Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 16 de enero de 2021

“Hemos encontrado al Mesías, vengan y lo verán”

 

 Segundo domingo durante el año, Lecturas 17-1-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte.» Y él se fue a acostar.      
El Señor llamó a Samuel una vez más. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte.» Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha.» Y Samuel fue a acostarse en su sitio. Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «Habla, porque tu servidor escucha.» Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.       
Palabra de Dios.  

Salmo 39, R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor:  él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.  R.  

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: «Aquí estoy.»  R.  

«En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón.»  R.  

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor.  R.

1° carta de Pablo a los Corintios 6, 13c –20

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.  ¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo?  El que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.            
Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.
¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?                  
Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos. 
Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»                   
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?»               
Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»                   
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.             
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro. Palabra del Señor. 
 

                                              ¡Jesús misericordioso en vos confío!

Reflexión:  Los primeros discípulos: Reconocer a Jesús  

Toda nuestra vida es buscar. Porque nunca tenemos lo que estimamos suficiente. Y si lo tuviéramos, buscaríamos cómo arreglarnos para que no llegue a faltarnos. Buscamos fundamentalmente mantener la vida, la salud, las energías. Pero hay más, como personas humanas, no buscamos sólo sobrevivir, sino que tenemos nuestros proyectos de realización personal. El sentido de nuestra vida no es puramente biológico, no se reduce a procurar existir, sino que implica procurar vivir humanamente, con lo mucho que implica nuestra condición humana, que va desde el saber hasta el sentir; pensar en el futuro, y hacer presente el pasado, siempre con la inquietud de hacia dónde nos encaminamos día a día en nuestra existencia; y no solos, sino con la imprescindible compañía de otros.  

¿Qué buscamos? ¿Qué buscamos con nuestro trabajo, con nuestro dinero, con nuestras relaciones familiares sociales, etc.? ¿Qué buscamos cuando nos ponemos ante Dios? Es imposible que no resuene en nuestros oídos esa pregunta. Si no nos la planteáramos, sería peor, sería como renunciar a nuestra condición humana, y convertirnos en animales inconscientes.

 

La fe conlleva darle un sentido a la vida, un camino, un recorrido que se realiza día a día, en todos los momentos de la existencia y que requiere una actitud permanente de escucha, discernimiento, búsqueda y fidelidad. Actitudes a las que nos invitan las lecturas en este domingo.    

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama, creyendo que es su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Señor, pero sabe de la constancia en la obediencia, sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones perecía haberse despertado en vano. Elí, comprendió que era el Señor quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de la escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.  

La vida actual está llena de ruidos, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestro interior la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer, pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón.              

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que, con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran causa. Esas voces vagas o difícilmente reconocibles, con frecuencia provienen de la fuente honda que será capaz más tarde de centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar una causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que morir).

 El Evangelio de hoy nos recuerda la elección de los primeros discípulos. Los primeros discípulos escogidos por Jesús “se quedaron con él aquel día”: vieron dónde vivía y qué estilo llevaba ese hombre. Digamos que pudieron darse cuenta de los hilos existenciales, sonoros y visuales que recorrían las horas unidas por la solicitud del Reino que Él perseguía. Era “el cordero que quita el pecado del mundo”, decía Juan Bautista. Una expresión que no sólo recordaba un mensaje del Antiguo Testamento, sino que además era una expresión que más tarde rubricaría la entrega sangrienta de su cuerpo en la cruz. También Pedro ve que Jesús transforma su existencia con las palabras enigmáticas al decirle: “En adelante te llamarás ‘Pedro’”, o sea, “piedra”. ¿Por qué? ¿Piedra de qué? Un presagio de luchas que exigirán firmeza, robustez, solidez, palabra fuerte no espuria. 

Ese encuentro con Jesús marcó profundamente el vivir de los discípulos que estuvieron con él, por eso recordaron hasta la hora: eran las cuatro de la tarde. Lo complejo y multidimensional que significaría semejante seguimiento de Jesús se verá marcado por el oprobio que sufrirán todos ellos al final.  

El papel fundamental de las mediaciones humanas en la vocación de los primeros discípulos.  Primero es el propio Juan Bautista quien, además de dar a conocer y proclamar la personalidad de Jesús a sus seguidores se lo presenta y les invita a que vayan detrás de Él.  Después serán Andrés y Felipe los que hagan de mediadores. 

La experiencia personal de cada uno. Los discípulos descubren, son tocados, se convencen, creen, no tanto por razones y discurso cuanto por experiencia: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”.  La mirada de Jesús, el compartir con Él, el poder verle y observarle, el convivir esto deja huella, peso y vida. 

El proceso vocacional culmina con la respuesta personal y libre de seguir a Jesús.  El discípulo es un seguidor, la palabra “seguimiento” es el término elegido en los evangelios para expresar la adhesión de los discípulos de Jesús, más tarde expresará, en síntesis, la vocación de todo cristiano.

Estamos llamados a la existencia. Estamos en este mundo, tenemos vida, nos la dio Dios por el amor de nuestros padres. Y estamos en este mundo, ante esta humanidad entera donde cada uno de nosotros es algo importante, ¡muy importante!  

Hemos recibido y, si hemos recibido, tenemos que responder. Hay un doble movimiento, como un binomio: llamada y seguimiento, pregunta y respuesta, don-gracia y trabajo. Hemos recibido y tenemos que devolver. Ese llamado que Dios hace a todos, al principio nadie te preguntó si querías vivir, lo hemos recibido.  

El tema es qué hacemos con nuestra vida: si la desarrollamos, la cultivamos, la trabajamos o la hacemos madurar, es nuestra responsabilidad. Pero una responsabilidad ante un hecho recibido; y ante ese hecho recibido se reclama una respuesta.  

¿Quién es Jesús?, el que pasa y llama. Todo lo que los discípulos fueron descubriendo gradualmente sobre Jesús después de la resurrección aparece, concentrado y anticipado, al comienzo del Evangelio de San Juan:  

Jesús es el Cordero de Dios… a través de Él Dios pasa y libera a la humanidad de la muerte, de la esclavitud y del pecado.

Jesús es, Señor, Maestro, Rabbí.  Es decir, Él es quien da la verdadera enseñanza de la vida.

Jesús es el Mesías, el Ungido, el Cristo… es esperado por el pueblo para liberarlo.

Jesús es aquel de quien escribió Moisés en la

Ley y también los Profetas.  Él implantará una sociedad basada en el derecho y la justicia, en la paz y en la verdad, en defensa de los débiles y en la abundancia para todos.

Jesús es el Rey de Israel. Soberanía, sobre todo, ejercicio del servicio a los pobres y excluidos.

Jesús es el Hijo de Dios. Con la que la comunidad confesó su fe en Jesús como Dios después de la Pascua.

Jesús es la escalera, Mediador entre Dios y los hombres.  

Tiempo de navidad

 Natividad de Señor

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz a los hombres amados por él”

 

La Sagrada Familia Jesús, María y José

“El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría”

 

Segundo domingo después de Navidad

“Y la Palabra se hizo carne y habitó

 entre nosotros.”

 

Bautismo del Señor

“Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él”

 

Segundo domingo durante el año

“Hemos encontrado al Mesías,

vengan y lo verán”

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J. A. Pagola. Dominicos.org. Mons. R. Frassia.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119 

sábado, 9 de enero de 2021

“Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él”

 

Bautismo del Señor, lecturas 10-1-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura libro del profeta Isaías 55, 1-11

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.  Palabra del Dios.  

Salmo Is. 12, 2-6. R. Sacarán agua con alegría de las Fuentes de la salvación.

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre R

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sion, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R  

Lectura primera carta Ap. San Juan 5, 1-9

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.  Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios.  Y Dios ha dado testimonio de su Hijo. Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Marcos 1, 7-11

Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo». En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección». Palabra del Señor.  


Reflexión 
 

Hoy, la Liturgia de la Iglesia eleva nuestra mirada a Jesús que es bautizado en el Jordán, terminando el ciclo de las fiestas de Navidad. Juan se había presentado en el desierto y «predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Mc 1,4). La gente iba a escucharlo, confesaban sus pecados y se hacían bautizar por él en el río Jordán. Y entre aquellas gentes se presentó también Jesús para ser bautizado.

En las fiestas de Navidad hemos visto cómo Jesús se manifestaba a los pastores y a los magos que, llegando desde Oriente, lo adoraron y le ofrecieron sus dones. De hecho, la venida de Jesús al mundo es para manifestar el amor de Dios que nos salva.

Y allí, en el Jordán, se produjo una nueva manifestación de la divinidad de Jesús: el cielo se abrió y el Espíritu Santo, en forma de paloma descendió sobre Él y se oyó la voz del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo puesta toda mi predilección». Es el Padre del cielo en este caso y el Espíritu Santo quienes lo manifiestan. Es Dios mismo que nos revela quién es Jesús, su Hijo amado.

Pero no era una revelación sólo para Juan y los judíos, era también para nosotros. El mismo Jesús, el Hijo amado del Padre, manifestado a los judíos en el Jordán, se manifiesta continuamente a nosotros cada día. En la Iglesia, en la oración, en los hermanos, en el Bautismo que hemos recibido y que nos ha hecho hijos del mismo Padre.  

El “bautismo de Jesús” es un relato cuyo género literario es el de teofanía, teo = Dios; fanía = manifestar.

El bautismo del Señor, o «teofanía del Jordán», es un misterio importante de nuestra fe, pues funda el sacramento del bautismo cristiano. Esta fiesta es una bella oportunidad para reflexionar sobre el significado de nuestro propio bautismo y renovar los compromisos que en él hemos adquirido, así como dar gracias a Dios por el gran regalo de hacernos hijos suyos.

La palabra bautismo viene de una raíz griega que significa “inmersión” o “sumergirse”. El Bautismo cristiano es una inmersión, un sumergirse en Cristo y en su gracia como espacio de salvación.  

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo. Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa. Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la Voluntad de Dios, de manera que, así como los cielos se abrieron para Jesús, al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros. Así podremos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos en quienes se complace, porque siguiendo a su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad.  

Al ver la vida de Jesús se reconoce que hubo un gran impulso en la vida del Maestro antes y después de su bautismo en el río Jordán. Tras ser reconocido como el “enviado de Dios” con el bautismo, Jesús empezó a predicar con vehemencia el “Reino de Dios”, una sociedad renovada bajo la mirada de Dios en su conjunto, donde fuera derrotado el sufrimiento humano y el pecado, para ser un espacio agradable donde de veras reinara Dios con sus buenos dones. Jesús predicó y practicó la liberación de hombres, mujeres y niños, para mostrar que el Reino de Dios era algo posible y reconocible en las liberaciones humanas que Él aportó. El Reino de Dios exigía otro modo de tejer las relaciones humanas. En ellas, el amor sin límites de Dios era la base de nuestro trato con el otro, haciéndose servidor del prójimo, siempre. Él mismo aceptó el suplicio infame de la cruz y dio muestras de su entrega total sin odios, ni venganzas, sin sentimientos de aplastar al enemigo.
Ser bautizados en el Espíritu Santo significa convertirse en ese modelo para los demás, compartiendo donde fuese posible el ejemplo de Jesús en la sociedad del nuevo Reino. De ese modo es posible renovar todas las cosas desde su interior más profundo, porque la “novedad” viene y parte de Dios, no es una simple construcción nuestra, sino una acción hecha en compañía divina. 

El hombre, sediento de Dios. El hombre es un ser naturalmente sediento: sediento de gozo y felicidad, sediento de justicia y de paz, sediento de eternidad, sediento de Dios. "El deseo de Dios está inscripto en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha de no cesar de buscar" (CIC 27).

Esta sed de Dios nadie la puede apagar, si no es el mismo Dios. Por eso, Dios, a través de Isaías, invita y exhorta a los hombres; "Vengan por agua todos los sedientos... presten atención, vengan a mí; escuchen y vivirán".  

El Espíritu de Jesús. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios, se llamaba Jesús y venía de Nazaret. Ese Espíritu que descendió sobre él es el aliento de Dios que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús con su Espíritu.  

Sin ese Espíritu todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece. La fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta. El amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.  

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias diversas lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.  

Dios nuestro, Padre de la luz, tú has enviado al mundo tu Palabra, sabiduría que sale de tu boca. Tú has querido que tu propio Hijo, Palabra eterna que procede de ti (Jn 1,1-14), se hiciera carne y viviera en medio de tu pueblo.

Envía ahora tu Espíritu sobre nosotros: Que Él nos dé un corazón oyente (1 Re-3,9), nos permita encontrarte en tus Santas Escrituras y engendre tu Verbo en nosotros.

Que el Espíritu Santo levante el velo de nuestros ojos (2 Cor 3,12-16), nos conduzca a la Verdad Completa (Jn 16,13), y nos dé inteligencia y perseverancia. Amén

 Tiempo de Adviento  

Primer domingo de adviento:

“Tengan cuidado y estén prevenidos” 


Segundo domingo de Adviento

“Preparen el camino del Señor…”

 

Tercer domingo de Adviento

” Testigos de la Luz”

 

 Cuarto domingo de Adviento

“Alégrate, llena de gracia, el señor está contigo” 


Tiempo de navidad

 Natividad de Señor

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz a los hombres amados por él”

 

La Sagrada Familia Jesús, María y José

“El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría”

 

Segundo domingo después de Navidad

“Y la Palabra se hizo carne y habitó

 entre nosotros.”

 

Bautismo del Señor

“Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J. A. Pagola. donbosco.org.ar. evangeli.net.  

Círculo Bíblico San José

 “Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119