¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
sábado, 17 de julio de 2021
“Conmoverse, vivir la Palabra desde nuestro corazón”
“Eran como ovejas sin pastor”
Décimo sexto domingo, lecturas 18-7-21, Ciclo B
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
Libro del
profeta Jeremías 23, 1-6
«¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi
pastizal!» -oráculo del Señor-.
Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan
a mi pueblo: «ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han
ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus
malas acciones» -oráculo del Señor. «Yo mismo reuniré el resto de mis
ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus
praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas
pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará
de menos a ninguna» -oráculo del Señor-.
«Llegarán los días -oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen
justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho
en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo
llamará con este nombre: "El Señor es nuestra
justicia."» Palabra de Dios.
Salmo 22, R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace
descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y
repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su
Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún
mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden
confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis
enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa
rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.
Carta de
Pablo a los Efesios 2, 13-18
Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona. Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu. Palabra de Dios.
Evangelio
según san Marcos 6, 30-34
Los
Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y
enseñado. El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para
descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían
tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron
por tierra a aquel lugar y llegaron antes que
ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque
eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles
largo rato. Palabra del Señor.
Como ovejas sin pastor. La queja de
Jeremías de los guías políticos en su tiempo se repite en la época de Jesús,
los jefes políticos y religiosos dispersaban cada vez más al pueblo. El régimen
político, militar y económico impuesto por Roma era una carga que pesaba sobre
el pueblo y se hacía más gravosa porque había gente que le hacía el juego a los
romanos, entre ellos los saduceos, que administraban el Templo.
El rey y los
cobradores de impuestos eran nombrados por Roma y las fuerzas militares romanas
tenían su fortaleza junto al templo de Jerusalén, esta situación además de
oprimir ofendía la dignidad del pueblo. El régimen tributario era sofocante y
había además que cumplir con el diezmo para el templo, la situación económica
era crítica.
La sociedad se encontraba dividida y se atomizaba cada vez más tratando de buscar solución al problema del momento, unos creían en la fuerza de las armas, otros se aislaban y vivían en forma independiente. Otros esperaban una irrupción de Dios que pusiera fin a esta situación y diera oportunidad al pueblo de Israel.
Por otro lado,
después de la reconstrucción del templo al regresar del exilio, las leyes de
purificación dominaron la religión judía poniendo el cumplimiento de normas, por
encima de la práctica de la justicia, del amor y de la misericordia, provocando
desorientación y desconcierto en el pueblo. Muchos se encuentran marginados del
templo, han sido desplazados de allí por no cumplir con dichas normas rituales.
Al oír hablar a Jesús se sienten identificados con su enseñanza y con su práctica, descubren que no están tan lejos de los caminos de Dios, encuentran en él al pastor que en vez de dispersar, congrega y reúne, dice Dios en la primera lectura, “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas".
Jesús, movido por
la compasión de ver a la multitud que andaba como oveja sin pastor, se pone a
enseñarles. Es la causa del Reino la que le consume su tiempo y su vida. Para
esto ha venido, su pasión y su locura es el Reino. “pero el buen pastor
las reunirá en un solo rebaño” (Jn 10,16). Jesús, buen pastor, reúne
también en un solo rebaño a los que "estaban lejos" (paganos) y a los
que "estaban cerca" (judíos) por medio de su sangre derramada en la
cruz.
Hechos que den
autoridad a las palabras. Luego del episodio que compartimos el
domingo pasado, el envío misionero de los Doce, Marcos narra el regreso de los
Apóstoles.
Dice el texto que
los Apóstoles le cuentan al Señor todo lo que han “hecho y enseñado”. Estas dos
palabras, estos dos verbos, hacer y enseñar, son muy importantes porque marcan
la continuidad de la tarea de los Apóstoles con respecto a la de Jesús. En los
primeros capítulos de Marcos se describe a un Jesús, Mesías que revela el
Reino con “hechos y palabras”, “haciendo y diciendo”, “liberando del mal y
proclamando el Evangelio”.
La tarea de los
discípulos y la tarea de la Iglesia de Jesús por todos los siglos es la misma:
hacer presente el Reino con hechos y palabras. Ni sólo hechos ni sólo palabras
sino palabras que “expliquen” los hechos, hechos que den autoridad a las
palabras. Esta es en definitiva la clave de la misión que nos enseña
Jesús.
La Mirada de Jesús. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera tarea evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.
El propósito de
Jesús queda frustrado, la gente descubre su intención y se les adelanta
corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud
venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?
Marcos describe
gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a
la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con
esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa.
“Al desembarcar,
Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se
puso a enseñarles con calma” (largo rato).
Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.
Como Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.
Desde esa mirada
Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: “andan como
ovejas sin pastor”. La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la
ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide
realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.
Movido por su compasión, Jesús “se pone a enseñarles con calma”. Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.
No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.
Siempre en
oración. El comienzo del pasaje del Evangelio de hoy, San Marcos
relata que los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que
habían hecho y enseñado.
Debemos imitar ese trato de los discípulos con Jesús. Esa confianza que tienen
para contarle sus cosas. En eso consiste la oración: en confiar al Señor los
acontecimientos de nuestra vida. A veces le confiamos los hechos que nos
entusiasman, como hacían los primeros discípulos de Jesús.
Podemos suponer que ese relato de los apóstoles estaría seguido de las palabras de Jesús, guiándolos, dirigiéndolos, alentándolos. Pero otras veces, contando al Señor nuestras dificultades, nuestros problemas, con la seguridad de que vamos a recibir el consuelo y la paz que en cada momento necesitemos.
La
oración, el trato frecuente, y sincero con el Señor es una necesidad para la
vida de todo bautizado, y una condición previa e indispensable para encarar
cualquier tarea de apostolado.
En la sustancia
de las cosas, la humanidad se halla desde sus inicios en situación parecida,
aunque cambien las circunstancias aparentes y tecnológicas, una generación sin
pastores vive a la deriva, en el sinsentido. Una generación con pastores que no
lo son, se ve abocada a la desconfianza en la autoridad, vive el suplicio de la
confusión, se encierra en el subjetivismo atroz e insolidario, desde que el
hombre es hombre ha necesitado guías que le indiquen el camino y le dirijan por
la senda de su auténtica humanidad hacia el horizonte de la felicidad y de
Dios:
¿Hoy por quién me dejo guiar para encontrar el camino de la verdad? ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida, el de pastor y “amigo” o simplemente es una alternativa?
Jesús, Buen Pastor lleno de misericordia, regálanos un corazón atento, capaz de ver las necesidades de quienes nos rodean y compasivo para hacer nuestros los dolores de nuestro prójimo. Pero que nunca quedemos abatidos ante los mismos sino que, con creatividad y caridad pastoral, busquemos que tu Reino se haga más presente cada día. (Donbosco.org)
Pentecostés, “Reciban el Espíritu Santo”
Santísima Trinidad, “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
Cuerpo y Sangre de Cristo, “Tomen, esto es mi Cuerpo”
Décimo primer domingo, “El Reino de Dios es como…”
Décimo segundo domingo, “¿Por qué tienen miedo?”
Décimo tercer domingo, “Dios, es el Dios de la Vida”
Décimo cuarto domingo, “Dios ” El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”
Décimo cuarto domingo, “La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”
Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.
Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una
lámpara a mis pies y una luz
en mi camino” Sal 119
sábado, 10 de julio de 2021
"Anuncien la Buena Noticia y alivien el sufrimiento humano"
Hola, les comparto la reflexión de las lecturas del décimo quinto domingo durante el año, 11 de julio 2021 del padre Juan José Milano. Bendiciones
“La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios”
Décimo quinto domingo, lecturas 11-7-21, Ciclo B
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
Lectura de la profecía de
Amós 7, 12-15
Amasias, el sacerdote de Betel, dijo a Amós: «Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino.» Amós respondió a Amasias: «Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicomoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel."» Palabra de Dios.
Salmo 84, R. ¡Muéstranos, Señor,
tu misericordia y danos tu salvación!
Voy a proclamar lo
que dice el Señor: el Señor promete la paz para su pueblo y sus
amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria
habitará en nuestra tierra. R.
El Amor y la
Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad
brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.
Carta de Pablo a los Efesios 1,
3-14
Bendito sea Dios,
el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda
clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la
creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia,
por el amor.
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme
al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos
dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los
pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.
El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio
misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en
la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la
tierra, bajo una sola cabeza, que es
Cristo.
En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el
previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad- a ser
aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su
gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de
la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el
Espíritu Santo prometido. Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y
prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su
gloria. Palabra de Dios.
Santo Evangelio
según san Marcos 6, 7-13
Jesús
llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus
impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones,
ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos
túnicas.
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de
partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de
allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.» Entonces
fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron
a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. Palabra del Señor.
El evangelio de hoy, con el relato de la misión de los Doce, nos confronta con uno de los frutos distintivos de nuestra identidad cristiana: La Misión. Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la misión, ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han experimentado con Jesús, lo que han visto y oído. Comunicar y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado sus vidas de “sentido”, de verdad y amor, ¡de alegría y de esperanza!”.
La
misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios. La
misión surge del corazón cuando uno se detiene a rezar ante el Crucifijo, con
la mirada puesta en ese costado traspasado, no se puede dejar de experimentar
dentro de uno mismo la alegría de sentirse amado y el deseo de amar y de
hacerse instrumento de la misericordia y la reconciliación.
Es lo que le sucedió, hace precisamente ochocientos años, al joven Francisco de Asís, en la pequeña iglesia de San Damián, que entonces estaba derruida. Desde lo alto del Crucifijo, custodiado ahora en la Basílica de Santa Clara, Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Vete, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas». Aquella «casa» era ante todo su misma vida, que había que «reparar» mediante una auténtica conversión; era la Iglesia, no la que está hecha de ladrillos, sino de personas vivas, que siempre necesita purificación; era también toda la humanidad, en la que Dios quiere hacer su morada. La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios.
La misión es, por tanto, una cantera en la que hay lugar para todos: para quien se compromete a realizar en su propia familia el Reino de Dios; para quien vive con espíritu cristiano el trabajo profesional; para quien se consagra totalmente al Señor; para quien sigue a Jesús Buen Pastor en el ministerio ordenado al Pueblo de Dios; para quien se va específicamente a anunciar a Cristo a quienes todavía no le conocen.
Nadie es discípulo de sí mismo. Siempre es Jesús el que nos llama, nos forma y envía. En respuesta a este don, el discípulo ha de iniciar un proceso de identificación con Cristo, con el propio ministerio. A la par, los discípulos, impulsados por Jesús, hicieron un proceso de fraternización entre ellos. A Jesús no le interesaba contar con doce individualidades, cada una de las cuales se luciese en una especie de campeonato apostólico, sino con Doce hermanos que, cual Doce nuevos patriarcas, fuesen el fundamento visible de la nueva Iglesia.
Los envía de dos en dos. La compañía es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a las dificultades. El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió.
Contacto
más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. El
relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el
modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. Estos actuarán con
su autoridad no harán nada en nombre propio. Son "enviados" de Jesús.
No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros
intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.
La
única manera de impulsar una "nueva evangelización" es purificar e
intensificar esta vinculación con Jesús.
No
habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá
nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado
con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el
mundo.
Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su "autoridad", que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para "expulsar espíritus inmundos", liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad. Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. "Sanar" y "liberar" son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización. Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán "bastón, sandalias y una túnica". No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.
Sin recuperar este estilo evangélico, no hay nueva evangelización. Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez. Nos podríamos preguntar si hoy nosotros como Iglesia ¿hemos perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús?
Cada bautizado, como sarmiento unido a la vida, se suman a la misión de Jesús, que se resume así: llevar a toda persona la buena noticia: «Dios es amor» y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.
En toda relación humana equilibrada es tan importante dar como recibir. Una gran lección que humaniza cualquier ámbito de la vida.
Los
cristianos hoy: Cuando Dios está ausente del mundo, el
mundo se hace cada vez más inhumano.
Por
eso quienes, habiendo recibido el evangelio, referimos el silencio a su
proclamación, estamos negando al mundo el que Dios le hable, porque lo
estamos abandonando sus representantes.
Jesús
no dejó el mundo abandonado a su suerte, nos envió a sus discípulos para ser en
él sus lugartenientes, representarlo con su evangelio y con su poder de resistir
al mal.
Por
eso cuando nos refugiamos en nuestras casas, para defender mejor nuestra fe,
perdemos la fe y el mundo perderá a nuestro Dios.
Cuando
consideremos nuestra sociedad, nuestro trabajo, nuestro hogar..., como lugares
de misión, entonces nuestro Dios tendrá un puesto en ellos y nosotros seremos
allí sus testigos.
Dejémonos hoy cuestionar por la Palabra de Dios, que quiere despertar en nosotros la conciencia de nuestra identidad de apóstoles: el mundo de hoy necesita de nuestra fe y de nuestro testimonio.
Quienes hemos experimentado la cercanía de Dios, no podemos silenciar nuestra experiencia; Jesús nos la concedió para poder concedérsela a otros muchos a través nuestro; si los discípulos de Jesús, que nos sabemos queridos por él y por él enviados, si callamos, ¿quién va a decirle al mundo de que Dios los ama? Esa es nuestra tarea y nuestra responsabilidad.
Ascensión, “Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”
Santísima Trinidad, “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.
Círculo
Bíblico San José
“Tu palabra es una
lámpara a mis pies y una luz
en mi camino” Sal 119
sábado, 3 de julio de 2021
¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?
Hola, les comparto el audio de la reflexión de las lecturas del decimo cuarto domingo durante el año del padre juan José Milano, bendiciones.
” El Mesías, el hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros”
Décimo cuarto domingo, Lecturas 4-7-21, Ciclo B
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
Lectura de la profecía de
Ezequiel 2, 2-5
Un espíritu entró
en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. Él me dijo:
Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se
han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el
día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que
yo te envío, para que les digas: «Así habla el Señor.» Y sea que escuchen o se
nieguen a hacerlo -porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en
medio de ellos. Palabra de Dios.
Salmo 122, R. Nuestros ojos miran al Señor, hasta que se apiade de nosotros.
Levanto mis ojos
hacia ti, que habitas en el cielo. Como los ojos de los
servidores están fijos en las manos de su señor. R.
Y los ojos de la servidora en las
manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro
Dios, hasta que se apiade de nosotros. R.
¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros, ¡porque estamos hartos de desprecios! Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes, del desprecio de los orgullosos. R.
2da. carta de Pablo a los
Corintios 12, 7-10
Hermanos: Para que
la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi
carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me
librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en
la
debilidad.»
Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el
poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en
las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de
Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san
Marcos 6, 1-6a
Jesús salió de
allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el
sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba
asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha
sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso
el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de
Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un
motivo de escándalo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su
familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a
unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de
fe. Palabra del
Señor.
Rechazo y fracaso en Nazaret. En el evangelio según san Marcos, la primera etapa de la vida pública de Jesús, enseñando en parábolas y actuando prodigiosamente, se desarrolla en torno al lago de Galilea y se cierra con la vuelta a su pueblo. Los habitantes de Nazaret, los abuelos del pueblo y de sus compañeros de juegos infantiles conocían bien a Jesús y a su familia. Le habían visto crecer, ir a la escuela, hacerse hombre y trabajar para mantener la casa en la que vivió con sus padres.
Nazaret era una
pequeña aldea, nunca citada en la Biblia, como todos los pueblos, tenía su
pequeña sinagoga en donde los sábados se reunían todos para leer y comentar la
Sagradas Escrituras y orar juntos. Jesús haciendo uso del derecho de todo
israelita adulto, cuando llega el sábado, va a la sinagoga y se levanta para
leer la Escritura, Jesús sorprende
a sus vecinos por dos cosas: la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de
sus manos. Era lo que más atraía a la gente, Jesús no es un pensador que
explica una doctrina, sino un sabio que comunica su experiencia de Dios y
enseña a vivir bajo el signo del amor. No es un líder autoritario que impone su
poder, sino un curador que sana la vida y alivia el sufrimiento.
Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan, neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza curadora.
Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús, se han hecho una idea de él desde niño. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.
Pero hay algo más, acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios, y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones, viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.
¿Quién es realmente Jesús? Ni su extraordinaria sabiduría, ni sus poderosas acciones se corresponden con la imagen y la idea que tenían de Él. Bajo la figura del carpintero y del hijo de María, sus vecinos de Nazaret no supieron descubrir el profeta esperado. Tras la normalidad de aquel carpintero no supieron descubrir la presencia del misterio de Dios, necesitando pasar por el escándalo para creer.
El relato de Marcos nos impulsa a mirar hondo para que no nos ocurra lo mismo. No sólo a los jefes y letrados, también a los familiares, y ahora al pueblo llano y sencillo, se le ha escapado la profundidad del hecho, Jesús: el que viene a liberarnos de parte de Dios (el Mesías) lo es de otra manera a lo que esperaban. Las curaciones han mantenido la búsqueda, han sido una solución inmediata a sus problemas, más o menos grandes, pero no han hecho nacer la fe, no perciben en su ser de que el reino de Dios es posible. Marcos nos invita a sufrir el escándalo de los paisanos de Jesús: el Mesías, el Hijo de Dios, es el carpintero, uno de nosotros, de una aldea chica.
En un momento u otro de nuestra vida es necesario pasar por el escándalo. No sólo se nos rompen todas nuestras imágenes distorsionadas de Dios, sino que, a la vez, se nos presenta y revela encarnado en lo débil y desconcertante, allí donde jamás hubiéramos imaginado y deseado. La encarnación de Dios en Jesús, alguien de nuestra propia condición, nos descubre que Dios no es exhibicionista que se ofrece en un espectáculo, ni el ser todopoderoso que se impone y ante el que es conveniente adoptar una postura de legítima defensa. El Dios encarnado de Jesús es el Dios cercano que no humilla, el Dios que se ha hecho pobre con el pobre y marginado con el marginado para darles vida, riqueza y libertad. Dios desconcierta. Necesitamos librarnos de la superficialidad, de las mil distracciones que nos dispersan y hacen vivir mirando siempre a los triunfadores de nuestro mundo.
El episodio de Nazaret termina con una observación: “No pudo hacer allí ningún milagro”. Jesús no pudo hacer milagros donde tropieza con una incredulidad obstinada, ni donde las personas le buscan para sustraerse al riesgo de la fe. Por ello, Jesús casi no hace milagros en Nazaret. “Sólo curó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos”. Más que despertar la fe en el Reino y convertirse en inspirador de sus vidas, deja una estela de escándalo y desencanto.
La vida del cristiano comienza a cambiar de manera insospechada el día que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir, el día en que empieza a admirarle y se deja interpelar por su mensaje y práctica.
A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de manera nueva.
Por otra parte, para experimentar su fuerza salvadora es necesario dejarnos sanar por él: recuperar poco a poco la libertad interior, liberarnos de los miedos que nos paralizan, atrevernos a salir de la mediocridad. Jesús sigue hoy «imponiendo sus manos», solo sanan quienes creen en él.
Hoy. Los
cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús, no todas coinciden
con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos
hacemos nuestra idea de él y esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la
fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe
será pobre, parcial o distorsionada. Me puedo preguntar:
¿Qué hago hoy por conocer a Jesús?
Hoy
daría la impresión de que lo que más nos cuesta aceptar de Jesús es su
humanidad. Nos cuesta aceptar que haya sido un sencillo judío, nacido en un
establo, viviendo en un minúsculo pueblo del que casi nadie tenía noticia, y su
cruento modo de morir como uno de los peores malhechores.
¿Me escandaliza recordar sus rasgos humanos?
Nuestra
vida como cristiano comienza a cambiar el día que descubrimos que Jesús es
alguien que nos puede enseñar a vivir de manera nueva y plena.
¿Intuimos tal vez que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente nuestras comunidades y nuestra vida?
¿Quién es Jesús para el Papa Francisco?
“Jesús para mi es Aquel que me ha mirado con misericordia y
me ha salvado. Mi relación con Él tiene siempre este principio y fundamento.
Jesús ha dado sentido a mi vida aquí en la tierra, y
esperanza para la vida futura. Con la misericordia me ha mirado, me ha tomado,
me ha puesto en camino… Y me ha dado una gracia importante: la gracia de la
vergüenza.
Mi vida espiritual está toda escrita en el capítulo 16 de
Ezequiel.
Especialmente en los versos finales, cuando el Señor revela
que establecerá su alianza con Israel diciéndole: ‘tú sabrás que yo soy el
Señor, para que te acuerdes y te avergüences, y para que en tu confusión no te
atrevas a abrir la boca, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho’.
La vergüenza es positiva: te hace actuar, pero te hace entender cuál es tu lugar, quién eres, impidiendo toda soberbia y vanagloria”.
28/10/2016 ACIprensa
Señor Jesús, ¡despiértanos! Ayúdanos a tomar conciencia de nuestra vida. Dinos también a nosotros/as: ¡Levántense! ¡Yo se los ordeno! Queremos estar atentos a la vida que pasa frente a nosotros, atentos a tu presencia y a tu actuar en medio de nosotros. Ven Señor Jesús y despiértanos a la vida. Amén (Donbosco.org)
“Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”
Ascensión
“Vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia a toda la creación”
Pentecostés
“Reciban el
Espíritu Santo”
Santísima Trinidad
“…bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
Cuerpo y Sangre de Cristo
“Tomen, esto es
mi Cuerpo”
Décimo primer domingo
“El Reino de Dios
es como…”
“¿Por qué tienen
miedo?”
Décimo tercer domingo
“Dios, es el Dios de la Vida”
Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. Donbosco.org.ar. Dominicos.org. José Antonio Pagola. ACIprensa.
Círculo
Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119




