Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 26 de agosto de 2023

Vigésimo primer domingo. Lecturas 27-8-23, Ciclo A

   

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que me ayude a abrir mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén 

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo»  

Libro del profeta Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio: Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.  Palabra de Dios.  

Salmo 137, R. Tu amor es eterno, Señor.  

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu Nombre.  R.  

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma.  R.  

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos!  R.  

Carta de San Pablo a los cristianos de Roma 11, 33-36 

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido? Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén. Palabra de Dios.  

Evangelio según san Mateo 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.» «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»                
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías. Palabra del Señor.

 Reflexión: 

El encuentro con Jesús, el Cristo, mueve, interroga, permite que nos abramos a la plenitud de la existencia y a la salvación que irrumpe con su presencia en nuestras vidas. El contacto con Él nos permite conocerlo, celebrar con los hermanos, compartir la vida en ese trato de amistad que estamos llamados a cultivar día a día, adquiriendo un sentido más firme y pleno la identidad e impacto de Jesús en nuestras vidas.

Sin duda alguna, el encuentro con el maestro no nos deja indiferente. Sus obras y palabras llevan a cuestionar a aquellos que le escuchan y le siguen sobre la especial singularidad de esta persona que ha obrado, obra y obrará prodigios en medio de su pueblo, en la cotidianidad de la existencia.

Nuestra imagen de Jesús. La pregunta de Jesús: «¿Quién dicen que soy yo?», sigue pidiendo todavía una respuesta a los creyentes de nuestro tiempo. No todos tenemos la misma imagen de Jesús. Y esto no solo por el carácter inagotable de su personalidad, sino, sobre todo, porque cada uno vamos elaborando nuestra imagen de Jesús a partir de nuestros intereses y preocupaciones, condicionados por nuestra psicología personal y el medio social al que pertenecemos, y marcados por la formación religiosa que hemos recibido.             

Y, sin embargo, la imagen de Cristo que podamos tener cada uno tiene importancia decisiva para nuestra vida, pues condiciona nuestra manera de entender y vivir la fe. Una imagen empobrecida, unilateral, parcial o falsa de Jesús nos conducirá a una vivencia empobrecida, unilateral, parcial o falsa de la fe. De ahí la importancia de evitar posibles deformaciones de nuestra visión de Jesús y de purificar nuestra adhesión a él.           

“¿Quién dicen que soy?” Al nacer, los seres humanos somos las criaturas más indefensas de la naturaleza. No podemos nada, no sabemos nada, no somos capaces de valernos por nosotros mismos para sobrevivir ni un solo día. Nuestra dependencia es total. Necesitamos del cuidado de nuestros padres o de otras personas que suplen las limitaciones y carencias que nos acompañan al nacer. Otros escogen lo que debemos vestir, cómo debemos alimentarnos, a dónde podemos ir... Alguien escoge por nosotros la fe en la que iremos creciendo, el colegio en el que aprenderemos las primeras letras, el barrio en el que viviremos... Todo nos llega, en cierto modo, hecho o decidido y el campo de nuestra elección está casi totalmente cerrado. Solamente, poco a poco, y muy lentamente, vamos ganando en autonomía y libertad.

Van a pasar muchos años para que seamos capaces de elegir cómo queremos transitar nuestro camino. Este proceso, que comenzó en la indefensión más absoluta, tiene su término, que a su vez vuelve a ser un nuevo nacimiento, cuando declaramos nuestra independencia frente a nuestros progenitores. Muchas veces este proceso es más demorado o incluso no llega nunca a darse plenamente. Podemos seguir la vida entera queriendo, haciendo, diciendo, actuando y creyendo lo que otros determinan.

Pero no podemos quedarnos allí. No podemos detener nuestro camino en la afirmación de lo que otros dicen. Es indispensable llegar a afrontar, más tarde o más temprano, la pregunta que hace el Señor a los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Aquí ya no valen las respuestas prestadas por nuestros padres, maestros, compañeros, amigos. Cada uno, desde su libertad y autonomía, tiene que responder, directamente, esta pregunta.

Pedro tiene la lucidez de decir: “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente”. Pero cada uno deberá responder, desde su propia experiencia y sin repetir fórmulas vacías, lo que sabe de Jesús. Ya no es un conocimiento adquirido “por medios humanos”, sino la revelación que el Padre que está en el cielo nos regala por su bondad.  

La pregunta que debe quedar flotando en nuestro interior este domingo es si todavía seguimos repitiendo lo que ‘otros’ dicen de Jesús o, efectivamente, podemos responder a la pregunta del Señor desde nuestra propia experiencia de encuentro con aquél que es la Palabra y el sentido último de nuestra vida. 

Encontrarnos con Jesús. Los cristianos hemos olvidado con demasiada frecuencia que la fe no consiste en creer algo, sino en creer en Alguien, de encontrarnos con Alguien vivo que da sentido radical a nuestra existencia.                          
Lo verdaderamente decisivo es encontrarse con la persona de Jesucristo y descubrir, por experiencia personal, que es el único que puede responder de manera plena a nuestras preguntas más decisivas.                           
La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Jesús para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron sino las preguntas que se hicieron. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad humana de Jesús y descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud. Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí? Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta.  

Frente a la confesión de la fe animada por Dios, se nos confía como a Pedro, una misión, en la comunidad eclesial. Que seamos piedras vivas, que ocupando nuestro lugar irradiemos vida, alegría, esperanza.  Que tengamos la firmeza de la fe como Pedro, para servir y no para buscar poder o intentar adueñarnos de lo que se nos confía.  Las llaves sirven para abrir y cerrar. Que confesando a Jesús Mesías, sepamos abrirnos a la fraternidad, a la comunión a la participación en la construcción del Reino de Dios. Que sepamos cerrar la puerta a todo lo que sea fuente de división y rivalidad. Sepamos cerrar la puerta al autor de todas las expresiones de poder que no tienen nada que ver con el Evangelio.  

Nuestra relación con Jesús. ¿Qué le podemos decir desde nuestras comunidades? ¿Conocemos cada vez mejor a Jesús? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades? ¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús? ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

Antes que nada, los creyentes hemos de reavivar nuestra adhesión profunda a la persona de Jesucristo. Solo cuando vivamos «seducidos» por él y trabajados por la fuerza regeneradora de su persona podremos contagiar también hoy su Espíritu y su visión de la vida. De lo contrario proclamaremos con los labios doctrinas sublimes, pero seguiremos viviendo una fe mediocre y poco convincente…      

¿Qué me dice La Palabra de hoy? ¿Qué me llevo de mi encuentro con Jesús, para meditar durante la semana? Algunas reflexiones:  

El encuentro con el maestro no nos deja indiferente. Sus obras y palabras llevan a cuestionar a aquellos que lo escuchan y lo siguen sobre la especial singularidad de su persona.  

“¿Quién dicen que soy?” Todavía seguimos repitiendo lo que ‘otros’ dicen de Jesús o, efectivamente, podemos responder a la pregunta del Señor desde nuestra propia experiencia de encuentro con aquél que es la Palabra y el sentido último de nuestra vida. Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús: ¿Qué dice mi vida de Jesús?  

Nuestra relación con Jesús. ¿Qué le podemos decir desde nuestras comunidades? ¿Conocemos cada vez mejor a Jesús? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades? ¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados?  

Que seamos piedras vivas, que ocupando nuestro lugar irradiemos vida, alegría, esperanza.  ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para nosotros? 

 
 

Décimo cuarto domingo, “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” 

Décimo quinto domingo, “El hombre que escucha la Palabra y la comprende, es el que produce frutos…”  

Décimo sexto domingo, “La fuerza transformadora del Reino”  

Décimo séptimo domingo, “¿Cuál es el tesoro más valioso en mi vida?  

La transfiguración, “Se transfiguró delante de ellos”  

Décimo noveno domingo, «Ven Señor, sálvame.»  

Vigésimo domingo, «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!»  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Fray Marcos. C. Ignaciano Reflexión y Ejercicios (CIRE). Dominicos.org  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119  

Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio de cada semana.

jueves, 24 de agosto de 2023

Evangelio del día 24 agosto 2023. Jn 1, 45-51. San Bartolomé, apóstol

 
 ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida! 

[Juan 1, 45-51] En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Palabra del Señor.

“Ven y lo veraz”

Hoy la Palabra me lleva a reflexionar ¿qué es lo que busco en mi vida? A igual que los discípulos del evangelio, busco la Verdad, busco a la verdadera vida, donde sólo un corazón auténtico, transparente es capaz de dejarse abrazar por la mirada del Maestro que nos abre el corazón a una realidad más allá de la inmediatez y las costumbres, que muchas veces nos achican el horizonte. Busco el camino a seguir que me lleve a vivir plenamente, que le dé sentido a mi existencia, a vivir con alegría en mi corazón y a compartirla con otros. Gracias Señor por regalarme tu Palabra cada día. (Ref. donbosco.org.arg)

miércoles, 23 de agosto de 2023

Evangelio del día 23 agosto 2023. Mt 20, 1-16. "Id también vosotros a mi viña"

 
¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida! 

[Mateo 20, 1-16] En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». Palabra del Señor. 

“El Reino de Dios, se da a aquel que abre su corazón para recibirlo”

Hoy la Palabra me lleva a reflexionar sobre la salvación y la bondad de Dios, para que descubra que recibirla no depende del esfuerzo físico que haga, ya que no es un intercambio comercial, si de que abra mi corazón a los pensamientos de Dios, que Jesús me regala cada día, y al vivirlos ayudar a que el Reino de Dios sea posible, ya desde hoy.


martes, 22 de agosto de 2023

Evangelio del día 22 agosto 2023. Mt 19, 23-30. "Qué difícilmente entrará un rico en el..."

 
¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida! 

[Mateo 19, 23-30] En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos». Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros. Palabra del Señor.

¿Qué nos va a tocar?

Hoy la Palabra me lleva a reflexionar ¿cuál es mi mayor tesoro? ¿Qué cosas enriquecen mi vida, me hacen sentir más libre, me permiten descubrir los talentos que Dios me regala? Cada día escucho tu Palabra y me gusta todo lo que me transmiten y las quiero llevar a mi vida en cada cosa que haga, descubriendo que me siento mejor, no atado a lo que dicen lo demás, y tienen mucho valor. Te pido que me ayudes a mantenerme en este camino, a discernir entre lo bueno y lo malo, a vivir de acuerdo con tus enseñanzas y experimentar en mi vida la Paz y Alegría que me traen.