Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 27 de abril de 2013

Quinto Domingo de Pascua


Así como yo los he amado, ámensen también ustedes los unos a los otros
Lecturas del 28 / 04 / 13
– Ciclo C –
Lectura de los Hechos Apóstoles 14, 21b-27                
Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.       
En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.     
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.           
A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.Palabra de Dios.   

 Salmo: 144          
        R. Bendeciré tu Nombre eternamente, Dios mío, el único Rey          

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.           
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.           
Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino: tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R.     
          Lectura libro del Apocalipsis 21, 1-5ª            
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.»    
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas». Palabra de Dios.    


Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35               
Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.       
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.» 
Palabra del Señor. 

Reflexión
El testimonio del amor
El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la última Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.
Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el discutir las diferencias,  es necesario porque a partir de ello se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor.
Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

Amistad dentro de la Iglesia           
“La señal por la que os conocerán todos que son mis discípulos será que se amen unos a otros".
Este es el testamento de Jesús. Jesús habla de un "mandamiento nuevo". ¿Dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica. También filósofos diversos hablan de filantropía y de amor a todo ser humano. La novedad está en la forma de amar propia de Jesús: "amensen  como yo los he amado". Así se irá difundiendo a través de sus seguidores su estilo de amar.        
Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos: "No los llamo siervos... a ustedes los he llamado amigos". En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos.           
Por eso, Jesús corta de raíz las ambiciones de sus discípulos cuando les ve discutiendo por ser los primeros. La búsqueda de protagonismos interesados rompe la amistad y la comunión. Jesús les recuerda su estilo: "no he venido a ser servido sino a servir". Entre amigos nadie se ha de imponer. Todos han de estar dispuestos a servir y colaborar.            
Esta amistad vivida por los seguidores de Jesús no genera una comunidad cerrada. Al contrario, el clima cordial y amable que se vive entre ellos los dispone a acoger a quienes necesitan acogida y amistad. Jesús les ha enseñado a comer con pecadores y gentes excluidas y despreciadas. Les ha reñido por apartar a los niños. En la comunidad de Jesús no estorban los pequeños sino los grandes.   
Un día, el mismo Jesús que señaló a Pedro como "Roca" para construir su Iglesia, llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí".           
En la Iglesia querida por Jesús, los más pequeños, frágiles y vulnerables han de estar en el centro de la atención y los cuidados de todo. (2)

¿Cuál es la medida del amor?
Amor: Dios es amor. Dios es la fuente infinita del amor. Dios creó al hombre por amor. Lo creó a Su imagen, es decir, capaz de amar y ser amado. Todo amor verdadero es compartir el amor de Dios según sus designios.
Amar es dar: Dios nos lo ha dado todo con la CREACIÓN.
Amar es comunicarse: Dios se nos ha comunicado con la REVELACIÓN.        
Amar es hacerse semejante al amado: Dios se ha hecho uno de nosotros en la ENCARNACIÓN. 
Amar es sacrificarse por el amado: Dios nos ha dado su vida en la REDENCIÓN.          
Amar es obsequiar al amado: Dios nos da el supremo bien de la SALVACIÓN.                

Amor y la CruzDios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad. Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8, 34)» 

Jesús revela la plenitud del amor. El es amor encarnado.
El nos da la gracia para recibir su amor y ser amorosos. Amar es asemejarse a Dios.  Entonces compartimos su amor con todos. 
          
Para el Cristiano amar es el principal Mandamiento que encierra a todos los demás. Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»  Marcos 12,28-31
La medida del amor: No es suficiente amar según nuestra idea de lo que es amor, Jesús nos manda a amar como Él amó:
Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.
Jesús crucificado es la revelación más perfecta del amor. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Juan 15,13
Como cristianos estamos llamados a imitar a Jesús que dio su vida por todos.
En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. I Juan 3,16
En Cristo somos capaces de un amor sobrenatural, la plenitud de la vida para la que fuimos creados: 
Para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. -Colosenses 2,2
Nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Romanos 8:35
El amor no es algo abstracto. Se demuestra en la práctica. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.  I Juan 3,17-18
Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos.
«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. -Mateo 5,43-48. Cf. Lc 6, 28. (3)
¿Cómo amar?
San Pablo, I Corintios 13,1-12               Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. 
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. 
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.  
Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara.         
Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
Un Mundo Mejor es posible:
Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”. (1)
Para pensar: 
Ama hoy, mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?... ¡Eso hace tiempo!...             
¿Mañana?...No nos es permitido saber...          
Mañana puede ser muy tarde para decir que amas, para decir que perdonas, para decir me disculpas, para decir que quieres intentarlo nuevamente...              
Mañana puede ser muy tarde para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío...!    
Tu amor, mañana, puede ser inútil.   
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso. Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado. Tu carta, mañana, puede no ser leída. Tu cariño, mañana, puede no ser más necesario. Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...    

Porque mañana puede ser muy, muy tarde! no dejes para mañana para decir: ¡Te amo! ¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!   
No dejes para mañana Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda...          
No dejes para mañana para preguntar:             
¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estás triste? ¿Qué te pasa? ¡Oye!...ven aquí, vamos a conversar. ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no empezamos nuevamente? Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo? ¿Dónde están tus sueños?

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde! ¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más! ¡Solamente el "hoy" es definitivo! ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
Busca a Cristo hoy. ¡Mañana pueda ser muy tarde!            

                                                                                                                                                        Cuento de autor Desconocido
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que yo pueda escuchar Tú voz y seguirte
Lecturas de la semana
Lunes 29: Hech. 14, 5-18; Sal. 113; Jn. 14, 21-26.
Martes 30: Hech. 14, 19-28; Sal. 144; Jn. 14, 27-31a.
Miércoles 1: Ecle. 51, 12-20, Sal.  18; Mc. 11, 27-33.
Jueves 2Gn. 14, 18-20; Sal. 109; 1Cor. 11, 23-26; Lc. 9, 11-17.
Viernes 3: Tob. 1, 3; 2.1-8; Sal. 111; Mc. 12, 1-12.
Sábado 4: Tob. 2, 9-14; Sal. 111; Mc. 12, 13-17
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Servicio Bíblico latinoamericano. (2) J. A. Pagola. (3) Padre Jordi Rivero.
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
 miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

viernes, 19 de abril de 2013


“Yo soy tu Pastor y te conduciré hacia los manantiales de agua viva”
 
Lecturas del 21 / 04 / 13
  – Ciclo C –
 
Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52          
Pablo y Bernabé continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Estos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios              .
Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: «A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: “Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.»                
Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio.
Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio.
Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.  Palabra de Dios.      
 
Salmo 99              
      R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.            

Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos R.              
Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.       
¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.    

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17              
Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas.
Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano.       
Y uno de los ancianos me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.
Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo.       
El que está sentado en el trono habitará con ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor.
Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva.
Y Dios secará toda lágrima de sus ojos.»  Palabra de Dios.       
 
Santo Evangelio según san Juan 10, 27-30   
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.         
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.   
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.»
Palabra del Señor.             

Reflexión:
                            El Buen Pastor
               
Jesús, rechazado por los dirigentes. 
La escena del Evangelio se desarrolla en el templo y en los días de la fiesta de la dedicación o consagración del mismo. Los judíos celebraban tal fiesta como aniversario/recuerdo de la resistencia heroica de los macabeos contra la profanación del templo por Antioco Epífanes en el siglo II a. C. En el contexto de esta fiesta se enfrenta Jesús, una vez más, con los dirigentes judíos. De fondo está la controversia sobre su identidad y mesianismo. A la capciosa pregunta sobre si es el Mesías, Jesús no contesta directamente. Lo hace de forma indirecta, remitiendo al testimonio de sus obras, muchas y buenas, iguales a las del Padre. Ellos no le pueden creerle porque no son de los suyos. En su respuesta les ofrece la premisa necesaria para que saquen la conclusión. El conflicto está servido.       

El que Juan coloque esta escena en la fiesta de la consagración del templo y sitúe a Jesús en el pórtico de Salomón, el rey que construyó el templo planeado por su padre David, es algo intencionado. El evangelista quiere decirnos que Jesús es el nuevo templo consagrado, porque realiza las obras del Padre. Como nuevo Santuario, en el que brilla la gloria de Dios, sustituye al templo antiguo. Esta pretensión de Jesús pone en cuestión la legitimidad de la institución judía y derriba las posiciones de poder de sus dirigentes. Por eso, es rechazado e intentan apedrearlo y darle muerte.             

El Mesías, buen pastor. Los primeros forjadores del pueblo de Dios fueron nómades. De ahí que la imagen del pastor con su rebaño pasase a expresar las relaciones de Dios con su pueblo. Frente a los dirigentes que no sirven ni pastorean a su pueblo, Jesús se muestra Mesías bajo la figura del buen pastor. Así lo demuestran sus obras. El conoce a sus ovejas, las conduce a los pastos, las defiende de los peligros, se entrega totalmente y da su vida por ellas. Su autoridad proviene de la dedicación que les presta. Las grandes figuras de Israel, Moisés y David, fueron pastores.
 
Ahora, Jesús se presenta como pastor. Así es el Mesías. Sus credenciales no son jurídicas, sino que nacen de su actividad, igual a las del Padre, a favor de los oprimidos y desvalidos. Esto pone a los dirigentes judíos en una situación difícil, pues ellos no toleran estas obras, que sus intereses personales les impiden admitirlas. De ahí que le acusen de blasfemia e intenten apedrearlo.

Un Mesías muy humano.  Tú, siendo un hombre como los demás, te hacen Dios. Esta es la gran blasfemia que recibe Jesús de los dirigentes judíos. Esta es la gran blasfemia para ellos: uno de su raza, uno como ellos pretende ser Hijo de Dios. Hoy día, a muchos, la divinidad de Jesús no les causa problemas. Tienen dificultades en admitir su humanidad. Pero difícilmente pueden “saber” qué es y qué supone su divinidad si no son capaces de asumir plenamente su humanidad.
 
La nueva comunidad de Jesús: sus ovejas. Los discípulos de Jesús (sus ovejas) se distinguen porque: creen en Él -escuchan (reconocen su voz)-le siguen -no se perderán/ni perecerán jamás. En la relación a esta cuádruple distinción, Jesús afirma: que lo que le entregó el Padre, sus discípulos, es lo que más le importa -Él los conoce- los defiende y les da la vida para siempre. Ellos son el nuevo pueblo y nadie podrá arrebatárselo.
 
Una voz inconfundible. Saber escuchar. Hoy somos víctimas de una lluvia abrumadora de palabras, voces, imágenes y mensajes, que corremos el riesgo de perder nuestra capacidad para escuchar la voz que necesitamos oír para tener vida. Recibimos y absorbemos imágenes, palabras, anuncios, y todo cuanto nos quieran ofrecer, para alimentar nuestra trivialidad, nuestra evasión, nuestra frustración, o nuestra posición de privilegio. Hoy, más que en otros momentos de la historia, el ser humano necesita urgentemente recuperar de nuevo la capacidad de escucha, si no quiere ver su vida y su fe ahogarse progresivamente en la trivialidad. Nuestra sociedad está enferma en su voluntad de vivir. La civilización de la abundancia le ha ofrecido medios de vida, pero no motivos para vivir.           

Todos necesitamos estar más atentos a la llamada de Dios, escuchar la voz de la verdad, sintonizar con lo mejor que hay en nosotros, desarrollar esta sensibilidad interior que percibe, más allá de lo visible y de lo audible, la presencia de Aquel que puede dar vida a nuestra vida.      

“Mis ovejas escuchan mi voz”. El primer reto es reconocer la suya entre tantas voces que nos llevan al tropel, al asalto. Nos bombardean a diario: ofreciéndonos, informándonos, pidiéndonos… hasta habrá que cribar mucho. Habrá que eliminar. Habrá que discernir cuidadosamente.

Yo las conozco. La suya es una voz amiga. Tiene el acento familiar, directo, de quien no es la primera vez que nos visita. Sabe llegar a lo más hondo de nuestro ser, a ese fondo cuya llave guardamos celosamente. No se deja engañar por nuestra fachada, porque conoce las razones íntimas de nuestras actitudes. Sabe discernir nuestro lado positivo. Y, sabe, siempre, despertar lo mejor que hay en nosotros. Su voz tiene un tono inconfundible: el de la vida. Nos da vida y nos abre a la vida.  

Ellas me siguen. Una voz así no puede caer en vacío. Trae aires nuevos de esperanza. Pide, sí, mucho. Pero porque antes Él ha sido capaz de darnos todo, de darse entero. Seguirle es acoger y cuidar gozosamente todo lo que da la vida, y proseguir su causa. Sólo haciendo el éxodo hacia el mundo, y escuchando “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”, podemos seguirle. La nueva comunidad de Jesús ha de asumir esta triple opción: Hacerse cargo de la realidad: lo que supone estar en la realidad del mundo para conocerla. 
Cargar con la realidad: o sea, asumir con responsabilidad de lo que el mundo es y de lo que en él acontece.            
Encargarse de la realidad: es decir, tomar la opción de transformarlo, de esperanzarlo, de hacerlo más habitable, más humano y más reino de vida.

En este domingo del Buen Pastor elevamos oraciones por las vocaciones sacerdotales y religiosas, pastores con la misión de guiar a las ovejas en nombre de Cristo. La vocación es una llamada de Jesús, cuya voz es distinguida entre otras voces inauténticas que llaman:
 
Se presentan muchos caminos y es necesario entrar por el que lleva a la vida.     

Hay necesidades de socorrer y compromisos que cumplir: se trata de saber cuál es la necesidad más urgente y el compromiso más ineludible.                
Hay muchas causas nobles y la elección acertada consiste en distinguir cuál es la causa tan noble que merece la entrega de la propia vida.                
Qué hermosa ocasión para que miremos nuestra vida y reflexionar.    
                                                                                                                                                                                                   Pbro. Daniel Silva (2010).
 
  Un mundo mejor es posible, tenemos que decidirnos:
 
"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna".
Jesús no fuerza a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna. Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.
Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de
 manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana.
Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.        
Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.    
Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos
 cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús.
                                                                                                                                                                                                                                                                José A. Pagola
 
El precio de un milagro      

Ésta es una historia verdadera. Mariela era una niña precoz de ocho años. Un día escuchó a su mamá y a su papá hablar acerca de su hermanito Javier. Ella sólo sabía que él estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero. Planeaban mudarse a un complejo de departamentos el mes siguiente, porque su padre no tenía lo suficiente para pagar las facturas médicas y la hipoteca. Sólo una operación costosísima podría salvar a Javier. Escuchó que su padre estaba gestionando un préstamo, pero no lo conseguía. Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenía los ojos llenos de lágrimas: "Sólo un milagro puede salvarlo." Mariela fue a su cuarto y sacó un frasco de dulce, que mantenía escondido en el placard, donde guardaba algunos centavos. Vació todo su contenido en el suelo y lo contó cuidadosamente. Lo contó una segunda vez y ¡una tercera! La cantidad tenía que ser perfecta. No había margen para errores. Luego colocó las monedas en el frasco nuevamente, lo tapó y salió por la puerta de atrás. Caminó seis cuadras hasta la farmacia y esperó pacientemente su turno. El farmacéutico parecía muy ocupado y no le prestaba atención. Mariela movió su pie, hizo ruido. Nada. Se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo producir. Nada. Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador. -"¿Qué deseas?" -le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable. Y agregó sin esperar respuesta: "Estoy hablando con mi hermano, que acaba de llegar de Chicago, y no lo he visto en años". -"Bueno, yo quiero hablarle acerca de mi hermano" -le contestó Mariela en el mismo tono y explicó: -"Está muy enfermo y quiero comprar un milagro". -"¿Qué decís?", preguntó el farmacéutico. -"Mire -siguió Mariela- su nombre es Javier, tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi papá dice que sólo un milagro puede salvarlo. Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?" -"Aquí no vendemos milagros, querida. Lo siento, pero no puedo ayudarte", le contestó el farmacéutico; ahora en un tono más dulce. -"Mire, yo tengo dinero para pagarlo. Si no es suficiente, conseguiré el resto. Sólo dígame cuánto cuesta", precisó la nena. El hermano del farmacéutico se inclinó y le preguntó a la niña: -"¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?" -"No sé -contestó Mariela- Sólo sé que está muy enfermo. Mami dice que necesita una operación. Pero papá no puede pagarla, así que yo quiero usar mi dinero". -"¿Cuánto dinero tenés?", le preguntó el hombre de Chicago. -"Tres pesos con 25 centavos", contestó Mariela en una voz que casi no se entendió. "-Es todo el dinero que tengo, pero puedo conseguir más si no alcanza". -"Pero ¡qué coincidencia...! -dijo el hombre, sonriendo- Tres pesos con 25 centavos, es justo el precio de un milagro para hermanos menores". Tomó el dinero en una mano, con la otra a la niña del brazo, y le dijo: -"Llévame a tu casa. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. Veamos si yo tengo el milagro que vos necesitas". Ese hombre (hermano del Farmacéutico) era el Dr. Carlton Armstrong, especialista en neurocirugía. La operación se efectuó sin cargo y en poco tiempo Javier estaba de regreso a casa y con buena salud. Los padres de Mariela hablaban felices de las circunstancias que llevaron a este prestigioso doctor hasta la puerta de su casa. -"Esa cirugía -dijo su madre- fue un verdadero milagro. Me pregunto ¡¿cuánto hubiera costado?!". Mariela sonrió. Ella sabía exactamente cuánto costaba un milagro; tres pesos con 25 centavos, más la FE de una niña.
 
Y supo para toda la vida que un milagro no es suspender la ley natural, sino obrar con un poder superior, como la FE.       
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para poder seguirte.
 
Buen Pastor, Dios de la vida, Dios entre nosotros, gracias por acompañarnos en nuestro peregrinar.
 
Lecturas de la semana
Lunes 22: Hech. 11, 1-18; Sal. 41; Jn. 10, 1-10.
Martes 23: Hech. 11, 19-26; Sal. 86; Jn. 10, 22-30.
Miércoles 24: Hech. 12, 24—13.5, Sal.  66; Jn. 12, 44-50.
Jueves 251Ped. 5, 5-14; Sal. 88; Mc. 16, 15-20.
Viernes 26: Hech. 13, 26-33; Sal. 2; Jn. 14, 1-6.
Sábado 27: 2Tim. 1, 13-14;2, 1-3; Sal. 95; Mt. 9, 35-38
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María:
 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
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viernes, 12 de abril de 2013

Tercer Domingo de Pascua


Lecturas del 14 / 04 / 13
– Ciclo C –

“¿Me amas?”
 
Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41
El Sumo Sacerdote les dijo: «Nosotros les  habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!»   
Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen.»  
Después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.    Palabra de Dios.

Salmo 29
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
  Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.  Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.
 
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
 
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;  ven a ayudarme, Señor.»  Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!  R.

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14
Yo, Juan, oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: «El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.»             
También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían:                
«Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos.»       
Los cuatro Seres Vivientes decían: «íAmén!», y los Ancianos se postraron en actitud de adoración. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros.»             
Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?»                
Ellos respondieron: «No.» El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «íEs el Señor!» Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.» 
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer.»             
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.             
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?»
El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»      
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
El le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero.»     
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.»           
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»  Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero.»           
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras.»              
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme.» Palabra del Señor.
 
Reflexión:
Una larga cita
 
A San Juan le gustan las cifras: la hora 10°, 5.000 personas, 30 estadios, etc.; pero generalmente dice “alrededor de “.  Aquí concreta: Pedro y sus compañeros pescaron exactamente 153 peces.  Estamos en pleno simbolismo.  ¡Pero no en lo que es irreal! Aquí lo real es tan misteriosamente rico que sólo se lo puede expresar con símbolos.
 
Observen los 7 “discípulos” y 7 veces la palabra discípulo; 7 es el símbolo de la totalidad.  Y 3 veces “manifestar”, más 3 veces “señor” para simbolizar un encuentro solemne de Jesús  en su gloria de resucitado. 
En efecto, se trata de su tercera manifestación, marcada por el papel principal de Padre: nombrado en primer lugar, toma la iniciativa de  la pesca, se precipita el primero hacia Jesús y arrastra a la orilla la red que no se rompe (símbolo…de lo que habría de ser la Iglesia), a pesar del enorme peso de los 153 peces. 
El almuerzo ofrecido por Jesús hace pensar inevitablemente en la Eucaristía en la que todo cristiano se acerca al resucitado, lo reconoce y entra en comunión con Él.
Algunos detalles simbólicos nos permiten acceder a lo que se llama “escatología”, los fines últimos.  Vemos a Jesús “a la orilla del lago” en la tierra firme de la eternidad, mientras que los discípulos (los apóstoles de todos los tiempos) bregan en las aguas de la vida terrena.  Dirigidos por Pedro, son pescadores de hombres (los peces grandes), pero no pueden pescar nada sin Jesús.
 
Traerán finalmente al Señor los famosos 153 peces, o sea todos los elegidos: 153 es un número especial: si se suman las cifras de 1 al 17, tenemos 153 y cuando se presentan esas cifras por puntos (1 = 1 punto, 2 = 2 puntos, etc.) disponiendo una sobre otra esas líneas de puntos, se obtiene un triángulo perfecto cuyo tres lados tienen 17 puntos.  Como 17 es igual a 10 (la multitud) más 7 (la totalidad), vemos que 153 simbolizan muy bien la idea de la masa de cristianos que encontrarán a Cristo en la orilla de la eternidad.
 
Así, pues, la eternidad será ese cara a cara con Jesús y el banquete con Él, o sea la entrada en su vida y en su gozo.  No es necesario saber más para soñar en el cielo.  Pero ¿está permitido esto? ¿Por qué?  Los que pretenden que el cielo nos distrae de la realidad sólo tienen una idea mutilada de lo real.  La realidad entera comienza en el oleaje y las tempestades de la vida de aquí abajo y se extiende hasta la vida sin fin.
 
Pero, como San Juan no deja de repetir, es aquí abajo donde todo se juega.  Cada día que pasa es infinitamente precioso y decisivo, porque podemos acumular citas con Cristo que nos preparen para el encuentro final.  Jesús nos ha dicho: “Cada vez que ayudas a alguien con amor, te encuentras conmigo” (Mt. 25, 40).  Y cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, a la oración, al Evangelio, tenemos una cita con Él.
 
Lo esencial es ese movimiento que arroja hacia Cristo, como a Pedro: “Cuando comprendió que era el Señor, se tiró al agua”.  El mismo impulso que nos ha llevado en cada una de estas meditaciones nos arrojará algún día a sus brazos.  Para una cita muy larga.
 
P. Daniel Silva
 
Diálogo entre Jesús y Pedro:
“¿Me amas? “ “¿Me amas?... ¿Me amas?”.
“Para siempre, hasta el final de mi vida”
 
  Pedro tenía que seguir su camino acompañado de esta triple pregunta: «¿Me amas?» Y medir todas sus actividades según la respuesta que entonces había dado: cuando fue convocado ante el Sanedrín; cuando lo encarcelaron en Jerusalén, de cuya prisión no podía salir, y sin embargo, salió. Y... en Antioquia, y después más lejos todavía, de Antioquia a Roma. Y ya en Roma, cuando habiendo perseverado hasta el final de sus días, conoció la fuerza de las palabras según las cuales otro le conduciría donde él no quería.
Y sabía también que, gracias a la fuerza de esas palabras, en la Iglesia «los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones» y que «el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar»(Hch. 2,42.48).
Pedro ya no pudo jamás desprenderse de esta pregunta: “¿Me amas?” La lleva consigo donde quiera que vaya. La lleva a través de los siglos, a través de las generaciones. 
 
La pregunta de Jesús, “¿Me amas?... Es también para mí. ¿Qué le voy a contestar al Señor de la vida? Sé que un mundo mejor es posible, pero tengo que decidirme, soy libre de elegir qué camino seguir, al igual que Pedro, puedo ser víctima o protagonista de mi vida junto a nuestro Maestro en los ambientes que me toca vivir y decir:
                             Jesús misericordioso en vos confió.
 
Cuento: “un regalo, para que puedan disfrutarlo todos”
 
Pasó la Semana Santa....y todo parece volver a la normalidad...
¿Cómo vivimos este tiempo pascual que estamos transitando? ¿Con las mismas ganas y voluntad con la que hemos celebrado la resurrección de Cristo? ¿Nos sentimos portadores de un precioso mensaje de salvación que no debe dejar de anunciarse?
Los invito a compartir un relato que nos permitirá reflexionar un poco más sobre el tema:
 
"Cuando Dios repartió las cualidades a los animales, los picaflores se encontraron entre los más beneficiados.
Algunos cuentan que, el día en que estos agradables pajaritos recibieron toda su belleza y la gracia para volar, fueron, todos juntos, a dar una vuelta por diversos rincones de la creación. Así fue que descubrieron un hermoso lago de aguas quietas donde se reflejaban como si fuera un gran espejo. Al advertir que eran ellos, los picaflores, los que formaban las hermosas imágenes que aparecían sobre las aguas, no podían dejar de mirarse.
La bandada pasaba horas y horas, observándose y alegrándose por todo lo que Dios les había dado. Pero, con el transcurso de los días y entretenidos en su vuelo, no paraban ni para comer, entonces fueron adelgazando y su danza perdió la gracia que tenía originalmente.
Los picaflores empezaron a preocuparse y convocaron a una gran reunión para buscar soluciones.
Después de intercambiar ideas, decidieron enviar a uno de ellos, para que hablara con el mismísimo Dios.
-¿Qué hacen ustedes con los dones que recibieron?-preguntó Dios Padre.
El picaflor le contó que pasaba el día deleitándose sobrevolando el lago y agradeciendo con su danza esos dones que habían recibido. Dios les dijo:
-Eso me parece muy bien, pero siempre que yo hago un regalo, es para que puedan disfrutarlo todas mis criaturas. Vayan al campo, busquen las flores, aliméntense de ellas y lleven el polen de una a otra. Ellas los están esperando.
El jovencito comunicó a los demás el mensaje de Dios, y desde ese día, no sólo los picaflores disfrutan de las virtudes recibidas, sino también todos aquellos que los vemos volando por los jardines".

(De "Cuentos rápidos para leer despacio 2", María Inés Casalá-Juan Carlos Pisano-SAN PABLO).
 
Francisco, algunas reflexiones:
 
 
 
 

"Tres Palabras: alegría, cruz y jóvenes".(24 de marzo).                                                                           
                       
"Hacer memoria de lo que Dios ha hecho por nosotros, abre el corazón de par en par a la esperanza para el futuro."
 (30 de marzo).                                                                              
"Tengamos el valor de volver a su casa, de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame" (7 de  abril).               
Lecturas de la semana
Lunes 15: Hech. 6, 8-15; Sal. 118; Jn. 6, 22-29.
Martes 16: Hech. 7, 51—8, 1; Sal. 30; Jn. 6, 30-35.
Miércoles 17: Hech. 8, 1-8, Sal.  65; Jn. 6, 35-40.
Jueves 18Hech. 8, 26-40; Sal. 65; Jn. 6, 44-51.
Viernes 19: Hech. 9, 1-20; sal. 116; Jn. 6, 52-59.
Sábado 20: Hech. 9, 31-42; Sal. 115; Jn. 6, 60-69
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María:
 
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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