillas del lago, por donde Jesús paseaba y donde los hombres estaban entregados a su trabajo, no se realiza en el templo: simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas. 
 
Hoy
Algo nuevo y bueno.
¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días?
¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.            
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.       
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.          

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mí me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.  Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.  J. A. Pagola.

Ven Señor Jesús
« ¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap 22, 17)


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano. Catholic net.
Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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sábado, 14 de enero de 2017

Jesús se hizo presente en mi vida y"doy testimonio de que él es el Hijo de Dios" Segundo Domingo durante el año


15 de enero 2017, -Ciclo A-

Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón. Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla.
Amén
Libro de Isaías 49,3-6.      
El Señor me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré".                 
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.   
El dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra. Palabra de Dios.      

Salmo, R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: "Aquí estoy”. R

“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón". R       

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R  

1º Carta  de San Pablo a los Corintios 1,1-3.
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sostenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.                   
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Palabra de Dios.   
Evangelio según San Juan 1,29-34.              
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.     
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".   
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.   
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo'.  Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Palabra del Señor.

Reflexión

El testimonio de Juan sobre Jesús
Este pasaje evangélico contiene el testimonio central de Juan Bautista sobre Jesús. Al no señalarse auditorio, su testimonio es perenne, dirigido a todas las personas de todos los tiempos y con eco permanente en la comunidad cristiana.

Juan anuncia quién es Jesús.  La primera parte es una declaración hecha al ver a Jesús que llegaba.  La segunda es un testimonio sobre él, que nace de su experiencia personal.  Juan ha visto con sus propios ojos al Espíritu que bajaba y se quedaba en Jesús.  Pero su testimonio no nace por condición humana –por dos veces Juan niega haber conocido antes  a Jesús-, sino que procede de un anuncio divino confirmado por su propia experiencia.

Dos títulos caracterizan a Jesús: “Cordero de Dios” e “Hijo de Dios”.  Y dos frases describen su actividad: “el que quita el pecado del mundo” y “el que bautiza con Espíritu Santo”. Jesús es el Cordero de Dios por ser Hijo de Dios, el don de Dios a la humanidad.  Y el objeto de ese don de Dios es hacer posible que el mundo escape de la muerte y obtenga la vida.  Más adelante, en el Evangelio, se nos dirá: “Así mostró Dios su amor al mundo, enviando a su Hijo único, para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en Él” (Jn 3, 16)

El titulo de Cordero de Dios hace referencia al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la muerte y cuya carne fue comida por el pueblo al comienzo de su éxodo de Egipto. (Ex. 12, 1-4).  Utilizando un símbolo de la cultura del pueblo, el cordero, Juan describe la misión del Mesías; Él será, con su muerte, el liberador y el alimento de los que le sigan en el éxodo que va a realizar. Es una nueva época pascual, pues tiene la alegría de la libertad, y representa la verdadera alianza de Dios con la humanidad.

La expresión “que quita el pecado del mundo” describe la liberación que va efectuar Dios por medio de Jesús.  Hay que  notar que el pecado del mundo ya existe antes de que Jesús comience su actividad; eliminarlo va a ser su misión.  En consecuencia, el pecado no se identifica con la no adhesión a Jesús.  El pecado del mundo es el rechazo de la palabra-vida que interpela a la humanidad ya antes de la llegada histórica en Jesús.  El pecado consiste en oponerse a la vida que Dios comunica frustrando así su proyecto creador.

Para su misión Jesús ha recibido la unción de Mesías, que es plenitud del Espíritu y comunicación personal de Dios.  Él es por eso “Hijo de Dios”, Dios entre los hombres, el enviado del Padre, el que ha bajado del cielo, la Palabra encarnada.  Participando de la plenitud que Él posee, los que se adhieren a Él nacerán del Espíritu (eso es el bautismo con Espíritu) y recibirán la fuerza de vida que los liberará de la opresión del pecado.
Juan al declararlo hace una invitación a los hombres y mujeres de toda época; les hace saber que en Jesús se encuentra la vida, que por Él pueden liberarse de la opresión y el pecado.

Muchas veces los cristianos que llevamos en el fondo de nuestro ser la caricatura de un Dios desfigurado que tiene poco que ver con el verdadero rostro del Dios que nos ha revelado en Jesús. Todavía no hemos comprendido que Dios no es un dictador celoso de nuestra felicidad, controlador implacable de nuestros pecados, sino una mano tendida con ternura, empeñada en quitar el pecado del mundo.

Los cristianos que necesitamos liberarnos de un grave malentendido; las cosas no son malas porque Dios ha querido que sean pecados.  Es exactamente al revés.  Precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad, son pecados que Dios quiere quitar del corazón del mundo y del corazón de cada hombre y mujer.
Por eso, cuando Juan nos presenta a Jesús como “el que quita el pecado del mundo”, no está pensando en una acción moralizante, una especie de saneamiento de costumbres.  Está anunciándonos que Dios está a nuestro lado frente al mal.  Que, en Jesús, Dios nos ofrece su amor, su apoyo, su alegría, para liberarnos del mal y vivir en plenitud.

Con frecuencia hemos olvidado algo que es central en el Evangelio.  El pecado no es solamente algo que puede ser perdonado, sino algo que debe “ser quitado” y arrancado de la humanidad.  Jesús se presenta como alguien que “quita el pecado del mundo”.  Alguien que no solamente ofrece el perdón, sino también la posibilidad de ir quitando el pecado, la injusticia y el mal que se apodera de los seres humanos.  La conclusión es evidente: creer en Jesús no consiste sólo en abrirse al perdón de Dios.  Seguir a Jesús es comprometerse en su lucha y su esfuerzo por quitar el pecado, que domina a los hombres y mujeres, y todas sus desastrosas consecuencias.
Debemos tomar consciencia de la profunda contradicción que se da en el interior de nuestra vida cuando la apatía y la indiferencia apagan en nosotros el fuego del Espíritu.  Parecemos hombres y mujeres que, por decirlo con palabras del Bautista, han sido “bautizados con agua” pero a los que falta todavía “ser bautizados en el Espíritu Santo y fuego”.  Es necesario gustar y saborear a Dios sumergiéndose en el Espíritu.

La única razón de ser una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo.  Dicho de otra forma; actualizar hoy en sociedad el misterio del amor liberador de Dios manifestado en Cristo.  Difícilmente seremos testigos de Dios si no manifestamos su amor salvador y liberador. 
Tal vez una de las tragedias del mundo actual, tan radicalizado en muchos aspectos, es no contar con experiencias de “fe radical” y de “testigos vivos” de Dios. 
La figura del Bautista, testigo verdadero de Jesucristo, nos obliga a hacernos la pregunta: ¿Ayuda mi vida a alguien a creer en Dios?

Hoy, en mi vida:
Saber reconocer, como Juan Bautista, dentro de un bautismo masivo-en la normalidad de la vida, en los acontecimientos de hoy, en ese que se acerca o se aleja…- al que quita el pecado del mundo, al que bautiza en el Espíritu, al que nos da la vida, identidad y esperanza, el que cura nuestras heridas.
Recordar  a todos los que han hecho y hacen posible mi fe, a todos los que han dado a conocer a Jesucristo y han hecho de mí una persona nueva.  Recordar y agradecer su testimonio –sus palabras, sus hechos, su vida, su fe. 
Creo y vivo esto gracias a otras muchas personas que han creído, gracias a esta iglesia que me parece pobre y reaccionaria, gracias a esta comunidad que no acaba de consolidarse.

Aprender a ser.  Mirando a Juan, mirando a Jesús, dejándose conducir por el Espíritu.  Se aprende a ser sabiendo, estar en el mundo, en la historia, en la vida, viviendo nuestra vocación anunciando y bautizando, dando esperanza, acercando un poco más el reino de Dios a nuestra realidad, a nuestro pueblo, a nuestra casa…

Tomar conciencia de que hay algo que nos impide vivir en plenitud.  Es una realidad social y estructural que llamamos pecado, y de la cual necesitamos ser liberados. 
Y hay alguien que nos libera, que nos ofrece espacios abiertos y caminos de libertad, que rompe nuestras cadenas y nos pone sobre las alas del Espíritu.  Alguien que nos habla y espera que acojamos su propuesta.
Y si es necesario, vivir la invernada sin perder la esperanza.  El hielo de la indiferencia social nos está cercando.  Dios aparece como algo superfluo y no necesario.  La fe se ha desligado de lo social y hasta de la vida.  El pecado, hasta como término, ha desaparecido.  Ser cristiano no se estila y hasta parece decir y aporta poco.  Quizá  haga falta mucho tiempo y paciencia para superar la invernada y fundir ese hielo que hoy congela la vida…  Orar es una forma de dar calor al corazón y mantener viva la esperanza.


“Te ofrezco, Señor”

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.     

Ven Señor Jesús
« ¡Ven!». Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida. (Ap 22, 17)

Francisco:

“Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”

"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".

“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”

"Lo importante no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos.  Pbro. Daniel Silva. (2011)

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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