Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Domingo 33° Durante el año, “Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria”

Lecturas del 15/11/09 – Ciclo B –


Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno.

Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. Palabra de Dios.

SALMO 15

R. Protégeme , Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.

Lectura carta a los Hebreos 10, 11-14. 18

Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies.

Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica. Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna otra oblación.

Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32

Jesús dijo a sus discípulos: «En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.» Palabra de Dios

Reflexión:

Cercanos ya, al final del año B, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del Antiguo Testamento y del Evangelio, textos relativos al final de los tiempos y nos propone meditar sobre el tema de la esperanza.

En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, en cuanto a la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy es subversivo, para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces, que a fuerza de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

En el libro de Daniel encontramos el primer pasaje del Antiguo Testamento donde se afirma con claridad la fe en la resurrección de los muertos. En Israel nunca se creyó en la resurrección de los muertos, sin embargo en los últimos tiempos antes de la llegada del Mesías, el convencimiento que el Dios piadoso no podía dejar afuera a aquellos que habían dado su vida por la causa del Reino, los llevó a expresar que Dios los resucitaría de entre los muertos y les daría la vida en plenitud.

El Evangelio lo podemos dividir en tres partes:

Versículos 24 al 27: la vuelta del Hijo del Hombre.

Versículos 28 al 31: la enseñanza de la higuera.

Versículo 32: el día y la hora de la Segunda Venida de Cristo.

En la primera parte puede que asusten las imágenes que se nos brindan. Hay toda una “conmoción” cósmica. Esto es propio del lenguaje apocalíptico que utiliza esta forma para describir las intervenciones poderosas de Dios en la historia.

Por otra parte no debe importar en primer lugar las llamativas señales, sino la venida de Jesucristo, el Hijo del Hombre que viene con poder y gloria a reunir a todos sus discípulos. La presencia poderosa, sublime y solemne del Señor debe dar tranquilidad a nuestros corazones y llenarnos de esperanza.

En la segunda parte se busca aplicar a la vida lo que se nos ha narrado en la parte anterior. Y el Señor utilizará una especie de imagen parabólica tomada de la realidad cotidiana de los palestinenses. Cuando la higuera comienza a echar ramas tiernas y hojitas nuevas se sabe que se está acercando el verano. De la misma forma que en la naturaleza se pueden detectar las estaciones climáticas, los discípulos del Señor deben aprender a mirar la realidad para detectar que la Segunda Venida de Cristo es inminente.

La frase del versículo 30 no hace referencia al fin del mundo sino al fin de Jerusalén que en el año 70 será destruida por las tropas de los romanos. No hay que confundirse y generar falsas profecías…

En el versículo 31 el Señor ratifica que todo pasará pero que su Palabra permanecerá firme y estable para siempre.

En la tercera parte queda absolutamente claro que no se sabe ni el día ni la hora del fin del mundo. Esto es importante registrarlo dado que cada tanto aparece algún supuesto iluminado que pretende saber el día del fin del mundo. Jesús es claro: nadie lo sabe… ni siquiera en ese momento Él mismo en su naturaleza humana… Por supuesto que en cuanto Dios glorioso y eterno todo le es conocido…

Pues bien, en línea con al Antiguo Testamento, Jesús describe no tanto la caída de un imperio, sino que para Él lo más importante es anunciar los efectos liberadores de su evangelio; y es que el evangelio de Jesús debe propiciar en efecto el resquebrajamiento de todos los sistemas injustos que de uno u otro modo se van erigiendo como astros en el firmamento humano.

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte.

Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y a su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, el Mesías (cuyo «secreto» se mantiene a lo largo de todo el evangelio) sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de Él, implica además, tomar el lugar de Él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

Un final feliz para el cristiano. Jesucristo al hablar de la hora final, según el evangelio de Marcos, menciona sólo a los elegidos; de los condenados, si es que hubiere, cosa que nos es desconocida, no se nos dice nada en Marcos. El último día se cerrará con un final feliz. ¡Que lo sepan y tengan presente todos los profetas de calamidades!

La suerte final de cada hombre está envuelta en el misterio más absoluto (sabemos solamente que están en el cielo los santos canonizados), pero un final como el del evangelio de hoy infunde un gran consuelo y una extraordinaria confianza en el poder y en la misericordia de Dios.

Porque hemos de saber que no sólo estamos en espera en este mundo, sino que somos esperados en el otro, primeramente por Dios, pero luego por la santísima Virgen María, por los santos, por nuestros familiares, por todos nuestros seres queridos.

Todos los que nos esperan están interesados en que nuestra vida termine bien, en que la historia de la humanidad y del universo culmine con un final feliz solemne y general.

Para eso Cristo, nuestro sumo Sacerdote, murió en una cruz y ahora, entronizado junto a su Padre, nos espera para darnos el abrazo de la comunión definitiva y perfecta.

Nos lo dará si nos dejamos santificar por él, es decir, si permitimos que haga fructificar los frutos de su redención en nosotros.

Preguntas para la meditación:

“Nadie sabe el día ni la hora, sólo el Padre”. Entonces a nosotros sólo nos cabe prepararnos para la segunda venida de Cristo con la simplicidad de quien construye el Reino de Dios desde lo cotidiano. Si la Segunda Venida de Cristo fuera hoy:

¿Estaría listo para que los ángeles del Señor me reúnan como uno de sus discípulos y seguidores?

¿En qué cosas sí y cuáles tal vez no?

Jesús nos dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

¿Qué significa para mí hoy que su Palabra permanezca para siempre?

Como discípulo: ¿dejo que su Palabra sea la raíz de mi vida espiritual?

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte.

¿Cuál es mi compromiso real y concreto en la transformación del orden de cosas actual, para que llegue el nuevo orden, el futuro orden, el «otro mundo posible», el «sueño de Dios»?.

Oración:

Hoy vamos a proponernos descubrir en nuestra vida los signos de un Dios que actúa, como en la higuera, vamos a responder a ese Dios que nos sale al encuentro y nos pide un cambio constante para construir una sociedad más armónica y justa, y vamos a dejar en manos de Dios la justicia total.

Los cristianos confiamos en la providencia de Dios y creemos con firmeza que habrá una justicia perfecta, tanto para nosotros como para los otros. Pero cómo Dios ejerce o ejercerá esa justicia, no lo sabemos.

Hoy vamos a pedirle al Señor que acreciente en nosotros la confianza y la esperanza, en su venida y en su Reino, y que nos enseñe a entregarnos generosamente en la parte de la construcción del Reino que nos toca a nosotros.

Lecturas de la semana:

LUNES 16: 1Mac. 1, 10-15.41-43.54-57.62-64; Sal. 118; Lc. 18, 35-43.

MARTES 17: 2 Mac. 6, 18-31; Sal. 3; Lc. 19, 1-10.

MIÉRCOLES 18: 2Mac. 7, 1. 20-31; Sal. 16, Lc. 19, 11-28.

JUE VES 19: 1Mac. 22, 15-29; Sal. 49; Lc. 19, 41-44.

VIERNES 20: .1Mac. 4, 36-37. 52-59; Sal. 1Crón. 29, 10.11.12; Lc. 19, 45-48.

SABAD 21: Zac. 2, 14-17; Sal. Lc. 1, 46-47.48-49.50-51.52-53.54-55; Mt. 12, 46-50.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

“… dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”

Lecturas del 8/11/09 – Ciclo B –

Domingo 32° Durante el año


Lectura del primer libro de los Reyes 17, 8-16

Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: “Ve a Sarepta, que pertenece Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento” El profeta Elías partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber.» Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: «Tráeme también en la mano un pedazo de pan.» Pero ella respondió: «¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos.»

Elías le dijo: «No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo.»
Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías. Palabra de Dios
.


SALMO 145

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos y protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.


Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio. Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

Jesús enseñaba a la multitud: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad.» Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir.» Palabra del Señor


Reflexión:

Las lecturas de este domingo nos llevan a reflexionar sobre una actitud de generosidad disponible, confiada y que ante Dios el valor de las acciones consiste más en la rectitud de intención y la generosidad de espíritu, que en la cantidad que se da. El dar implica renuncia, desprenderse no solamente de lo que abunda y sobra, sino desde la misma escasez. San Juan de la Cruz nos dice, que Dios no mira lo que le ofrecemos, sino el amor con que se lo ofrecemos.

La generosidad es la actitud de la viuda de Sarepta, que no duda en dar una galleta a Elías a costa de su propio sustento. Es también la actitud de la viuda, observada únicamente por Jesús, que deposita todo su haber en el templo, por más que fuera un valor monetario muy pequeño. Es sobre todo la actitud de Jesús que se entrega hasta la muerte, de una vez para siempre, como víctima de rescate y salvación.

Las mujeres viudas en los tiempos del profeta Elías (siglo IX a. C.) y de Jesús, nos indican precariedad, no pocas veces la viudez iba unida a la pobreza, e incluso a la mendicidad. Sin embargo, los textos sagrados no nos presentan estas dos buenas viudas como ejemplo de pobreza, sino como ejemplo de generosidad. En los tres años de sequedad que cayó sobre toda la región, a la viuda de Sarepta le quedaban unos granos de harina y unas gotas de aceite, para hacer una galleta con que alimentarse ella y su hijo, para luego morir. En esa situación, ya humanamente dramática, Elías le pide algo inexplicable, heroico: que le dé esa hogaza que estaba a punto de meter en el horno. La mujer accede., hay una especie de instinto divino que la mueve a obrar así. Es el don de la generosidad que Dios concede a los que poco o nada tienen. No piensa en su suerte; piensa sólo en obedecer la voz de Dios que le llega por medio del profeta Elías. Este gesto de la viuda tiene un final feliz: no faltó harina en la tinaja ni aceite en la jarra. Significa esto que cuando se comparte con generosidad lo poco que se tiene, parece que se multiplicara, y esa es una de las características principales del pobre.

En esa situación de extrema urgencia, el profeta hace ver que sólo Yahvé es la salvación para el pueblo, y que esa salvación de la que está urgido el pueblo de Dios la realizará con y desde los desheredados, con los pobres.

Comienza el pasaje del Evangelio con la censura del Señor a la actitud de los fariseos, que por aparentar ante los demás simulan una falsa santidad. El Señor les hecha en cara que fingen hacer largas oraciones. Quiere recordarnos con esto que la santidad, no consiste precisamente en las oraciones que hagamos, sino en el espíritu con que las hagamos, además, que si la oración no conlleva un auténtico espíritu de ofrenda al Padre, si solamente se reduce a la recitación material de unas fórmulas, sin que el corazón sea el fundamento de lo que los labios pronuncian, en ese caso la oración es falsa.

A continuación de las correcciones que el Señor hace a aquellos que no son sinceros, y que simulan lo que no son, el pasaje del Evangelio nos ofrece un contraste muy claro entre las obras de los fariseos, y la obra sencilla, humilde e insignificante de la pobre viuda. Ellos obran para ser vistos. La mujer trata de pasar inadvertida. Ellos se enriquecen, incluso a costa de los bienes de las pobres viudas. Ella se empobrece, ofreciendo para el culto todo lo que tenía.

La contribución al culto puede hacerse, ofreciendo lo que a uno le sobra, o despojándose más bien, aun a costa de sacrificio, de lo más necesario para vivir. ¡Qué distinto nivel de generosidad, que lleva implícito una diferencia enorme en el nivel de amor!

Lo que da valor a la ofrenda que se presenta a Dios no es lo material, sino la espiritualidad de quien ofrece lo material.

El episodio del templo dio ocasión para que el Señor dé una enseñanza en la que quiere resaltar la importancia de lo que aparentemente es insignificante. Usa una expresión que podría parecernos paradójica: la pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los ricos.

El desprendimiento efectivo de los bienes supone una privación. Un desprendimiento que no cuesta es poco real. El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud frente a los bienes materiales. Se tienen y se usan no como si fueran un fin, sino como un medio para servir a Dios, a nuestra familia, y a nuestro prójimo. El fin del cristiano no es tener cada día más.

La generosa preocupación que vivían los primeros cristianos y que San Pablo enseñó a vivir también en las comunidades que iba fundando, es un ejemplo de permanente vigencia.

Jamás podemos mirar las necesidades de los demás con indiferencia, sin preocuparnos por remediarlas en la medida que nos sea posible. La generosidad en la ayuda a personas necesitadas ha sido siempre una manifestación del desprendimiento: Limosna, no solo de lo superfluo, sino de lo que falta, como le faltaba a la viuda pobre del evangelio. La limosna, hecha con generosidad, es más útil para quien la hace que para quien la recibe.

Examinemos si somos generosos con lo que tenemos, con nuestros bienes materiales y espirituales. Con nuestro tiempo, con nuestros conocimientos, con nuestra limosna.

Vamos a pedir hoy a nuestra Madre, a ella que a lo largo de su vida se entregó siempre con generosidad, que a su ejemplo sepamos ser auténticamente generosos en el servicio a Dios y a nuestro prójimo. Consideremos la generosidad una gracia de Dios, y pidámosla con sencillez de corazón, pero también con insistencia. Que Dios no la negará a quien se la pida de verdad. Son muchos los que tienen necesidad y se beneficiarán de nuestra generosidad.


Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Generoso, ¿hasta dónde? En este asunto, no hay leyes matemáticas. El principio fundamental está claro; da, sé generoso. ¿Qué dar, hasta dónde llegar en la generosidad?, no admite una sola y única respuesta. Serán las circunstancias las que irán marcando ciertas pautas a nuestra generosidad: por ejemplo, un terremoto, una inundación destructora, una epidemia, etc. Sobre todo, será el Espíritu de Dios el que irá indicando a cada uno, en el interior de su conciencia, las formas y el grado de llevar a cabo acciones generosas, nacidas del amor, nacidas del corazón. Lo importante es que ninguno de nosotros diga jamás: "hasta aquí". No es posible poner límites al Espíritu de Dios.

Cristiano, si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da de ese poco, pero tanto en un caso como en otro, hazlo con toda la sinceridad y generosidad de tu corazón. A los ojos de Dios eso es lo que más cuenta. Es de esperar que también a tus propios ojos.
No está mal que nos examinemos y preguntemos:

¿Estoy dando todo lo que puedo? ¿Estoy dando todo lo que el Espíritu Santo me pide que dé?

¿Estoy dando como debo dar: desprendidamente, generosamente, sin buscar compensaciones?

Además el evangelio de este domingo nos invita a preguntarnos:

¿Cómo es mi oración?; ¿es suficientemente atenta?

¿Es, suficientemente llena de espíritu, surge del corazón?


Oración:

Dios Madre-Padre nuestro, que nos has mostrado tu gusto por la autenticidad, la entrega generosa y la coherencia entre la fe y la vida: robustece nuestra fe, fortalece nuestra sinceridad, y ayúdanos a estar, como Jesús, siempre atentos al amor de los pequeños. Nosotros te lo pedimos por Jesús, nuestro Hermano Mayor, Transparencia tuya. Amén.

Lecturas de la semana:

LUNES 9. Ez. 47, 1-2. 8-9. 12; Sal 45; Jn. 2. 13-22.

MARTES 10: Sb. 2, 23—3, 9, Sal. 33; Lc. 17, 7-10.

MIÉRCOLES 11: Sb 6, 1-11; Sal. 81, Lc. 17, 11-19.

JUE VES 12: Sb. 7, 22—8, 1; Sal. 118; Lc. 17, 20-25.

VIERNES 13: .Sb. 13, 1-9; Sal. 18; Lc. 17, 26-37.

SABAD 14: Sb. 18, 14-16; 19. 6-9; Sal. 10, Lc.. 18, 1-8

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

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sábado, 31 de octubre de 2009

Domingo 31° durante el año, «Felices los que tienen….»

Lecturas del 1/11/09 – Ciclo B –

Domingo 31° Durante el año

«Felices los que tienen….»

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro Angel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:
«No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios.»
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.

Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!» Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?» Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor.» Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.»

Palabra de Dios.


SALMO 23

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos. R.

El recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

Primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él.

Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Mateo 4,25-- 5, 12

Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Palabra del Señor.

Reflexión

Bienaventurado quiere decir feliz, dichoso. Jesús nos enseña aquí cómo la felicidad no depende de lo que el hombre tiene, sino de lo que es, y que la felicidad no está condicionada a los acontecimientos, - la riqueza, el placer, la salud - ni tampoco a la actitud de los demás hombres hacia nosotros, - si nos quieren o nos ofenden-, sino al modo en cómo reaccionamos frente a ellos. La felicidad profunda que Jesús nos promete tiene en definitiva, su fuente en Dios.

A propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad; en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.

El libro del Apocalipsis nos habla del tiempo presente como el tiempo del perdón, el tiempo que hay que “imprimir el sello de Dios en la frente de todos sus siervos”, el tiempo de la predicación evangélica, de la misión. En un segundo momento el apóstol contempla el cielo, ve una multitud inmensa que “ha lavado sus vestiduras en la sangre del cordero”, han pasado por la “gran tribulación”. Son los santos que, después de su gesta terrena, adoran eternamente a Dios en el cielo

En la segunda lectura San Juan nos vuelve a hablar de nuestra vocación de ser santos, podemos tener esperanza, a pesar de las apariencias tristes de este mundo, porque el Señor nos ha amado y nos ha llamado a ser sus hijos. Nos ha llamado con una vocación santa para darle gloria y vivir eternamente con Él en el cielo

El Sermón de la Montaña tiene un particular significado en la vida de Jesús porque el Señor se presenta como el nuevo legislador, el nuevo Moisés. Moisés había subido a la montaña a traer los Mandamientos del Antiguo Testamento, y el Señor acá recoge las promesas hechas al pueblo elegido, pero las perfecciona ordenándolas, no solo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los Cielos. Las bienaventuranzas son como un resumen de toda la predicación de Jesús, que nos da en ellas una imagen completa del verdadero discípulo, de aquel que refleja la verdadera imagen del Señor.

En las bienaventuranzas, Jesús no promete la felicidad y la salvación a determinadas clases de personas, sino a los que lo sigan e imiten su vida. Para entrar en el Reino de los Cielos, el Señor anuncia que es necesario un estilo nuevo, una manera distinta de comportarse.

Bienaventurados los pobres de espíritu, dice el Señor, y nos enseña que para seguirlo a Él es necesario tener el alma libre de todo apegamiento: del amor a sí mismo, en primer lugar; de la excesiva preocupación por la salud; del futuro, de las riquezas y los bienes materiales. La pobreza de espíritu que pide el Señor la practicamos cuando ponemos nuestro tesoro en Dios y utilizamos las cosas como simples medios. El gran valor que nos descubre Jesús es que debemos comunicar y compartir los bienes materiales.

Más que una condición social, esta pobreza expresa la actitud personal de indigencia y humildad ante Dios; es pobre el que acude a Dios sin considerar los méritos propios y confía sólo en el Señor para ser salvado. Y esto exige un desprendimiento real de los bienes materiales y una austeridad en el uso de ellos.

Bienaventurados los que lloran porque serán consolados. El Señor promete que los que llevan cruces en la vida - enfermedades, dolores - con Él, no se harán pesadas. La Fe convierte en bien todo lo que podría parecer un mal irremediable.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra, nos dice el Señor. Los mansos no son los blandos ni los tibios. La mansedumbre está apoyada sobre una gran fortaleza de espíritu. Ella implica en su ejercicio continuos actos de fortaleza. De manera semejante a como los pobres, según nos enseña Jesús, son los verdaderos ricos, los mansos son los verdaderos fuertes. Mansos son los que sufren con paciencia las persecuciones injustas; los que en las adversidades mantienen el ánimo sereno, humilde y firme, y no se dejan llevar por la ira y el abatimiento. Los mansos poseerán la tierra.... Y primero, se poseerán a sí mismos, porque no serán esclavos de sus nervios, de su mal carácter.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Las Escrituras llaman justo a quien se esfuerza con sinceridad en cumplir la voluntad de Dios. Y Dios colma con su Vida a quien desea esa Vida del Señor y pone los medios para alcanzarla.

Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Cada página del Evangelio es una muestra de la misericordia de Dios por los hombres. Pero Jesús nos reclama que también nosotros tengamos un corazón grande para quienes nos rodean.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. El Señor nos enseña que la raíz de la bondad o la malicia están en el corazón, es decir, en el interior del hombre, en el fondo de su espíritu. El hombre entero queda manchado o enriquecido por lo que ocurre en su corazón: malos deseos, envidias, rencores.... o pensamientos indulgentes, compasivos... Nuestra actitud externa es solo reflejo de nuestro interior.

Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. La verdadera paz llegó al mundo con la encarnación del Hijo de Dios. Jesús repitió muchas veces: La paz sea con vosotros, Mi paz os dejo, mi paz os doy. Y ahora nos dice a nosotros: felices aquellos que reconcilian a los que pelean, aquellos que apagan el odio y unen lo que está separado, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

¿Qué es la Santidad, en qué consiste?

¿En estos tiempos que me toco vivir, considero que es posible alcanzar la meta de nuestra santificación a los ojos de Dios? ¿Por qué?

¿Como vivo las Bienaventuranzas que me dejó el Señor?

¿Las Bienaventuranzas son mi carta de navegación en el día a día, en los diferentes ambientes en que vivo?

SANTORAL: Solemnidad de todos los santos

Esta celebración tuvo su origen en Oriente en el siglo IV. La instituyó en Roma, Bonifacio IV, en el siglo VII, en honor de la Virgen y de los mártires, consagrándoles el templo llamado Panteón de Agripa, y que pasó a llamarse de Santa María y de todos los mártires. Gregorio IV, ordenó en el año 835 que la fiesta se celebre en honra de todos los santos del cielo y mandó que se realizase en toda la cristiandad.

Varias fueron las razones para realizar esta fiesta: rescatar para la veneración y el recuerdo a aquellos cuyos nombres por falta de documentos se hubiesen omitido y que sólo son conocidos por Dios; alcanzar por su intercesión las gracias que necesitamos y tener siempre presentes estos modelos de conducta para tratar, en lo posible, de imitarlos y lograr de ese modo la bienaventuranza.

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, fue creado para la santidad. La multitud de santos, algunos canonizados y otros no, son las personas que más se acercan a esa imagen y semejanza de Dios.

Pero los santos "no nacieron santos". Se santificaron en la lucha diaria, se ha dicho que los santos son el Evangelio en acción, y el Evangelio el libro de texto de la escuela de la santidad.

Los santos tenían carne y huesos como todos nosotros. Estaban sujetos a todos los sentimientos buenos y malos. Hay en cambio un defecto que no tienen los santos, "la tristeza".

Se cuenta que san Francisco de Asís, ordenó a sus frailes que mandaran al diablo la tristeza. "Un santo triste, es un triste santo". Santa Teresa de Ávila, era violenta e impulsiva, pero muy simpática. Ella decía: "Tengo más miedo a una persona triste que a una legión de demonios: Nada nos hace tanto daño como vivir tristes".

San Ignacio de Loyola llegó hasta a decir que donde reina la alegría allí está Dios, pero que donde siempre hay tristeza, por allí debe andar satanás.

San Francisco de Sales enseñaba que "cuando el espíritu del mal no logra que una persona sea mala y viciosa, por lo menos trata de obtener que no sea alegre y que viva triste, porque en el pozo negro de la tristeza se crían todos los malos sentimientos".

Esta fiesta de todos los santos, debe llevarnos a querer imitarlos ya que todos estamos llamados a la santidad. El comienzo del camino, podría ser imitarlos siendo personas que en medio de las dificultades de la vida, conserven la "alegría" característica en un cristiano que vive su fe

Lecturas de la semana:

LUNES 2: Apo. 21, 1-5ª. 6b-7; Sal. 129; Jn. 11, 17-27.

MARTES 3: Rm. 12, 5-16a; Sal. 130; Lc. 14, 1ª. 15-24.

MIÉRCOLES 4: Rm. 13, 8-10; Sal. 111, Lc. 14, 25-33.

JUE VES 5: Rm. 14, 7-12; Sal. 26; Lc. 15, 1-10.

VIERNES 6: .Rm. 15, 14-21; Sal. 97; Lc. 16, 1-8.

SABAD 7: Gal. 4, 4-7; Sal. Jdt. 13, 18.19-20a; Jn. 2, 1-11.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

Para Compartir la Palabra de Jesús,

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domingo, 25 de octubre de 2009

Domingo 30° Durante el año, « ¿Qué quieres que haga por ti?»

Lecturas del 25/10/09 – Ciclo B –

Domingo 30° Durante el año

« ¿Qué quieres que haga

por ti?»

Lectura Libro del profeta Jeremías 31, 7-9

Así habla el Señor: ¡Griten jubilosos por Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse oír, alaben y digan: «¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!» Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí! Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque yo soy un padre para Israel y Efraín es mi primogénito. Palabra de Dios.

SALMO 125

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían: «¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!» ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones R

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por sus propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón. Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!» Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! El te llama.»
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver.» Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. Palabra del Señor.

Reflexión

El ciego Bartimeo, y muchos otros…

La ceguera era, y es todavía, relativamente frecuente en el Oriente Próximo. El desierto, el polvo, la falta de higiene y el extraordinario resplandor de la luz del sol son causa de la inflamación de los ojos, que pueden llevar a la ceguera.

Jesús conoció a muchos ciegos. Para los Evangelios eran una imagen viva de la miseria, el desamparo y la desesperanza, que la mayoría de ellos no tenían otra salida que la mendicidad.

Nos encontramos al final del capítulo 10 de Mc. es el final de la subida a Jerusalén antes de entrar a la ciudad santa. La curación de Bartimeo es una severa crítica a los discípulos denunciándole su incomprensión y torpeza de ellos que se han opuesto sistemáticamente. Jesús les ha hablado de dar la vida, de compartir, de hacerse los últimos, de arrancarse los ojos para entrar en el Reino, de ser fieles al matrimonio, de hacerse los servidores de todos…

Un hombre al borde del camino, un ciego a las afuera de Jericó, es el relato de una catequesis que nos invita al cambio y nos urge a la conversión. Es un hombre ciego que le falta luz y orientación. Esta sentado, incapaz de dar pasos, al borde del camino desanimado; es mendigo, su vida y su subsistencia depende de los demás. Pero en su interior hay todavía una fe capaz de hacerla reaccionar y de ponerlo de nuevo en el camino, por eso pide a gritos la ayuda de Jesús.

Como a los hijos de Zebedeo, Jesús le pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? La respuesta es distinta a los dos hermanos que piden sentarse junto a Jesús; Bartimeo cansado de estar sentado en el camino pide recobrar la vista para seguir a Jesús.

Bartimeo es símbolo de los discípulos. Aquel ciego, Jesús tuvo que imponerle las manos dos veces. No es fácil dar la vista nítida al discípulo.

El camino es vida del discípulo, es la vida cotidiana, es instruido y está llamado a compartir y construir la comunidad alternativa. El discípulo no ha entendido mucho, pero ha seguido, no ha dejado el camino.

El ciego Bartimeo es una imagen viva del itinerario de conversión y de proceso catecumenal. Es de un convertido que desea ser cristiano y formar parte de una comunidad.

Bartimeo expresa el paso del alejamiento (“al borde del camino”) a la proximidad (“se acercó a Jesús”), de la pasividad (“estaba sentado”) a la acción (“lo siguió por el camino”), de la marginación (“muchos lo reprendían para callarlo”) a la liberación (“recobró la vista”).

La fe de Bartimeo es sencilla y firme, en contraposición a la de quienes creen ver y, sin embargo, son ciegos.

El ciego no solicita una limosna, pide salud, la vida. La demanda es confiada y pronta: “dio un salto y se acercó a Jesús” y con mucho afecto se dirige a Jesús diciéndole “Maestro” Bartimeo es el nuevo discípulo que recobra-descubre su puesto, deja de “estar sentado al borde del camino” y se pone a seguir a Jesús por el camino que lo conducirá a la Cruz y a la Resurrección. Muchos Bartimeos a lo largo de la historia, han dejado estar junto al camino y se han acercado de un salto al Señor, Amigo de la vida.

Padre Daniel Silva.

Pregunta para la meditación: ¿qué me dice?

Bartimeo, el ciego de Jericó, es un hombre que vive a oscuras. Ya ha oído de Jesús, y de sus curaciones y milagros... Y ese día escucha ruidos desacostumbrados.

Pregunta qué ocurre y se entera que es Jesús de Nazaret que pasa por el camino.

Al oírlo se llenó de fe su corazón. Jesús era la gran oportunidad de su vida. Y comenzó a gritar con todas sus fuerzas: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!

En su alma, la fe se hace oración.

Reflexiona San Agustín esta escena diciendo: También nosotros tenemos cerrados los ojos y el corazón y pasa Jesús. Tenemos que gritarle con la oración y con las obras. Pidiéndole ayuda al Señor.

La historia de Bartimeo es nuestra propia historia, pues también nosotros estamos ciegos para muchas cosas, y Jesús está pasando junto a nuestra vida. Quizás ha llegado el momento de dejar el costado del camino y acompañar a Jesús. Debemos imitar la actitud de Bartimeo, su oración perseverante, su fortaleza para no rendirse.

¿En qué situaciones de mi vida experimento que estoy ciego? ¿Cual es mi actitud?

¿Cuáles son mis cegueras espirituales?

¿Qué implica para mí hoy decir a Jesús: ¡ten compasión de mí y ayúdame!?

¿Qué significa para mí hoy “tirar el manto” y “ponerme de pie de una salto” para acercarme a Jesús?

Una vez sanado por Jesús: ¿lo sigo por el camino?

Oración: ¿qué le digo?

Las palabras de Bartimeo: “Señor, que vea”, nos pueden servir como una oración sencilla para repetirla muchas veces cuando en nuestra vida se nos presenten situaciones que no sabemos como resolver, sobretodo en cuestiones relacionadas con la fe y la vocación.

En esos momentos de oscuridad, cuando quizás la oración se hace costosa y la fe parece debilitarse, repitamos con confianza el pedido: “Señor, que vea”.

Qué nosotros también veamos, Señor, cuál es tu voluntad, cuál es el camino que debemos recorrer, que Tu nos señalas para ir a Ti.

Para suscitar la respuesta de la oración rezamos el salmo: 146 (145)

¡Aleluya! ¡Alaba al Señor, alma mía!

Alabaré al Señor toda mi vida; mientras yo exista, cantaré al Señor.

No confíen en los poderosos, en simples mortales, que no pueden salvar:

cuando expiran, vuelven al polvo, y entonces se esfuman sus proyectos.

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios:

él hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.

Él mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados.

El Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda;

El Señor ama a los justos y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones.

¡Aleluya!

Lecturas de la semana:

LUNES 26: Rm. 8, 12-17; Sal. 67; Lc. 13, 10-17.

MARTES 27: Rm. 8, 18-25; Sal. 125; Lc. 13, 18-21.

MIÉRCOLES 28: Ef. 2, 19-22; Sal. 18, Lc. 6, 12-19.

JUE VES 29: Rm. 8, 31b-39; Sal. 108; Lc. 13, 31-35.

VIERNES 30: .Rm. 9, 1-5; Sal. 147; Lc. 14, 1-6.

SABAD 31: Rm. 8, 1- 111, 1-2ª. 11.12. 25-29; Sal. 93; Lc. 14, 1. 7-11.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

Para Compartir la Palabra de Jesús,

en la Parroquia San José: Brandsen 4970

Villa Dominico.

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