Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Domingo 25° durante el año, «El que quiere ser el primero, debe hacerse el servidor de todos.»

Lecturas del 20/09/09 –Ciclo B–

Domingo 25° Durante el año

«El que quiere ser el primero, debe hacerse el servidor de todos.»

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20

Dicen los impíos: «Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final.
Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.» Palabra de Dios.


SALMO 53

R. El Señor es mi verdadero sostén.

Dios mío, sálvame por tu Nombre, defiéndeme con tu poder. Dios mío, escucha mi súplica, presta atención a las palabras de mi boca. R.

Porque gente soberbia se ha alzado contra mí, hombres violentos atentan contra mi vida, sin tener presente a Dios. R.

Pero Dios es mi ayuda, el Señor es mi verdadero sostén: Te ofreceré un sacrificio voluntario, daré gracias a tu Nombre, porque es bueno. R.


Lectura de la carta de Santiago 3, 16-4, 3

Hermanos: Donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.

Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará.» Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.» Palabra del Señor.


Reflexión :

Jesucristo con su persona, con su enseñanza y su vida ha traído un cambio al mundo del hombre. En este cambio se centran de alguna manera los textos litúrgicos del actual domingo. Al impío que no entiende ni acepta la vida del justo se le pide implícitamente un cambio de actitud (primera lectura). Los discípulos de Jesús necesitan cambiar de mentalidad ante las enseñanzas sorprendentes de su Maestro (Evangelio). Santiago propone a los cristianos un programa espiritual que implica un cambio en el estilo de vida que antes llevaban (segunda lectura).

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar, incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

El texto de este domingo tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es el segundo anuncio de la muerte de Jesús realizado por el mismo Señor. La segunda parte es una reflexión que se suscita con respecto a quién es el más importante.

Luego de la curación del epiléptico, Jesús y sus discípulos continúan su camino por la región de Galilea. Quiere dedicar tiempo particular para formar a sus discípulos. Esta enseñanza se concentra en lo que ya compartimos en el texto de la semana pasada: Jesús será entregado en manos de los líderes del pueblo que lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar. Lo que Jesús dice es muy profundo y fuerte en su naturaleza humana. Sin embargo los discípulos no logran captar lo que el Señor les intenta comunicar. No entienden y no se atreven a preguntar. Pero lo más dramático es que ellos están en otra sintonía con respecto a lo que Jesús les está diciendo. Esta es la segunda parte de nuestro relato.

Cuando llegan a Cafarnaúm Jesús les pregunta sobre lo qué hablaban en el camino. La vergüenza se apodera de ellos que no pueden contestar nada dado que su preocupación era saber quién es el más importante. En el mismo momento que el Señor les abre el corazón y les cuenta lo que va a padecer, ellos se están disputando el grado de importancia… Realmente es un momento difícil.

Pero Jesús no desespera, se sienta a enseñar nuevamente, llama a los doce y les dice si alguien quiere ser el más importante debe aprender a ocupar el último espacio siendo servidor de todos.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no, en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas más insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad están en colocar en el centro, no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre.

No es fácil vivir a contracorriente, para eso hace falta coraje. Jesús nos propone hoy a cada uno que nos dispongamos a "cambiar de vida", que miremos nuestra vida y pensemos qué podemos cambiar nosotros, que nos dispongamos a seguirlo en su “camino”, la única forma que es digna de un verdadero discípulo del Señor.

Pidamos a María, a ella que supo siempre ser digna discípula de Jesús, que nos ayude a identificarnos con Él y que no tengamos miedo al camino que nos propone que sabemos termina con la resurrección y la vida para siempre.


Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

El afán de superación, el deseo de ser el primero, el anhelo de triunfo y éxito en la vida… parecen, en principio, aspiraciones legítimas del ser humano; el problema, normalmente, está en los medios que utilizamos para alcanzar esas metas. Jesús nunca dijo que no debamos aspirar a ser los primeros, antes al contrario: nos invita a serlo, pero nos señala el único camino humano para lograrlo: el amor y el servicio a la Causa del Reino, que es también la Causa de los pobres.

¿Estoy atrapado en esa pseudomística de la competitividad, del logro material, de la búsqueda del éxito y del dinero a cualquier precio?

Al "justo" lo persiguen sus coetáneos, no por capricho ni por odio irracional, sino porque les resulta incómodo y con su vida justa, simplemente con vivir como justo, echa en cara la maldad de sus enemigos. Al integrar la primera lectura con el evangelio del anuncio de la Pasión la liturgia está interpretando que en Jesús se cumple el caso del justo del libro de la sabiduría: Jesús fue asesinado porque molestaba a los poderosos, porque declaraba a Dios de parte de los pobres y evidenciaba la injusticia de los poderosos. Esa presencia martirial del justo, que molesta a los injustos, debería ser permanente.

¿Se da hoy en nuestra Iglesia? ¿Molesta nuestra Iglesia institucional a algún poderoso injusto?

¿Y nuestra comunidad local?


Oración:

La última parte del texto nos invita a buscar el último lugar. Esto es no es ni más ni menos que “humildad”. Por eso proponemos para la oración utilizar una frase-definición de humildad que nos regala Santa Teresa de Jesús (1515-1582, religiosa y mística española). Ella dice:

“Humildad es andar en la verdad”.

Tengamos presente esta concisa y clara descripción de la humildad para poder orar con el texto. La auténtica humildad no es “callarse y esconderse” sino que tiene que ver con esto de “andar en la verdad”.


Lecturas de la semana:

LUNES 21: Ef. 4, 1-7. 11-13; Sal. 18; Mt. 9, 9-13.

MARTES 22: Ef. 6, 7-8. 12b.14-20; Sal. 121; Lc. 8, 19-21.

MIÉRCOLES 23: Esd.9,5-9;Sal.Tb.13,2.3-4ª.4bcd.5, 8cd; Lc. 9, 1-6.

JUEVES 24: Jdt. 15, 8-10; 16.13-14; Sal.Lc. 1, 46-35; Jn. 19, 25-27.

VIERNES 25: Ag. 1, 15b—2, 9; Sal 42; Lc. 9, 18-22.

SABADO 26: Zac. 2, 5-9.14-15a; Sal Jer. 31, 10.11-12b.13; Lc. Lc. 9, 43b-45.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano. Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

domingo, 13 de septiembre de 2009

Domingo 24° Durante el año, « El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga »

Lecturas del 13/09/09 –Ciclo B–

Domingo 24° Durante el año

« El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga »


Lectura del libro del profeta Isaías 50, 5-9a

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Palabra de Dios.


SALMO 114

R. Caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.

Amo al Señor, porque él escucha el clamor de mi súplica, porque inclina su oído hacia mí, cuando yo lo invoco. R.

Los lazos de la muerte me envolvieron, me alcanzaron las redes del Abismo, caí en la angustia y la tristeza; entonces invoqué al Señor: «¡Por favor, sálvame la vida!» R.

El Señor es justo y bondadoso, nuestro Dios es compasivo; el Señor protege a los sencillos: yo estaba en la miseria y me salvó. R

El libró mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída. Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes. R.


Carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras.» A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe.»

Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.» «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
Pedro respondió:«¿Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.» Palabra del Señor.


Reflexión :

¿En qué consiste la esencia del hombre? La liturgia de hoy nos da una respuesta. En la primera lectura, tres son los rasgos del hombre según el designio de Dios: el hombre es un ser "que escucha", que sufre, que experimenta la presencia y asistencia de Dios. El evangelio presenta a Jesús como la perfecta realización del hombre: el Ungido de Dios, el varón de dolores, el siervo obediente hasta la muerte, el que pierde su vida para salvar la de los hombres. Finalmente, Santiago en la segunda lectura enseña que el hombre es aquél en quien la fe y las obras se unen en alianza indisoluble para lograr la perfecta realización humana.

Luego de la curación de un ciego en Betsaida (v. 22), Jesús sale hacia el norte con sus discípulos, hacia la zona de Cesarea de Filipo. En su camino el Señor quiere instruir a sus discípulos y parte de una pregunta: ¿qué dice la gente acerca de mí? La pregunta no es superficial. El diagnóstico revela que “la gente” no ha captado quién es realmente Jesús.

Todos los personajes que desfilan son “hombres”, grandes hombres de la historia de Israel pero sin referencia a la divinidad de Jesús.

Luego de las palabras de los discípulos Jesús les hará la misma pregunta a ellos mismos: ¿qué opinan ustedes?, ¿quién soy yo? Pedro responderá en nombre de todos: Tú eres el Mesías. La respuesta de Pedro es correcta. Que Jesús sea el Mesías significa que es aquel que todo el pueblo estaba esperando para que venga como salvador definitivo de todos los hombres, aquel que debía instaurar definitivamente el Reino de Dios. La afirmación de Pedro es toda una profesión de fe en Jesús como Mesías, Dios y Salvador. Es absolutamente correcta en su formulación.

A partir del versículo 31 cambia el “clima” del relato y Jesús comienza a narrar situaciones sobre su propia vida que nunca había dicho antes: va a sufrir mucho, será rechazado por los líderes religiosos del pueblo, lo van a matar y va a resucitar… Lo de resucitar parece que los discípulos no lo entienden todavía y los escandaliza la primera parte del relato.

El problema estaba en el concepto de Mesías que tenía el pueblo de Israel. Y los apóstoles no escapaban a esa idea. Ellos esperaban un Mesías libertador y vencedor desde el punto de vista temporal, que los libraría del dominio romano y establecería un reino, mediante el triunfo y el poder. Pareciera como si los Apóstoles y, junto con ellos, el pueblo judío no hubieran puesto mucha atención a las clarísimas profecías de Isaías sobre el Mesías. (cf.Is. 50, 5-9)

Por eso Jesús tiene que corregirlos de inmediato. Cuando Pedro, pensando en ese Mesías triunfador, llama a Jesús aparte para tratar de disuadirlo de lo que acababa de anunciarles como un hecho, la respuesta del Señor resulta impresionante.

Nos cuenta el Evangelio que enseguida que Pedro lo reconoce como el Mesías, Jesús “se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitaría al tercer día”.

La corrección que hizo el Señor de la idea equivocada del Mesías triunfador temporal, fue especialmente severa: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Por la severa respuesta de Jesús, resulta evidente que, para sus seguidores, rechazar el sufrimiento no es una opción; es -cuanto menos- una tentación que no va de acuerdo con lo que El continúa diciéndonos en este pasaje evangélico.

Dice el texto que entonces el Señor se dirigió a la multitud y también a los discípulos, para explicar un poco más el sentido del sufrimiento: el suyo y el nuestro. “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. Más claro no podía ser: el cristianismo implica renuncia y sufrimiento. Seguir a Cristo es seguirlo también en la cruz, en la cruz de cada día. Y para ahondar un poco más en el asunto, Jesús agrega una explicación adicional: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Pero... ¿qué significa querer salvar nuestra vida? Significa querer aferrarnos a todo lo que consideramos que es “vida” sin realmente serlo. Es aferrarnos a lo material, a lo perecedero, a lo temporal, a lo que nos da placer, a lo que nos da poder, a lo ilícito, etc. Si pretendemos salvar todo esto, todo lo perderemos y, como si fuera poco, perderemos la verdadera “Vida”. Pero si nos desprendemos de todas estas cosas, salvaremos nuestra Vida, la verdadera, porque obtendremos, como Cristo, el triunfo final: la resurrección y la Vida Eterna.

La paradoja cristiana. "Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará", nos dice Jesús. Es la gran paradoja cristiana, es decir, humana. En términos paradójicos, Jesucristo plantea la gran batalla de la existencia humana. Es la batalla entre el egoísmo y la entrega, entre la seducción del yo y la atracción de Dios, entre el culto a la personalidad y el culto a la verdadera humildad. Normalmente, pero de modo equivocado, se piensa que siendo egoísta se va uno a realizar, a salvar su identidad, a lograr una personalidad de gran talla. El resultado después de un cierto tiempo es la conciencia de estar buscando lo imposible, la frustración por tantas energías gastadas inútilmente, y ojalá también, al darse cuenta de haber errado el camino, aceptar el propio error y enderezar los pasos por el camino justo. Ese camino justo es el de vaciarse de sí para llenarse de Dios, el de darse a los demás desinteresadamente sin buscar compensaciones de ningún género, es el de la humildad profunda de quien sabe y acepta que todo lo que es y tiene proviene de Dios y lo debe poner al servicio de los demás.

Éste es el camino de la salvación. Éste es el camino de la auténtica realización del hombre. Éste es el camino de la paradoja cristiana. Como cristianos caminemos juntos y alegres por él. Es el camino que Cristo nos ha enseñado a sus discípulos

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

¿Qué respondo hoy si Jesús me hace ésta pregunta que le hizo a los discípulos? ¿Quién es Jesús para mí?

¿Es realmente el Mesías, el Enviado de Dios?

¿Qué dice hoy la gente de Jesús? ¿Qué opina? ¿Se lo percibe como un revolucionario? ¿Como un referente moral? ¿Como un defensor de pobres y marginados? ¿Como un profeta de calamidades? ¿Como…?

¿Puedo percibir que Jesús tiene una misión integral, en cuanto liberar al hombre de toda

y de todas las ataduras, comenzando por la más perjudicial que es el mismo pecado?

¿Me “escandaliza” qué Jesús muera en la cruz?

¿En qué situaciones de mi vida no he aceptado la realidad del sufrimiento y de la muerte? ¿Me rebelo contra Dios? ¿De qué forma?

El concilio declaró bellamente que Cristo revela el hombre al hombre.

El hombre es el ser a quien Dios lo ha capacitado para "escuchar", igual que los discípulos. Es un discípulo de Dios, que implica no sólo la escucha teórica, sino a la vez la escucha que conduce a la praxis, a la realización de lo escuchado, de la voz originaria que le precede y que norma su vida, pero cabe preguntarnos:


¿Seguimos todos los cristianos las huellas de Cristo?


Oración:

Himno de San Pablo que nos habla del misterio de la vida de Cristo:

Fil 2,5-11.

Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo: Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad. Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos.

Como hombre, se humilló a sí mismo y obedeció a Dios hasta la muerte: ¡murió clavado en una cruz! Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres, para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra; para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.


Lecturas de la semana:

LUNES 14: Núm. 21, 4b-9; Sal. 77; Flp. 2, 6-11; Jn. 3, 13-17.

MARTES 15: Heb. 5, 7-9; Sal. 30; Jn. 19, 25-27.

MIERCOL. 16: 1Tim. 3, 14-16; Sal. 110; Lc. 7, 31-35.

JUEVES 17: 1Tim. 4, 12-16.; Sal. 110; Lc. 7, 36-56.

VIERNES 18: 1Tim. 6, 2c-12; Sal 48; Lc. 8, 1-3.

SABADO 19: 1Tim. 6, 13-16; Sal 99; Lc. 8, 4-15.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

domingo, 6 de septiembre de 2009

Domingo 23° Durante el año, «E f a t á »

Lecturas del 06/09/09 –Ciclo B–

Domingo 23° Durante el año


«E f a t á »,


Libro del profeta Isaías 35, 4-7a

Digan a los que están desalentados: « ¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!» Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales.

Palabra de Dios.


SALMO 145

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

Abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos el Señor protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.


Carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas. Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete.» Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» Palabra del Señor.


Reflexión

Unos de los atributos de Dios es el de liberador. Éste es el atributo especialmente señalado en los textos litúrgicos de este domingo. Dios libera a los hombres de su triste condición de desterrados y a la naturaleza de su aridez infecunda (primera lectura). Libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Evangelio). Libera al cristiano de cualquier acepción de personas, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios.

Lo fundamental de este relato, es ver a través del milagro, la presencia salvadora de Dios. Es la "fe" del que solicita la imposición de manos a Jesús, la que hace el milagro.

El estado del sordo es de opresión, de desesperanza, pero su fe y la de sus acompañantes hacen posible que Jesús lo haga pasar de esa opresión infranqueable a la liberación y plenitud de vida.

La narración del milagro, nos muestra el camino por el cual se produce el milagro, nos invita a la fe, ya que para Dios no hay nada imposible.

Una persona que no escucha a Dios ni al prójimo porque está encerrada en su egoísmo y sólo le preocupan sus cosas, tiene una ¨sordera¨ más grave aún que la sordera de orden físico.

Cuando esa persona se encuentra con Cristo y descubre que es capaz de escuchar a los demás, se produce un ¨milagro¨ tan extraordinario como el que narra el evangelio de hoy, aún cuando no sea visible para otros.

Para escuchar al otro, se necesita:

Primero, "querer" escuchar y además requiere dejar que los demás "se expresen", porque si no se expresan no podemos escucharlos, es difícil escuchar a un mudo. Escuchar es mucho más que poner la oreja, es ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente, hacer propio su problema.

En el evangelio de hoy también Jesús devuelve la capacidad de hablar. Es común encontrar ¨mudos¨ que tienen una enorme cantidad de talentos para dar y para darse a la comunidad pero que no se animan a hablar.

También en ese terreno hay milagros, y son muchos los que después de encontrarse con Cristo deciden ponerse al servicio de los demás en alguna actividad parroquial. Son muchos los que se encuentran con Jesús y su Espíritu los mueve a salir de sí mismos para ir hacia los otros y comunicar la Buena Noticia del Evangelio.

Pero hablar no es decir cualquier cosa, cuando Jesús nos devuelve el habla, nos la devuelve para que podamos reaccionar cuando vemos algo injusto, intervenir y expresar nuestras ideas con madurez.

Cuando Jesús nos devuelve el don de hablar, es para expresar valientemente nuestra fe, nuestros puntos de vista, para denunciar las injusticias

Jesús hoy nos invita a recuperar el poder de la palabra para expresarnos con madurez y responsabilidad y el poder de escuchar, para que no solamente nos expresemos nosotros, sino que también escuchemos y respetemos la palabra de los otros. Jesús, es nuestro ejemplo. Él fue solidario para escuchar el clamor de los que sufrían y valiente para expresarse ante la autoridad y el pueblo. Nuestro compromiso es pedirle a Dios que nos libere de nuestra sordera y de nuestra mudez y podamos establecer entre los hombres un diálogo maduro para construir una sociedad solidaria.

Querer ser liberado. La liberación posee una fuerza de atracción singular. Es un claro indicio de que el hombre, consciente o inconscientemente, se ve y experimenta a sí mismo, al menos parcialmente, "esclavizado". Digamos que son no pocas las ataduras que el hombre, en las diversas épocas de la vida, va encontrando en el camino de su existencia. Por experiencia se sabe que de esas ataduras, sobre todo de las más hondas y fuertes, no se puede el hombre deshacer por sí mismo. Necesita ser liberado. Para ello se necesita querer ser liberado. Porque se da el caso de que el hombre, por razones inexplicables y muchas veces complejas, ama las "dulces" ataduras que lo "esclavizan". Ataduras que, por más dulces que sean, le van poco a poco estrangulando, hasta llegar a matar su libertad. La liberación, por tanto, es posible sólo para quien quiere ser liberado. Otro aspecto diverso es a quién acudir para ser liberados. Porque en nuestro mundo y en nuestro medio ambiente hay quizás muchos que se las dan de "liberadores", pero lo que liberan no es al hombre en su grandeza y en su dignidad, sino los potros desbocados de sus pasiones, sus egoísmos, sus ambiciones, sus pesadillas, sus instintos. Digámoslo sin tapujos: el verdadero liberador del hombre es Dios.


Dice Michel Quoist:

Los hombres necesitan hablar, pero son pocos hombres compañeros acogedores y dispuestos para sus hermanos, pues pocos se olvidan por completo de sí mismos para escuchar a los demás. Hablar con otro es ante todo escuchar, y pocos saben hacerlo, pues pocos están vacíos de sí mismos, y su "yo" hace ruido.

¿Estás inquieto, preocupado y se presenta alguien que quiere hablarte?

Despréndete con dulzura de tus preocupaciones, el mal humor, el nerviosismo y ofrécelos al Señor. Entonces quedarás libre para escuchar.

Si sabes escuchar, muchos irán a hablarte. Muéstrate atento, silencioso, recogido. Tal vez, aún antes de que pronuncies una palabra constructiva, el otro se habrá ido feliz, liberado, iluminado. Pues lo que de un modo inconsciente esperaba no era un consejo, una receta debida, sino alguien en quien apoyarse.

Si debes responder, no pienses qué decir mientras el otro habla, pues ante todo necesita atención, luego vendrán las palabras. Después, confía en el Espíritu Santo, lo que llega primero, no es el fruto de un razonamiento, sino el fruto de la gracia.

Sólo se producirá auténtico diálogo si haces en ti, un profundo silencio, un silencio religioso para acoger al otro, pues en él y por él, Dios llega a ti.

Pidamos al Señor que nos libere, para hablar y escuchar a Dios en nuestros hermanos.

Algunas actitudes que se destacan en el evangelio que nos permiten meditar:


Desde Jesús

v Tener la apertura de andar por todas las regiones y no cerrarse a nadie.

v Tener la delicadeza de “llevar a parte” al enfermo.

v Acercarse a la “humanidad” del enfermo e involucrase a tal punto que mete los dedos en los oídos y con saliva le toca la lengua.

v Tener la actitud religiosa de “mirar al cielo”.

Desde “la gente”

v Llevar al “enfermo” al encuentro con Jesús.

v Pedir que Jesús ponga su mano sobre él para sanarlo.

v Contar las maravillas hechas por Jesús.

Desde la actitud del enfermo

v Ser dócil a las personas que lo llevan al encuentro con Jesús.

Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Todo lo ha hecho bien. Con estas palabras reaccionó la multitud cuando se dio cuenta de que Jesús había curado al sordomudo. Son muchos, los textos evangélicos que relatan las obras buenas de Jesús en favor del hombre. De modo que san Pedro dirá de Jesús que "pasó haciendo el bien". Juan Pablo II nos dice que "la caridad de los cristianos es la prolongación de la presencia de Cristo que se da a sí mismo". Sí, Cristo desea seguir haciendo el bien entre nosotros y en nuestros días mediante los cristianos. Cristo desea seguir liberando al hombre de las necesidades materiales, de las enfermedades, de las calamidades naturales, de los males espirituales mediante los cristianos. El verdadero liberador del hombre es Jesucristo que murió por nosotros y por nosotros resucitó.

Nos podemos preguntar:

¿He aceptado realmente y de todo corazón ser liberado por Jesucristo?

Si quieres ser liberado, no lo dudes, Él te liberará. Habiendo experimentado a fondo la liberación de Cristo, sentirás el aguijón de decir a otros quién puede otorgarles la verdadera liberación que buscan.

¿Hago yo personalmente todo el bien que puedo hacer? ¿Busco que otros, individualmente o comunitariamente, hagan el bien?

¿Estoy convencido de que a través de mí, Cristo glorioso continúa presente entre los hombres haciendo el bien?

Oración:COMUNIIÓNESSPIRITUAL


JESÚS MÍO YO CREO QUE ESTÁS

VERDADERAMENTE PRESENTE EN

EL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

YO TE AMO SOBRE TODAS LAS

COSAS, TE DESEO EN MI ALMA.

PUESTO QUE NO PUEDO RECIBIRTE

AHORA SACRAMENTALMENTE,

VEN POR LO MENOS

ESPIRITUALMENTE

A MI CORAZÓN.

COMO SI YA HUBIERAS VENIDO,

YO TE ABRAZO Y ME UNO

ENTERAMENTE A TI. NUNCA

PERMITAS QUE ME SEPARE DE TI.

AMÉN


Lecturas de la semana:

LUNES 7: Col. 1, 24—2,3; Sal. 61; Lc. 6, 6-11.

MARTES 8: Miq. 5, 1-4a; Sal. 12; Mt. 1, 18-23.

MIERCOLES 9: Col. 3, 1-11; Sal. 144; Lc. 6, 20-26.

JUEVES 10: Col. 3, 12-17.; Sal. 150; Lc. 6, 27-36.

VIERNES 11: 1Tim. 1, 1-2. 12-14; Sal 15; Lc. 6, 37-42.

SABADO 12: 1Tim. 1, 15-17; Sal 112; Lc. 6, 43-49.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José