Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Exaltación de la Santa Cruz

Lecturas del 14/09/08 – Ciclo A -

Domingo 24 Durante el año

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9

En el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: « ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!»Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes.» Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado.»Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.
Palabra de Dios.
SALMO 77
R. No olviden las proezas del Señor.

Pueblo mío, escucha mi enseñanza, presta atención a las palabras de mi boca: yo voy a recitar un poema, a revelar enigmas del pasado. R.

Cuando los hacía morir, lo buscaban y se volvían a él ansiosamente: recordaban que Dios era su Roca, y el Altísimo, su libertador. R.

Pero lo elogiaban de labios para afuera y mentían con sus lenguas; su corazón no era sincero con él y no eran fieles a su alianza. R.

El Señor, que es compasivo, los perdonaba en lugar de exterminarlos; una y otra vez reprimió su enojo y no dio rienda suelta a su furor. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios.

Lectura S. Evangelio según S. Juan 3, 13-17

Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» Palabra del Señor.

Reflexión

La cruz es parte inseparable del misterio pascual que incluye pasión, muerte y resurrección.
Los católicos profesamos que Cristo ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado glorioso. El crucifijo en ninguna manera niega la resurrección sino que manifiesta la seriedad de nuestros pecados y el amor infinito con que Cristo murió para salvarnos.
En la celebración de esta fiesta litúrgica todo converge en la exaltación de Cristo Jesús, que siendo Dios, se abajó haciéndose uno de nosotros, muriendo colgado sobre el estandarte de la Cruz, para mostrarnos cuál es la medida del amor de Dios hacia nosotros. Exaltar la cruz es exaltar el amor de Dios por nosotros, es exaltar la victoria del amor y de la misericordia sobre el pecado, el egoísmo y la muerte. A los cristianos el hecho de que Dios haya querido salir de sí mismo para hacerse uno como nosotros nos pone ante la presencia de un misterio abismal por la inmensidad del amor que lo ilumina y por la incapacidad absoluta de nuestra mente humana para abarcarlo. La contemplación sincera de este misterio es incompatible con un pasar por encima de él, con cierta superficialidad, dándolo por descontado como un presupuesto del conjunto de la doctrina cristiana. La contemplación de Dios hecho hombre es siempre transformante. Y uno de los momentos más fuertes de está contemplación es justamente el ver a Cristo muriendo colgado de una cruz, como un criminal, desangrándose y asfixiándose, abandonado y humillado. El más grande, sin punto alguno de comparación, el creador y Señor del universo, en la condición más vil que pueda ser imaginada. El que es la vida misma, sufriendo en primera persona la muerte más horrenda. Y esto libremente y sin rebajar en nada su divinidad. Este es el misterio del anonadamiento de Dios que la Iglesia no se cansa de contemplar, y que nunca logra abarcar. El cristiano sabe que nunca serán suficientes los días de esta vida ni de la eternidad para agotar la contemplación de este don que Dios hace de si mismo. La única clave de comprensión es el amor. Sólo el amor explica esta entrega por propia iniciativa, sin que lo hayamos ni merecido ni pedido. Sólo porque él nos ama quiso venir hasta nosotros, hacerse uno como nosotros, y morir por nosotros. "Tanto amó Dios al mundo -dice Jesucristo a Nicodemo- que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna". Dios nos muestra que su amor hacia nosotros realmente no tiene medida.
Jesús enseñó: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”. -Juan 8,28.
La Cruz, es mencionada explícitamente 29 veces en el Nuevo Testamento. Muchas más veces se refiere a ella sin usar la palabra exacta. No es el madero en su sentido material en lo que ponemos nuestro corazón sino en Jesús que por nosotros colgó de él. El es quién nos atrae. Jesús nos dijo:
“Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. -Juan 12,32.
Esta enseñanza es válida para todos los tiempos. Contemplar a Jesús "levantado" en la Cruz es clave para conocerlo íntimamente.
A los que nos atacan por llevar la cruz en el cuello o tenerla en un lugar de honor en nuestras casas o por erguirla sobre un lugar visible, hemos de responder como San Pablo, pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; más para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios. -I Corintios 1,18
Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. -I Corintios 1,23,24.
Contemplarle en la cruz nos sana espiritualmente, como sanó al ladrón que estaba junto a Jesús cuando él le dijo “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” -Lucas 23:43. También sanó al centurión que estaba a los pies de la cruz, que se convirtió y dijo: “Este hombre era el Hijo de Dios” -Marcos 15,39.
Contemplar el crucifijo es un acto de fe. Nos inspira a tener la misma actitud que Cristo, que se humilló y obedeció hasta la muerte, incluso hasta la muerte por crucifixión” -Fiiip. 2,5-8.
La revelación del amor perfecto es la cruz mientras que la resurrección es su victoria. La cruz le costó a Jesús inmensos sufrimientos que aceptó libremente por nosotros. La resurrección manifiesta su poder sobre la muerte, su gloriosa victoria.
Cristo transformó el sentido de la Cruz. Antes era la vergüenza e ignominia más grande posible, ahora es la gloria y la victoria máxima. Amor a la Cruz nos comunica la gracia para ser fieles en nuestras cruces unidas a la Suya. - (Padre JORDI RIVERO)

La alegría es una característica esencial del cristiano. La Iglesia nos recuerda que la alegría es perfectamente compatible con el dolor. Lo que se opone a la alegría es la tristeza, no la cruz.
Jesús no inventó la Cruz; la encontró en su camino, como todo hombre. La novedad que Él inventó fue la de poner en la Cruz un germen de amor. Así la Cruz se convirtió en el camino que lleva a la vida, en mensaje de amor. ¡Es la Cruz de Jesús!

¡Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo! – Amén.


Santoral: Exaltación de la Santa Cruz

La fiesta de la santa cruz se instituyó para celebrar el recuerdo de aquel día en que el Salvador consumó la redención del género humano. Y esto es lo que tiene vigencia y la tendrá siempre para los cristianos: la glorificación de la cruz de Cristo como signo de la redención. Pero también hay una historia alrededor de esta fecha, y es la siguiente: La emperatriz santa Elena, madre de Constantino el Grande, halló el 14 de setiembre del año 320 la verdadera cruz de Cristo.
San Cirilo de Jerusalén en el año 349 testimoniaba que la gente, impulsada por la fe, tomó del santo madero pequeñas astillas, que han sido llevadas a distintos lugares de la tierra.
Tres siglos después Cosroas, rey de Persia, conquistó la ciudad de Jerusalén y quitó de la iglesia del Santo Sepulcro el trozo que en ella se veneraba, llevándolo consigo a su país. Catorce años más tarde, el sagrado madero fue restituido a Jerusalén por el emperador Heraclio, vencedor de Cosroas.
La mayoría de los hagiógrafos concuerdan en que esto ocurrió el 14 de setiembre del año 629.
Debe, sin embargo, señalarse que mucho antes de este suceso, tanto la Iglesia griega como la latina celebraban una fiesta llamada exaltación de la santa cruz en el mismo día 14 de setiembre, en memoria de aquellas palabras de Cristo hablando de su muerte: "Cuando sea exaltado sobre la tierra atraeré a mí todas las cosas; luego que levantareis al Hijo del hombre conoceréis quien soy yo".

Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

Jesús nos ordenó a abrazar también nosotros la cruz: Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" -Mateo 16,24
¿Cuáles son las cruces que se me presentan en el seguimiento de Cristo? ¿Siento la presencia del Señor que me ayuda a cargarlas?

Oración

San Bernardo le preguntó al Divino Salvador, cuál fue su dolor, en la Pasión, más desconocido por los hombres. Jesús le respondió:

Tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargue mi pesada cruz; esa llaga era la más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honrad pues esta llaga y haré todo lo que por ella pidan...

“Oh amado Jesús, manso Cordero de Dios, a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, te adoro y venero, la llaga causada por el peso de vuestra cruz que abriendo vuestras carnes desnudo los huesos de vuestro hombro sagrado y de la cual vuestra Madre Dolorosa tanto se compadeció. También yo, oh carísimo Jesús, me compadezco de Vos y desde el fondo de mi corazón te glorifico y te agradezco por esta llaga dolorosa de vuestro hombro en la que quisiste cargar vuestra cruz por mi salvación. Ah! por los sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de vuestra cruz, ruégote con mucha humildad, ten piedad de mi pobre criatura pecadora, perdonad mis pecados y conducidme al cielo por el camino de la cruz.”

Lecturas de la semana:

LUNES 15: Hebreos 5, 7-9; Salmo 30; Juan 19, 25-27.
MARTES 16: Primera Corintio 12, 12-14.27-31; Salmo 99; Lucas 7, 11-17.
MIERCOLES 17: Primera Corintio 12, 31—13,13; Salmo 32; Lucas 7, 31-35.
JUEVES 18: Primera Corintio 15, 1-11; Salmo 117; Lucas 7, 36-50.
VIERNES 19: Primera Corintio 15, 12-20; Salmo 16, Lucas 8, 1-3.
SABADO 20: Primera Corintio 15, 35-37.42-49.; Salmo 55; Lucas 8, 4-14.

Nota: Basado en Lectio divina del CEBIPAL, centro bíblico pastoral para América latina, El libro del Pueblo de Dios.
Unos momentos con Jesús y Maria y Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano.
Siervas de los Corazones de Jesús yMaria

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados a las 17 h. para leer la Biblia en la
Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José

viernes, 5 de septiembre de 2008

Lecturas Domingo 23 durante el año - Ciclo A -

Lecturas del 7/09/08

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Así habla el Señor: “Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: “Vas a morir”, si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
Palabra de Dios

Salmo 94

R: Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón”.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
“No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras. R

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Roma 13, 8-10

Hermanos: Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley. Palabra de Dios

Evangelio según S. Mateo 18, 15-20

Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».
Palabra del Señor.

Reflexión:

La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre algunas enseñanzas de Jesús que se relacionan con la vida de las primeras comunidades cristianas: la corrección fraterna y la oración en común.

En la primera lectura se nos propone la imagen del centinela. El centinela es el hombre que, desde la atalaya o desde un lugar preeminente, da la voz de alarma cuando ve al enemigo acercarse al campamento o a las puertas de la ciudad. Su función es la de despertar a quien duerme y se encuentra en peligro de ser sorprendido por el enemigo.
El profeta es un centinela con características especiales. El profeta debe advertir al "impío" de su mala conducta, debe informarle del mal que se le viene encima, si no se convierte, si no despierta del sueño que lo entretiene en el mal. Lo interesante es que la responsabilidad del profeta no termina aquí, él debe seguir más adelante. Al centinela le basta dar la alarma; si le escuchan o no, ya no es responsabilidad suya. No así es el caso del profeta, él debe advertir del mal que se viene encima, y debe hacer lo indecible por convencer a sus oyentes, porque lo que él anuncia no lo han visto sus ojos, ni escuchado sus oídos, es Dios mismo que se lo ha revelado. Él habla en nombre de Dios. Él expresa el deseo de Dios de salvar a los hombres y de que no se pierda ninguno (Ez 18,32). El profeta-centinela asume una responsabilidad imponente, deberá responder ante Dios de la muerte de aquellos a los que ha sido enviado.

Pablo, por su parte, antes de concluir su carta a los romanos, dirige una última exhortación llena de contenido: "no tengas con nadie ninguna deuda que no sea la de amarse mutuamente". El amor es la ley que regula toda la vida cristiana.
Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La conversión, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.

En el evangelio, primero, Jesús manifiesta la responsabilidad de sus discípulos y seguidores en la salvación de sus semejantes. El discípulo de Jesús siente la viva responsabilidad de hacer el bien y ayudar a que los otros lo hagan, superando y desterrando el mal de sus vidas. Aquí se inserta el mandato de la corrección fraterna.
Se trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se señala.
El perdón es uno de las muestras de amor más profundas enseñadas por Jesús, para aquellos que han decidido ser sus discípulos. Jesús mismo les dará a estos un gran ejemplo del perdón, cuando estando en la cruz perdone a aquellos que le están crucificando.
En este texto, Jesús invita a sus discípulos a ir en busca de aquellos que han caído en ocasión de pecado y les han hecho algún daño con la acción incorrecta que han realizado.
Debemos observar varios detalles que menciona Jesús para llegar a estas personas. Primero Jesús dice: habla con él a solas para que reconozca su falta.
Jesús pide a aquel que ha sido ofendido por su hermano, que lleve a solas a su ofensor, esto lo hace con el motivo de que el pecado de éste no sea divulgado a todo el mundo, así el mismo no será motivo de escándalo y si este desea corregirse no será señalado luego, por todos a causa de su pasado. Y lo que importa verdaderamente es: Si te hace caso, lo habrás ganado de nuevo. El término ganar, lo aplicaban los rabinos a la conversión obtenida mediante la misión.
Es importante que veamos que la solicitud de Jesús es que aquel quien es ofendido vaya en busca de su hermano y le ayude a enmendarse. El texto no dice que vaya en busca de él y le reprenda, le acuse, le juzgue, o le castigue, sino más bien que busque que este se enmiende para volver a ganar a su amigo.
Debemos ahora observar como Jesús trata de llamar a juicio al pecador por medio de sus hermanos al decir: Les aseguro que cualquier cosa que ustedes prohíban aquí en la tierra, desde el cielo Dios la prohibirá. Y cualquier cosa que ustedes permitan, también Dios la permitirá.
La idea central de esta parte, es la oración en comunidad. Con estas palabras Jesús quiere que los discípulos entiendan que está en las manos de ellos la misión de buscar el arrepentimiento de los que se han equivocado, la misión bajo ninguna circunstancia es juzgar a los hermanos. Sino ayudarles a buscar el perdón del Señor desde su vida terrenal, para que este perdón también se obtenga en el cielo.
El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento... entonces sí la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de perdón la persona misma se excluye de la comunión.
Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.

La segunda enseñanza de Jesús a sus discípulos es la oración en común: "donde dos o más se reúnen para orar, allí está Jesús en medio de ellos".

Tanto el centinela, como el que ora en común, deben guiarse y nutrir su alma con el espíritu de Cristo, es decir, con aquel amor que da la vida por los que ama. En Santa Teresita del niño Jesús encontramos un ejemplo vivo de la comprensión del amor cristiano:

"Al considerar el cuerpo místico de la Iglesia, no me reconocí en ninguno de los miembros descriptos por San Pablo, o mejor, quería reconocerme en todos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto por miembros diversos, el más necesario, el más noble de todos los órganos no le faltaría; comprendí que tenía un corazón y que este corazón ardía de amor; que el amor hacía obrar a sus miembros; que si el amor llegaba a perderse, los apóstoles no anunciarían más el evangelio y los mártires rehusarían verter su sangre. Comprendí también que el amor encerraba todas las vocaciones, que era todo y que abrazaba todos los tiempos y todos los lugares, ¡por qué es eterno! Entonces en el exceso de mi alegría exclamé: "Oh Jesús, amor mío, y mi vocación; por fin la he encontrado! ¡Mi vocación es el amor!".

Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

Para muchos de nosotros, el perdón, por nuestra forma de ser, nuestro carácter, la educación recibida o la falta de educación recibida para perdonar, nos resulta difícil, incluso muy difícil.
¿Cómo está la actitud de perdón en mi vida? ¿Hay personas a las que no he perdonado todavía en mi corazón?
¿Guardo una relación correcta entre el «perdonar» y el «no olvidar»?

¿Cuándo mis hermanos se han acercado a corregirme, soy capaz de aceptar la corrección fraternal de estos?

¿En cada una de mis reuniones con mis hermanos estoy convencido de que Jesús está en medio de nosotros?

Oración:

Señor, hoy he comprendido que el amor que he recibido de ti, me debe llevar a amar a mis hermanos como tú me amas a mi.
Quiero santificar tu nombre con mis actos, con mi testimonio de amor, con mi testimonio de perdón.
Queremos participar de tu Reino de amor, tu reino de perdón, que tengamos siempre la disposición de buscarlo.
Te pedimos Señor que se haga tu voluntad en nuestras vidas que podamos actuar cada día para honrar tu nombre.
Danos lo que necesitamos para vivir cada día, que nunca queramos más de lo que necesitamos, que podamos dejar a un lado la vanidad, el orgullo y la soberbia que no nos permiten perdonar.
Perdona Señor las veces que te he ofendido, las veces que he ofendido a mis hermanos, las veces que me he ofendido a mi mismo, porque de igual modo Señor deseo perdonar a aquellos que alguna vez me han hecho daño, y deseo que ellos se encuentren de nuevo en paz conmigo, pero sobre todo contigo Señor.
Ayúdame Señor a no caer en la tentación del orgullo y así poder amar a mis hermanos, hasta luchar, para que todos puedan llegar a ti Señor.
Dame un corazón como el tuyo Señor, que sepa amar, perdonar y estar lleno de la Gracia del amor. Amén.

Lecturas de la semana:

LUNES 8: Miqueas 5, 1-4; Salmo 12; Mateo 1, 18-23.
MARTES 9: Primera Corintio 6, 1-11; Salmo 149; Lucas 6, 12-19.
MIERCOLES 10: Primera Corintio 7, 25-31; Salmo 44; Lucas 6, 20-26.
JUEVES 4: Primera Corintio 3, 18-25; Salmo 23; Lucas 5, 1-11.
VIERNES 5: Primera Corintio 4, 1-5; Salmo 36, Lucas 5, 33-39.
SABADO 6: Primera Corintio 4, 6-16.; Salmo 144; Lucas 6, 1-5.

Nota: Basado en Lectio divina del CEBIPAL, centro bíblico pastoral para América latina, El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

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viernes, 29 de agosto de 2008

Lecturas del Domingo 22 durante el año - Ciclo A -

Lecturas del 31/08/08

Lectura libro del profeta Jeremías 20, 7-9
¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí. Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: “¡Violencia, devastación!» Porque la palabra del Señor es para mí oprobio y afrenta todo el día. Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía. Palabra de Dios

SALMO 62
R. Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.

Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.
Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R.
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R.
Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 12, 1-2

Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer.
No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Palabra de Dios.

Lectura Evangelio según san Mateo 16, 21-27

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá.» Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: « ¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.» Palabra del Señor.

Reflexión

El mensaje cristiano es un mensaje de gozo pascual, pero un mensaje que pasa por el camino de la cruz.
La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de Israel. Fue un momento muy doloroso que le exigió replantear su fe en el Dios de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.
Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta porque ha sido objeto de burla y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. La mayoría de los profetas bíblicos han sufrido experiencias similares a las de Jeremías. Son rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos de ellos tuvieron que sufrir la muerte o el destierro. Pero pudo más la fidelidad a Dios y a su Pueblo que su propia seguridad y bienestar. La Palabra de Dios actúa en el profeta como un fuego abrasador que lo empuja y lo mantiene siempre alerta en el cumplimiento de su misión.
La carta a los romanos nos expresa una verdad mucho más consoladora, pero no por ello menos exigente. Nos exhorta a presentar nuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios. Nos invita a tomar la vida y la vocación como una ofrenda al Dios uno y Trino. Sin embargo, esta exhortación no llega sino después de que ha sido anunciado el "evangelio", es decir, el plan salvífico de Dios en Jesucristo. La gracia del don, precede a la petición de la ofrenda.
El verdadero culto no es el que se reduce a ritos externos sino el que surge de una vida recta y diáfana. El cuerpo, vehículo de la vida interior, debe ser un canto de alabanza y gratitud a Dios. En esto consiste la conversión para Pablo; en una vida totalmente transformada por el Espíritu de Dios, en el cambio de mentalidad, de valores, de horizonte. Sólo así se podrán tener los criterios de discernimiento para buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios.

En el evangelio Cristo anuncia con claridad y exigencia que "es necesario" tomar el camino de la cruz para salvar a los hombres. Quien desee seguir a Cristo fielmente, deberá tomar su cruz y ponerse en marcha.
El evangelio nos muestra un bello esquema catequético «sobre el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz». Jesús pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está estrechamente vinculado a la experiencia dolorosa de la cruz. El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Pero aun los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no han comprendido esta realidad. Ellos están convencidos del mesianismo glorioso de Jesús que se enmarca dentro de las expectativas mesiánicas del momento. Jesús rechaza enfáticamente esta propuesta, pues la voluntad del Padre no coincide con la expectativa de Pedro y los discípulos. Por eso Pedro aparece como instrumento de Satanás delante de Jesús para obstaculizar su misión.
El maestro invita a Pedro a continuar su camino detrás de él porque aún no ha alcanzado la madurez del discípulo. Luego Jesús se dirige a todos los discípulos para señalarles que el camino del seguimiento por parte del discípulo también incluye la cruz. No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del Maestro.
Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin sobresaltos, sin conflictos. Pero si se quiere seguir a Jesús en fidelidad tendremos que enfrentar muchas contradicciones, caminar a contravía de lo que propone el orden establecido, la cultura imperante y la globalización de la exclusión, hay que tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, los privilegios y seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al evangelio.

La vocación cristiana. Pablo VI decía "cada vida es una vocación" porque es una llamada a desempeñar una tarea especial en la construcción del mundo y en la obra de la salvación.
Al hablar de vocación cristiana, nos referimos a una llamada a "vivir en Cristo" y hacer que "Cristo sea todo en todos". La vida cristiana es vocación en el sentido de que Dios inicia con su creatura un diálogo de amor. La hace sentirse amada. Amada eternamente por un amor infinito, y, a la vez, la invita a tomar parte en ese mismo amor que se derrama en los corazones. Vocación cristiana es, pues, la invitación a pasar del terreno inicial del cumplimiento de los mandamientos, al terreno más elevado de la donación, a imitación de Cristo. Vocación-donación-amor que se ofrece, pueden ser tres sinónimos de una misma realidad profunda.
"La razón más profunda de la dignidad humana, (leemos en el documento conciliar Gaudium et spes), está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndole creado Dios por amor, por amor le conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad, si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador". (N° 19). Así pues, la llamada a la comunión con Dios es nuestra vocación esencial como hombres y como cristianos.
La comunión con Dios es nuestra meta final, pero es también una meta que ya se ha iniciado de algún modo aquí sobre la tierra.
Ahora bien, esta vocación en Cristo es una llamada a participar en el misterio pascual. Es decir, a participar en la pasión, muerte y resurrección del Señor. El Señor, al llamarnos a la fe cristiana, no nos ha dejado como simples espectadores pasivos de la redención, sino que nos ha dicho "ven toma parte en la lucha del bien contra el mal, acoge esta singular llamada a redimir conmigo a la humanidad a través de tu propio sufrimiento, de los avatares de tu vida y de tu misma muerte".
El cristiano es un hombre convocado, un hombre llamado a vivir una "nueva vida", la vida en Cristo. Se trata de una llamada divina. No es una iniciativa personal, no es el producto de las obras o méritos personales. Es simplemente un don de Dios. Y este don pasa por la cruz y el sufrimiento, como hemos visto en la vida del apóstol y como vemos en el dramático testimonio de Jeremías.
Si así se mira la vocación cristiana, cambian muchas cosas en nuestra escala de valores. La cruz ya no será aquella triste realidad que hay que evadir a toda costa. No, la cruz será un camino de santificación
Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

¿Cómo vivimos en la familia, en la comunidad cristiana, en cada uno de nosotros los riesgos que implica el seguimiento de Jesús?

Oración:

"Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti".
"Señor, que todo mi corazón se inflame con amor por ti; Haz que nada en mi me pertenezca y que no piense en mi.
Que yo queme y sea totalmente consumido en Ti. Que te ame con todo mi ser, como incendiado por ti".
San Agustín, Comentario al salmo 138

SANTORAL: San Agustín (28 de agosto)

Obispo de Hipona y doctor de la iglesia (354-430) Uno de los cuatro doctores mas reconocidos de la Iglesia Latina. Llamado "Doctor de la Gracia".
Patrón de los que buscan a Dios, teólogos, imprenta. Aparece frecuentemente en la iconografía con el corazón ardiendo de amor por Dios. Nació en África, en lo que hoy es Túnez, en un pueblecito llamado Tagaste.
El niño era un prodigio. Se ha dicho de él que ha sido uno de los cerebros más luminosos de la humanidad. Cuando ya había estudiado todo lo que se podía estudiar, fundó en su mismo pueblo una escuela de lingüística. Sólo tenía 19 años. Más tarde puso otra escuela de retórica, en Cartago, luego le ofrecieron una cátedra en Milán y allí fue. Le había llegado la hora del triunfo total. A los 32 años, después de dar muchas vueltas a su cabeza, se convirtió al cristianismo convencido de que allí estaba la verdad que tanto había buscado durante toda su vida. Al año siguiente, se bautizó, por el obispo San Ambrosio. Enseguida murió su madre, santa Mónica. Entonces volvió a su pueblo, vendió cuanto tenía, lo dio a los pobres y se dedicó durante diez años a una vida de estudio y oración. Fundó un monasterio y luego lo ordenaron obispo de Hipona. Durante treinta y cuatro años, en que ejerció este ministerio, fue un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, con los que contribuyó en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los errores doctrinales de su tiempo. Está entre los Padres más influyentes del Occidente y sus escritos son de gran actualidad. Sus restos mortales se veneran en la Basílica de San Pedro (Pavia, Italia).

Lecturas de la semana:
LUNES 1: Primera Corintio 2, 1-5; Salmo 118; Lucas 4, 16-30.
MARTES 2: Primera Corintio 2, 10-16; Salmo 144; Lucas 4, 31-37.
MIERCOLES 3: Primera Corintio 3, 1-9; Salmo 32; Lucas 4, 38-44.
JUEVES 4: Primera Corintio 3, 18-25; Salmo 23; Lucas 5, 1-11.
VIERNES 5: Primera Corintio 4, 1-5; Salmo 36, Lucas 5, 33-39.
SABADO 6: Primera Corintio 4, 6-16.; Salmo 144; Lucas 6, 1-5.

Nota: Basado en Lectio divina del CEBIPAL, centro bíblico pastoral para América latina, El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

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Círculo Bíblico San José

viernes, 22 de agosto de 2008

Domingo 21 Durante el año - Ciclo A -

Lecturas del 24/08/08

Lectura libro del profeta Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio: Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre. Palabra de Dios.

SALMO 137

R. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos!

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo. R.

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido? Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén. Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.» «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Palabra del Señor.

Reflexión

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” La confesión de Pedro en el evangelio menciona dos verdades fundamentales: la mesianidad y la divinidad de Jesucristo. Es decir, Él es el Mesías, el que había de venir para salvar al pueblo, el ungido del Señor; y Él es el Hijo de Dios.
Jesús se dirige a sus apóstoles y les pregunta: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Los apóstoles responden, sin demasiado compromiso, lo que la gente pensaba de Jesús: unos decían que era Juan el Bautista, otros que Jeremías o alguno de los profetas. En efecto, Jesús ya había realizado varios milagros y había ofrecido diversas predicaciones, su fama empezaba a extenderse. Sin embargo, Jesús desea saber cuál es el pensamiento de sus hombres; Y ustedes ¿quién dicen que soy?La pregunta toca la esencia misma de la relación entre Jesús y sus discípulos. De esta respuesta depende el significado de sus vidas. De esta respuesta depende el sentido del sacrifico que habían hecho al dejar sus bienes y ponerse en seguimiento del maestro. No era, por tanto, una respuesta que se ofrece a la ligera y de modo superficial. Había que meditar antes de hablar. Ella orienta todas las respuestas que nosotros ofrecemos a la identidad de Jesús. Debemos agradecer, sobre todo, al Padre del cielo que revela a Pedro la identidad de su Hijo; “Tú eres el Mesías el Hijo de Dios vivo”.
Jesús es el Mesías, es decir, aquel que Dios ha ungido con el Espíritu Santo para realizar la misión de la salvación de los hombres y su reconciliación con Dios. Jesús es quien viene a instaurar el Reino de Dios. El esperado por las naciones.
La palabra Mesías significa “ungido”. En Israel eran ungidos en el nombre de Dios, los consagrados para una misión que habían recibido de él. Este era el caso de los reyes (cf. 1 S 9, 16; 1 R 1, 39), de los sacerdotes (cf. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente, de los profetas (cf. 1 R 19, 16). Éste debía ser el caso por excelencia del Mesías, que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (cf. Sal 2, 2; Hch 4, 26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (cf. Is 11, 2) a la vez como rey y sacerdote (cf. Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta (cf. Is 61, 1; Lc 4, 16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 436). Los ángeles anunciaron a los pastores; Os ha nacido en la ciudad de Belén un salvador, que es Cristo (el Mesías, el ungido) el Señor (Lc 2,11). Jesús es quien el Padre ha santificado y lo ha enviado al mundo. Esta consagración mesiánica manifiesta su misión divina: Jesús ha venido para glorificar al Padre y salvar a los hombres, siguiendo el plan divino.
Jesucristo es el Hijo de Dios vivo: en este caso, la palabra: Hijo de Dios, no tiene sólo un sentido impropio en el que se subraya una filiación adoptiva, sino un sentido propio. Es decir, aquí Pedro reconoce el carácter trascendente de la filiación divina, por eso, Jesús afirma solemnemente: “esto no te lo ha revelado la carne, ni la sangre sino mi Padre que está en el cielo”. No se equivoca Pablo al exponer, después de una larga meditación sobre el misterio de la salvación, que los planes divinos son inefables: qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento de Dios. Efectivamente cuando uno contempla el plan de salvación y comprende, en cuanto esto es posible, que Dios se ha encarnado por amor al hombre, no queda sino prorrumpir en un canto de alabanza y en una disponibilidad total al plan divino.
Hijo de Dios, en el Antiguo Testamento, es un título dado a los ángeles (cf. Dt 32, 8; Jb1, 6), al pueblo elegido (cf. Ex 4, 22;Os 11, 1; Jr 3, 19; Si 36, 11; Sb 18, 13), a los hijos de Israel (cf. Dt 14, 1; Os 2, 1) y a sus reyes. Significa entonces una filiación adoptiva que establece entre Dios y su criatura unas relaciones de una intimidad particular. Cuando el Rey Mesías prometido es llamado "hijo de Dios", no implica necesariamente, según el sentido literal de esos textos, que sea más que humano. Los que designaron así a Jesús en cuanto Mesías de Israel (cf. Mt 27, 54), quizá no quisieron decir nada más.Sin embargo, es distinto el caso que ahora nos ocupa; Pedro pudo reconocer el carácter transcendente de la filiación divina de Jesús Mesías. Los Evangelios narran dos momentos solemnes, el bautismo y la transfiguración de Cristo, en los que la voz del Padre lo designa como su "Hijo amado" (Mt 3, 17; 17, 5). Jesús se designa a sí mismo como "el Hijo Único de Dios" (Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna (cf. Jn 10, 36). Pide la fe en "el Nombre del Hijo Único de Dios" (Jn 3, 18). Esta confesión cristiana aparece ya en la exclamación del centurión delante de Jesús en la cruz: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39), porque solamente en el misterio pascual es donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno del título "Hijo de Dios".
La profesión de fe de Pedro
(Audiencia General del 7 de junio de 2006)Fuente: Zenit. Al final de la audiencia, el Papa Benedicto XVI dijo:
“En el Evangelio hemos escuchado cómo Jesús, al preguntar a sus discípulos, Pedro responde en su nombre: «Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo». Ante esta confesión de fe, Jesús define el papel de Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia... Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Estas tres metáforas, «piedra», «llaves», «atar y desatar», son muy claras y pueden considerarse la expresión de lo que después se llamaría el «primado de jurisdicción». Esto refleja el papel preeminente que Pedro tuvo en la primera comunidad cristiana, como se narra en los Hechos de los Apóstoles.”

Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

- La pregunta de Jesús “y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”, también va dirigida a nosotros, a la Iglesia de hoy, a mi comunidad, a mí.
¿Quién digo yo, que es Jesús? ¿Qué es Jesús para mí?
¿Que significa en mi vida de todos los días creer que Jesús es el hijo del Dios vivo hecho hombre?

Oración: IRRADIANDO A CRISTO

Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con tu Espíritu y Vida.Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.
¡Permite que no me vean a mí sino solamente a Jesús!
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezcasobre los demás a través de mí.Brillando sobre quienes me rodean,permíteme alabarte como mas te gusta.
Permíteme predicarte sin predicar,no con palabras sino a través de mi ejemplo,a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga,de la inefable plenitud del amorque existe en mi corazón por Ti Amén. Oración que rezan las Misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa) después de la misa cada día.


Año Paulino:


Pablo dirá a propósito de su conversión en el camino de Damasco: "Cuando Aquél que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su Gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciase entre los gentiles..." (Ga 1,15-16). "Y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios" (Hch 9, 20). Este será, desde el principio (cf. 1 Ts 1, 10), el centro de la fe apostólica (cf. Jn 20, 31) profesada en primer lugar por Pedro como cimiento de la Iglesia.

Lecturas de la semana:

LUNES 25: Segunda Tesalónica 1, 1-5.11-12; Salmo 95; Mateo 23, 13-22.
MARTES 26: Segunda Tesalónica 2, 1-3.14-17; Salmo 95; Mateos 23, 23-26.
MIERCOLES 27: Segunda Tesalónica 3, 6-10-16-18; Salmo 127; Mateo 23, 27-32.
JUEVES 28: Primera Corintio 1, 1-9; Salmo 144; Mateo 24, 42-51.
VIERNES 29: Jeremías 1, 17-19; Salmo 70, Marcos 6, 17-29.
SABADO 30: Segunda Corintio 10, 17-11.2.; Salmo 148; Mateo 13, 44-46.

Nota: Basado en Lectio divina del CEBIPAL, centro bíblico pastoral para América latina, El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano.
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lunes, 18 de agosto de 2008

Lecturas del domingo 20 durante el año - CicloA -

Domingo 17 de agosto de 2008

Lectura libro profeta Isaías 56, 1. 6-7

Así habla el Señor: Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos. Palabra de Dios.

Salmo 66

R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R
Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 13-15. 29-32

Hermanos:
A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida? Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. Palabra de Dios.

Lectura S. Evangelio S. Mateo 15, 21-28

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.»
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: « ¡Señor, socórreme!»
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.» Ella respondió: « ¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó curada.
Palabra del Señor.

Reflexión

El tema de la universalidad de la salvación aparece de modo especial en las lecturas de este domingo.
El tercer Isaías expone la situación de los judíos deportados que, después de haber convivido con pueblos extranjeros en el exilio -desde el 587 hasta el 538-, vuelven a la patria y encuentran otros pueblos que habitan su tierra. En el exilio intentaron mantener su fe permaneciendo unidos en torno a los sacerdotes y los escribas pero, sin la presencia del templo, anhelaban siempre el retorno a la ciudad de David y a la Casa del Señor. Una vez vueltos a su tierra, encuentran pueblos extranjeros que habitan en ella. Advierten que se ha creado un nuevo estado de cosas, que les obliga a reflexionar y a adoptar una nueva actitud hacia aquellos pueblos. El oráculo del libro de Isaías que hoy leemos, trata de dar respuesta a esta circunstancia: “Aquellos extranjeros que se adhieran al Señor, ofrezcan sacrificios, se abstengan de profanar el sábado, serán acogidos en el templo y el Señor escuchará sus plegarias. La Casa del Señor (el templo) se llamará casa de oración para todos los pueblos.
El tema de la universalidad de la salvación se presenta también en la carta a los romanos. El razonamiento de Pablo era sencillo y claro. Todos han desobedecido a Dios, judíos y paganos. Por lo tanto dice san Pablo, la salvación es para todos: judíos y paganos.
En el evangelio vemos a Cristo mismo realizar un milagro en favor de una “cananea”, una mujer pagana. El Señor deja bien sentado que debe ceñirse a su misión “en la casa de Israel”, pero al mismo tiempo muestra que la salvación posee un carácter universal.
Narra San Mateo que Jesús se retiró con sus discípulos a tierras de gentiles, en la región de Tiro y de Sidón. El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginada por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con los que Jesús estaba realizando su misión. La mujer extranjera rompe todos los esquemas de cortesía y buen gusto que en las sociedades antiguas tenían un carácter no sólo indicativo sino obligatorio. Existían reglas estrictas para controlar el trato entre una mujer y un varón que no fuera de la propia familia. Los gritos desesperados de la mujer y sus exigencias ponían los pelos de punta no solo a los discípulos sino al evangelista que nos narra este relato. Con todo, la escena nos conmueve porque muestra cómo la auténtica fe salta todos los esquemas y persigue, con vehemencia, lo que se propone.
Los discípulos, desesperados más por la impaciencia que por la compasión, median ante Jesús para ponerle fin a los ruegos de la mujer. El evangelista, entonces, pone en labios de Jesús una respuesta típica de un predicador judío: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», para explicar cuál debería ser la actitud de Jesús. Por fortuna, la mujer, haciendo a un lado los prejuicios raciales ajenos, corta el camino a Jesús y lo obliga a dialogar. Cuál no sería la sorpresa de Jesús al encontrar en esta mujer, sola y con una hija enferma, una fe que contrastaba con la incredulidad de sus paisanos. Como Elías al comienzo de su misión, Jesús comprende que aunque la misión comienza por casa, no puede excluir a aquellos auténticos creyentes en el Dios de la Solidaridad, la Justicia y el Derecho.
Es importante subrayar que la fe de la que se habla, es una respuesta a la revelación de Dios. Ante un Dios que se revela la respuesta apropiada es la obediencia de la fe. La “cananea” cruzaba de este modo, no sólo la frontera geográfica del pueblo judío, sino se adhería de un modo incipiente, pero profundo, a la revelación en Cristo. Ella se refiere a Jesús con el mismo título que se daba al futuro rey de Israel: Hijo de David y añade otro título con el que los discípulos se dirigían a Jesús: Señor. La grandeza de la fe de la cananea reside en penetrar en el corazón misericordioso de Jesús, para descubrir que Dios quiere que todos los hombres se salven.
San Agustín dice que por la perseverante insistencia de la mujer cananea, y su gran humildad, aquella mujer “fue transformada” y mereció sentarse a la mesa con los hijos, conquistó el corazón de Dios, recibió el don que pretendía y una gran alabanza del Maestro: “¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase como tú quieres”.

Nosotros, sí queremos servir al Señor, hemos de desear y pedirle con insistencia la virtud de la humildad. Para que nos ayude a desearla de verdad, a tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad.
La palabra humildad tiene su origen en la latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas. En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra pequeñez e indigencia ante Dios.
La mujer cananea no se sintió humillada ante la comparación de Jesús, señalándole la diferencia entre los judíos y los paganos; era humilde y sabía su lugar frene al pueblo elegido; porque fue humilde, no tuvo inconveniente en perseverar a pesar de haber sido aparentemente rechazada, en postrarse ante Jesús... Por su humildad, su audacia y su perseverancia tuvo una gracia tan grande. Nada tiene que ver la humildad con la timidez, la pusilanimidad o con una vida mediocre y sin aspiraciones. La humildad descubre que todo lo bueno que existe en nosotros, tanto en el orden de la naturaleza como en el orden de la gracia, pertenece a Dios, porque de su plenitud hemos recibido todos; y tanto don nos mueve al agradecimiento.
“A la pregunta ‘¿cómo he de llegar a la humildad?’ corresponde la contestación inmediata: “Por la gracia de Dios”. Quien es humilde no necesita demasiadas alabanzas y elogios en su tarea, porque su esperanza está puesta en el Señor; y Él es, de modo real y verdadero, la fuente d e todos sus bienes y su felicidad: es Él quien da sentido a todo lo que hace.

Pidámosle al Espíritu santo que nos guie y asista para que las palabras dichas a Jesús por parte de esta mujer y la respuesta de Jesús a ella, hagan eco en nuestro corazón y nos aumenten en gracia y sabiduría para amar cada vez más la palabra de Dios.

Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

Ante el mal que padecía su hija y el dolor de la situación, la fe de la mujer cananea, su humildad y su perseverancia, la han llevado a obtener el favor de Dios.
· En las situaciones de adversidad, ¿Pido el auxilio de Dios? ¿Tengo tanta fe en el Señor que estoy seguro que el puede sanar todas las enfermedades?
· ¿He sido perseverante en mi oración, o cuando veo que las cosas parecieran no cambiar me desanimo? ¿Deposito realmente mi confianza en Jesús?
· ¿Soy capaz de romper esas barreras que me separan del próximo para ayudar a quien lo necesite?

Oración

Jesús mi maestro, cada vez que me encuentro con tu palabra, descubro una nueva luz para afrontar la vida.
Quiero pedir perdón, porque muchas veces discrimino a los demás, he puesto barreras y me he sentido superior a todos.
Pero he aprendido Señor que tú rompes las barreras y que para ti solo es importante la fe. Quiero ser hoy como esta mujer cananea y reconocerte como el Mesías, el que todo lo puedes, el Hijo de Dios.
Pongo mi entera confianza en ti Jesús, y te pido perdón por las veces que no he perseverado en la oración.
Por las veces que he dejado que la desesperación se apropie de mi corazón y que no he sabido esperar con paciencia tus respuestas Señor.
Te pido Señor que tengas misericordia de mi, que escuches mi súplica y que sanes mi alma,
Que aprenda a ser un discípulo verdadero y que a ejemplo de la mujer cananea, pueda yo tener un poco de su fe y de su humildad. Amén.

Año Paulino: recordamos 1 Corintios 9, 16-17

“Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión”

Lecturas de la semana:

LUNES 18: Ezequiel 24, 15-24; Salmo Deuteronomio 32, 18-21; Mateo 19, 16-22.
MARTES 19: Ezequiel 28, 1-10; Salmo Deuteronomio 32, 26-36; Mateos 19, 23-30.
MIERCOLES 20: Ezequiel 34, 1-11; Salmo 22; Mateo 19, 30-20.16.
JUEVES 21: Ezequiel 36, 23-28; Salmo 50; Mateo 22, 1-14.
VIERNES 22: Ezequiel 37,1-14; Salmo 108, Mateo 22, 34-40.
SABADO 23: Ezequiel 43, 1-7a.; Salmo 84; Mateo 23, 1-12.

Nota: Basado en Lectio divina del CEBIPAL, centro bíblico pastoral para América latina, El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano.

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