Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 22 de mayo de 2021

"Viene Dios bajo la persona del Espíritu Santo, a quedarse para siempre"


Hola les comparto el audio del padre Juan José Milano del domingo de Pentecostés, 23-5-21, Ciclo B


 

“Reciban el Espíritu Santo”

 

Pentecostés

 Lecturas 23-5-21, Ciclo B 

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Hechos de los apóstoles 2, 1-11    
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.        
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? 
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.»  Palabra de Dios.                

Salmo 103, R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la superficie de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, ¡qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! la tierra está llena de tus criaturas! R.

Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R.           
¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.      

1º carta de Pablo a los corintios 12, 3b--13         

Hermanos: Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo. Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.                               

Secuencia
Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.  

Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.                  
Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto. 
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.    

Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.                 

Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, cura nuestras heridas.  

Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados.          

Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.    

Evangelio según san Juan 20, 19-23             
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.»  Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.» Palabra del Señor.     

 Reflexión: 

*El Domingo de Pentecostés (cincuenta días después de la Pascua) nos muestra que las experiencias de Pascua, de la Resurrección, nos han puesto en el camino de la vida verdadera. Pero esa vida es para llevarla al mundo, para transformar la historia, para fecundar a la humanidad en una nueva experiencia de unidad (no uniformidad) de razas, lenguas, naciones y culturas. Lucas ha querido recoger aquí lo que sintieron los primeros cristianos cuando perdieron el miedo y se atrevieron a salir del «cenáculo» para anunciar el Reino de Dios que se les había encomendado. Todo el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles es una preparación interna de la comunidad para poner de manifiesto lo importante que fueron estas experiencias del Espíritu para cambiar sus vidas, para profundizar en su fe, para tomar conciencia de lo que había pasado en la Pascua, no solamente con Jesús, sino con ellos mismos y para reconstruir el grupo de los Doce, al que se unieron todos los seguidores de Jesús. Por eso, el día de Pentecostés ha sido elegido por Lucas para concretar una experiencia extraordinaria, rompedora, decidida, porque era una fiesta judía que recordaba en algunos círculos judíos el don de la Ley del Sinaí, seña de identidad del pueblo de Israel y del judaísmo. Las pretensiones para que la identidad de la comunidad de Jesús resucitado estuviera en la fuerza y la libertad del Espíritu es algo muy sintomático. El evangelista sabe lo que quiere decir y nosotros también, porque el Espíritu es lo propio de los profetas, de los que no están por una iglesia estática y por una religión sin vida. Por eso es el Espíritu quien marca el itinerario de la comunidad apostólica y quien la configura como comunidad profética y libre. *Fray Miguel de Burgos Núñez  

Pentecostés: era en Israel la fiesta de la recolección.  De agraria se convierte, más tarde, en fiesta histórica: en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí.  Recibía también el nombre de “Fiesta de las semanas” (7x7 días después de la Pascua).  En ese día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora.  

Los cristianos conmemoramos en Pentecostés la donación del Espíritu.  En Hechos 2, 1-21 se nos relata cómo los discípulos de Jesús, estando reunidos, temerosos y sin saber qué hacer, el día de Pentecostés reciben el don del Espíritu que los llevará a proclamar la buena nueva a todos aquellos que se encontraban en la ciudad. La comunidad de los discípulos es presentada como el nuevo pueblo de Dios lleno de Espíritu que da testimonio de Jesús, el Mesías.  De ahí que Pentecostés sea también la fiesta del nacimiento de la Iglesia.  

Los discípulos de Jesús no entendían todavía que significaba que Jesús iba a resucitar.  Lo prueba claramente María Magdalena y Pedro ante el sepulcro vacío y, sobre todo, la actitud de Tomás. La muerte de Jesús había sido un golpe duro para ellos y el enfrentamiento con los jefes del pueblo y las autoridades romanas los aterraba.

En este relato vemos el cumplimiento de las promesas de Jesús: “Volveré a ustedes” “les enviaré el Espíritu Santo y tendrán paz”. Jesús resucitado se hace presente y les desea la paz, el shalom, es decir, integridad de vida, salud, búsqueda de justicia y armonía personal y social. Les manda, además, continuar la misión, que precisamente le había llevado a la muerte que tanto les asusta.  

La misión de la comunidad. Como la de Jesús, es liberar, dar paz, perdonar, amnistiar, dar vida hasta la entrega total. De Él recibe esta misión y el Espíritu para llevarla adelante.  

Cada cristiano es un enviado de Jesús.  La llamada a la fe y a la comunidad es, al mismo tiempo, llamada a la misión.  Hemos sido elegidos por Jesús para realizar el proyecto de Dios con Él. Pero la llamada/envío se remonta más arriba, hasta el mismo Dios: “Como el Padre me envió a mí, así los envió yo a ustedes”.  Es decir, cada cristiano es otro Jesús, que recibe su misma misión de parte de Dios. Somos enviados de Dios, embajadores del Padre, sus mensajeros, en compañía de Jesús, en la construcción de la nueva humanidad.  

Y no hay excusas para la misión.  Los primeros enviados “estaban con las puertas cerradas” por miedo a los judíos y autoridades, carecían de paz.  Humanamente no estaban preparados. Sin embargo, ellos son los elegidos.  Ellos son lo que tienen que proseguir la causa de Jesús.  Ellos son los que tienen que perdonar y dar vida.  

“Reciban el Espíritu Santo”.  Así comprendieron y renacieron a la vida.  Y se fueron por todo el mundo.  Y supieron perdonar. Rompieron las barreras del miedo y las puertas de la pequeña comunidad.  Experimentaron la paz en la misión y en el compromiso.  Y se sintieron llamados a la resurrección.

La misión cristiana no es una orden sino un fuego interior.  El amor misionero del padre y de Jesús, y el nuestro, es el Espíritu Santo.  Quema mucho para purificarnos.  Arde fuerte para darnos vida.  Nos pone en movimiento, para crear más vida.  El Espíritu Santo sabe que la misión es dura, porque no luchamos contra enemigos de carne y hueso sino contra estructuras de opresión y dominación.  Pero Él nos hace capaces de perdonar pecados, de destrozar la injusticia, derribar la mentira, quebrar la oscuridad y dar vida.  Él nos hace descentrarnos de nuestros fallos y descubrir nuestros auténticos pecados.  El Espíritu que se nos da nos hace ser personas resucitadas, llenas de paz, perdón y vida.  

Bajo la inspiración del Espíritu Santo los discípulos encuentran el lenguaje apropiado para ese anuncio.  No se trata de emplear un solo idioma, sino de ser capaces de entenderse.  Cada uno comprende en su lengua, desde su mundo cultural.  Por consiguiente, la evangelización no consiste en una uniforme impuesta, sino en la fidelidad al mensaje y el entendimiento en la diversidad.  Eso es la Iglesia, una comunión; en ella cada miembro tiene una función.  Todos cuentan y deben, por lo tanto, ser respetados en sus carismas.  Coraje para decir el Evangelio y verdadero sentido de la comunión eclesial, a eso nos llama la fiesta de Pentecostés.  

Hoy: No hace falta que te digan que estamos en una época difícil, que hoy no es sencillo vivir, que muchas veces a todos nos ataca el desaliento, que nos cuesta querernos, comunicarnos y ayudarnos, que cada uno piensa demasiado en sí mismo, que no reconocemos fácilmente el amor de Dios en nuestra propia vida, que hay viejos rencores y heridas que nos cuesta sanar, que por ahí nos sentimos insatisfechos, que otras veces no sabemos para qué trabajamos, para qué nos estamos esforzando, para qué vivimos en realidad. O quizás en el fondo nos sentimos solos, con una oculta tristeza. Nadie puede negar que algunas de estas cosas aniden en nuestro corazón.

Pero para solucionar este profundo problema, para vivir con intensidad y con armonía, necesitamos algo, hay algo que nos falta. En definitiva, nos falta “espíritu”. A nuestras existencias les falta el fuego, la luz, la vitalidad, la fortaleza, el empuje, la paz del Espíritu Santo. Y en el fondo, todo nuestro ser está sediento de Él, de su presencia, de su río de vida. Vivir sin Espíritu, es vivir sin haber resucitado. 

Necesitamos que el Señor, el Dios Amor, se haga presente y nos transmita el soplo creador del Espíritu que nos infunda aliento de vida, porque la fe en el Espíritu es fe liberadora.     

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.

 Dones

Para que el cristiano pueda cumplir su misión, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu. Estos dones son:  

Don de Ciencia: es el don que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo.

Don de consejo: don que nos permite saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.

Don de Fortaleza: es el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.

Don de Inteligencia: don que nos lleva al camino de la contemplación, camino para acercarse y conocer las cosas de Dios.

Don de Piedad: el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la piedad.

Don de Sabiduría: don que nos permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina, gustar de las cosas de Dios.

Don de Temor: es el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina.

 

 

Domingo de Pascua

“Cristo Vive”


Segundo domingo de Pascua

“Señor mío y Dios mío”

 

Tercer domingo de Pascua

“Ustedes son testigos de todo esto”

 

Cuarto domingo de Pascua

“Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 

Quinto domingo de Pascua

“El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”

 

Sexto domingo de Pascua

“Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”

 

Ascensión

“Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. Fray Marcos.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119

domingo, 16 de mayo de 2021

Con nuestro corazón lleno de esperanza, anunciamos la buena nueva.

Ascención 

16-5-21, Ciclo B

Hola les comparto el audio de
la reflexión del padre Juan José Milano del domingo de la Ascensión.

sábado, 15 de mayo de 2021

“Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”

 
Ascensión

 Lecturas 16-5-21, Ciclo B 

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.     
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.» Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»  
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.» Palabra de Dios.  

Salmo 46, R. Dios asciende entre aclamaciones.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra.  R.

El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey.  R.

El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno.  El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Carta a los Efesios 1, 17 – 23 

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios. 

Santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

Jesús dijo a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»  Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban. Palabra del Señor.  

Reflexión:

*La Ascensión del Señor nos pone ante un horizonte de esperanza. Es la novedad de la pascua: muerte - resurrección – ascensión; la que llena de esperanza y sentido la vida humana, y nos muestra el camino de la Vida Plena y nuestra meta: El Cielo.  

En la carta a los Efesios, San Pablo nos lo dice con estas palabras: que el Dios del Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, ilumine los ojos de sus corazones, para que comprendan cuál es la esperanza a la que los llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.  

La esperanza cristiana lleva consigo una llamada a la misión y al compromiso; una invitación a no esperar del cielo soluciones milagrosas o revelaciones especiales. ¿Qué hacen ahí mirando al cielo? (1ª Lectura) vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. 

La llamada a la misión comenzó a realizarse en obediencia al mandato: «Ellos salieron a proclamar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban». (Evangelio). Los ojos, puestos en Jesús, nos llevarán a vivir con “fe en el mensaje”, es decir, fe en la acción del evangelio. *Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.  

Misión de los discípulos y ascensión. Vayan al mundo. El pasaje de hoy nos trae tres momentos para reflexionar: la aparición, el mandato misionero a los once y la ascensión.  

La ascensión no es alejamiento o simple despedida de Jesús, sino el comienzo de un nuevo modo de presencia de Dios entre nosotros. 

La ascensión en el Evangelio está vinculada al comienzo de la actividad evangelizadora universal de los discípulos. Ascensión y misión aparecen estrechamente unidas.  

Nuestro ser cristiano, a veces, es vivido como fenómeno mágico o milagrero o como religión que se basa en creencias extraordinarias. Más que proclamar la Buena Noticia pedimos, buscamos, nos agarramos, o mantenemos la fe en signos extraordinarios.

Otras veces, permanecemos pasivos, mirando el cielo, en vez de vivir comprometidos activamente en la construcción del reino de Dios. No es raro el oír que estamos demasiado atentos al cielo futuro y poco comprometido en la tierra presente.

Y frecuentemente, en vez de abrirnos “al mundo entero” y a salir a predicar por todas partes, nos centramos en nosotros mismos o nos quedamos en el mundo más fácil y cercano, o justificamos nuestra nula misión por las dificultades, el momento negativo, el desinterés de las personas, etc. Distorsionamos la misión y el proyecto de Dios y nos quedamos indiferentemente.  

Este pasaje evangélico nos ayuda a verlo.  La Iglesia y los cristianos recibimos la misión de Jesús.  Somos enviados a proclamar la buena noticia, no a crear dudas o presagiar castigos.  La buena nueva no es un mensaje al margen de la realidad que vivimos.  No podía ser de otra forma cuando quien nos envía a anunciarla es quien luchó hasta el fin y dio su vida en pro del pueblo pobre y marginado.  

Los que reciben la misión, tercos e incrédulos.  La verdad es que los discípulos no estaban todavía muy preparados.  Hasta el último momento mantuvieron su incredulidad y su terquedad.  No parecen, humanamente, ser los mejores agentes para pregonar la buena nueva.  Sin embargo, ahí los tenemos.  Ellos son los elegidos.

A veces los cristianos, aunque no lo expresemos, somos tercos e incrédulos.  Pensamos que la misión es cosa de otros.  De gente más preparada y con más facilidad de palabra.  Nos equivocamos; todos somos misioneros.  Todos somos embajadores de Jesús. Enviados a realizar el reino de Dios en todos los ambientes.

No somos nosotros quienes lo hemos elegido, ha sido Él quien nos eligió.  Vivir la elección en contra, tensionarla, porque no nos sentimos dignos, olvidarla porque nos creemos incapaces, es hacer un débil servicio a quien proclamamos Señor y dador de buena noticia.  

El anuncio de la buena nueva va acompañado de signos liberadores como “echarán demonios, hablarán lenguas nuevas, tomarán las serpientes en sus manos, el veneno mortal no les hará daño, impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos”. Si no hay signos que nos hagan sentir y experimentar realmente el evangelio, éste pierde entidad, se desvirtúa y deja de ser buena noticia.  No es cuestión de hacer una lista, pero sí es imprescindible experimentar en nosotros la liberación para transmitir a otros el anuncio de Jesús.  

La experiencia pascual, consistió en ver a Jesús de una manera nueva. El haber vivido con él, el haber escuchado lo que decía y visto lo que hacía, no los llevó a la comprensión de su verdadero ser. Estaban demasiado apegados a lo externo, y lo que hay de Divino en Jesús no puede entrar por los sentidos, ni ser fruto de la razón. Su desaparición física les obligó a mirar dentro de sí, y descubrir allí lo mismo que había vivido Jesús. Entonces ven al verdadero Jesús, el que vive y les sigue dando vida.  

Nosotros hoy estamos apegados a una imagen terrena de Jesús que también nos impide descubrir su verdadero ser. Debemos ir más allá de todo lo que sabemos sobre Jesús y tratar de descubrirlo dentro de nosotros.

Esa vivencia no puede venir de fuera, sino de lo más íntimo de nosotros mismos. Por eso decía Pablo en la segunda lectura: "Que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerle; ilumine los ojos de su corazón para que comprendan cuál es la riqueza..."  

No se pide Ciencia, sino Sabiduría. No pide que nos ilumine los ojos del cuerpo ni de la mente, sino los del corazón... Todo lo que podamos aprender sobre Dios y Jesús, nunca podrá suplir la experiencia interior. 

Debemos tener en cuenta que todos estos relatos teológicos tienen una finalidad catequética. Están elaborados para que nosotros entremos en la dinámica de Cristo para que repitamos su misma vivencia. En él debemos descubrir las posibilidades que todo ser humano tiene de llegar a lo más alto del "cielo". La verdadera salvación del hombre no está, solamente en que los libren del pecado, sino en alcanzar la plenitud a la que estamos llamados todos. Esta verdad, es la base de toda salvación. 

“Donde hay amor hasta el límite hay vida sin límite, pues el amor es fuerza de vida” 

La ausencia física de Jesús abre un tiempo nuevo: el tiempo de la comunidad de discípulos, el tiempo del testimonio.  En adelante los seguidores de Jesús no lo tendrán, no lo tendremos, a mano para preguntarle. Deberán tomar sus propias decisiones.  

Sólo quien tiene fe en un futuro mejor puede vivir intensamente el presente.  Sólo quien conoce el destino camina con firmeza a pesar de los obstáculos.  Sólo quien se ha encontrado con el resucitado sale a todo el mundo. Sólo quien cree en el cielo y en quien subió a Él puede recordar que las personas no podemos darnos todo lo que andamos buscando y, al mismo tiempo, creer que nuestros esfuerzos de crecimiento y búsqueda de una tierra más humana no se perderán al vació.  Porque al final de nuestra vida no nos encontraremos sólo con los logros de nuestro trabajo, sino con el regalo del amor de Dios.  Quizá éste sea el mensaje más importante de la ascensión.   

 

Domingo de Ramos

“Hosanna, Bendito el que viene en nombre del Señor”

 

Domingo de Pascua

“Cristo Vive”

 

Segundo domingo de Pascua

“Señor mío y Dios mío”

 

Tercer domingo de Pascua

“Ustedes son testigos de todo esto”

 

Cuarto domingo de Pascua

“Yo Soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”

 

Quinto domingo de Pascua

“El que permanece en mí, y yo en él,                da mucho fruto”

 

Sexto domingo de Pascua

“Ámense los unos a los otros, como yo los he amado” 

 

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. Fray Marcos.

                                                                    Círculo Bíblico San José

 “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119