Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 19 de diciembre de 2020

“Alégrate, llena de gracia, el señor está contigo”

                                                    

Tiempo de Adviento, Cuarto domingo, Lecturas 20-12-20, Ciclo B

 ” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén   

Segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.-16

Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña.»           
Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo.»
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. 
Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.» Palabra de Dios. 

Salmo 88, R. Cantaré eternamente el amor del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo.»  R.

Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: «Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones.»  R.

El me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él.  R.  

San Pablo a los cristianos de Roma 16, 25-27

Hermanos: ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.  Palabra de Dios. 

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza  

Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»                       
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»   
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?» El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar   de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra» Y el Ángel se alejó. Palabra del Señor.  
 

Reflexión: “Una invitación a la Alegría”   

Alégrate... el Señor está contigo. El relato evangélico de la anunciación a María, que se lee este último domingo de Adviento es una invitación a despertar en nosotros las actitudes con las que vivir no sólo las fiestas de Navidad ya próximas, sino la vida entera. Basta recorrer el mensaje que nos trae el Ángel.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” es el saludo del ángel. “Alégrate/Salve era el saludo normal de aquella época en griego.  Es digno de resaltar, sin embargo, que la primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acerca al mundo, sea una invitación a la alegría. Alégrate, es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también nosotros. «Alégrate»: ésa es la primera palabra de Dios a toda criatura. En medio de estos tiempos que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que sorprendentemente se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría la vida se hace más difícil y dura.  

El Señor está contigo. La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior y la confianza que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos acompaña, nos defiende y quiere siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos porque no es verdad. Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser está Dios nuestro Salvador.

No temas. Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad, luz.  

Dios te ha favorecido. No sólo María, también nosotros podemos escuchar estas palabras porque todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La vida sigue ahí con sus dificultades y preocupaciones. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando uno vive buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarse a ellos.

El término “favorecida, llena de gracia, agraciada” y la expresión “Dios te ha concedido su favor” son equivalentes.  La elección de Dios es siempre una gracia, un don, algo que nos plenifica.  La elección de Dios no destruye ni nuestra libertad ni nuestro auténtico ser.  

Hoy, también nosotros podemos hacer presente este saludo, puesto que somos elegidos de Dios y llevamos con nosotros a Jesús resucitado.  Todo cristiano es, decían los Padres apostólicos “Cristóforos” portadores de Cristo.  

Tras la pregunta de María, el ángel explica el misterio de la concepción.  El Espíritu Santo bajará sobre Ella. Se da así el comienzo de una humanidad nueva.

María da su consentimiento: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”.

La palabra “sierva, esclava” significa pertenencia a Dios.  Esta condición se expresa en la disponibilidad, en la aceptación de su voluntad.  La Palabra de Dios es un don, y éste debe ser acogido por la libertad humana.  María nos enseña a estar abiertos a la novedad y utopía de Dios.  Pero la pequeñez y la humildad de María no le impiden entablar un dialogo con el enviado de Dios.  Ella no se limita a escuchar y aceptar el anuncio, su fe es un acto libre, por ello pregunta, desea saber cómo sucederá lo que se le comunica. La fuerza del espíritu suscita en ella una participación, es la colaboración de alguien que se sabe en manos de Dios.  El sí a su maternidad  hace posible al Mesías, en nuestra vida. María ocupa, de este modo, su lugar en la historia de la salvación.  La encarnación es fruto de la fuerza del espíritu y de la disponibilidad de María.  

Contemplar a Jesús y contemplar a María. Somos Cristóforos, portadores de Cristo. Llevamos dentro de nosotros el misterio de Dios.  Nuestra vida, nuestros hechos y actitudes pueden ser tan transparentes que, a través de ellos, los demás vean a Dios, o pueden ser tan opacos que no dejen traslucir rasgo ni señal de Dios.  

El AT nos describe los rasgos mesiánicos de Jesús, “Será grande, Hijo de Dios, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará para siempre en la casa de Jacob, su reino no tendrá fin, lo llamarán Hijo del Altísimo”.

“Ser hijo” no significa solamente haber sido engendrado por su padre, sino, sobre todo, heredar la tradición que éste transmite y tener el padre por modelo de comportamiento.  Así pues, no será David el referente de Jesús; su mensaje vendrá directamente de Dios, su Padre.

En Jesús, cuyo nombre significa “Salvador”, “Dios salva”, Dios cumple sus promesas, pero de una forma completamente nueva.  

Hoy es un buen momento para detener nuestra rutina y contemplar qué significa un Dios encarnado, que se hace presente en nuestro camino de vida, que se nos ofrece como niño débil e indefenso, irradiando sólo paz y alegría.  

La Navidad. No será una fiesta igual para todos. Cada uno vivirá en su interior su propia navidad. ¿Por qué no despertar, estos días, en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabemos acogidos por Él? ¿Por qué no liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?

Tiempo de Adviento  

Primer domingo de adviento:

“Tengan cuidado y estén prevenidos”  

Segundo domingo de Adviento

“Preparen el camino del Señor…”  

Tercer domingo de Adviento

” Testigos de la Luz”

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Radio vaticano.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119 

viernes, 11 de diciembre de 2020

“Testigos de la Luz”

                                                           

                        Tiempo de Adviento, Tercer domingo,  Lecturas 13-12-20, Ciclo B

 ” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén 

Libro del profeta Isaías 61, 1-2a. 10-11

El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.         
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones. Palabra de Dios. 
 

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54,  R. Mi alma se regocija en mi Dios.  

Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.  R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.  R.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.  R.  

1° carta de Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos: Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas.        
Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará. Palabra de Dios. 
 

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío,  yo pongo en ti mi confianza  

Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz.           
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?» El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías.»                         
«¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?» Juan dijo: «No.»           
«¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»         
Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»                   
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.»            
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor 

Reflexión   

Hoy, en medio del Adviento, recibimos una invitación a la alegría y a la esperanza: «Estén siempre alegres y oren sin cesar. Den gracias por todo» (1Tes 5,16-17). El Señor está cerca: «Hija mía, tu corazón es el cielo para Mí», le dice Jesús a santa Faustina Kowalska (y, ciertamente, el Señor lo querría repetir a cada uno de sus hijos). Es un buen momento para pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros y darle gracias.      

La alegría es una característica esencial de la fe. Sentirse amado y salvado por Dios es un gran gozo; sabernos hermanos de Jesucristo que ha dado su vida por nosotros es el motivo principal de la alegría cristiana. Un cristiano abandonado a la tristeza tendrá una vida espiritual raquítica, no llegará a ver todo lo que Dios ha hecho por él y, por tanto, será incapaz de comunicarlo. La alegría cristiana brota de la acción de gracias, sobre todo por el amor que el Señor nos manifiesta; cada domingo lo hacemos comunitariamente al celebrar la Eucaristía.  

Las orillas del Jordán junto al desierto era el hogar de Juan Bautista, y la liturgia nos invita a leer qué hay de vida en los “desiertos” de nuestro tiempo.  

Juan el Bautista es la voz, y grita en el desierto. Atrae, convoca, invita a creer. Allana el camino. No es Elías, tampoco el profeta. Es la voz que clama, una antorcha que ilumina al que ha de venir. Es el hombre del silencio, la soledad y el desierto, donde sólo sobrevive quien puede alimentarse de lo que tiene en su interior. Un hombre sin poder alguno, ni político ni religioso, que no habla desde el templo ni en la sinagoga. Su voz viene de lo que escucha de Dios en la hondura de su propio ser. El Bautista invita a abrirse precisamente a este misterio, el misterio del Dios vivo que lo habita y lo envía como testigo.

No es la luz, pero la irradia. No es la Palabra, pero sí la voz que inquieta y llama a superar el modo en que el pueblo elegido viene viviendo. Invita a cambiar de raíz, a dejarse bautizar, a sumergirse en una vida diferente. Abre camino en medio del pueblo a Jesús que viene, anuncia su presencia, Dios-con-nosotros-Salvador. Es el principio de todo el anuncio evangélico: el reino de Dios está en medio de ustedes, vuelvan a Él, cambien de vida, salgan a su encuentro. Dios viene a salvar. A salvar a todos. A salvarlo todo.     

Jesús es el reino, la gran noticia, un tesoro que vale más que cualquier otra cosa. Otra manera de vivir la humanidad. Entrar en el reino, aceptar al Dios de Jesús y la vida como misión de hacerlo visible, es la causa de nuestra alegría. No son nuestras palabras, sino nuestro modo de estar en la historia siguiendo a Jesús. La dinámica interna de nuestra conversión es, sobre todo, la necesidad de no entorpecer la visibilidad de Dios. Nuestro testimonio consiste en que se vea en nosotros esa luz.  

Testigos de la Luz. Es curioso cómo presenta el cuarto evangelio la figura del Bautista. Es un «hombre», sin más calificativos ni precisiones. Nada se nos dice de su origen o condición social. Él mismo sabe que no es importante. No es el Mesías, no es Elías, ni siquiera es el Profeta que todos están esperando. Solo se ve a sí mismo como «la voz que grita en el desierto: Allanen el camino al Señor». Sin embargo, Dios lo envía como «testigo de la luz», capaz de despertar la fe de todos. Una persona que puede contagiar luz y vida. ¿Qué es ser testigo de la luz?

El testigo es como Juan. No se da importancia. No busca ser original ni llamar la atención. No trata de impactar a nadie. Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.

El testigo de la luz no habla mucho, pero es una voz. Vive algo inconfundible. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer. La vida del testigo atrae y despierta interés. No culpabiliza a nadie. No condena. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor».

El testigo se siente débil y limitado. Muchas veces comprueba que su fe no encuentra apoyo ni eco social. Incluso se ve rodeado de indiferencia o rechazo. Pero el testigo de Dios no juzga a nadie. No ve a los demás como adversarios que hay que combatir o convencer: Dios sabe cómo encontrarse con cada uno de sus hijos e hijas.

Se dice que el mundo actual se está convirtiendo en un «desierto», pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano. La vida está llena de pequeños testigos. Son creyentes sencillos, humildes, conocidos solo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios.  

Hoy. En este año 2020 hemos experimentado que el desierto puede ser, no sólo un lugar geográfico sino una experiencia vital, física. La pandemia nos ha confrontado con muchos tipos de soledades, de pérdidas. También nos ha ayudado a recuperar cosas y situaciones esenciales que habíamos olvidado vivir o disfrutar.  Porque en lugares y momentos difíciles también se pueden abrir paso la confianza en el futuro y la alegría. El desierto puede ser lugar de crisis, pero también de encuentro, donde afloran las debilidades, pero también las fortalezas y recursos insospechados.  

La liturgia nos invita a discernir “voces en el desierto” para sintonizar con las que hablan de aspiraciones y proyectos que promuevan un gozo sin exclusiones, un gozo fruto de la “vida según el Espíritu”. Al mismo tiempo, el testimonio de los profetas (Isaías y Juan), en este domingo, nos estimulan a convertirnos en portavoces de los que no tienen voz. No debemos olvidar que muchos ruidos e intereses creados pretenden silenciar la voz de Dios y su Espíritu en la vida pública, en el devenir de la historia que Dios nos invita a construir. Cada encuentro con Jesús resucitado en la eucaristía nos empuja a “no apagar el Espíritu”, a mantenernos constantes en la oración y el combate frente al mal. Dios es alegría y fidelidad. Donde está Dios hay futuro.  

Ven Señor Jesús, te necesito.  

La Alegría  

Hoy, en medio del Adviento, recibimos una invitación a la alegría y a la esperanza: “Estén siempre alegres”.  Es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia. Un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios. Sentirse amado y salvado por Dios es un gran gozo y quizás nos podemos preguntar:  

¿De qué nos salva?  

Alegrémonos, porque se acerca nuestro Salvador y Libertador. ¿De qué nos salva? (1ª lectura). 

De las cadenas y grilletes a los que tal vez nuestra alma está atada y por eso no es libre para relacionarse en la oración humilde con ese Dios de la Salvación. 

De los miedos que nos paralizan y no nos dejan descubrir que ese Salvador es Padre y Amigo y Compañero de camino hacia la eternidad. 

De las tristezas que nos ahogan, que nos impiden sonreír al experimentar la ternura de ese Dios Libertador que viene con los despojos de su victoria en la mano después de una lucha terrible contra el enemigo de nuestra alma. 

De las falsas expectativas, ilusiones y guiños que nos hace este mundo y nuestros sueños fatuos, que nos pintan el seguimiento de Cristo como un camino de rosas, de éxitos y reconocimientos, cuando en realidad sabemos que debemos seguirle por un sendero de cruz, de esfuerzo, pero con Él a nuestro lado.

De todo eso viene a salvarnos: de las falsas ideologías, de esperanzas disfrazadas, de sistemas socioeconómicos esclavizantes e inhumanos, de nuestros ridículos y devoradores egoísmos, vanidades y ambiciones. Salvación completa, de cuerpo, alma y espíritu (segunda lectura).

                                                    P. Antonio Rivero.   

Tiempo de Adviento

 Primer domingo de adviento:

“Tengan cuidado y estén prevenidos”

 

Segundo domingo de Adviento

“Preparen el camino del Señor…”

 

Tercer domingo de Adviento

” Testigos de la Luz”

¡Ven Señor Jesús, te necesito! 

Nuestro Dios que es fuente de amor colme tu interior con su Paz.

Jesucristo, Amor que se entrega haga de ti un instrumento de reconciliación.

El Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de tu corazón ardiente impulso de comunión.

¡El Señor te bendiga y te guarde y haga de ti una bendición para los demás! 

 Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Doonbosco.org. Dominicos.org. Evangeli.net.  

Círculo Bíblico San José

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119