Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 14 de abril de 2012

Segundo Domingo de Pascua, “De la Divina Misericordia"


Lecturas del 15-04-12

Tiempo de Pascua de Resurrección
”– Ciclo B –




 « ¡La paz esté con ustedes!...  
¡Señor mío y Dios mío!»
  

Hechos de los Apóstoles 4, 32-35
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.           
Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.    
Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
Palabra de Dios.
Sal 117
R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,  porque es eterno su amor!
 Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!  Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor!               
Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor!  Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor! Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.
 «La mano del Señor es sublime,  la mano del Señor hace proezas.» No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte.  R.
 La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.  R.
Primera carta del apóstol san Juan 5, 1-6
Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. 
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad.   Palabra de Dios.

 Santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!» 
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.           
Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.»
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.» 
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: « ¡Hemos visto al Señor!»
El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»
Tomás respondió: « ¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Reflexión    
Seguimos en tiempo de Pascua, celebrando la Resurrección del Señor, la fiesta que alcanza la cumbre de nuestra fe de cristianos, las tres lecturas de la misa de hoy nos presentan hechos y acontecimientos vividos por la primera comunidad de la Iglesia, inmediatamente después de la Resurrección de Jesús de entre los muertos. 
Nuestra misión es ser testigo de Cristo resucitado. En la primera parte del evangelio vemos otra vez la realidad de la oscuridad-tiniebla tan presente en el Evangelio de Juan. Es de noche y los discípulos se reúnen con las puertas bien cerradas por temor a los judíos. En este contexto irrumpe Jesús dando el saludo tradicional de bendición y paz. No se trata de un simple saludo “protocolar”, formal o de un deseo para los destinatarios. Jesús como Mesías Resucitado realmente les da a sus discípulos la bendición y la paz para sus vidas.
Luego de esto realiza un gesto llamativo: muestra sus heridas. ¿Por qué hace esto Jesús? Quiere marcar con claridad que es Él mismo, que no es un “fantasma”. Hay continuidad entre el Jesús de la historia y el Cristo resucitado. Es la misma persona que ahora está plenamente glorificado. Repite el saludo mesiánico y con la fuerza de la Pascua envía a sus discípulos a la misión. Así como Él fue enviado por el Padre, ahora Cristo envía a los suyos para que continúen su misión en el mundo. Para cumplir la misión necesitarán una fuerza especial: la del Espíritu Santo. El Señor “sopla” y reciben el Espíritu.
Para mucha gente hoy es como si Cristo estuviera muerto, porque apenas significa algo para ellos. Casi no cuenta en sus vidas. Y esta gente necesita recibir la buena noticia de la resurrección del Señor. Nos toca a nosotros dar el mismo testimonio que dieron los apóstoles y los primeros discípulos. De esto surge una pregunta ¿nuestra fe en Cristo resucitado, nos impulsa a pregonar a nosotros también que el Señor hoy vive?”             
Experiencia de Cristo. En la segunda parte del relato aparece en escena Tomás. Este discípulo no estaba con los otros cuando se apareció el Señor por primera vez. Cuando sus hermanos le cuentan que han visto al Señor, Él los desafía diciendo que no creerá nada hasta que vea “físicamente” o haga “experiencia sensible” de la resurrección del Señor.
A la semana siguiente Jesús se aparece y Tomás está con los hermanos en la comunidad. El Señor responde al desafío de Tomás invitándolo a ver y tocar directamente las heridas del Resucitado. También lo incita a ser un hombre de fe: a no dudar y creer. Lo interesante es que Tomás ante el misterio de Dios que redescubre en su vida, va a hacer profesión de fe diciendo esa frase tan profunda “Señor mío y Dios mío”, que nosotros hoy la hemos nuestra en cada celebración eucarística.
Tomás hizo una experiencia maravillosa: “logró tocar a Cristo”, logró sentirlo cerca de su propia vida, cerca de sus afanes, cerca de su misión. Tomás comprendió que aquél que estaba de frente a Él, no era un simple hombre: era el Verbo de Dios encarnado. Era Cristo mismo que había resucitado y no moría más. Evidentemente esta experiencia es necesaria para asumir un compromiso cristiano: quien no comprende quién es Cristo y qué ha hecho por él, no puede comprometerse realmente. Su fe será siempre una cuestión periférica. Pero quien se sabe salvado de la muerte eterna, de la “segunda muerte”, de la perdición eterna, no se puede sino “cantar las misericordias de Dios” que nos amó cuando éramos pecadores y nos envió a su Hijo para que nos mostrara el camino de la salvación. Y así, Tomás no pudo quedar igual después de la experiencia de Cristo. Salió como un apóstol convencido, salió del cenáculo para anunciar a Cristo Resucitado  a sus hermanos. 
Vivir de Su Presencia (1). - El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma.
Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.      
Cuando estamos en crisis, los miedos y falta de vigor espiritual tienen su origen, con frecuencia, en que la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.
Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas. 
Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción.
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu- 
El que tiene fe, ha vencido al mundo. La fe incrédula de Tomás y su paso a una confesión magnífica de la divinidad del Señor, “fe en Jesús resucitado” va ser el camino de todos los que formamos el pueblo de Dios. Los hechos de los apóstoles nos narran el ambiente de la primera comunidad cristiana. Una comunidad donde había comunión de pensamientos y sentimientos, “Un solo corazón y una sola alma”,una comunidad donde había una íntima preferencia por el prójimo y, sobre todo, una comunidad que daba testimonio de la Resurrección del Señor.
La primera lectura de san Juan escrita hacia el final del primer siglo, cuando ya la comunidad cristiana había atravesado por diversas y dolorosas pruebas, hace presente que “quien ha nacido de Dios”, es decir, el que tiene fe, ha vencido al mundo. Para vencer al mundo hay que creer en el Hijo de Dios.
Para iluminar nuestra reflexión podemos tomar un texto del Documento de Aparecida 18:
Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo Resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestros pueblos y a cada una de sus personas.
Está presente la fe en Jesucristo, el seguimiento, la misión de contar a los demás… todo bajo la luz del Resucitado.
Oración de San Francisco de Asís:
Señor, haz de mí, un instrumento de tu paz.
Allí donde haya odio que yo ponga amor;
Allí donde haya discordia que yo ponga unión;
Allí donde haya error que yo ponga verdad;
Allí donde haya duda que yo ponga fe;
Allí donde haya desesperación que yo ponga esperanza;
Allí donde haya tinieblas que yo ponga luz;
Allí donde haya tristeza que yo ponga alegría.
Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar; en ser comprendido como en comprender; en ser amado como en amar. Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado, muriendo, se resucita a la Vida.
                                                        Amén.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.
Amén. P. Pío
Lecturas de la Semana
 Lunes 16: Hech. 4,  23-31;  Sal 2, Jn. 3, 1-8.
Martes 17: Hech.  4, 32-37;  Sal 92; Jn. 3, 7b-15.
Miércoles 18: Hech. 5, 17-26; Sal 33; Jn. 3, 16-21.
Jueves 19: Hech. 5, 27-33;  Sal 33; Jn. 3, 31-36.
Viernes 20: Hech. 5, 34-42; Sal 26; Jn. 6, 1-15.
Sábado 21: Hech. 1, 12-14; Sal  Lc. 1, 46-55; Lc. 1,26-38.
  
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Lectionautas CEBIPAL/CELAM – Sociedades Bíblicas Unidas. (1) José A Pagola.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
 Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

viernes, 6 de abril de 2012

Pascua, “Nosotros somos testigos de todo lo que hizo…”


Felices Pascuas!!!
Pascua significa el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida, por lo tanto al decirte felices Pascuas te deseo que disfrutes de la alegría que brota por sentirte una persona que vive libremente buscando la verdad, que busca el autentico sentido de su existencia y que nuncas pierdas el gozo humilde del que reconoce, acepta y agradece la VIDA como don de Dios.

Lecturas del 8-04-12
– Ciclo B –
  
 “Nosotros somos testigos de
todo lo que hizo…”


Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.» Palabra de Dios.           
Salmo 117          
R. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.
 
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.              

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.
San Pablo a los cristianos de Colosas 3, 1-4
Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria. Palabra de Dios.   
Secuencia:
 Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre.          

La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive.
Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.   

He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado a Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea.
Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.        
Santo Evangelio según san Juan 20, 1-9
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor. 
Reflexión 

Estamos celebrando el misterio central de nuestra fe: Cristo se ofreció al Padre, como víctima obediente aceptó ser crucificado, muriendo resucitó para vencer al pecado y a la muerte. Vemos así como la lógica de Dios supera y trasciende nuestra manera común de pensar y de sentir, más allá de lo humanamente imaginable. Por amor, por pura gratuidad, por misericordia, Él comparte con nosotros su vida eterna.
Por el misterio pascual de Jesús somos liberados, purificados, perdonados, reconciliados. Ya no somos simples espectadores, sino protagonistas y colaboradores de esta acción sagrada y salvífica.
 
El tiempo pascual es tiempo de alegría. De una alegría que no se limita a esta época del año litúrgico, sino que se instala en todo momento en el corazón de los cristianos, porque Jesús está vivo. Jesús no es una figura que pasó, que existió en un tiempo y que se fue, dejándonos un recuerdo y un ejemplo maravilloso. No: ¡Cristo vive! Jesús es el Emmanuel, Dios con nosotros.
Su Resurrección nos revela que Dios no abandona a los suyos. ¿Puede la mujer olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque se olvidara, yo no me olvidaré de ti, había prometido el Señor, según lo relata el libro de Isaías. Y ha cumplido su promesa.
La Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil, y nuestra fe estaría vacía de contenido.
     
María Magdalena va a la tumba de Jesús. No sabemos qué la motiva, pero no pareciera que tiene una fe profunda en la resurrección dado que se alarma profundamente cuando percibe que la piedra que tapaba la tumba está removida. Es más, comenta a los otros dos discípulos que se han llevado al Señor y no sabe dónde lo han puesto. Es interesante que las palabras de María con respecto a la incertidumbre están en plural: “no sabemos dónde lo habrán puesto”. Tal vez fue con otras mujeres como relatan los otros evangelios o, tal vez, aquí se presenta simbólicamente la preocupación de toda la primitiva comunidad cristiana que ante la muerte de su Señor y la realidad del sepulcro vacío, se pregunta sin esperanza en la resurrección, ¿dónde está el Señor?…  
Se acerca a otros discípulos para encontrar respuestas, para encontrar sentido a sus búsquedas.
Pedro y Juan salen corriendo y llega primero el discípulo a quien “Jesús amaba”. Mira, ve las vendas pero no entra. Luego llega Simón Pedro, entra y ve las vendas y la tela que le envolvía la cabeza a Jesús (sudario). Luego entra Juan y nos dice literalmente el evangelista que “vio y creyó”.
 
¿Qué es lo verdaderamente asombroso de esto? Que Juan cree, tiene fe, acepta la resurrección de Jesús sin necesidad de que el Señor Resucitado se le aparezca aún. El discípulo amado cree al ver los signos de la resurrección.
        
Aquí hay una clave muy interesante para nosotros hoy, aprender a ver los signos de la resurrección en la vida, en nuestras vidas. Es interesante notar que éste “vio y creyó”, el del discípulo amado antecede al episodio de Tomás que compartiremos el próximo domingo. Tomás desafiará a sus hermanos diciéndoles de entrada que no creerá en Jesús resucitado hasta que no vea las marcas de los clavos en sus manos, meta su dedo en ellas y ponga su mano en la herida del costado. Contrastan claramente las dos perspectivas diferentes de estos dos discípulos del Señor.
Después de resucitar por su propia virtud, Jesús glorioso fue visto por los discípulos, que pudieron cerciorarse de que era Él mismo: pudieron hablar con Él, le vieron comer, comprobaron las heridas de los clavos y de la lanza. Los Apóstoles declaran que se manifestó con numerosas pruebas, y muchos de estos hombres murieron testificando esta verdad.      
Nuestra respuesta: Somos testigos. La Resurrección de Cristo es la realidad central de la fe católica. Y esto nos colma de alegría el corazón. La importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección. Anuncian que Cristo vive, y este es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que, después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo vive!
 
En Él, encontramos todo. Fuera de Él, nuestra vida queda vacía. El día del Señor, fue el amanecer de la Nueva Creación en Jesucristo.             
La iniciativa salvadora de Dios reclama de nuestra parte una respuesta personal que no debe quedar en meros gestos individuales, externos y aislados. Abarca toda nuestra vida. Provoca una renovación total; un cambio profundo, definitivo, que debe estar presente en los criterios, los juicios, las actitudes, los comportamientos y los compromisos. Es mucho más que la adhesión a un “código de convivencia y buenas costumbres”.
Hay que descubrirlo. Hay que sorprenderse. La gratuidad nos supera ampliamente. Es por esta razón que ya no podemos encontrar excusas que justifiquen nuestra mediocridad, el conformismo y la cobardía, la injusticia y el pecado.
       

Hoy estamos perdiendo el gozo humilde del que reconoce, acepta y agradece la vida como don de Dios. Hemos perdido el gozo de las cosas simples. ¿No nos damos cuenta, acaso, que la seducción del consumismo, nos conduce al hartazgo, a la pérdida del auténtico sentido de las cosas, de allí, para instalarnos finalmente en el agobio, la angustia y el desinterés?              
La Pascua de Jesús debe incidir en nuestra propia Pascua. Este es su mensaje: “Permanezcan en mi amor para que den fruto”. El fruto consiste en “que se amen unos a otros” (Jn 13,34). 
“Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. (Jn.15, 13)        
Por esta razón aprendamos a vivir solo de su Amor. Es la vocación suprema del hombre. A su amor, respondamos con su mismo amor. Sin límites. Vivir como resucitados significa para nosotros vivir como lo hizo nuestro maestro:

cultivo de la verdad: pensar la verdad, honrar la verdad, decir la verdad y realizar la verdad sin reducirla, como pasa tantas veces hoy, al propio interés, a la propia necesidad o a la propia comodidad. La pérdida de la verdad no sólo nos lleva a vivir una vida disociada, sino al adormecimiento de la conciencia, cosa que es mucho peor.   La libertad:hemos sido redimidos al precio de la sangre de Cristo. Debemos vivir libres de toda esclavitud. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres... Si el Hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres» (Juan 8, 31-36). Esta libertad es objetiva y germinal; con la gracia de Dios, debemos desarrollarla y aplicarla a todos los campos de la existencia.     
 
El gozo y la paz: El Señor nos dice: “No tengan miedo, Yo estoy con Ustedes y les dejo mi paz.” En el mundo tendrán que enfrentar el sufrimiento, pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn.16.33)-              
Esta es la Pascua: El Señor está vivo, ha resucitado. Quiere ahora, que nosotros vivamos como resucitados. Es decir volver al amor, al servicio, a la verdad, al ejercicio responsable de la libertad, al gozo y la paz de nuestra vida que así vale la pena ser vivida.
. “El Señor ha resucitado, no temamos ser nosotros testigos de todo lo que hizo…”
 
 
“Te ofrezco, Señor”
 
"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
 
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
 
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
 
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
 
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.     
 
Papa Clemente IX
 
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad. Ven porque te necesito, porque todo mi ser te reclama.

Lecturas de la Semana
Lunes 9: Hech. 2, 14. 22-32;  Sal 15, Mt. 28, 8-15.
Martes 10: Hech.  2, 36-41;  Sal 32; Jn. 20, 11-18.
Miércoles 11: Hech. 3, 1-8.10; Sal 104; Lc. 24, 13-35.
Jueves 12: Hech. 3, 11-26;  Sal 8; Lc. 24, 35-48.
Viernes 13: Hech. 4, 1-12; Sal 117; Jn. 21, 1-14.
Sábado 14: Hech. 4, 13-21; Sal  117; Mc. 6,9-15.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Mensaje de Pascua 2009 de Mons. Rubén Oscar Frassia
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
 Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 

sábado, 31 de marzo de 2012

Domingo de Ramos, «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!¡


Lecturas del 1-04-12

Conmemoración de la entrada del Señor a Jerusalén – Ciclo B –
 
  
 
Libro del profeta Isaías 50, 4-7El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento.
Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.      
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.             
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.  Palabra de Dios.         
Salmo 21             
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?        

Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto.» R.       

Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.
Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.» R.
San Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. 
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios    

Evangelio según San Marcos 11,1-11
Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos, cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo;  y si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?”, respondan: “El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida”». Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron.  Algunos de los que estaban allí les preguntaron: « ¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?». Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo.  Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban:
«¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!».
Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania. Palabra del Señor
 
Reflexión:
Hoy la Iglesia entera conmemora el Domingo de Ramos. Durante la procesión de este domingo, llevamos en las manos olivos como signo de paz y esperanza, y después llevamos a nuestras casas los ramos bendecidos, como signo de la bendición de Dios, de su protección y ayuda.  Según nuestra costumbre, se colocan sobre un crucifijo o junto a un cuadro religioso, y este olivo es un sacramental, es decir, nos recuerda algo sagrado, signo exterior de que hemos optado por seguir a Jesús en el camino hacia el Padre.
La presencia de los ramos en nuestros hogares es un recordatorio de que hemos vitoreado a Jesús, nuestro Rey, y le hemos seguido hasta la cruz, de modo que seamos consecuentes con nuestra fe y sigamos y aclamemos al Salvador durante toda nuestra vida, porque en el seguimiento de Cristo, pasando nuestra propia pasión y muerte, viviremos la resurrección definitiva de Dios.          
ENTRADA EN JERUSALEN
 
Marcos y los otros dos sinópticos, a diferencia de Juan, narran sólo una subida y estancia de Jesús en Jerusalén.  La hacen coincidir además, con la última semana de su vida y la sitúan en los días de la celebración de la Pascua.
La Pascua era la fiesta en la que Israel conmemoraba, anualmente su liberación de la esclavitud de Egipto.  Se celebraba en primavera y congregaba en Jerusalén, alrededor del templo, a miles de peregrinos israelitas venidos de todas partes.  La ciudad triplicaba su población, y su ambiente en esos días era de fiesta multitudinaria y llamativa alegría.  A la par, la pascua ponía al rojo vivo las expectativas políticas del pueblo, sus ansias de liberación y su esperanza mesiánica; y era una ocasión propicia para revueltas y movilizaciones populares de todo tipo.  La dominación romana, que Israel soportaba desde hacía años, había exaltado los sentimientos nacionalistas del pueblo y hecho surgir un grupo violento, los zelotas, que esperaban imponer el reino de Dios por la fuerza.
Jesús era consciente de este clima y situación.  Y a pesar de ello quiso aprovechar ese momento para realizar un importante gesto profético en contra de las expectativas mesiánicas de la inmensa mayoría.
 
La entrada de Jesús en Jerusalén es más que un simple recibimiento caluroso.  Está más cercana a una auténtica manifestación popular, masiva y enardecida, en la que se mezclan los más profundos sentimientos de fe del pueblo en el Dios Liberador y en su Mesías con los sentimientos  nacionalistas y políticos de los más diversos signos.  Los zelotas quizá vieron en la actuación de Jesús una ocasión para conseguir un inmediato alzamiento popular, liberarse de los romanos e instaurar la soberanía de Dios.  Los discípulos quizá pensaron que llegaba la hora del triunfo, la de un Mesías Rey que iba a instaurar su reino;  que con el triunfo de Jesús venía el suyo.  El pueblo pensó quizá que por fin Dios venía a ejercer su poder sobre la historia y realizar el juicio contra los paganos que dominaban Israel.  Es lo que sucede en cualquier acto de masas.  Aunque todos coincidan en su realización las expectativas son diversas.  No se trata pues, en esta narración evangélica, de una procesión religiosa ordenada, con ramos que se agitan pacíficamente al ritmo de cantos religiosos.  Aquello fue un verdadero tumulto.
 
La palabra “Hosanna” con la que Jesús es aclamado, significa literalmente: ¡Sálvanos por favor!”.  Con ella se pedía a Dios ayuda para la victoria.  Y ese tender los mantos y cortar los ramos para preparar y adornar el camino tiene su correlación en las fiestas de entronización de los reyes de Israel.  Pero frente a la efervescencia popular de esos días y, quizá, frente a la tensión fuerte de las autoridades religiosas, Jesús toma medidas, que connotan una cierta clandestinidad, para proteger su acción de indiscreciones que pusieran a las autoridades sobre aviso.  Eso es lo que debemos ver en detalles del intrincado sistema de hacerse con el burro, en el no hospedarse en Jerusalén, etc.
 
Jerusalén no es simplemente el nombre de la Ciudad Santa, de la capital religiosa del pueblo.  En el Evangelio de Marcos, Jerusalén no es una palabra neutra. Casi siempre que la utiliza tiene connotaciones peligrosas: es sede de los adversarios de Jesús; en ella viven los responsables de la ortodoxia, del culto y de la Ley.  Es el lugar donde ellos le matarán.  Jesús llega al terreno de sus enemigos, va al lugar donde se juegan los grandes intereses del ser humano, al centro mismo de la opresión religiosa, y se enfrenta a Él.  En Marcos no es la ciudad la que sale a recibirle, la que le aclama, Jesús atraviesa la ciudad y llega al templo sin que sus habitantes parezcan enterarse.  Son los discípulos, los peregrinos, la gente venida de fuera, quienes le acompañan y aclaman.
 
Marcos rememora la entrada a Jerusalén con un relato que podríamos titular entrada triunfal al revés.  Nos muestra otra realidad que no sólo son los gritos los mantos, los ramos…, entra con un signo profético y que es sorprendente y llamativo: un asno (signo de poco poder).  El tipo de cabalgadura, cuidosamente preparada y escogida, habla de la humildad y de paz no de triunfo.  El Mesías suprime los carros de combate, los caballos y los arcos, y cabalga sobre un asno, sobre un animal humilde. Un nuevo David.  Rompe los esquemas e intenta corregir las expectativas.
 
Nos podemos preguntar: ¿Por qué la manifestación termina en el templo?  El templo es la meta última de la entrada.  Y no va Él precisamente a orar.  Echa una mirada alrededor para contemplarlo todo.  El templo, resumen del talante del culto que practican los detentores del poder religioso, necesita ser purificado, ya no sirve de acceso a Dios; es una estructura excluyente y marginadora.  Por eso, se marcha de la hostil Jerusalén y se refugia en Betania.  De día se mostrará, pero de noche se esconde hasta que uno de los suyos lo entregue.
 
Jesús ve en el Centro religioso (en la estructura y en quienes la mantienen) el principal obstáculo para la esperanza y vida del pueblo, ya que la tergiversación que hacen de Dios y de su proyecto tiene un efecto inmovilizador y generador de desesperanza.  Por eso, se enfrenta abiertamente a él y ataca a su corazón: el templo.  Cuando Jesús se decidió a entrar en el templo y a purificarlo tuvo que saber claramente que estaba arriesgando su vida, pues su acción representaba un desafío claro y directo a las autoridades religiosas-políticas allí donde más dolía.
 
Jesús es consciente de las expectativas mesiánicas falseadas que los dirigentes y el pueblo tienen.  Su actuar no es un actuar imprudente y temerario. Pone medios.  No va de ingenuo por la vida.  Pero no se vuelve atrás. Afronta la realidad en toda su crudeza sabiendo que en ello le va la vida, mas no claudica.
 
La comunidad cristiana, que revive el gesto de Jesús, sabe ya de su mesianismo y su desenlace.  Por eso ha de intentar vivir la experiencia de esta página evangélica en toda su hondura: aprender definitivamente de Jesús; clamarle como Mesías liberador; seguir haciendo gestos que revelen, como los de Él, la imagen de Dios; anunciar y traer la liberación del pueblo, enfrentarse con el poder opresor y manipulador en su mismo Centro, etc.
 
Hoy día somos propensos a sopesar y calcular.  No queremos sentirnos desconcertados.  Todo lo que se salga de la línea tendemos a devaluarlo, a quitarle hierro.  El ser prudentes, el ser razonables, guía muchas de nuestras decisiones y acciones… Nos faltan gestos proféticos, acciones que hablen con claridad y hondura, acciones que interroguen a las personas, acciones que nos desinstalen, acciones que nos sorprendan y agarren…  Faltan entre nosotros gestos proféticos eclesiales, comunitarios, personales… Vivimos una fe sabida, conocida, ritualizada, sin sobresaltos… sin profetismo.
 
Pbro. Daniel Silva
 
Huellas en la Arena
 
Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, Él, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

 

Lecturas de la semana
Lunes 2: Is. 42, 1-7;  Sal 26, Jn. 12, 1-11.
Martes 3: Is.  49, 1-6;  Sal 70; Jn. 13, 21-33. 36-38.
Miércoles 4: Is. 50, 4-9; Sal 68; Mt. 26, 14-25.
Jueves 5: Ex. 12, 1-8. 11-14;  Sal 115; Jn. 13, 1-15.
Viernes 6: Is. 52, 13—53. 12; Sal 30; Jn. 18, 1—19. 42.
Sábado 7: Gn. 1, 26-31a; Sal  32; Mc. 16,1-7.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
 Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 17 hs. en:       
 Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.