Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

martes, 24 de noviembre de 2009

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Lecturas del 22/11/09 – Ciclo B –

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido. Palabra de Dios.

Salmo 92

R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido,
se ha ceñido de poder. R.

El mundo está firmemente establecido: ¡no se moverá jamás! Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad. R.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos. R.

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. El nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre.

¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén. El vendrá entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso. Palabra de Dios.

S. Evangelio según san Juan 18, 33b-37

Pilato llamó a Jesús y le preguntó: « ¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le respondió:

«¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?» Pilato replicó: « ¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?» Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí.» Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz.» Palabra del Señor.

Reflexión:

En el fin del año litúrgico B contemplamos a Jesús en el último momento de su vida pública en el que se reconoce que el es Rey del universo, que reina junto a su Padre y que tiene todo bajo sus pies.

Jesús esta en presencia de Pilato, con las manos atadas y oyendo en silencio las acusaciones con las que sus enemigos pretenden que sea condenado a muerte.

Pilato le pregunta a Jesús: ¿Es cierto que te has proclamado rey de los judíos? Si Jesús responde que sí, entonces no hay nada más que hacer. Debe ser ejecutado inmediatamente por el delito de rebelión contra el Cesar, un delito frecuente en aquellos tiempos.

Pero Jesús no responde con un sí o con un no. La pregunta que hace Pilato no tiene una respuesta tan fácil. Jesús responde a su vez con otra pregunta: ¿Quién lo dice? ¿Tú u otros? ¿Quién es el que pronuncia esta palabra “rey”? ¿Es Pilato o es un judío? Porque aunque se trate de una sola palabra tan simple, tiene significados distintos según sea el que la dice. Es un caso curioso: Pilato dice “rey”, está entendiendo que se trata de alguien que se ha puesto en lugar del César Tiberio. Entonces es un revolucionario peligroso, porque para hacer tal cosa tiene que contar con un número de partidarios, posiblemente armados, que pueden provocar problemas al impero romano. ¿Tú eres rey?, así como es dicha y entendida por Pilato, Jesús no puede responder que sí.

Si es judío el que dice “rey”, entonces se entiende de otra forma: El único rey de Israel es Dios, como se canta siempre en los salmos y se proclama en el culto del templo. Mientra los judíos tenían un rey, éste gobernaba en nombre de Dios. Y ahora que están bajo la dominación de los romanos, esperan que Dios envíe al Rey Mesías, que vendrá con el poder de Dios para salvarlos y gobernarlos.

Pero aún así, esto último se podía entender de muchas maneras diferentes.

Al entender que Jesús es rey, en el sentido en que lo entienden los judíos ¿había que entender que Él es Dios? ¿O será un iluso que pretende instaurar la monarquía suprimida por los romanos?

El poder del reino. Ante estas aclaraciones de parte de Jesús, Pilato responde con orgullo que él no es judío. Por lo tanto, no entiende nada de lo que significa la palabra rey para los sacerdotes y demás judíos que han traído a Jesús al tribunal, por eso deja las cosas en su sitio y comienza de nuevo el interrogatorio tomando el asunto desde otra punta: ¿Qué has hecho? Y aquí se invierten los papeles. En vez de responder en su defensa, Jesús va a enseñar a Pilato. De acusado pasa a ser maestro, y Pilato dejará de ser juez para ser un discípulo que escucha a Jesús.

“Mi realeza no es de este mundo”. Es la primera enseñanza que Jesús propone a Pilato, y a través de él a todos nosotros. En este texto, el autor del evangelio ha utilizado una palabra griega que, como su correspondiente hebrea, tiene un significado muy amplio se puede entender como “realeza”, “reino”, “reinado”… A veces se traduce por “reino” , en este caso, por el contexto, se ve que tiene el sentido de “realeza”, que es el poder, la autoridad, la potestad con la que un rey gobierna, y no el “reino”, que sería el territorio sobre el que se ejerce la realeza. Se comprende por las palabras siguientes: “si fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido…”

Los reyes de este mundo obtienen su fuerza por la suma de sus súbditos, la cantidad y eficacia de las armas con que se imponen y se defienden, las riquezas que acumulan y manejan. En cambio la realeza de Jesús no se apoya en esta clase de fuerzas, porque aquí se trata del poder de dios que viene a este mundo para ordenarlo según su voluntad, y no necesita de ejércitos ni de armas. Por eso Jesús prohibió a sus discípulos que empuñaran la espada cuando quisieron defenderlo en el momento en que sus enemigos vinieron a tomarlo prisionero.

La fuerza de la realeza de Cristo se manifestará en su muerte y en su resurrección, no en armas ni en las riquezas ni en los números de sus partidarios.

Queda entonces claro ante Pilato que la realeza de Jesús no es la misma clase que la del emperador romano. El Cesar se impone y se defiende por las armas porque su poder es de este mundo.

En cambio Jesús no se defiende y se deja llevar a la muerte porque la fuerza por la que Él es rey viene de Dios.

Como primera lectura se ha proclamado el texto del “Hijo del hombre” del Libro de Daniel. Este hijo de hombre recibe la realeza de manos del mismo Dios y no de los hombres.

El Rey Crucificado. Estas enseñanzas son muy claras. Pero al hablar de su realeza Jesús deja entender que Él es rey, y esto preocupa a Pilato. Por eso vuelve al principio preguntando otra vez: “¿Entonces Tú eres rey?”. Si Jesús hubiera respondido que sí, entonces Pilato lo habría condenado a muerte con apariencia de verdadera justicia. Por eso Jesús no responde directamente y deja caer la responsabilidad de la afirmación sobre el, mismo Pilato: “Tú dices que yo soy rey…” . Y dejando sin explicación la afirmación de que es rey, continúa con la segunda parte de su explicación: en qué sentido Jesús es rey. “Para esto he nacido y he venido al mundo”. La realeza no es de aquí, y Jesús tampoco es de este mundo. Él ha venido desde el Padre para realizar la obra de ser testigo de la Verdad.

En el sentido bíblico, la Verdad es lo que siempre permanece igual, lo que nunca cambia. En otras palabras, la Verdad es el mismo Dios. Y Jesús no es un hombre cualquiera que nos habla de lo que ha estudiado acerca de Dios, sino que es el único que conoce al Padre, vive en su intimidad, recibe sus confidencias, y viene a este mundo para que nosotros conozcamos también al Padre y recibamos su amor. Él es e único que puede hacernos conocer a Dios porque es el único testigo.

A esta altura del discurso de Jesús, Pilato dio a entender que no tenía nada que ver con la verdad. Él prefería seguir viviendo en la mentira porque ni siquiera sabía qué era la verdad. Si seguimos leyendo a continuación del Evangelio que se proclama en esta Misa, veremos que Pilato preguntó: “¿Qué es la verdad?”, y sin esperar respuesta se levantó y se fue.

La realeza que no es de este mundo.

La frase de Jesús: “Mi realeza no es de este mundo” ha sido muchas veces mal interpretada. Hubo tiempos en los que algunos confundieron el reino de Dios con el reino de los hombres. Muchos se dieron cuenta de que esto era un error y quisieron corregirlo. Pero cayeron en otro tan grave como el anterior: entendieron la frase de Jesús “Mi realeza no es de este mundo” como si hubiera dicho “Mi reino no debe estar en este mundo” y pretendieron que el reino de Dios era algo absolutamente espiritual que no debía intervenir para nada en las realidades de este mundo. Para los que pensaban así, el reino de Dios sólo tenía su lugar en el corazón, en silencio y en secreto, o dentro de las paredes de los templos, y quedaba reducido a la oración y a la moral de los individuos.

Pero Jesús no dijo ni una cosa ni la otra. Él afirmó claramente que el reino no recibía su razón de ser de este mundo pero estaba en el mundo. No se confunde con el mundo porque tiene que ir transformándolo día a día, y por eso mismo tiene que estar presente y actuar en él.

Preguntas para la meditación:

¿Comprendo que Jesús es Rey pero no en el sentido político triunfalista sino en una perspectiva profundamente religiosa y espiritual?

¿Dejo que Jesús reine en mi corazón?

¿Qué implicancias concretas tiene hoy para mí que el Señor reine en mi vida?

¿Cómo vivo el tema de la verdad en mi vida? ¿Estoy en el camino de la verdad o me dejo llevar por la mentira y la fantasía e ilusión?

Lecturas de la semana:

LUNES 23: Dn. 1, 1-6. 8-20; Sal. Dn. 3, 52.53. 54.55.56; Lc. 21, 1-4.

MARTES 24: Dn. 2, 31-45; Sal. Dn. 3, 57.58.59.60. 61; Lc. 21, 5-9.

MIÉRCOLES 25: Dn. 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Sal. Dn. 3, 62.63.64.65.66.67, Lc. 21, 10 19.

JUE VES 26: Dn. 6, 12-28; Sal. Dn- 3, 68.69.70.71. 72.73.74; Lc. 21, 20-28.

VIERNES 27: .Dn. 7, 2-14; Sal. Dn. 3, 75.76.77.78.80.81; Lc. 21, 29-33.

SABAD 28: Dn. 7, 15-27; Sal. Dn 3,82.83.84.85.8687; Lc. 21, 34-36.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM. “Jesús habla a Pueblo” de Luis H Rivas.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

Para Compartir la Palabra de Jesús,

en la Parroquia San José: Brandsen 4970

Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

domingo, 15 de noviembre de 2009

Domingo 33° Durante el año, “Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria”

Lecturas del 15/11/09 – Ciclo B –


Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno.

Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. Palabra de Dios.

SALMO 15

R. Protégeme , Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.

Lectura carta a los Hebreos 10, 11-14. 18

Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies.

Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica. Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna otra oblación.

Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32

Jesús dijo a sus discípulos: «En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.
Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.» Palabra de Dios

Reflexión:

Cercanos ya, al final del año B, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del Antiguo Testamento y del Evangelio, textos relativos al final de los tiempos y nos propone meditar sobre el tema de la esperanza.

En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, en cuanto a la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy es subversivo, para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces, que a fuerza de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

En el libro de Daniel encontramos el primer pasaje del Antiguo Testamento donde se afirma con claridad la fe en la resurrección de los muertos. En Israel nunca se creyó en la resurrección de los muertos, sin embargo en los últimos tiempos antes de la llegada del Mesías, el convencimiento que el Dios piadoso no podía dejar afuera a aquellos que habían dado su vida por la causa del Reino, los llevó a expresar que Dios los resucitaría de entre los muertos y les daría la vida en plenitud.

El Evangelio lo podemos dividir en tres partes:

Versículos 24 al 27: la vuelta del Hijo del Hombre.

Versículos 28 al 31: la enseñanza de la higuera.

Versículo 32: el día y la hora de la Segunda Venida de Cristo.

En la primera parte puede que asusten las imágenes que se nos brindan. Hay toda una “conmoción” cósmica. Esto es propio del lenguaje apocalíptico que utiliza esta forma para describir las intervenciones poderosas de Dios en la historia.

Por otra parte no debe importar en primer lugar las llamativas señales, sino la venida de Jesucristo, el Hijo del Hombre que viene con poder y gloria a reunir a todos sus discípulos. La presencia poderosa, sublime y solemne del Señor debe dar tranquilidad a nuestros corazones y llenarnos de esperanza.

En la segunda parte se busca aplicar a la vida lo que se nos ha narrado en la parte anterior. Y el Señor utilizará una especie de imagen parabólica tomada de la realidad cotidiana de los palestinenses. Cuando la higuera comienza a echar ramas tiernas y hojitas nuevas se sabe que se está acercando el verano. De la misma forma que en la naturaleza se pueden detectar las estaciones climáticas, los discípulos del Señor deben aprender a mirar la realidad para detectar que la Segunda Venida de Cristo es inminente.

La frase del versículo 30 no hace referencia al fin del mundo sino al fin de Jerusalén que en el año 70 será destruida por las tropas de los romanos. No hay que confundirse y generar falsas profecías…

En el versículo 31 el Señor ratifica que todo pasará pero que su Palabra permanecerá firme y estable para siempre.

En la tercera parte queda absolutamente claro que no se sabe ni el día ni la hora del fin del mundo. Esto es importante registrarlo dado que cada tanto aparece algún supuesto iluminado que pretende saber el día del fin del mundo. Jesús es claro: nadie lo sabe… ni siquiera en ese momento Él mismo en su naturaleza humana… Por supuesto que en cuanto Dios glorioso y eterno todo le es conocido…

Pues bien, en línea con al Antiguo Testamento, Jesús describe no tanto la caída de un imperio, sino que para Él lo más importante es anunciar los efectos liberadores de su evangelio; y es que el evangelio de Jesús debe propiciar en efecto el resquebrajamiento de todos los sistemas injustos que de uno u otro modo se van erigiendo como astros en el firmamento humano.

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte.

Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y a su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, el Mesías (cuyo «secreto» se mantiene a lo largo de todo el evangelio) sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de Él, implica además, tomar el lugar de Él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

Un final feliz para el cristiano. Jesucristo al hablar de la hora final, según el evangelio de Marcos, menciona sólo a los elegidos; de los condenados, si es que hubiere, cosa que nos es desconocida, no se nos dice nada en Marcos. El último día se cerrará con un final feliz. ¡Que lo sepan y tengan presente todos los profetas de calamidades!

La suerte final de cada hombre está envuelta en el misterio más absoluto (sabemos solamente que están en el cielo los santos canonizados), pero un final como el del evangelio de hoy infunde un gran consuelo y una extraordinaria confianza en el poder y en la misericordia de Dios.

Porque hemos de saber que no sólo estamos en espera en este mundo, sino que somos esperados en el otro, primeramente por Dios, pero luego por la santísima Virgen María, por los santos, por nuestros familiares, por todos nuestros seres queridos.

Todos los que nos esperan están interesados en que nuestra vida termine bien, en que la historia de la humanidad y del universo culmine con un final feliz solemne y general.

Para eso Cristo, nuestro sumo Sacerdote, murió en una cruz y ahora, entronizado junto a su Padre, nos espera para darnos el abrazo de la comunión definitiva y perfecta.

Nos lo dará si nos dejamos santificar por él, es decir, si permitimos que haga fructificar los frutos de su redención en nosotros.

Preguntas para la meditación:

“Nadie sabe el día ni la hora, sólo el Padre”. Entonces a nosotros sólo nos cabe prepararnos para la segunda venida de Cristo con la simplicidad de quien construye el Reino de Dios desde lo cotidiano. Si la Segunda Venida de Cristo fuera hoy:

¿Estaría listo para que los ángeles del Señor me reúnan como uno de sus discípulos y seguidores?

¿En qué cosas sí y cuáles tal vez no?

Jesús nos dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

¿Qué significa para mí hoy que su Palabra permanezca para siempre?

Como discípulo: ¿dejo que su Palabra sea la raíz de mi vida espiritual?

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte.

¿Cuál es mi compromiso real y concreto en la transformación del orden de cosas actual, para que llegue el nuevo orden, el futuro orden, el «otro mundo posible», el «sueño de Dios»?.

Oración:

Hoy vamos a proponernos descubrir en nuestra vida los signos de un Dios que actúa, como en la higuera, vamos a responder a ese Dios que nos sale al encuentro y nos pide un cambio constante para construir una sociedad más armónica y justa, y vamos a dejar en manos de Dios la justicia total.

Los cristianos confiamos en la providencia de Dios y creemos con firmeza que habrá una justicia perfecta, tanto para nosotros como para los otros. Pero cómo Dios ejerce o ejercerá esa justicia, no lo sabemos.

Hoy vamos a pedirle al Señor que acreciente en nosotros la confianza y la esperanza, en su venida y en su Reino, y que nos enseñe a entregarnos generosamente en la parte de la construcción del Reino que nos toca a nosotros.

Lecturas de la semana:

LUNES 16: 1Mac. 1, 10-15.41-43.54-57.62-64; Sal. 118; Lc. 18, 35-43.

MARTES 17: 2 Mac. 6, 18-31; Sal. 3; Lc. 19, 1-10.

MIÉRCOLES 18: 2Mac. 7, 1. 20-31; Sal. 16, Lc. 19, 11-28.

JUE VES 19: 1Mac. 22, 15-29; Sal. 49; Lc. 19, 41-44.

VIERNES 20: .1Mac. 4, 36-37. 52-59; Sal. 1Crón. 29, 10.11.12; Lc. 19, 45-48.

SABAD 21: Zac. 2, 14-17; Sal. Lc. 1, 46-47.48-49.50-51.52-53.54-55; Mt. 12, 46-50.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

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Te esperamos los sábados 17:00 h.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

“… dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”

Lecturas del 8/11/09 – Ciclo B –

Domingo 32° Durante el año


Lectura del primer libro de los Reyes 17, 8-16

Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: “Ve a Sarepta, que pertenece Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento” El profeta Elías partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber.» Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: «Tráeme también en la mano un pedazo de pan.» Pero ella respondió: «¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos.»

Elías le dijo: «No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo.»
Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías. Palabra de Dios
.


SALMO 145

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos y protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.


Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio. Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan. Palabra de Dios.


Santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

Jesús enseñaba a la multitud: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad.» Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir.» Palabra del Señor


Reflexión:

Las lecturas de este domingo nos llevan a reflexionar sobre una actitud de generosidad disponible, confiada y que ante Dios el valor de las acciones consiste más en la rectitud de intención y la generosidad de espíritu, que en la cantidad que se da. El dar implica renuncia, desprenderse no solamente de lo que abunda y sobra, sino desde la misma escasez. San Juan de la Cruz nos dice, que Dios no mira lo que le ofrecemos, sino el amor con que se lo ofrecemos.

La generosidad es la actitud de la viuda de Sarepta, que no duda en dar una galleta a Elías a costa de su propio sustento. Es también la actitud de la viuda, observada únicamente por Jesús, que deposita todo su haber en el templo, por más que fuera un valor monetario muy pequeño. Es sobre todo la actitud de Jesús que se entrega hasta la muerte, de una vez para siempre, como víctima de rescate y salvación.

Las mujeres viudas en los tiempos del profeta Elías (siglo IX a. C.) y de Jesús, nos indican precariedad, no pocas veces la viudez iba unida a la pobreza, e incluso a la mendicidad. Sin embargo, los textos sagrados no nos presentan estas dos buenas viudas como ejemplo de pobreza, sino como ejemplo de generosidad. En los tres años de sequedad que cayó sobre toda la región, a la viuda de Sarepta le quedaban unos granos de harina y unas gotas de aceite, para hacer una galleta con que alimentarse ella y su hijo, para luego morir. En esa situación, ya humanamente dramática, Elías le pide algo inexplicable, heroico: que le dé esa hogaza que estaba a punto de meter en el horno. La mujer accede., hay una especie de instinto divino que la mueve a obrar así. Es el don de la generosidad que Dios concede a los que poco o nada tienen. No piensa en su suerte; piensa sólo en obedecer la voz de Dios que le llega por medio del profeta Elías. Este gesto de la viuda tiene un final feliz: no faltó harina en la tinaja ni aceite en la jarra. Significa esto que cuando se comparte con generosidad lo poco que se tiene, parece que se multiplicara, y esa es una de las características principales del pobre.

En esa situación de extrema urgencia, el profeta hace ver que sólo Yahvé es la salvación para el pueblo, y que esa salvación de la que está urgido el pueblo de Dios la realizará con y desde los desheredados, con los pobres.

Comienza el pasaje del Evangelio con la censura del Señor a la actitud de los fariseos, que por aparentar ante los demás simulan una falsa santidad. El Señor les hecha en cara que fingen hacer largas oraciones. Quiere recordarnos con esto que la santidad, no consiste precisamente en las oraciones que hagamos, sino en el espíritu con que las hagamos, además, que si la oración no conlleva un auténtico espíritu de ofrenda al Padre, si solamente se reduce a la recitación material de unas fórmulas, sin que el corazón sea el fundamento de lo que los labios pronuncian, en ese caso la oración es falsa.

A continuación de las correcciones que el Señor hace a aquellos que no son sinceros, y que simulan lo que no son, el pasaje del Evangelio nos ofrece un contraste muy claro entre las obras de los fariseos, y la obra sencilla, humilde e insignificante de la pobre viuda. Ellos obran para ser vistos. La mujer trata de pasar inadvertida. Ellos se enriquecen, incluso a costa de los bienes de las pobres viudas. Ella se empobrece, ofreciendo para el culto todo lo que tenía.

La contribución al culto puede hacerse, ofreciendo lo que a uno le sobra, o despojándose más bien, aun a costa de sacrificio, de lo más necesario para vivir. ¡Qué distinto nivel de generosidad, que lleva implícito una diferencia enorme en el nivel de amor!

Lo que da valor a la ofrenda que se presenta a Dios no es lo material, sino la espiritualidad de quien ofrece lo material.

El episodio del templo dio ocasión para que el Señor dé una enseñanza en la que quiere resaltar la importancia de lo que aparentemente es insignificante. Usa una expresión que podría parecernos paradójica: la pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los ricos.

El desprendimiento efectivo de los bienes supone una privación. Un desprendimiento que no cuesta es poco real. El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud frente a los bienes materiales. Se tienen y se usan no como si fueran un fin, sino como un medio para servir a Dios, a nuestra familia, y a nuestro prójimo. El fin del cristiano no es tener cada día más.

La generosa preocupación que vivían los primeros cristianos y que San Pablo enseñó a vivir también en las comunidades que iba fundando, es un ejemplo de permanente vigencia.

Jamás podemos mirar las necesidades de los demás con indiferencia, sin preocuparnos por remediarlas en la medida que nos sea posible. La generosidad en la ayuda a personas necesitadas ha sido siempre una manifestación del desprendimiento: Limosna, no solo de lo superfluo, sino de lo que falta, como le faltaba a la viuda pobre del evangelio. La limosna, hecha con generosidad, es más útil para quien la hace que para quien la recibe.

Examinemos si somos generosos con lo que tenemos, con nuestros bienes materiales y espirituales. Con nuestro tiempo, con nuestros conocimientos, con nuestra limosna.

Vamos a pedir hoy a nuestra Madre, a ella que a lo largo de su vida se entregó siempre con generosidad, que a su ejemplo sepamos ser auténticamente generosos en el servicio a Dios y a nuestro prójimo. Consideremos la generosidad una gracia de Dios, y pidámosla con sencillez de corazón, pero también con insistencia. Que Dios no la negará a quien se la pida de verdad. Son muchos los que tienen necesidad y se beneficiarán de nuestra generosidad.


Preguntas para la meditación: ¿Qué me dice?

Generoso, ¿hasta dónde? En este asunto, no hay leyes matemáticas. El principio fundamental está claro; da, sé generoso. ¿Qué dar, hasta dónde llegar en la generosidad?, no admite una sola y única respuesta. Serán las circunstancias las que irán marcando ciertas pautas a nuestra generosidad: por ejemplo, un terremoto, una inundación destructora, una epidemia, etc. Sobre todo, será el Espíritu de Dios el que irá indicando a cada uno, en el interior de su conciencia, las formas y el grado de llevar a cabo acciones generosas, nacidas del amor, nacidas del corazón. Lo importante es que ninguno de nosotros diga jamás: "hasta aquí". No es posible poner límites al Espíritu de Dios.

Cristiano, si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da de ese poco, pero tanto en un caso como en otro, hazlo con toda la sinceridad y generosidad de tu corazón. A los ojos de Dios eso es lo que más cuenta. Es de esperar que también a tus propios ojos.
No está mal que nos examinemos y preguntemos:

¿Estoy dando todo lo que puedo? ¿Estoy dando todo lo que el Espíritu Santo me pide que dé?

¿Estoy dando como debo dar: desprendidamente, generosamente, sin buscar compensaciones?

Además el evangelio de este domingo nos invita a preguntarnos:

¿Cómo es mi oración?; ¿es suficientemente atenta?

¿Es, suficientemente llena de espíritu, surge del corazón?


Oración:

Dios Madre-Padre nuestro, que nos has mostrado tu gusto por la autenticidad, la entrega generosa y la coherencia entre la fe y la vida: robustece nuestra fe, fortalece nuestra sinceridad, y ayúdanos a estar, como Jesús, siempre atentos al amor de los pequeños. Nosotros te lo pedimos por Jesús, nuestro Hermano Mayor, Transparencia tuya. Amén.

Lecturas de la semana:

LUNES 9. Ez. 47, 1-2. 8-9. 12; Sal 45; Jn. 2. 13-22.

MARTES 10: Sb. 2, 23—3, 9, Sal. 33; Lc. 17, 7-10.

MIÉRCOLES 11: Sb 6, 1-11; Sal. 81, Lc. 17, 11-19.

JUE VES 12: Sb. 7, 22—8, 1; Sal. 118; Lc. 17, 20-25.

VIERNES 13: .Sb. 13, 1-9; Sal. 18; Lc. 17, 26-37.

SABAD 14: Sb. 18, 14-16; 19. 6-9; Sal. 10, Lc.. 18, 1-8

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:00 h.

Para Compartir la Palabra de Jesús,

en la Parroquia San José: Brandsen 4970

Villa Dominico.

Círculo Bíblico San José

miencuentroconjesus@yahoo.com.ar


sábado, 31 de octubre de 2009

Domingo 31° durante el año, «Felices los que tienen….»

Lecturas del 1/11/09 – Ciclo B –

Domingo 31° Durante el año

«Felices los que tienen….»

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro Angel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:
«No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios.»
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.

Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!» Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?» Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor.» Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.»

Palabra de Dios.


SALMO 23

R. ¡Benditos los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos. R.

El recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

Primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él.

Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Mateo 4,25-- 5, 12

Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Palabra del Señor.

Reflexión

Bienaventurado quiere decir feliz, dichoso. Jesús nos enseña aquí cómo la felicidad no depende de lo que el hombre tiene, sino de lo que es, y que la felicidad no está condicionada a los acontecimientos, - la riqueza, el placer, la salud - ni tampoco a la actitud de los demás hombres hacia nosotros, - si nos quieren o nos ofenden-, sino al modo en cómo reaccionamos frente a ellos. La felicidad profunda que Jesús nos promete tiene en definitiva, su fuente en Dios.

A propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad; en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.

El libro del Apocalipsis nos habla del tiempo presente como el tiempo del perdón, el tiempo que hay que “imprimir el sello de Dios en la frente de todos sus siervos”, el tiempo de la predicación evangélica, de la misión. En un segundo momento el apóstol contempla el cielo, ve una multitud inmensa que “ha lavado sus vestiduras en la sangre del cordero”, han pasado por la “gran tribulación”. Son los santos que, después de su gesta terrena, adoran eternamente a Dios en el cielo

En la segunda lectura San Juan nos vuelve a hablar de nuestra vocación de ser santos, podemos tener esperanza, a pesar de las apariencias tristes de este mundo, porque el Señor nos ha amado y nos ha llamado a ser sus hijos. Nos ha llamado con una vocación santa para darle gloria y vivir eternamente con Él en el cielo

El Sermón de la Montaña tiene un particular significado en la vida de Jesús porque el Señor se presenta como el nuevo legislador, el nuevo Moisés. Moisés había subido a la montaña a traer los Mandamientos del Antiguo Testamento, y el Señor acá recoge las promesas hechas al pueblo elegido, pero las perfecciona ordenándolas, no solo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los Cielos. Las bienaventuranzas son como un resumen de toda la predicación de Jesús, que nos da en ellas una imagen completa del verdadero discípulo, de aquel que refleja la verdadera imagen del Señor.

En las bienaventuranzas, Jesús no promete la felicidad y la salvación a determinadas clases de personas, sino a los que lo sigan e imiten su vida. Para entrar en el Reino de los Cielos, el Señor anuncia que es necesario un estilo nuevo, una manera distinta de comportarse.

Bienaventurados los pobres de espíritu, dice el Señor, y nos enseña que para seguirlo a Él es necesario tener el alma libre de todo apegamiento: del amor a sí mismo, en primer lugar; de la excesiva preocupación por la salud; del futuro, de las riquezas y los bienes materiales. La pobreza de espíritu que pide el Señor la practicamos cuando ponemos nuestro tesoro en Dios y utilizamos las cosas como simples medios. El gran valor que nos descubre Jesús es que debemos comunicar y compartir los bienes materiales.

Más que una condición social, esta pobreza expresa la actitud personal de indigencia y humildad ante Dios; es pobre el que acude a Dios sin considerar los méritos propios y confía sólo en el Señor para ser salvado. Y esto exige un desprendimiento real de los bienes materiales y una austeridad en el uso de ellos.

Bienaventurados los que lloran porque serán consolados. El Señor promete que los que llevan cruces en la vida - enfermedades, dolores - con Él, no se harán pesadas. La Fe convierte en bien todo lo que podría parecer un mal irremediable.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra, nos dice el Señor. Los mansos no son los blandos ni los tibios. La mansedumbre está apoyada sobre una gran fortaleza de espíritu. Ella implica en su ejercicio continuos actos de fortaleza. De manera semejante a como los pobres, según nos enseña Jesús, son los verdaderos ricos, los mansos son los verdaderos fuertes. Mansos son los que sufren con paciencia las persecuciones injustas; los que en las adversidades mantienen el ánimo sereno, humilde y firme, y no se dejan llevar por la ira y el abatimiento. Los mansos poseerán la tierra.... Y primero, se poseerán a sí mismos, porque no serán esclavos de sus nervios, de su mal carácter.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Las Escrituras llaman justo a quien se esfuerza con sinceridad en cumplir la voluntad de Dios. Y Dios colma con su Vida a quien desea esa Vida del Señor y pone los medios para alcanzarla.

Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Cada página del Evangelio es una muestra de la misericordia de Dios por los hombres. Pero Jesús nos reclama que también nosotros tengamos un corazón grande para quienes nos rodean.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. El Señor nos enseña que la raíz de la bondad o la malicia están en el corazón, es decir, en el interior del hombre, en el fondo de su espíritu. El hombre entero queda manchado o enriquecido por lo que ocurre en su corazón: malos deseos, envidias, rencores.... o pensamientos indulgentes, compasivos... Nuestra actitud externa es solo reflejo de nuestro interior.

Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. La verdadera paz llegó al mundo con la encarnación del Hijo de Dios. Jesús repitió muchas veces: La paz sea con vosotros, Mi paz os dejo, mi paz os doy. Y ahora nos dice a nosotros: felices aquellos que reconcilian a los que pelean, aquellos que apagan el odio y unen lo que está separado, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

¿Qué es la Santidad, en qué consiste?

¿En estos tiempos que me toco vivir, considero que es posible alcanzar la meta de nuestra santificación a los ojos de Dios? ¿Por qué?

¿Como vivo las Bienaventuranzas que me dejó el Señor?

¿Las Bienaventuranzas son mi carta de navegación en el día a día, en los diferentes ambientes en que vivo?

SANTORAL: Solemnidad de todos los santos

Esta celebración tuvo su origen en Oriente en el siglo IV. La instituyó en Roma, Bonifacio IV, en el siglo VII, en honor de la Virgen y de los mártires, consagrándoles el templo llamado Panteón de Agripa, y que pasó a llamarse de Santa María y de todos los mártires. Gregorio IV, ordenó en el año 835 que la fiesta se celebre en honra de todos los santos del cielo y mandó que se realizase en toda la cristiandad.

Varias fueron las razones para realizar esta fiesta: rescatar para la veneración y el recuerdo a aquellos cuyos nombres por falta de documentos se hubiesen omitido y que sólo son conocidos por Dios; alcanzar por su intercesión las gracias que necesitamos y tener siempre presentes estos modelos de conducta para tratar, en lo posible, de imitarlos y lograr de ese modo la bienaventuranza.

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, fue creado para la santidad. La multitud de santos, algunos canonizados y otros no, son las personas que más se acercan a esa imagen y semejanza de Dios.

Pero los santos "no nacieron santos". Se santificaron en la lucha diaria, se ha dicho que los santos son el Evangelio en acción, y el Evangelio el libro de texto de la escuela de la santidad.

Los santos tenían carne y huesos como todos nosotros. Estaban sujetos a todos los sentimientos buenos y malos. Hay en cambio un defecto que no tienen los santos, "la tristeza".

Se cuenta que san Francisco de Asís, ordenó a sus frailes que mandaran al diablo la tristeza. "Un santo triste, es un triste santo". Santa Teresa de Ávila, era violenta e impulsiva, pero muy simpática. Ella decía: "Tengo más miedo a una persona triste que a una legión de demonios: Nada nos hace tanto daño como vivir tristes".

San Ignacio de Loyola llegó hasta a decir que donde reina la alegría allí está Dios, pero que donde siempre hay tristeza, por allí debe andar satanás.

San Francisco de Sales enseñaba que "cuando el espíritu del mal no logra que una persona sea mala y viciosa, por lo menos trata de obtener que no sea alegre y que viva triste, porque en el pozo negro de la tristeza se crían todos los malos sentimientos".

Esta fiesta de todos los santos, debe llevarnos a querer imitarlos ya que todos estamos llamados a la santidad. El comienzo del camino, podría ser imitarlos siendo personas que en medio de las dificultades de la vida, conserven la "alegría" característica en un cristiano que vive su fe

Lecturas de la semana:

LUNES 2: Apo. 21, 1-5ª. 6b-7; Sal. 129; Jn. 11, 17-27.

MARTES 3: Rm. 12, 5-16a; Sal. 130; Lc. 14, 1ª. 15-24.

MIÉRCOLES 4: Rm. 13, 8-10; Sal. 111, Lc. 14, 25-33.

JUE VES 5: Rm. 14, 7-12; Sal. 26; Lc. 15, 1-10.

VIERNES 6: .Rm. 15, 14-21; Sal. 97; Lc. 16, 1-8.

SABAD 7: Gal. 4, 4-7; Sal. Jdt. 13, 18.19-20a; Jn. 2, 1-11.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

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