Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 1 de abril de 2017

«Yo soy la Resurrección y la Vida… y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.”



Quinto domingo de Cuaresma, Ciclo A
Lecturas del 2-04-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Profecía de Ezequiel 37, 12-14
Así habla el Señor: Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-. Palabra de Dios.

Salmo 129
R. En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.
Desde lo más profundo te invoco, Señor. ¡Señor, oye mi voz!  Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria.  R.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.  R.
Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor, Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor
Porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: él redimirá a Israel de todos sus pecados.  R.

San Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11
Hermanos: Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.         
El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 11, 1-45
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»  Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»         
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?» Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él.» Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo.»             
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará.» Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.       
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo.» Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.        
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»         
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»            
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»    
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama.» Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»              
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»        
Y Jesús lloró.  Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»  Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?»
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»  
Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»  Jesús le dijo: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»
El muerto salió con los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.» Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. 
Palabra del Señor.

Reflexión:

El relato de la resurrección de Lázaro es una catequesis sobre la vida y la fe en la resurrección. De todos los signos que hizo Jesús es el más importante. Constituye el último de los siete elegidos por Juan para manifestar que Jesús es más fuerte que la muerte y que su vida termina dando vida.

En el proyecto creador de Dios las personas no están destinadas a la muerte, sino a la vida plena y definitiva.  Tal es el designio del Padre y la obra mesiánica de Jesús.  El grupo de Jesús es una comunidad de hermanos y amigos en la que rigen relaciones de afecto y amor; y que está dispuesta a afrontar el máximo riesgo para ayudar a los que lo necesitan. La comunidad cristiana que aún ve en la muerte, la interrupción de la vida, no ha alcanzado la plenitud de la fe, por no haber comprendido la calidad de vida que Jesús comunica. El miedo a la hostilidad del mundo nace precisamente de esa falta de fe que teme morir.  Jesús no elimina la muerte física, pero para quien ha recibido de él la vida, la muerte física no es más que un sueño.

En la primera parte, el episodio de la resurrección de Lázaro quiere mostrar que la vida comunicada por Jesús a los suyos vence la muerte y, por lo tanto, lleva consigo la resurrección. Se desarrolla en una comunidad de discípulos que, habiendo recibido la vida definitiva, no perciben aún su calidad. Esta falta de visión está en paralelo con una falta de comprensión del mesianismo de Jesús, no se dan cuenta del poder salvador del Mesías por estar apegados en la mentalidad del AT.  Cada uno de los tres hermanos –Lázaro, María y Marta- es prototipo de la comunidad en diversos aspectos. La enfermedad de Lázaro se debe a su condición humana, que lleva consigo la muerte física, pero está rodeada por el miedo a la muerte misma; este miedo es la máxima esclavitud del hombre y la raíz de todas las esclavitudes de las que viene a liberarnos Jesús. Por eso la persona se llama Lázaro (=un enfermo) como síntesis y caso límite de todos los que han aparecido en el Evangelio. En Lázaro se manifiesta la plenitud de la obra de Jesús en la humanidad enferma, mostrando hasta qué punto es poderosa la vida que Él comunica: ésta por ser definitiva, supera la muerte física y es así, ella misma, la resurrección.  Marta representa a la comunidad en trance de crecer en la fe.  María a la comunidad en estado de dolor.

“Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?” (1). Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.                    
Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería! “.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?      


Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.      
Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.         
Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”. (1) J.A. Pagola

Nuestra vida amenazada por las guerras, el terrorismo, la violencia, la explotación, la injusticia… frente a esta cultura de la muerte es urgente que los cristianos, los creyentes en la vida, luchemos y trabajemos por una cultura de la vida y la dignidad del hombre. Una cultura de vida marcada sobre todo en el respeto, en la tolerancia, la solidaridad y el amor fraterno.
Creer en Dios es creer en la vida.  La fe en la resurrección es fe en la vida, en la esperanza que transforma el mundo con el Evangelio de la vida.


Francisco. “Jesús nos invita, casi nos ordena, a salir de la tumba en la cual nuestros pecados nos han hundido”            
“Sobre la Palabra del Señor nosotros creemos que la vida de quien cree en Jesús y sigue su mandamiento, después de la muerte será transformada en una vida nueva e inmortal”
El grito de Jesús a Lázaro está dirigido a cada hombre, porque todos estamos signados por la muerte; “es la voz de Aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos tengamos vida en abundancia”.    
“Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte… nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que nos hemos encerrado, contentándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre” Dejémonos aferrar, liberar, por las palabras que Jesús nos repite a cada uno: “salí afuera”. Nuestra resurrección empieza cuando decidimos obedecer a la orden de Jesús de salir a la luz, a la vida "

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. CELAM /CEBIPAL. P Daniel Silva 2011.

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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viernes, 24 de marzo de 2017

“El ciego fue, se lavó y, al regresar, veía”


 Cuarto domingo de Cuaresma, Ciclo A
Lecturas del 26-03-17

Primer libro de Samuel 16, 1b. 5b-7. 10-13a
El Señor dijo a Samuel: «¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.» Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido.»
Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.» Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de estos.» Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿Están aquí todos los muchachos?» El respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño.» Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.» Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es este.» Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Palabra de Dios.

Salmo 22,  R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.           
El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.  R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.  R. 
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R.

Carta de Pablo a los cristianos de Éfeso 5, 8-14
Hermanos: Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.  Palabra de Dios.
  
Evangelio según san Juan 9, 1-41
Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»  «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»                           
El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?» Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»                         
El decía: «Soy realmente yo.»  Ellos le dijeron: « ¿Cómo se te han abierto los ojos?» El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: "Ve a lavarte a Siloé". Yo fui, me lavé y vi.» Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?»  El respondió: «No lo sé.» El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?»  Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.» Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él.» Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» «Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.»  Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?»                
El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»                 
Ellos lo injuriaron y le dijeron: « ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este.» El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.»      
Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?» El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?»  Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»  Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.
Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?»          
Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: "Vemos", su pecado permanece.»  Palabra del Señor


Reflexión:

Soy luz del mundo. El encuentro de Jesús con un ciego (de nacimiento)-mendigo nos permite vivir en forma progresiva un itinerario de “iluminación”.
Jesús es luz que orienta el sentido de la vida de todo hombre en la dirección del proyecto de Dios: “Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12).
Hoy notamos cómo desde el principio del relato, Jesús dice: “Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”. Esta “luz” vino al mundo y permanece en el mundo. Está en el mundo, pero no es evidente, como predicaba el Bautista: “En medio de vosotros está uno a quien no conocéis” (Mt 1,26). La “luz” se ha hecho presente de manera escondida en la encarnación de Jesús, por tanto, hay que descubrirla.
¿Por qué se le da tanta importancia a la luz? En el pensamiento bíblico, lo primero en ser creado es la “luz” (Génesis 1,3) y está estrechamente relacionada con la “vida” (una reflexión del pueblo en la Biblia: lo mismo que pasa cuando no hay “agua”, pasa cuando no hay “luz”, no hay vida). Por eso la “luz” aparece en la Escritura como símbolo de salvación (“El Señor es mi luz y mi salvación”, Salmo 27,1). Más aún, se afirma que Dios es luz (“Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna”, 1Juan 1,5). Solamente quien se deja iluminar está en comunión con Jesús y viceversa. La iluminación se da en la medida en que se “escucha” a Jesús y se le sigue.
Jesús va al encuentro del ciego y lo sana. La primera palabra que aparece en el texto es el verbo “ver”: Jesús “vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento”.  Jesús “vio” al ciego de nacimiento y los discípulos también, pero lo curioso es que Jesús y los discípulos no vieron lo mismo:              
• Los discípulos vieron a un ciego, y por detrás del ciego vieron el “pecado” (-enfermedad).       
• Jesús vio un ciego, pero no vio en esa ceguera un castigo de Dios; más bien, vio que “era preciso” aquel ciego para que Dios se manifestase en Él.
Aquí los discípulos establecen una relación entre enfermedad y castigo con el pecado, no resulta extraño, así se pensaba en tiempos de Jesús. Pero Jesús tiene otro punto de vista:                 
• Rechaza este tipo de explicación: “ni él pecó ni sus padres”.                 
• Plantea, el sentido de lo que va hacer: “es para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Jesús anuncia que por medio de su “obra” se verá con claridad que Él mismo es la luz del mundo que saca a todo hombre de las tinieblas del pecado.

El sanado se encuentra con sus familiares y conocidos. El ciego, ahora vidente, se encuentra con su círculo de vecinos aquellos con los que sostiene relaciones habituales y estrechas y se sorprenden: ¡Ya no es un mendigo! Su situación de desgracia ahora es cosa del pasado, pero ¿se trata de la misma persona o no?  Ante esta duda sobre su verdadera identidad, el mismo sanado toma la palabra para confirmar: “soy yo”. Entonces cuenta lo que Jesús le “hizo”.

El sanado es llevado donde los fariseos. El “que antes era ciego” es conducido a los fariseos. De repente el evangelista nos recuerda que hay algo que no está bien: “era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos”. 
La primera conclusión a la que llegan es que –puesto que no cumple estrictamente la ley del sábado- Jesús sería un “pecador”, es decir, que lo suyo no viene de la comunión con Dios. Pero surgen otras opiniones: “¿Cómo puede un pecador realizar semejantes signos?”. De nuevo es el sanado quien reflexiona sobre el valor del signo realizado en él.  Se le pregunta: “¿Tú qué dices de él?, “Es un profeta”.  Quiere decir, en otras palabras, que la obra realizada por Jesús sí es la de un enviado de Dios.

Las autoridades judías entrevistan a los padres del sanado. Esta nueva escena –dejando de lado por algunos instantes al hombre sanado- se concentra en la entrevista, con carácter oficial, que las autoridades judías les hacen a los progenitores del sanado. 
Jesús va al encuentro del sanado por segunda vez. Vamos llegando a la cumbre del relato. Recordemos que cuando el ciego volvió de la piscina de Siloé, donde recuperó la vista, ya no encontró a Jesús. Sin embargo, durante los episodios anteriores hemos visto cómo la persona de Jesús siempre ha estado en su mente y cómo, por todos los interrogatorios a que ha sido sometido -interrogatorios que lo han presionado para que tome una posición definida ante la identidad de Jesús-, el rostro de Jesús se le ha ido volviendo más claro y luminoso. 
Justamente por declarar abiertamente quién es Jesús, la situación se pone peligrosa para el ciego de nacimiento y este pobre hombre es expulsado de su comunidad. El hecho es que las autoridades cierran conscientemente los ojos ante la evidencia del signo, ante la luz.
(1) Encontrar… El ciego-mendigo de nacimiento queda desvalido, sin el apoyo de su comunidad de fe. Jesús entonces, por segunda vez, entra en acción: sale a su encuentro: “encontrándolo”. El que era ciego, aunque no lo “ve” físicamente ha aprendido del “ver” de la fe: sabe bien quién es Jesús.
(2) Reconocer… Pero falta un paso. Para darlo, Jesús lo ayuda con una palabra revocatoria, haciéndolo capaz de ver más a fondo.
Jesús se le revela como el “Hijo del hombre”. No lo afirma de una vez, lo lleva a descubrirlo mediante la didáctica de la pregunta: “¿Tú crees en el Hijo del hombre?”, este título es profundo: Jesús se le está revelando como el Hijo de Dios encarnado, como aquel que no ha venido a la tierra en el esplendor de la gloria (ver Daniel 7,13) sino en la humana sencillez y como aquel que está a punto de ser exaltado en la Cruz.
Quizás este Jesús que ahora tiene al frente –con el cual está hablando - no sea físicamente como se lo había imaginado, sin embargo, a estas alturas del proceso de fe ya está bien formado para acogerlo porque sabe de su identidad más profunda.
Ahora se resuelve el suspenso para el ciego-mendigo que fue sanado: “Le has visto, el que está hablando contigo, ese es”.
(3) Adorar. El sanado afirma que cree en Jesús –sellando así su reconocimiento-  y se postra ante él, un gesto de respeto y entrega con el cual admite estar ante divinidad.
Esta postración en el suelo, a los pies de Jesús, es el momento culminante de este encuentro salvífico. La fe se expresa exteriormente y el conocimiento se vuelve adoración prolongada.
En todo este arco de la historia narrada, mediante la curación y en el saber conducirlo a la fe, Jesús ha sido para este hombre –que es nuestro modelo- luz y cada vez más luz.  El ciego recobró la vista inmediatamente, pero la luz de la fe fue gradual: “no se”; “es un profeta”, “viene de Dios”; “Creo, Señor”.
De esta manera el ciego de nacimiento no sólo abrió los ojos, sino que también descubrió una ruta definida para su existencia: la persona de Jesús de Nazaret, el Verbo Encarnado que su amor “hasta el fin” lo conduce hasta el Padre.
En fin, siendo la luz del mundo, Jesús le concedió el don de la vista al ciego de nacimiento acompañado del don de la luz (iluminación) en orden a la contemplación de la realidad.

Oremos con el Evangelio…
El proceso del ciego de nacimiento: es una progresiva iluminación que fue recibiendo en lo relativo a la fe: pasó de ser un hombre común a ser un creyente, y en este sentido el signo que hizo Jesús con él de abrirle los ojos, no es más que la exteriorización de un proceso mucho más hondo que se dio en el interior del hombre.
Habiendo llegado a este punto, la lección de Jesús nos da luz y nos mira cara a cara y nos interpela: “¿En qué situación estás hoy?”, “¿Te sentís llamado a vivir un encuentro conmigo como lo hizo el ciego de nacimiento?”, “¿Tú crees en el Hijo del hombre?”
Jesús ha venido de parte de Dios, al encuentro del hombre, para llevarlo a la comunión con él. Ese es el sentido de su “trabajar en las obras de Dios”.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. CELAM /CEBIPAL.  

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.
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sábado, 18 de marzo de 2017

" El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”


Tercer domingo de Cuaresma, Ciclo A, 
Lecturas del 19-03-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro del Éxodo 17, 1-7
Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor.
Cuando acamparon en Refidím, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?”.
Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: «¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»                  
Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: «¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»        
 El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb.
Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.» Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.              
Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: «¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»  Palabra de Dios.  

Salmo 94
R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
 «No endurezcan su corazón.»
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!  R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!  Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano.  R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.»  R.

Carta de san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5,8      
Hermanos: Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Palabra de Dios.

Evangelio san Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42
Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.          
Una mujer de Samaria fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.» Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.             
La samaritana le respondió: « ¡cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»               
«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»    
Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»   
 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»
Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»             
La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.» Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.» Palabra del Señor.


Reflexión:

Descubriendo a Jesús. El evangelio de este domingo nos retrata el camino pedagógico de un encuentro con Jesús. Se trata de un itinerario de descubrimiento de la persona de Jesús quien viene al mundo como Verbo para que lo comprendamos y lo acojamos en la fe, recibiendo así “el don de Dios”.
Es un encuentro que va da del pozo físico al pozo del corazón: del corazón humano que por sí mismo no puede producir vida, al corazón de Dios de donde viene el don inagotable de la vida.
Es un encuentro verdaderamente salvífico que conduce de la lejanía de Dios a la experiencia plenificante de la adoración de Dios.
Es un encuentro que va de la disgregación a la congregación. En el encuentro con el Verbo se da un proceso que quiebra dicotomías, reconciliando hombre-mujer (conflictos de género), judío-samaritano (enemigos políticos), verdadero-falso adorador de Dios (discriminaciones religiosas).
Es un encuentro que integra lo personal y lo comunitario, la experiencia personal y la misión. La samaritana vive su experiencia personal de Jesús (y se convierte en apóstol) confesando su fe en su comunidad. El encuentro salvífico de Jesús con la samaritana es el punto de partida de la misión: de la samaritana misma y de los discípulos.
La última frase –y momento culminante- de todo el pasaje es: “Sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del Mundo”.  El núcleo es una experiencia de conocimiento (ver Jn 1,10-13), un conocimiento en la fe que va más allá de la simple profesión de boca y se concreta en la acogida del Verbo en el mundo de los hombres: “Le rogaron que permaneciera con ellos… Y permaneció allí…”.

Un camino progresivo hacia la fe en Jesús salvador. Ante el relato del encuentro de la samaritana con Jesús, se imponen dos consideraciones. Jesús es quien toma la iniciativa. Él se anticipa a la mujer. Él comienza el diálogo y lo conduce. La mujer pone su parte: tiene sed, toma el cántaro, va al pozo donde está Jesús. Pero está cerrada a todo diálogo. Sin embargo, está abierta a la felicidad.
Apenas Jesús rompe la frialdad del encuentro y sugiere que existe otra agua, la mujer se interesa: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y, no necesite venir hasta aquí a sacarla”.
Gracias al diálogo con Jesús, la mujer va cambiando progresivamente. Primero, lo llama “judío”. Luego, “señor”. Después, profeta­­. Finalmente, “mesías”. Y mediante el anuncio que ella hace a sus compaisanos y del encuentro con Jesús, estos profesan: “es verdaderamente el Salvador del mundo”.

La verdadera adoración. Es la que Brota del conocimiento del rostro del Padre y de su actuar, revelados en la persona de Jesús. Y está anclada en la trasparencia de la vida, de manera que no hay contradicción entre fe y actuar.

Adorar en espíritu y verdad.  Supone superación de templos y lugares sagrados, y de un culto y ritos vacíos. El nuevo templo es Jesús y él vive en quien cree.  Para adorar al Padre lo que importa es la actitud, no los lugares.  Actitud donde obra el Espíritu de Jesús, que nos da.
Jesús le enseña a la samaritana a ser auténtica adoradora de Dios haciéndole caer en cuenta que la cuestión no es de lugar sino el modo: “Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre...” “Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad”.
Jesús expresa que esta manera de relacionarse con Dios está establecida por el mismo Dios a quién él ahora llama claramente “Padre”. Dios Padre busca adoradores que lo adoren: Como Padre, En Espíritu, En Verdad

Como Padre.  No se puede adorar a quien no se conoce. No se puede adorar a quien no descubrimos vivo y eficaz como Señor y Creador dentro de nuestra propia historia.  No se puede adorar cuando no se toma conciencia de su actuar creativo dentro de la propia vida.
Jesús es quien verdaderamente conoce al Padre y quien nos revela su rostro de manera nueva y definitiva (“A Dios nadie lo ha visto jamás).

El problema, entonces, ya no es judío ni samaritano. La revelación de Dios ha dado un nuevo paso hacia delante. Por esto, en adelante, es decir, a partir del anuncio de Jesús, será posible conocer a Dios de una manera nueva y definitiva y reconocerlo mediante una forma de oración, también nueva, que exprese este conocimiento: el reconocimiento de Dios (=adoración) como Padre que vivifica a sus hijos.
La adoración es un don de Dios y se nos da en la persona de Jesús. Por medio de él es que renacemos del Espíritu (Jn 3,5). Es en él que descubrimos la verdad de Dios y de nosotros mismos (“Soy Rey, para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”, Jn 18,37).




19 de marzo 2017
Solemnidad de San José

"… Jesús colmó el corazón de San José con ternura de amor tal como jamás ningún padre creado la sintió ni sentirá, no sólo para que José lo pudiese amar como Hijo, sino para que pudiese amar a todos los hombres como a sus hijos, pues, del mismo modo que todos somos hijos de María, así lo somos también de San José

Nuestra oración a san José

 “San José, custodio de Jesús y esposo virginal de María, que pasaste la vida en el cumplimiento del deber, manteniendo con el trabajo de tus manos a la Sagrada Familia de Nazaret protégenos bondadoso, ya que nos dirigimos a ti, llenos de confianza.
Tú conoces nuestras aspiraciones, nuestras angustias y nuestras esperanzas, recurrimos a ti porque sabemos que en ti encontramos un protector.
Tú también experimentaste la prueba, la fatiga el cansancio, pero tu espíritu, inundado de paz más profunda exultó de alegría al vivir íntimamente unido al hijo de Dios confiado a tu cuidado y a María su bondadosa madre.
Ayúdanos a comprender que no estamos solos en nuestro trabajo, a saber, descubrir a Jesús a nuestro lado, a acrecentarlo con la gracia y a custodiarlo fielmente, como tú lo hiciste.
Y concédenos que en nuestra familia todo sea santificado, en caridad, en paciencia, en la justicia y en la búsqueda el bien.
Amén.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. CELAM /CEBIPAL.  Mons. C J Giaquinta. P Daniel Silva 2011.
Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose

sábado, 11 de marzo de 2017

"¡Éste es mi Hijo muy querido… escúchenlo!” Segundo domingo de Cuaresma

  
Ciclo A
Lecturas del 12-03-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a
El Señor dijo a Abrám: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.» Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado. Palabra de Dios.

Salmo 32:
R. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.
La palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.  R.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.  R.
Nuestra alma espera en el Señor: él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.  R.

Segunda carta de Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 17, 1-9
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.            
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»    
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.»           
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»  
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Palabra del Señor.



Reflexión:
Se transfiguró delante de ellos.

El relato de la Transfiguración está conectado con la enseñanza que Jesús acaba de dar sobre el seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24). El seguimiento de esta manera causa conflictos a los discípulos, no es sino ver la reacción de Pedro frente al anuncio de la Pasión: “¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!”. A lo cual Jesús responde: “¡Quítate de mi vista, Satanás!” (Mt 16,22-23). El acontecimiento sucede en función de ellos, quienes lo deben interpretar y finalmente ser sus testigos. En la transfiguración Jesús los prepara sobre cómo se hace un camino pascual.
El seguimiento del Crucificado exige de los discípulos un replanteamiento de sus expectativas con relación a Jesús, ellos esperan un Mesías político y triunfal, pero Jesús les habla de “muerte”.
Jesús se retira a una montaña alta y apartada, y se lleva consigo a los líderes del grupo –Pedro, Santiago y Juan- que alientan aspiraciones de poder.  Y delante de ellos se transfigura. Y ¡Dios mismo es quien habla para confirmar a Jesús en el camino que ha elegido!  Eso es lo fundamental.
La Transfiguración es una palabra de ánimo para los discípulos, pues en ella se manifiesta la gloria de Jesús y se anticipa su victoria sobre la cruz. Jesús pide a sus discípulos que guarden en secreto esta manifestación hasta que resucite de entre los muertos.

También aquí, como el relato de las tentaciones, podemos notar alusiones al Antiguo Testamento, sobre todo la de la subida de Moisés a la Montaña Santa con tres compañeros y donde la nube de la gloria del Señor lo envuelve en el monte. Entonces Dios lo llama desde la nube (Éxodo 24,16). También sabemos que, según Éxodo 34,29, el rostro de Moisés quedó resplandeciente después del encuentro con Dios. Si bien en el caso de Jesús su transfiguración tiene otro origen.

Los compañeros de Jesús. Son tres: Pedro y los dos hermanos hijos de Zebedeo. La alusión al “hermano”, además de ser una referencia biológica, en Mateo, el sentido es subrayar la fraternidad (la eclesialidad).

La manifestación de Jesús. Jesús les permite a sus tres discípulos el acceso a la revelación de su divinidad, Jesús se fue “transfigurando”: un cambio notable se da en su rostro y en sus vestidos (el resplandor de su cuerpo traspasa los vestidos).
Para ayudar a entrar en el acontecimiento, Mateo acude a los símbolos del sol y de la luz: “como el sol… como la luz”.  El sol y la luz son símbolos del cumplimiento, de lo divino, así como la “tiniebla extrema” simboliza la desventura y la lejanía de Dios.

La aparición de Moisés y Elías. Toda la antigua Alianza se orienta hacia la revelación definitiva de Dios en Jesús. Moisés y Elías representan la antigua Alianza: Moisés representa la Ley y Elías a los Profetas, ambos personajes están relacionados con la llegada del Mesías, Jesús no es un legislador más ni es un profeta más, Él es el “Hijo”. Ahora dialoga con los representantes de la Ley y los Profetas: el misterio Pascual es el cumplimiento anunciado y Moisés y Elías son sus testigos.
Jesús es presentado en el evangelio de Mateo como el “nuevo Moisés” que viene a establecer la Nueva Alianza.

La reacción de Pedro. Pedro llama a Jesús: “Señor”, un título muy usado por los discípulos para llamar a Jesús en el evangelio de Mateo. El de Pedro es un grito de oración, un clamor. De esta forma expresa el gozo indecible que proviene de la contemplación de la gloria.
Enseguida propone construir tres tiendas. La idea de construirlas es de por sí insensata, pero Mateo no la ve así. Más bien capta el deseo de Pedro de retener el instante, de permanecer ya en lo definitivo, aquello lo que por medio de la visión se hizo accesible a los ojos humanos.
Esta actitud particular de Pedro en la escena es confirmada en cierto modo por lo que retiene la antigua tradición cristiana: “Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: ‘Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco’. Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo” (2 Pedro 1,17-18).
Un acontecimiento para abrir los oídos. “Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo”
La aparición de la “nube luminosa” indica la presencia de Dios. Es claro que estamos dentro del universo simbólico de la Biblia. En la peregrinación en el desierto que hizo la generación de Moisés, la “nube” acompañaba al pueblo. Cuando llegamos al momento culminante del libro del Éxodo vemos cómo la “nube” se posaba sobre la tienda del encuentro y la gloria del Señor llenaba la morada (Éxodo 40,35).
Para los tiempos definitivos, con la llegada del Mesías, se esperaba un acontecimiento de este tipo: “El Señor entonces mostrará todo esto; y aparecerá la gloria del Señor y la Nube, como se mostraba en tiempo de Moisés…” (2 Macabeos 2,8)
Lo que está sucediendo en este momento es extraordinario y merece una prolongada contemplación de acogida del Dios-con-nosotros, el Dios de la Alianza, que está aquí y nos habita. La voz de la nube constituye el punto culminante. Mateo ha puesto en perfecto paralelo la voz de la nube en la transfiguración y con la de: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Jesús, cuanto Hijo de Dios, le trae al mundo la salvación definitiva que se hace visible en su transfiguración y comunión con los personajes celestiales. Por eso se le debe escuchar: Él es la plenitud de lo que “dicen” la Ley y los Profetas.
Reacción de los discípulos. “Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo” Como reacción, los tres discípulos caen rostro en tierra –un gesto de adoración- y sienten un gran miedo.
El “miedo”, en realidad “temor religioso”, es conciencia de estar ante alguien muy grande. Enseguida se siente la distancia que tenemos con Dios, reconocemos quién es Él y quiénes somos nosotros en su presencia.
Los discípulos vuelven a la realidad terrena. Quien ha tenido una visión cae como atontado, como muerto. Para volver en sí los discípulos tienen necesidad de la ayuda de otro. En este caso, de Jesús.
En la visión a los discípulos se les concedió ver anticipadamente al Jesús perfecto, resucitado.
Cuando llegue la Pascua los discípulos vivirán plenamente este acontecimiento. Lo que sucede en Jesús se realizará también en ellos. No perdamos de vista que este “transfigurar” a Jesús, tiene una fuerte dimensión eucarística: nos hacemos uno sólo con Jesús para reflejarle al mundo su gloria. Para esto hay que hacer el camino eucarístico de la Cruz.

Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.» (1)  
    
Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: Levántate, no tengas miedo.
Muchas personas solo conocen a Jesús de oído. Su nombre les resulta, tal vez, familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y, sin esa experiencia, no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.
Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia, escucha siempre algo como esto: “No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios. Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto, tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón”.
En el libro del Apocalipsis se puede leer así: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa”.        Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él. (1) Pagola.


19 de marzo 2017

Solemnidad de San José

San José, custodio de Jesús y esposo virginal de María, que pasaste la vida en el cumplimiento del deber, manteniendo con el trabajo de tus manos a la Sagrada Familia de Nazaret protégenos bondadoso, ya que nos dirigimos a ti, llenos de confianza.
Tú conoces nuestras aspiraciones, nuestras angustias y nuestras esperanzas, recurrimos a ti porque sabemos que en ti encontramos un protector.
Tú también experimentaste la prueba, la fatiga el cansancio, pero tu espíritu, inundado de paz más profunda exulto de alegría al vivir íntimamente unido al hijo de Dios confiado a tu cuidado y a María su bondadosa madre.
Ayúdanos a comprender que no estamos solos en nuestro trabajo, a saber, descubrir a Jesús a nuestro lado, a acrecentarlo con la gracia y a custodiarlo fielmente, como tú lo hiciste.
Y concédenos que en nuestra familia todo sea santificado, en caridad, en paciencia, en la justicia y
en la búsqueda el bien. Amén.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. Servicio Bíblico latinoamericano. CELAM /CEBIPAL.  

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

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