Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 29 de agosto de 2009

Domingo 22° Durante el año, « ¡Hipócritas!... Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.»

Lecturas del 30/08/09 –Ciclo B–

Domingo 22° Durante el año

« ¡Hipócritas!... Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.»


Libro del Deuteronomio 4,1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo: Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: « ¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!» ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Palabra de Dios.


SALMO 14

R. Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa?

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor R.

El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. R.


Carta apóstol Santiago 1, 17-18. 21b. 22. 27

Queridos hermanos: Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos. Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: « ¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?» El les respondió: « ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.» Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.

Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»

Palabra del Señor.


Reflexión

¿En qué consiste la religión auténtica? ¿Cuál es el culto verdadero? A estas preguntas responden las lecturas de este domingo. La primera lectura nos dice que la religión auténtica consiste en cumplir fielmente todos los mandamientos del Decálogo. Jesucristo, en el Evangelio, enseña que la Palabra de Dios está por encima de las tradiciones y leyes humanas. Por tanto, la verdadera religión está en el corazón del hombre, que escucha y pone en práctica la Palabra de Dios. Santiago en su carta nos dirá que la religión pura e intachable ante Dios consiste en el amor al prójimo, especialmente a los más necesitados.

Es antigua la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de ciertas formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales. También esta tentación acompañó al «pueblo de Dios», Israel -como a muchos otros pueblos, desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, como nos recuerda el Salmo, no son los muchos ornamentos ni el boato de las celebraciones lo que nos eleva a Dios, sino la justicia, la honestidad, la recta intención y el respeto. Anunciar la justicia y vivirla en el día a día constituye la exigencia fundamental de las Escrituras. Los rituales, las prescripciones, las ceremonias... nos pueden ayudar a continuar por el camino de Dios, pero no pueden sustituirlo. Por esta razón, la exhortación que Moisés dirige a su pueblo se centra en la necesidad que tiene el pueblo de Dios de hacer una clara opción por el Dios de la libertad y por la justicia que los ha sacado de Egipto. De lo contrario, el sueño de la «tierra prometida» se puede convertir en una cruel pesadilla.

En la religión judía, un punto muy importante era mantenerse puro, pues no se podía participar en el culto sin poseer ese estado de pureza. La palabra pureza no tenía para ellos el mismo sentido que le damos ahora. Hombre puro era el que no se había contaminado, ni siquiera por inadvertencia, con alguna de las cosas prohibidas por la Ley. Por ejemplo, la carne de cerdo y de conejo era considerada impura: no se debía comer. Una mujer durante su menstruación o cualquier persona que tuviese hemorragias eran tenidas por impura durante un determinado número de días, y nadie debía ni tocarlas siquiera. Un leproso era impuro hasta que sanara, etc. Todo el que se hubiera manchado con esas cosas, aunque no fuera por culpa suya, tenía que purificarse, habitualmente con agua, cuarentenas y otras veces pagando sacrificios.

Estas leyes habían sido muy útiles en un tiempo para acostumbrar al pueblo judío a vivir en forma higiénica. Servían, además, para proteger la fe de los judíos que vivían en medio de pueblos que no conocían a Dios. Pero con el tiempo, el pueblo judío se había cargado de normas.

Pero en la época de Jesús, muchas de esas normas, eran sólo signos exteriores, que perdían de vista lo verdaderamente importante.

Estas costumbres aparentemente no son realizadas por los discípulos de Jesús. Es así que algunos fariseos y maestros de la ley se acercan al Señor cuestionándolo por esta actitud de sus seguidores. El Señor va a reaccionar de manera muy firme y clara acusándolos de hipócritas. Esta palabra, hipócrita, es fundamental en la dinámica del texto.

Etimológicamente viene del griego y significa “realizar un determinado papel protagónico en la vida”. Hacer un papel protagónico en una obra de teatro o en cualquier ficción está muy bien: el actor actúa un determinado personaje con particulares características que no tienen porqué coincidir con lo que él es en realidad (una persona muy buena puede hacer el papel de malo en una película). El problema es cuando se juega un papel distinto del que realmente se es en su interior, en la vida real y concreta. El hipócrita es entonces el que tiende a fingir en la vida, es falso en las acciones de su vida. Jesús es muy duro con esta expresión y la refuerza con dos elementos más. En primer lugar cita un texto de Isaías donde Dios invalida la alabanza y obediencia del pueblo porque éstas se reducen solo a palabras, dado que en realidad el pueblo “nunca piensa” en su Dios. En segundo lugar dirá que el gran problema es que desobedecen los mandamientos más importantes para quedarse en meras enseñanzas humanas. El hipócrita se queda con la “cáscara” de las cosas perdiendo de vista lo más esencial e importante.

Los últimos versículos están destinados a todos: “Jesús llamó a la gente”. A raíz de la cuestión suscitada con las costumbres de los antepasados, el Señor aprovecha para dejar en claro que lo que hace impuro al hombre ante Dios, no es lo que entra por la boca sino las malas acciones que salen del corazón y de la boca del hombre.

Conectado con todo este tema está aquel otro de «la letra y el espíritu»: la letra es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito, la acción concreta... El espíritu es el sentido con el que ha sido concebida aquella práctica concreta, y la vivencia con la que debe ser vivida. Por eso se dice que la letra mata, mientras que el espíritu vivifica. La letra sería un medio, mientras que el espíritu es un fin.

La carta de Santiago nos pone en guardia contra una religión que no encarne los valores del Evangelio. La palabra escuchada en la Sagrada Escritura debe ser discernida según el Espíritu para vivirla dócilmente en la vida cotidiana. El cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más en las prácticas piadosas de una cultura.

El cristianismo se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. La comunidad de creyentes es el espacio ideal para que la persona realice su opción y viva, en compañía de otros hermanos y hermanas, el llamado de Jesús. PARA

SER

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

El Señor quiere y espera de nosotros que pongamos empeño en ser limpios de corazón. Los ritos de purificación, de limpieza del pueblo judío, pasaron a ser con el tiempo simples manifestaciones exteriores, y Jesús les muestra que lo que verdaderamente es importante no es tener “limpias” las manos, sino el corazón.

El Señor nos quiere libres, dispuestos a cambiar aquello que haya que cambiar, para no perder lo verdaderamente importante. Lo que debe gobernar nuestros actos es el amor al prójimo y la rectitud de intención en toda circunstancia.

A la luz de este evangelio, podemos preguntarnos:


¿Dónde está el origen de la “impureza” que hay en el corazón del los hombres?

¿De dónde viene la impureza y el pecado de mi propio corazón?

¿Cómo actuamos? ¿Cumplimos con los ritos sólo exteriormente, o verdaderamente lo que nos mueve es el amor?

¿Sucumbo a la tentación de “dirigir las culpas” de mis faltas y pecados a las cosas que vienen de afuera?

¿Soy consciente de que el mal que hago o puedo hacer no es responsabilidad primera de los “otros” sino de mi propia debilidad?


ORACIÓN: IRRADIANDO A CRISTO

Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía. ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús! Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás. La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.

Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor
que existe en mi corazón por Ti. Amén.

-Oración que rezan las Misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa) después de la misa de cada día.


Lecturas de la semana:

LUNES 31: 1Tes.4, 13-18; Sal. 95; Lc. 4, 16-30.

MARTES 1: 1Tes, 5, 1-6. 9-11; Sal. 26; Lc. 4, 31-37.

MIERCOLES 2: Col. 1, 1-8; Sal. 51; Lc. 4, 38-44.

JUEVES 3: Col. 1, 9-14 Sal. 97; Lc. 5, 1-11.

VIERNES 4: Col. 1, 15-20; Sal 99; Lc. 5, 33-39.

SABADO 5: Col. 1, 21-23; Sal 53; Lc. 6, 1-5.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico. Círculo Bíblico San José

sábado, 22 de agosto de 2009

Domingo 21 durante el año, « Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna »

Lecturas del 23/08/09 –Ciclo B–

Domingo 21° Durante el año


« Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna »


Libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b

Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo: «Si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor.»

El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. El nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde pasamos. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios.» Palabra de Dios.


SALMO 33

R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Los ojos del Señor miran al justo y sus oídos escuchan su clamor; pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. R.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. R.

El justo padece muchos males, pero el Señor lo libra de ellos. El cuida todos sus huesos, no se quebrará ni uno solo. R.

La maldad hará morir al malvado, y los que odian al justo serán castigados; pero el Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados. R.


Carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 5, 21-33

Hermanos: Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo.

Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido. Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida.

Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

Muchos de sus discípulos decían: « ¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: « ¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: « ¿También ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.» Palabra del Señor.


Reflexión

La clave de los diversos textos litúrgicos de este domingo esta en decidirse en qué camino vamos a elegir para vivir, lo que propone el mundo o el de Dios.

Las tribus reunidas por Josué en Siquém deben decidirse por servir, a Yahvé o a otros dioses. Josué organiza la gran asamblea de Siquém, como la reunión constitutiva del pueblo de las tribus. Es el punto de partida de un movimiento nuevo que arranca del éxodo. El pueblo debe aceptar su nueva identidad teológica, social, cultural. Es fundamental identificar al Dios del Éxodo: el que ve la opresión del pueblo, el que oye el griterío de dolor y conoce sus sufrimientos, el que está decidido a bajar para librarlo del poder de los opresores (Ex 3,7-8). El Dios de sus Padres, el Dios de la Historia.

Las tribus proceden de diferentes orígenes culturales, religiosos, étnicos, pero ahora se aglutinan, gracias a la fe en este Dios del éxodo, en un solo pueblo: Israel. Es la teología, la fe en Yahvé y no la sangre quien los compacta para una alianza tribal.

El corazón de esta alianza tribal es la fe común en este Dios de los pobres. Pero supone también, identificar a los dioses “extraños”, a los dioses cananeos y egipcios, imágenes corrompidas de Dios, que generan esclavitud y muerte: un sistema de impuestos, una vida de esclavos, una religión opresora. Cambiar esos dioses por el Dios del Éxodo, fundando una sociedad de leyes para la vida, de reparto de la tierra, de culto nuevo basado en la pascua es el tema central de esta gran asamblea de Josué en Siquém.

Las tribus de Israel hacen un pacto de amor con este Dios de los pobres. Unos desposorios, como nos insinúa la carta a los efesios. “Una Iglesia dócil al Mesías”, “para hacerla radiante, sin mancha, ni arruga, ni nada parecido”.

Este domingo concluimos la lectura del capítulo 6 del Evangelio de Juan. Una vez que se ha escuchado de manera completa y cabal el discurso sobre el Pan de Vida, los mismos que seguían a Jesús hacen un análisis, una evaluación sobre las palabras del Señor. El veredicto es simple y contundente: “es muy difícil de aceptar”. El texto continúa además con una pregunta retórica: “¿quién puede estar de acuerdo contigo?”.

Jesús no se queda callado y les va a responder con dos preguntas retóricas: ¿esto les ofende?; ¿qué sucedería si lo vieran subir como Hijo del Hombre al Cielo donde antes estaba?

De esta forma les marca una vez más que la incapacidad que ellos tienen surge por una falta de fe: por más que “vean” lo más prodigioso no van a creer. Hace entrar en diálogo al Espíritu: ningún simple ser humano puede dar Vida Eterna, solo el Espíritu de Dios. Jesús se asocia así a la acción del Espíritu. Las palabras que el Señor ha dicho vienen del mismo Espíritu, no son palabras humanas, sino de Dios.

Jesús conoce el corazón del hombre, sabe quién cree y quién no cree… Además les recuerda como el Padre es, en definitiva, el que da el don de ser discípulo auténtico.

El resultado último de las palabras de Jesús es que muchos lo abandonan, no quieren seguirlo.

En este contexto el Señor preguntará a los más cercanos, a los apóstoles que Él mismo había elegido: “¿También ustedes quieren irse?”. Simón Pedro responderá en nombre de los Doce también con una pregunta retórica y con una afirmación contundente: “¿Y a quién seguiríamos, Señor? Sólo tus palabras dan vida eterna. Nosotros hemos creído en ti, y sabemos que tú eres el Hijo de Dios”.

Un grupo muy grande de personas escuchó el Discurso del Pan de Vida que pronunció el Señor. La mayoría de ellas no lo aceptaron y se fueron desilusionadas. En cambio, los Doce Apóstoles, se quedaron con el Señor mostrando que la fe ya había prendido en su corazón. Dios les había concedido el don de la fe y ellos fueron capaces de cuidarlo para que de fruto verdadero.


Esta profesión de fe en Jesús como el único que tiene “palabras” de Vida Eterna nos lleva mirar a Jesús como Palabra, Palabra con mayúsculas. Como lo expresan estas líneas tomadas del Mensaje Final del Sínodo de los Obispos 2008 que junto al Papa reflexionó sobre el tema de la Palabra de Dios.

EL ROSTRO DE LA PALABRA: JESUCRISTO

En el original griego son sólo tres las palabras fundamentales: Lógos, sarx, eghéneto, «el Verbo/Palabra se hizo carne». Sin embargo, éste no es sólo el ápice de esa joya poética y teológica que es el prólogo del Evangelio de san Juan (1, 14), sino el corazón mismo de la fe cristiana. La Palabra eterna y divina entra en el espacio y en el tiempo y asume un rostro y una identidad humana, tan es así que es posible acercarse a ella directamente pidiendo, como hizo aquel grupo de griegos presentes en Jerusalén: «Queremos ver a Jesús» (Jn. 12, 20-21). Las palabras sin un rostro no son perfectas, porque no cumplen plenamente el encuentro, como recordaba Job, cuando llegó al final de su dramático itinerario de búsqueda: «Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos» (42, 5).

Cristo es «la Palabra que está junto a Dios y es Dios», es «imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación» (Col 1, 15); pero también es Jesús de Nazaret, que camina por las calles de una provincia marginal del imperio romano, que habla una lengua local, que presenta los rasgos de un pueblo, el judío, y de su cultura.

El Jesucristo real es, por tanto, carne frágil y mortal, es historia y humanidad, pero también es gloria, divinidad, misterio: Aquel que nos ha revelado el Dios que nadie ha visto jamás (cf. Jn. 1, 18). El Hijo de Dios sigue siendo el mismo aún en ese cadáver depositado en el sepulcro y la resurrección es su testimonio vivo y eficaz.

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos lleva a cuestionar la vida diaria. A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguirlo y queremos ser como él no podemos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que debemos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.

¿Qué opinión tengo de lo que Jesús “me dice” a través de la Escritura, a través de su Palabra?

¿Acepto las exigencias del Evangelio?

¿Qué temas del Evangelio de Jesús me cuesta más aceptar?

¿Dónde percibo hoy las mayores exigencias del Evangelio para mi vida?

Qué le respondo a Jesús si me dice: ¿“tú también quieres irte”?

¿Qué implica para mí hoy decirle a Jesús: “sólo tus palabras dan vida eterna”?


ORACIÓN: Toma Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo lo que tengo y poseo.

Tú me lo diste; A ti Señor, lo devuelvo;

Todo es tuyo: dispone según tu voluntad.

Dame tu amor y tu gracia, Que esto me basta.

Amén (San Ignacio de Loyola)

Lecturas de la semana:

LUNES 24: Ap. 21, 9b-14; Sal. 144; Jn. 1, 45-51.

MARTES 25: 1Tes, 2, 1-8; Sal. 138; Mt. 23, 23-26.

MIERCOLES 26: 1 Tes. 2, 9-13; Sal. 138; Mt. 23, 27-32.

JUEVES 27: 1Tes. 3, 7-13.; Sal. 89; Mt. 24, 42-51.

VIERNES 28: 1Tes. 4, 1-8; Sal 96; Mt. 25, 1-13.

SABADO 29: Jr. 1, 17-19; Sal 70; Mc. 6, 17-29.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

sábado, 15 de agosto de 2009

Domingo 20 durante el año, «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él»

Lecturas del 16/08/09 –Ciclo B–

Domingo 20° Durante el año


«El que come mi carne y bebe mi sangre

permanece en mí y yo en él»


Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6

La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: «El que sea incauto, que venga aquí.»Y al falto de entendimiento, le dice: «Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé. Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia.» Palabra de Dios.


SALMO 33

R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor: que los oigan los humildes y se alegren.
R.

Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que lo temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Vengan, hijos, escuchen: voy a enseñarles el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que ama la vida y desea gozar de días felices? R.

Guarda tu lengua del mal, y tus labios de palabras mentirosas. Apártate del mal y practica el bien, busca la paz y sigue tras ella. R.


Carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 5, 15-20

Hermanos, cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor. No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo. Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de todo corazón. Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Juan 6, 51-59

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.» Los judíos discutían entre sí, diciendo: « ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.» Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún. Palabra del Señor.


Reflexión: del Padre Raniero Cantalamessa

El pasaje evangélico continúa la lectura del capítulo VI de Juan. El elemento nuevo es que al discurso sobre el pan Jesús añade el del vino; a la imagen del alimento la de la bebida; al don de su carne el de su sangre. El simbolismo eucarístico alcanza su culmen y su totalidad. Para entender la Eucaristía es esencial partir de los signos elegidos por Jesús. El pan es signo de alimento, de comunión entre quienes lo comen juntos; a través de él llega al altar y es santificado todo el trabajo humano

Planteémonos la misma pregunta para la sangre ¿Qué significa y qué evoca para nosotros la palabra sangre? Evoca en primer lugar todo el sufrimiento que existe en el mundo. Si, por lo tanto, en el signo del pan llega al altar el trabajo del hombre, en el signo del vino llega ahí también todo el dolor humano; llega para ser santificado y recibir un sentido y una esperanza de rescate gracias a la sangre del Cordero inmaculado, a la que está unido como las gotas de agua mezcladas con el vino en el cáliz. ¿Pero por qué, para significar su sangre, Jesús eligió precisamente el vino? ¿Sólo por la afinidad del color? ¿Qué representa el vino para los hombres? Representa la alegría, la fiesta; no representa tanto la utilidad (como el pan) como deleite. No está hecho sólo para beber, sino también para brindar. Jesús multiplica los panes por la necesidad de la gente, pero en Caná multiplica el vino para la alegría de los comensales. La Escritura dice que «el vino recrea el corazón del hombre y el pan sostiene su vigor» (Sal 104, 15).

Si Jesús hubiera elegido para la Eucaristía pan y agua, habría indicado sólo la santificación del sufrimiento («pan y agua» son de hecho sinónimos de ayuno, de austeridad y de penitencia). Al elegir pan y vino quiso indicar también la santificación de la alegría. Qué bello sería si aprendiéramos a vivir también los gozos de la vida, eucarísticamente, esto es, en acción de gracias a Dios. La presencia y la mirada de Dios no ofuscan nuestras alegrías honestas; al contrario, las dilatan. .…… [Traducción del italiano: Zenit].


CATEQUESIS SOBRE LA EUCARISTÍA
Audiencia General, S.S. Juan Pablo II 18 de octubre, 2000

1. "Nos hemos convertido en Cristo". En efecto, si Él es la cabeza y nosotros sus miembros, el hombre total es él y nosotros. Estas atrevidas palabras de san Agustín exaltan la comunión íntima que, en el misterio de la Iglesia, se crea entre Dios y el hombre, una comunión que, en nuestro camino histórico, encuentra su signo más elevado en la Eucaristía. Los imperativos: "Tomad y comed... bebed..." que Jesús dirige a sus discípulos en la sala del piso superior de una casa de Jerusalén, la última tarde de su vida terrena, entrañan un profundo significado. Ya el valor simbólico universal del banquete ofrecido en el pan y en el vino, remite a la comunión y a la intimidad. Elementos ulteriores más explícitos exaltan la Eucaristía como banquete de amistad y de alianza con Dios. En efecto, como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, "es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor".

2. Como en el Antiguo Testamento el santuario móvil del desierto era llamado "tienda del Encuentro", es decir, del encuentro entre Dios y su pueblo y de los hermanos de fe entre sí, la antigua tradición cristiana ha llamado "sinaxis", o sea "reunión", a la celebración eucarística. En ella "se revela la naturaleza profunda de la Iglesia, comunidad de los convocados a la sinaxis para celebrar el don de Aquel que es oferente y ofrenda: estos, al participar en los sagrados misterios, llegan a ser "consanguíneos" de Cristo, anticipando la experiencia de la divinización en el vínculo, ya inseparable, que une en Cristo divinidad y humanidad".

Si queremos profundizar en el sentido genuino de este misterio de comunión entre Dios y los fieles, debemos volver a las palabras de Jesús en la última Cena. Remiten a la categoría bíblica de la "alianza", evocada precisamente a través de la conexión de la sangre de Cristo con la sangre del sacrificio derramada en el Sinaí: "Esta es mi sangre, la sangre de la alianza". Moisés había dicho: "Esta es la sangre de la alianza". La alianza que en el Sinaí unía a Israel con el Señor mediante un vínculo de sangre, anunciaba la nueva alianza, de la que deriva, para usar la expresión de los padres griegos, una especie de consanguinidad entre Cristo y el fiel.

3. Las teologías de san Juan y de san Pablo son las que más exaltan la comunión del creyente con Cristo en la Eucaristía. En el discurso pronunciado en la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús dice explícitamente: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre". Todo el texto de ese discurso está orientado a subrayar la comunión vital que se establece, en la fe, entre Cristo, pan de vida, y aquel que come de él. En particular destaca el verbo griego típico del cuarto evangelio para indicar la intimidad mística entre Cristo y el discípulo, "permanecer, morar" (m+nein): "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él".

4. La palabra griega de la "comunión", koinonìa, aparece asimismo en la reflexión de la primera carta a los Corintios, donde san Pablo habla de los banquetes sacrificiales de la idolatría, definiéndolos "mesa de los demonios", y expresa un principio que vale para todos los sacrificios: "Los que comen de las víctimas están en comunión con el altar". El Apóstol aplica este principio de forma positiva y luminosa con respecto a la Eucaristía: "El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (...) Todos participamos de un solo pan". "La participación en la Eucaristía, sacramento de la nueva alianza, es el culmen de la asimilación a Cristo, fuente de "vida eterna", principio y fuerza del don total de sí mismo".

5. Por consiguiente, esta comunión con Cristo produce una íntima transformación del fiel. San Cirilo de Alejandría describe de modo eficaz este acontecimiento mostrando su resonancia en la existencia y en la historia: "Cristo nos forma según su imagen de manera que los rasgos de su naturaleza divina resplandezcan en nosotros a través de la santificación, la justicia y la vida buena y según la virtud. La belleza de esta imagen resplandece en nosotros, que estamos en Cristo, cuando con nuestras obras nos mostramos hombres buenos".


"Participando en el sacrificio de la cruz, el cristiano comulga con el amor de entrega de Cristo y se capacita y compromete a vivir esta misma caridad en todas sus actitud
En la existencia moral se revela y se realiza también el servicio real del cristiano". Ese servicio regio tiene su raíz en el bautismo y su florecimiento en la comunión eucarística. Así pues, el camino de la santidad, del amor y de la verdad es la revelación al mundo de nuestra intimidad divina, realizada en el banquete de la Eucaristía. Dejemos que nuestro anhelo de la vida divina ofrecida en Cristo se exprese con las emotivas palabras de un gran teólogo de la Iglesia armenia, Gregorio de Narek (siglo X): "Tengo siempre nostalgia del Donante, no de sus dones. No aspiro a la gloria; lo que quiero es abrazar al Glorificado (...). No busco el descanso; lo que pido, suplicante, es ver el rostro de Aquel que da el descanso. Lo que ansío no es el banquete nupcial, sino estar con el Esposo"


Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Los interlocutores judíos de Jesús no pueden entender. Ahora discuten entre ellos mal entendiendo las palabras de Jesús que los invita a comer su cuerpo. Comer carne humana está claramente condenado por el Antiguo Testamento. Las palabras de Jesús producen un profundo rechazo en su auditorio. Una vez más lo que falta es fe, capacidad para creer y tener una mirada más profunda, que supere los límites de la evidencia humana cotidiana. Jesús no los invita a que sean antropófagos. Presentándose como el Hijo del Hombre queda claro que se habla de comer no la “carne humana” de Jesús sino de participar en el alimento místico y real de su Cuerpo glorificado por la muerte y la resurrección. Este es el único alimento verdadero.

¿Cómo es mi vivencia de la Eucaristía? ¿Adoro, celebro y comulgo como el Señor me ha enseñado? ¿Busco vivir cada Eucaristía como un anticipo de la Vida Eterna?

ORACIÓN:

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Lecturas de la semana:

LUNES 17: Jueces 2, 11-19; Sal. 105; Mt. 19, 16-22.MARTES 18: Jc. 6, 11-24a; Sal. 84; Mt. 19, 23-30. MIERCOLES 19: Jc. 9, 6-15; Sal. 20; Mt. 20, 1-16. JUEVES 20: Jc. 11, 29-39a.; Sal. 39; Mt. 22, 1-14. VIERNES 21: Rut, 1, 1. 3-6.14b-16.22; Sal 145; Mt. 22, 34-40. SABADO 22: Is. 9, 1-3. 5-6; Sal 112; Lc. 1, 26-38.


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785


Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José