Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 14 de junio de 2013

Decimo primer Domingo durante el año


“Tú palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino”
Lecturas del 16/06/13

– Ciclo C –
  Segundo libro de Samuel 12, 7-10. 13    
Entonces Natán dijo a David: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más.                 
¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas.
Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.             
David dijo a Natán: «¡He pecado contra el Señor!» Natán le respondió: «El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás.» Palabra de Dios. 

Salmo 31
     R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.      
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.        Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.               

Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación. R.        ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.  

Pablo a los cristianos de Galacia 2, 16. 19-21    
Hermanos: Como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley , sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley : en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley , he muerto a la Ley , a fin de vivir para Dios.  
Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.    
Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente. 
Palabra de Dios.   

Santo Evangelio según san Lucas 7, 36—8, 3     
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.    
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!»        
Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»                 
«Di, Maestro», respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?»              
Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más.»    
Jesús le dijo: «Has juzgado bien.» Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor.»                 
Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados.»   
Los invitados pensaron: « ¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»       
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras que los ayudaban con sus bienes.  
Palabra del Señor.             
Reflexión: 
El texto evangélico que compartimos este fin de semana se puede decir que tiene dos partes diferenciadas pero conectadas entres sí:             
El relato del perdón de la pecadora en casa de Simón el Fariseo (7,36-50).
El relato sumario de los que acompañan a Jesús en su misión (8,1-3).  
La pecadora en la casa del fariseo. Una mujer se atreve a estropear una sobremesa cuidadosamente preparada. La arrogante entrometida no sólo quebranta las leyes de la buena educación, sino que, además, comete una infracción de tipo religioso: un ser impuro (la mujer pecadora) no debe manchar la casa de un hombre socialmente puro (un fariseo).
Por un momento Cristo pierde su dignidad de profeta a los ojos de su anfitrión: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando, y lo que es: una pecadora”.
Ante la situación que se ha presentado, Jesús utiliza el recurso de los sabios: en vez de corregir a su anfitrión, lo invita a salir de su ignorancia y a reconocer que el verdadero pecador es él; el fariseo que se cree puro.
La mujer, a nadie ha engañado: ha repetido los gestos de su oficio; la misma actitud sensual que ha tenido con todos sus amantes. Pero esta tarde sus gestos no tienen el mismo sentido. Ahora expresan su respeto y el cambio de su corazón. El perfume lo ha comprado con sus ahorros, que son el precio de su “pecado”. Y sin dudarlo rompe el vaso (cf. Mc 14,3), para que nadie pueda recuperar ni un gramo del precioso perfume.
Estalla la libertad propia del amor. En esta comida el fariseo tenía todo previsto y preparado. Pero basta con que una mujer empujada por su corazón entre sin haber sido invitada, y la sobremesa cambia del todo. El episodio revela la liberación ofrecida por Jesús.
El Mesías proclama con sus actos y palabras que el hombre ya no está condenado a la esclavitud de la ley y de una religión alienante. El cristiano es un ser liberado sobre la base de esa fe hecha amor práctico que predica Jesús: “tu fe te ha salvado”.
En la antigüedad las prostitutas eran consideradas esclavas; socialmente no existían. Sin embargo, esta tarde una prostituta escucha las palabras de absolución y de canonización, porque ha hecho el gesto sacramental, ha expresado su decisión de cambiar de vida. Así se coloca a la cabeza del Evangelio. ¿Qué otra cosa pueden significar las palabras de Cristo “tus pecados están perdonados”?

La gran actividad misionera de Jesús. Recorre pueblos y aldeas proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. No se detiene donde tiene éxito. Quiere anunciar el reino de Dios a todos. Y anuncia con palabras y obras. En su caminar hay personas que le siguen de continuo y que colaboran en su misión. No atraviesa la tierra a solas, sino que le acompañan los doce y algunas mujeres que Él había curado de malos espíritus y enfermedades. El reino de Dios necesita braceros, braceros generosos que sepan llevar adelante la obra iniciada por Jesús. No importa mucho, parece, la condición, la altura, el sexo, el estado civil…               
Las mujeres que acompañan a Jesús. Este es un dato muy significativo, máxime si tenemos en cuenta que los rabinos judíos excluían a toda mujer del círculo de sus discípulos. Jesús mostró en todo momento una actitud radicalmente distinta a la del judaísmo oficial. Fue una actitud sin perjuicios, abierta y liberal.       
¿Quiénes son estas mujeres y quiénes representan? El hecho de mencionar a algunas de ellas por su nombre indica que se trata de un grupo muy real, como el que representan los Doce. Por otro lado, el número tres (tres nombres propios) emana una totalidad: María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana y otras muchas.       

Por primera vez, el grupo de Jesús se presenta como un grupo mixto. Por un lado, los Doce, que englobaban la totalidad de los discípulos de origen y tradición israelita, pero en calidad de nuevo Israel. Por otro, las mujeres, representantes de las clases marginadas. El segundo grupo, como le es propio por haber dado la adhesión a Jesús después de haber experimentado en su propia carne los efectos de la marginación social y religiosa, es un grupo muy liberado. María Magdalena había estado poseída por “siete demonios”, es decir, por todas las ideologías contrarias al ser humano que se pueden imaginar, y había quedado definitivamente libre de ellos. Además se dice de las tres que “habían sido curadas por El de malos espíritus y enfermedades”.
El servicio comunitario. El grupo tipificado por las mujeres no se ha quedado en la mera experiencia de la “liberación de”, sino que enseguida ha puesto sus bienes al servicio de Jesús y de todos los que le acompañan. Han pasado de la “liberación de…” a la “liberación para…”. Al lado de los Doce, que se mostraron tan reacios a aceptar el Mesías tal como lo entendía y encarnaba Jesús, hay otro grupo de seguidores, real también, que ha comprendido ya a fondo cuál es la verdadera característica de los discípulos o la marca definitiva del grupo predilecto de Jesús: el servicio comunitario.  
Lucas, que da una gran importancia a la mujer, nos muestra aquí que no se la puede reducir a ocupar en la Iglesia y en el mundo un puesto secundario. De hecho, en su evangelio, las mujeres están siempre presentes en los momentos clave: acompañan a Jesús en su misión; están al pie de la cruz cuando todos le han abandonado; son las primeras que reciben la Buena Nueva de la Resurrección y que la anuncian a los demás; están presentes en la espera del Espíritu Santo...
Alabanza: Salmo 107, 1-22.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo digan los redimidos por el Señor, los que él rescató del poder del enemigo y congregó de todas las regiones: del norte y del sur, del oriente y el occidente; los que iban errantes por el desierto solitario, sin hallar el camino hacia un lugar habitable.
Estaban hambrientos, tenían sed y ya les faltaba el aliento; pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los llevó por el camino recto,
y así llegaron a un lugar habitable.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres, porque él sació a los que sufrían sed y colmó de bienes a los hambrientos.
Estaban en tinieblas, entre sombras de muerte, encadenados y en la miseria…  pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los sacó de las tinieblas y las sombras, e hizo pedazos sus cadenas.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres.
Estaban debilitados y oprimidos… Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: envió su palabra y los sanó, salvó sus vidas del sepulcro.
Ofrézcanle sacrificios de acción de gracias y proclamen con júbilo sus obras.

Francisco:
“El trabajo es para la dignidad de la persona”

… El Libro del génesis narra que Dios creó el hombre y la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra (cfr. Gen 1,28 – 2,15). El trabajo forma parte del plan de amor de Dios ¡nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación y de este modo participamos en la obra de creación!
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo – para usar una imagen, nos ‘unge’ de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, actúa siempre (cfr. Jn 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismos, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación. Y aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra hoy el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo jóvenes, están desempleados, muchas veces debido a una concepción economicista de la sociedad, que busca el provecho egoísta, más allá de los parámetros de la justicia social. Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad y a los responsables de la cosa pública la exhortación a que realicen todo esfuerzo para dar nuevo impulso a la ocupación; ello significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quisiera decir que no hay que perder la esperanza; también san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona Y luego quisiera dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, y jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; el porvenir de ustedes depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro, mantengan viva la esperanza: siempre una luz en el horizonte. Añado una palabra sobre otra situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona la que sirve al trabajo, mientras debe ser el trabajo el que brinde un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una opción decidida contra la trata de personas, dentro de la cual figura el ‘trabajo esclavo’.
                                                                                                                                      Audiencia General del 1 de Mayo 2013
Lecturas de la semana
Lunes 17: 2Cor.6,  1-10; Sal 97; Mt. 5, 38-42.
Martes 18: 2Cor. 8, 1-9;  Sal 145; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 19: 2Cor. 9, 6-11; Sal 111; Mt. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 20: 2Cor. 11, 1-11; Sal 110; Mt. 6, 7-15.
Viernes 21: 2Cor. 11, 18.21-30; Sal 33; Mt. 6, 19-23.
Sábado 22: 2Cor. 12, 1-10; Sal 33; Mt. 6, 24-34.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Daniel Silva 2010Servicio Bíblico Latinoamericano. www.Corazones.org.

 Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
 miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

viernes, 7 de junio de 2013

Décimo Domingo durante el año

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"...nos unimos también a la procesión de la vida"
 
Lecturas del 09/06/13
 
– Ciclo C –
 
Lectura primer libro de los Reyes 17, 17-24
Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de casa cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no quedó en él aliento de vida.
Entonces la mujer dijo a Elías:         
«¿Qué tengo que ver yo contigo hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!»                  
“Dame a tu hijo,» respondió Elías. Luego lo tomó del regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde se alojaba y lo acostó sobre su lecho. E  invocó al Señor diciendo:
«Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me ha dado albergue la  vas a afligir, haciendo morir a su hijo?»         
Después se tendió tres veces sobre el niño, invocó al Señor y dijo:      
«¡Señor, Dios mío, que vuelva la vida a este niño!»   
El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento vital volvió al niño y éste revivió.
Elías tomó al niño, lo bajo de la habitación alta de la casa  y se lo entregó a su madre.     
Luego dijo: «Mira, tu hijo vive.»     
La mujer dijo entonces a Elías:        
«Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está verdaderamente en tu boca.» 
Palabra de Dios.
 
Salmo 29
 
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú
me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del abismo, y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R. 
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo nombre; porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas por la mañana renace la alegría. R.
“Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme Señor.” Tú convertiste mi lamento en júbilo: ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R. 
 
Carta del apóstol Pablo a los Gálatas 1, 11-19
Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque  yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre  y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. Palabra de Dios.
 
Santo evangelio según san Lucas 7, 11-17
En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.  Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores». Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate». 
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo». El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. Palabra del Señor.
 
Reflexión   
La procesión de la vida.
 
El evangelio de Lucas nos narra hoy un milagro de resurrección por parte de Jesús. Naín era, y continúa siendo, una pequeña aldea cerca de Nazaret. Jesús iba con sus discípulos cuando se cruzaron con el entierro del hijo único de una viuda. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. Sólo el hombre garantizaba para ellas un status dentro de la sociedad, pues eran consideradas objetos de propiedad, primero del padre y luego de su marido. Eran valoradas especialmente por su condición de procreadoras. La viuda de Naín está pasando por una dura prueba. La pérdida de su hijo suponía también la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía, máxime cuando ya había sufrido la pérdida de su marido, que le aseguraba estabilidad y respeto. El llanto de la viuda es el grito silencioso de una mujer que siente no sólo la pérdida de su hijo sino también su destino de vulnerabilidad, exclusión y desigualdad. Es el llanto que denuncia la discriminación social.

Las dos procesiones. En la puerta de la ciudad, el evangelista describe el encuentro de dos procesiones: La procesión de la vida: encabezada por Jesús y seguida por los discípulos y una gran muchedumbre, ha comenzado en Cafarnaúm, donde el criado de un centurión fue sanado de su fiebre mortal por el poder de la Palabra de Jesús.   Esta procesión festiva está a punto de entrar a la ciudad con la buena nueva de la vida. 
La procesión de la muerte: encabezada por un joven muerto, seguida por su madre y luego por otra muchedumbre de la ciudad que se ha solidarizado con la madre.  Esta procesión triste está saliendo de la ciudad.           El evangelio no vacila al colocarnos frente a la cruel realidad:                
Primero, la muerte de una persona joven: una historia truncada en el momento de mayor vitalidad.          
Segundo, La soledad total de una madre: quien ya era viuda y además pierde lo único que le queda en la vida para su apoyo afectivo y aún económico.          
 
“Al verla, el Señor tuvo compasión de ella”. Jesús no conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: “No llores”. Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.    
No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”. Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús “lo entrega a su madre” para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.               
Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.           
El encuentro con el Señor de la Vida. Pero la pérdida del hijo querido es transformada por la buena nueva de Jesús, quien se lo ofrece como don a su madre: “Y se lo dio a su madre”.  
 Los que acompañaban a la viuda en el funeral no podían darle nada más que un sentido pésame. En cambio Jesús le devuelve vivo a su hijo. Lucas enfatiza: “Tuvo compasión”. Vemos cómo el Señor cambia la procesión de la muerte en una procesión de la vida desde la fuerza de su misericordia, la cual se vuelve acción:      
(1) A la madre le dice un tajante: “No llores”, lo cual nos recuerda: “Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis” (Lc 6, 21b).                   
(2) Al joven difunto lo levanta del féretro con la fuerza resucitadora de su Palabra: “Joven a ti te digo: ¡LEVÁNTATE!”.           
 Una gran fiesta de alabanza. “Y se puso a hablar”  El joven no sólo es devuelto a la vida sino también reintegrado al mundo de las relaciones, que es donde está la esencia de la vida. La capacidad comunicativa del joven es el primer signo de su resurrección.
Pero la comunicación alcanza su nivel más alto cuando se vuelve oración.          Y una vez más el evangelio le hace eco a los coros de alabanza del pueblo que ha sido testigo de la obra de Jesús con poder (como se ha visto en Lucas 2,20 y 5,26).  
 En las bendiciones festivas de la gente, Jesús es reconocido como el que proclama la Palabra de Dios como ninguno (5,1.3.5), es decir como “un gran profeta” superior a Elías y a Eliseo: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (7,16ª). Y más aún, como presencia viva de Dios en medio de su pueblo: “Dios ha visitado a su pueblo” (7,16).          
 Y éste acontecimiento se vuelve “Palabra” de evangelización (“Y lo que se decía de él se propagó”; 7,17) que llega hasta nosotros hoy.  Es la Palabra del Evangelio que nos invita para que nos abramos a la misma experiencia de la misericordia de Jesús con los jóvenes, las madres viudas y todos los sufrientes de nuestros días, a quienes la vida les ha sido negada, para que nos unamos también a la procesión de la vida que Jesús sigue encabezandodiscretamente por los caminos de nuestra historia.             
Hoy. En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
 
Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando.
 
 
Oh, Sagrado Corazón de Jesús, 
que por amor te dejaste traspasar derramando sangre y agua, te pedimos nos liberes, purifiques y nos concedas la gracia de que nuestros corazones sean transformados de corazones de piedra
a corazones de carne.
Que al contemplar el amor y sacrificio de Tu Corazón, seamos movidos a pasar del egoísmo al amor; del orgullo a la humildad; de la rebeldía a la mansedumbre.
 
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío."
7 de Junio: Solemnidad del Sagrado Corazón
 
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús recuerda el misterio del amor de Dios por cada hombre y mujer. S.S. Juan Pablo II estableció que en esta solemnidad se celebre en la Iglesia la Jornada mundial por la santificación de los sacerdotes.
                                        Juan Pablo II. 10, Junio, 2004.
 
A los que vivan la devoción a su Sagrado Corazón             
A partir de la primera revelación, Santa Margarita María Alacoque sufriría todos los primeros viernes de mes, hasta su muerte, la experiencia mística de la llaga del costado de Jesús. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella y para descubrirle los secretos de su amable Corazón.
Propósito de la devoción: Reparación al Corazón de Jesús.
 
Promesas 
(1) Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.       
(2) Estableceré la paz en sus hogares.                
(3) Los consolaré en todas sus aflicciones.         
(4) Seré su refugio en su vida y sobre todo en la muerte. 
(5) Bendeciré grandemente todas sus empresas.              
(6) Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.       
(7) Las almas tibias crecerán en fervor.              
(8) Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.    
(9) Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.              
(10) Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.             
(11) Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de Él, nunca serán borrados. 
(12) Nueve primeros viernes: Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso le concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán, en desgracia ni  sin recibir los sacramentos; Mi divino Corazón será su refugio seguro en este último momento

 Para ganar esta gracia debemos:         
1-Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.     
2-Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.                 
3-Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento      . 
4-Oración: "Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.       

 Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío."
 
Lecturas de la semana
Lunes 10: 2Cor.1,  1-7; Sal 33; Mt. 5, 1-12.
Martes 11: Hech. 11, 21-26; 13, 1-3;  Sal 97; Mt. 10, 7-13.
Miércoles 12: 2Cor. 3, 4-11; Sal 98; Mt. 5, 17-19.
Jueves 13: 2Cor. 3, 15—4, 1. 3-6; Sal 84; Mt. 5, 20-26.
Viernes 14: 2Cor. 4, 7-15; Sal 115;  Mt. 5, 27-32.
Sábado 15: 2Cor. 5, 14-21; Sal 102; Mt. 5, 33-37.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. Misioneros Oblatos. J. A. Pagola
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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viernes, 31 de mayo de 2013

Corpus Christi


Lecturas del 02/06/13
El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
– Ciclo C –
Lectura del Libro del Génesis 14,18-20.                 
Melquisedec, rey de Salén, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, y bendijo a Abrám, diciendo: ¡"Bendito sea Abrám de parte de Dios, el Altísimo, creador de cielo y tierra!; ¡Bendito sea Dios, el Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!" Y Abrám le dio el diezmo de todo. Palabra de Dios.       
Salmo 109

R: Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec
                        
Dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies”. R El Señor extenderá el poder de tu cetro: “¡Domina desde Siòn, en medio de tus enemigos!”. R   “Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré, como rocío, desde el seno de la aurora." R                El Señor lo ha jurado y no se retractará: "Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec." R.           
Primera carta S. Pablo a Corinto 11, 23-26         
Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía." De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban háganlo en memoria mía." Y así siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor, hasta que él vuelva. Palabra de Dios            
Evangelio según San Lucas 9,11b-17.    
Jesús habló a la multitud acerca del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: "Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto”. Él les respondió: "Denles de comer ustedes mismos." Pero ellos dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente." Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: "Háganlos sentar en grupos de cincuenta." Y ellos hicieron sentar a todos. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse, y con lo que sobró se llenaron doce canastas. Palabra del Señor.             

Reflexión:
La iniciativa del amor y la gratuidad total
El evangelio relata el episodio de la multiplicación de los panes, Jesús está cerca de Betsaida y tiene delante, a una gran muchedumbre de gente pobre, enferma, hambrienta. Es, a este pueblo marginado y oprimido al que Jesús se dirige, “hablándoles del reino de Dios y sanando a los que lo necesitaban”. A continuación, Lucas añade un dato importante con el que se introduce el diálogo entre Jesús y los Doce: comienza a atardecer. El momento recuerda la invitación de los dos peregrinos que caminaban hacia Emaús precisamente al caer de la tarde: “Quédate con nosotros porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24,29). En los dos episodios la bendición del pan acaece al caer el día.
El diálogo entre Jesús y los Doce pone en evidencia dos perspectivas. Por una parte los apóstoles que quieren enviar a la gente a los pueblos vecinos para que se compren comida, proponen una solución “realista”. En el fondo piensan que está bien dar gratis la predicación pero que es justo que cada cual se preocupe de lo material. La perspectiva de Jesús, en cambio va más allá, representa la iniciativa del amor y la gratuidad total y la prueba incuestionable de que el anuncio del reino abarca también la solución a las necesidades materiales de la gente.
Al final, nos damos cuenta que todo está ocurriendo en un lugar desértico. Esto recuerda sin duda el camino del pueblo elegido a través del desierto desde Egipto hacia la tierra prometida, época en la que Israel experimentó la misericordia de Dios a través de grandes prodigios, como por ejemplo el don del maná. La actitud de los discípulos recuerda las resistencias y la incredulidad de Israel delante del poder de Dios que se concretiza a través de obras salvadoras en favor del pueblo (Ex 16,3-4).
La respuesta de Jesús: "Denles de comer ustedes mismos", no sólo es provocativa dada la poca cantidad de alimento, sino que sobre todo intenta poner de manifiesto la misión de los discípulos al interior del gesto misericordioso que realizará Jesús.
Los discípulos, aquella tarde cerca de Betsaida y a lo largo de toda la historia de la Iglesia, están llamados a colaborar con Jesús preocupándose por conseguir el pan para sus hermanos. Después de que los discípulos acomodan a la gente, Jesús “tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente”. El gesto de “levantar los ojos al cielo” pone en evidencia la actitud orante de Jesús que vive en permanente comunión con el Dios del reino; la bendición (la berajá hebrea) es una oración que al mismo tiempo expresa gratitud y alabanza por el don que se ha recibido o se está por recibir. El gesto de partir el pan y distribuirlo indiscutiblemente recuerda la última cena de Jesús, en donde el Señor llena de nuevo sentido el pan y el vino de la comida pascual, haciéndolos signo sacramental de su vida y su muerte como dinamismo de amor hasta el extremo por los suyos.
Al final todos quedan saciados y sobran doce canastas. El tema de la “saciedad” es típico del tiempo mesiánico. La saciedad es la consecuencia de la acción poderosa de Dios en el tiempo mesiánico (Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; Jer 31,14). Jesús es el gran profeta de los últimos tiempos, que recapitula en sí las grandes acciones de Dios que alimentó a su pueblo en el pasado (Ex 16; 2Re 4,42-44). Los doce canastos que sobran no sólo subrayan el exceso del don, sino que también pone en evidencia el papel de “los Doce” como mediadores en la obra de la salvación. Los Doce representan el fundamento de la Iglesia, son como la síntesis y la raíz de la comunidad cristiana, llamada a colaborar activamente a fin de que el don de Jesús pueda alcanzar a todos los seres humanos.
Podemos reflexionar cómo se repiten (sin bien con alguna ligera variante) los mismos 4 verbos eucarísticos: “tomar” (el pan), “dar gracias”, “partir” y “dar”.
En torno a estos movimientos se proclama la doble verdad de la Eucaristía: Primero, que Jesús está allí presente, Él se identifica con el pan y el vino, haciéndolos su Cuerpo entregado y su Sangre derramada por amor en la Cruz; segundo, que en la comunión con su Cuerpo y con Sangre, Jesús invita a sus discípulos a sellar con Él una nueva Alianza (“Nueva Alianza en mi Sangre”, Lc 22,20), una nueva manera de ser comunidad a partir de la inmensa y sólida comunión con su Persona y su Misión. En este contexto amplio, podemos decir que el relato de la multiplicación de los panes, relato con sabor eucarístico, mesa de Jesús en medio de su ministerio, es la mesa del Mesías, la mesa de la esperanza.
A través de aquellos que creemos en el Señor debería llegar a todos los hombres el pan que del bienestar material que permite una vida digna de hijos de Dios, el pan de la esperanza y de la gratuidad del amor, y sobre todo el pan de la Palabra y de la Eucaristía, sacramento de la presencia de Jesús y de su amor misericordioso en favor de todos los hombres.
Un mundo mejor es posible: en la historia del hombre en este peregrinar por la tierra, vemos como van sucediendo en la sociedad crisis, cambios, gente que queda marginada, solas, sin esperanza de una vida mejor ¿Cómo nos enfrentamos ante estas situaciones?
La crisis nos puede hacer más humanos (1). Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar los lazos y la mutua ayuda dentro de las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados. Seremos más pobres, pero podemos ser más humanos.           
En medio de la crisis, también nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta, más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.         
Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la Eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en un lugar de concientisaciación y de impulso de solidaridad práctica.        
La crisis puede sacudir nuestra rutina y mediocridad. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.              
La celebración de la Eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quiénes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la “ilusión de inocencia” que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.
(1)     J. A. Pagola
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame. Oh buen Jesús, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe.  Por los siglos de los siglos.
Amén
Francisco, algunas reflexiones:
La alegría es una virtud peregrina. Es un don que camina, que camina por los senderos de la vida, camina con Jesús. La alegría de predicar Jesús, , alarga el camino, lo amplía. Es una virtud de los grandes, de los grandes que están por encima de las nimiedades, por encima de las pequeñeces humanas, que no se dejan implicar en las cosas pequeñas internas de la comunidad, de la Iglesia: miran siempre al horizonte”.          
“La alegría es una peregrina”, afirmó. “El cristiano canta con alegría y camina llevando esta alegría”, dijo.              
"Es una virtud del camino, incluso más que una virtud, es un don: un don que nos lleva a la virtud de la magnanimidad -destacó-. El cristiano es magnánimo, no puede ser pusilánime: es magnánimo. Es propia de la magnanimidad la virtud del respirar, es la virtud de ir siempre adelante pero con el espíritu lleno del Espíritu Santo. Es una gracia que debemos pedir al Señor en estos días de modo especial, porque la Iglesia se invita y nos invita a pedir la alegría y también el deseo".
Según Francisco, "lo que lleva adelante la vida del cristiano es el deseo, cuanto más grande es tu deseo, más grande será la alegría. El cristiano es un hombre, una mujer de deseo: desead siempre más en el camino de la vida. Pidamos al Señor esta gracia, este don del Espíritu: la alegría cristiana. Lejana de la tristeza, lejana de la alegría simple…. Es otra cosa. Es una gracia que hay que pedir”.   (AICA)
Irradiando a Cristo

Oh, amado Jesús, ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.
¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!

Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás
a través de mí.
Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.

Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga,
de la inefable plenitud del amor
que existe en mi corazón por Ti.  Amén.

           Oración que rezan las Misioneras de la Caridad        (de la Madre Teresa) 
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Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Lecturas de la semana
Lunes 3: Tob.1,  3; 2. 1-8; Sal 111; Mc. 12, 1-12.
Martes 4: Tob. 2, 9-14;  Sal 111; Mc. 12, 13-17.
Miércoles 5: Tob. 3, 1-11. 16-17; Sal 24; Mc. 12, 18-27.
Jueves 6: Tob 6, 10-11;7, 1. 9-17; 8, 4-9; Sal 127; Mc. 12, 28-34.
Viernes 7: Ez. 34, 11-16; Sal 22; Rom. 5, 5-11; Lc. 15, 3-7.
Sábado 8: Is. 61, 9-11; Sal 1Sam. 2, 1, 4-8; Lc. 2, 41-51.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano.
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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