Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 27 de enero de 2018

“Les enseñaba como quien tiene autoridad”


28 de enero 2018 – Ciclo B –
Cuarto domingo durante el año
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20
Moisés dijo al pueblo: “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán.
Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: ‘No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré’. Entonces el Señor me dijo: ‘Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá’ Palabra de Dios

Salmo 94
R Ojalá hoy escuchen la voz del Señor.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras. R.

1° carta de san Pablo a los corintios. 7, 32-35
Hermanos: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos. 1, 21-28
Jesús entró en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: El Santo de Dios”. Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto?¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; ¡da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!”. Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de galilea. Palabra del Señor


Reflexión   

Jesús es presentado por san Marcos como el maestro "que enseña con autoridad", "una enseñanza nueva". No es una enseñanza cualquiera, sino la de un profeta, al estilo de Moisés, prototipo del profetismo en la mente de los israelitas, maestro y forjador de su pueblo.
El rumbo que el pueblo debe seguir. La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica y tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este libro, un párrafo de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable.
De este modo, la ley deja de ser una obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo.
Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: “Como Yahvé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra” (Deut.15, 4).

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana, entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Dios y lo que permite la pertenencia a este pueblo”.

En esta misma línea se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Ese profeta se compara con Moisés. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, tema en el que insiste el Deuteronomio, de modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

Llevar la Ley en el corazón. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la Ley en el corazón”.
Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.
La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir.
Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

La capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.
Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo.
Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas, que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, ordena a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los “miles” de preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria.

Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal son tan eficaces?

“Hablar con autoridad”. Podemos ver el hecho de que Jesús no se apoya en otros maestros para dejar su enseñanza, Él mismo hace la interpretación correcta de la Escritura, de la Palabra de Dios.    
Pero además hay otro sentido más profundo de este, hablar con autoridad, que tiene que ver  
“con el personaje del espíritu malo que aparece en escena.
El “espíritu malo” (en el original griego del Nuevo Testamento es pneumati akatharto) representa al mal en todas sus formas: el pecado, la mentira, la destrucción del hombre, los que buscan destrozar la obra de Dios… todo lo malo y negativo que nos podamos imaginar.

El espíritu malo del evangelio, que le hace mal al hombre que lo posee, ante la presencia de Jesús se descontrola de manera violenta revelando la identidad del mismo Jesús. Le dice con claridad que lo conoce y que es el Hijo de Dios. En este contexto Jesús reacciona enérgicamente e increpa al espíritu malo para dos cosas: en primer lugar, que se calle y, en segundo lugar, que salga del hombre. Lo que Jesús dijo se cumplió de manera total y definitiva…

Aquí aparece la reacción de la gente que tiene que ver con la autoridad de Jesús. El asombro, al menos en este caso, no es tanto por el contenido doctrinal que presenta Jesús, sino por la nueva enseñanza que va acompañada del poder. Habla y lo que dice se cumple…
Ahí radica la autoridad de Jesús, en definitiva, la autoridad de Dios. Su palabra no es hueca, no es mera expresión externa, sino que goza de una efectividad especial que lo acredita como Aquél que tiene autoridad. Jesús es realmente el Hijo de Dios y lo que dice se cumple. Esta es la enseñanza nueva que comienza a asombrar y a cautivar a los miembros más sencillos del pueblo. Así se diferencia la palabra de Jesús de la de los maestros de la ley (v. 22).    
Jesús no sólo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos, ratifican y confirman la llegada del Reino.


Primera imagen de San José
Queremos contarle que el viernes 19 de enero, en la celebración mensual de San José, al finalizar la Misa, realizamos el sorteo de la primera imagen de San José conmemorativa del centenario del Templo parroquial, que nos estuvo acompañando durante todo el mes en el altar.
El bono contribución ganador fue el N°122 y la señora Luisa la ganadora. Gracias a todos por sumarse a este año tan importante para nuestra parroquia.
  
                                   
El 19 de febrero realizaremos el sorteo de una nueva imagen de San José, que ya está sobre el altar para acompañarnos durante un mes en nuestras celebraciones.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Servicio Bíblico Latinoamericano. 

sábado, 20 de enero de 2018

«Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»


21 de enero 2018, -Ciclo B-, Tercer domingo durante el año

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.»             
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. Palabra de Dios.

Salmo 24, R. Muéstrame, Señor, tus caminos.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.  R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.  R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.  R.

Primera carta de Pablo a los Corintos 7, 29-31 
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.  Palabra del Señor.
  

Reflexión   

Marcos después de narrarnos los comienzos del evangelio con la presentación de Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, nos relata, la actividad pública de Jesús; es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el contenido entero de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado -es que se ha cumplido el plazo de su espera- y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.       
El reinado de Dios ha comenzado. ¿De qué rey hablaba Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho, y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo, una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era de antes del pecado. 

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace más de 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra.
Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades; a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.            

Dios quiere la conversión. (1) Después de que Juan fue arrestado, Jesús se acercó a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Debemos eliminar inmediatamente los prejuicios. Primero: la conversión no se refiere sólo a los no creyentes, o a aquellos que se declaran «laicos»; todos indistintamente tenemos necesidad de convertirnos; segundo: la conversión, entendida en sentido genuinamente evangélico, no es sinónimo de renuncia, esfuerzo y tristeza, sino de libertad y de alegría; no es un estado regresivo, sino progresivo. 

Antes de Jesús, convertirse significaba siempre un «volver atrás» (el término hebreo, shub, significa invertir el rumbo, regresar sobre los propios pasos). Indicaba el acto de quien, en cierto punto de la vida, se percata de estar «fuera del camino»; entonces se detiene, hace un replanteamiento; decide cambiar de actitud y regresar a la observancia de la ley y volver a entrar en la alianza con Dios. Hace un verdadero cambio de sentido, un «giro en U». La conversión, en este caso, tiene un significado moral; consiste en cambiar las costumbres, en reformar la propia vida.
En labios de Jesús este significado cambia. Convertirse ya no quiere decir volver atrás, a la antigua alianza y a la observancia de la ley, sino que significa más bien dar un salto adelante y entrar en el Reino, aferrarse a la salvación que ha venido a los hombres gratuitamente, por libre y soberana iniciativa de Dios.           

Conversión y salvación se han intercambiado de lugar. Ya no está, como lo primero, la conversión por parte del hombre y por lo tanto la salvación como recompensa de parte de Dios; sino que está primero la salvación, como ofrecimiento generoso y gratuito de Dios, y después la conversión como respuesta del hombre. En esto consiste el «alegre anuncio», el carácter gozoso de la conversión evangélica. Dios no espera que el hombre dé el primer paso, que cambie de vida, que haga obras buenas, casi que la salvación sea la recompensa debida a sus esfuerzos. No; antes está la gracia, la iniciativa de Dios. En esto, el cristianismo se distingue de cualquier otra religión: no empieza predicando el deber, sino el don; no comienza con la ley, sino con la gracia. (1) Cantalamessa
Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
La conversión es a la vez una llamada y una respuesta. Dios nos llama a convertirnos y el hombre responde con la conversión, gracias al don de la fe. En base a la fe en Dios, el hombre se convierte y vive la experiencia nueva de vivir orientado hacia Él. La fe que previene la conversión, también la acompaña y la sigue para dar frutos de conversión en la conducta y vida diarias. Una conversión sin el acompañamiento de la fe no sería otra cosa que un puro y momentáneo sentimiento, un "fervorín" suscitado por una experiencia fuerte. Es decir, se reduciría a algo superficial y desprovisto de futuro.
Sin embargo, cuando la conversión se funda en la fe y es acompañada por ésta, entonces lo más natural es que culmine con el seguimiento: ir pisando las mismas huellas de Cristo en el camino de la vida. En tiempo de Jesús, eran los discípulos los que escogían al rabino o maestro; Jesús hace lo contrario; es él quien elige y dice a sus elegidos: “sigue mis pasos, camina tras mis huellas”. Así serás mi verdadero discípulo.

Nuestra respuesta al llamado del Señor. En el pasaje del Evangelio encontramos la llamada que Jesús hace a Pedro, Andrés, a Santiago y a Juan.
Los cuatro apóstoles que llama el Señor en este pasaje eran pescadores, y Jesús los encuentra trabajando, pescando o arreglando las redes. Para estos apóstoles, las redes lo eran todo, pues eran los instrumentos de trabajo y de su sustento diario. Al recibir el llamado, estos hombres, al instante, dejaron todo para seguir al Señor, responden sin demora al llamado, libres de ataduras para seguir a Cristo. (A igual que Jonás, en la primera lectura).

Para seguir a Cristo es necesario que no exista en nosotros un apegamiento por los bienes materiales y por los valores del mundo.
El Señor nos pide a todos los cristianos, en el estado en que nos ha llamado, un desprendimiento efectivo de nosotros mismos, de lo que tenemos y de lo que usamos.

El Concilio Vaticano II nos advierte al respecto, diciéndonos: “Vigilen todos para ordenar rectamente sus afectos, no sea que en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que los aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad”. 

El desprendimiento que nos pide Cristo no es un desprecio absoluto a los bienes materiales, que son buenos si se adquieren y utilizan conforme a la voluntad de Dios y siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. Pero esta enseñanza no es compatible con un corazón dividido, que busca compartir el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, porque muy pronto termina desalojando a Dios del corazón y cayendo prisionero de los bienes de la tierra, que ahí sí se convierten en males.            

A la tendencia natural que todos tenemos por aferrarnos, se une la carrera desenfrenada por la posesión cada vez mayor de bienes, una clara ambición, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero, a un comportamiento individualista, como si éstas fueran las metas más importantes en nuestras vidas.
Este es el modo de vida que parece extenderse cada vez más en nuestras sociedades. Y ésta es una gran presión a la que con mucha frecuencia contribuyen los medios de comunicación y económicos, en la que no debemos caer si queremos de verdad mantenernos libres de ataduras para seguir a Cristo.             

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?           

¿En qué situaciones de mi pasado y de mi presente siento que Jesús sale a mi encuentro en el camino de mi vida? 

¿Cómo he respondido esas llamadas?

¿Qué situaciones hoy hacen que no me encuentre libre de ataduras para seguir a Cristo?  

Nuestro Dios que es fuente de amor colme
 tu interior con su Paz.      
Jesucristo, Amor que se entrega haga de ti
 un instrumento de reconciliación. 
El Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de tu corazón ardiente impulso de comunión.   
El Señor te bendiga y te guarde y haga de ti una bendición para los demás!      

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM Catholic.net.

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar, www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose


sábado, 13 de enero de 2018

Hemos encontrado al Mesías» «Vengan y lo verán»,



Segundo domingo durante el año
14 de enero 2018, -Ciclo B-
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19
Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte.» Y él se fue a acostar.      
El Señor llamó a Samuel una vez más. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte.» Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha.» Y Samuel fue a acostarse en su sitio. 
Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «Habla, porque tu servidor escucha.»
Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.
Palabra de Dios.

Salmo 39
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé confiadamente en el Señor:  él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.             
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.  R.
Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: «Aquí estoy.»  R.
«En el libro de la Ley está escrito
 lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón.»  R.
Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor.  R.
 1° carta de Pablo a los Corintios 6, 13c –20
Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.  
¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo?  
El que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.            
Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.
¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?      
Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio!
Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos. 
Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»        
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: « ¿Qué quieren?»    
Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»            
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.       
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro. Palabra del Señor.

Reflexión:

Los primeros discípulos: Reconocer a Jesús

El Evangelio de hoy nos recuerda la elección de los primeros discípulos. Es un bello relato, que sobriamente evoca el proceso y las distintas circunstancias de aquellas vocaciones. Juan nos ofrece, a diferencia de los otros evangelios, la concentración de tiempo y espacio, lo que supuso para aquellas personas el encuentro y el descubrimiento de Jesús.
Así, este relato de vocación-testimonio es un pasaje teológico escrito a la luz de la Pascua. 

En el origen de las primeras vocaciones cristianas está, como base y punto de partida, el testimonio de Juan Bautista sobre Jesús. Aunque lo identifica y proclama con un extraño título –Cordero de Dios- que tenía en todo judío resonancias de inmolación y liberación, tuvo que ser un testimonio vivo, cercano, impactante que hizo mella en sus discípulos.

El papel fundamental de las mediaciones humanas en la vocación de los primeros discípulos.  Primero es el propio Juan Bautista quien, además de dar a conocer y proclamar la personalidad de Jesús a sus seguidores se lo presenta y les invita a que vayan detrás de Él.  Después serán Andrés y Felipe los que hagan de mediadores.

La experiencia personal de cada uno. Otro elemento que subraya el texto evangélico en el proceso de la vocación es la experiencia personal de cada uno.  Los discípulos descubren, son tocados, se convencen, creen, no tanto por razones y discurso cuanto por experiencia: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”.  La mirada penetrante de Jesús, el compartir con Él, el poder verle y observarle, el convivir esto deja huella, peso y vida.

El proceso vocacional culmina con la respuesta personal y libre de seguir a Jesús.  El discípulo es un seguidor, la palabra “seguimiento” es el término elegido en los evangelios para expresar la adhesión de los discípulos de Jesús, más tarde expresará, en síntesis, la vocación de todo cristiano.

¿Quién es Jesús?, el que pasa y llama. Todo lo que los discípulos fueron descubriendo gradualmente sobre Jesús después de la resurrección aparece, concentrado y anticipado, en esta página, al comienzo del Evangelio.

Jesús es el Cordero de Dios… a través de Él Dios pasa y libera a la humanidad de la muerte, de la esclavitud y del pecado.
Jesús es, Señor, Maestro, Rabbí.  Es decir, Él es quien da la verdadera enseñanza de la vida.
Jesús es el Mesías, el Ungido, el Cristo… es esperado por el pueblo para liberarlo.
Jesús es aquel de quien escribió Moisés en la
Ley y también los Profetas.  El implantará una sociedad basada en el derecho y la justicia, en la paz y verdad, en defensa de los débiles y en la abundancia para todos.
Jesús es el Rey de Israel. Soberanía, sobre todo, ejercicio del servicio a los pobres y excluidos.

Jesús es el Hijo de Dios. Con la que la comunidad confesó su fe en Jesús como Dios después de la Pascua.
Jesús es la escalera, Mediador entre Dios y los hombres.

La importancia de la experiencia personal.  Los dos primeros discípulos que siguen a Jesús son de la escuela de Bautista.  Están, por consiguiente, advertidos de las dificultades y riesgos de esa opción.
 Aquel que inspira este relato, el evangelista Juan, nunca olvidó la hora de su encuentro con Jesús: “Serían las cuatro de la tarde” (la hora décima). Como todo hecho que marca nuestra vida, el recuerdo de ese encuentro permanente con detalles que lo rodearon y deja huellas indelebles en nuestra memoria.  Todos tenemos en nuestra vida algún “cuatro de la tarde”, algún momento fuerte de encuentro con Él que nos llena de sentido y nos sostiene en los momentos difíciles.

La importancia del testimonio. Unidos y encadenados se narran los encuentros de Jesús con cinco discípulos.  Son relatos de vocación o llamada.  Pero a la vez aparecen como relatos de testimonio.  Andrés y el otro discípulo dan testimonio del encuentro, eran del mismo pueblo.  He aquí toda una composición literaria para transmitirnos la importancia del testimonio en el descubrimiento de Jesús.

Para reflexionar:

“¿Qué buscan?” nos dejan desconcertados porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. 
Es una pregunta fundamental en la historia de cualquier vocación, de cualquier ser humano. ¿Cuál sería nuestra respuesta hoy?

Jesús no juega a dificultar el encuentro ni se esconde de quien lo busca honradamente.  Se vuelve; invita: “vengan y lo verán”; pregunta: ¿Qué buscan?; llama: “Sígueme”; dialoga, explica, facilita el encuentro…

La experiencia personal y el testimonio son dos caminos que conducen a la fe, que nos descubren quién es Jesús de Nazaret. 
El encuentro y el descubrimiento tienen lugar habitualmente en la realidad histórica y cotidiana: en el camino: “Jesús pasaba”; en un diálogo, la presentación; en una decisión el seguimiento Ven y lo verás”; en una amistad, con el hijo de José, la luz que nos guía en nuestro caminar. El encuentro con Dios, que transforma una existencia, normalmente se percibe por un latido del corazón.


“Te llamé a vivir”

Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza,
nada motiva una esperanza.

Hijo, quiero decirte claramente que fui yo
 quien te llamó a la vida.
Yo te concebí primero en mi inteligencia.
Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar.

Te llamé a vivir a ti.  Exclusivamente a ti.
Te hice irrepetible.  Nadie tiene tu misma voz, ni tus mismos ojos, ni tus mismos rasgos interiores.

Te di virtudes... ¿Las ha descubierto?
Te di cualidades... ¿Las conoces?
Te hice hermoso con mis propias manos.
Te comuniqué mi vida.
Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
Te hice ver el paisaje y el color.
Te di el oído, para que escucharas el canto de los pájaros y la voz de los hombres.
Te di la palabra, para decir: “PADRE”, “MADRE”,
“AMIGO”, “HERMANO”.
Te di mi amor más profundo.

No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
Te conozco cuando respiras y te cuido
 cuando duermes.
No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.

TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes.
Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE,
¿puedo olvidar a mi hijo?
¡Ni lo sueñes!
Desde que te hice ya no te puedo dejar solo.
Camino contigo y sonrío contigo.   Vivo en ti.
Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído.
y en silencio: ERES MI HIJO. TE AMO. DIOS

19 de enero
Celebración mensual de San José

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Pbro. Daniel Silva.

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en:

Círculo Bíblico San José, Parroquia San José: Brandsen 4970 V. Domínico.

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose 

sábado, 6 de enero de 2018

«Apenas fue Bautizado Jesús, el Espíritu de Dios descendió sobre Él»


Bautismo del señor

7 de enero 2018, -Ciclo B-

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guíe y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa.  Amén

Lectura libro del profeta Isaías 55, 1-11
Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–.
Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.  Palabra del Dios.

Salmo Is. 12, 2-6
R. Sacarán agua con alegría de las fuentes
de la salvación.
Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre R

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sion, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R

Lectura primera carta Ap. San Juan 5, 1-9
Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.  Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios.  Y Dios ha dado testimonio de su Hijo. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 1, 7-11
Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo». 
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».  
Palabra del Señor.

Reflexión

El hombre, sediento de Dios. El hombre es un ser naturalmente sediento: sediento de gozo y felicidad, sediento de justicia y de paz, sediento de eternidad, sediento de Dios. "El deseo de Dios está inscripto en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha de no cesar de buscar" (CIC 27).
Esta sed de Dios nadie la puede apagar, si no es el mismo Dios. Por eso, Dios, a través de Isaías, invita y exhorta a los hombres; "Venid por agua todos los sedientos... prestad atención, venid a mí; escuchadme y viviréis".

Este domingo la Liturgia de la Iglesia eleva nuestra mirada a Jesús que es bautizado en el Jordán. 
El “bautismo de Jesús” es un relato cuyo género literario es el de teofanía (teo = Dios; fanía = manifestar): hay una clara manifestación de Jesús como Dios, como el Hijo querido y predilecto del Padre. Los cielos que se abren, la paloma, la voz que viene del cielo… todos signos de que el relato es una teofanía, una manifestación del poder y la centralidad de Dios.

Puede resultarnos un poco llamativo que Jesús sea bautizado con un bautismo de purificación, se pone en la “fila de los pecadores”, como el que realizaba Juan, ya que Jesús no necesita una purificación bautismal porque es Dios y no tiene pecado, sin embargo, como una consecuencia más del misterio de la Encarnación, se somete también a este bautismo, mostrando una vez más la solidaridad de Dios con el hombre, para señalarnos cuan cerca nuestro está.
El agua que apaga la sed del hombre es el agua del bautismo. Jesús, prototipo de todo ser humano, quiso sumergirse en esas aguas de purificación, no por ser él pecador, sino por haber cargado con el pecado del mundo. Es importante recordar que la palabra bautismo viene de una raíz griega que significa “inmersión” o “sumergirse”.
El Bautismo cristiano es una inmersión, un sumergirse en Cristo y en su gracia como espacio de salvación.
Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo.
Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa.
Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la Voluntad de Dios, de manera que así como los cielos se abrieron para Jesús, al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros. Así podremos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos en quienes se complace, porque siguiendo a su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad.

El Espíritu de Jesús (1). Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban “cerrados”. Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.
Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: “Ojalá rasgaras el cielo y bajases”.
Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él».
Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús con su Espíritu.

Sin ese Espíritu todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece. La fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta. El amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.
Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias diversas lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús:

No nos hemos de engañar. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza. (1)  J. A. Pagola. 

El bautismo

Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y "vivir una vida nueva" (Rm 6, 4).
Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él (S. Gregorio Nacianc. Or. 40, 9).

Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios. (S. Hilario, Mat 2).

Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.

Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
Espíritu santo:

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin. Amén

Espíritu santo

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin.  Amén

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Catholic.net. Cebipal/Celan. Hno. Ricardo Grzona, frp.

Lectio Divina: los sábados 17 hs. en: 
Círculo Bíblico San José , Parroquia San José: Brandsen 4970, V. Domínico.

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:

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