Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 26 de junio de 2021

“Dios, es el Dios de la Vida”

 

Décimo tercer domingo, Lecturas 27-6-21, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. 
Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla. Palabra de Dios.

Salmo 29, R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo.  ¡Señor, Dios mío, ¡te daré gracias eternamente!  R.


2º carta de Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.   Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez.  Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal.»   Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?» Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.  Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor.

Reflexión 

 

Estamos llamados a vivir, creados a imagen y semejanza de Dios, estamos destinados a la vida, a la vida plena, a la vida que no tiene fin. Esto nos lleva a buscar el camino correcto, ¿a quién seguimos?  

Jesús es Señor y dador de vida. Siguiendo el evangelio de Marcos, vemos en medio del lago, a Jesús que aparece como liberador del caos en la naturaleza; en tierra de paganos, como liberador del caos del corazón del hombre poseído por espíritus malignos.  Ahora de nuevo en Galilea, en medio del pueblo de Israel, se muestra liberador de la enfermedad y, sobre todo, de la muerte.  Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.  

La mujer que tenía pérdida de sangre continua era símbolo de la frustración vital.  Entre los judíos, el simple hecho de ser mujer era ya una marginación social y religiosa.  Pero, por su enfermedad, una menstruación continua, esta mujer cargaba con una marginación mucho más intensa: no podía tener hijos y, esto, en una sociedad donde a la mujer se le apreciaba fundamentalmente por su fecundidad y donde el tener hijos era signo de bendición divina, era reducida a nada; además, religiosa y legalmente, era siempre una mujer impura y contaminante, como lo era durante la menstruación toda mujer. Era de total marginación. No podía tocar ni ser tocada.  Sin medios y sin remedio, después de haber pasado por numerosos médicos y haber gastado inútilmente todo su dinero. La mujer quiere la vida y para conseguir estar bien, se libera de los prejuicios religiosos que le impiden ponerse en contacto con Jesús que pasa por su vida, se salta la ley pues su fe la lleva a creer que con sólo tocarle la ropa se curará.  

El relato de la curación de la hija de Jairo nos muestra que la liberación y el reino de Dios llegan con Jesús, es una evidencia en los primeros capítulos de Marcos.  Por eso, Jairo (uno de los jefes de la sinagoga) recurre a Jesús. Pero para él y su familia lógicamente hay un límite, el de la muerte. Si la niña ha muerto, ya no vale la pena molestar al Maestro. Jesús, sin embargo, provoca en el padre la fe en que el reino de Dios llega con todas las consecuencias.  El “mundo de la muerte” se burla de quien en estas circunstancias continúa anunciando que el Reino llega con todas las consecuencias.  Pero el milagro se realiza porque Dios es Dios de vida y no de muerte. Ahora bien, sólo quien crea que sí vale la pena molestar al Maestro y que nunca es demasiado tarde, experimentará y descubrirá que en Jesús está la vida.  

La fuerza de la fe. Dos dichos de Jesús constituyeron los pilares principales de los relatos que Marcos ha ensamblado: “Hija, tu fe te ha sanado, vete en paz y sigue sana de tu tormento” “No temas, ten fe y basta”.  Estas dos frases, dichas a la mujer y al padre de la niña, ponen de manifiesto la importancia de la fe para experimentar la vida y percibir la presencia liberadora del Reino.  Sin fe no hay liberación ni puede haber gestos de vida.  La fe está dentro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida.  Lo que salva no es el simple contacto físico, sino de fe.

Por la fuerza de su fe, la curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida, como si hubiera vuelto a nacer.  Por la fuerza de la fe del padre, la niña se puso de pie y comenzó a andar, o sea, recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada.

Nada importante pasó hasta que no se llegó a un encuentro personal de Jesús.  A veces pasamos por alto que Jesús, más que atribuirse a sí mismo las curaciones que realiza, recuerda a los enfermos algo realmente sorprendente: “Tu fe te ha salvado”.  Quién sabe creer en el Dios de la vida y confía en Él posee una fuerza capaz de liberarle de todo lo que deshumaniza y lo destruye como persona.

Cuando el Evangelio pone de manifiesto la enorme fuerza curativa de la fe, parece estar diciéndonos que no es anacrónico establecer correlación entre fe y salud, cuando ésta no queda reducida únicamente a lo fisiológico.  Sano es, en realidad, aquel que es capaz de realizar su total proyecto de vida en libertad.  Esta salud total es la que Jesús transmite: Él no se limita a curar enfermedades físicas sino a salvar.  La fe cura integralmente, o sea, salva.  

Jesús nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte.  

La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros.  

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.

Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.

Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.

Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.

Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

Papa Clemente IX 

“Talitá kum” 

*Estos versículos del Evangelio de Marcos tienen varias aristas. Podría quedarme con el pensar de la hemorroísa: “Me bastará con tocar su manto” y ver la profunda y convencida fe de esa mujer, sufriente de tantos años. Quizás analizar la imagen de Jesús que tenía, ya que se acercó a Él asustada y con miedo por lo que podía llegar a decirle y la alegría que habrá experimentado al oír que Jesús alababa su gran fe, en vez de retarla.  

Podría quedarme con la experiencia de Jairo. Un buen papá que velaba por la vida de su hija y que viendo que ya nada se podía hacer, recurre a lo que para él sería el último recurso: el poder de Jesús.  

Pero lo que más resuena en mí en este momento que leo la Palabra son las palabras de Jesús a la joven: “¡Niña! Yo te lo ordeno, ¡levántate!”

Jesús es categórico, imperativo, como pocas veces… una orden que devuelve a la vida. Un sacudón de esos que a veces necesitamos para reaccionar y tomar conciencia del don que tenemos entre manos. Jesús les había dicho que no estaba muerta, sino dormida, y ese grito le devolvió la conciencia, la fuerza, la vida, el movimiento, el don de los ojos abiertos y los oídos atentos frente a todo lo que sucede. Poder reaccionar… ¡A cuántos de nosotros nos vendría bien un grito así!  

Señor Jesús, ¡despiértanos! Ayúdanos a tomar conciencia de nuestra vida. Dinos también a nosotros/as: ¡Levántense! ¡Yo se los ordeno!
Queremos estar atentos a la vida que pasa frente a nosotros, atentos a tu presencia y a tu actuar en medio de nosotros. 
Ven Señor Jesús y despiértanos a la vida.

Amén  *(Donbosco.org)  

Quinto domingo de Pascua

“El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”  

Sexto domingo de Pascua

“Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”  

Ascensión

“Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”  

Pentecostés

“Reciban el Espíritu Santo”  

Santísima Trinidad

“…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”  

Cuerpo y Sangre de Cristo

“Tomen, esto es mi Cuerpo”  

Décimo primer domingo

“El Reino de Dios es como…”  

Décimo segundo domingo

“¿Por qué tienen miedo?”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.   

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies 
y una luz en mi camino”
Sal 119

sábado, 19 de junio de 2021

“Confiar y entregarse totalmente”

  

Hola, les comparto la reflexión de las lecturas del decimo segundo domingo durante el año, 20 de junio 2021, ciclo B, del padre Juan José Milano.

viernes, 18 de junio de 2021

“¿Por qué tienen miedo?”

Décimo segundo domingo

Lecturas 20-6-21, Ciclo B

 ” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro de Job 38, 1. 8-11

El Señor habló a Job desde la tempestad, diciendo: ¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salía a borbotones del vientre materno, cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones? Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, y le dije: «Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas.» Palabra de Dios.

Salmo 106, R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!


Los que viajaron en barco por el mar, para traficar, por las aguas inmensas, contemplaron las obras del Señor, sus maravillas en el océano profundo. R.

Con su palabra desató un vendaval, que encrespaba las olas del océano: ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo, se sentían desfallecer por el mareo. R.

Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: cambió el huracán en una brisa suave y se aplacaron las olas del mar. R.

Entonces se alegraron de aquella calma, y el Señor los condujo al puerto deseado. Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres. R.  

2° carta de Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 4, 35 - 41

Un día al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla.» Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!» El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?» Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» Palabra del Señor.

 
Reflexión 

 Hoy, en estos tiempos de «fuertes tempestades», nos vemos interpelados por el Evangelio, la humanidad ha vivido dramas que, como olas violentas, han irrumpido sobre hombres y pueblos enteros, y, a veces, nos sale del alma preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); ¿por qué ocurren estos hechos?

El relato de la tempestad en el lago de Galilea, quiere ser una catequesis sobre la fe del discípulo y la identidad de Jesús. Quiere suscitar, antes que nada, una Fe suficientemente madura como para saber encontrar paz y serenidad, hasta en los momentos difíciles en que Dios parece estar ausente.

En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades crecen en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar, en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia, las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.  

“La tempestad calmada”. Jesús invita a sus discípulos a navegar por el lago para cruzar al otro lado. El lago al que se refiere es el de Genesaret, llamado también Mar de Galilea, Mar de Tiberíades o Lago de Kinneret. Es, en sentido estricto un lago de agua dulce que está al norte de Palestina al este de la Galilea. En sus orillas se encontraban muchas aldeas de las cuales se destaca Cafarnaúm. Es un lago más bien tranquilo pero que tiene la particularidad que en algunas circunstancias, por determinados elementos climatológicos, se generan vientos muy fuertes de manera repentina. Los vientos levantan el oleaje dificultando y haciendo peligrar la navegación. Esto es lo que ocurre en nuestro relato. Es importante agregar además que para los antiguos el mar simbolizaba el poder de lo desconocido e incluso los poderes negativos, contrarios al bien. Un mar embravecido era signo entonces de la presencia del mal y de las dificultades en la vida de un hombre o una comunidad. 

Los discípulos de Jesús comienzan a sentir inquietud cuando perciben que las mismas olas se meten en la barca y ésta se va llenando de agua. En ese momento se deciden a “despertar” al Maestro gritando dado que la dificultad es grande y Jesús está recostado y durmiendo. El Señor se despierta, se levanta y ordena con poder soberano al viento y al mar que se calmen. En ese mismo momento se produce la calma y todo queda totalmente tranquilo. Jesús entonces se dirige a sus discípulos con una doble pregunta donde conecta el miedo que ellos experimentan con la falta de confianza en Él. Ellos se asombran del poder de Jesús que manda con soberanía hasta el viento y el mar. Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con Él todo es posible.

No fue suficiente la habilidad de los apóstoles para superar la situación, fue necesaria la intervención del Señor para calmar el viento y las olas.
Muchas veces nos sentimos amenazados de distintas formas, la injusticia, la violencia y la corrupción, por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar adentro, hacia aguas profundas”. 
 

Si depositamos nuestra confianza en el Señor podremos encarar los problemas con serenidad. La virtud de la serenidad es una rara virtud que nos enseña ver las cosas desde el ángulo de la fe y darles su verdadero valor. Nos falta la serenidad cuando deformamos la realidad y hacemos de un grano de arena una montaña. Cuantas veces, los problemas que hoy nos parecen insalvables, al cabo de un tiempo nos damos cuenta de su insignificancia. La confianza en el Señor nos va a dar la serenidad de la mente, para no ser esclavos de nuestros nervios, o víctimas de nuestra imaginación.
La confianza en el Señor nos va a dar la serenidad del corazón, para no vernos consumidos por la ansiedad ni por la angustia. La confianza en el Señor nos va a dar también la serenidad en nuestra acción, para evitar el derroche inútil de nuestras fuerzas.
Sea en la tormenta, sea en la calma, Dios está presente. Y Él desea que nos demos cuenta de que está allí, en la vida de cada uno de nosotros, esperando que sepamos de su presencia silenciosa. El Señor está derramando sus gracias para guiarnos por esta vida que es la travesía que nos lleva a la otra: la Vida Eterna.

En la carta a los Corintios se expone la nueva humanidad que a través de la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del Señor.

 Hoy. Con frecuencia también se levanta la tempestad a nuestro alrededor o dentro de nosotros. Parece que nuestra pobre barca no aguanta más y que corre el riesgo de hundirse. Y puede darnos la impresión de que Dios guarda silencio; y las olas se nos vienen encima. Las dificultades de nuestra vida nos superan. Puede tratarse de enfermedades, dificultades económicas, la falta de trabajo, problemas con los hijos o en el matrimonio:  ¿Cuáles son hoy, las “olas” que inundan la barca de mi vida? ¿Cómo reacciono ante todo esto? ¿Podemos sentirnos abandonados, solos, indefensos, cuando sabemos que Jesús es más fuerte que todo lo que pueda dañarnos? ¿Confío o no confío en el Señor?

 

Oración. Pidamos a María, ella que frente a las muchas dificultades y dolores que debió pasar durante su vida, mantuvo siempre la confianza en el Señor y la serenidad del corazón y de la mente, que nos ayude a luchar con firmeza y perseverancia para adquirir la virtud de la serenidad, con la seguridad de que siempre vamos a contar con el auxilio del Señor para calmar la tempestad que nos amenaza.

Las pasiones son una realidad en nosotros. La imaginación puede turbar nuestras mentes. Los nervios existen en todos nosotros. Necesitamos depositar, como Santa Teresa nuestra confianza en el Señor. Ella decía:  

Nada te turbe, nada te espante. 

Todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia todo lo alcanza, Quien a Dios tiene, nada le falta Solo Dios basta.

Cuando nos hundimos por nuestros miedos:

 Ven con tu poder Señor…
Cuando nos hundimos por nuestras desesperanzas: Ven con tu poder Señor…
Cuando nos hundimos por el pecado en nuestra vida: Ven con tu poder Señor…

 

Cuarto domingo de Pascua, “Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 Quinto domingo de Pascua, “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”

 Sexto domingo de Pascua, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”

 Ascensión, “Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”

 Pentecostés, “Reciban el Espíritu Santo”  

Santísima Trinidad, “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

 Cuerpo y Sangre de Cristo, “Tomen, esto es mi Cuerpo”

 Décimo primer domingo, “El Reino de Dios es como…”

 Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119