Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 24 de mayo de 2013

Santísima Trinidad


“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” 


Lecturas del 26/05/13
– Ciclo C –
Santisima trinidad 2

Libro de los Proverbios 8,22-31.               Dice la Sabiduría de Dios: El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.     
Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra.               
Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo.            
Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.  Palabra de Dios.               
  Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría, dame mirada y oído interior, para  que busque siempre  las realidades del Espíritu.

Salmo 8
  : ¡Señor, nuestro Dios, que admirable es tu Nombre en toda la tierra!       
Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? R  Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. R             Todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. R                
Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5.            Hermanos: Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.      
Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 
Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Palabra de Dios.              

Santo Evangelio según san Juan 16, 12-15         
Jesús dijo a sus discípulos: «Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.            
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.              
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.» Palabra del Señor.           

Reflexión:      “Amor transformante del Dios familia”
Después de haber contemplado ampliamente la obra de Jesús en su misterio pascual, realización del proyecto salvífico del Padre, y de acogerla en el don de su Espíritu, colocamos hoy nuestra mirada en el misterio de la Santísima Trinidad.
“Tres personas distintas, un solo Dios verdadero”, así confesamos al Dios en quien nuestra vida fue sumergida bautismalmente.  En un día como hoy proclamamos que la vida trinitaria, la intimidad del Padre y del Hijo y su Amor, es la medida, la gracia y la inspiración de nuestras relaciones con Dios y entre nosotros. Se trata de un misterio inagotable que conocemos experiencialmente, en la medida en que se impregna en nosotros, San Pablo saludaba a su comunidad con una frase que le recordaba lo esencial de su fe y el estilo que debía caracterizar todas sus relaciones: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (2 Corintios 13,13).
Pero, ¿Qué cambia el hecho de creer en la Trinidad? ¿Qué experiencia de vida se inscribe detrás de esta revelación del ser de Dios? ¿Cómo vivir de esta vida trinitaria?
Una revelación que proviene de Jesús, el Hijo. Ante todo tengamos presente que si nosotros confesamos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, lo hacemos gracias a la enseñanza, la vida y el misterio de Jesús. Pero ya desde antes –en el Antiguo Testamento- el pueblo de la Biblia lo presiente y, después, poco a poco, cuando los apóstoles hacen la experiencia pascual, la vida y la fe de las primeras comunidades cristianas lo comprenden de manera inequívoca.
La experiencia de un Dios Trino es fe y vida, vida y fe. No hay duda que la intimidad de los Tres fue vivida espontáneamente por los primeros cristianos después de la Pascua cuando ya se había cumplido la promesa de Jesús sobre la venida del Paráclito: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13).  Pero después de la experiencia viene la “formulación” de lo vivido y comprendido; es así como se va llegando poco a poco a la confesión de que Dios es Trinidad Santa.
Es verdad que Jesús ya había dado muchas pistas, recordemos algunas de sus revelaciones más significativas que meditamos el mes pasado en el evangelio de Juan:
• “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre… Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (14,9.11)          
• “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (14,23)
• “El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo” (14,26)     
• “Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes” (15,9)
• “Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros” (17,21)           
• “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (20,17)
• “‘Como el Padre me envió, también yo los envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’” (20,21b-22).
A partir de Pentecostés, plenitud del tiempo pascual, cuando Jesús y el Padre han entregado lo más íntimo de sí, el amor infinito del uno por el otro, el Espíritu Santo, nos guía “hasta la verdad completa” (16,13) y es en el ámbito de este don que proclamamos y celebramos esta solemnidad de hoy.
Un camino para un profundo anhelo. El anhelo de todo ser humano es ver a Dios, ver su gloria. Estamos llamados a la unificación de la vida y a caminar a hacia una plena realización.  Como lo expresa el orante del Salmo 24,5, “Guíame hacia la verdad”, tenemos una sed ardiente por conocer el camino del Señor, con la certeza de que sólo en Él está la vida.
Y así como sucedió con el pueblo de Dios en el desierto, este camino de vida no se puede recorrer si Dios mismo no es quien lo guía (Éxodo 15,13; Isaías 49,10). Esta ruta pascual se le debe al Espíritu Santo: “El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así guiaste a tu pueblo para hacerte un nombre glorioso” (Isaías 63,14).
Entonces, la “guía pascual” del Espíritu consiste en introducir en medio de la fragmentación de la vida humana, de las situaciones históricas, una fuerza transformadora y orientadora que lo unifica todo en la plenitud de Cristo en la historia.
El Espíritu y Jesús son dos, pero son “uno” en el obrar. El discípulo de Jesús participa entonces de la vida que está en el Padre y el Hijo, la que sólo les pertenece a ellos en propiedad: “Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo” (Jn 5,26). Y más aún: todo lo que cabe en la relación del Padre y el Hijo, su estima, valoración, admiración, escucha/obediencia, el estar contentos el uno del otro, todo esto el Espíritu lo transmite a los discípulos. Por eso dice: “Recibirá de lo mío y les anunciará (transmitirá) a ustedes” (Jn 16,14c.15c).
Se realiza así el deseo de Jesús: “Quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria” (Jn 17,24). Bajo la luz de esta gloria, la comunidad de los discípulos queda envuelta en la fuerza y la intensidad del amor que es propio de Dios.
Ahora vemos que el Espíritu no nos llega solamente a los oídos sino hasta el corazón. Es el Espíritu –Dios mismo vaciándose en nosotros- quien coloca en lo más hondo de nuestro ser al Ser mismo de Dios.
Fuimos creados para “vivir”. Porque fuimos creados en el Verbo (JN 1,3)  vivimos sedientos de amor: por eso lo que más nos duele es una mala relación. Es algo que llevamos impregnado dentro. Pues bien, por la entrada y permanencia de Jesús en nuestra vida, Él como Verbo lleno de amor, nos rescata de nuestras soledades y aislamientos, sana nuestras incomunicaciones y malas relaciones al colocarlas en el plano superior del amor primero y perfecto que viene de Dios.  Todo lo hace converger allí y de Él, de lo alto, brota una nueva capacidad de amar. Y si bien pasamos por el trauma de la muerte física, viviremos para siempre porque en esa relacionalidad no hay lugar para la muerte, y esto: porque el Cielo de la Trinidad ya está en nosotros. Así, la misión del Hijo queda “completa”, esto es, darnos la vida eterna de Dios: “Para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos” (Jn 17,26).
La Trinidad Santa nos habita de manera inefable. Gracias a la “guía” del Espíritu que todo lo conduce “hasta la Verdad completa”, nuestra vida se va paulatinamente cristificando, impregnando en nosotros el rostro del amor.  La identidad con el Hijo, la participación en su gloria, nos hace posible unirnos al amor de los Tres, compartir su vida de alabanza recíproca, de amor y de gozo, y meditar largamente y en profunda paz las confidencias del Uno y del Otro a través de la escucha de lo que el Espíritu nos coloca en el corazón.
Siendo todo esto así, no se puede ser cristiano completo sin vivir en la Trinidad, porque la novedad de la vida bautismal –somos bautizados “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”- está iluminada por un amor transformante del Dios familia: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Romanos 5,5). ¿Qué más se puede desear?
                                                                                                                             Tomado del texto  P. Fidel Oñoro, CELAM                                                                                                                
Un mundo mejor es posible:
                   Misterio de Bondad        

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.        
A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más entre nosotros.
Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren. 
Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.             
Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.
J. A. Pagola


Lecturas de la semana
Lunes 27: Ecle.17,  24-26.29; Sal 31; Mc. 10, 17-27.
Martes 28: Ecle. 35, 1-12;  Sal 49; Mc. 10, 28-31.
Miércoles 29: Ecle. 36, 1-4.5.10-17; Sal 78; Mc. 10, 32-45.
Jueves 30: Ecle 42, 15-26;  Sal 32; Mc. 10, 46-52.
Viernes 31Sof. 3, 14-18; Sal Is. 12,2-3.4b-6; Lc. 1, 39-56.
Sábado 1: Ecle. 51, 12-20; Sal 18; Mc. 11, 27-30.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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viernes, 17 de mayo de 2013


espiritu santo1

"Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo
un rayo de tu luz"
Lecturas del 19/05/13
Pentecostés
– Ciclo C –
Lectura Hechos de los apóstoles 2, 1-11              
 Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.      
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían:«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.»
Palabra de Dios.

Salmo 103          
                          R. Señor, envía tu Espíritu y  renueva la superficie de la tierra.  
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! la tierra está llena de tus criaturas! R.                
Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R. ¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.     

1º carta de Pablo a los corintios 12, 3b-7. 12-13       

Hermanos: Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea Jesús.» Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.    
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.               
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.               


Secuencia           
Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.  
Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.              
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.        
Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto.     
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.    
Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, cura nuestras heridas.   
Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados.        
Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.    


Santo Evangelio según san Juan 20, 19-23         
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.         
Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. » Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.» Palabra del Señor.      


 Reflexión:
Aparición a los discípulos. Donación del Espíritu.               
La comunidad cristiana se construye alrededor de Jesús. 
En los discípulos de Jesús no existía la más mínima idea de que la resurrección era posible, lo prueba claramente la reacción de María Magdalena y de Pedro ante el sepulcro vacío y, sobre todo, la actitud de Tomás. En el presente relato está pensado desde el cumplimiento de las promesas de Jesús: “volveré a ustedes”, “les enviaré el Espíritu y tendrán paz”. El evangelista proclama y muestra que la comunidad cristiana se constituye alrededor de Jesús vivo y presente, crucificado y resucitado. El está en su centro y la libera del miedo y de la estrechez de su entendimiento, otorgándole confianza y seguridad, paz y alegría al mostrarle los signos de su victoria sobre la muerte. De Él recibe la comunidad la misión y el Espíritu para llevarla adelante. La misión de la comunidad, como la de Jesús, es liberar, dar paz, perdonar, amnistiar, dar vida hasta la entrega total.            


Cada cristiano es un enviado de Jesús. La llamada a la fe y a la comunidad es, al mismo tiempo, llamada a la misión. Hemos sido elegidos por Jesús para realizar el proyecto de Dios con Él. Pero la llamada/envío se remonta más arriba, hasta Él mismo o Dios: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo, a ustedes”. Es decir, cada cristiano es otro Jesús, que recibe la misma misión de parte del Padre. Hay una inmensa cadena que parte del mismo Dios y, pasando por Jesús hasta mí haciéndome también su hijo, su enviado. ¡Somos enviados de Dios, embajadores del Padre, sus mensajeros, en compañía de Jesús, en la construcción de la nueva humanidad! 
Y no hay excusa para la misión. Los primeros enviados “estaban con las puertas cerradas” por miedo a los judíos y autoridades, carecían de paz, humanamente no estaban preparados, no daban la talla. Sin embargo, ellos son los elegidos. Ellos son los que tienen que llevar adelante el proyecto de Jesús.

Reciban el Espíritu Santo. Después de enviarlos, de transmitirles la misión del Padre, Jesús sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo”. Así comprendieron y renacieron a la vida. Y se fueron por todo el mundo. Y supieron perdonar. Y rompieron las barreras del miedo y las puertas de la pequeña comunidad. Y experimentaron la paz en la misión y en el compromiso. Y se sintieron llamados a la resurrección.      
La misión cristiana no es una orden sino un fuego interior. El amor misionero del Padre y de Jesús, y el nuestro, es el Espíritu Santo. Quema mucho, para purificarnos. Arde fuerte, para darnos vida. Nos pone en movimiento, para crear más vida. El Espíritu Santo sabe que la misión es dura, porque no luchamos contra enemigos de carne y hueso sino contra estructuras de opresión y dominación. Pero él nos hace capaces de no callar ante la injusticia, derribar la mentira, quebrar la oscuridad y dar vida. El nos hace descentrarnos de nuestros fallos y descubrir nuestros auténticos pecados. Porque muchas veces nos duelen más nuestros fallos que nuestros pecados, y así no hay paz ni somos capaces de llevar adelante el proyecto de Dios. El Espíritu que se da nos hace ser personas resucitadas, llenas de paz, perdón y vida.     
Una experiencia personal de búsqueda espiritual. Queremos compartir una convicción: el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual.
Vivimos tiempos difíciles y de grandes paradojas. Tenemos a nuestra disposición posibilidades, comodidades y adelantos tecnológicos ni siquiera imaginados hace sólo unas décadas. Sin embargo, vivimos en un mundo con grandes desorientaciones: crisis económicas, sociales, ecológicas y políticas, pobreza, exclusión, marginación, violencia, crisis de sentido… Medio mundo se muere de hambre y sed, y podría alimentarse con lo que le sobra al otro medio.
Nuestra sociedad parece que ha optado por buscar la felicidad y el sentido de la existencia en los valores más materiales e individualistas de la técnica, el consumo, el poder, el control, la seguridad, el éxito, el dinero… Los valores más inmateriales como la espiritualidad, la cultura, la ética, la naturaleza, el amor, la solidaridad…quedan en un alejado segundo plano. Sin embargo, la desorientación personal y social permanece y crece.
Todas o la inmensa mayoría de las personas compartimos una inconformidad existencial que tiene que ver con la necesidad de buscar un sentido a la vida. La experiencia demuestra que esta inquietud no se calma con el analgésico de los valores materiales, necesita ser tratada con los valores del espíritu. Pensar que la felicidad interior de cada persona o de la sociedad tiene que ver exclusivamente con la dimensión material de la vida, con lo que tenemos, acumulamos y controlamos, es una falsa expectativa.
No se trata de despreciar la importancia de los valores materiales, pero sí de resituarlos y precisar que, si éstos son concebidos como fin y no como medio, deshumanizan la vida y la convivencia. Dejan de estar al servicio de la persona y de la sociedad, para convertirse en un valor absoluto que les pone a su servicio, provocando desorientación y pérdida de identidad. Los valores materiales necesitan un fundamento de valores humanistas que tienen que ser trabajados con nuestra sensibilidad más interior y espiritual.
Sabemos que esta reflexión se posiciona a contracorriente del mundo actual. No importa.
Queremos decir claramente que el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual. Simplemente, se trata de vivir, cada uno desde donde esté y haciendo lo que hace, una experiencia personal de búsqueda espiritual, promover la espiritualidad  en su vida ordinaria.
Vivir sin Espíritu, vivir sin haber resucitado. Los que nos consideramos creyentes vivimos, a menudo, como los discípulos del Evangelio: “al anochecer”, “con las puertas cerradas”, “llenos de miedo” temerosos de las “autoridades”. Estamos inmersos en la vieja creación, a pesar de que ya sea el domingo (primer día de la nueva creación). No hemos visto ni experimentado al resucitado. La humanidad nueva parece ausente de nuestras vidas.         
Nuestras comunidades están, a veces, replegados, ocultas, sin dar testimonio. Es como si no tuvieran alegría, perdón, paz y vida que transmitir. Seguimos aferrados a lo viejo. Necesitamos que el Señor resucitado se haga presente y nos transmita el soplo creador del Espíritu que infunde aliento de vida. 
Quien se deja invadir por el Espíritu, descubre que la fuente de su misión es el amor del Padre. Entonces empieza a sentir “pasión misionera” y “amor”, como Jesús, ante quienes sufren del dolor, la injusticia, la ignorancia, el hambre, el sinsentido. Y en su vida, no sólo es capaz de prescindir de las cosas más queridas, sino que descubre que la “plenitud” y la “realización” están en ese salir de sí mismo y realizar la entrega necesaria.
Persona resucitada es la que se deja guiar por el Espíritu de Dios, hacia la aventura, la sorpresa, la novedad, la vida,  persona resucitada es la que pone vida donde no la hay, o la defiende donde está amenazada.            
Un mundo mejor es posible:
Necesitados de Salvación. J. A: Pagola            .
Hemos de invocar su venida al mundo entero tan necesitado de salvación.   

Ven Espíritu creador de Dios. En tu mundo no hay paz. Tus hijos e hijas se matan de manera ciega y cruel. No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano. Haznos constructores de paz. No nos abandones al poder del mal.  
Ven Espíritu liberador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas vivimos esclavos del dinero. Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres. Libera en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Haznos más responsables y solidarios. No nos dejes en manos de nuestro egoísmo.     

Ven Espíritu renovador de Dios. La humanidad está rota y fragmentada. Una minoría de tus hijos e hijas disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social. Despierta en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Enséñanos a defender siempre a los últimos. No nos dejes vivir con un corazón enfermo.

Ven Espíritu consolador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad. Otros caminan perdidos y sin esperanza. No conocen una vida digna, sólo la incertidumbre, el miedo o la depresión. Reaviva en nosotros la atención a los que viven sufriendo. Enséñanos a estar más cerca de quienes están más solos. Cúranos de la indiferencia. 
Ven Espíritu bueno de Dios. Muchos de tus hijos e hijas no conocen tu amor ni tu misericordia. Se alejan de Ti porque te tienen miedo. Nuestros jóvenes ya no saben hablar contigo.
Tu nombre se va borrando en las conciencias. Despierta en nosotros la fe y la confianza en Ti. Haznos portadores de tu Buena Noticia. No nos dejes huérfanos.             
Ven Espíritu vivificador de Dios. Tus hijos e hijas no sabemos cuidar la vida. No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de tu mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso. En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza. No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Infunde en nosotros tu aliento creador. Haznos caminar hacia una vida más sana. No nos dejes solos. ¡Sálvanos!                
 
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para  que busque siempre
las realidades del Espíritu.
Lecturas de la semana
Lunes 20: Hech.1,  12-14; Sal Jdt. 13.18-19; Jn. 19, 25-27.
Martes 21: Ecle. 2, 1-11;  Sal 36; Mc. 9, 30-37.
Miércoles 22: Ecle. 4, 11-19; Sal 118; Mc. 9, 38-40.
Jueves 23: Ecle 5, 1-8;  Sal 1; Mc. 9, 41-50.
Viernes 24: Ecle. 6, 5-17; Sal 118; Mc. 10, 1-12.
Sábado 25: Ecle. 17, 1-15; Sal 102; Mc. 10, 13-16.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.  Pbro. Daniel Silva (2010). Lectionautas.com. Red Asís.
                                                                                              Cuadro de texto:
 Círculo
 Bíblico San José
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viernes, 10 de mayo de 2013

La Ascensión del Señor



"Jesús es nuestro abogado y está vivo entre nosotros "
  Lecturas del 12/05/13
– Ciclo C –
Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.              
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.  
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»  
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»  Palabra de Dios.
Salmo 46
R. Dios asciende entre aclamaciones,
 asciende el Señor al sonido de trompetas.
Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible,  es el soberano de toda la tierra.  R.
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas.  Canten, canten a nuestro Dios,  canten, canten a nuestro Rey.  R.
El Señor es el Rey de toda la tierra,  cántenle  un hermoso himno.  El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado.  R.
Carta a los efesios 1, 17-23
Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53
Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»
Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.  Palabra del Señor.
Reflexión:
"Jesús es nuestro abogado y está vivo entre     nosotros en el señorío de Dios"
Queridos hermanos y hermanas, Buenos días, en el Credo, encontramos la afirmación de que Jesús "subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre". La vida terrenal de Jesús culmina con el evento de la Ascensión, que es cuando Él pasa de este mundo al Padre, y es alzado a su derecha. ¿Cuál es el significado de este evento? ¿Cuáles son las consecuencias para nuestra vida? ¿Qué significa contemplar a Jesús sentado a la diestra del Padre? Sobre esto, dejémonos guiar por el evangelista Lucas.
Partimos del momento en que Jesús decide emprender su última peregrinación a Jerusalén. San Lucas anota: "Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc. 9,51). Mientras "asciende" a la Ciudad santa, donde se llevará a cabo su "éxodo" de esta vida, Jesús ve ya la meta, el Cielo, pero sabe bien que el camino que lo lleva de nuevo a la gloria del Padre pasa a través de la Cruz, a través de la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que "la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación de la ascensión al cielo" (n 661). También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, incluso cuando esto requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros planes. La Ascensión de Jesús ocurre concretamente en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado en oración antes de la pasión, para permanecer en profunda unión con el Padre: una vez más, vemos que la oración nos da la gracia de vivir fieles al proyecto de Dios. 
Al final de su evangelio, san Lucas narra el acontecimiento de la Ascensión de una manera muy sintética. Jesús llevó a los discípulos "cerca a Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (24,50-53); esto lo dice san Lucas.
Quisiera destacar dos elementos de la narración. En primer lugar, durante la Ascensión Jesús cumple el gesto sacerdotal de la bendición y los discípulos seguramente expresan su fe con la postración, se arrodillan inclinando la cabeza. Este es un primer elemento importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote, que con su pasión traspasó la muerte y el sepulcro, resucitó y ascendió a los cielos; está ante Dios Padre, donde intercede por siempre a favor nuestro (Cf. Hb. 9,24). Como afirma san Juan en su Primera Carta, Él es nuestro abogado.
¡Qué bello es escuchar esto! Cuando uno ha sido convocado por el juez o tiene un juicio, lo primero que hace es buscar a un abogado para que lo defienda. Nosotros tenemos uno que nos defiende siempre, nos defiende de las insidias del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados. 
Queridos hermanos y hermanas, tenemos este abogado: ¡no tengamos miedo de acudir a él a pedir perdón, a pedir la bendición, a pedir misericordia! Él nos perdona siempre, es nuestro abogado: nos defiende siempre ¡No olviden esto!
La Ascensión de Jesús al Cielo nos permite conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada ante Dios; Él nos ha abierto el camino; Él es como un guía cuando se sube a una montaña, que llegado a la cima, nos tira hacia él llevándonos a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él estamos seguros de estar en buenas manos, en las manos de nuestro Salvador, de nuestro abogado.
Un segundo elemento: san Lucas menciona que los Apóstoles, después de ver a Jesús ascender al cielo, regresaron a Jerusalén "con gran alegría." Esto parece un poco extraño. Normalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, de una manera definitiva, y sobre todo debido a la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no vamos a ver nunca más su rostro, no vamos a escuchar su voz, no podremos disfrutar más de su afecto, de su presencia. En cambio, el evangelista destaca la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Por qué? Porque, con la mirada de la fe, entienden que, aunque nos está ante sus ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.
San Lucas narra el hecho de la Ascensión también al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, para enfatizar que este evento es como el anillo que engancha y conecta la vida terrenal de Jesús con la de la Iglesia. Aquí san Lucas también menciona la nube que oculta a Jesús de la vista de los discípulos, los cuales permanecieron contemplando el Cristo que subía hacia Dios (cf. Hch. 1,9-10). Entonces aparecieron dos hombres vestidos de blanco, instándoles a no quedarse inmóviles. “Este Jesús que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como lo han visto marchar” (Cf. Hechos 1,10-11). Es precisamente una invitación a la contemplación del Señorío de Jesús, para tener de Él la fuerza para llevar y dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana: contemplar y actuar, ora et labora, nos enseña san Benito, ambas son necesarias en nuestra vida de cristianos.
 Queridos hermanos y hermanas, la Ascensión no significa la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él está vivo entre nosotros de una manera nueva; ya no está en un preciso lugar del mundo tal como era antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, junto a cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende, No estamos nunca más solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que en el silencio y la oscuridad, en la vida familiar y laboral, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto con nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, subido al Cielo, nuestro abogado. Gracias.
Cuarta Audiencia General de S.S Francisco
17 de abril de 2013
El Abogado
Después  de  haber  vivido “decentemente”  en la  tierra,  mi  vida llegó  a su fin...   
Sentado  sobre  una  banca de acusados,  en la sala de  espera de lo  que imagino era  una sala de jurados. Miré  a  mi  alrededor, vi  al fiscal  quien  tenía  apariencia de villano y me miraba  fijamente,  era  la persona más demoníaca que  había visto en mi vida. Miré a la  izquierda  y estaba mi abogado, un  caballero con  una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. Después la  puerta de la esquina se abrió y entró el juez, su  presencia demandaba admiración  y  respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él;  se sentó y dijo comencemos.
El  fiscal dijo: Mi nombre es  Satanás   y demostraré porque este individuo debe ir al infierno. Comenzó  a hablar de las mentiras que había dicho, de las cosas que había  robado en el pasado, cuando engañaba a otras personas. Satanás  habló  de otras horribles  cosas  y  perversiones cometidas por mí,  y entre más hablaba  más me hundía en mi silla de acusados.
Me sentía tan avergonzado,  que no podía mirar  a nadie, ni siquiera a mi abogado,  a medida que el fiscal mencionaba  pecados  que hasta había olvidado.   Estaba tan molesto con el por todas las cosas que estaba diciendo de mi, también estaba molesto con mi abogado,  quien estaba sentado en silencio. Yo  sabía  que era culpable,  pero también había hecho cosas buenas en mi vida, ¿No podrían esas cosas buenas por lo menos  equilibrar lo malo?
El fiscal terminó con furia su acusación y dijo: Debe ir al infierno,  es culpable de todos los pecados y actos acusados, y nadie puede probar lo contrario, por fin se hará justicia este día....
Mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara  pese a las fuertes protestas de satanás. Cuando se levantó y empezó a caminar, lo pude ver, todo su Esplendor y Majestad. Entonces me di cuenta porque me pareció tan familiar,  era Jesús quien me representaba,  Mi Señor y Salvador.
Se paró frente al juez, suavemente le dijo: Padre,  y se volteó para dirigirse al jurado,   y dijo: satanás está en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar las acusaciones.   Reconozco que merece ser castigado.
Respiró  Jesús  fuertemente,  se  volteó hacia su Padre y con los brazos extendidos proclamó: Sin embargo yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna  y me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío.
Continuó diciendo: Su nombre está escrito en el libro de la vida  y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia.
Cuando Jesús se iba a sentar,  hizo una pausa, miró a su Padre  y suavemente dijo: “No hace falta hacer mas nada, ya yo lo he hecho todo”.
El juez levantó su poderosa mano, y golpeando la mesa fuertemente, dijo: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad,  caso concluido”.
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio. Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté:  ¿Ha perdido algún caso?
Jesús sonrió amorosamente y dijo:
“Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo...  Pagado en su totalidad”.
Señor te pido que bendigas a mis familiares y seres queridos, a mis amigos que están leyendo este mensaje,  dales fortaleza para seguir adelante. Ten misericordia para que nos podamos arrepentir de nuestros pecados y te recibamos en nuestros corazones como Señor y Salvador, para que también podamos tener la salvación y la vida eterna.
Lecturas de la semana
Lunes 13: Hech.19,  1-8;  Sal 67;  Jn. 16, 29-33.
Martes 14: Hech. 1, 15-17.20-26;  Sal 112; Jn. 15, 9-17.
Miércoles 15: Hech. 20, 28-38; Sal 67; Jn. 17, 11b-19.
Jueves 16: Hech 22, 30; 23, 6-11;  Sal 15; Jn. 17, 20-26.
Viernes 17:  Hech. 25, 13b-21; Sal 102; Jn. 21, 15-19.
Sábado 18: Hech. 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Jn. 21, 19-25.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.  http://www.corazones.org
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

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viernes, 3 de mayo de 2013

Sexto Domingo de Pascua




"Me despido pero no los abandono: ¡No los dejo huérfanos!"
 
Lecturas del 5/05/13
– Ciclo C –
 
Los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: «Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje.  El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós.»  Palabra de Dios.
 
Salmo 66
R. ¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,
 que todos los pueblos te den gracias!
 
El Señor tenga piedad y nos bendiga,  haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio,  y su victoria entre las naciones.  R.
Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia  y guías a las naciones de la tierra.  R.
¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,  que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra.  R.
  
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
El ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino.         
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.         
No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero. Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Juan 14, 23-29
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.                
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.        
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.» Palabra del Señor.
 
Reflexión 
Me despido pero no los abandono:
¡No los dejo huérfanos!
 
Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo más acompañando a sus discípulos; Cuando Jesús dice que se va de nuevo al Padre, los discípulos entran en pánico, sienten que se les mueve el piso. La despedida sabe a lágrimas. Por eso, les dice repetidamente: “No se turbe vuestro corazón” (Jn 14,1), “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. Aquel día, en el cenáculo, el nudo en la garganta de los discípulos era grande. 
Y no es para menos, es que los discípulos se sienten inseguros a propósito de la partida de Jesús.  El Maestro constituye el punto de referencia de sus vidas, sin su presencia no hay seguimiento ni tampoco futuro.  De ahí que teman el verse desprotegidos y sin orientación, en otras palabras, huérfanos del amor que los sostuvo.
Pero la actitud de Jesús ante la inminente partida es diferente: “Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre”.
 
Jesús  sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad. 
Los discípulos deben comprender, a partir de claves muy precisas, cuál es su nueva situación y cuáles son las razones para no sentirse abandonados.
Con las promesas que va desgranando, el Maestro Jesús lleva gradualmente a su comunidad del ambiente de tristeza al de una gran alegría: la alegría que proviene del comprender que el camino de la Pascua conduce a una nueva, más profunda y más intensa forma de presencia suya en el hoy de la historia de todo discípulo.

El evangelio de este domingo nos propone buscar la respuesta a la pregunta sobre cómo continúa Jesús guiando a sus discípulos y a nosotros -animando el seguimiento- en los nuevos tiempos.
 
La ruta firme del discipulado: el Amor a Jesús y la obediencia a su Palabra.
El discípulo ama a Jesús, donde la forma concreta de su amor es: acoger con fe la persona de Jesús, con todo lo que Él ha revelado acerca de sí mismo y  tomar en serio sus enseñanzas, poniéndolas en práctica. 
El amor se vuelve compromiso: “Si ustedes me amán, cumplirán mis mandamientos”El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama”;“Si alguno me ama guardará mis palabras”  o al revés “El que no me ama no guarda mis palabras”.  Es así como un discípulo sigue a Jesús a lo largo de toda su vida mediante la escucha y el arraigo del Evangelio.  Su amor, en esta sintonía con el camino del Evangelio, redundará en una desbordante alegría.
 
El discipulado es esta dinámica de amor. Si observan los mandatos de Jesús, demostrándoles así su amor, ellos siguen su ejemplo.  Sólo así son verdaderos imitadores de Jesús porque así es que Él se comporta con el Padre “Si cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”, 15,10.

Esta dinámica del amor despeja el panorama de la nueva realidad que acontece al interior de la vida del discípulo de Jesús: su amor se encuentra con otro amor que lo supera, ¡y con creces!  El discípulo no sólo entra en la circularidad de amor con Jesús sino también con Dios Padre: “Y el que me ame será amado por mi Padre”“Si alguno me ama… mi Padre le amará”.
A partir de aquí comienzan a caer en cascada, de los labios de Jesús, una serie de revelaciones:
 
La primera viene conectada enseguida con el tema del amor obediente del discípulo, completando así el círculo: Jesús anuncia un amor permanente e inclusivo del Padre y del Hijo en el corazón del seguidor de Jesús:
“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”
 
La inhabitación de la comunión del Padre y del Hijo, una soledad “llena”. La presencia de Jesús en el caminar del discípulo, en el tiempo pascual, atrae también la de Dios Padre.  Jesús no viene solo.
De hecho, si miramos otros pasajes del evangelio constatamos que Jesús le hace caer en cuenta a sus discípulos que en Él no hay soledad: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16,32);
A todo discípulo le sucede lo mismo que a Jesús: su soledad es en la compañía de Dios.  Quien ama a Jesús no está solo, no está perdido ni abandonado a su propia suerte.  Aún cuando no sean visibles para sus ojos físicos, todo seguidor debe saber que Jesús y el Padre están a su lado. Por eso hay que tomar conciencia en todo instante e incluso a la hora de la muerte -tiempo de profunda soledad y radical separación-, que Jesús y el Padre están a nuestro lado, que no nos dejan abandonados ni desprotegidos.  El discipulado es un gustar cotidianamente esta amorosa compañía.
Nuestra vocación como criaturas de Dios es alcanzar la comunión plena con Dios en la eternidad. Ahora Jesús hace caer en cuenta que esta comunión con Él y con el Padre no será solamente una realidad futura, cuando entremos a vivir en la morada que el Resucitado nos ha preparado en el cielo, sino que es una realidad presente, aquí y ahora, que crece todos los días hasta la visión definitiva de la gloria. Esto vale no solamente para los primeros discípulos, sino para todo el que cree en Jesús.

Segunda: “Yo les digo estas cosas mientras permanezco  con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho”.
Jesús recuerda una vez más que vendrá el Espíritu Santo. Ya lo había dicho poco antes: “Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis porque mora con vosotros” (Jn 14,17).
El Padre enviará el Espíritu como respuesta a su petición: “Y yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes” (Jn 14,16).
 
Con el don del Espíritu comprendemos que no estamos solos, que contamos con una ayuda eficaz. No nos esforzamos por comprender la Palabra de Jesús solamente con nuestras fuerzas, sino que el Espíritu nos asiste, nos ayuda.
“Les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho”. El Espíritu les entrega a los discípulos la totalidad del Evangelio, la Palabra de Jesús en la cual hay una profunda unidad.  Así les inculca sus enseñanzas y les revela su rostro. Estos dos elementos continuarán siendo el camino de acceso a la persona de Jesús. Su tarea es enseñarnos a “aprehender” a Cristo, él no trae nuevas enseñanzas, porque toda la revelación ya se manifestó en la persona de Jesús. Su acción es referida a lo que Jesús ya dijo, recordándolo, profundizándolo e insertándolo en la propia vida, es decir, ayudando a encarnar el Verbo Jesús en nuestra historia.
 
Tercera: Primera consecuencia de la comunión con Dios: Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo”.
Jesús les deja a sus discípulos “su” paz, esto es, la seguridad y la protección que solamente pueden provenir de Él. Esta paz no es solamente una palabra sino que se basa en los dos anuncios que acaba de hacer Jesús: la comunión con el Padre y con el Hijo, que nos habita, y  la presencia del Espíritu Santo, quien nos guía.  La paz brota en la vida de quien se sumerge en Dios y endereza su existencia por el camino del Evangelio.
Esta comunión es espacio vital de seguridad y protección.  Si Dios está con nosotros, ¿qué podrá constituir verdaderamente un peligro para nuestras vidas?  La comunión con Dios arranca de raíz las preocupaciones, los miedos, las inseguridades, tanto cuanto sea vivida y experimentada en la fe.  Cuando Dios está en la vida de uno, todo es distinto.
Quien acoge la presencia de Dios Padre e Hijo en su vida, caminando todos los días bajo la guía del Espíritu Santo, enfrenta la vida de una manera distinta: con paz.  Las vicisitudes propias de la vida cotidiana, que muchas veces causan desasosiego y perturbación, no nos encuentran desvalidos, como si no tuviéramos ayuda y sólido piso que nos sostiene.  En otras palabras, las realidades de la vida nos sumen en angustia y temor, con razón dice: “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.                                                                                
Cuarta: “Me voy y volveré a usteds.  Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo”.
Con la “alegría” sucede como con la paz: la mayor alegría que hay es la del amor, cuyo fundamento último es la unión perfecta del Padre y el Hijo. Como se vio antes, el amor por Jesús impulsa a los discípulos a observar su Palabra (14,23).  Pues bien, este hecho debería impulsarlos también a alegrarse porque el Maestro se va.
Con su muerte Jesús vuelve a la casa del Padre (“habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre”, 13,1). Así Jesús llega a la plenitud del gozo: para Él no hay mayor alegría que la perfecta comunión con el Padre.
Los discípulos deberían estar contentos porque Jesús llega a la plenitud de su bienaventuranza.  Pero Jesús invita a sus discípulos a todavía más, a que se alegren incluso por sí mismos: el hecho que haya alcanzado su meta es para todos los seguidores una garantía de que también la alcanzarán. Los logros de Jesús son los logros de sus discípulos, ellos son los primeros beneficiados.  Jesús los acogerá en su misma plenitud: “Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros” (14,3).
 
Quinta: “Les dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes  crean”.
Jesús le acaba de hablar a sus discípulos abiertamente, con toda transparencia, con un gran amor. Ahora se toma una pausa para que los discípulos reflexionen.
¿Qué hay que captar en lo que Jesús acaba de decir? El hecho de que el Maestro le exponga a sus discípulos tantos detalles no debe ser motivo de inquietud, sino más bien una fuente de fortalecimiento de la fe en Él.
En fin, los discípulos están tristes en el cenáculo porque es la hora de la despedida. Jesús les muestra que no hay motivos para estar tristes porque su partida no es abandono sino plenitud de su hora y punto de partida de una nueva forma de presencia.
La partida es dolorosa, sí. Pero todo depende del punto de vista desde donde se miren las cosas.  Si la miramos desde fuera, la muerte de Jesús parece una catástrofe.  Pero si la miramos desde donde la ve el mismo Jesús, es distinto: quien pone en práctica las enseñanzas del Maestro, no pierde la seguridad cuando llega la hora de la muerte de Jesús, sino que es confirmado en la fe en Él, en la paz y en la alegría por su victoria.
 
Mi Señor...
Ayúdame a decir la verdad delante de los más fuertes y a  no a decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxitos, no me quites la humildad.
Si me das humildad no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás, por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo.
No me dejes caer en orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme  y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
 
¡SEÑOR, SI YO ME OLVIDO DE TÍ, NUNA TE OLVIDES DE MÍ!
                                                                                                                       Mahatma Gandhi
 
Lecturas de la semana
Lunes 6: Hech. 16, 11-15; Sal. 149; Jn. 15, 26--16.4ª.
Martes 7: Hech. 16, 22-34; Sal. 137; Jn. 16, 5-11.
Miércoles 8: Is. 35, 1-7, Sal.  Lc. 1, 46-55; Ef.  1, 3-6.11-12; Jn. 19, 25-27.
Jueves 9Hech18, 1-8; Sal. 97; Jn. 16, 16-20.
Viernes 10: Hech. 18, 9-18; Sal. 46; Jn. 16, 23-28.
Sábado 11: Hech. 18, 23-28; Sal. 46; Jn. 16, 23-28
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.  Servicio Bíblico latinoamericano. P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM
 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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