Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Lecturas del Sábado 24-12-11, “Natividad del Señor”


 - Misa de la Noche – Ciclo B –
 


 
« ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres
 amados por él!»
 
 
Lectura del libro del profeta Isaías 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. 
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.           Palabra de Dios.              

Salmo 95             
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre.  R.Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos.  R.Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque.  R.Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.  R.
 
Carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 2, 1-14
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
« ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!» Palabra del Señor.
 
Reflexión:    
“Dios-está-con-nosotros”

El pasaje del Evangelio que se lee en la misa de Nochebuena, nos narra el nacimiento de Jesús:
“encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”
 
En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres.
La fe cristiana se fundamenta en una afirmación sencilla y escandalosa: Dios ha querido hacerse hombre. Ha querido compartir con nosotros la aventura de la vida, saber por experiencia propia qué es vivir en este mundo, gozar, sufrir y crecer, caminar con nosotros.               
Ser cristiano es descubrir con gozo que “Dios-está-con-nosotros”, intuir desde la fe que Dios está en el corazón de nuestra existencia y en el fondo de nuestra historia humana, compartiendo nuestros problemas y aspiraciones, conviviendo la vida de cada persona. Este gesto de Dios, que se solidariza con nosotros y comparte nuestra historia es el que sostiene, en definitiva, nuestra esperanza. Dios ha querido ser uno de los nuestros. Su nombre propio es Emmanuel, el Dios-con-nosotros.
La fe en un Dios hecho hombre nos debería ayudar a los cristianos, no sólo a agradecer la solidaridad de Dios, sino a creer más en el hombre en quien siempre hay, por obra de Dios, más cosas dignas de admiración que de desprecio. Para Dios todos somos únicos e irrepetibles; todos tenemos una misión insustituible. Nuestro Dios se hizo uno de los nuestros, para que el hombre pueda llegar a ser más semejantes a Él. 
 
Jesús nace pobre y nos enseña que la felicidad no se encuentra en la abundancia de bienes. Jesús viene al mundo sin ostentación alguna y nos anima a ser humildes, a no estar pendientes del aplauso de los hombres.   
Dios se humilla para que podamos acercarnos a Él, para que podamos corresponder a su amor con nuestro amor, para que nuestra libertad se rinda no sólo ante el espectáculo de su poder, sino ante la maravilla de su humildad. 
  Estas son las primeras palabras que hemos de escuchar: «No tengáis miedo. Os traigo la Buena Noticia: una gran alegría para todo el pueblo». Es algo muy grande lo que ha sucedido. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño no es de María y José. Nos ha nacido a todos. No es solo de unos privilegiados. Es para toda la gente.
Los pastores no regresan a sus casas de la misma manera, lo hacen “glorificando y alabando a Dios”. La celebración no parte de simples sentimientos sino de la conexión entre las palabras del anuncio y la realidad de su cumplimiento: palabra y vida se han dado la mano. Fue la escucha de las palabras que provenían de lo alto las que les permitieron captar el profundo significado, la gran dignidad de un nacimiento que, si no hubiera sido por ello, habría pasado desapercibido. El evangelio de la Navidad termina en fiesta.
 
La última acción de los pastores es su canto, un canto que expresa que han comprendido lo que los sabios del mundo tuvieron dificultad para entender. Parecen anticiparse las palabras de Jesús: “Padre… has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños… tal ha sido tu beneplácito” (10,21). La última actitud de los pastores es una nueva y prolongada mirada hacia Dios.
El encuentro con el recién nacido en Belén, el más humilde de todos los nacidos en la tierra, remite a lo más alto en los cielos, de dónde proviene toda gloria y bendición. Se ha manifestado para el mundo el proyecto salvador de Dios. No hay justificación para que haya ningún tipo de ruina en ningún lugar del planeta. Dios ama el mundo que creó y aquí está para probarlo. Entre tanto, en medio del bullicio de la fiesta, María permanece ahí en su contemplación, dándole una profunda tensión espiritual a los eventos que rodean la navidad de Jesús.
 
Dios se hizo hombre por amor a los hombres. La venida del Señor no es un hecho del pasado sino del presente. Y es del presente en la medida en que nosotros dejemos que Dios ¨llegue¨.
Hoy llegamos a la Nochebuena,  Dios viene a habitar entre nosotros, procuremos que el ruido exterior de esta fiesta no nos haga perder su sentido más hondo, este tiempo de Navidad pide de nosotros contemplar el misterio, asimilarlo a nuestro ser y confesarlo ante los hombres. Cristo ha nacido para que nosotros renazcamos. 
“Ven Señor, Jesús”
Vamos a pedirle a Dios, que esta Navidad no se marchite como una flor. Que su mensaje no muera cuando cese el bullicio.
Que su paz no sea tan efímera como el arbolito que adorna  nuestro hogar.
Que la alegría de esta Navidad, se prolongue durante todo el año, como el nacimiento hacia una vida que quiere crecer y madurar en la paz en el amor y en la justicia.
 
Que la alegría y el gozo de descubrir el nacimiento de Dios en nuestro corazón, nos permita soñar que otro mundo es posible, y nos una en un solo proyecto de vida, el de Jesús.
 
Feliz
Navidad
Círculo Bíblico San José

 
El Niño Dios nos trae la salvación (1)
 
Estamos celebrando la Fiesta de la Navidad. Dios que se hace hombre para que el hombre llegue a Dios. Este acontecimiento es único, asombroso, extraordinario, inédito, original. « ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?». (Sal 113 [112], 5s).
 
Este regalo que Dios nos hace, compromete definitivamente el destino de la humanidad. Nos asombra, nos supera, nos sorprende. La luz se hace presente y nos ilumina. Es de desear que hayamos preparado el pesebre y que el Niño Dios tenga lugar y cabida en nuestra vida y en nuestro corazón. Ustedes se acuerdan que no hubo lugar en la posada, y tuvieron que ir a un establo, donde se encuentran los animales domésticos.
 
«A María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (cf. Lc 2,6s) ¿Dónde lo hemos recibido nosotros? ¿Qué lugar le hemos dado, qué lugar le vamos a ofrecer, con qué actitud lo vamos a recibir? ¿De memoria, por costumbre, con indiferencia, aburridos? ¿Lo vamos a hacer pasar en seguida, o correremos a hacer otras cosas, buscando otras excusas para no recibirlo bien? «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (Jn. 1,11).
 
Bien sabemos que su presencia, altera todo nuestro cálculo. Nos trasciende, incluso nuestros pecados, nuestras fragilidades, nuestras desconfianzas, nuestros límites, nuestros razonamientos, nuestros esquemas, todo es superado por su presencia. «Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12).
 
Su amor, su bondad, su mirada, sus manos, su vida, su corazón. Este Niño viene a nosotros para que nos podamos despertar, para que podamos tomar fuerza, para retomar y orientar el sentido de nuestra vida.
 
Lo recibimos y lo adoramos, lo contemplamos y tomamos decisiones, «Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó» (Tito 2, 11). Sería una tragedia quedar igual. Recordemos en las cosas de Dios, cuando uno queda igual, involuciona y retrocede.
 
Este misterio de Dios oculto, pero revelado en Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María Virgen, está en medio nuestro. Vivámoslo en familia, vivámoslo en Comunidad, tomemos ejemplo de los pastores, que fueron a adorarlo y con los ángeles digamos: «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra» (Lc. 2, 14)
Él viene a nosotros para quedarse con nosotros, hasta el fin del mundo (Cf. Mt. 28, 16). Hoy nuestra vida y nuestro compromiso se ven fortalecidos con solo su presencia. El amor y la bondad, la luz y la fidelidad vuelven a ser posibles. Que escuchando bien, tengamos la dicha de responder bien.
 
Feliz Navidad para cada uno de ustedes y para todas sus Comunidades.
 
                                                                                                                                             (1)Mons. Rubén O. Frassia. Obispo de Ave-Lanús
Avellaneda, 20 de diciembre de 2011
 
 
Rogamos a Nuestro Señor que nazca en vuestro corazón y en vuestro hogar.
 

Lecturas de la Semana
Lunes 26:  Hech. 6, 8-10. 7, 54- 60;  Sal  30;  Mt. 10, 17-22.
Martes 27:  1Jn. 1, 1-4;  Sal. 96; Jn. 20, 1-8.
Miércoles 28:  1Jn. 1, 5—2. 2; Sal. 123; Mt. 2, 13-18.
Jueves 29:  1Jn.  2, 3-11;  Sal 95; Lc. 2, 22-35.
Viernes 30: Gn. 15, 1-6; 17.5; 21, 1-3; Sal 104;  Lc. 2, 22. 39-44.
Sábado 31: 1Jn. 2, 18-21; Sal 95; Jn. 1, 1-.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Homilías P. Daniel Silva. Misioneros Oblatos o.cc.ss.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Domingo de la Cuarta Semana de Adviento, “María, la Virgen de la Esperanza”


Lecturas del 18-12-11– Ciclo B –

2º libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.-16
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña.»           
Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo.»
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. 
Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel.
Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. 
Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.» 
Palabra de Dios.
Salmo 88 
R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,  mi fidelidad está afianzada en el cielo.»  R.
Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: «Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones.»  R.
El me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él.  R.
San Pablo a los cristianos de Roma 16, 25-27
Hermanos: ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado!
Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe.   
¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.  Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el Ángel se alejó.                                    Palabra del Señor. 

Reflexión:   
 María, la Virgen de la Esperanza


“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” es el saludo  del ángel.  “Alégrate/Salve era el saludo normal de aquella época en griego.  Es digno de resaltar, sin embargo, que la primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría.  Es lo que escucha María: Alégrate.
 El término “favorecida, llena de gracia, agraciada” y la expresión “Dios te ha concedido su favor” son equivalentes.  La elección de Dios es siempre una gracia, un don, algo que nos plenifica.  La elección de Dios no destruye ni nuestra libertad ni nuestro auténtico ser.
“El Señor está contigo” es una fórmula, usual en el AT y en Lucas, para indicar la elección y solicitud de Dios por un determinado personaje, y asegura el destinatario la ayuda permanente para que lleve a cabo una misión humanamente imposible.
El saludo no provoca temor alguno a María, sólo turbación por la magnitud de su contenido.  La turbación de María entra en el esquema de las anunciaciones, por tanto no tiene nada que ver con otro tipo de turbaciones.  La presencia de Dios es siempre portadora de alegría y de paz; de ahí la invitación del ángel: “Tranquilízate”.
Este saludo vale también para cada uno de nosotros, puesto que somos elegidos de Dios y llevamos con nosotros a Jesús resucitado.  Todo cristiano es, decían los Padres apostólicos “cristóforos” portadores de Cristo.
Jesús es descripto con los rasgos mesiánicos del AT “Será grande, Hijo de Dios, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará para siempre en la casa de Jacob, su reino no tendrá fin, lo llamarán Consagrado”  Lucas añade el título de Hijo de Dios para describir la relación misteriosa que lo une al Padre.  Una relación que, según san Lucas, existe desde su nacimiento por obra del Espíritu Santo.
“Ser hijo” no significa solamente haber sido engendrado por su padre, sino, sobre todo, heredar la tradición que éste transmite y tener el padre por modelo de comportamiento.  Así pues, no será David el referente de Jesús; su mensaje vendrá directamente de Dios, su Padre. En Jesús, cuyo nombre significa “Salvador”, “Dios salva”. Dios cumple sus promesas, pero de una forma completamente nueva.  Dios es infinitamente mejor que lo que nos creemos.  Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en la bondad y la ternura de Dios.  Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios encarnado, que se nos ofrece como niño débil e indefenso, irradiando sólo paz y alegría.
Tras la pregunta de María, el ángel explica el misterio de la concepción.  El Espíritu Santo bajará sobre Ella. Se da así el comienzo de una humanidad nueva. Isabel, una anciana estéril, ha concebido un hijo y ya está de seis meses.  Se trata de una señal que aparece frecuentemente en el AT.  Expresa la protección de Dios hacia los débiles, más en concreto, la liberación de la vergüenza y marginación que suponía en aquella sociedad la esterilidad.
María da su consentimiento: “Aquí está la esclava  del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”.
La palabra “sierva, esclava” significa pertenencia a Dios.  Esta condición se expresa en la disponibilidad, en la aceptación de su voluntad.  La Palabra de Dios es un don, y éste debe ser acogido por la libertad humana.  María nos enseña a estar abiertos a la novedad y utopía de Dios.  Pero la pequeñez y la humildad de María no le impiden entablar un dialogo con el enviado de Dios.  Ella no se limita a escuchar y aceptar el anuncio, su fe es un acto libre, por ello inquiere, desea saber cómo sucederá lo que le es comunicado.  La fuerza del espíritu suscita en ella una participación activa, es la colaboración de alguien que se sabe en manos de Dios.  El sí a su maternidad nos comunica al Mesías. María ocupa, de este modo, su lugar en la historia de la salvación.  La encarnación es fruto de la fuerza del espíritu y de la disponibilidad de María.
Gestos, signos e imágenes para orar:
·       Un ícono.  Poner en el lugar de oración un ícono o imagen de María.
·       La casa. Dios ha encontrado una buena casa, nosotros mismos.
·       Hacer un panel de buenas noticias. Con recortes de prensa y revistas, con lo visto y      escuchado en los medios de comunicación.
·       Tiempo de encuentro, como lo fue el ángel con María, porque orar es aprender a crear espacio y tiempo para Dios.
·       Tiempo para dejarse arar. Vivir a la sombra del Espíritu, dejarse conducir, guiar, llevar, también llenar y fecundar.
·       Decir sí, “fíat”, hágase”, a Dios, a la vida, a la solidaridad, a la fraternidad, a la justicia.
·       Contemplar a Jesús y contemplar a María.  La contemplación del misterio de Jesús. Somos cristóforos,portadores de Cristo.  Llevamos dentro de nosotros el misterio de Dios.  Nuestra vida, nuestros hechos y actitudes pueden ser tan transparentes que, a través de ellos, los demás vean a Dios, o pueden ser tan opacos que no dejen traslucir rasgo ni señal de Dios.

Padre Daniel Silva.
Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Queridos hermanos y hermanas: 
Una de las fiestas de la santísima Virgen más bellas y populares: es la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que fue preservada incluso de la herencia común del género humano que es la culpa original, por la misión a la que Dios la destinó desde siempre: ser la Madre del Redentor.
Todo esto está contenido en la verdad de fe de la "Inmaculada Concepción". El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el ángel dirigió a la joven de Nazaret:  "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28).
"Llena de gracia" —en el original griego kecharitoméne— es el nombre más hermoso de María, un nombre que le dio Dios mismo para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, "el amor encarnado de Dios" (Deus caritas est, 12).
Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres Dios escogió precisamente a María de Nazaret? La respuesta está oculta en el misterio insondable de la voluntad divina. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio pone de relieve: su humildad.
Lo subraya bien Dante Alighieri en el último canto del "Paraíso":  "Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y más alta de todas las criaturas, término fijo del designio eterno" (Paraíso XXXIII, 1-3).
Lo dice la Virgen misma en el Magníficat, su cántico de alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, (...) porque ha mirado la humildad de su esclava" (Lc 1, 46. 48). Sí, Dios quedó prendado de la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (cf. Lc 1, 30). Así llegó a ser la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla a toda la familia humana.
Esta "bendición" es Jesucristo. Él es la fuente de la gracia, de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo donó al mundo. Esta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y donarlo al mundo "para que el mundo se salve por él" (Jn 3, 17).
Queridos hermanos y hermanas, la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador.
Mientras salimos al encuentro de Dios que viene, miramos a María que "brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino" (Lumen gentium, 68).
Benedicto XVI, Ángelus, 8 de diciembre de 2006
Avisos parroquiales
El domingo 25 de diciembre será la última misa a las 11:30. Los días domingos habrá misa a las 10 y 19 hs. A partir del 31 de diciembre la misa del sábado será a las 19 hs.
Lecturas de la Semana
Lunes 19:  Jc.  13, 2-7. 24- 25a;  Sal  70;  Lc. 1, 5-25.
Martes 20:  Is. 7, 10-14;  Sal.  23; Lc. 1, 26-38.
Miércoles 21:  Sof. 3, 14- 18a; Sal. 32; Lc. 1, 39-45.
Jueves 22:  1Sam.  1, 19b-20. 24-28;  Sal 1Sam 2, 1. 4-8d; Lc. 1, 46-56.
Viernes 23: Mal.  3, 1-4. 23-24;  Sal  24;  Lc. 1, 57-66.
Sábado 17: 2Sam. 7, 1-5. 8b-12. 14ª. 16; Sal 88; Lc. 1, 67-79.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
  

jueves, 8 de diciembre de 2011

Domingo de la Tercer Semana de Adviento, “… en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen”


Lecturas del 11-12-11– Ciclo B –

  

Libro del profeta Isaías 61, 1-2a. 10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor.    
Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas. 
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.  Palabra de Dios.

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54

R. Mi alma se regocija en mi Dios.

Mi alma canta la grandeza del Señor,  y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,  porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.  En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.  R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.  R.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.  Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.  R.
  
1º carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 16-24
Hermanos: Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.
No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno.
Cuídense del mal en todas sus formas. 
Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará.   
Palabra de Dios.

 Santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. 
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: « ¿Quién eres tú?» El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías.»  «¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: « ¿Eres Elías?» Juan dijo: «No.» 
 « ¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió. 
 Ellos insistieron: « ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.» 
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: « ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» 
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.» 
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor.
  
Reflexión    

«Vino para dar testimonio de la luz».

El evangelio de hoy nos muestra un ambiente con un pueblo  con expectativa por el Mesías y además donde Juan aparece como una figura rodeada de un prestigio extraordinario; prueba de ello es que las autoridades judías mandan a Betania, desde Jerusalén, a sacerdotes y levitas, que eran personajes calificados, a preguntarle a Juan si él es el Mesías. Niega ser el Mesías,  se presenta como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías y  a continuación comienza a darse a conocer, hablando de Jesucristo, alabándolo entusiastamente. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres el mesías, entonces ¿por qué bautizas?  

Para encontrar la respuesta vamos a meditar la afirmación con la cual comienza el Evangelio de hoy: «Hubo un hombre, enviado por Dios: su nombre era Juan».

(1)Si consideramos de cerca esta misión hay algo insólito: «Vino para dar testimonio de la luz». ¿Qué significa? ¿Es que la luz puede ser oscura? ¿Es que necesita ser iluminada por otro? La luz, cuando se presenta, ella da testimonio de sí misma. La luz no necesita del testimonio de otro. Podría parecer entonces que Juan mismo era la luz. El Evangelio se adelanta a negarlo: «No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz». Reafirma lo dicho y nuestra perplejidad permanece.   Tiene una misión en el plan de salvación que Dios quiere poner en ejecución. Según el estilo característico del IV Evangelio, va diciendo en sucesivas oleadas cuál es esa misión: «Vino para un testimonio – para dar testimonio de la luz – para que todos creyeran por él». Lo más notable de este hombre es que ha sido enviado por Dios.
Estamos obligados a leer la frase siguiente: «Estaba viniendo al mundo la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció». El evangelista usa una metáfora que es imposible imaginar; es inútil intentarlo: la luz estaba en el mundo, pero el mundo no la conoció. Con toda intención el evangelista pasa del ámbito de lo visivo –la luz- al ámbito de lo cognoscitivo: dice «no la conoció», donde se la esperaba, «no la vio». Es que trata de expresar un misterio, el misterio de Cristo: Cristo está en toda la creación, su belleza lo llena todo; pero permanece desconocido de muchos.
Es lo que afirma San Pablo: «Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra... todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia» (Col 1,15-17). En realidad, Cristo está en el mundo, pero el mundo no lo conoce. Necesita el testimonio de Juan.

Juan dio testimonio: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno a quien no conocen, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». El testimonio de Juan se desarrolló en dos momentos. En un primer momento afirmó que Cristo ya estaba en el mundo, aunque nadie sabía indicarlo. En un segundo momento él lo señaló y dijo quién era: «El que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios» (Jn 1,3-34). Juan es el más grande de los profetas -«más que un profeta», según la definición de Jesús (Mt 11,9; Lc. 7,26)- porque indicó a Cristo presente en el mundo.

Los Padres de la Iglesia (santos doctores de los primeros siglos) afirman que es triple la venida de Cristo. La primera ocurrió cuando él nació pobre y desconocido en el pesebre de Belén y desarrolló su ministerio en esas tierras de la Palestina; la tercera ocurrirá cuando él venga en la gloria a juzgar a vivos y muertos y sea visto por todos como el relámpago que atraviesa el cielo de un extremo al otro; la venida intermedia es la que está teniendo lugar ahora, en cada momento. El tiempo del Adviento consiste en adoptar la actitud que nos permita reconocerlo presente en el mundo y acogerlo conduciendo una vida coherente con su enseñanza.
Que no ocurra lo que la humanidad nunca dejará de lamentar: «Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron» (Jn 1,11). ¿Cuál es la suerte de quienes lo acogen en sus vidas? «A todos los que lo acogieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,12).

(2)La fe cristiana ha nacido del encuentro sorprendente que ha vivido un grupo de hombres y mujeres con Jesús. Todo comienza cuando estos discípulos y discípulas se ponen en contacto con él y experimentan “la cercanía salvadora de Dios”. Esa experiencia liberadora, transformadora y humanizadora que viven con Jesús, es la que ha desencadenado todo.
Su fe se despierta en medio de dudas, incertidumbres y malentendidos mientras lo siguen por los caminos de Galilea. Queda herida por la cobardía y la negación cuando es ejecutado en la cruz. Se reafirma y vuelve contagiosa cuando lo experimentan lleno de vida después de su muerte.
Por eso, si a lo largo de los años, no se contagia y se transmite esta experiencia de unas generaciones a otras, se introduce en la historia del cristianismo una ruptura trágica. Los obispos y presbíteros siguen predicando el mensaje cristiano. Los teólogos escriben sus estudios teológicos. Los pastores administran los sacramentos. Pero, si no hay testigos capaces de contagiar algo de lo que se vivió al comienzo con Jesús, falta lo esencial, lo único que puede mantener viva la fe en él.
En nuestras comunidades estamos necesitados de estos testigos de Jesús. La figura del Bautista, abriéndole camino en medio del pueblo judío, nos anima a despertar hoy en la Iglesia esta vocación tan necesaria. En medio de la oscuridad de nuestros tiempos, necesitamos «testigos de la luz».
Necesitamos creyentes que despierten el deseo de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos que, con su experiencia personal, su espíritu y su palabra, faciliten el encuentro con él. Seguidores que lo rescaten del olvido y de la relegación para hacerlo más visible entre nosotros.
Testigos humildes que, al estilo del Bautista, no se atribuyan ninguna función que centre la atención en su persona robándole protagonismo a Jesús. Seguidores que no lo suplanten ni lo eclipsen. Cristianos sostenidos y animados por él, que dejan entrever tras sus gestos y sus palabras la presencia inconfundible de Jesús vivo en medio de nosotros.
Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos. Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad el testigo no tiene la palabra. Es solo «una voz» que anima a todos a «allanar» el camino que nos puede llevar a él. La fe de nuestras comunidades se sostiene también hoy en la experiencia de esos testigos humildes y sencillos que en medio de tanto desaliento y desconcierto ponen luz pues nos ayudan con su vida a sentir la cercanía de Jesús.


“Estemos siempre alegres”

En la liturgia de la Misa, San Pablo nos exhorta a estar siempre alegres y nos dice que esto el lo que Dios quiere de nosotros. El Apóstol en otros pasajes del Evangelio nos da la clave para entender el origen de nuestras tristezas: nuestro alejamiento de Dios. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera del que lleva a Dios, al final sólo se halla infelicidad y tristeza. La experiencia de todos lo que, de una forma u otra, volvieron la cara hacia otro lado (donde no estaba Dios), ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. Encontrar a Cristo, y volverlo a encontrar, genera una alegría profunda siempre nueva. La alegría es tener a Jesús, la tristeza es perderlo.

El cristiano es un hombre esencialmente alegre. Sin embargo, la nuestra no es una alegría cualquiera, es la alegría de Cristo, que trae la justicia y la paz, y sólo Él puede darla y conservarla, porque el mundo no posee su secreto.
El cristiano lleva su gozo en sí mismo, porque encuentra a Dios en su alma en gracia. Esta es la fuente permanente de su alegría. Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. No hay tristeza que Él no pueda curar: no temas, ten sólo fe (Lucas 8, 50), nos dice el Señor. Nos dirigimos a Él en un diálogo íntimo y profundo ante el Sagrario, y en cuanto abramos nuestra alma en la Confesión encontraremos la fuente de la alegría. Nuestro agradecimiento se manifestará en mayor fe y en una esperanza que alejen toda tristeza, y en preocupación por los demás.
Un alma triste está a merced de muchas tentaciones. La tristeza nace del egoísmo, de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia en el trabajo, de la falta de mortificación, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios. Para poder conocer a Cristo, poder servirle, y darlo a conocer a los demás, es imprescindible no andar excesivamente preocupados por nosotros mismos. Solamente así, con el corazón puesto en Cristo, podemos recuperar la alegría, si la hubiéramos perdido.
Misión del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios, para ello preparemos la Navidad junto a María y en nuestro ambiente fomentando un clima de paz cristiana, brindando muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, nuestra alegría se las dará. 


Lecturas de la Semana

Lunes 12:  Is.  7. 10-14; 8. 10;  Sal  6;  Lc. 1, 39-48.
Martes 13:  Sf. 3, 1-2. 9-13;  Sal.  33; Mt. 21, 28-32.
Miércoles 14:  Is. 45, 6b-8. 18. 21b-25; Sal. 84; Lc. 7, 19-23.
Jueves 15:  Is. 54, 1-10;  Sal 29; Lc. 7, 24-30.
Viernes 16: Is.  56, 1-3ª. 6-8;  Sal  66;  Jn. 5, 33-36.
Sábado 17: Gn. 49-1-2. 8-10; Sal 71; Mt. 1, 1-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles – Chile (2) Eclesalia: José A Pagola.


Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.