Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 20 de mayo de 2016

Santísima Trinidad

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”

 Lecturas del 22 - 05 – 16
 – Ciclo C –


Libro de los Proverbios 8,22-31.              
Dice la Sabiduría de Dios: El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.     
Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. 
Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo.           
Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.  Palabra de Dios.               

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría, dame mirada y oído interior, para  que busque siempre  las realidades del Espíritu.

Salmo 8

   R: ¡Señor, nuestro Dios, que admirable            es tu Nombre en toda la tierra!           
Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? R 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. R            
Todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. R               

Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5.           
Hermanos: Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.       
Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 
Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Palabra de Dios.              

Santo Evangelio según san Juan 16, 12-15  
Jesús dijo a sus discípulos: «Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.» Palabra del Señor.

                


Nuestro Dios que es fuente de amor colme tu interior con su Paz.  
Jesucristo, Amor que se entrega haga de ti un instrumento de reconciliación.               
El Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de tu corazón ardiente impulso de comunión. Amén

El Señor te bendiga y te guarde y haga de ti una bendición para los demás!
Reflexión:
      “Amor transformante del Dios familia”

“Tres personas distintas, un solo Dios verdadero”, así confesamos al Dios en quien nuestra vida fue sumergida bautismalmente.  En un día como hoy proclamamos que la vida trinitaria, la intimidad del Padre y del Hijo y su Amor, es la medida, la gracia y la inspiración de nuestras relaciones con Dios y entre nosotros. Se trata de un misterio inagotable que conocemos experiencialmente, en la medida en que se impregna en nosotros.

Pero, ¿Qué cambia el hecho de creer en la Trinidad? ¿Qué experiencia de vida se inscribe detrás de esta revelación del ser de Dios? ¿Cómo vivir de esta vida trinitaria?

Una revelación que proviene de Jesús, el Hijo. Ante todo tengamos presente que si nosotros confesamos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, lo hacemos gracias a la enseñanza, la vida y el misterio de Jesús.
Algunas de sus revelaciones más significativas que meditamos el mes pasado en el evangelio de Juan:
• “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre… Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (14,9.11) 
• “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (14,23)
• “El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo” (14,26)       
• “Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes” (15,9)
• “Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros” (17,21)             
• “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (20,17) 
• “‘Como el Padre me envió, también yo los envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’” (20,21b-22).

A partir de Pentecostés, plenitud del tiempo pascual, cuando Jesús y el Padre han entregado lo más íntimo de sí, el amor infinito del uno por el otro, el Espíritu Santo, nos guía “hasta la verdad completa” y es en el ámbito de este don que proclamamos y celebramos esta solemnidad de hoy. Como lo expresa el orante del Salmo 24 “Guíame hacia la verdad”, tenemos una sed ardiente por conocer el camino del Señor, con la certeza de que sólo en Él está la vida.
Y así como sucedió con el pueblo de Dios en el desierto, este camino de vida no se puede recorrer si Dios mismo no es quien lo guía (Éxodo 15,13; Isaías 49,10). Esta ruta pascual se le debe al Espíritu Santo: “El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así guiaste a tu pueblo para hacerte un nombre glorioso” (Isaías 63,14).
Entonces, la “guía pascual” del Espíritu consiste en introducir en medio de la fragmentación de la vida humana, de las situaciones históricas, una fuerza transformadora y orientadora que lo unifica todo en la plenitud de Cristo en la historia.

El discípulo de Jesús participa entonces de la vida que está en el Padre y el Hijo, “Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo” (Jn 5,26). Y más aún: todo lo que cabe en la relación del Padre y el Hijo, su estima, valoración, admiración, escucha/obediencia, el estar contentos el uno del otro, todo esto el Espíritu lo transmite a los discípulos. Por eso dice: “Recibirá de lo mío y les anunciará (transmitirá) a ustedes” (Jn 16,14c.15c).
El Espíritu no nos llega solamente a los oídos sino hasta el corazón. Es el Espíritu –Dios mismo vaciándose en nosotros- quien coloca en lo más hondo de nuestro ser al Ser mismo de Dios.

La Trinidad Santa nos habita de manera inefable. Gracias a la “guía” del Espíritu que todo lo conduce “hasta la Verdad completa”, nuestra vida se va paulatinamente cristificando, impregnando en nosotros el rostro del amor.  La identidad con el Hijo, la participación en su gloria, nos hace posible unirnos al amor de los Tres, compartir su vida de alabanza recíproca, de amor y de gozo, y meditar largamente y en profunda paz las confidencias del Uno y del Otro a través de la escucha de lo que el Espíritu nos coloca en el corazón. Siendo todo esto así, no se puede ser cristiano completo sin vivir en la Trinidad, porque la novedad de la vida bautismal –somos bautizados “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”- está iluminada por un amor transformante del Dios familia: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Romanos 5,5). ¿Qué más se puede desear?
                                Misterio de Bondad          

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.           
A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más entre nosotros.          

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.  
Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en sanar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.        
Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.



Un Mundo mejor es posible: Francisco

Unidos por el amor

Todos estamos llamados a testimoniar y a anunciar el mensaje que “Dios es amor”, que Dios no es lejano o insensible a nuestras vicisitudes humanas. Él nos es cercano, está siempre a nuestro lado, camina con nosotros para compartir nuestras alegrías y nuestros dolores, nuestras esperanzas y nuestras fatigas. Nos ama tanto y de tal manera que se ha hecho Hombre, ha venido al mundo no para juzgarlo sino para que el mundo se salve por medio de Jesús (cfr Jn 3,16-17). Y éste es el amor de Dios en Jesús. Este amor que es tan difícil de entender, pero que sentimos cuando nos acercamos a Jesús. Y Él nos perdona siempre; Él nos espera siempre, ¡Él nos ama tanto! Y el amor de Jesús que sentimos ¡es el amor de Dios!
El Espíritu Santo, don de Jesús Resucitado, nos comunica la vida divina y de este modo nos hace entrar en el dinamismo de la Trinidad, que es un dinamismo de amor, de comunión, de servicio recíproco, de compartir. Una persona que ama a los demás por la alegría misma de amar es reflejo de la Trinidad. Una familia en la que se ama y se ayudan unos a otros es un reflejo de la Trinidad. Una parroquia en la que se quiere y se comparten los bienes espirituales y materiales es un reflejo de la Trinidad.
El amor verdadero es sin límites, pero sabe limitarse, para ir al encuentro del otro, para respetar la libertad del otro. Todos los domingos vamos a Misa, celebramos juntos la Eucaristía, y la Eucaristía es como la “zarza ardiente” en la que humildemente vive y se comunica la Trinidad. AIprensa, Francisco junio 2014

Que la Virgen María, criatura perfecta de la Trinidad, nos ayude a hacer de toda nuestra vida, en los pequeños gestos y en las elecciones más importantes, un himno de alabanza a Dios, que es Amor.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María: P. Daniel Silva.  J. A. Pagola. P. Fidel Oñoro, CELAM

Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
V. Domínico.
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sábado, 14 de mayo de 2016

Pentecostés


"Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz."
Lecturas del 15 - 05 – 16
 – Ciclo C –

Lectura Hechos de los apóstoles 2, 1-11              
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.       
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Metoposcopia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.» Palabra de Dios.

 Salmo 103          
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la superficie de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! la tierra está llena de tus criaturas! R.
Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R.
¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.      

1º carta de Pablo a los corintios 12, 3b-7. 12-13      
Hermanos: Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea Jesús.» Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.       
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. 
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.               
Secuencia
             

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.   
Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.               
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.         
Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto.      
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.     
Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.               
Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, cura nuestras heridas.    
Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. 
Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados.         
Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.    

Santo Evangelio según san Juan 20, 19-23  
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!»          
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.          
Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. » Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.» Palabra del Señor.

Santo Espíritu de Dios mora en mí mora en mí, quiero ser lleno de tu luz, mora en mí.
Si tu bella luz mora en mí,  la gloria de Jesús irradiaré, mora en mí, mora en mí,
soy de ti, soy de ti


Ven Espíritu Santo
Ven Espíritu   Santo, ven padre de los pobres, ven fuego divino, ven.
Ven a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil, a sanar lo que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas, ven a iluminar mis  tinieblas, ven.
Ven porque te necesito, porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo, dulce huésped del alma, ven, ven Señor" Amén
Reflexión:

En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Aparición a los discípulos. Donación del Espíritu.              
La comunidad cristiana se construye alrededor de Jesús.        
En los discípulos de Jesús no existía la más mínima idea de que la resurrección era posible, lo prueba claramente la reacción de María Magdalena y de Pedro ante el sepulcro vacío y, sobre todo, la actitud de Tomás. En el presente relato está pensado desde el cumplimiento de las promesas de Jesús: “volveré a ustedes”, “les enviaré el Espíritu y tendrán paz”. El evangelista proclama y muestra que la comunidad cristiana se constituye alrededor de Jesús vivo y presente, crucificado y resucitado. El está en su centro y la libera del miedo y de la estrechez de su entendimiento, otorgándole confianza y seguridad, paz y alegría al mostrarle los signos de su victoria sobre la muerte. De Él recibe la comunidad la misión y el Espíritu para llevarla adelante. La misión de la comunidad, como la de Jesús, es liberar, dar paz, perdonar, amnistiar, dar vida hasta la entrega total.  

Cada cristiano es un enviado de Jesús. La llamada a la fe y a la comunidad es, al mismo tiempo, llamada a la misión. Hemos sido elegidos por Jesús para realizar el proyecto de Dios con Él. Pero la llamada/envío se remonta más arriba, hasta el mismo Dios: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo, a ustedes”. Es decir, cada cristiano es otro Jesús, que recibe la misma misión de parte del Padre. Hay una inmensa cadena que parte del mismo Dios y, pasando por Jesús hasta mí haciéndome también su hijo, su enviado. ¡Somos enviados de Dios, embajadores del Padre, sus mensajeros, en compañía de Jesús, en la construcción de la nueva humanidad!            

Y no hay excusa para la misión. Los primeros enviados “estaban con las puertas cerradas” por miedo a los judíos y autoridades, carecían de paz, humanamente no estaban preparados, no daban la talla. Sin embargo, ellos son los elegidos. Ellos son los que tienen que llevar adelante el proyecto de Jesús.

Reciban el Espíritu Santo. Después de enviarlos, de transmitirles la misión del Padre, Jesús sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo”. Así comprendieron y renacieron a la vida. Y se fueron por todo el mundo. Y supieron perdonar. Y rompieron las barreras del miedo y las puertas de la pequeña comunidad. Y experimentaron la paz en la misión y en el compromiso. Y se sintieron llamados a la resurrección.               

La misión cristiana no es una orden sino un fuego interior. El amor misionero del Padre y de Jesús, y el nuestro, es el Espíritu Santo. Quema mucho, para purificarnos. Arde fuerte, para darnos vida. Nos pone en movimiento, para crear más vida. El Espíritu Santo sabe que la misión es dura, porque no luchamos contra enemigos de carne y hueso sino contra estructuras de opresión y dominación. Pero él nos hace capaces de no callar ante la injusticia, derribar la mentira, quebrar la oscuridad y dar vida. El nos hace descentrarnos de nuestros fallos y descubrir nuestros auténticos pecados. Porque muchas veces nos duelen más nuestros fallos que nuestros pecados, y así no hay paz ni somos capaces de llevar adelante el proyecto de Dios. El Espíritu que se da nos hace ser personas resucitadas, llenas de paz, perdón y vida.               
Necesitamos que el Señor resucitado se haga presente y nos transmita el soplo creador del Espíritu que infunde aliento de vida.     
Quien se deja invadir por el Espíritu, descubre que la fuente de su misión es el amor del Padre. Entonces empieza a sentir “pasión misionera” y “amor”, como Jesús, ante quienes sufren del dolor, la injusticia, la ignorancia, el hambre, el sinsentido. Y en su vida, no sólo es capaz de prescindir de las cosas más queridas, sino que descubre que la “plenitud” y la “realización” están en ese salir de sí mismo y realizar la entrega necesaria.
Persona resucitada es la que se deja guiar por el Espíritu de Dios, hacia la aventura, la sorpresa, la novedad, la vida,  persona resucitada es la que pone vida donde no la hay, o la defiende donde está amenazada.            

Una experiencia personal de búsqueda espiritual. Queremos compartir una convicción: el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual. Vivimos tiempos difíciles y de grandes paradojas. Tenemos a nuestra disposición posibilidades, comodidades y adelantos tecnológicos ni siquiera imaginados hace sólo unas décadas. Sin embargo, vivimos en un mundo con grandes desorientaciones: crisis económicas, sociales, ecológicas y políticas, pobreza, exclusión, marginación, violencia, crisis de sentido… Medio mundo se muere de hambre y sed, y podría alimentarse con lo que le sobra al otro medio. Nuestra sociedad parece que ha optado por buscar la felicidad y el sentido de la existencia en los valores más materiales e individualistas de la técnica, el consumo, el poder, el control, la seguridad, el éxito, el dinero… Los valores más inmateriales como la espiritualidad, la cultura, la ética, la naturaleza, el amor, la solidaridad…quedan en un alejado segundo plano. Sin embargo, la desorientación personal y social permanece y crece.

Todas o la inmensa mayoría de las personas compartimos una inconformidad existencial que tiene que ver con la necesidad de buscar un sentido a la vida. La experiencia demuestra que esta inquietud no se calma con el analgésico de los valores materiales, necesita ser tratada con los valores del espíritu. Pensar que la felicidad interior de cada persona o de la sociedad tiene que ver exclusivamente con la dimensión material de la vida, con lo que tenemos, acumulamos y controlamos, es una falsa expectativa.
No se trata de despreciar la importancia de los valores materiales, pero sí de resituarlos y precisar que, si éstos son concebidos como fin y no como medio, deshumanizan la vida y la convivencia. Dejan de estar al servicio de la persona y de la sociedad, para convertirse en un valor absoluto que les pone a su servicio, provocando desorientación y pérdida de identidad. Los valores materiales necesitan un fundamento de valores humanistas que tienen que ser trabajados con nuestra sensibilidad más interior y espiritual.

Sabemos que esta reflexión se posiciona a contracorriente del mundo actual. No importa.
Queremos decir claramente que el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual. Simplemente, se trata de vivir, cada uno desde donde esté y haciendo lo que hace, una experiencia personal de búsqueda espiritual, promover la espiritualidad  en su vida ordinaria.




Un Mundo mejor es posible: Francisco

El Espíritu Santo que está en cada uno
“El Espíritu Santo es el que mueve la Iglesia, es aquél que trabaja en la Iglesia, en nuestros corazones, es el que hace de cada cristiano una persona distinta a la otra, pero de todos juntos hace una unidad”.

El Papa advirtió entonces que el cristianismo es un “encuentro con Jesucristo”. Y es el Espíritu Santo “el que me lleva a este encuentro con Jesucristo”,
Francisco siguió diciendo: “Es aquél que en nosotros nos enseña a mirar al Padre y a decirle: ‘Padre’. Nos libra de esa condición de huérfano a la que el espíritu del mundo nos quiere llevar”.

El Espíritu que está en cada uno, “me impulsa a ir fuera: ¿tengo miedo?”. “¿Cómo es mi valentía, la que me da el Espíritu Santo para salir de mí mismo, para testimoniar a Jesús?”. E incluso: “¿Cómo es mi paciencia ante las pruebas? Porque también la paciencia la da el Espíritu Santo”. ACIprensa, 9 de mayo 16

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María: P. Daniel Silva.  J. A. Pagola.


Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:
       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
 V. Domínico.

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sábado, 7 de mayo de 2016

La Ascensión del Señor

¡Esta es la esperanza a la cual hemos sido llamados!

Lecturas del 8 - 05 - 16 – Ciclo C –

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.               
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.   
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»   
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»  Palabra de Dios.

Salmo 46
R. Dios asciende entre aclamaciones, asciende el Señor al sonido de trompetas.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible,  es el soberano de toda la tierra.  R.
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas.  Canten, canten a nuestro Dios,  canten, canten a nuestro Rey.  R.
El Señor es el Rey de toda la tierra,  cántenle  un hermoso himno.  El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado.

Carta a los efesios 1, 17-23
Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53
Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»
Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.  Palabra del Señor.



Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón.
Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén

 Reflexión:
"Jesús nuestro abogado"

En el Credo, encontramos la afirmación de que Jesús "subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre". La vida terrenal de Jesús culmina con la Ascensión, que es cuando Él pasa de este mundo al Padre, y es alzado a su derecha. ¿Cuál es el significado de este momento? ¿Cuáles son las consecuencias para nuestra vida? ¿Qué significa contemplar a Jesús sentado a la diestra del Padre?

La Ascensión de Jesús al Cielo nos permite conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada ante Dios; Él nos ha abierto el camino; Él es como un guía cuando se sube a una montaña, que llegado a la cima, nos tira hacia él llevándonos a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él estamos seguros de estar en buenas manos, en las manos de nuestro Salvador, de nuestro abogado.

San Lucas menciona que los Apóstoles, después de ver a Jesús ascender al cielo, regresaron a Jerusalén "con gran alegría." Esto parece un poco extraño. Normalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, de una manera definitiva, y sobre todo debido a la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no vamos a ver nunca más su rostro, no vamos a escuchar su voz, no podremos disfrutar más de su afecto, de su presencia. En cambio, el evangelista destaca la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Por qué? Porque, con la mirada de la fe, entienden que, aunque nos está ante sus ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.
San Lucas narra el hecho de la Ascensión también al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, para enfatizar que este evento es como el anillo que engancha y conecta la vida terrenal de Jesús con la de la Iglesia. Aquí san Lucas también menciona la nube que oculta a Jesús de la vista de los discípulos, los cuales permanecieron contemplando el Cristo que subía hacia Dios (cf. Hch. 1,9-10). Entonces aparecieron dos hombres vestidos de blanco, instándoles a no quedarse inmóviles. “Este Jesús que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como lo han visto marchar” (Cf. Hechos 1,10-11). Es precisamente una invitación a la contemplación del Señorío de Jesús, para tener de Él la fuerza para llevar y dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana: contemplar y actuar, ora et labora, nos enseña san Benito, ambas son necesarias en nuestra vida de cristianos.
La Ascensión de Jesucristo al Cielo en cuerpo y alma gloriosos nos despierta el anhelo de Cielo, nos reaviva la esperanza de nuestra futura inmortalidad, también en cuerpo y alma gloriosos, como El, para disfrutar con El y en El de una felicidad completa, perfecta y para siempre.
¡Esta es la esperanza a la cual hemos sido llamados! ¡Esta es la herencia que nos ha sido ofrecida!
Si somos del Señor, “si somos suyos”  es decir: si vivimos guiados por su Palabra en esta vida, si nuestro corazón está en las cosas de Dios, si nuestra mirada está fija en el Cielo ... la fuerza poderosa de Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo ascender a los Cielos para sentarse a la derecha del Padre, también a nosotros nos hará reinar con El en su gloria por siempre.
El Abogado

Después  de  haber  vivido “decentemente”  en la  tierra,  mi  vida llegó  a su fin...   
Sentado  sobre  una  banca de acusados,  en la sala de  espera de lo  que imagino era  una sala de jurados. Miré  a  mi  alrededor, vi  al fiscal  quien  tenía  apariencia de villano y me miraba  fijamente,  era  la persona más demoníaca que  había visto en mi vida. Miré a la  izquierda  y estaba mi abogado, un  caballero con  una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. Después la  puerta de la esquina se abrió y entró el juez, su  presencia demandaba admiración  y  respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él;  se sentó y dijo comencemos.
El  fiscal dijo: Mi nombre es  Satanás   y demostraré porque este individuo debe ir al infierno. Comenzó  a hablar de las mentiras que había dicho, de las cosas que había  robado en el pasado, cuando engañaba a otras personas. Satanás  habló  de otras horribles  cosas  y  perversiones cometidas por mí,  y entre más hablaba  más me hundía en mi silla de acusados.
Me sentía tan avergonzado,  que no podía mirar  a nadie, ni siquiera a mi abogado,  a medida que el fiscal mencionaba  pecados  que hasta había olvidado.   Estaba tan molesto con el por todas las cosas que estaba diciendo de mi, también estaba molesto con mi abogado,  quien estaba sentado en silencio. Yo  sabía  que era culpable,  pero también había hecho cosas buenas en mi vida, ¿No podrían esas cosas buenas por lo menos  equilibrar lo malo?
El fiscal terminó con furia su acusación y dijo: Debe ir al infierno,  es culpable de todos los pecados y actos acusados, y nadie puede probar lo contrario, por fin se hará justicia este día....

Mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara  pese a las fuertes protestas de satanás. Cuando se levantó y empezó a caminar, lo pude ver, todo su Esplendor y Majestad. Entonces me di cuenta porque me pareció tan familiar,  era Jesús quien me representaba,  Mi Señor y Salvador.
Se paró frente al juez, suavemente le dijo: Padre,  y se volteó para dirigirse al jurado,   y dijo: satanás está en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar las acusaciones.   Reconozco que merece ser castigado. Respiró  Jesús  fuertemente,  se  volteó hacia su Padre y con los brazos extendidos proclamó: Sin embargo yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna  y me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío. Continuó diciendo: Su nombre está escrito en el libro de la vida  y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia.
Cuando Jesús se iba a sentar,  hizo una pausa, miró a su Padre  y suavemente dijo: “No hace falta hacer mas nada, ya yo lo he hecho todo”.
El juez levantó su poderosa mano, y golpeando la mesa fuertemente, dijo: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad,  caso concluido”.
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio. Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté: ¿Ha perdido algún caso?
Jesús sonrió amorosamente y dijo:
 “Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo...  Pagado en su totalidad”.

Señor te pido que bendigas a mis familiares y seres queridos, a mis amigos que están leyendo este mensaje,  dales fortaleza para seguir adelante. Ten misericordia para que nos podamos arrepentir de nuestros pecados y te recibamos en nuestros corazones como Señor y Salvador, para que también podamos tener la salvación y la vida eterna.



Un Mundo mejor es posible: Francisco

Él vive en medio de nosotros
de un modo nuevo

Queridos hermanos y hermanas, la Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él vive en medio de nosotros de un modo nuevo; ya no está en un sitio preciso del mundo como lo estaba antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, cerca de cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: contamos con este abogado que nos espera, que nos defiende. Nunca estamos solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros se encuentran numerosos hermanos y hermanas que, en el silencio y en el escondimiento, en su vida de familia y de trabajo, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto a nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, que subió al Cielo, abogado para nosotros.
Plaza de San Pedro, abril de 2013

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia

“El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza”. 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María: Cuarta Audiencia General de S.S Francisco, 2013 


 Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:
       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
 V. Domínico.

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viernes, 29 de abril de 2016

Sexto Domingo de Pascua

«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» 


Lecturas del 1 - 05 - 16 – Ciclo C –

Los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: «Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje.  El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós.» Palabra de Dios.

Salmo 66
R. ¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,
 que todos los pueblos te den gracias!
El Señor tenga piedad y nos bendiga,  haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio,  y su victoria entre las naciones.  R.
Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia  y guías a las naciones de la tierra.  R.
¡Qué los pueblos te den gracias, Señor,  que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra.  R.
  
Libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
El ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. 
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. 
No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 14, 23-29
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.  
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.   
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.» Palabra del Señor
.



Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén

Reflexión 
Me despido pero no los abandono:
¡No los dejo huérfanos!

Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo más acompañando a sus discípulos;
Cuando Jesús dice que se va de nuevo al Padre, los discípulos entran en pánico, sienten que se les mueve el piso. La despedida sabe a lágrimas. Por eso, les dice repetidamente: “No se turbe vuestro corazón”, “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.
Aquel día, en el cenáculo, el nudo en la garganta de los discípulos era grande.
Y no es para menos, es que los discípulos se sienten inseguros a propósito de la partida de Jesús.  El Maestro constituye el punto de referencia de sus vidas, sin su presencia no hay seguimiento ni tampoco futuro.  De ahí que teman el verse desprotegidos y sin orientación, en otras palabras, huérfanos del amor que los sostuvo. Pero la actitud de Jesús ante la inminente partida es diferente: “Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre”.

Jesús  sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos. Por eso los prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad.
Les promete pues, el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo y a la comunidad. 
Los discípulos deben comprender, cuál es su nueva situación y cuáles son las razones para no sentirse abandonados.
Con las promesas que va desgranando, Jesús lleva gradualmente a su comunidad del ambiente de tristeza al de una gran alegría: la alegría que proviene del comprender que el camino de la Pascua conduce a una nueva, más profunda y más intensa forma de presencia suya en el hoy de la historia de todo discípulo.
El evangelio de este domingo nos propone buscar la respuesta a la pregunta sobre cómo continúa Jesús guiando a sus discípulos y a nosotros -animando el seguimiento- en los nuevos tiempos.

La ruta firme del discipulado: el Amor a Jesús y la obediencia a su Palabra.
El discípulo ama a Jesús, donde la forma concreta de su amor es acoger con fe la persona de Jesús, con todo lo que Él ha revelado acerca de sí mismo y  tomar en serio sus enseñanzas, poniéndolas en práctica. 
El amor se vuelve compromiso: “Si ustedes me amán, cumplirán mis mandamientos”; “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama”; “Si alguno me ama guardará mis palabras”  o al revés “El que no me ama no guarda mis palabras”.  Es así como un discípulo sigue a Jesús a lo largo de toda su vida mediante la escucha y el arraigo del Evangelio.  Su amor, en esta sintonía con el camino del Evangelio, redundará en una desbordante alegría.

El discipulado es esta dinámica de amor. Si observan los mandatos de Jesús, demostrándoles así su amor, ellos siguen su ejemplo.  Sólo así son verdaderos imitadores de Jesús porque así es que Él se comporta con el Padre “Si cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” Jn, 15,10.
Esta dinámica del amor despeja el panorama de la nueva realidad que acontece al interior de la vida del discípulo de Jesús: su amor se encuentra con otro amor que lo supera, ¡y con creces!  El discípulo no sólo entra en la circularidad de amor con Jesús sino también con Dios Padre: “Y el que me ame será amado por mi Padre”; “Si alguno me ama… mi Padre le amará”.
A partir de aquí  Jesús nos deja una serie de revelaciones:
La primera viene conectada enseguida con el tema del amor obediente del discípulo, completando así el círculo: Jesús anuncia un amor permanente e inclusivo del Padre y del Hijo en el corazón del seguidor de Jesús:
“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”

La inhabitación de la comunión del Padre y del Hijo, una soledad “llena”. La presencia de Jesús en el caminar del discípulo, en el tiempo pascual, atrae también la de Dios Padre.  Jesús no viene solo.
De hecho, si miramos otros pasajes del evangelio constatamos que Jesús le hace caer en cuenta a sus discípulos que en Él no hay soledad: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16,32);

A todo discípulo le sucede lo mismo que a Jesús: su soledad es en la compañía de Dios.  Quien ama a Jesús no está solo, no está perdido ni abandonado a su propia suerte.  Aún cuando no sean visibles para sus ojos físicos, todo seguidor debe saber que Jesús y el Padre están a su lado. Por eso hay que tomar conciencia en todo instante e incluso a la hora de la muerte -tiempo de profunda soledad y radical separación-, que Jesús y el Padre están a nuestro lado, que no nos dejan abandonados ni desprotegidos.  El discipulado es un gustar cotidianamente esta amorosa compañía.
Nuestra vocación como criaturas de Dios es alcanzar la comunión plena con Dios en la eternidad. Ahora Jesús hace caer en cuenta que esta comunión con Él y con el Padre no será solamente una realidad futura, cuando entremos a vivir en la morada que el Resucitado nos ha preparado en el cielo, sino que es una realidad presente, aquí y ahora, que crece todos los días hasta la visión definitiva de la gloria. Esto vale no solamente para los primeros discípulos, sino para todo el que cree en Jesús.

Primera consecuencia de la comunión con Dios:
“Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo”.


Jesús les deja a sus discípulos “su” paz, esto es, la seguridad y la protección que solamente pueden provenir de Él. Esta paz no es solamente una palabra sino que se basa en los dos anuncios que acaba de hacer Jesús: la comunión con el Padre y con el Hijo, que nos habita, y  la presencia del Espíritu Santo, quien nos guía.  La paz brota en la vida de quien se sumerge en Dios y endereza su existencia por el camino del Evangelio.
Esta comunión es espacio vital de seguridad y protección.  Si Dios está con nosotros, ¿qué podrá constituir verdaderamente un peligro para nuestras vidas?  La comunión con Dios arranca de raíz las preocupaciones, los miedos, las inseguridades, tanto cuanto sea vivida y experimentada en la fe.  Cuando Dios está en la vida de uno, todo es distinto.
Quien acoge la presencia de Dios Padre e Hijo en su vida, caminando todos los días bajo la guía del Espíritu Santo, enfrenta la vida de una manera distinta: con paz.  Las vicisitudes propias de la vida cotidiana, que muchas veces causan desasosiego y perturbación, no nos encuentran desvalidos, como si no tuviéramos ayuda y sólido piso que nos sostiene.  En otras palabras, las realidades de la vida nos sumen en angustia y temor, con razón dice: “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. 



Papa Francisco cumple 43 años como jesuita

VATICANO, 22 Abr. 16 / 09:50 am (ACI/EWTN Noticias).- Este viernes se cumplen 43 años de la profesión solemne religiosa de Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, que entró en la Compañía de Jesús el 11 de marzo de 1958 y profesó el 22 de abril de 1973.
El primer Papa latinoamericano de la historia fue ordenado en diciembre de 1969 y después continuó su formación en España entre 1970 y 1971. Dos años más tarde realizó su profesión perpetua como jesuita.
Entre 1972 y 1973 fue maestro de novicios en Argentina, en la localidad bonaerense de San Miguel, donde también ejerció de profesor de la Facultad de Teología, consultor provincial de la Orden y Decano del Colegio. El 31 de julio de ese año fue elegido Provincial de los jesuitas en Argentina. Tenía entonces 37 años.
El 22 de abril es una fecha tradicional en que los jesuitas pronuncian votos definitivos tras concluir su formación religiosa, pues ese día, en 1542, San Ignacio de Loyola –fundador de la Compañía de Jesús– y sus primeros compañeros pronunciaron en Roma su profesión solemne después de que el Papa Pablo III aprobase la nueva orden.
San Ignacio de Loyola y sus compañeros hicieron su profesión en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma, en aquel tiempo era la Basílica Papal puesto que San Pedro aún se hallaba en construcción, ante una imagen de la Virgen María.

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia.



Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM

Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:
       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
 V. Domínico.

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