Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 23 de febrero de 2019

“Amen, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio”



Séptimo Domingo durante el año
Lecturas 24 -2-19, Ciclo C

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén
Primer libro de Samuel 26, 2. 7-9.12-14. 22-23. Saúl bajó al desierto de Zif con tres mil hombres, lo más selecto de Israel, para buscar a David en el desierto. David y Abisai llegaron de noche, mientras Saúl estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento. Su lanza estaba clavada en tierra, a su cabecera, y Abner y la tropa estaban acostados alrededor de él. Abisai dijo a David: “Dios ha puesto hoy a tu enemigo en tus manos. Déjame clavarlo en tierra con la lanza, de una sola vez; no tendré que repetir el golpe”. Pero David replicó a Abisai: “¡No, no lo mates! ¿Quién podría atentar impunemente contra el ungido del Señor?”. David tomó la lanza y el jarro de agua que estaban a la cabecera de Saúl, y se fueron. Nadie vio ni se dio cuenta de nada, ni se despertó nadie, porque estaban todos dormidos: un profundo sueño, enviado por el Señor, había caído sobre ellos. Luego, David cruzó al otro lado y se puso en la cima del monte, a lo lejos, de manera que había un gran espacio entre ellos, y empezó a gritar a la tropa y al rey Saúl: “¡Aquí está la lanza del rey! Que cruce uno de los muchachos y la recoja. El Señor le pagará a cada uno según su justicia y su lealtad. Porque hoy el Señor te entregó en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor”. Palabra de Dios.

Salmo 102, R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.
Cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados; como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles. R

1° carta de san Pablo a los Corintios 15, 45-49   
Hermanos: Esto es lo que dice la Escritura: “El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente”; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. Pero no existió primero lo espiritual, sino lo puramente natural; lo espiritual viene después. El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial. De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial. Palabra de Dios.

Evangelio según san Lucas 6, 27-38.
Jesús dijo a sus discípulos: Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes. Palabra del Señor.

Reflexión. Seguimos con el sermón del llano de Lucas. Después de las bienaventuranzas, nos propone otro mensaje evangélico: “Amen a vuestros enemigos”. Podemos recordar lo que nos dijo Jesús “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Si bien nos ayuda a comprender, tampoco es fácil entenderlo, mejor dicho, es imposible entenderlo si no se tiene la vivencia de unidad con Dios.

Si seguimos pensando que estas exigencias son demasiado radicales, es que no hemos entendido el mensaje evangélico; aún estamos pensando como individualidad separada, y todavía no hemos descubierto lo que realmente somos.
Es un planteamiento existencial, que va más allá de toda comprensión racional. Compromete al ser entero, porque se trata de dar sentido a toda mi existencia. Es verdad que desbarata el concepto de justicia del todo el AT y también el del Derecho Romano, que nosotros manejamos. Pagar a cada uno según sus obras o la ley del talión, quedan superadas; a años luz del “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
El amor al enemigo es la única garantía de que está en nosotros el amor de Dios, el que nos pide Jesús en el evangelio. La falta de amor hacia uno solo de los seres humanos es la certeza absoluta de que nuestro Amor (ágape) es cero.
Todo lo que normalmente llamamos amor no pasa de ser instinto, pasión, interés, amistad, que buscamos para potenciar lo superficial, en el fondo no es más que egoísmo.
Normalmente ponemos la meta de nuestra moral en no hacernos enemigo de nadie, es decir, no odiar o aborrecer a nadie. Pero Jesús no se contenta con eso. El evangelio nos pide que debiéramos contestar con amor al odio expresado por el que nos tiene aversión y está haciendo todo lo posible por machacarnos. Tampoco se trata de que le tengamos simpatía o amistad. Los sentimientos son anteriores a nuestra voluntad y no podemos impedirlos.

Se nos pide que amemos con el mismo amor con que Dios nos ama. Yo no puedo tener simpatía hacia el que me está haciendo daño, pero puedo considerar que hay algo en ese sujeto por lo que Dios le ama; y yo estoy obligado a considerar ese aspecto que me permita amarlo a pesar de su actitud y de sus actos.
Esto quiere decir que el amor que nos pide Jesús no está provocado por las cualida­des del otro, sino que es consecuencia exclusiva de una maduración personal.
Vivimos dando por supuesto que tenemos que amar a la persona amable; que debemos acercar­nos a las personas que nos pueden aportar algo. No es eso lo que nos pide el evangelio. Dios ama a todos los seres, no por lo que son, sino por lo que Él es. No porque son buenos, sino porque Él es bueno.

El Amor no puede ser nunca consecuencia de un mandamiento. El amor del que habla el evangelio, como todo amor, tiene que ser consecuencia de un conocimiento.
Pero ese conocimiento que nos lleve a descubrir como algo bueno el amor al enemigo, no puede ser el que nos dan los sentidos ni el razonamiento discursivo, que ha surgido exclusivamente para apoyar a los sentidos y garantizar la vida individual. El conocimiento que me lleve a amar al enemigo tiene que venir de otra parte. Tiene que ser una toma de conciencia de lo que realmente soy, y por ese camino, descubrir lo que son los demás. Nace del conocimiento de mi ser. El verdadero amor es lo contrario del egoísmo. Llamamos egoísmo a una búsqueda del interés individual. Cuando descubro que mi verdadero ser y el ser del otro se identifican, no necesitaré más razones para amarle. De la misma manera que no tengo que hacer ningún esfuerzo para amar todos los miembros de mi cuerpo, aunque estén enfermos y me duelan.
No podemos esperar que este Amor que se nos pide en el evangelio, sea algo espontáneo. Todo lo contrario, va contra la esencia del ADN que nos empuja al egoísmo, es decir a hacer todo aquello que puede afianzar nuestro ser biológico y a evitar todo lo que pueda dañarlo. Para dar el paso de lo biológico a lo espiritual, el ser humano tiene que recorrer un proceso de aprendizaje, pero más allá de la razón. Solo la intuición puede llevarle al verdadero conocimiento, del que saldrá como consecuencia, el verdadero Amor. Tiene que descubrir su verdadero fin, ante el cual todo lo demás, hasta la conserva­ción de la vida, no es más que un medio.

“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Se nos pide que nos comportemos como hijos de Dios. Ser hijo quiere decir salir al padre, comportarse como el padre. Sólo alcanzando una conciencia clara de ser hijos, podremos considerarnos hermanos. Alcanzar la plenitud humana, es imitar a Dios como Padre. Por eso Jesús consideró a Dios como único Padre.

Lo difícil es compaginar este amor con la lucha por la justicia, por los derechos humanos. Jesús habla de no oprimir, pero también, de no dejarse oprimir. Tenemos la obligación de enfrentarnos a todo el que oprime a otro o trata de oprimirme a mí. Tolerar la violencia es hacerse cómplice de esa violencia. Si no ayudamos a los demás a conseguir los derechos mínimos que no se le pueden negar a un ser humano, se nos calificará, con razón, de inhumanos. Pero la defensa de la justicia, nunca se debe hacer con odio o venganza, debemos tener claro que esa lucha, tenemos que llevarla a cabo con amor.
  

Para meditar:
No hago daño a nadie. No me meto en los problemas de los demás. Respeto los derechos de los otros. Vivo mi vida. Ya tengo bastante con preocuparme de mí y de mis cosas. Vivir, reducido a mi trabajo, impermeable a los problemas de los demás y ajeno a los sufrimientos de la gente, hace que terminemos sin amar a nadie de manera verdaderamente gratuita.
Vivimos en una sociedad donde es difícil aprender a amar gratuitamente. Casi siempre preguntamos: ¿Para qué sirve? ¿Es útil? ¿Qué gano con esto? Todo lo calculamos y medimos. Nos hemos hecho a la idea de que todo se obtiene «comprando»: alimentos, vestido, vivienda, transporte, diversión... Y así corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones en puro intercambio de servicios.
Pero, el amor, la amistad, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la confianza, la lucha por el débil, la esperanza, la alegría interior... no se obtienen con dinero. Son algo gratuito que se ofrece sin esperar nada a cambio, si no es el crecimiento y la vida del otro.

Entre nosotros hay personas que solo pueden recibir un amor gratuito, pues no tienen apenas nada para poder devolver a quien se les quiera acercar. Personas solas, maltratadas por la vida, incomprendidas por casi todos, empobrecidas por la sociedad, sin ninguna salida en la vida.

El obispo Helder Cámara nos recuerda la invitación de Jesús con estas palabras: «Para liberarte de ti mismo, lanza un puente más allá del abismo que tu egoísmo ha creado. Intenta ver más allá de ti mismo. Intenta escuchar a algún otro, y, sobre todo, prueba a esforzarte por amar en vez de amarte a ti solo».

LECTIO DIVINA

Con la Lectio Divina se busca el encuentro personal y vivencial con el Señor, para esto se parte del texto escrito, pero la meta no es lo escrito, sino Aquel que suscitó la Escritura y que motivó al escritor sagrado a comunicarlo. Esto es gracia y don del Señor, de ahí la necesidad de acercarse al texto de la Biblia con el corazón abierto y disponible para escuchar al Señor y que de esa escucha surja el encuentro vivo y actual con Él, que siempre está presente y es el que nos motiva a conocerlo y amarlo por medio de su Palabra.

En la Lectio Divina se siguen cinco pasos, que son momentos de oración y de búsqueda del Señor, como son:

LECTURA. ¿Qué dice el texto?:
MEDITACIÓN: ¿qué nos dice el texto?
ORACIÓN: ¿qué le digo al Señor…?
 CONTEMPLACIÓN: Dialogo con el Señor, de corazón a corazón.
ACCIÓN: ¿qué va a cambiar…?

Estos pasos son medios y no fin. Como criterio para seguir los pasos, es el ENCUENTRO con el Señor. Siendo así es de considerar que una es la actitud en la oración personal, donde estos pasos se relativizan y se flexibilizan, pues se los utiliza en la medida que ayuden y favorezcan ese encuentro con el Señor.

Aclaración: se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Orden de las Carmelitas. Fray Marcos. José Antonio Pagola




sábado, 16 de febrero de 2019

“¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ”



Sexto Domingo durante el año
Lecturas 17 -2-19, Ciclo C
  
Lectura libro del profeta Jeremías 17, 5-8
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! Él es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Palabra de Dios.
Salmo 1

R. ¡Feliz el que pone en el Señor su confianza!

¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan; todo lo que haga le saldrá bien. R.

No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.

1° carta de Pablo a los Corintios 15, 12. 16-20
Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil, y sus pecados no han sido perdonados.
En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Palabra de Dios
Evangelio según san Lucas 6, 12-13. 17. 20-26. Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de apóstoles. Al bajar con éstos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera, los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera, los padres de ellos trataban a los falsos profetas! Palabra del Señor.


Reflexión

Las bienaventuranzas y las amenazas forman parte de un discurso. La primera parte del discurso está dirigido a los discípulos (Lc 6,20). La segunda parte está dirigida a “ustedes los que me escuchan” (Lc 1,27), o sea, a aquella multitud inmensa de pobres y enfermos, llegada de todas partes. Las palabras que Jesús dirige a esta muchedumbre son exigentes y difíciles: “¿cómo entender estas palabras? Dos frases ayudan a entender lo que estas palabras quieren enseñar. La primera frase: “¡Lo que quieran que les hagan los hombres, háganlo ustedes a ellos!” (Lc 6,31) La segunda frase: “¡Sean misericordiosos, como es misericordioso nuestro Padre!” 
Jesús no pretende cambiar simplemente algo, porque nada cambiaría. Él quiere cambiar el sistema. La novedad que Jesús quiere construir viene de la nueva experiencia que tiene de Dios, Padre lleno de ternura que acoge a todos. Las palabras de amenazas contra los ricos no pueden ser ocasión de venganza por parte de los pobres. Jesús ordena el tener una conducta contraria: “¡Amen a sus enemigos!” El verdadero amor no puede depender de lo que recibo del otro. El amor debe querer el bien del otro independientemente de lo que el otro haga por mí. Porque así es el amor de Dios para con nosotros.

Jesús ha pasado la noche en oración y ha escogido a los doce, a los que ha dado el nombre de apóstoles. Ahora Él desciende de la montaña junto con los doce. Una vez que ha llegado a la llanura encuentra a un grupo numerosos de discípulos y una inmensa multitud de personas que han llegado de toda la Judea, de Jerusalén, de Tiro y de Sidón.

La muchedumbre que busca a Jesús: La muchedumbre se siente desorientada y abandonada y busca a Jesús porque quiere escuchar su palabra y quiere ser curada de sus males. Fue curada mucha gente, poseídas de espíritus impuros. La gente trata de tocar a Jesús, porque se da cuenta de que en Él hay una fuerza que hace bien y cura a las personas. Jesús acoge a todos los que lo buscan. Entre la muchedumbre hay judíos y extranjeros.
Las cuatro bienaventuranzas. “Levantando los ojos sobre los discípulos”, Jesús declara: “¡Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios!” Esta primera bienaventuranza identifica la categoría social de los discípulos de Jesús. Ellos son ¡los pobres! Y Jesús les garantiza: “¡Suyo es el Reino de los cielos!”. No es una promesa que mira al futuro. El verbo está en presente. ¡El Reino está ya en ellos! Aun siendo pobres, ellos son ya felices. El Reino no es un bien futuro. Existe ya, en medio de los pobres.    
En el Evangelio de Mateo, Jesús explica el sentido y dice: “¡Dichosos los pobres en “el Espíritu!” (Mt 5,3). Son los pobres que tienen el Espíritu de Jesús. Porque hay pobres que tienen el espíritu y la mentalidad de los ricos. Los discípulos de Jesús son pobres y tienen la mentalidad de pobres. También ellos como Jesús, no quieren acumular, sino que asumen la pobreza y, como Jesús, luchan por una convivencia más justa, donde exista la fraternidad y el compartir de bienes, sin discriminación.

En la segunda y tercera bienaventuranza Jesús dice: “¡Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Dichosos ustedes los que ahora lloran porque reirán!” Lo que ahora vivamos y suframos no es definitivo. Lo que es definitivo será el Reino que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espíritu de Jesús. Construir el reino supone sufrimiento y persecución, pero una cosa es cierta: el Reino llegará y “¡ustedes serán saciados y reirán!” El Reino es a la vez una realidad presente y futura. La segunda bienaventuranza evoca el cántico de María: “Colmó de bienes a los hambrientos” (Lc 1,53).
La tercera evoca al profeta Ezequiel que habla de las personas que “suspiran y lloran por todas las abominaciones” realizadas en la ciudad de Jerusalén (Ez 9,4).

La cuarta bienaventuranza se refiere al futuro: “¡Dichosos ustedes cuando los hombres los odien y los metan en prisión por causa del Hijo del Hombre! ¡Alégrense aquel día y gocen porque grande será su recompensa, porque así fueron tratados los profetas!”. Con estas palabras de Jesús, Lucas indica que el futuro anunciado por Jesús está por llegar. Y estas personas están en el buen camino.

Las cuatro amenazas. Después de las cuatro bienaventuranzas a favor de los pobres y marginados, siguen cuatro amenazas contra los ricos, los que están saciados, los que ríen, los que son alabados por todos.

¡Ay de ustedes los ricos! Delante de Jesús, en aquella llanura, hay sólo gente pobre y enferma, venida de todos los lados. Pero delante de ellos Jesús dice: “¡Ay de ustedes los ricos!”. Al transmitir estas palabras de Jesús, Lucas está pensando en las comunidades de su tiempo, hacia fines del primer siglo. Había ricos y pobres, había discriminación contra los pobres por parte de los ricos, discriminación que marcaba también la estructura del Imperio Romano. Jesús critica dura y directamente a los ricos: “¡Ustedes ricos, ya tienen su consuelo!”
¡Ay de ustedes los que ahora ríen!
“Ay de ustedes los que ahora están hartos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque serán afligidos y llorarán!” Estas dos amenazas indican que para Jesús la pobreza no es una fatalidad, ni mucho menos el fruto de prejuicios, sino el fruto de un enriquecimiento injusto por parte de los otros. También aquí es bueno recordar las palabras del cántico de María: “Despidió a los ricos vacíos” (Lc 1,53).
“¡Ay de ustedes cuando todos los hombres digan “bien de ustedes”, del mismo modo hacían sus padres con los falsos profetas!” Esta cuarta amenaza se refiere a los judíos, o sea, a los hijos de aquéllos que en el pasado elogiaban a los falsos profetas. Citando estas palabras de Jesús, Lucas piensa en algunos judíos convertidos de su tiempo que se servían de su prestigio y de su autoridad para criticar la apertura hacia los paganos. (cf Act 15,1.5)

Para meditar:

Las bienaventuranzas quieren decir, que, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar, las posibilidades de ser no nos las puede arrebatar nadie. Recordemos lo que decíamos el domingo pasado: “Rema mar adentro”, busca en lo hondo de ti, lo que vale de veras. Si creemos que la felicidad nos llega del consumir, no hemos descubierto la alegría de ser. Nosotros, al poner la confianza en las seguridades externas, en el hedonismo a todos los niveles, estamos equivocándonos y en vez de bienaventuranza encontra­remos desdicha. Nunca se ha consumido más y sin embargo nunca ha habido tanta infelicidad.
Un cristianismo como capote externo, que busca las seguridades espirituales además de los materiales, no tiene nada que ver con Jesús. Llevamos dos mil años intentando armonizar cristianismo y riqueza; salvación y poder. Nadie se siente responsable de los muertos de hambre. No nos preocupa la suerte de los que no tienen un puñado de arroz para evitar la muerte.
Decimos: Yo no puedo hacer nada por evitar el hambre. Tú, lo puedes hacer todo, porque no se trata de eliminar la injusticia, sino de que tú, salgas de toda injusticia. No se trata de hacerles un favor a ellos, aunque sea salvarles la vida, se trata de que tú salgas de cualquier inhumanidad. Nosotros, los “ricos”, somos los que tenemos que cambiar buscando esa humanidad que nos falta. Tu salvación está, en no ser causa de opresión para nadie sino en ayudar a los demás a salir de toda opresión. Si damos de comer al pobre le salvamos la vida biológica. Si salgo de mi egoísmo, salvo la vida al pobre y me libero de mi inhumanidad.

LECTIO DIVINA

Actitud. La Palabra no es magia, no es automática. El hecho de utilizar unos pasos que en sí son medios para el encuentro con el Señor, no significa ni garantiza un encuentro vital. Es verdad, que ella es siempre eficaz, pero no es automática, no es algo mecánico, sino que requiere una disposición, es imprescindible una apertura y una docilidad a la acción del Señor en uno por medio de su Palabra. Siempre va a requerir una respuesta a la manifestación y a la acción de Dios en nuestra vida.

La Lectio Divina y en sí la lectura de la Sagrada Escritura es un adentrarse en el mundo de la gracia, en el mundo de Dios, donde todo es don, donde todo es gratuidad, donde todo es manifestación del Señor, donde nada es debido, sino que todo es expresión de amor.

El encuentro con el Señor por medio de su Palabra es algo vital, es algo renovador y transformador, es acción directa del Espíritu Santo por medio del texto escrito, pero es fundamental una respuesta a esa manifestación, que requiere una correspondencia, al amor preferencial del Señor que se revela por medio de su Palabra. Si de verdad hay encuentro con el Señor nunca, de ninguna manera uno puede salir siendo la misma persona. Eso no, sino que el encuentro lleva a la transformación y esta transformación es respuesta y docilidad a la acción del Señor en uno mismo.
  
  
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para
 que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén


sábado, 9 de febrero de 2019

“En tu Palabra echaré las redes”

Quinto Domingo durante el año
Lecturas 10 -2-19, Ciclo C
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para
 que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura libro del profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo.               
Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: Y uno gritaba hacia el otro: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria.»
Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.
Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!»       
Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar.              
Él le hizo tocar mi boca, y dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado.»     
Yo oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?» Yo respondí: «¡Aquí estoy: envíame!»          Palabra de Dios.          

Salmo 137
                       

R. Te cantaré, Señor, en presencia de los ángeles.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque has oído las palabras de mi boca. Te cantaré en presencia de los ángeles y me postraré ante tu santo Templo. R.     
Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R
Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y que “¡Aquí estoy: envíame!”  canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.
Tu derecha me salva. El Señor lo hará todo por mí. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! R.       

1° carta de Pablo a los Corintios 15, 1-11
Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.        
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales viven aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.                       
Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios.                  

Santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes.» Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.        
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador.» El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. 
Palabra del Señor. 

Reflexión

El mar y el tema del éxodo: Jesús está en pie, junto a la orilla del mar, está de pie no importa las obscuridades amenazadoras e ignoradas de las olas del mar y de la vida. Se pone de frente a este pueblo reunido, listo para la escucha y para el éxodo, Él, el buen pastor, con el cayado de su Palabra. Quiere conducirlo a través de los mares y de los océanos de este mundo, en un viaje de salvación que nos lleva siempre más cerca del Padre. El Señor habla y las aguas se separan delante de Él, como ya aconteció en el Mar Rojo (Ex 14, 21-23) y junto al río Jordán (Jos. 3, 14-17). También el mar de arena del desierto queda vencido por la fuerza de su Palabra y se abre, convirtiéndose en un jardín, una senda llana y enderezada (Is 43, 16-21) para cuantos deciden el viaje de retorno a Dios y por Él se dejan guiar. En estos pocos versículos del Evangelio, el Señor Jesús prepara, una vez más, para nosotros el gran milagro del éxodo, de la salida de las tinieblas de muerte por la travesía salvadora hacia pastos frescos de la amistad con Él, de la escucha de su voz. Todo está preparado: nuestro nombre ha sido pronunciado con infinito amor por el buen pastor, que nos conoce de siempre y nos guía por toda la eternidad, sin dejarnos abandonados nunca de su mano.      

“En tu Palabra echaré las redes”. En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro, en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente.             
La vida de la zona oriental de Galilea se realizaba en función del lago que lleva el mismo nombre (llamado también de Tiberíades o de Genesaret). Allí Jesús realiza su misión.  Al congregarse mucha gente el Señor decide usar una de las barcas que estaban a la orilla. Se sienta en la misma y desde allí realiza su proclamación del Reino. Una vez que se termina la enseñanza, Jesús le dice a Pedro, dueño de la barca, que la lleve mar adentro para pescar (literalmente: “navega mar adentro [o hacia lo hondo] y echa las redes”).          


Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían sacado ni un pescado! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar. Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia (“hemos pasado toda la noche”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos sacado nada”), y sin embargo Pedro le dirá que va a echar las redes.  Literalmente le dice: “en tu Palabra echaré las redes”.                 

“No tengas miedo”. La aceptación de la propuesta de Jesús (La Palabra) trae resultados increíbles. Eran tanto los pescados que las redes estaban a punto de romperse. Y no sólo eso, llenaron dos barcas que parecían que se hundirían por la gran cantidad. Pedro queda conmovido por la sobreabundancia de la pesca que se ha logrado. Se postra delante del Señor y hace confesión pública de su propio pecado. El asombro no solo es de Pedro, sino que también de Santiago y Juan (y tal vez de Andrés que, aunque no se lo nombra, por los plurales que se utilizan podemos suponer que estaba en la barca).

Ante esta situación el Señor le dirá a Pedro que no tenga miedo porque Él lo convertirá en “pescador de hombres”.
Los trabajadores llevarán las barcas a la orilla y dejando todo lo van a seguir al Señor. Dejaron esa abundante pesca que los había admirado tanto, porque comprenden que la vocación compromete al ser humano, en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios.          

El Encuentro que cambia el rumbo de nuestras vidas. Hoy la Palabra de Dios nos invita a subir a la barca y echar las redes en nombre de Cristo. Nuestra misión es extender el evangelio del Reino, aún con todos los riesgos que eso puede traer consigo
Cuando Pedro contempla la manifestación de Dios en esta pesca tan abundante, se postra a los pies de Jesús diciéndole: Aléjate de mí Señor, porque soy un pecador. Pedro experimentó su pequeñez, su humildad y entonces puede dejarlo todo y seguir al Señor.

Todos los cristianos navegamos en la barca de Pedro y estamos llamados a ser pescadores de hombres. Pero poco o nada vamos a conseguir sin la ayuda del Señor.
Cuando en nuestras vidas Dios se manifiesta, entonces experimentamos nuestra pequeñez, reconocemos que estuvimos viviendo alejado de las cosas de Dios y sólo entonces estamos en condiciones de escuchar la invitación del Señor a seguirlo.
Para nosotros, ir mar adentro, implica dejar de lado nuestras ¨seguridades¨, dejar de lado nuestro ¨lugar¨, abrirnos a otros rumbos, que sólo el Señor va a ir señalándonos.
También, igual que para Pedro y los suyos, Ir mar adentro, es un acto de fe, por eso en nosotros va a surgir decirle a Jesús: “en tu nombre, Señor, echaremos las redes”           
Para meditar:


¿Qué hay, hoy en el mar de mi vida?            

¿Qué me dice hoy: “No tengas miedo”


Cómo discípulo de Jesús ¿Cómo puedo asumir el compromiso de ser “pescador de hombres”?   

LECTIO DIVINA

La Lectio Divina partiendo del texto se busca al Señor, para encontrarlo vivo y presente en su Palabra escrita, para reconocerlo en su palabra viva en la vida de cada día. Y de este encuentro con el Señor, que siempre es un encuentro vivo y actual, que siempre es novedoso, que siempre tiene facetas y modos diferentes y únicos, se llega a la vida, que es el lugar donde se cataliza y se visualiza toda experiencia de Dios. Es en el actuar, en la cotidianeidad del día a día, donde aquello que fue rezado se debe manifestar.

Es por esto que la Lectio Divina, si bien trabaja el texto escrito, lo profundiza, lo reflexiona, lo reza, siempre tiene la perspectiva de la vida, siempre busca aplicar esa palabra al día a día, a hacer vida aquello que fue conocido por medio de la Escritura. Para los cristianos el texto bíblico no es meta en sí misma, no buscamos apenas conocer cosas de la Biblia para repetirlos mecánicamente, sino que la finalidad y la meta de la revelación es la adhesión consciente, libre y amorosa a Aquel que se nos ha revelado en las Escrituras.

Es por esto, que decimos que la Lectio Divina nos introduce a una experiencia de Encuentro con Señor por medio de pasos que van profundizando el texto bíblico.  Pues es sabido que lo fundamental no es saber cosas de la Biblia, sino vivirlas y hacerlas actitudes y gestos concretos, actualizando la vida y el proyecto del Señor Jesús.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. CEBIPAL/CELAM. Orden de las Carmelitas.
Círculo Bíblico San José, Te invita al encuentro con la Palabra de Dios  los sábados 17 hs. en: Parroquia San José: Brandsen 4970
Si querés recibir la hojita por e-mail pedila:

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sábado, 2 de febrero de 2019

“El Amor no pasará jamás”

 

Cuarto Domingo durante el año
Lecturas 3-2-19, Ciclo C
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para
 que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Libro del profeta Jeremías 1, 4-5. 17-19         
En tiempos del rey Josías, la palabra del Señor llegó a mí en estos términos: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones. En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos. Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país.  
Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte» Palabra de Dios.   

Salmo 70, R. Mi boca, Señor anunciará tu salvación.
Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme! Por tu justicia, líbrame y rescátame, inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R  
Sé para mí una roca protectora, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.         
Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el vientre materno fuiste mi protector. R.     
Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación, Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.           

Carta de Pablo a los Corintios 12,31-13,13 
Hermanos: ustedes por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor. Palabra de Dios.   

Santo Evangelio según San Lucas 4, 21-30   
Después que Jesús predico en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?»            
Pero él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, sanate a ti mismo". Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm.» Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio.»
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del Señor.


Reflexión 
El evangelio de este domingo sigue donde se quedó la semana pasada con el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret, nos pone delante el conflicto surgido entre Jesús y la gente de Nazaret. Sucedió un sábado, durante la celebración de la Palabra en la sala de la comunidad, tras la lectura que Jesús hizo de un texto del profeta Isaías. Jesús cita al profeta Isaías para presentar los motivos de su misión e, inmediatamente, añade un brevísimo comentario. En un primer momento, todos quedaron admirados y contentos. Pero, cuando se dieron cuenta del alcance y del significado del programa de Jesús respecto a sus vidas, se rebelan y quieren matarlo.

En el antiguo Israel, la gran familia, o clan, o la comunidad, era la base de la convivencia social. La protección de la familia y de las personas era la garantía para poseer la tierra, el vehículo principal de la tradición y la defensa de la identidad de la gente. Era un modo concreto de encarnar el amor de Dios en el amor del prójimo. Defender el clan, la comunidad, era lo mismo que defender la Alianza con Dios.  
En tiempo de Jesús, una doble esclavitud marcaba la vida de la gente y estaba contribuyendo a la desintegración del clan, de la comunidad: la esclavitud de la política del gobierno de Herodes Antipa (4 aC a 39 dC) y la esclavitud de la religión oficial.
A causa del sistema de explotación y de represión de la política de Herodes Antipa, política apoyada por el Imperio Romano, muchas personas no tenían morada fija, excluidas del resto y sin trabajo (Lc 14,21; Mt 20,3.5-6). El clan, la comunidad, estaba debilitada por ello. Las familias y las personas estaban sin ayuda, sin defensa. La religión oficial, mantenida por las autoridades religiosas de la época, en vez de reforzar la comunidad, de modo que pudiera acoger a los excluidos, aumentaba aún más esta esclavitud. La Ley de Dios se usaba para legitimar la exclusión y la marginación de muchas personas: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, poseídos por el demonio, publícanos, enfermos, mutilados, parapléjicos. ¡Todo esto era lo contrario de la fraternidad que Dios soñó para todos! Así, ya fuera por la situación política y económica, como incluso por la ideología religiosa, todo conspiraba para debilitar la comunidad local e impedir la manifestación del Reino de Dios.           
Jesús reacciona ante esta situación de su pueblo y presenta su misión para cambiar la situación. La experiencia que Jesús posee de Dios como Padre de amor, le da la posibilidad de valorar y de percibir lo que estaba equivocado en la vida de su pueblo.

Reacción contradictoria del público. Por parte de la gente la reacción es doble. En primer lugar, una actitud atenta de admiración y de aclamación. Luego, inmediatamente, una reacción de desconfianza. Dicen: “¿Acaso no es éste el hijo de José?” ¿Por qué están escandalizados? Jesús habla de acoger a los pobres, a los ciegos, a los prisioneros, a los oprimidos. Pero ellos no aceptan su propuesta. Y así, en el mismo momento en que Jesús presenta su proyecto: acoger a los excluidos, ¡él mismo es excluido!            
Pero el motivo también es otro. La gente de Nazaret contesta el hecho de que haya omitido la frase sobre la venganza contra los opresores del pueblo. Ellos querían que el Día de la venida del reino fuese un día de venganza contra sus opresores. Los afligidos habrían visto así restablecidos sus derechos. Pero en este caso, el advenimiento, la venida del Reino no habría traído un cambio real del sistema injusto. Jesús no acepta este modo de pensar, no acepta la venganza.

Iluminación bíblica por parte de Jesús, citando a Elías y a Eliseo. Para confirmar que su misión era verdaderamente la de acoger a los excluidos, Jesús se sirve de dos pasajes de la Biblia muy conocidos, la historia de Elías y la de Eliseo. En tiempos de Elías eran muchas las viudas en Israel, pero Elías fue enviado a una vida extranjera de Sarepta (1 Re 17,7-16). En tiempos de Eliseo eran muchos los leprosos en Israel, más Eliseo fue enviado a ocuparse de un extranjero de Siria (2 Re 5,14). De nuevo, he aquí que aparece en todo esto la preocupación de Lucas que desea mostrar que la apertura hacia los paganos viene de Jesús mismo. Jesús tuvo las mismas dificultades que tenían las comunidades en tiempos de Lucas.

Reacción furiosa por parte de la gente que quiere matar a Jesús. El uso de estos dos pasajes de la Biblia produce entre la gente todavía más rabia. La comunidad de Nazaret llega hasta el punto de querer matar a Jesús. Pero él mantiene la calma. La rabia de los otros no consigue desviarlo de su camino. Lucas indica cómo es difícil superar la mentalidad de privilegio y de cerrazón hacia los otros. Hoy sucede lo mismo. Muchos de nosotros, católicos, crecemos con la mentalidad que nos impulsa a creer que somos mejores que los otros y que para alcanzar la salvación deben ser como nosotros. Jesús no pensaba así.


Para meditar:

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas….


¿En la sociedad actual, quiénes son los excluidos que hoy deberíamos acoger en nuestra comunidad?


¿Cómo discípulo de Jesús, como puedo poner en práctica: “Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, ¿a dar la libertad a los oprimidos”?

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

LECTIO DIVINA

La Lectio Divina más que un método de lectura de la Biblia es una EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON EL SEÑOR, pues, la dinámica interna de los pasos que sugiere no se agota en el texto en sí, sino que lo transciende, haciendo que partiendo del texto escrito en la Biblia se busque el encuentro personal con el Señor. De ahí, que la Lectio Divina es una instancia para una experiencia espiritual, buscando rehacer y retomar la experiencia original del escritor sagrado actualizándola en la propia vida.
Este proceso de búsqueda del Señor es una experiencia mística, donde no entra únicamente lo intelectual, sino que es una experiencia de Dios en el hoy, aquí y ahora. De nada sirve conocer lo que han sentido y vivido otros personajes si uno mismo no es capaz de hacer esa experiencia. Es esto lo que posibilita y facilita la Lectio Divina, pues por medio de una lectura gradual del texto se va profundizando y adentrando en el mensaje que transmite buscando al Señor que se da a conocer por medio de esa revelación.


Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Orden de las Carmelitas. J A Pagola.

 Círculo Bíblico San José, Te invita al encuentro con la Palabra de Dios
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