Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Trigésimo cuarto domingo, Jesucristo, Rey del Universo. Lecturas 21-11-21, Ciclo B

«Yo soy rey…he venido para dar testimonio de la verdad»

 Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido. Palabra de Dios.

Salmo 92,  R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

¡Reina el Señor, revestido de majestad! El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder.  R.

El mundo está firmemente establecido:
 ¡no se moverá jamás! Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad.  R.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los tiempos.  R.  

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. El nos ama y nos liberó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.   

El vendrá entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso. Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Juan 18, 33b-37

Pilato llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?»  Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?»  Pilato replicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?» Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí.»      Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz.»  Palabra del Señor. 

 Reflexión: 

Hoy cerramos el año litúrgico, siguiendo la temática del domingo anterior, nos invita a concentrar toda nuestra mente y nuestro corazón en quien es el centro de nuestra fe, el principio y el fin de la misma, Jesucristo el Señor.  

Las expectativas que tenía el pueblo de Israel en la llegada del Rey mesiánico que los liberara de toda opresión claramente chocaba con la figura de Jesús de Nazaret y tal vez, inconscientemente, también para nosotros. Que nuestro Rey en un mundo plagado de injusticias, de corrupción, se nos presente como un indefenso crucificado, puede hacernos dudar al creer en Él y al tratar de vivir su mensaje. 

Ahora es común que hablemos de Cristo Rey.  Si bien, jamás fue rey de un pueblo ni ejerció ningún poder político; sin embargo, fue condenado a muerte acusado de intentar proclamarse rey de los judíos, violando así la soberanía del emperador romano.  Sobre la cruz fue clavada la consigna conocida: “Jesús Nazareno, rey de los judíos”, lo que provocó la protesta de los jefes de Jerusalén.  

Sabemos además, que Jesús siempre se resistió a ser proclamado rey por sus partidarios, más aún, les exigirá a los apóstoles que no sean como los reyes y gobernantes que hacen sentir su autoridad, sino que se comporten como los servidores de la comunidad.  

Testigos de la Verdad. El juicio tiene lugar en el palacio donde reside el prefecto romano cuando acude a Jerusalén. Acaba de amanecer. Pilato ocupa la sede desde la que dicta sus sentencias. Jesús comparece maniatado, como un delincuente. Allí están, frente a frente, el representante del imperio más poderoso y el profeta del reino de Dios. A Pilato le resulta increíble que aquel hombre intente desafiar a Roma: «Con que, ¿tú eres rey?». Jesús es muy claro: «Mi reino no es de este mundo». No pertenece a ningún sistema injusto de este mundo. No pretende ocupar ningún trono. No busca poder ni riqueza.

Pero no le oculta la verdad: «Soy rey». Ha venido a este mundo a introducir verdad. Si su reino fuera de este mundo tendría «guardias» que lucharían por él con armas. Pero sus seguidores no son «legionarios», sino «discípulos» que escuchan su mensaje y se dedican a poner verdad, justicia y amor en el mundo.  

El reino de Jesús no es el de Pilato. El prefecto vive para extraer las riquezas de los pueblos y conducirlas a Roma. Jesús vive «para ser testigo de la verdad». Su vida es todo un desafío: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato no es de la verdad. No escucha la voz de Jesús. Dentro de unas horas intentará apagarla para siempre.  

El seguidor de Jesús no es «guardián» de la verdad, sino «testigo». Su quehacer no es disputar, combatir y derrotar a los adversarios, sino vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús, que está cambiando su vida.  

El cristiano tampoco es «propietario» de la verdad, sino testigo. No impone su doctrina, no controla la fe de los demás, no pretende tener razón en todo. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya.

Rey es aquel que reina los corazones con justicia y paz.  Jesús nos trae el gobierno de Dios.  No domina con la fuerza, la coerción o la violencia.  Dios se impone por medio de la verdad.  Y Jesús trae la verdad del Padre, por eso su reino no es de este mundo, mundo de mentira. Es el mundo de los valores eternos y absolutos.

Jesús se impone por su verdad, verdad que no es un gran discurso ni de un conjunto de leyes.  Su verdad es Él mismo, humilde, obediente al Padre, entregado totalmente por la liberación de su pueblo.  

Jesús se proclamó rey por ser el testigo de la verdad, de la palabra de Dios.  Proclamar hoy a Jesús como rey es –como dice Él mismo- “escuchar mi palabra y ponerla en práctica.

Cuando Jesús se deja proclamar rey, en verdad está ridiculizando la pretensión de los hombres religiosos de apoderarse del poder y de las riquezas a la sombra de la fe.

El Cristo Rey de la cruz con el cartelito “INRI” sobre su cabeza es la vacuna contra la ambición, tentación, y pecado capital de la Iglesia. No nos avergoncemos de un Cristo perseguido y muerto por ser testigo de la verdad.  Jesús es rey en la cruz y, es también sacerdote, pues se ofrece al Padre.

Juan no teme hablar de Cristo rey, pues lo mira desde la cruz y desde la pascua.  Cristo es “el primogénito de entre los muertos”  

Su poder es el amor que genera aún a los que lo crucifican: el poder que perdona a sus verdugos, el poder que engendra una nueva raza de hombres.

Saquemos otra conclusión acerquémonos a los hombres para ejercer sobre ellos la real soberanía del amor.  El orgullo y la gloria del cristiano nacen al pie de la cruz en el servicio humilde a la comunidad.  Somos un reino de sacerdotes, porque todos estamos llamados a ofrecernos totalmente al Padre por la liberación de nuestros hermanos.  

Somos el reino de Cristo: “Por Él, con Él y en Él” la comunidad dice Sí, a la voluntad del Padre.  Hoy es un grito de victoria sobre nuestros enemigos.  Es solamente el triunfo del amor sobre el odio, de la humildad sobre el orgullo, del servicio fraterno sombre el amor.

En la Eucaristía del domingo, día señorial de Jesús, reconocemos al Hijo del hombre resucitado y glorioso, lo bendecimos y lo adoramos como el único Señor y Rey, agradecemos su redención; te pedimos: “VEN SEÑOR JESUS” y, al comerlo sacramentalmente, nos cristificamos recibiendo la gracia para que se haga su voluntad de Dios en la tierra como en el cielo.  

*Jesús es el Rey “que da un sentido nuevo a la vida”. Durante el Ángelus, el Papa Francisco afirmó que Jesús quiere convertirse en nuestro Rey, pero no en un Rey de este mundo, sino un Rey “que de un sentido nuevo a nuestra vida”.

“Un Rey que, con su palabra, con su ejemplo y con su vida inmolada en la Cruz, nos ha salvado de la muerte, ha indicado el camino al hombre perdido, ha dado luz nueva a nuestra existencia marcada por la duda, por el miedo y por la prueba de cada día”.

El Santo Padre insistió en que “no debemos olvidar que el reino de Jesús no es de este mundo. Él dará un sentido nuevo a nuestra vida, en ocasiones sometida a dura prueba también por nuestros errores y nuestros pecados”. La única condición es “que no sigamos las lógicas del mundo y de sus ‘reyes’” …  

“Sí, como dices, soy Rey”. Es evidente a lo largo de toda su vida que Jesús no tiene ambiciones políticas, prueba de ello es que “tras la multiplicación de los panes, la gente, entusiasmada por el milagro, quería proclamarlo rey para que derrotara al poder romana y restableciese el reino de Israel”.

“Pero, para Jesús, el Reino es otra cosa y no se alcanza con revueltas, con violencia y con la fuerza de las armas”. Por ese motivo, cuando el pueblo pretendió nombrarlo rey, “se retiró a la montaña a rezar”.

De esta manera, “Jesús quiere hacer entender que por encima del poder político hay otro mucho más grande que no se obtiene con medios humanos. Él vino a la tierra para ejercer este poder, que es el amor, dando testimonio de la verdad”.

“Se trata de la verdad divina que, en definitiva, es el mensaje esencial del Evangelio: ‘Dios es amor’ y quiere establecer en el mundo su reino de amor, de justicia y de paz. Este es el Reino del que Jesús es Rey, y que se extiende hasta el final de los tiempos”. *ACIprensa, 25/11/2018.  

Credo de Nicea-Constantinopla


Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a, vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

 

Señor Jesús, te pido que te hagas presente en mi vida, y de forma especial en este momento de oración. Ayúdame a escuchar tu palabra, a interiorizar tu mensaje y a predicar tus enseñanzas con el ejemplo de mi vida cristiana, para ser así, un fiel colaborador en la extensión de tu reino. Amén.  


Vigésimo sexto domingo, «No se lo impidan»  

Vigésimo séptimo domingo, «Y los dos no serán si no uno sola carne»  

Vigésimo octavo domingo, «Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos»  

Vigésimo noveno domingo, «Donación gratuita de uno mismo»  

Trigésimo domingo durante el año, «¿Qué quieres que haga por ti?»  

Trigésimo primer domingo durante el año, «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»  

Trigésimo segundo domingo durante el año, «La necesidad del otro le hizo olvidar la propia»  

Trigésimo tercer domingo durante el año, «Su luz lo iluminará todo»  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico CELAM. Dominicos.org. J. A. Pagola. Fray Marcos. Donbosco.org.ar. La Orden de los Carmelitas. Hojitas anteriores.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119 

sábado, 13 de noviembre de 2021

“Nada pasa fuera de la Divina Providencia”


 Hola, les comparto el audio de la reflexión de las lecturas del vigésimo tercer domingo durante el año, 14 de noviembre 2021, del padre juan José Milano. 

 

Trigésimo tercer domingo, lecturas 14-11-21, Ciclo B

«Su luz lo iluminará todo»  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno.
Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. Palabra de Dios.

Salmo 15, R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.  R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.  R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.  R.  

Lectura de la carta a los hebreos 10, 11-14. 18

Hermanos, los sacerdotes del culto antiguo se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica. Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna otra oblación. Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32

Jesús dijo a sus discípulos: «En aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.                      
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 
En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino solo el Padre.» Palabra del Señor.

 Reflexión  

Nos acercamos ya, al final del año litúrgico B, la liturgia de hoy se presenta a través de la lectura del Antiguo Testamento y del Evangelio con textos relativos al final de los tiempos y nos propone meditar sobre el tema de la esperanza y del sentido de la existencia del hombre.  

Llamado a la esperanza. En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, en cuanto a la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. 

En esta lectura encontramos un pasaje del Antiguo Testamento donde se afirma con claridad la fe en la resurrección de los muertos. En Israel nunca se creyó en la resurrección de los muertos, sin embargo, en los últimos tiempos antes de la llegada del Mesías, el convencimiento que el Dios piadoso no podía dejar afuera a aquellos que habían dado su vida por la causa del Reino, los llevó a expresar que Dios los resucitaría de entre los muertos y les daría la vida en plenitud.  

Nadie sabe el día. El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús, sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias. Un día la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones?    

Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. "Nadie sabe el día ni la hora..., sólo el Padre"… El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre. Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?   

Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida, se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?   
Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al "Hijo del Hombre", es decir, a Cristo resucitado que vendrá "con gran poder y gloria". Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.

Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.

Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos Dios.  

"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". La expresión "el cielo y la tierra" aparece con frecuencia en la Biblia para indicar todo el universo, todo el cosmos. Jesús declara que todo esto está destinado a "pasar". No sólo la tierra, sino también el cielo, que aquí se entiende en sentido cósmico, no como sinónimo de Dios. La Sagrada Escritura no conoce ambigüedad: toda la creación está marcada por la finitud, incluidos los elementos divinizados por las antiguas mitologías: en ningún caso se confunde la creación y el Creador, sino que existe una diferencia precisa. Con esta clara distinción, Jesús afirma que sus palabras "no pasarán", es decir, están de la parte de Dios y, por consiguiente, son eternas. Aunque fueron pronunciadas en su existencia terrena concreta, son palabras proféticas por antonomasia, como afirma en otro lugar Jesús dirigiéndose al Padre celestial: "Las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado" (Jn 17, 8).  

Preparados para nuestro encuentro con Jesús.

El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios (cf. Mc 13, 24-32). Es un discurso que Jesús pronunció en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su esplendor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán». Sin embargo, estos elementos no son la parte esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo les quisiera preguntar: ¿cuántos de ustedes piensan en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios.  

La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria», que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección.  

El triunfo de Jesús al final de los tiempos será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.

El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención en el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntarles —pero no respondan, cada uno responda interiormente—: ¿cuántos de ustedes leen el horóscopo del día? Cada uno que se responda... Y cuando tengas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como el adormecimiento, tanto las huidas hacia delante como el permanecer encarcelados en el momento actual y en lo mundano.  

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.

Ángelus, Papa francisco, Plaza de San Pedro
Domingo 15 de noviembre de 2015
 

Señor Jesús, te pido que te hagas presente en mi vida, y de forma especial en este momento de oración. Ayúdame a escuchar tu palabra, a interiorizar tu mensaje y a predicar tus enseñanzas con el ejemplo de mi vida cristiana, para ser así, un fiel colaborador en la extensión de tu reino. Amén.  


Vigésimo cuarto domingo, 
«Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo?»  

Vigésimo quinto domingo, «El que quiera ser el primero, debe hacerse el servidor de todos»  

Vigésimo sexto domingo, «No se lo impidan»  

Vigésimo séptimo domingo, «Y los dos no serán si no uno sola carne»  

Vigésimo octavo domingo, «Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos»  

Vigésimo noveno domingo, «Donación gratuita de uno mismo»  

Trigésimo domingo durante el año, «¿Qué quieres que haga por ti?»  

Trigésimo primer domingo durante el año, «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»  

Trigésimo segundo domingo durante el año, «La necesidad del otro le hizo olvidar la propia» 

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico CELAM. Dominicos.org. J. A. Pagola. Fray Marcos. Donbosco.org.ar. La Orden de los Carmelitas.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119