Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 19 de mayo de 2017

“El que vive mis mandamientos … yo lo amaré y me manifestaré a él"

Sexto domingo de Pascua
 Ciclo A, Lecturas del 21-05-17



Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

  
Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17
En aquellos días: Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.      
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. 
Palabra de Dios

Salmo 65
R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.
Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. Vengan a ver las obras del Señor, las cosas admirables que hizo por los hombres.  R.
El convirtió el Mar en tierra firme, a pie atravesaron el Río. Por eso, alegrémonos en él, que gobierna eternamente con su fuerza.  R.
Los que temen al Señor, vengan a escuchar, yo les contaré lo que hizo por mí: Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia.  R.

Primera carta del apóstol san Pedro 3, 15-18
Queridos hermanos: Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán de sus calumnias todos aquellos que los difaman, porque ustedes se comportan como servidores de Cristo.
Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal. 
Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustos- para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. 
Palabra de Dios.                                 

Evangelio según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»  Palabra del Señor.



Reflexión:


Seguimos en el ambiente del cenáculo. Los discípulos están conmovidos por el dolor de la separación y se preguntan cómo serán las cosas después de la partida de Jesús. En este contexto, Jesús pronuncia la enseñanza que leemos hoy.
La cuestión es importante, porque a veces sucede que también en la relación con Jesús uno puede llegar a tener la percepción de que Él está lejos de nuestras vidas, que lo sentimos poco y que es prácticamente inalcanzable.
En el pasaje de Juan vemos que Jesús demuestra que, así como no abandonó a sus discípulos tampoco nos abandona, siempre estará presente, nos comparte su vida y así como Él y el Padre son uno, así estará en nosotros.

¿Cómo lo hace?  Vemos que Jesús anuncia la venida de otra ayuda para sus discípulos, el Espíritu de la Verdad, y también su propia venida. Jesús declara que todas las enseñanzas dadas a lo largo del evangelio no se invalidan con su partida, sino todo lo contrario: permanecen válidas para siempre. Se trata de una condición fundamental: sólo quien vive de acuerdo a sus mandamientos puede recibir el Espíritu y abrirse al amor de Jesús y del Padre. El amor por Jesús está estrechamente relacionado con la práctica de sus mandamientos.

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» En el dolor que los discípulos experimentan por la separación, se revela el amor por Jesús. Pero los discípulos deben demostrar la sinceridad de su deseo de la presencia de Jesús y de la comunión con Él a través de la puesta en práctica de sus mandamientos, la cual nace del amor por su maestro.

¿De qué mandamientos se trata? En el evangelio de Juan, la exhortación a amarnos unos a otros como Él nos amó es la única que se define prácticamente como el mandamiento de Jesús. Pero también todo lo que Jesús hace, de palabra y de obra, es un llamado para hacer lo mismo: “El que cree en mí hará Él también las obras que yo hago…”

Por lo tanto, poner en práctica los mandamientos es vivirlos día a día y con fe el conjunto de sus enseñanzas, dejándonos conducir por Él.
Jesús permanece presente en su palabra y en las exigencias que ella implica. Quien se deja guiar por la Palabra de Jesús, sigue a Jesús, permanece unido a él y conserva su amor.
Con esto se nos dice que el amor no consiste en palabras, sentimientos o recuerdos, sino que se demuestra o verifica en la capacidad de escucha y en hacer nuestras las enseñanzas del Maestro Jesús. El verdadero amor a Jesús se traduce en el seguimiento de Él.  Amar es querer, adherirse al amado y compartir su voluntad.

El don del Paráclito: “Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes”
Quien está unido a Jesús de la manera anteriormente enunciada, recibe por parte de Dios el don prometido: el Espíritu Santo.
Al Espíritu lo llama “Paráclito” (=Consolador, abogado, ayudador). El Espíritu es una nueva ayuda para la vida de los discípulos: Él hace posible el seguimiento, Él capacita para vivir el difícil mandato del “amor”, Él asiste a los discípulos en momentos duros de la tribulación. La acción del Espíritu Santo se describe con precisión: viene como un nuevo “apoyo” Jesús se va, pero les deja su Espíritu.

Jesús dice “Otro Paráclito”. Hasta ahora Jesús ha sido el apoyo para sus discípulos: se ocupó de ellos, se puso a su servicio, los guio, les dio ánimo y fuerza. Como Buen Pastor, Jesús no los dejó nunca abandonados a su propia suerte; siempre estuvo al lado de ellos. Ahora Jesús se va, no quedarán solos: el Padre les dará el Espíritu Santo, quien estará siempre con ellos, al lado de ellos y en ellos.

También dice: “El Espíritu de la Verdad”. Esta definición del Espíritu lo presenta como Aquel que hace permanecer a los discípulos en la “Verdad” transmitida por Jesús, es el que da testimonio de Él, como el que continúa con su ministerio terrenal y los protege tanto de los falsos maestros como de las opciones equivocadas.
El mundo, que se ha cerrado a Jesús, “no lo puede recibir”. Sólo si creemos en Jesús y nos atenemos a sus mandamientos, estamos abiertos al Espíritu Santo, podemos recibirlo y hacer la experiencia de su acción.

El regreso de Jesús. “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes”
Jesús se ha dirigido a los discípulos llamándolos “hijitos”. Ahora les asegura que no quedarán “huérfanos”.
La ausencia de Jesús no crea orfandad en sus discípulos, ella da paso a su nueva presencia el “Paráclito”
Es verdad que Jesús va a morir, pero no es cierto que sus discípulos vayan a quedar huérfanos: Jesús los deja pero “volverá”. De esta forma al anunciar la muerte también les anuncia la resurrección: el Resucitado vendrá a su encuentro y ellos los verán. Como efectivamente se narra en el día pascual: “Se presentó en medio de ellos… Los discípulos se alegraron de ver al Señor”.
Los discípulos no sólo lo “verán” sino que tendrán parte en su propia “vida”: “me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán”. El reconocer esta compañía permanente es sólo para los que tengan en común esa vida que Jesús posee tras su resurrección.  Lo percibirá vivo el creyente que vive de la vida de Jesús resucitado.
De hecho, también en el día pascual se dice que Jesús… “Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’”.
Pero no así con el “mundo”. Con su muerte, Jesús desaparece para siempre del mundo: el mundo sabe solamente que murió en una cruz. El mundo conoce la muerte, pero no la vida. Jesús volverá exclusivamente a sus discípulos y se les mostrará como el viviente.
El día pascual es un día grandioso, porque en él se comprende finalmente a Jesús: “Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros”.
En esta ocasión Jesús les anuncia a sus discípulos que solamente después de su resurrección comprenderán verdaderamente su comunión con el Padre y con ellos.
Con la resurrección de Jesús se demuestra que –a pesar de su aparente silencio en la Cruz- Dios está a su lado, con todo su amor y su potencia, y que le confirma que Él es el Mesías e Hijo de Dios y que las obras que realiza en nombre del Padre son auténticas.

Pero no solamente con relación al Padre. La resurrección también hace más evidente el vínculo especial que Jesús tiene con los discípulos: Él se muestra y se hace reconocible como el Viviente solamente a ellos.
Su encuentro con el Resucitado es un nuevo impulso y un fundamento duradero para creer todo lo que él dijo sobre su unión perfecta con el Padre y sobre su vínculo indisoluble con ellos.

¡Guardar los mandamientos!

Esta expresión de Jesús es repetida dos veces en el texto del evangelio de hoy: Es una realidad importante, fundamental, porque de ella depende la autenticidad de mi relación de amor con el Señor.

Pruebo a preguntarme con más atención qué significado tenga este verbo, que quizás parece un poco frío, un poco distante.

Guardar no es simplemente cumplir los mandamientos por miedo a ser castigado por un dios que está esperando que me equivoque, todo lo contrario, es un camino a seguir para experimentar en nuestras vidas su Amor, que se expresará en la alegría y en la paz con la que abordamos cada circunstancia que nos toca enfrentar.




 Ven Espíritu   Santo,
ven padre de los pobres,
ven fuego divino, ven.
Ven a regar lo que está seco en
nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil,
a sanar lo que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas,
ven a iluminar mis tinieblas, ven.
Ven porque te necesito,
porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo, dulce huésped del alma, ven, ven Señor". Amen

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. P. Fidel Oñoro, cjm, Centro Bíblico del CELAM

Lectio Divina: los sábados 16 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

Si querés recibir la hojita por e-mail pedila:
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose


viernes, 12 de mayo de 2017

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”


Quinto domingo de Pascua 
Ciclo A, Lecturas del 14-05-17
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén 


Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
Como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.          
Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra.»             
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos. Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe. Palabra de Dios

Salmo 32
R. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza
 que tenemos en ti.
Aclamen, justos, al Señor: es propio de los buenos alabarlo.  Alaben al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.  R.
Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.  R.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.  R.
  
Primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-10
Queridos hermanos: Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.          
Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.     
Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.                    
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz: ustedes, que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado. Palabra de Dios.
  
Santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
Jesús dijo a sus discípulos: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.
Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.» Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»               
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre.
Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»      
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»       
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?           
Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.» Palabra del Señor.

Reflexión:

Jesús, camino hacia el Padre. Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertados y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?      
Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos:” Que no se turbe sus corazones; crean en Dios y crean también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.             

Este texto pertenece al llamado “discurso de despedida”. El discurso gira en torno de dos verbos: “me voy” y “vuelvo”. El “me voy” indica el “lugar” hacia el que va y el “camino” para llegar hasta él.  Jesús mismo es el camino para llegar al Padre.  De ahí que el futuro se haga ya presente en la fe, es decir, creer en Jesús.  El “vuelvo” en la Pascua naturalmente, pone de manifiesto que la “parusía joánica” coincide con la Pascua.  Esta parusía significa la presencia de Dios y de Jesús en el creyente. La Pascua, pues, supera la orfandad de los discípulos.

Jesús, que acaba de fundar su comunidad dándole por estatuto el mandamiento del amor, revela a sus discípulos la relación de ellos con el Padre y con él. Le da la seguridad de ser admitidos en el hogar del Padre, los suyos serán miembros de la familia del Padre, que los acogerá en su hogar. Jesús es el único camino hacia el Padre. 
La meta es conocida, porque su persona hace presente al Padre.  Jesús es uno con el Padre.  En el camino no les faltará su ayuda constante: los discípulos podrán proseguir su causa y harán incluso obras mayores que las suyas.

Las preguntas de los discípulos son funcionales y cargadas de intención, no expresan la ignorancia de quien las hace, sino la necesidad que todo el mundo tiene de escuchar la respuesta de Jesús que ellas provocan. A la pregunta de Tomás responde presentándose como “el camino, la verdad y la vida” o sea: Él es el medio único para llegar al Padre. 
En la pregunta de Felipe se halla latente el deseo de todo cristiano: que Jesús manifieste inequívocamente quién es y su poder. La respuesta de Jesús cierra ese camino y no ofrece otro signo que el que está viendo: “quien me ve a mí está viendo al Padre”. O sea: Jesús es la revelación del padre, el único revelador de Dios es Jesús.

Sin camino. El problema de muchas personas no consiste en vivir extraviadas, sino algo más profundo y trágico. Sencillamente viven sin camino. Pueden moverse mucho, hablar, agitarse, trabajar, organizarse, ir siempre corriendo…, pero en realidad no van a ninguna parte. Viven girando siempre en torno a sí mismo y a sus pequeños intereses. Su vida es pura repetición. No conocen la alegría del que se renueva y crece.  No saben lo que es extraviarse ni reencontrarse. No tienen tampoco la experiencia de saberse guiados, sostenidos y orientados. Su vida se reduce a andar y desandar… nos falta por descubrir que Cristo es un camino que hay que recorrer: el único camino acertado para vivir intensamente, para buscar nuestra propia verdad, para acoger la vida hasta su última plenitud.

Vivir. Todos queremos vivir.  Vivir más. Vivir mejor. Hoy y siempre. A veces, en nuestra ingenuidad, podemos pensar que vivir es algo que uno ya lo sabe, y que lo único importante es que a uno le dejen vivir.  Pero la cosa no es tan sencilla.  No se trata de ser un “vividor” ni de “ir tirando en la vida”. Se trata de descubrir cuál es la manera más acertada, más humana y más plena de enfrentarse a una existencia que se nos presenta con frecuencia oscura y enigmática. En el fondo toda postura creyente existe la pretensión de tratar de vivir la vida con toda su profundidad y radicalidad.

Las primeras comunidades entendieron la experiencia cristiana como un nuevo nacimiento y hablaban del cristiano como de un hombre nuevo. Jesús significaba para las primeras comunidades: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

¿Tanto tiempo con ustedes, y todavía…?  Ser cristiano es, antes que nada, creer en Jesús. Tener la suerte de habernos encontrado con Él. Por encima de toda creencia, fórmula, rito, credo, moral, interpretación, lo verdaderamente decisivo en la experiencia cristiana es el encuentro con Cristo. Es la experiencia de Jesús que es camino, verdad y vida. Pero muchas veces, ante nuestras preguntas, anhelos y deseos, podemos encontrarnos con respuestas como la que Jesús da a Felipe: “Con tanto tiempo que llevo con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe?

Los caminos del Señor no siempre son los nuestros.  Tomás piensa que tiene necesidad de indicaciones geográficas precisas (¿cómo podemos saber el camino?). Felipe cree que una visión luminosa resolvería los problemas y aclararía todo (“Señor, muéstranos al Padre y nos basta”). Jesús hace entender a ambos que lo que les falta –y a nosotros también- es una mirada iluminada por la fe, ella es lo único que permite entrever en él tanto el camino como los rasgos del rostro del Padre. Lo que falta a Felipe y a cada uno de nosotros- es el conocimiento profundo del Maestro.  Lo que necesitamos no son visiones, sino una fe capaz de mostrar cosas maravillosas (“El que cree en mí también Él hará obras que yo hago, y aún mayores…”.  Los caminos de Dios no siempre son los nuestros. 

"Amate tal como eres”


Hijo Mío, déjame que te ame. Quiero tu corazón, quiero formarte, pero mientras tanto, Te Amo como eres. Y anhelo que tú hagas lo mismo. Deseo ver, desde el fondo de tu ser, elevarte y crecer como tu amor.
 Amo en ti hasta tu misma debilidad. Amo el amor de tus imperfectos. Quiero que, desde tu pobreza, se eleve continuamente este grito: "Señor, te amo". Es el canto de tu corazón el que más me agrada. ¿Necesito, acaso, de tu ciencia, de tus talentos? Es algo más que virtudes lo que busco…
¡Ama! El amor te impulsará a hacer lo que tengas que hacer, aún sin que lo pienses. No pretendas otra cosa sino llenar de amor el momento presente. Hoy me tienes a la puerta de tu corazón como un mendigo. Llamo y espero. Apresúrate a abrirme. No te excuses de tu pobreza…
Lo que más hiere mi corazón es verte dudar, carecer de mi confianza, y rechazar mi amor.

Quiero que pienses en Mí cada instante del día y de la noche. No hagas nada, ni la acción más insignificante, sino es por Amor…
Cuando tengas que sufrir, Yo te daré mi gracia. Tú dame tu amor y conocerás un amor tan grande como jamás podrías soñar. Pero no te olvides: ÁMAME, TAL C0MO ERES. Y no esperes a ser santo para entregarte al amor. De lo contrario, no amarás jamás".  Jesús



Las tres puertas que nos llevan a Jesús.

Orar, celebrar, imitar a Jesús: son las tres «puertas» —que hay que abrir para encontrar «el camino, para ir hacia la verdad y la vida»
Jesús no se deja estudiar teóricamente y quien intenta hacerlo se arriesga a caer en la herejía. Al contrario, es necesario preguntarse continuamente cómo van en nuestra vida la oración, la celebración y la imitación de Cristo.
Orar, «el estudio sin la oración no sirve. Los grandes teólogos hacen teología de rodillas». Si, «con el estudio nos acercamos un poco, sin la oración jamás conoceremos a Jesús».
Celebrar, la oración sola «no basta; es necesaria la alegría de la celebración: celebrar a Jesús en sus sacramentos, porque ahí nos da la vida, nos da la fuerza, nos da la comida, nos da el consuelo, nos da la alianza, nos da la misión. Sin la celebración de los sacramentos no llegaremos a conocer a Jesús. Y esto es propio de la Iglesia».
Al final, para abrir la tercera puerta, la de la imitación de Cristo, la consigna es agarrar el Evangelio para descubrir allí «qué hizo Él, cómo era su vida, qué nos dijo, qué nos enseñó», para poder «intentar imitarle».
Atravesar estas tres puertas significa «entrar en el misterio de Jesús». De hecho, nosotros «podemos conocerlo solamente si somos capaces de entrar en su misterio». Y no hay que tener miedo de hacerlo. Vaticano, mayo 2014.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios Pbro. Daniel Silva. J. A. Pagola.
Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

Si querés recibir la hojita por e-mail pedila:
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose 

sábado, 6 de mayo de 2017

“Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia”


Cuarto domingo de Pascua
 Ciclo A, Lecturas del 7-05-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Hechos de los Apóstoles 2,14.36-41.
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías". Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?". Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.  Palabra de Dios.     

Salmo 22
R.  El señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.  R
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.  R
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R             

Primera carta de San Pedro 2,20-25.
Queridos hermanos: En efecto, ¿qué gloria habría en soportar el castigo por una falta que se ha cometido? Pero si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios. A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados.    
Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes. Palabra de Dios.          

Evangelio según San Juan 10,1-10.
En aquel tiempo, Jesús dijo: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino, por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".  
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”. Palabra del Señor


Reflexión:

Los fariseos, acababan de excomulgar de la sinagoga al ciego de nacimiento, curado por Jesús, y después de calificarles de ciegos, con toda solemnidad nos cuenta el Señor la parábola del pastor y las ovejas, que nos permite reflexionar sobre las conductas que llevan los falsos pastores, los ladrones y bandidos, que tratan al pueblo sin piedad, basándose en una interpretación de la Ley que en vez de liberar, esclaviza, y en vez de buscar el bien del pueblo, los mueve su propia ventaja, brillo, ostentación e interés.                 

La paradoja era evidente. El ciego curado confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, y los fariseos lo acusan de blasfemo. El ciego ve, y los que ven se quedan ciegos. El ciego ha entrado por la puerta, los que ven, quieren derribarla, traman matar a Jesús, la Puerta del rebaño, la piedra angular, desechada por los arquitectos (Sal 117).               

El redil, es un cobertizo construido con un muro de piedra o una empalizada de madera con una puerta. Los distintos pastores guardaban por la noche las ovejas en el redil, y un guarda las vigilaba para evitar robos o matanzas por venganza. Cuando por la mañana llega el pastor a sacar su rebaño, el guarda le abre la puerta. Si algún vecino vengativo o algún ladrón, quiere ejecutar alguna fechoría, no entra por la puerta, sino que “salta por otra parte”. Así se comprende que Jesús diga: "Yo soy la puerta”. 

Al decir Jesús: “Yo soy la Puerta”, hemos de entender que nos ha abierto el camino al Padre, recuperando para nosotros el espacio dilatado e infinito, y nos ha dado paso a Dios y al Reino celestial.                 
Quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir con libertad, y encontrará pastos que lo conducirán a “la ciudad santa, Jerusalén, radiante con la gloria de Dios, con doce puertas, cada puerta hecha de una sola perla, con el nombre grabado de las doce tribus de Israel" (Ap 21,21,12).

"Las ovejas escuchan su voz. El pastor va llamando por su nombre a las ovejas": “Estrella”, “Lucero”... y las ovejas lo siguen porque conocen su voz". En efecto, cuando llega el pastor por la mañana al redil y comienza a llamar a las ovejas, todas reconocen su voz porque reconocen su timbre de tanto oírlo y porque sienten familiaridad. Es costumbre en Oriente, que el pastor camine delante de las ovejas, y las llame con un grito fuerte, que repite de trecho en trecho, y ellas le van siguiendo, mordisqueando y apresurándose. Pero, si un extraño lanza el mismo grito, las ovejas se ponen alerta, levantan las cabezas, retroceden y huyen despavoridas, porque no conocen la voz de los extraños.                    

Siguiendo a San Agustín dice Sto. Tomás, que conocer por el nombre denota familiaridad y predestinación. Familiaridad porque llamamos por su nombre propio a los familiares. Cuando Jesús dice que nos conoce por el nombre quiere decir que tiene un conocimiento de la naturaleza y del ser de cada uno: de lo que Dios quiso que fuéramos, de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Tiene predestinación: Dios no crea a los hombres en serie, sino uno a uno; cada uno es irrepetible. No hay dos iguales, ni en lo físico, ni en lo moral, ni en las circunstancias de la vida, ni en la vocación.               

Con ese amor nos ha amado el Padre, hasta llegar a elegirnos para ser hijos de Dios, y llamarnos por nuestro nombre, que lleva tatuado en su mano: "Conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen, como yo conozco al Padre". Conocer a todas y a cada una, es tener conocimiento amoroso, no los recuerda el profeta Jeremías: “Con amor eterno te amé”

Para Dios no somos un número, somos un nombre y apellidos, un hijo. Dios Padre está cerca de los hombres en todo el curso de su vida, él nos llama y nos corrige, y nos lava y nos sana y nos santifica y nos deleita y nos viste de gloria.      

Todos tenemos la posibilidad de oír cuantas veces queramos la voz del pastor. Cuando leemos la Escritura es la voz de Jesús la que nos habla, es su misma palabra la que escuchamos. Por eso quien desconoce la Escritura desconoce a Cristo, dice San Jerónimo.               
Para captar su mensaje, es necesario oír su exégesis y tener en cuenta el género literario y la cultura en que se escribió. Y, sobre todo, orarla: "El Espíritu os enseñará toda la verdad".
También hay que oír su voz en los acontecimientos de la historia y en las vicisitudes por las que estamos pasando, o por las que hemos de vivir. Y saber escucharla además en lo que nos dice un hermano o la comunidad, o en el consejo que cualquiera pueda darnos. Lo que se creen portadores seguros y únicos de la verdad, con mucha facilidad se estrellan y siembran de sal el campo de la Iglesia.    
Es gran sabiduría saber escuchar la palabra de Dios, que levanta el alma caída, desinfla la hinchada, corta lo superfluo, suple lo defectuoso, sana las almas, y es más penetrante que espada de dos filos (Heb 4,12) que corta lo que estorba y lo que impide el crecimiento de las virtudes evangélicas.                   

Para contrarrestar la pretensión del “ladrón que entra para robar y matar y hacer estrago”, Jesús expresa la finalidad de su venida: "Yo he venido para que tengan vida abundante”. El deseo de Jesús es que sus ovejas, nosotros, vivamos una vida sana, vigorosa, pujante, y no enfermiza y raquítica. Para alimentar esa vida se entrega él mismo, y quiere que comamos su carne y que bebamos su Sangre: Para eso "Cargado con nuestros pecados subió al leño para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas fueron curadas. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes. " (1 Pedro 2,20). 
La vida que Él nos da no nos quita nuestra naturaleza humana, pero la sublima, como un hierro en la fragua, que, sin dejar de ser hierro, parece que se transforma en fuego, y resplandece, echa chispas, arde y quema como el fuego, nos participa la misma naturaleza de Dios, nos hace sus hijos y amigos, hermanos de Jesucristo y herederos de la patria celeste. 
Así es como puede actuar hoy en nosotros, como Puerta y Pastor que nos guía por el sendero justo, y nos prepara la mesa enfrente de nuestros enemigos, con el alimento de su Palabra y de sus sacramentos y el gobierno de su Iglesia. Y así nos conducirá a las praderas verdes (Salmo 22), de la ciudad santa que brilla como una piedra preciosísima claro como cristal (Ap 21,11) donde veremos, le comeremos, y le gozaremos.   

Esta bellísima imagen de Jesús “Buen Pastor” indica el cuidado incansable como él se la juega toda por nosotros y nos describe también el estilo de “Vida Nueva Pascual” que caracteriza a todo cristiano.
Y este estilo de vida, el de un amor incondicional y signado por la entrega de la Cruz, es la que debe caracterizar a todo discípulo de Jesús, particularmente a aquellos que –en nombre del Señor- guían las comunidades.

En Ezequiel 34, 14 se lee la promesa del pastor: “Las apacentaré en pastizales escogidos…”  Frente a esta promesa, surge una pregunta: “ya sabemos de qué viven las ovejas, pero, ¿de qué vive el hombre?”  Dios nos enseña que el hombre vive de la verdad y de ser amado por la Verdad.  Es cierto que el hombre necesita alimentar su cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor de Dios. Jesús, como palabra de Dios hecha carne, no es sólo el pastor, sino también el alimento, el verdadero “pasto”; se entrega a sí mismo para darnos la vida.

El que recibe mis mandamientos
 y los cumple,
ese es el que me ama;
y el que me ama
será amado por mi Padre,
y yo lo amaré y
me manifestaré a él». Jn 14, 21


Un mundo mejor es posible:

“A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas.
La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza…

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual, en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna.
¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. Catholic Net, Jesús Martí Ballester 2005. Benedicto XVI, imagen del  Pastor.

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

Si querés recibir la hojita por e-mail pedila:
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose 

sábado, 29 de abril de 2017


“Reconocer la presencia de Jesús en nuestras vidas

Tercer domingo de Pascua
 Ciclo A
Lecturas del 30-04-17

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén
Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.»  
Palabra de Dios.

Salmo 15
R. Señor, me harás conocer el camino
de la vida.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.»  El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte!  R.
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.  R.
Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.  R.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.  R.

Primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos hermanos: Ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo.               
Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes. Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Aquel día, el primero de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.   
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: « ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»             
«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»                
Jesús les dijo: «¡hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.             
Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»                    
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»                           
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Reflexión:
Ver a Jesús

Los relatos pascuales, más que insistir en el carácter prodigioso de las apariciones del resucitado, nos descubren diversos caminos para encontrarnos con Él. El episodio de Emaús, exclusivo de Lucas más que una crónica histórica es una catequesis que nos descubre el camino que tenemos que hacer los discípulos y las comunidades de todos los tiempos para reconocer la presencia de Jesús en nuestras vidas. 
Presenta a dos discípulos que han perdido la fe por el escándalo de la cruz. La situación de ambos está bien descrita desde el comienzo y refleja un estado de ánimo en el que se pueden encontrar los cristianos una y otra vez. Los dos discípulos poseen aparentemente todos los elementos necesarios para creer: conocen los escritos del antiguo Testamento, el mensaje de Jesús, su actuación y su muerte en cruz, han escuchado también el mensaje de la resurrección, y las mujeres les han comunicado su experiencia y les han confesado que “está vivo”.  Todo es inútil. Los de Emaús caminan envueltos en tristeza y desaliento. Todas las esperanzas puestas en Jesús se han desvanecido. Ya no hay nada que esperar.  Es gente desilusionada, derrotada, sin esperanza, encerrada tercamente en su posición de que aquello no tuvo que suceder.
Se habían hecho de Él una imagen como profeta poderoso en obras y palabras, habían presenciado los acontecimientos más importantes de su vida, se habían ilusionado con un nuevo Reino, esperaban que Él fuera el liberador de Israel, un Mesías político y triunfal… y lo sucedido expresa el fracaso de sus expectativas mesiánicas.  La cruz es para ellos el fin de toda esperanza. No pueden ver otra cosa.  Están cegados. Por eso, no reconocen a Jesús resucitado, en el camino de la historia de los hombres, cuando se les aparece como uno más, como otro caminante de la misma vida.

Pero cuando Jesús toma la palabra y empieza a explicarle las Escrituras (= el plan de Dios) y ellos comienzan a escucharle, a salir de sí mismos, a dejarse interpelar, “sienten arder el corazón”. Y dan señales de vida: “Quédate con nosotros, que está atardeciendo y ya el día se acaba”.  Entonces sucede lo imprevisto: “le ven”, le reconocen. Han acogido al hombre sin saber que era Jesús.  Se han hecho prójimos del caminante ofreciéndole techo y comida. Ya no son los mismos que al comienzo. Su actitud es otra. Es ahora cuando el relato nos recuerda la ultima cena: “Y sucedió que, estando recostado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo partió y se lo ofreció”. A los discípulos se les abren los ojos y le reconocen. Es en la reunión fraterna, en la fracción del pan compartido donde los discípulos descubren una nueva presencia de Jesús en medio de ellos. E inmediatamente Jesús desaparece de su vista. No es necesaria su presencia física.
En la comunidad reunida en el amor, en la escucha y acogida de la Palabra de Dios, en la memoria de la última cena, en la entrega y donación, en el pan compartido, en la acogida del peregrino…, ahí está Jesús resucitado. Ahí tiene la comunidad el lugar privilegiado de la presencia de Jesús resucitado.

Camino de Emaús.  El camino de Jerusalén a Emaús es también nuestro camino, el de nuestras huidas de la responsabilidad, el de nuestras dudas en la fe, el de nuestra débil esperanza, el de nuestra cerrazón al plan de Dios, el de nuestra terquedad, el de nuestro orgullo herido.  Pero es el camino de la vida, el que todos, de una forma u otra, tenemos que recorrer.

Jesús nos sale al encuentro.  En ese camino, mientras avanzamos casi sin ganas de llegar a ninguna parte, nos sale al encuentro Jesús…, pero no lo reconocemos. No nos dejan verlo las preocupaciones y prejuicios, la ideología y cerrazón. Jesús trata de enseñarnos a distinguir entre la esperanza y las ilusiones, entre el plan de Dios y los propios planes, entre lo que nos gustaría y lo que ha de suceder.

De vuelta a la realidad.  El camino, la conversación y el tiempo fueron serenando el espíritu de los discípulos. Vieron con claridad. Ya no era necesaria la presencia física, porque ya habían recuperado la fe y la esperanza.  La primera tarea del discípulo es precisamente ser testigo de lo que han visto y oído, testigo de que Jesús ha resucitado. Así vuelven a Jerusalén para dar testimonio ante los demás discípulos. El encuentro será una fiesta, pues también los otros habían visto al Señor resucitado.   
Testigos de vista.  Cuando llegaron al cenáculo sólo pudieron decir una cosa: “Hemos visto al Señor”. Es anunciar el Evangelio: dar testimonio de lo que hemos visto y oído, para que los demás, escuchando y viendo, crean.

Bendición del Hogar

La Bendición de Dios descienda sobre esta casa y sobre todos los que viven en ella. Y la gracia del Espíritu Santo santifique a todos.     

El Santísimo y dulce nombre de Jesús, en el que está toda la salvación, derrame copiosamente salud y bendición sobre esta casa y sobre todos los que viven en ella.      

La Santísima Virgen y Madre de Dios, cuide a todos con su materna protección y libere a todos de los males del alma y del cuerpo.           

La poderosa intercesión del bienaventurado San José, dé a nuestros trabajos prosperidad y muchos méritos a nuestros sufrimientos. 

Los ángeles de la guarda protejan a cuantos hay en esta casa de las asechanzas del maligno enemigo y nos conduzcan a la patria eterna.           

Descienda sobre nosotros la bendición de Dios, del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo y permanezca siempre con nosotros. Amén

                                                                                                                                                                                                                            El que recibe mis mandamientos  y los cumple,
ese es el que me ama;
y el que me ama
será amado por mi Padre,
y yo lo amaré y me manifestaré a él».
Jn 14, 21

Ven Señor Jesús
«¡Ven!». Que venga el que tiene sed,
 y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida.
Ap. 22, 17

¡Felices Pascuas!
Cristo está vivo, no está muerto, ha resucitado, que todos vivamos con ese espíritu de resurrección.
Círculo Bíblico San José

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de la presente: El libro del Pueblo de Dios. Pbro. D. Silva 2011
Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.

Si querés recibir la hojita por e-mail pedila:

www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose